miércoles, abril 22, 2026
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Jorge Higuaín: “Me siento mucho más representado por River”

Por Lautaro Gourovich

Boca y River, River y Boca. 120 años de historia sostienen una de las rivalidades más intensas del fútbol mundial. Sin embargo, muchos jugadores defendieron ambas camisetas. Uno de ellos es Jorge “el Pipa” Higuaín, que no solo estuvo de los dos lados, sino que además fue capitán en los clubes más importantes del país, algo que pocos pueden contar y que lo convierte en un caso único dentro del Superclásico.

Su historia arrancó en Nueva Chicago, club que define como “mi primera novia”. De ahí a La Plata, para defender los colores de Gimnasia durante dos años, donde también fue capitán. Después del Lobo, llegaría su primer gran desafío: San Lorenzo.

Pero su vida dio un giro inesperado en diciembre de 1985. “González Araujo, el tesorero, me mintió. Nos debían seis meses, yo era el capitán y tenía que dar la cara por mis compañeros. No tenía plata para llevar a mi casa y alimentar a mi familia. Son los mismos problemas que tiene San Lorenzo hoy en día, nada cambió. Yo quiero siempre que me vengan de frente, con la verdad. Por eso me peleé con él y tuvimos un fuerte altercado. No tuvieron la mejor idea que echarme, un 24 de diciembre”, recuerda con crudeza.

Ese episodio abrió la puerta de Boca. Carlos Heller, entonces vice del Xeneize, lo llamó para acordar su llegada. “Yo estaba recontra contento. No era el mejor Boca, tenía algunos temitas económicos, pero Heller era sincero y cobrábamos siempre. Fui muy feliz, disfruté mucho la liguilla que le ganamos a Newells y nos permitió jugar la Libertadores”, relata con cariño. Después de 83 partidos, 6 goles y ser capitán, emigró a Francia, para jugar en Stade Brestois 29.

Instalado en Brest, disfrutó de no tener la presión que abarca el mundo Boca y de no concentrar. Llegó el llamado de Cesar Luis Menotti, quién ya lo había dirigido en Boca, y se interrumpió la tranquilidad europea. “A River voy por Menotti. Cuando lo tuve en Boca creía que por el tema de la técnica no iba a jugar, junto a Hrabina. Pero nos ganamos el lugar y me mantuvo la capitanía. A César le tengo un cariño muy especial”, asegura.

Si bien no cruzó la vereda de manera directa, había cierto resquemor por parte de los hinchas millonarios: “Me decían que me tenía que desinfectar por haber jugado en Boca”. El Pipa lo disipó en la cancha, con cuatro años de rendimientos sólidos, dos títulos y ganándose la capitanía. “Me siento mucho más representado por River, pero jamás le falté el respeto a la gente de Boca. Nunca hablé mal de ningún equipo, no me sentiría bien yo”, reconoce.

En el Millonario, no solo consiguió títulos y el reconocimiento de la gente. También fue parte de un momento que quedará en la memoria de muchos. “Le cagué el gol 100 a Daniel Passarella en un superclásico. Una cosa de locos”, dijo mientras se reía. En el torneo de 1988/89, el Kaiser metía un tiro libre al ángulo, pero el gol iba a ser anulado, por fuera de juego. ¿De quién? De Jorge Higuaín. “El loco ese no sabes como le pegaba, y yo era un caradura. Iba corriendo al rebote, a ver qué pasaba. El árbitro, Juan Bava, me cobró offside a mí y dijo que le obstruía la visión al arquero, ¡nada que ver!”, recordó. Por suerte para Bava y para River, terminaron siendo vencedores por penales. Además, agregó que tiempo más tarde se lo cruzaron en un aeropuerto y les pidió perdón por el horror.

Hoy, con la experiencia de haber vestido las dos camisetas, es palabra autorizada para opinar de la situación institucional de ambos. Higuaín cree que hay una diferencia muy marcada: “River es el club más importante del país hoy en día. Voy permanentemente y todos los días hay una obra nueva. No para de crecer. En Boca es noticia que reforman una entrada, en River que agrandan el estadio para que entren doce mil personas más, van a entrar 100 mil en el Monumental. Los socios de Boca no merecen quedarse afuera, la dirigencia tiene que tomar una decisión para agrandar el estadio”.

Sin dudas, el mayor orgullo del Pipa es que la gente que lo reconoce en la calle le demuestra cariño, independientemente del club, que pueden ser Chicago, San Lorenzo, Boca o River y eso, en el fútbol argentino, no pasa seguido.

