Home Blog Page 19

Carlos Tevez: el oro entre plomo y delincuencia

Por Gabriel Milian Scuri

Se escuchan estruendos que despiertan al joven Carlos. Despega la cabeza de su almohada y mira a su alrededor. No hay más que oscuridad. Logra salir del sueño y darse cuenta de que aquellos fuertes ruidos no eran otra cosa que una noche más de balaceras en el barrio. Algún ajuste de cuentas.

Sacude la cabeza, chequea nuevamente su precaria habitación, pero que sirve, más que nunca, como hogar, y acomoda su nuca en la cama para volver a descansar. 

Carlos abre los ojos. La mirada en el techo. Le duelen las rodillas y hay algo en particular que lo extraña. El material que cubre su casa ya no es una chapa. Algo había cambiado entre una noche y otra. Primero, los pinchazos que siente en sus piernas. Y, segundo, el techo reluce. Es como en las iglesias. Alto. Lujoso. Se refriega los ojos y vuelve a dormirse. Carlitos estaba convencido de que todo aquello era un sueño. La vida de él, y la de quienes viven en sus condiciones, muy pocas veces le permite volar dentro de la imaginación.

Una multitud lo despierta. Miles de voces al unísono resuenan en su cabeza. Carlos tiene la piel erizada. En sus ojos solo se refleja el cielo, raramente despejado, de Manchester. Aparece una persona uniformada. Un árbitro de fútbol. Le ofrece la mano y Tevez, que ya no era ni Carlos ni Carlitos, la acepta. Se levanta y ve Old Trafford. El Teatro de los Sueños. Lugar que no llegó a estar en la mente de un pequeño que convivía con la muerte. Con la delincuencia. Pero que, a su vez, portaba en su cuerpo un hambre sin igual. De la que vence al talento. Picardía. De la que solo se aprende en el barrio.

Acto siguiente, el número 32 del Manchester United ya está metido en el partido. Esos recuerdos de la infancia fueron como una especie de despertador.

La pelota viene hacia él. La coloca bajo la suela y siente en su espalda cómo un defensor rival se le cuelga. Es gigante. No hay forma de que Carlitos salga de esa.

El esférico sigue en sus pies. Los brazos de Tevez ya están en el pecho del defensor. De aquella torre humana. Le da un pequeño empujón hacia atrás al contrincante y gira con pelota dominada.

El zaguero lo va a buscar. Con ganas de irle a los pies. De romperlo. “¿Cómo un enano me va a mover a mí?”, pensaría el altote.

El oriundo de Fuerte Apache lo ve venir y le mete un caño. Entra al área y, como si fuera una coreografía, arquea el cuerpo, abre el pie e incrusta la pelota en el ángulo. En el estadio se reproduce una sinfonía. “Yeeeeees”, grita el público mancuniano.
Carlos se enloquece. Mira al defensor que lo marcaba, que se muere de bronca por dentro, le saca la lengua a modo de burla y corre hacia el córner. Mira en las plateas. Lo ve a su viejo. A Segundo Tevez. Le tira un beso a su admirador número uno y se da vuelta. El juego sigue.

El United gana 1-0 y no falta nada para el pitazo final. Carlitos cuida la bocha como si estuviera en el barrio. Donde vale todo. La pisa, le pone el culo a los defensores. Los fastidia. Es una pulguita al lado de la prominente estatura de un britanico promedio. Pero nadie se la puede sacar.

Se dice que se juega como se vive y las dificultades de la vida le enseñaron a Carlos a ponerle el cuerpo a todo. Por más grande que sea la tragedia. Y por más chico que sea su porte.

En una de aquellas jugadas finales, una patada en sus dos piernas lo levanta por los aires. El Apache cierra los ojos del dolor. Los silbidos lo aturden, pero cada vez los escucha menos. Hasta que ya ni los oye y despierta en un auto. Había vuelto a la niñez. 

En el coche en el que estaba hacía un calor bárbaro y las ventanas no podían bajarse. Si lo hacía, no podría volver a subirlas. Adelante va su padre, que, mientras maneja, su pareja Adriana, la mamá de Carlos, le alcanza un mate.

Carlitos relojea por las afueras del vehículo y ve el escudo de Boca. El club de sus amores.

Estaba por arribar al predio para hacer una prueba. Todo eso ya era un sueño para el chico. Ponerse la ropa azul y oro era muchísimo para él.

Comienza la práctica. Quienes están afuera se deslumbran con aquel pibe de rulos. 

Luego del silbatazo final, el chico se acerca a sus padres, ya duchado y listo para irse. Pero a lo lejos lo llama un muchacho que viste un conjunto del Xeneize. Se arrima a la familia Tevez y les da la noticia de que su hijo quedó seleccionado. Que Boca quiere que Carlos juegue para ellos. El hombre los felicita y se va.

El pibe, que no da más de la emoción, se funde en un abrazo con sus padres. Saben lo que han sufrido para llegar hasta ahí. Saben que Carlitos es un chico simple. Que las ha pasado todas. Y, principalmente, que triunfará. Que pisará los lugares más caros pero que volverá a su barrio cada vez que pueda. Que ganará muchísimo dinero pero que lo invertirá en el lugar que lo vio crecer, para que haya más pibes como él. 

Y, fundamentalmente, son conscientes de que El Apache vive para los suyos. Para quienes contribuyen a que sea como es. Y por eso mismo, el día que su viejo parta no jugará más al fútbol.

Leonardo Gentili, hacer del gol un arte en plena batalla cultural

Por Conrado Maguna Martorell

Leo Gentili es uno de los relatores de fútbol más destacados del país. Conecta rápidamente lo que ven sus ojos con lo que dice por la boca a un ritmo cautivante; a eso le agrega descripciones completas y le da el sabor principal con sus toques poéticos. El plato fuerte de sus narraciones son sus pinceladas que juegan con el contexto político y social. Su desempeño lo llevó a ganar el Martín Fierro de Radio a Mejor Relator Deportivo en 2024. Si bien se lo pudo ver en ESPN y escuchar en algunos partidos de la transmisión oficial, su micrófono estrella es el de Radio La Red: allí es el más destacado en su rol y a quien le asignan los encuentros más atrapantes de cada fecha. Sintonizar la señal AM910 y escuchar que suena “Dias distintos” de Andrés Calamaro solo puede significar una cosa: relata Gentili.

-¿Cuál fue esa chispa que encendió tu ser periodista? ¿Con qué te ibas encontrando en tu casa? ¿Hoy volverías a elegir la profesión?

En mi casa escuchaban mucho la radio tanto mis papas como mi abuelo. Eran fanáticos. La radio era una integrante más de la familia. Escuchaban a Enrique Mancini, Alejandro Dolina, José María Muñoz. Eso me fue llevando hacia el mundo radial. Incorporé esa pasión por el medio y se transformó en mi vocación. Hoy elegiría lo mismo porque entiendo que el periodismo es un lugar para poder contar, fijar postura. Y más en tiempos como estos en los que es muy importante marcar posiciones y tender puentes con la gente, con más razón que nunca volvería a hacer periodismo.

-¿Por qué elegiste esta forma de relatar? ¿De sumar lo meramente descriptivo con lo poético? ¿De dónde lo sacaste y por qué es así?

A mí me parece que la transmisión de un partido de fútbol es el pretexto ideal para poder llegarle al oyente por diferentes lugares más allá de lo que se está contando. Desde la cita de un autor, hacer hincapié en lo que está ocurriendo; desde lo social y político. Eso es lo que me gusta escuchar cuando soy oyente. Preparo el partido que me va a tocar desde el día que me lo designan. Empiezo a pensar a pergeñar ideas con respecto a los jugadores, el contexto. Algunos con un poco más de humor y apuntando a lo social, por ejemplo: “En tiempos de changuitos vacíos, el Changuito Zeballos le llena el alma a los hinchas de Boca”. Cosas que tienen que ver, desde el fútbol, con otras cuestiones y que entiendo que sirven para mejorar la narración. Me considero relator las 24 horas, si voy al teatro, al cine, leo una novela, biografía o escucho música, todo eso lo incorporo y sé que me va a servir para embellecer un relato, mejorar la apertura de una transmisión o para darle mejor forma a una idea.

¿Hay miedo de hacer periodismo con todo lo que está pasando?

