Home Blog Page 18

“Recuerda mi nombre, Leo Messi”

Por Juana Enrico

“Recuerda mi nombre, Leo Messi”, dijo con la cabeza en alto y una sonrisa que hoy, veintiún años después, podemos entender de otra manera. Como si ya hubiera leído el libro de su historia, como si conociera el guión de su destino, hasta se podría creer que pasó los siguientes años de su vida intentando hacerle justicia a aquella frase de una publicidad de Nike.

Lo cierto es que sí: todos recuerdan y recordarán para siempre su nombre. Recordarán algún gol inexplicable, de esos que hacen pensar que el fútbol fue creado solamente para que él pudiera exhibir su magia. Recordarán al hombre que levantó la Copa del Mundo mientras el cielo se abría sobre Qatar para entregarle la gloria máxima. Recordarán sus carreras, sus gambetas, sus silencios, sus festejos y también sus lágrimas. En fin, la lista de recuerdos es infinita.

Hoy Lionel Messi le dice adiós a la selección argentina. Pero su historia con ella no termina ahí. Seguirá habitando entre quienes toman la 9 de Julio cada mañana para ir a trabajar y, casi como parte del paisaje, se encuentran con el mural que Martín Ron pintó a mano. En la camiseta de los más chicos, esos que no conocen una selección sin él. En las canchas de barrio, en las conversaciones, en las historias de los suertudos que fueron testigos de sus primeras páginas. Y en cada vez que alguien vuelva a ponerse la diez en la selección y salga a buscar una pelota como si allí dentro todavía pudiera aparecer algo de él.

Por eso hoy el país entero se paró. Un lunes que parecía igual a los treinta y cuatro que ya dejó el año. Doce del mediodía. Y empezaron a correr las voces. Algunos se enteraron de la noticia por aquel posteo con esas tres páginas escritas a mano alzada, llenas de palabras en tinta negra que nadie quería leer. Otros, por un mensaje de algún amigo o familiar que hizo de vocero. Incluso algunos en clase o en el trabajo, al ver la reacción de sus compañeros, se enteraron con sorpresa. La mayoría todavía no lo puede creer; algunos presumen que lo veían venir, pero ninguno quería ser testigo de la última página.

Por suerte, su nombre quedó grabado, tal como alguna vez pidió: Leo Messi. Y quizás lo extraordinario de una historia como la suya no sea que tenga una última página, sino que todavía queden infinitas maneras de volver a contarla. Porque mientras haya alguien que vuelva a nombrarlo, que vuelva a hablar de aquella jugada imposible o de aquella tarde en la que todo pareció tener sentido, la historia seguirá encontrando nuevas formas de escribirse.

Amores que matan, nunca mueren

Por Gabriel Milian Scuri

Un par de amigos viajan juntos en el subte. El silencio funciona como intermediario entre ellos. No hay charla ni gesto que alivie el dolor de la pérdida que sienten. No ha muerto nadie, pero estos dos pibes saben que la infancia se les escurre por las manos, que se les derrite el tiempo y que eso se los ha enseñado Messi.

Han pasado tres estaciones desde que subieron a ese sucio vagón. La atención de los amigos ha estado en los celulares y en cómo la gente repostea en redes sociales la carta del diez argentino en la que comunica su retiro del seleccionado nacional.

Uno de ellos cuelga de sus hombros su mochila con un desgano propio de un cuerpo sin pulso. Sin palabras, compagina la tristeza que se pinta en el rostro de su compinche con su muerte en vida y se funden en un abrazo efímero.

El chico baja en Facultad de Medicina y piensa en las pinceladas del oriundo de Rosario. Sube las escaleras y las piernas le pesan montones. Los martillazos de la cabeza le significan el despertar. El golpe de madurez, o de realidad, que le muestra que el reloj le corre por la sien.

Camina, mientras observa las miradas perdidas de la gente, y recuerda que sus primeras camisetas de fútbol eran de la Albiceleste con la diez en la espalda. Sintoniza con aquellas tardes después del colegio en las que se sentaba a ver las gambetas de la Pulga en su amado Barcelona. Añora dicha etapa en la que esperaba llegar al club de su barrio para jugar con sus compañeros y gritar: “Yo soy Messi”, sin tener ni una pizca del astro.

El pibe da pasos largos. Quiere llegar a la escuela de periodismo en la que estudia, ya mismo. Mientras tanto, no logra concebir la idea de que la vida sigue. No comprende cómo el mundo no se ha frenado. No está de acuerdo con que el repartidor de la esquina descargue cajas de su camión. Quiere que el mundo se detenga. Que lloren como él lo hace por dentro, donde hay un niño que está muriendo.