Coronel Suárez: el conquistador de Palermo

Por Cande Oxenford 

Como cada noviembre, el Campo Argentino de Polo de Palermo se convierte en el epicentro mundial del polo con la disputa del Abierto Argentino, el torneo más prestigioso del mundo. Pero hablar del Abierto de Palermo es, inevitablemente, hablar de Coronel Suárez: el club más laureado en la historia de esta competencia y un verdadero símbolo del dominio argentino en el deporte.

Coronel Suárez es una pequeña ciudad situada al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, a unos 500 km de la Capital Federal. Su historia en el polo comenzó hace casi un siglo atrás, en 1924, cuando la selección argentina ganó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de París. Ese mismo año, uno de los jugadores campeones, Enrique Padilla, visitó la ciudad y despertó el entusiasmo de los estancieros locales por este deporte. 

El primer partido registrado se jugó en junio de 1927, en la estancia La María, propiedad de Doña María Alberdi de Garrós. Aquella jornada enfrentó a los equipos El Ñandú y Melipeñi, y marcó el inicio de la práctica organizada del polo en la zona. El crecimiento de la disciplina llevó a Santiago Garrós a proponer la creación de un club formal: en 1929 nació oficialmente el Coronel Suárez Polo Club, registrado en la intendencia local. Desde entonces, la institución se consolidó como semillero de campeones y potencia deportiva, promoviendo también el golf, el squash y el tenis.

La historia del club se escribió rápidamente. En 1933, Coronel Suárez disputó su primer partido internacional ante un equipo sudafricano que, pese a su superioridad aparente, solo pudo vencer al conjunto bonaerense en el chukker suplementario. Al año siguiente, en 1934, el club conquistó su primer título del Abierto Argentino de Polo, con un equipo integrado por los Garrós (Ricardo y Eduardo) y los Alberdi (Quito y Juan Carlos). Esa victoria dió inicio a una tradición gloriosa que se prolongaría durante casi todo el siglo XX. 

A lo largo de su historia, Coronel Suárez acumuló 26 títulos del Abierto de Palermo, desde 1934 hasta 1983, cuando Coronel Suárez II, compuesto por Benjamín y Horacio Araya, Juan Badiola y Daniel González, venció 7-6 a Los Indios con un gol agónico de Badiola en la última jugada. Entre esas conquistas, sobresale el cuarteto más legendario: Juan Carlos (h) y Alfredo Harriott, junto a Horacio Antonio y Alberto Pedro Heguy, que dominó la escena mundial entre 1967 y 1979. Así fué como ganaron 11 Abiertos consecutivos y cuatro Triples Coronas (1972, 1974, 1975 y 1976), integradas por los Abiertos de Hurlingham, Tortugas y Palermo, respectivamente.

El dominio del club se consolidó durante décadas. Entre 1957 y 1964, Coronel Suárez conquistó los Abiertos de Palermo con equipos en los que Juan Carlos Harriott padre e hijo compartieron la cancha. En 1974, alcanzó un hito histórico al convertirse en el primer equipo del mundo en reunir a cuatro jugadores con 10 goles de hándicap. Además, ostenta el récord de mayor cantidad de Copas República Argentina, con 16 conquistas, reafirmando su supremacía en todas las competencias organizadas por la Asociación Argentina de Polo.

Hablar de Coronel Suárez es también hablar de Juan Carlos Harriott (h), considerado por muchos como el mejor jugador de polo de todos los tiempos. Nacido en 1936, conocido como “el Inglés” o simplemente “Juan Carlitos”, Harriott debutó en 1953 y alcanzó el hándicap máximo de 10 goles en 1961, manteniéndolo hasta su retiro en 1980. Algunas de sus máximas hazañas fueron: 20 títulos del Abierto Argentino de Palermo, 15 del Abierto de Hurlingham, 7 del Abierto de Tortugas, 4 Triples Coronas (1972, 1974, 1975 y 1977), y más de 50 títulos oficiales en torneos nacionales e internacionales. Con la camiseta argentina, ganó en cuatro oportunidades la Copa de las Américas (1966, 1969, 1979 y 1980), reafirmando la supremacía argentina ante Estados Unidos y Gran Bretaña.

Otro pilar del club fue Alfredo Harriott, nacido en 1945, quien desde los 12 años se destacó en Coronel Suárez y se convirtió en figura del polo mundial. Ganó 13 Abiertos de Palermo, 10 de Hurlingham y la Copa República Argentina de 1980. En el plano internacional obtuvo la Copa de Oro de Deauville (Francia) y la Copa de Oro de Sotogrande (España). También integró el seleccionado campeón de la Copa de las Américas 1977 y participó en el célebre Partido del Siglo de 80 goles en 1975.