Personalmente, no tengo miedo. Sí sé que pagás consecuencias cuando marcás un posicionamiento, fijás una postura. Yo podría tener más plata, trabajar en más medios, estar en más lugares, ser menos insultado, si opinase diferente o callase algunas cosas.  Sé cuáles son los riesgos y las reglas del juego. No me arrepiento porque estoy en una radio que es la más escuchada en transmisiones deportivas, porque en ESPN relato fútbol también, pero evidentemente, cuando atacás ciertos intereses o estás en contra de ciertos poderes te lo hacen pagar, no solo por agresiones en redes sociales, sino también en ciertos marginamientos.

-¿Qué opinás de los periodistas que promocionan las apuestas deportivas? ¿Cuál es el peligro de que comunicadores, ídolos deportivos e influencers promocionen las apuestas?

No voy a juzgar lo que hacen mis colegas, te respondo por mí: a mí me han ofrecido hacer promociones de apuestas. Me he negado porque mi postura al aire va en contra de las apuestas deportivas. Le hace daño no solamente a los pibes que apuestan, a la gente que sufre de ludopatía, sino que al deporte en general, al fútbol en particular. No estoy de acuerdo con las apuestas, es un daño para muchos chicos y personas adictas, y también para el espíritu deportivo.

-¿Sentís que eso puede llegar a ser un factor de que los pibes estén despolitizados? Porque se vienen generaciones totalmente alejadas a la política y consumen lo contrario.

Tiene que ver un poco con esta época que nos toca vivir, las redes, el efecto rápido. Antes para conocer o saber de algo tenías que involucrarte o leer, tener alguna formación. Hay muchas maneras de enterarse de algo que no son los mejores porque un zócalo no tiene contenido; un tuit no alcanza, una historia tampoco, pero incide en las ideas y pensamientos no solo de los chicos sino en la de gente más grande. Tiene que ver con la batalla cultural. Humberto Eco decía en su última novela “Número Cero”: “Las noticias no hacen al diario, el diario hace a las noticias”. Es decir, si hay un accidente en una esquina, y uno más en la otra, es el jefe de redacción el que decide cuál va a publicar, y vos te vas a enterar lo que él quiere, no de lo que pasó. Así funcionan los medios, las redes y tienen una incidencia muy particular y especial en la gente.

-Creciste viendo a un ídolo muy popular y valiente como era Diego. Actualmente hay un vacío de referentes que hablen. Por ejemplo, en las últimas elecciones hubo un bajo porcentaje de votantes, ¿creés que con la ausencia de Maradona se perdió un dispositivo de sentidos que desde los medios difundía los intereses de las clases populares y a su vez desde allí les hablaba?

Los procesos no se dan de un día para el otro. Llevan tiempo. Para que los vecinos te digan que los políticos son todos iguales, chorros, no es que se les ocurre de un día para el otro. Hay trabajo de los grandes grupos de poder representados en los grandes medios hegemónicos para que a la gente les quede eso en la cabeza, denigrar la clase política, que como en todo ámbito hay buenos, malos, honestos, deshonestos, decentes y chantas. Para muchísima gente, la política es la única herramienta que le puede cambiar un poquito la vida. Sin embargo esa misma gente adopta ese discurso. Hay una falta de interés que aporta a que se vote menos, que la gente no se involucre tanto. ¿Cuál es el interés? Que aparezca alguien que no tenga nada que ver con la política. Lo hicieron con Macri y lo repitieron con Milei. Claramente se demostró que no por venir de afuera vas a hacer mejor las cosas o más honesto. Antes cuando no hubo políticos, hubo militares y 30.000 desaparecidos. Por supuesto Maradona es el reflejo de una persona que iba más allá de lo que hacía en una cancha de fútbol. Desde el compromiso, el revalorizar los orígenes, algo que habitualmente no se ve. Hoy hay poco compromiso, los deportistas no se quieren involucrar y si lo hacen es a favor de aquellos políticos o partidos que van en contra de los intereses de su propia clase. Por eso la imagen de Diego se agiganta más: por su valentía, compromiso y esa voz que era, precisamente, la de aquellos que no tenían.

-Bueno, uno de ellos propone las sociedades anónimas deportivas en los clubes. ¿Qué significan las asociaciones civiles, el club de barrio y social para una comunidad?

Tiene que ver con esta construcción de sentidos de los medios para que la gente diga “son todos iguales, ladrones y no sirven para nada” e impongan figuras de afuera afines; con las SAD pasa lo mismo. Hay una construcción de sentido alrededor del dirigente deportivo que “es chorro, deshonesto”, pero detrás de esto hay una realidad muy angustiante y asfixiante sobre todo para los equipos chicos y del ascenso, que tiene que ver con los impuestos. Le han quitado exenciones impositivas a clubes que entran en grandes crisis económicas porque no les pueden pagar a los jugadores o reforzarse. No quita que haya sinvergüenzas como Moretti. Pero en todos los ámbitos hay buenos, malos, chantas y deshonestos. Por carácter transitivo si el dirigente “no sirve para nada”, aquel espectador, u oyente desprevenido, la primera conclusión que saca es “si los dirigentes no sirven para nada, los clubes están mal, habrá que recurrir a otra cosa”. El tema es que a los clubes los están empujando a la crisis. El hincha verá a su club con riesgo de bajar la persiana, y ese mismo va a decir “intentemos con otra cosa, que venga alguien, ponga guita y nosotros podemos seguir yendo a la cancha”. Eso no es casualidad, de un día para el otro: es producto de los vientos que corren por estos tiempos e impulsados por Mauricio Macri, el oficialismo, que apuestan por las SAD. Por lo tanto, hay que estar atentos y no noto que los socios lo estén.

-Hay clubes que tienen déficit cada vez que abren la cancha, ¿por qué?

Te repito, al sacarle esa exención de impuestos, los clubes van a estar cada vez peor. En Boca, River tal vez no se note. Pero en clubes del ascenso sí y va a llegar un momento en el que no van a poder abrir las puertas. Ahí va a aparecer un mecenas para decir “bueno muchachos entonces aporto, vamos a abrir las puertas, traer jugadores”. Lamentablemente están llevándonos a esa situación ante la pasividad de los hinchas que ven pasar la historia como si nada.

¿Es medio un reflejo del país, no? ¿Por qué en la política nacional hay pasividad, individualismo, desinterés por la historia, cultura?

Exacto. Sí, eso también está instalado. Conozco gente que vota en contra de sus intereses o defiende ajenos que le son contrarios o dañinos. En el fútbol puede pasar lo mismo. A veces me confunden Tapia y la AFA porque pregonan esto de los clubes tienen que ser asociaciones civiles pero por otra parte no noto con mucha claridad la participación de la AFA en el tema San Lorenzo, los arbitrajes tan escandalosos y bochornosos. Tambien le hacen el caldo gordo a aquellos que quieren otra cosa y que ahí tienen otro pretexto. El discurso de AFA lo comparto pero no es acompañado con la acción. No sé por qué.

-Encima aparecieron murales del seleccionado argentino tachados por la gente. Se están quemando figuras. Messi, por ejemplo, no se da cuenta que es un actor político y que lo están usando.

Porque el hincha se cansa. La AFA muchas veces es funcional a aquellos intereses dañinos que quieren imponer una estructura diferente y no entiendo por qué.

Gentili, estos últimos meses, formó parte del proyecto teatral La Cena de las Emociones, en conjunto con el colega Pablo Ladaga.

-¿Cómo es esta faceta teatral tuya?

Me han contactado gente de teatro. Ni más ni menos soy yo, con Pablo Ladaga, básicamente dos relatores, que contamos nuestras historias, pasiones compartidas, como fuimos creciendo abrazando una pasión por el relato, el periodismo y a partir de nuestras historias tendemos puentes que nos llevan a ídolos y momentos de la cultura popular que nos identifican a nosotros y espectadores

-¿Qué les dirías a los estudiantes de periodismo deportivo, a quienes quieren ser relatores? ¿Qué consejo les darías? ¿Por qué camino tienen que ir?