Ya no oculta nada. Frunce su ceño e ignora todo al pasar. Responde “mal” a las preguntas de “¿cómo estás?” y desea que el día termine. Abre su celular para hablarle a su madre. Necesita expresar la angustia que le invade el alma.

Se sienta en las mesas del buffet y se pone a comer algo. Anda un tanto observador. Se cruza con alguien de su confianza. Se abrazan. Él había deseado ese gesto mientras se dirigía hacia allá. Le duele Messi. Se siente roto.

Levanta la cabeza de la mesa y ve un cuadro de Lio con la diez argentina. Esa que no volverá a vestir. En ese instante, el estudiante se da cuenta que no lo ha visto en cancha y que la frustración le toca la puerta. Le desgarra aún más la imposibilidad de visualizar en vivo aquellos toques a la pelota tan divinos y esa corrida tan diferente que posee Messi. No exterioriza el llanto. No quiere que lo vean. Pero su ausencia de ruido dice todo.

Vuelve a su mente en búsqueda de consuelo. Se siente afortunado. Se le escapa alguna que otra sonrisa. Ha coincidido con la época Messi. Se ha inspirado y cautivado de él. Y aunque hoy duele un amor, le nace otro. Más humano. Más mortal.

El pibe cierra la tapa de su computadora y se imagina con sus futuros hijos en una charla interminable sobre el formado en Newell ‘s. Diferencia a la vida como: antes y después de Messi. Se emociona, se vuelve aquel crío que miraba al Barça con anhelos de destellos y goles imposibles. Apaga sus ojos y dibuja al Diez en su mente. Su mezcla de emociones lo hace sentir vivo, aunque no de la misma manera. Porque él se ha enamorado del fútbol por Messi y en el pecho se le acomoda un mal de amores que parece infinito y sentirá para siempre.

Fórmula 1: El Gran Premio de Italia

Por Pía López, Luca Ambrosetti, Leonel Díaz Cáceres, Santiago Pompe Godoy y Martina Susman

Monza es un lugar ubicado cerca de la ciudad de Milán, sin embargo, su historia no es para nada menor. En este sitio habita una de las citas más importantes de la Fórmula 1, hogar y dueño de momentos y carreras memorables, donde cada piloto que se sube a un monoplaza busca marcar un hito.

El Gran Premio de Italia de 2023: ganador Max Verstappen.

Monza y la velocidad hecha tiempo

El Gran Premio de Italia es el más esperado por los fanáticos de la Fórmula 1, donde la escudería Ferrari siempre es local. Desde 1950 forma parte de la máxima categoría con pocas excepciones y su historia está marcada por grandes carreras y récords.

El Autódromo Nazionale de Monza fue construido en 1922, en tan solo 110 días. Los trabajos comenzaron en mayo y el circuito fue inaugurado oficialmente el 3 de septiembre de ese mismo año. En aquel momento fue el tercer autódromo en el mundo detrás de Brooklands (Inglaterra) e Indianápolis (Estados Unidos). La primera carrera se disputó una semana después, y el ganador fue Pietro Bordino con un Fiat 804, equipado con un motor de dos litros.

Monza es conocido popularmente como el “Templo de la velocidad”, es una de las pistas más rápidas y antiguas del mundo del automovilismo. Actualmente, el circuito tiene 5793 kilómetros y un total de 53 vueltas.

Sin embargo, está marcado por varios accidentes que sucedieron a lo largo de la historia, uno de ellos fue en el Gran Premio de 1961. El piloto alemán Wolfgang von Trips, de Ferrari chocó con el Lotus de Jim Clark en las primeras vueltas, y provocó que el auto del alemán saliera despedido hacia la zona del público causando la muerte de 11 espectadores y la del piloto.

Una postal histórica del Gran Premio de Italia en el mítico circuito de Monza, uno de los escenarios más emblemáticos del automovilismo mundial.

También hubo otro hecho fatídico en 1928, tan solo seis años después de su inauguración. El piloto Emilio Materassi, de Talbot, perdió el control de su auto mientras intentaba pasar a un Bugatti y terminó estrellado contra una tribuna donde 27 personas perdieron la vida, incluyendo la del mismo piloto.

No es solo un circuito, es parte de la Formula 1. Sus curvas y sus historias lo convirtieron en un escenario único de este deporte siendo una de las carreras más esperadas por el público y por los pilotos.