El Coronel Suárez Polo Club no es solo una institución deportiva: es una parte viva de la historia del polo argentino. Es el club que más veces levantó el trofeo más codiciado del mundo y que dio origen a los mejores jugadores de la historia. Por eso, cuando en noviembre Palermo se viste de polo y las tribunas del Campo Argentino se colman de espectadores, un nombre resuena con fuerza: Coronel Suárez, el grande del polo argentino.

La emblemática Catedral del Polo Argentino

Por Cande Oxenford 

El Campo Argentino de Polo es mucho más que un estadio: es un ícono de la cultura y la tradición argentina. Está ubicado en pleno corazón de Palermo, uno de los barrios más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Se inauguró en 1928, y el predio pertenece a la Dirección de Remonta y Veterinaria del Ejército Argentino. Es reconocido internacionalmente como la Catedral del Polo, título que refleja su prestigio como el escenario más importante del mundo para este deporte.

Tiene una capacidad para 15.000 espectadores sentados y una superficie completa de césped natural. El Campo Argentino de Polo es la sede donde se disputa anualmente el principal certámen organizado por la Asociación Argentina de Polo (AAP): el Campeonato Argentino Abierto de Polo, más conocido como Abierto de Palermo o simplemente El Abierto. Este torneo, considerada la máxima competición interclubes a nivel mundial y el quinto en antigüedad, forma parte de la prestigiosa Triple Corona del Polo Argentino, junto con los Abiertos de Hurlingham y Tortugas, y comienza en el mes de noviembre.

La historia del Abierto Argentino se remonta a 1893, cuando se disputó por primera vez bajo el nombre River Plate Polo Championship. En sus comienzos, la competencia se dividía en dos etapas, una en el Hurlingham Club de Buenos Aires y otra en Cañada de Gómez, Santa Fe, para reducir los costos de traslado. En 1923, con la creación de la Asociación Argentina de Polo, el torneo adoptó su nombre actual y mudó su sede al Campo Argentino de Polo.

Desde entonces, el Abierto de Palermo se consolidó como el certamen más prestigioso del mundo, atrayendo cada año a los mejores jugadores. En 1911 se implementó en Argentina el sistema de hándicap, que evalúa la habilidad de los jugadores de 0 a 10 goles. A lo largo de la historia, muy pocos equipos alcanzaron el hándicap ideal de 40 goles, entre ellos Coronel Suárez, La Espadaña, Indios Chapaleufú, La Dolfina, La Natividad y Ellerstina, todos nombres legendarios del polo argentino.

El equipo Coronel Suárez ostenta el récord de 24 títulos, mientras que el jugador más ganador es el histórico Juan Carlos Harriott (h), considerado el mejor polista de todos los tiempos, con 20 campeonatos obtenidos entre 1957 y 1979. Por otro lado, Adolfo Cambiaso (h), figura de La Natividad – La Dolfina, tiene 18 títulos en este campeonato, es el máximo goleador de este certamen con más de 1.000 tantos y quien más participaciones acumula en la historia del torneo.

Desde 2017, el Campo Argentino de Polo también es la sede del Campeonato Argentino Abierto de Polo Femenino, que reúne a las mejores jugadoras del mundo y consolida el crecimiento en la rama femenina. El predio no solo es sinónimo de grandes partidos. Con el paso del tiempo, se reinventó como un espacio abierto a toda la comunidad bajo la consigna “Palermo Polo HSBC: abierto para vos”. En este lugar, vecinos, turistas y aficionados del deporte pueden disfrutar durante todo el año de gastronomía, áreas recreativas, juegos para los más chicos, recitales y actividades culturales.

Uno de sus grandes atractivos es Bocha, el paseo gastronómico ubicado dentro del predio, junto a otros eventos recreativos. En sus amplios espacios también se realizaron grandes espectáculos musicales: fue sede de numerosos artistas internacionales y locales, como Shakira, Luis Miguel, Ed Sheeran y Paul McCartney. Además, se desarrollan acontecimientos sociales como el Día de la Independencia: organiza eventos gratuitos con bandas militares en esta fecha.