Primero hay que formarse. Leer, de todo. No solamente bibliografía que tenga que ver con el fútbol. Ensayos, poesías, novelas. Eso te va a dar una formación y llevar a un determinado lugar de acuerdo a lo que y como pensás, alguna ideología, una búsqueda. Hay que ir en búsqueda de la excelencia. El hecho de buscarla no te asegura encontrarla, pero sí te asegura ser un poco mejor. El mayor éxito para mí no es un Martín Fierro, trabajar en una radio importante o en una cadena internacional muy vista: para mí el éxito, y creo que a eso es a lo que hay que aspirar, es irse a dormir cada noche sabiendo que no te traicionaste durante el día.

Pablo Batalla, el argentino que se volvió estatua en Turquía

Por Matías Moroni y Tomás Orlando Ramírez

Hay una estatua en Bursa, Turquía, que no pertenece a un político ni a un héroe nacional: es de un futbolista argentino, bajito, diestro y discreto que cambió la historia del club. Se llama Pablo Martín Batalla y su leyenda todavía respira. 

El café se enfría sobre la mesa mientras Pablo recuerda sus primeros pasos entre Córdoba, Río Negro y Buenos Aires. Habla con serenidad, como si cada ciudad hubiera dejado una huella distinta en su voz. “Mi viejo es de Córdoba, mi vieja del sur. Nací en Córdoba, pero me crié en General Roca”, dice, y en ese repaso hay más que geografía: hay un mapa afectivo.

En un Bonafide casi vacío, en una tarde soleada pero fría, afuera el sol se asoma por los ventanales y dibuja reflejos dorados sobre las tazas. Batalla habla sin apuro, como si contara su historia por primera vez.

De chico, el fútbol era un juego heredado. Su padre y su abuelo también habían sido futbolistas y él, sin proponérselo, siguió el mismo camino. Alguien que ya podía ver su futuro era su padre: “Él me decía que yo iba a ser un gran 10, que los chicos corrían con la pelota y yo jugaba a dos toques”, recuerda felizmente.

En marzo volvió de dirigir en aquel país y ahora se encuentra en Quilmes disfrutando de su familia. Tuvo ofertas de varios equipos para ser director técnico, pero este año lo terminará en Argentina. Sin embargo, si una propuesta acorde llega a sus manos, la analizará para seguir con su historia en el fútbol, que comenzó mucho antes.

A los 14 se fue solo a Quilmes, a la pensión. Fueron tres años de aprendizajes, de ropa colgada en camas cucheta y de sueños compartidos entre mates y entrenamientos. En ese momento, en el que parecía que todo iba encaminado para ser una linda historia entre el club del sur y él, todo se opacó por el gerenciamiento del “Cervecero”, que se vio obligado a vender a Pablo. “Para mí fue una gran decepción lo que me hicieron en Quilmes, yo me quería quedar”, expone sin rencor, pero con la calma de quien aprendió que el fútbol no siempre respeta los afectos.

En un club nuevo, con compañeros nuevos y esperanzas renovadas, Pablo comenzaba su aventura en Vélez Sarsfield. El 7 de julio de 2003 se produjo su debut como profesional en un partido contra Newell´s Old Boys y lo recuerda como uno de los momentos más felices de su carrera. Su paso por el “Fortín” fue breve, al igual que toda su estadía en el fútbol argentino. Fue de préstamo en préstamo por clubes como Pachuca, Quilmes, Gimnasia y Deportivo Cali. “Es duro para un jugador salir a préstamo. Sentís que estás a prueba en todo momento y sabés que podés llegar a irte al poco tiempo, aunque te da muchos aprendizajes”, dice.

En su último préstamo, en Colombia, sentía que había encontrado su lugar. “Estaba muy cómodo, la gente me quería, estaba jugando bien y la ciudad era muy linda. Además, terminás de entrenar y te la pasabas abajo del sol”, recuerda entre risas, mientras bebe un sorbo de café.

Al contrario que la mayoría de los futbolistas, Pablo tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su carrera: elegir a su padre como representante, aun sabiendo que sin un agente profesional perdería contactos. En Cali había encontrado una paz que el fútbol pocas veces concede. Sol, afecto y una camiseta que lo hacía sentirse en casa. Por eso, cuando decidió que su padre sería su representante, lo hizo desde la confianza y no desde la estrategia. No buscaba negociar mejor, buscaba cuidarse.

Un día sonó el teléfono desde Turquía. El club era Bursaspor, un nombre casi desconocido, pero que escondía un desafío mayor: competir en Europa, jugar en otra dimensión del fútbol. Pablo lo sintió como una oportunidad para crecer.

Sin embargo, en Colombia muchos no lo entendieron. Algunos dijeron que se iba por dinero, que era un destino exótico, que a ese tipo de ligas se iba a “hacer diferencia”. A él le dolió. No por lo que decían, sino porque sentía que lo juzgan sin saber. “No era por plata, era por ambición”, sostiene convencido.

En 2009 su avión aterrizó en Bursa lleno de ansiedad y dudas, pero con el mismo nivel de ilusión por dar un gran paso en su carrera, aunque nunca imaginó lo que le deparaba el destino.

En su primer año logró un hecho histórico en el fútbol turco y para su equipo. Era la última fecha de la liga turca, el Fenerbahçe solo con sumar 3 puntos conseguiría el campeonato, pero empató y el Bursaspor, que iba segundo por dos puntos debajo del líder, ganó su partido con un icónico gol de Pablo Batalla que quedaría en la retina de todos los hinchas del Bursa. Tras el triunfo se desató la locura en el Timsah Arena. Más de 20.000 fanáticos invadieron el terreno de juego para festejar su primer título en la historia del club. “Ganar el campeonato fue increíble, no pudimos festejar en la cancha por la invasión y la locura de la gente”, recapitula.

250 partidos, 67 goles, una liga y su calidad para jugar a la pelota le alcanzaron para que en el 2021 le hicieran una estatua en las instalaciones del club. Los chicos, jugadores profesionales o directivos entran a la institución y lo primero que ven es la figura de Pablo Batalla. A pesar de haberse convertido en una figura dentro del equipo, nunca disfrutó de que las luces apuntaban hacia él. Ni en su mejor momento como profesional ni ahora, en la tranquilidad de su vida cotidiana. Siempre eligió el perfil bajo, lejos de la exposición, sin redes sociales ni declaraciones grandilocuentes. “Me da un poco de vergüenza la estatua, no creo que la merezca”, dice. 

Pablo no solo vivió buenos momentos en Turquía, en su vuelta al club tras haber jugado dos años en China, tuvo que pelear la permanencia en primera división siendo el 10 y el capitán del equipo. Ese año, la salvación llegó en la última fecha. “Vivíamos semana a semana con mucha presión y la gente no lo entendía. No éramos el equipo de antes, todos los clubes habían mejorado menos nosotros”, expone con tristeza.

En 2018 puso fin a su vínculo con la institución turca como jugador profesional y se alejó del fútbol de alto nivel para jugar con Deportivo Roca​, su club del pueblo de Río Negro..

En un gesto de amor y profesionalidad, volvió a la institución donde más brilló para ser director técnico, pero se enfrentó a una realidad completamente diferente a la que él había vivido como jugador: el Bursaspor se encontraba en la cuarta división del fútbol turco. Pablo dirigió 27 partidos y estaba puntero en la liga, pero luego de conflictos personales y profesionales con la Comisión Directiva, terminó su paso como DT y nunca perdió el amor de la gente.

Así fue como un chico del interior, que alguna vez sintió que no encontraba su lugar en Argentina, terminó llamando hogar a una ciudad que pocos podrían ubicar en el mapa. Y si hoy volviera a pisar el césped donde alcanzó la gloria eterna, más de veinte mil voces turcas volverían a corear su apellido, como si el tiempo nunca hubiera pasado. 

 

29 años después, no nos olvidamos de Cabezas

Por Agustín Costa Litwak

A 29 años del asesinato de José Luís Cabezas, su figura sigue presente en las memorias de los argentinos. Al mítico reportero se lo recuerda por su labor periodística y es un símbolo de lucha por la libertad de prensa. Sin embargo, no muchos conocen su faceta relacionada al deporte. Independiente de Avellaneda, Maradona y la Fórmula 1 eran algunas de las aficiones del famoso periodista gráfico que son desconocidas por el público.

Cabezas era un gran aficionado de Independiente, veía los partidos junto a su colega -y gran amigo- Gabriel Michi, y se autodenominaba como fanático de Ricardo Bochini, quien casualmente cumple años el mismo día del asesinato de José Luis. El Rojo formaba gran parte de su vida. Una vez fallecido, el equipo de sus amores rindió homenaje en su estadio. Un dato curioso es que hasta 2021 la sala de prensa del club tenía su nombre, pero, se lo quitaron durante la gestión de Doman.