 

Un sueño argentino a 300km por hora                                                                           

Hay lugares que, debido a una serie de eventos, terminan adquiriendo un significado especial en la carrera de un deportista. Para Franco Colapinto Monza es uno de ellos.

Su historia con el circuito comenzó en 2022, cuando el joven de 19 años transitaba su primera temporada en Fórmula 3 y llegó a Monza como una de las grandes promesas en una de las categorías que funcionan como vidriera hacia la Fórmula 1.

El entonces piloto de Van Amersfoot Racing, compitió por el primer puesto cabeza a cabeza contra el británico Oliver Bearman en la Sprint Race y terminó subiéndose a lo más alto del podio, mientras que en la Feature Race finalizó en el puesto 14°.

Colapinto festejando su victoria (F3).

Un año después, pero está vez siendo integrante de la Academia Williams, el nacido en Pilar volvió a ganar la Sprint Race en el circuito italiano, tras superar a su compañero de equipo Mari Boya y un dolor pectoral que lo acompaño durante toda la carrera. Despúes en la Feature Race, debió abandonar la pista luego de un incidente en la largada.

El 1 de septiembre de 2024, el argentino volvería a pisar el circulo italiano, aunque esta vez, la categoría era otra, el joven de 21 años estaba a punto de convertirse en piloto de Fórmula 1. Su escudería, Williams, lo eligió para reemplazar a Logan Sargeant durante las nueve carreras restantes en el calendario. En su debut finalizó en el 12° puesto y dejó buenas sensaciones. Pero el resultado, en este caso, perdía un poco de peso frente al valor simbólico del momento.

Para el automovilismo argentino, el significado fue todavía mayor. Franco se convirtió en el primer piloto del país en disputar un Gran Premio de Fórmula 1 desde Gastón Mazzacane, quien compitió en 2001. Más de dos décadas después, la bandera argentina reaparecía en la grilla de la máxima categoría del automovilismo.

Debut de Franco Colapinto en F1, en el Gran Premio de Italia, en Monza.

 

Aprender a correr al límite

Genaro Gino Trappa es un joven piloto argentino que comenzó a construir su camino en el automovilismo europeo. Su recorrido empieza en karting en 2021, cuando decidió dejar el fútbol, y desde entonces pasó por categorías y circuitos de Brasil, España y Europa, entre otras con el objetivo de seguir avanzando hacia Fórmula 3, y una meta a largo plazo, llegar a la Fórmula 2 y soñar en algún momento con la Fórmula 1. Logró consagrarse campeón de la Fórmula 4 de Europa Central y actualmente es piloto de la EuroCup-3.

Gino tuvo la oportunidad de poder correr en Monza, lo que representó un desafío especial: “Es una locura llegar al templo de la velocidad por primera vez, fue muy imponente. Pero bueno, sigue siendo uno de los circuitos que más te impresiona y sabes que las carreras van a hacer una guerra sin margen de error.”

El circuito italiano Autódromo Nazionale de Monza, impone desde el primer momento. De todas maneras, Trappa destaca:“Por suerte, nos supimos adaptar súper bien desde la primera sesión”.

La velocidad es la primera característica del trazado, y también la que convierte al rebufo en un elemento fundamental. “Es muy importante ir en succión de alguien, pero nadie le quiere dar el rebufo al otro”, explica.

En el automovilismo, además de lo importante que es ganar, también depende de la manera en que se clasifique. Por eso, Gino menciona lo del rebufo, ya que esta disputa hace que las clasificaciones sean un poco complejas. “Eso hace que las clasificaciones en particular, sean muy enquilombadas y dependas por lo general de un poco de suerte.”

Aunque también la incertidumbre que generan las clasificaciones, le da beneficio al espectáculo: “Creo que al mismo tiempo da mucho show que está bueno, y en carrera siempre es muy difícil escaparse.”

Más allá de la velocidad, el circuito le dejó al argentino un aprendizaje sobre cómo administrar el límite. Es un circuito, donde una vuelta limpia puede ser determinante, cada oportunidad, el piloto la tiene que aprovechar, pero sin cometer errores. “La vuelta limpia, sin tráfico, la tenés que aprovechar al 100%”, afirma. Aunque también destaca la importancia de mantener el equilibrio: “Necesitás hacerla y hacer ese balance entre ir al límite, pero al mismo tiempo saber hasta dónde jugar con ese límite, porque no te podés dar el lujo de irte afuera o hacer un error en esa vuelta.”

