Thiago Pizzini Paz, a su ritmo hacia Dakar

Por Diego Kviatek

Lo que comenzó como una forma de compartir tiempo con su hermano mayor terminó convirtiéndose en una pasión que hoy lleva a Thiago Pizzini Paz hasta los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026. El nadador cordobés representará a Argentina en los 400 metros libre, en el desafío más importante de su carrera deportiva.

A sus 16 años, Thiago combina una exigente rutina de entrenamientos con el colegio y una vida adolescente marcada por los sacrificios. Todo ese esfuerzo tendrá una recompensa especial en Senegal, donde tendrá la oportunidad de medirse con algunos de los mejores nadadores juveniles del mundo. 

El último en enterarse

Ni por su entrenador ni por sus padres, Thiago Pizzini Paz se enteró de que había clasificado a los Juegos Olímpicos de la Juventud 2026 gracias a un compañero suyo. Héctor “Bochi” Sosa lo felicitaba sin explicarle por qué. El cordobés salió del natatorio sin entender a qué se refería, hasta que vio una publicación que confirmaba su clasificación a Dakar.

Su mamá y su papá ya sabían de la gran noticia antes que él. Bochi se había encargado de avisarles y, cuando Thiago habló con ellos, le preguntaron si su entrenador ya le había contado. Finalmente, el chico de 16 años les confirmó, feliz, que iba a estar presente en unos Juegos Olímpicos.

A pesar de que ya pasaron varios meses desde que recibió la confirmación, al joven que aprendió a nadar en el club Bucor aún le cuesta caer en que va a representar a la Argentina en los Juegos. Si bien ya sabe lo que es tirarse al agua con los colores de la selección, actualmente está experimentando una emoción que nunca había experimentado.

“No hubo llanto, pero sí cuando me acuesto me pongo a pensar en eso, se me acelera el corazón y no me puedo dormir”, reconoció el representante argentino.

A principios de año, recibió un calendario con todas las competencias de 2026 y cuando llegó al final y vio que aparecía Dakar se sorprendió y dudó de sus posibilidades de estar allí. Hoy se prepara para competir en los 400 metros libre contra nadadores de gran nivel internacional.

Durante el reciente Mundial de aguas abiertas, Thiago habló con unos nadadores de Hungría. Le contaron que un compañero suyo también estaría en Dakar y que, con apenas 16 años, había quedado segundo en la competencia europea de mayores. Esto le permitió a Thiago tomar dimensión del nivel que habrá en Senegal.

“Va a haber un nivel increíble. Esto me motiva porque si estoy ahí es porque estoy al nivel así que estoy feliz con eso”, expresó Pizzini Paz.

Lo que más le entusiasma, más allá de sus objetivos dentro de la competencia, es conocer a deportistas de otros países y compartir experiencias, como ya hizo en el Mundial de aguas abiertas. Pero, además de disfrutar de la experiencia, también tiene objetivos deportivos que espera cumplir dentro de la pileta.

“Mi objetivo es entrar a una final o semifinal y dar lo mejor de mí, bajar mis marcas y, si se puede, algún récord”, proyectó el mediofondista, que entiende el evento como una experiencia inolvidable en su vida.

Aprender a ser deportista

Valentín es el hermano mayor de Thiago y el principal responsable de que comenzara en el camino de la natación. Cuando tenía 6 o 7 años, era muy pegado a él y, como Valentín había empezado a nadar en Bucor, decidió seguir sus pasos, sin imaginar que una década después, este deporte lo llevaría a representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Toda su vida nadó en el club cordobés Bucor y asegura con orgullo que es su “segunda casa”.

Otra persona muy importante para Thiago es Héctor “Bochi” Sosa, quien, más allá de ser su entrenador, se convirtió en una figura clave que lo alienta a superarse y le transmite enseñanzas que van más allá de la natación. “Lo que más aprendí de él es que siempre hay que darlo todo y que no hay que rendirse. Para mí el Bochi es la persona que admiro”, reveló con emoción Pizzini Paz.

A los nueve años disputó su primera competencia nacional, pero durante sus primeros años como nadador los nervios eran uno de sus principales obstáculos. El miedo a competir lo llevaba a llorar antes de las pruebas, una situación que con el tiempo logró superar. Hoy, con mucha más experiencia, afronta las competencias de otra manera. “Yo antes lloraba por los nervios. Hoy me siento muy bien y feliz. Me apasiona esto”, recordó el cordobés.

Thiago comparte entrenamientos, competencias y una sana rivalidad con su mejor amigo, Mateo Mayer. Ambos compiten en las mismas pruebas y buscan superarse constantemente. Recientemente, Mateo superó el récord de los 1500 metros libre, que le pertenecía a Pizzini Paz. Al notar a su pupilo triste, Bochi le dio una enseñanza que lo ayudó a afrontar la derrota. “Después de perder el récord me puse mal y mi entrenador me dijo que el que no sabe perder no es deportista”, expresó el joven de 16 años.

Una elección

Thiago se levanta a las 6:30 y una hora después ya está entrenando. Al terminar la primera sesión, se dirige al PIT Kempes, un colegio para deportistas que le permite compatibilizar sus estudios con la natación. La institución contempla sus viajes y competencias, y le ofrece la posibilidad de recuperar evaluaciones y justificar sus ausencias. Sin embargo, la jornada del cordobés está lejos de terminar cuando sale del colegio, ya que todavía le quedan varias horas de entrenamiento.

“Salgo y como en el gimnasio algo rápido, recalentado de anoche, vuelvo a entrenar de 14:30 a 16:30/17. De 17 a 18 voy al gimnasio y después vuelvo a mi casa, ceno y descanso para el día siguiente”, contó Pizzini Paz.

Sus padres, Horacio Pizzini y María Alejandra Paz, lo acompañan desde sus inicios y son una parte fundamental en su carrera. Aunque es Thiago quien se tira a la pileta y compite, detrás de sus logros también hay un trabajo familiar que muchas veces pasa desapercibido. “Ellos hacen el mismo trabajo que yo. Mi mamá hace poco dijo que ellos arreglan sus horarios en base a mí. Hay días que entreno a las 4/5 de la mañana y ellos acomodan sus horarios por mí”, reconoció el nadador con cariño.

A diferencia de muchos chicos de su edad, Thiago debe organizar su vida alrededor de las exigencias del deporte de alto rendimiento. Aunque intenta encontrar momentos para disfrutar con sus amigos, no siempre puede llevar la misma rutina que otros adolescentes.

“Lo más difícil es ver que tus amigos se juntan, salen, y hacen cosas que hace un adolescente normal, y vos no podés porque tenés que dormir, descansar y respetar una alimentación específica”, admitió el representante argentino en Dakar, aunque también aclaró que es una elección suya ya que es lo que le apasiona.

Además de la natación, una de las pasiones del cordobés es la arquitectura y “le fascina” todo lo relacionado con casas y planos. Aún no sabe cómo hará para combinar una carrera universitaria con la natación pero asegura que pretende competir durante muchos años, “hasta lo que dé”.

Aquel chico que comenzó a nadar por seguir los pasos de su hermano jamás habría imaginado hasta dónde lo llevaría ese deporte. Diez años después de sus inicios, Thiago tiene por delante el desafío más importante de su carrera. Pero si pudiera volver atrás y darle un consejo a ese nene que recién empezaba, tendría muy claro qué decirle.

“Que esté tranquilo, que no llore antes de competir y que todo va a salir bien. Que no se apure en nada porque cada uno tiene su ritmo”.

 

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