José Luis Cabezas y Gabriel Michi.
Maradona con un afiche en homenaje a Cabezas.

Diego Armando Maradona fue uno de los símbolos que hizo eco de la lucha por la justicia y la memoria de Cabezas. Anduvo por la Rambla de Mar del Plata con reporteros gráficos con una imagen del periodista y la mítica frase “No se olviden de Cabezas”. Además, ha salido a la cancha de Boca Juniors con afiches en su memoria. Es una barbaridad, no se puede creer que haya un hecho tan aberrante. Los argentinos tenemos que decirle al Presidente y a todas las autoridades, que se tiene que esclarecer”, había expresado el jugador de Boca en aquel entonces.

Tiempo después, Michi y compañía honraron su memoria en un Superclásico en el Estadio Monumental largando globos. “La gente se paraba y ovacionaba. Y hablaba también de cómo el caso Cabezas se había metido en el sentimiento popular”, recuerda el periodista. “Había una comunión de sentimientos populares en un reclamo que muchos interpretaron que él era un laburante de una familia de laburantes y que lo asesinó el poder”, aseguró. Asimismo, afirma que, en el mundo del fútbol, siempre se encuentra presente la figura de José Luis.

El deporte fue la forma en la que se enteraron los padres de Cabezas sobre su fallecimiento. Aquel trágico 25 de enero de 1997 se estaba jugando un Independiente vs Boca. En el entretiempo, la transmisión comunicó que un periodista de la Revista Noticias había sido asesinado. Ellos inmediatamente sabían que a quien mataron fue a José Luis.

Por otro lado, él y Michi tenían una buena relación con Juan María Traverso, que, paradójicamente, era alguien muy cercano a Yabrán y además, era quien ponía el sponsor de su auto. “El Flaco” contaba que su amigo estaba loco. El automovilismo no era algo secundario en la vida de Cabezas, pues, era común ver las carreras de la Formula 1 y el TC con sus hijos. 

Igualmente, la conexión entre el deporte y el reportero no fue color de rosas. Cuenta su colega que dos de los que participaron de su asesinato eran barrabravas de Estudiantes de La Plata. Ambos hacían laburo sucio para el club y para los punteros políticos del lugar. Ellos fueron reclutados por el policía Gustavo Prellezo. A partir de lo que ellos “boquearon” fue que se pudo llegar a toda la red que había por detrás.

“Yo sabía, yo sabía, que a Cabezas lo mató la policía” fue el cántico que resonó en todas las canchas del fútbol argentino durante esa época. Es hasta hoy, a casi dos meses de el vigésimo noveno aniversario del hecho, que no nos olvidamos de José Luis Cabezas.

Fotografía de Maradona tomada por Cabezas.

Lucas Granda y el camino hacia la Copa América

Por Ezequiel Fabian Castro

El actual jugador de la Filial del Barcelona, recordado en la disciplina por debutar con 15 años, habló de su paso por Pinocho, su debut en la Selección Mayor y la preparación para la Copa América de Futsal 2026.

Rápido e insistente en el ataque, Lucas Granda debutó el jueves 16 de diciembre de 2021, en el cuadrangular por la permanencia de aquel año, ingresando con la 6 de Fernando Wilhelm. En esa ocasión, Pinocho ganó sus tres partidos correspondientes, marcando el comienzo de Granda en el Multicampeón del Futsal AFA. Con la Selección, a los 16 años, logró el Sudamericano Sub 17 siendo capitán. Ese mismo año dio sus primeros pasos con la Sub 20, en el Sudamericano, donde perdieron la final ante Brasil. Aquella derrota le generó ambición para el año siguiente y en 2024, conquistó la Zona Sur de la Liga Evolución ya como referente del plantel Sub 20 y en noviembre, saldó la cuota pendiente con el Sudamericano haciendo goles en la semifinal ante Brasil y en la obtención del título contra Colombia. 

El 2025 tiene un párrafo aparte en la historia de Lucas y Pinocho, ya que luego de 10 años lograron levantar un título para la institución, en este caso, la Liga Nacional de Futsal Argentina (LNFA) ante Barracas Central. Tras este hito, además del cupo a la Supercopa 2026, clasificaron al repechaje de la Copa Libertadores contra el rival de toda la vida: 17 de Agosto. Luego de la derrota frente al Ratón, el conjunto dirigido por Santiago Elias no consiguió clasificar a la Copa de Oro y quedó afuera de distintos torneos como la Copa Argentina y las semifinales del Play Off.

El jueves 25 de enero de 2026, en un entrenamiento abierto a la prensa, narró parte de su historia al medio La M Futsal.

“El año pasado  arrancamos de más a menos y durante el final del año volvimos a levantar. La liga local viene creciendo mucho y de los ocho clasificados podía salir campeón cualquiera. Este último año ya sabía, más o menos, por donde quería seguir mi futuro, así que lo disfruté un poco más. El día que me tocó debutar, Santi era el técnico y fue el que me subió a entrenar con la primera. Cuando me despedí, le mandé un mensaje agradeciéndole por todo lo que había hecho”.

La ventana FIFA de septiembre tuvo un triangular amistoso integrado por Argentina, Chile y Marruecos, en el que el primer ganador del Premio Futuro fue convocado por Matias Lucuix. El viernes 19 de septiembre con un Malvinas Argentinas lleno, Lucas hizo su estreno y primer gol con la Mayor en la victoria 4-2 ante Chile. El domingo 21 también fue victoria Albiceleste con dos goles de Kevin Arrieta sobre Marruecos.

– ¿Cómo te llega la convocatoria a nivel personal? 

– Me había mandado un mensaje Mati (Lucuix), unos días antes de arrancar la preparación tanto para los amistosos como para la Copa América. Así que, muy contento desde ese momento que él me escribió.

– Y en ese primer gol contra Chile, ¿qué se te pasó por la cabeza?

– Muchas cosas. Primero una felicidad enorme, estaba muy contento de que haya sido acá en el país con toda la gente que nos había ido a alentar, con mi familia y amigos que me fueron a apoyar. También mi hermano que nunca me había podido ver jugar con la Selección porque siempre los torneos que fueron en otros países, él estaba jugando, así que desde el momento que sabía que teníamos amistosos acá, sabía que él iba a poder estar, así que también fue especial por eso.

– ¿Cómo te sentís previo a esta Copa América? y ¿qué es lo que esperas?

– Todo el grupo, la verdad, nos venimos preparando muy bien. Los de Europa quizás con un poco más de ritmo, por eso los que estamos acá empezamos un poco antes a entrenar. Desde mi lado, preparándome tanto mental como físicamente, sabiendo que está la posibilidad de mi primer torneo con la mayor.

– ¿Sentís que el grupo tiene alguna presión por conseguir este título? Teniendo en cuenta el predominio de Brasil en el torneo con 15 títulos, mientras que Argentina tres.

– No creo que sea presión. Obviamente, la Selección, esta última época, estuvo demostrando que está a la altura y las cosas con Brasil fueron cambiando un poco más. No es tanto como antes que eran superiores a nosotros. 

– ¿Cuál es el mensaje que quiere dejarles Matías Lucuix?

– Que a cada torneo que vamos es a competir y dejar todo, sino la verdad que no iríamos para ver que pasa. Obviamente, es ir a lograr ese título y competir siempre hasta el final.

Los Premios Olimpia: el reconocimiento a los deportistas argentinos

Por Azul Ramos 

Cada año, cuando el calendario deportivo empieza a bajar el ritmo, hay una cita que funciona como balance y homenaje: la entrega de los Premios Olimpia, el máximo reconocimiento al deporte argentino. No se trata solo de una ceremonia, sino de una tradición que resume esfuerzo, talento y momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva.

Los Premios Olimpia se entregan desde 1954, organizados por el Círculo de Periodistas Deportivos (CPD). Desde entonces, distinguen a los y las mejores deportistas argentinos de cada disciplina a lo largo del año. Entre todos ellos, uno se lleva el galardón mayor: el Olimpia de Oro, reservado para quien haya sido considerado el deportista más destacado de la temporada.