Su paso por Italia también reforzó la idea que él considera fundamental en su desarrollo: la preparación. “Siempre es un punto clave. Saber si los circuitos y estar lo mejor preparado”, sostiene, especialmente en escenarios históricos: “Más que nada, los circuitos como Monza, que son clásicos y están casados con la F1”. Por eso, Gino remarca: “Los tenés que tener bien estudiados”.

Gino Trappa campeón de F4 CEZ en el circuito de Brno, República Checa.

 

Forza Ferrari sempre: La casa de los Tifosi

El Gran Premio de Monza no es una carrera más en el calendario para Ferrari; es, sin duda, la más importante porque corren con su gente, ya que el circuito se encuentra muy cerca de la sede histórica de Ferrari en Maranello y miles de “tifosi” llenan las tribunas de rojo.

Ferrari compite en la Fórmula 1 desde 1950 y Monza siempre fue una parte fundamental de su historia. El circuito es uno de los escenarios donde se han vivido momentos inolvidables para la escudería. Un buen ejemplo es el de Michael Schumacher en el 2000, cuando el alemán llegó a su victoria número 41, igualando a Ayrton Senna; además, esto significó un gran paso en el mundial de pilotos, el que Ferrari se terminó llevando luego de perseguirlo durante 21 años.

“Después de todos los reveses sufridos, ganar en Italia, ante los seguidores de Ferrari, conseguir la victoria 41, como Senna, es demasiado para mí”, declaró Schumacher luego de la victoria.

Ferrari no corre en Monza solo contra otras escuderías, corre contra sus propias expectativas porque los “tifosi” esperan que Ferrari gane, la prensa italiana lo vive con mucha intensidad y los pilotos saben que una victoria en Monza puede significar que los recuerden por mucho tiempo.

Para dimensionar: para Ferrari, Monza es lo que representa el Maracaná para el fútbol brasileño: un lugar donde se mezclan la historia, la identidad y el deporte.

 

Un Gran Premio de grandes ganadores

El Gran Premio de Monza es uno de los acontecimientos más esperados y emblemáticos del calendario de la Formula 1, dada su historia, momentos inolvidables y por los grandes pilotos que lograron coronarse en este circuito a lo largo de los años.

En la cita del año pasado, el ganador fue el neerlandés Max Verstappen, quien con ese resultado buscaría mantenerse en la pelea por el campeonato de pilotos, justamente contra los otros dos corredores que completaron el podio aquel día, Lando Norris y Oscar Piastri, ambos de McLaren.

Foto del podio de Italia, Monza 2025.

Este histórico recorrido tiene a leyendas del deporte entre sus filas como sus máximos ganadores, Lewis Hamilton Y Michael Schumacher, con 5 victorias cada uno; el alemán dominó la década entre el 1996 y el 2006 con Ferrari, escudería de la que es el piloto más emblemático, mientras que el británico hizo lo suyo entre los años 2012 y 2018, corriendo para Mercedes. El tercero en discordia en esta disputa es Nelson Piquet, quien ganó 4 veces este Gran Premio en los años 80s y de esta forma es el piloto no europeo con más consagraciones en el circuito.

Michael Schumacher festejando su victoria en Italia, Monza en el año 1996.

Sofía Cairó, la figura de Las Leonas en la final del Mundial

Por Paz Moral

Ella está lista en la línea de 23 metros. Espera que el árbitro dé la señal para convertir el penal australiano. Es el último. Si anota, Argentina es campeona del mundo por tercera vez en la historia. Suena el silbato. Corre hacia el arco. Entra al área. Va para un lado y para el otro. Con mucha tranquilidad, deja desparramada a la arquera en el suelo. Y con un remate de derecha, le pega a la pelota para que vaya hacia la red. Se da vuelta y es abrazada por las jugadoras de Las Leonas. Fundamental en una nueva definición, Sofía Cairó.

Elegante, sofisticada, juega al hockey con una templanza admirable. Se desempeña en el Club y Biblioteca Mariano Moreno que milita en el Primera C del Torneo Metropolitano de Buenos Aires. Es el claro ejemplo de que con esfuerzo y dedicación se puede llegar a la élite del deporte.

En la final frente a Países Bajos, fue quien manejó las riendas del equipo. Recuperó con total frialdad ante cada aproximación de las neerlandesas y pasó al ataque con una notable confianza, como si tuviera cientos de partidos en el conjunto albiceleste. De hecho, fue quien hizo la jugada que derivó al séptimo córner corto del encuentro y que más tarde, terminó en el empate de María José Granatto.

Después de la paridad en los 60’, fue la encargada en los shoot-outs de convertir el decisivo, como sucedió dos años atrás en París 2024, en aquel partido ante Bélgica por la medalla de bronce. Porque cuando el equipo la necesita, ella aparece. Es el fiel reflejo de cómo juega una Leona: con garra, corazón y sacrificio.

Con tan solo 23 años, Cairó fue una de las grandes figuras en esta nueva consagración de Las Leonas en una Copa del Mundo ante su histórico rival y de visitante. No quedan dudas que su nombre ya está en los libros del hockey sobre césped nacional.

La tercera para Las Leonas

Por Lola Fariña

Porque parece que sufrir no es una regla exclusivamente del fútbol en Argentina. Las Leonas también saben de finales que se juegan con el corazón en la mano.

En una cancha que por momentos parecía completamente naranja, la ilusión argentina tiñó la historia de celeste y blanco. En frente estaba Países Bajos, el gran candidato, líder del ranking mundial y dueño de una localía que hacía todavía más imponente el desafío.

No era, además, un rival desconocido. El país sudamericano y el europeo ya habían protagonizado cuatro definiciones mundialistas antes de volver a encontrarse en ésta. Pero el equipo dirigido por Fernando Ferrara llegaba con el deseo claro de repetir la historia de 2002 y 2010, las dos veces en las que habían logrado imponerse ante las neerlandesas para levantar la Copa del Mundo.

Con ese antecedente empezó el partido y el gol de las locales llegó al cierre del segundo cuarto. Pero no derrumbó a Argentina. Al contrario: Las Leonas siguieron buscando. Y cuando los minutos finales empezaban a pesar, ese tiempo en el marcador, que en el hockey suele ser una eternidad pero cuando hay que remontar un partido los segundos vuelan, jugaba en contra. Hasta que llegó la recompensa a tanta insistencia. Después de un nuevo córner corto, la jugada generó una serie de rebotes dentro del área y María José Granatto apareció en el momento justo para convertir el empate.

Sonó la chicharra y llegaron los shootouts, ese momento en el que un país se olvida de respirar y los nervios tocan su punto más alto. Cristina “China” Cosentino daba la impresión de vivir otra historia. Bajo de los tres palos no había desesperación, sino diversión, y así es como logró que la bocha no entrara en su arco en tres oportunidades.

Con la calma de quien parece estar jugando en un entrenamiento más de su club, las jugadoras argentinas se acercaron a la bocha sin achicarse. Victoria Granatto, Brisa Bruggesser y Sofía Cairó convirtieron sus tiros. Y fue Cairó, al igual que en París 2024, la encargada de ponerle el punto final a la definición.

Las Leonas provocaron el desorden de las naranjas, resistieron cuando todo parecía inclinarse hacia el otro lado y encontraron en el caos una forma de ganar. Y al final, entre tanto ruido, fue su rugido el que se escuchó más fuerte.

La tercera estrella, el legado de todas

Por Juana Enrico

Llegó la tercera estrella. La revancha. La alegría que había esperado dieciséis años para volver a pronunciarse en voz alta: somos campeonas del mundo.

Las Leonas lo hicieron contra el máximo rival y en su propia casa. En un país donde el hockey es profesional, mientras ellas todavía conviven con la dureza de sostener un deporte amateur, de entrenar, viajar, competir y volver a empezar con mucho menos de lo que tienen quienes están enfrente.

Pero hay algo que esta selección aprendió hace tiempo: que no siempre gana quien tiene más. A veces gana quien permanece unida cuando todo aprieta. Quien encuentra fuerzas donde ya no quedan. Quien juega por la que está al lado, por las que estuvieron antes y por las que algún día vendrán.

Luciana Aymar -una de las que les enseñaron a rugir- las miraba celebrar, con una bandera argentina estampada con una leona, desde el balcón. Es la primera vez que la Selección es campeona del mundo sin ella en el equipo. La historia que su generación comenzó a escribir hace más de dos décadas no les queda grande a quienes hoy entienden y llevan el nombre de aquellas mujeres que hicieron mucho más que colgarse una medalla de plata: empezaron a inventar el hockey a escala nacional. A convertir un deporte que todavía no ocupaba ese lugar en la vida de los argentinos en una parte de su historia deportiva.

Y en esa historia, hoy escribieron una nueva página dorada. Otra vez un 3-1. Otra vez Países Bajos. El mismo resultado de aquella final de 2010, la última vez que Las Leonas habían sido campeonas del mundo. Dieciséis años después, el caprichoso destino volvió a ponerlas frente al mismo rival y les devolvió el mismo número, aunque de una manera distinta: esta vez fueron los penales australianos los que marcaron el camino hacia la copa. La tercera. La que tantas veces imaginaron, la que durante dieciséis años esperó por ellas.