A lo largo de más de siete décadas, el Olimpia fue testigo del crecimiento del deporte nacional y acompañó distintas épocas: desde el amateurismo hasta la profesionalización. Ganarlo implica entrar en una élite reducida, una especie de salón de la fama del deporte argentino.

Rosario Urban, jugadora de handball de la selección argentina y del club francés JDA Bourgogne Dijon Handball, y nominada al premio Olimpia de plata de handball, es la primera jugadora argentina en jugar un Final Four de la EHF European League, la segunda competición europea más importante a nivel clubes. “Significa un premio a toda mi carrera y todo el camino largo que vengo transitando. Además de ser un mimo al alma hoy en día, por estar transitando una lesión tan larga como LCA y no poder estar jugando.No me esperaba esta nominación”, afirmó la extremo de La Garra. 

En la Argentina, el deporte excede largamente la competencia: es costumbre, identidad y pasión transmitida de generación en generación. Se vive en los clubes de barrio, en las plazas, en la sobremesa familiar y en cada charla de café. El deporte acompaña la vida cotidiana, marca calendarios y construye pertenencia. Por eso, los Premios Olimpia no solo reconocen resultados o medallas, sino que celebran una cultura profundamente arraigada, donde el esfuerzo, la garra y el sentimiento colectivo son valores centrales. Cada estatuilla representa a millones de argentinos que sienten el deporte como parte inseparable de su historia personal y social.

Horacio Cifuentes, jugador de tenis de mesa argentino, compitió en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y sabe qué significa este galardón: “Este es el décimo año que estoy nominado y es un orgullo saber que estoy haciendo las cosas bien, en cuanto representar a Argentina es lo más lindo que hay, todos queremos jugar para la selección y creo que es lo más importante al fin y al cabo, pero bueno a pesar que somos un país muy futbolero creo que también llevamos esa pasión al resto de los deportes y eso es lo que lo hace bonito”.

 

Los máximos ganadores

En la historia de los Premios Olimpia hay nombres que se repiten y que marcaron época. Diego Armando Maradona es uno de los máximos símbolos: ganó el Olimpia de Oro en dos oportunidades y su figura está inevitablemente ligada al premio. Lionel Messi, otro emblema del fútbol argentino, también integra el selecto grupo de ganadores con dos estatuillas, reflejo de una carrera sostenida en la excelencia.

En otros deportes, Luciana Aymar, considerada la mejor jugadora de hockey sobre césped de todos los tiempos, dejó su huella con una seguidilla de premios que acompañaron la era dorada de Las Leonas. Carlos Monzón, leyenda del boxeo mundial, y Guillermo Vilas, ícono del tenis argentino, también forman parte del listado de deportistas que dominaron su disciplina y fueron reconocidos por el Olimpia.

Uno de los rasgos más interesantes de los Premios Olimpia es su diversidad. No solo se premia al fútbol, sino a decenas de disciplinas que muchas veces no ocupan grandes titulares durante el año. Atletismo, natación, judo, handball, rugby, hockey, automovilismo y deportes adaptados tienen su espacio en la ceremonia.

Mariano Coto Bersier es judoca argentino, ganó dos medallas en el Campeonato Panamericano de Judo (bronce en 2023 y plata en 2025) y también está nominado al Olimpia de plata. “Representar a Argentina es algo que llevo con mucho orgullo y responsabilidad. Y también siento que nos da una característica a todos los deportista argentinos distinta a los demás”, valoró.

Los Premios Olimpia no son solo un trofeo. Son una foto anual del deporte argentino, un punto de encuentro entre generaciones y disciplinas, y un reconocimiento al trabajo silencioso que hay detrás de cada logro. En tiempos de éxitos y también de frustraciones, el Olimpia sigue siendo ese aplauso colectivo que recuerda que el deporte, en la Argentina, no es solo competencia: es identidad.

El fútbol es cosa de personas, no de géneros

Por Malena Reggiani

Luego de tantos años de lucha, de feminismo, de mujeres que han comprometido su vida a la búsqueda de la igualdad de género y de conquistar muchos derechos con el pasar de las décadas, me encantaría poder decir que la sociedad avanzó, que el machismo quedó atrás y la igualdad de géneros es un hecho. Y sí, hubo un avance en la sociedad, por lo menos un cambio, pero en algunos ámbitos la figura de la mujer, para algunos, no termina de ser bienvenida. 

Uno de esos lugares es una de mis más grandes pasiones: el deporte, más específicamente el fútbol. En un lapso de tres días escuché tres veces que “las mujeres no hablan de fútbol”. La primera fue en mi trabajo. Aunque no termina de sorprenderme, debo admitir que escucharlo de frente fue impactante. 

La segunda fue en una conferencia de prensa, en donde Ramón Díaz declaró: “El fútbol es para hombres, no para mujeres. En eso tenemos que estar atentos”, haciendo referencia a que había una mujer conformando el cuerpo arbitral.

Y la tercera fue en un programa de stream, en el que una colega tuvo que atravesar esta situación.

Me genera, bronca, impotencia, rechazo y frustración. No porque algunos digan que el fútbol no es cosa de chicas, sino porque esas personas tienen cierta llegada e influencia en jóvenes que los miran.

Como periodista, como amante del fútbol, como comunicadora, pero sobre todo como mujer me cuesta entender este tipo de comentarios en la vida cotidiana, porque ninguna merece recibir ese comentario que, se siente como un insulto. Pero sobre todo que comunicadores con alto nivel de exposición puedan decirlo sin ningún tipo de consecuencia.

El hecho de decir que no se puede hablar de fútbol con una mujer, no solo ofende, sino que también califica al género como un condicionante que invalida la palabra, lo más sagrado que tenemos. Miro fútbol desde que tengo memoria, voy a la cancha, trabajo en un lugar de fútbol y estudio periodismo deportivo, con total certeza puedo afirmar que hay mujeres que entienden más de fútbol que muchos hombres, lo que no las hace ni mejor, ni peor persona que aquellas personas que, independientemente del género, no sepan de este deporte.

A quienes piensan que al estar “en el medio” tenemos que estar preparadas para recibir todo tipo de comentarios: nos preparamos y estudiamos, como cualquier comunicador, para que nuestra palabra sea válida por conocimiento, por tener herramientas y argumentos para defenderla. No por el género.

El hecho de ser mujer no es un condicionante, no es un impedimento para hablar del tema que sea, ni justificación para cualquier tipo de agresión. Ser mujer no es una invitación a la falta de respeto, ni al intento de humillación. 

Admiro y agradezco a aquellas mujeres pioneras del periodismo deportivo, las que en un mundo del que los hombres se apropiaron, decidieron alzar la voz, involucrarse, demostrar que somos capaces de hablar de lo que queramos y que ni el fútbol, ni ningún deporte, es excluyente de mujeres.

Mi respeto y admiración a las que abrieron el camino y son inspiración para todas las generaciones sucesivas. Y para aquellas que, como Angela Lerena, trabajan día a día para lograr la igualdad de condiciones en todos los ámbitos que involucran al fútbol.

Desde el arco hacia el alma

Por Florencia Celeste Lemme y Lucía Luque 

A las seis de la mañana suena el despertador en uno de los monoambientes de Montserrat, un barrio de la Comuna 1 en la Ciudad de Buenos Aires. A esa hora se despierta Lukas Acosta, un joven de tan solo 22 años y una de las joyitas del futsal de Boca Juniors.

En la terraza de su departamento, el día empieza en silencio. Lukas se sienta con el mate en la mano y abre “Hábitos Atómicos”, de James Clear, un libro de autoayuda que lo atrapó desde la primera página. Lo hojea con calma, mientras el sol sale entre los edificios de Montserrat. Fue un regalo de la mamá de su mejor amigo, y desde entonces se volvió parte de su rutina. Cada mañana, entre mates y frutas, busca en esas páginas una forma de mejorar un poco más, dentro y fuera de la cancha. “Hay que entrenar la cabeza igual que el cuerpo”, dice él, convencido de que los reflejos también se construyen con disciplina.

Antes de salir de su casa, cada mañana, medita en silencio. Lo hace con un audio especialmente preparado para arqueros, una rutina que lo acompaña desde hace años. La psicología, para él, es el eje que sostiene su rendimiento, la base invisible de cada atajada. Comenzó a hacerlo en 2021, cuando empezó a trabajar con la psicóloga del club. Desde entonces, ese espacio se volvió una herramienta clave para ordenar la cabeza y encontrar calma en medio de la presión.