Quizás en esas lágrimas, en esos abrazos, también estén las de todas las que alguna vez tuvieron que abrirse camino solas. Las que insistieron cuando nadie miraba, las que fueron construyendo, paso a paso, la cancha que hoy estas campeonas pueden transitar.

Todo habrá valido la pena si mañana, o quizás esta misma tarde, una nena se despierta con ganas de agarrar un palo de hockey. Si después de verlas levantar la copa descubre que también hay un lugar para ella en una cancha. Si una camiseta celeste y blanca consigue encenderle algo adentro que todavía no sabe nombrar. Porque quizás ahí esté escondida la próxima Leona. La que algún día volverá a hacer cantar a un país, la que llevará un nuevo número en la espalda y levantará otra copa.

Esa es la verdadera grandeza de Las Leonas: no solo ganar para quienes las miran, sino conseguir que, después de verlas, miles quieran intentarlo. Y entonces, que vengan las que vienen. Que haya palos, bochas, canchas y sueños. Que haya muchas más finales. Muchas más copas. Muchas más Leonas.

Gracias, Leonas. Por esta copa. Por las que fueron, por las que son y por todas las que todavía no saben que algún día también serán.

Deporte argentino, divino tesoro

Por Gabriel Milian Scuri

Es 29 de agosto. El día es un tanto primaveral. Las calles de Buenos Aires son tranquilas, si es que pueden serlo, ante una jornada más de la atareada vida. En los Países Bajos, las Leonas acaban de ganar el Mundial de hockey frente a las locales, que buscaban el cuarto campeonato consecutivo. 

Durante todo el torneo se habló de la supremacía neerlandesa y se vivió con la calculadora en la mano para ver de qué manera el seleccionado argentino podría evitar un potencial cruce anticipado con las naranjas. Aunque, el destino tenía una tercera temporada más para esta serie.

Luciana Aymar mira desde uno de los palcos. Para el medio que posee los derechos televisivos, relata y comentan ex leonas que supieron ganarlo todo y poner a un deporte en la boca de un país. Son quienes lograron concebir, con la medalla de plata en Sidney 2000, la identidad de un equipo que se convirtió en un emblema nacional. 

Hay nervios. Países Bajos está arriba en el marcador. El tiempo pasa y se escurre cuando el resultado pega en la conciencia. Pero hay un arma tan rioplatense que evita cualquier tipo de formativa o infraestructura millonaria.

Faltan seis minutos para el final del encuentro. Las dirigidas por Fernando Ferrara tienen su séptimo córner corto. Remata Agustina Gorzelany, la bocha se desvía dentro de un área alborotada y Majo Granatto llega de atrás para empatar el partido. Impulsa el palo con la fuerza de un sueño que se gestó alguna vez en La Plata, su ciudad natal. 

Llegan los shoot-out. Argentina no erra. Cristina Cosentino hace lo suyo al evitar tres goles. Las lágrimas de emoción se agarran desesperadamente de los ojos de las jugadoras visitantes para no romper en llanto. Sofia Cairó tiene la chance de coronar. Dan la orden, corre, protege la bocha, amaga y deja despatarrada a la arquera neerlandesa. Solo hay que empujarla: Argentina es campeona del mundo. 

Se rompen gargantas en el país del viejo continente. La memoria sintoniza con pasajes de dureza para las australes. Sacrificios en un deporte amateur que limita las posibilidades pero no los sueños o el potencial. No el hambre de gloria, ese que ha llevado a la bandera celeste y blanca a lo más alto del deporte mundial. No solo en el hockey, no solo en básquet ni boxeo ni fútbol. No únicamente en automovilismo, tenis, vela, vóley y una lista interminable de disciplinas. 

En la historia deportiva hay rasguños argentinos que gambetean las crisis como un pibe a sus adversarios en los potreros de Fiorito. O como las Leonas que entrenaban en canchas de baby fútbol y después desplegaban el más alto nivel. En los libros están los triples de Emanuel Ginóbilli; los smashs de Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Manuel Del Potro. Las corridas de los Pumas; la frialdad de Juan Manuel Fangio, Carlos Reutemann o Franco Colapinto. Los golpazos de Carlos Monzón y la rebeldía de Oscar Bonavena. 