No tiene una psicóloga personal todavía, es algo que quiere incorporar, pero sabe que el trabajo mental es tan importante como el físico. “Entrenar la mente también es parte del juego”. Ese mundo, el de la introspección y la concentración, lo fascinó desde el primer día. Hoy, la meditación forma parte de su ritual previo a cada jornada, unos minutos de silencio antes de salir al ruido, de mirar hacia adentro antes de volver a ponerse los guantes.

Alrededor de las siete y media de la mañana, ya está listo para salir a la calle. En la cocina, el mate sigue pasando de mano en mano. Abigail, su novia, también se prepara para empezar el día. Viven juntos desde hace un tiempo y comparten una rutina tranquila, marcada por horarios distintos pero complementarios. Mientras él acomoda su mochila con las cosas de entrenamiento, ella guarda unos apuntes en la cartera.

Abigail estudia Arquitectura en la UADE y le queda apenas un año para recibirse. Cada mañana, después del desayuno, ambos se suben al auto y arrancan el día juntos. En el camino suena una música tranquila, de esas que acompañan sin interrumpir, mientras conversan sobre el cronograma de la jornada.

Lukas repasa los horarios de entrenamiento, las rutinas de gimnasio y alguna charla pendiente con el cuerpo técnico; ella, las entregas y maquetas que la esperan en la facultad. Comparten planes, risas y silencios cómodos. Cuando llegan, él detiene el auto frente a la entrada. “Me encanta cómo se organiza, me ayuda a mí también a hacerlo”, dice Abigail antes de bajarse. Se despiden con un beso breve. Ella camina hacia la facultad y, unos segundos después, él pone primera y arranca hacia su segundo destino, el Quinquela Martín.

Llega, atraviesa la garita de seguridad y saluda al señor de la entrada, que le devuelve el gesto con una sonrisa cómplice. Él responde con esa simpatía que lo caracteriza, la misma con la que se gana a todos dentro del club. Estaciona el auto en su lugar de siempre, toma la matera negra y se dirige hacia el polideportivo del Quinquela Martín.

El técnico reúne al grupo en el centro de la cancha y, durante unos minutos, repasa los objetivos del día. Habla de intensidad, de lectura de juego, de no perder la concentración. Cuando termina la charla, los jugadores se dividen en tres equipos, mientras dos se enfrentan en un mini partido, el tercero observa desde un costado, atento a cada detalle.

El sonido de la pelota se mezcla con las órdenes y los gritos. Después de quince minutos, los grupos rotan, los que jugaban se sientan a mirar, y los que observaban entran a la cancha.

Bajo los tres palos, él permanece firme. No rota, no descansa. Siempre está ahí, en el mismo lugar, concentrado, respirando el juego, aunque se nota su liderazgo en el equipo, ya que da órdenes y los de su equipo lo escuchan atentamente.

Después de una hora de rotaciones, el entrenamiento entra en su tramo final. Todos los integrantes del plantel forman una fila, es el momento de Lukas Acosta. Durante treinta minutos, el equipo practica penales, y ahí él se transforma.

El silencio previo se rompe con el eco de los disparos y los festejos. Lukas grita, celebra cada atajada con la intensidad de un partido oficial. Sus compañeros lo alientan desde atrás del punto de penal, se ríen, lo cargan, lo aplauden. Alguna que otra pelota logra tocar la red, pero son las menos.

En esos minutos, aparece otra versión de él, la opuesta a la del chico sereno que a las seis de la mañana tomaba mates en silencio en la terraza. En el arco, es pura energía, reflejos y adrenalina. Parece otro, aunque en el fondo sigue siendo el mismo, el que busca superarse todos los días, en cada pelota, en cada amanecer.

Desde chico, dio sus primeros pasos en el baby, donde jugaba siempre como delantero o mediocampista. Con el tiempo, su talento lo llevó a las inferiores, todavía como jugador de campo. Pero todo cambió una mañana en la que el arquero de su categoría faltó y su entrenador, sin muchas más opciones, le pidió que atajara “por única vez”. Él aceptó sin imaginar que ese momento le iba a marcar la carrera: Nunca más volvió a salir del arco.

Acosta llegó al arco de Boca a los 17 años, casi por casualidad, después de una seguidilla de lesiones que dejaron fuera a los tres arqueros que tenía por delante. De un día para el otro, se encontró frente a la oportunidad que muchos sueñan y pocos logran.

Al año siguiente, el cuerpo técnico decidió dejarlo como primer arquero. “Fue todo muy rápido”, reconoce él, aunque su cabeza ya venía preparándose desde antes. La oportunidad lo sorprendió, pero la mentalidad no: llevaba años entrenando no solo el cuerpo, sino también la paciencia.

Desde un costado de la cancha, Sebastián “Coco” Mareco, su actual entrenador, lo recuerda con claridad: “Recuerdo su primer partido en Primera y cómo no dejaba que la presión lo domine; eso es raro a su edad. Siempre analiza todo”.

Esa capacidad de leer el juego, de observar antes de actuar, fue lo que lo convirtió en una pieza clave del equipo. Y también lo que hoy lo mantiene firme bajo los tres palos del Quinquela Martín.

Después de la práctica de penales, el entrenamiento llega a su fin. Todos se dirigen hacia una de las esquinas de la cancha, acompañados por los preparadores físicos. Durante unos veinte minutos, el grupo estira los músculos y baja las pulsaciones. Hay concentración, pero también risas, comentarios sueltos y alguna broma que rompe el cansancio.

En ese momento, vuelve a ser el de las seis de la mañana. Deja atrás la efusividad, los gritos y la tensión del arco. Recupera la calma, esa que lo acompaña en silencio cuando el día recién empieza. Entre estiramientos y charlas livianas, se apaga el ruido de la cancha y vuelve la versión más serena de él, la del chico que disfruta tanto del proceso como del resultado.

Porque si algo define a Lukas Acosta es esa capacidad de cambiar de energía sin perder el equilibrio.

Para cerrar la mañana, el plantel se dirige al gimnasio del club. Entre máquinas, pesas y música de fondo, completan la última parte del entrenamiento. El arquero de Boca sigue con la misma disciplina de siempre, concentrado, metódico, cuidando cada movimiento. Alterna ejercicios de fuerza con trabajos de reacción, esos que perfeccionan los reflejos que después lo salvan en la cancha. Aunque el cansancio se nota en las miradas, nadie afloja. Cuando termina la rutina, Lukas se seca el sudor con la toalla y sonríe. Otra mañana más cumplida, otro paso en su camino.

Antes de ir a almorzar, los chicos pasan por las duchas. Es el cierre de la mañana, el momento de distenderse después de la intensidad del entrenamiento. En el comedor del polideportivo, el olor a comida caliente se mezcla con las risas y las charlas. Lukas se sienta junto a Nicolás, uno de sus compañeros más cercanos dentro del plantel. Entre bocado y bocado, Nicolás confiesa “Es un ejemplo para nosotros, siempre nos recuerda que cuidemos la mente, que es lo más importante”.

Después del entrenamiento y del almuerzo, vuelve a su departamento en Montserrat alrededor de las dos de la tarde. Lo espera Abigail, su compañera de todos los días. Él se recuesta un rato para recuperar energías, sabe que a la noche lo espera otro desafío bajo los tres palos. Más tarde, comparten unos mates en el sillón mientras conversan sobre el día. Se ríen, se cuentan pequeñas cosas cotidianas, y el tiempo parece detenerse por un momento. Luego, él arma su bolso con cuidado y se prepara para volver al club. El segundo turno lo espera, y con él, una nueva oportunidad de seguir creciendo.

En la tribuna están los de siempre, su papá, su mamá, su hermano y su novia. No importa el rival ni el horario, ellos siempre están ahí. Aplauden cada atajada, cada gol, cada gesto. Él es su mayor orgullo, porque fueron testigos y compañeros de un proceso silencioso, de esos que se construyen lejos de la cancha. Su papá lo mira desde la tribuna y recuerda. “Nunca quiso otro deporte. Se casó con este.”