Carácter y viveza criolla. Dignidad ante la pobreza y dignidad ante la grandeza. Patriotismo. Amor a lo de uno. A los colores. A un cacho de tierra que sufre penurias pero que forma ganadores y ganadoras. Máquinas competitivas y huesos duros de roer.  

No hay plata que compre la gloria ni el saber lo que no es tener nada. No hay dinero que prohíba a las pibas y pibes argentinos soñar con quedar en la historia. Como las Leonas, que alzan la copa que 16 años después vuelve a teñirse de albiceleste.

La Leona antes que existan las leonas

Por Matías Huentelaf

Adriana Acosta tenía tan solo 22 años cuando el 27 de mayo de 1978, en vísperas del Mundial, un grupo de tareas la arrebató a las tres y media de la tarde del bar La Tuerca de Pérez, en el barrio porteño de Villa Devoto. Estuvo secuestrada en el centro clandestino El Banco y nunca más se supo nada de ella. Se cree que fue víctima de los vuelos de la muerte.

Su vida empezó el 19 de enero de 1956 en Lomas de Zamora. Era la hija mayor de Oscar y Teresa Bernardi de Acosta, hoy Madre de Plaza de Mayo, y hermana de Leticia y Marcelo. Juntos iniciaron una búsqueda que no obtuvo resultados; el juez federal Guillermo Rivarola rechazó todos los pedidos de habeas corpus.

En 1972, con 16 años, se convirtió en la capitana del equipo juvenil de Lomas Athletic Club que se coronó campeón metropolitano, y al año siguiente repitió la capitanía en la selección de Buenos Aires que ganó el campeonato argentino. Ese mismo año le llegó la oportunidad de integrar la selección argentina en un partido frente a Estados Unidos, y formó parte de la preselección para el Mundial de 1974.

Adriana poseía un profundo compromiso social y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Se radicó en La Plata, donde comenzó a estudiar Ciencias de la Educación y Medicina mientras compartía hogar con Jorge Omar Bonafini y María Elena Bugnone Cepeda (hijo y nuera de Hebe de Bonafini). En 1976 regresó a Buenos Aires. “Voy a tener que cambiar la carrera de nuevo, porque acá no me puedo quedar más. ¿Vos no sabés la gente que desaparece en La Plata? Por eso me voy a venir a vivir acá”, le escribió a su madre. Un año antes de su desaparición, sus padres le habían pedido que se fuera del país. “No tengo por qué irme, porque yo no hago nada”, contestó. Teresa recuerda que su hija tuvo que quemar libros por miedo a la persecución.

En 2009, por iniciativa del exsecretario de Deporte Claudio Morresi (cuyo hermano Norberto también fue detenido-desaparecido), se inauguró con su nombre la cancha de hockey sintético del CeNARD. “¿Dónde está la capitana Adriana Acosta?”, pregunta un mural en el Club Lomas. La ONG El Puente Posible —dedicada al trabajo con niños y adolescentes de barrios vulnerables a través del hockey— la tomó como bandera, y la Escuela Secundaria N.° 49 de Lomas de Zamora inmortalizó su rostro en las paredes. La Leona antes de que existan Las Leonas.

Memoria, Verdad y Justicia. Nunca Más. 

 

Fin de ciclo en River: adiós a Coudet y a su bufanda

Por Celeste Benítez

Tener el plantel más caro del fútbol argentino no te asegura ser el mejor. El equipo de Núñez gastó casi setenta millones de dólares en el último mercado de pases y se reforzó con jugadores de jerarquía, entre ellos, Nicolás Otamendi, Ángel Correa, Lucas Beltrán y Thiago Almada. Sin embargo, el juego nunca fluyó y a falta de cinco meses para que termine el año, River ya no compite en ninguna copa internacional y se encuentra ubicado en la mitad de la tabla anual.

“Quiero un equipo protagonista como lo pide el club”, afirmó Eduardo Coudet en su primera conferencia de prensa como director técnico del Millonario. Luego de la salida de Marcelo Gallardo, el Chacho llegó para arrancar de cero con el conjunto riverplatense y empezó con el pie derecho, tras el triunfo 2-1 ante Huracán. Desde ahí consiguió una racha de cinco victorias y un empate que se cortó con la derrota 1-0 en su primer superclásico contra Boca, en el Monumental. Al siguiente partido pasó de página y un mes después llevó a sus dirigidos a la final del Torneo Apertura, pero la suerte y el buen juego no lo acompañaron, y se quedó a las puertas de alcanzar el título.

El golpe fue duro y tras la final perdida contra Belgrano de Córdoba, el entrenador no volvió a encontrar una idea de juego. En consecuencia, el equipo fue eliminado de la Copa Argentina, perdió la capacidad de anotar goles y sufrió cuatro derrotas consecutivas. Como si no fuera suficiente el cuerpo técnico y la dirigencia tomaron la decisión de apartar a un grupo de jugadores, entre ellos Germán Pezzella, Ian Subiabre, Maximiliano Salas y Fabricio Bustos. Lo que terminó por desbordar un vaso cargado de malos desempeños deportivos.

“El fútbol son momentos”, afirmó Coudet en su llegada. Todo inicio tiene su final y para él llegó tras ser eliminado por penales ante Independiente Santa Fe en los octavos de final de la Copa Sudamericana. La situación se volvió insostenible y los hinchas millonarios, que estuvieron presentes en cada encuentro, mostraron su disgusto contra los jugadores y el director técnico, mediante cánticos y protestas en la cancha.

Casi seis meses después de su presentación, Coudet volvió a sentarse en la mesa de la sala de conferencias del estadio Monumental junto al presidente de la institución, Stefano Di Carlo, y a Enzo Francescoli. Pero, esta vez, fue para anunciar su renuncia. “En este club hay que jugar y ganar bien”, expresó el Chacho con seriedad en sus últimos momentos en River. Como último acto destacó su encanto por la exigencia del club y dio su agradecimiento para con la gente.

Sábado a puro rugby: Los Pumas ante Australia y Argentina XV frente a Paraguay

The Rugby Championship 2025 Wallabies v Los Pumas, Allianz Stadium, Sydney, Australia Sábado 13 de Septiembre, 2025 Foto: Peter Wade and Eduardo Espinoza / Gaspafotos / Prensa UAR

Por Eliseo Damonte

El rugby argentino vivirá una jornada de alta intensidad con sus dos seleccionados compitiendo el mismo día en distintos puntos del continente. Con la mira puesta tanto en la élite internacional como en la proyección de nuevos talentos, la jornada combinará el peso del primer test match y el estreno en un torneo regional clave para ampliar la base de jugadores.

El plato fuerte tendrá lugar este sábado a las 16:00 en el Estadio 23 de Agosto de San Salvador de Jujuy, donde el seleccionado mayor se medirá ante Australia.

Más allá del valor competitivo del cruce frente a los Wallabies, el encuentro trasciende de forma directa en la tabla de World Rugby: el conjunto argentino se encuentra actualmente séptimo en el ranking mundial y por debajo lo siguen los australianos en la octava posición.

Al tratarse de un test match oficial, el resultado modificará el coeficiente de puntos: una victoria albiceleste consolidará su lugar, mientras que un traspié permitirá que el conjunto oceánico lo sobrepase en la clasificación internacional. Se volverán a ver las caras el próximo 5 de septiembre en el Estadio Malvinas Argentinas de Mendoza a partir de las 18:00.

El último antecedente oficial entre sí, fue el partido por la cuarta ronda del Rugby Championship 2025, cuando Los Pumas ganaron ante los Wallabies por 28-26 en Sidney.

Por su parte, Argentina XV debutará a las 14:00 en el Estadio CAP Acero de Talcahuano, Chile, frente a Paraguay, en el marco de la primera fecha del Americas Rugby Championship.

El certamen también contará con la participación de Uruguay XV y Chile XV, con la idea de crear una plataforma para darles rodaje competitivo a los segundos equipos de la región. Para el combinado alternativo argentino, el torneo será una oportunidad concreta de sumar minutos internacionales y evaluar variantes que puedan nutrir al plantel principal a corto y mediano plazo.

A diferencia de Argentina, Chile y Uruguay que presentarán a sus combinados de desarrollo, Paraguay será el único país que competirá con su seleccionado mayor titular, Los Yacarés. Esto se debe a que su representativo XV está abocado al plano profesional como franquicia en el Súper Rugby Américas, Yacare XV.

En cuanto a los antecedentes, la última vez que ambos combinados se cruzaron fue en el Americas Pacific Rugby donde el seleccionado ganó 146 a 7 en el estadio Charrúa de Montevideo.

Para ambos combinados, el sábado representará también la oportunidad inmediata de dar vuelta la página y recuperar sensaciones positivas. Los Pumas buscarán recuperarse del ajustado 17-10 sufrido ante Sudáfrica en Vélez, mientras que el conjunto de Alavaro Galindo intentará dejar atrás la derrota por la mínima 25-24 frente a Estados Unidos en Miami. los dos seleccionados saldrán a la cancha con la idea de corregir errores en los momentos clave y volver a festejar.