Esa noche, Boca fue una máquina. El equipo goleó 5-0 a San Lorenzo y el Quinquela Martín explotó de alegría. Desde su arco, fue testigo y protagonista, gritó, ordenó, voló en cada pelota, y hasta se dio el gusto de sacar una que parecía imposible. Cuando sonó la chicharra final, los abrazos, los aplausos y las fotos inundaron la cancha. Era una de esas noches en las que todo sale bien, donde el esfuerzo de tantos días se transforma en recompensa.

Ya más tarde, con el cuerpo agotado pero el alma liviana, Lukas sale del estadio. Lo espera Abigail, como siempre. En el camino de regreso paran a comer algo rápido, una hamburguesa o una pizza, poco importa, es su ritual después de cada partido. Conversan poco; no hace falta decir demasiado. Él maneja con la mirada cansada pero atenta, y ella lo observa sabiendo que detrás de ese arquero seguro hay un chico que sigue soñando.

Cuando llegan al departamento, se acuestan y el silencio vuelve a llenar la habitación. Mañana, otra vez, el despertador sonará a las seis. Volverán los mates, la meditación, la rutina. Todo regresará al silencio de la mañana, ese instante donde aquel joven de 22 años, la promesa del arco de Boca, empieza a construir, una y otra vez, su mejor versión.

Oscar Moreno: “Estar lejos de mi familia, fue un sacrificio”

Por Martina Alzogaray

Oscar Moreno tiene 53 años y fue parte de la Selección de los Murciélagos dos veces campeón mundial y ganador de la medalla de plata en los Juegos Paralímpicos en Atenas 2004. Más allá de lo futbolístico en esta entrevista se cuenta la vida de un hombre que supo salir adelante a pesar de las adversidades y convertirse en un jugador que defendió los colores de Argentina con la máxima ilusión de llevarla a lo más alto.

En su infancia la pelota siempre tuvo protagonismo, pasó por clubes barriales pero para él no era más que un pasatiempo o un juego divertido para un niño, la idea de una vida futbolística estaba lejos. Nadie se imaginaba lo que el futuro le preparaba. 

Enrique Nardoni (director técnico de los murciélagos en aquel entonces) fue quien le propuso que sea parte del equipo. “Mi primer equipo de fútbol fue Ardek, Enrique era mi entrenador y me dijo que tenía los pies redondos pero que si yo aceptaba, podía competir para la Selección que estaba armando”, expresó.

Lo apodaron “Muro” ya que ningún jugador rival lograba pasarlo fácilmente, Moreno recordó un encuentro frente a España en los Juegos Paralímpicos en el que aseguró que los españoles lo odiaron por su habilidad para cubrir en su posición e interrumpir los ataques de sus oponentes.

– ¿Qué creés que los destacaba como Selección de Los Murciélagos?

– Convivimos prácticamente y eso generó confianza y respeto. Fue un equipo perfecto.

¿Cómo eran los entrenamientos?

– Me encantaban, eran cuatro días por semana y a veces hasta doble turno.

¿Qué fue lo más difícil de estar en Los Murciélagos?

– Estar lejos de mi familia fue un sacrificio. 

Áspera disputa del balón contra

Oscar supo que iba a perder la vista en su totalidad con 11 años de edad. Su madre cada vez que visitaban al oftalmólogo salía llorando con la preocupación de que ese día llegara y no supiese cómo iba a continuar la vida de su hijo. Nació con un cuarto de visión de lo que una persona debe tener y en un principio se sintió desorientado sin tener un rumbo fijo pero poco tiempo después comenzaron las nuevas costumbres para él. 

¿Cómo te desenvolviste luego de perder la vista?

 – Me enteré que había una escuela de ciegos en La Matanza, pregunté qué había para mí y  me dijeron que lo primero era usar el bastón para que me pueda independizar y después aprender a estudiar.

Con un bastón de guía y con el sistema braille, cuyo método se basa en una pizarra con casilleros y puntos donde cada combinación es una letra del abecedario, asumió una nueva realidad. En el proceso conoció a su primera esposa con quien compartió años y tuvieron dos hijos.

¿Dónde la conociste?

– Era mi vicedirectora del colegio 511, ahí terminé mis estudios.

¿Cómo pasó eso?

– Armé un grupo de docentes y un grupo de alumnos grandes de 18 para arriba. Salíamos a los teatros y a cenar. Hasta que terminé casándome con la vicedirectora, tengo dos hijas con ella.

Los nuevos aprendizajes no se quedaron solo en la vida cotidiana del ex jugador sino también en su lado futbolista: calcular la distancia, correr e intuir si se chocaba con algo o alguien, la obligación de frenar en cada instante antes de hacer alguna acción. A su vez destacó el hecho de aprender a usar otro sentido como el del oído y toda la exigencia personal que conllevo solo fue para aportar a Los Murciélagos.

¿Hiciste otros deportes adaptados? 

– Empecé con el atletismo y llegué a correr en maratones de Adidas, New Balance y Nike con personas como Guillermo Andino (periodista) y Macu Mazzuca (locutor).

¿Por qué te retiraste del fútbol adaptado?

– Mi retiro fue forzoso y hasta incluso te diría que me echaron. Era una piedra en el zapato para el presidente de la FAD ( Federación Argentina de Deportes para Ciegos), así que la comisión decidió hacerme a un lado porque a mí no me gustaban algunas cosas que hacían.

¿Qué cosas?

– Por ejemplo en 2006 nos habían otorgado indumentaria para nosotros pero la directiva se quedó con varias prendas, observamos personas con las camisetas que nos faltaban y nosotros seguíamos sin tener vestimenta nueva. Un día fui con el equipo entero a reclamar y a decirles que no nos íbamos a presentar en la cancha hasta que no esté la ropa y solo así aparecieron las cosas. Y obvio, ¿quién te va a querer si vos ponés trabas para todo?

¿Qué otras situaciones pasaron?

– Hubo una donación muy grande de galletitas y las teníamos que llevar a un lugar que en aquel entonces se había inundado. Nadie supo qué pasó con esas galletitas.

Fue campeón con Los Murciélagos y ahora vende lapiceras en el tren: “Me gustaría tener un trabajo formal”

En un gran giro, la vida llevó a Oscar a ser ferroviario. En un inicio fue en el tren Mitre pero a día de hoy lo cambió por la línea Sarmiento. Vende botones y lápices negros, por la mañana hace de Morón a Moreno y por la tarde el tramo completo (Once-Moreno). Tiene creado un speech que sigue todas las semanas y es allí donde atrapa a los clientes; en ese breve guión nombre su trayectoria en Los Murciélagos.

¿Por qué empezaste a vender en los trenes?

– Yo arranqué en enero de 2025, sinceramente siempre me gustó la idea pero a mi mujer no tanto. Decía que era peligroso, creía que no era un ambiente bueno para alguien como yo. Arranqué igual, me gusta subirme y estar con la gente, al principio no estaba tan suelto como ahora.

–Mencionaste que siempre te gustó la idea de vender ahí arriba, ¿qué sentís?

– Es lindo cuando te tocan para pedirte lo que vendés luego de verte. Recibo felicitaciones todo el tiempo tanto por ser el Muro y por vender siendo ciego.

¿Te felicitan?

– Sí, es raro ver a alguien con un sentido menos, que trabaje y no esté pidiendo.

¿Qué pensás de eso? 

– No está bueno pero me gusta sentir que capaz motivo a otras personas con mi misma situación u otras. Una vez me crucé a un chico en silla de ruedas que quería jugar básquet adaptado y no se animaba, cuando me contó eso yo le sugerí que lo hiciera y que no se limite. Somos nuestro propio obstáculo. 

¿Cómo es el ambiente en el tren? 

– Yo me llevo bien con todos, hay un respeto hacia mí. Trato de no meterme mucho. Vendo y me voy a mi casa sin molestar a nadie. 

Para vender ahí, ¿hay que hablar con alguien o es libre para cualquiera? 

– Yo puedo vender sin límites. Reitero, trato de no meterme ahí.

¿Cuánto ganás? 

– Ganancia poca, pero siempre tengo para volver a invertir. 

¿Qué opinás sobre el gobierno de ahora? 

–Voy a ir a hablar con el Presidente, es algo que tengo pendiente y lo voy a hacer en cuanto tenga la oportunidad.

¿Qué querés hablar con él? 

–Muchas cosas.

¿Te agrada?

–Mirá, yo no tengo bandera de ningún partido político. Representé al país y  pasaron varios presidentes. La Secretaría de Deportes siempre nos apoyó, hoy por hoy estando Milei, sigo trabajando como cualquier persona. 

Moreno está con su esposa hace 24 años y comparten 5 hijos.

¿Cómo te llevás con tus hijos? 

– Muy bien, aparte de trabajar en el tren tenemos un puesto de tortillas. Estamos ahí todos juntos, preferimos un ambiente más familiar antes de contratar empleados. Con mi hijo de 20 andamos por todos lados. Estudia para ser profesor de educación física, quizás decidió ejercer eso por mí y todo lo deportivo. 

El Muro, junto a su

De tus 7 hijos, hay dos gemelos.

– Con mi mujer pensábamos que éramos jóvenes y que íbamos a quedar solos ya que los demás habían crecido. Comenzamos a buscar otro bebé, ella tuvo dos embarazos atípicos. Aparecía la bolsita pero el embrión no. Hasta que aparecieron los gemelos. 

¿Qué hicieron para sobrellevar ambas situaciones?

– Pedimos mucha cadena de oración y por suerte salió todo bien luego. 

¿Creés en Dios?

– Sí, vamos a la iglesia. De hecho los martes, jueves, sábados y domingos bajo antes del tren para llegar a horario.

¿Por qué arrancaste a ir?

– Necesitaba algo dentro de mí, que me ayudara.

¿Qué enseñanzas te dejaron las situaciones de tu vida?

– Trato de no creerme más por quien fui; no me aprovecho de eso. Hay que recordar siempre de dónde uno viene.  Una vez me pasó que mi hijo fue a buscar su analítico y no se lo quisieron dar. Ya venía el problema de antes y, como es verdad que yo antes era una persona atropellada, él no quería que fuera. Fui igual. Subimos a la oficina, el director estaba con el celular y la preceptora en la computadora. Me senté al lado de la puerta y ellos me ignoraban; no sabían quién era. Comencé a decirles el porqué de mi visita al colegio y no me dirigían ni siquiera la mirada, hasta que me enojé y dije todos los títulos que había ganado. De un segundo a otro, ya tenía toda la atención del director y la preceptora; incluso el analítico le llegó a mi hijo en menos de 24 horas por PDF. Ahí notás los diferentes tratos para una persona que es “alguien” y para la que no lo es, y simplemente es un padre reclamando algo por su hijo. Es lamentable.

Mencionaste que solías ser una persona muy atropellada.

–Sí, en la forma que jugaba se veía –dijo entre risas–  fui transformándome de a poco para no ser tan así y calmarme.

“Es importante que las instituciones les den a los chicos herramientas emocionales”

Por Agustina Lamenti

A las 9.15 de una mañana primaveral, Fernando Langenauer, excoordinador de la pensión de Independiente (2015-2021) y fundador de la ONG Validando, le pide a la moza un agua sin gas en un café de especialidad de la Avenida Warnes al 100, que es su “segunda oficina”, ya que se encuentra en la planta baja del edificio en el que vive. Cada tanto, algún perro pasea por la cafetería pet friendly y lo iluminan los rayos de sol que entran por la ventana que da al pasaje Bravard. Tiene un vaso junto a la botella, pero todavía no se sirve, y empieza a recordar su gestión en Independiente, durante la cual detectó y denunció los abusos a juveniles del club. 

-Cuando entraste a trabajar como coordinador de pensión en Independiente, ¿ya conocías el lugar? 

Soy hincha de Independiente y llegué en 2015 a través de una subcomisión de pensión, así que ya había ido con ese grupo un año antes de empezar, a charlar con los coordinadores.

-¿Seguiste trabajando en Vélez en simultáneo?

Venía de dos años en Vélez donde crecimos un montón. El proyecto estaba en su mejor momento. Convencí a los dirigentes de ambos clubes de poder trabajar en los dos. No sé ni cómo hice. Arrancaba a las cinco de la mañana y volvía a mi casa a las nueve de la noche. Entendí que era imposible seguir ese ritmo y hablé con los directivos de Vélez. Les dije: “Esto es absolutamente por amor, yo tengo que estar allá”. Me dijeron que estaban las puertas abiertas para volver cuando quisiera. Lo entendieron.

¿Qué necesidades detectaste en Independiente?

El gran problema que había era el 95% de repitencia, había que levantar a ese muerto. En el hotel Constitución Palace, al que fuimos cuando se remodeló la pensión durante la gestión de Pablo Moyano, iban a ser dos meses y terminaron siendo cinco. Lo primero que pedí fue una sala de estudio, a la que al principio no iba nadie, así que la hicimos obligatoria. Fuimos muy directos: el que repite se va. Hubo que crear el hábito de que los pibes estudien, pero hubo un cambio drástico. En un año, de 74 pibes que había, repitió uno solo. 

 –¿Cómo tomaron los chicos eso de que “el que no pasa de año se tiene que ir”?

 -Al principio hubo mucha resistencia, hubo que cambiar hábitos. Cuando llegué pedí que todos tuvieran ropa del club y la usaran todos los días. Se la afanaban entre ellos. Tuvimos que echar a muchos chicos de la educación del club. Era más que un tema de estudios. De a poco tratamos de meter salidas, charlas para que los pibes se diviertan y la pasen bien. Al final se creó un ambiente lindo, de familia. 

Club Atlético Independiente . Noticias sobre Club Atlético Independiente | Página|12

-Más allá del rol importantísimo de la educación, ¿sentís que con esas iniciativas los chicos pudieron despejar la cabeza de las presiones del fútbol?

-Uno lo intenta, yo no te puedo afirmar si eso sucedió. Lo que te puedo asegurar es que los pibes en ese lugar fueron felices. Han disfrutado sus años en la pensión, sobre todo por la compañía que tuvieron. Pibes que en su vida pensaban que terminarían el colegio se fueron con títulos secundarios. Depende de cada uno porque hay pibes para los que el fútbol es todo y si quedan libres no ven otra salida.

-No es casualidad que los abusos hayan salido a la luz en el momento que la pensión empezó a funcionar mejor. ¿Pensás que pudieron generar esa confianza a los chicos de que puedan contarlo confiando en que los iban a ayudar?

Creo que no es casualidad que hayan confiado en nosotros para decirnos lo que sucedía. Que un chico se haya acercado al psicólogo preocupado por un compañero me parece de as cosas más nobles que existen. 

-Sí, pero también es noble lograr que él se acercara porque confiaba en que iba a ser escuchado.

-Fue importante estratégicamente lo que hicimos de escuchar. Hicimos una ronda con 60 pibes diciéndoles: “Nosotros sabemos que está pasando esto”. En esa ronda había pibes que se reían, que les parecía gracioso, y otros que estaban incómodos con la situación. A partir de ese espacio hubo varios que se acercaron a contar sus experiencias. Lo primero que les dijimos fue que ninguno hizo nada malo, pero que hubo personas que cometieron un delito que está penado por la ley. Entonces queríamos que confiaran en nosotros, que los íbamos a cuidar y a proteger como lo veníamos haciendo. Esto pasaba en el fútbol argentino hacía 30 años y nadie lo denunció. 

La nueva apuesta en la pensión de Independiente: desarmar lo peor del folklore del fútbol

-¿Cómo fue tratado el tema por los medios?

-Independiente fue muy vapuleado por la prensa, lo mataron aunque haya hecho las cosas bien. Fue muy vanguardista en hacer una denuncia de ese tipo, que terminó con gente presa. Se trató el tema con mucha irresponsabilidad. Que les daban calzoncillos, carga para la SUBE, es todo mentira, siempre era plata. Por eso sigo dando notas, para que un día escriban la verdad.

-¿Cómo surgió Validando?

En 2023 empecé a colaborar con una ONG de mujeres que habían sufrido violencia sexual y un día mi tutora me dijo: “¿sabes cuántas ONG de este tipo hay para varones? ni una, ¿qué estás esperando?” Ese fue el cachetazo que necesitaba. 

-¿Pensás que los estereotipos de masculinidad, sobre todo en el fútbol, causan que los varones se autorepriman a la hora de pedir ayuda?

-Totalmente. Crecen escuchando a los técnicos que les dicen: “Trabá fuerte, no seas puto”, y eso los condiciona. Es importante que las instituciones deportivas les den herramientas emocionales para defenderse y estar alerta.