El Campo Argentino de Polo también guarda curiosidades que lo vinculan con los inicios de la aviación argentina. Desde este mismo predio, el 25 de diciembre de 1907, se elevó por primera vez el globo El Pampero, tripulado por Aarón de Anchorena y Jorge Newbery. Años después, desde allí también despegó el avión piloteado por Teodoro Fels, quien realizó el primer vuelo del correo aéreo internacional entre Buenos Aires y Montevideo.

Asistir a un partido del Campeonato Argentino Abierto de Polo, que se celebra cada año en el mes de noviembre, es una de las experiencias deportivas más emocionantes que ofrece la Argentina, que todo el mundo debería presenciar al menos una vez en su vida. No solo por el evento, que es muy atractivo, sino que también por la magnitud, la calidad de los jugadores y los caballos, que forman parte de la élite de este deporte. La velocidad, la precisión de los golpes y la elegancia de un juego que combina técnica, estrategia y tradición. El Campo Argentino de Polo no solo es la cuna del mejor polo del mundo: es un símbolo de la identidad argentina, un punto de encuentro para el deporte, la cultura y la vida al aire libre, mezclado con historia y modernidad.

 

Cuatro jugadores nacidos en países europeos que disputaron el superclásico

Por Facundo Romo

Para Boca Juniors, el italiano Daniele De Rossi y Ferenc Sohn “Sas”, de Hungría. Mientras que para River Plate, los españoles Pepillo y Leonardo Cilaurren.

 

BOCA JUNIORS

Daniele De Rossi (2019)

Lugar de Nacimiento: Roma, Italia

Posición: Mediocentro defensivo

Partidos jugados: 7

Goles convertidos: 1

En el Superclásico: Ingresó desde el banco por Nicolás Capaldo en el  empate sin goles en el Monumental correspondiente a la Superliga Argentina.

El último europeo hasta el momento en disputar un superclásico y el más reciente de los cuatro casos. El anuncio de su fichaje generó un enorme impacto mediático en el fútbol mundial y revolucionó al mundo Boca. En toda su carrera de clubes sólo había vestido la camiseta de la Roma donde se transformó en un símbolo de la institución capitalina. Además integró el plantel azzurri que levantó el Mundial de Alemania 2006. Sin embargo, le quedaba un deseo pendiente a nivel deportivo que era jugar con la azul y oro en La Bombonera. El romano firmó por un año y tuvo un debut soñado con un gol de cabeza ante Almagro por Copa Argentina. No obstante, su periplo por el barrio de La Boca, en mayor parte debido a las lesiones, fue fugaz y a los pocos meses, en enero del 2020,  anunció que se retiraba de la actividad profesional y por consiguiente, abandonaba el club para regresar a Italia con su familia. Hace unos días, fue nombrado como flamante entrenador del Genoa en la Serie A.

 

Francisco Sohn “Sas” 

Lugar de Nacimiento: Budapest, Hungría.

Posición: Wing derecho

Partidos disputados: 28

Goles convertidos: 9

En el Superclásico: Jugó dos encuentros con un balance de cero triunfos y dos derrotas.

El único jugador húngaro en jugar en la primera de Boca hasta la fecha, era un ágil y veloz delantero en la selección magiar que terminó subcampeona en Francia 1938, que brilló en el MTK de su ciudad natal donde fue bicampeón. Luego de concluir el mundial, Ferenc Sohn (su verdadero nombre), quién tenía ascendencia judía, tuvo que emigrar a la Argentina para escapar de la persecución nazi que avanzaba en Europa antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial . Al desembarcar en nuestro país, fue contratado por Boca donde pudo continuar con su carrera futbolística. En 1939, fue el máximo anotador del equipo en la temporada con nueve goles y al año siguiente, salió campeón del fútbol argentino pero con un rol menos protagónico.

Por otra parte, el apellido Sas lo adoptó legalmente por razones políticas, culturales e incluso deportivas. Aunque curiosamente, el significado de la palabra en su lengua natal (Águila en Húngaro) se asemejaba con sus características de juego.

 

RIVER PLATE 

José García Castro “Pepillo II” (1961)

Lugar de Nacimiento: Melilla, España.

Posición: Delantero centro

Partidos disputados: 18

Goles convertidos: 7

En el Superclásico: Marcó un gol en el empate por 2 a 2 en La Bombonera por el campeonato de Primera División 1961.

Un paradigma del “fútbol espectáculo”, Antonio Vespucio Liberti, presidente del Millonario, le compró el pase al Real Madrid por el delantero español que llegaba con la etiqueta de figura y promocionado como el sucesor de Alfredo Di Stefano. A pesar de las expectativas que se habían puesto en torno a su llegada, tuvo un paso breve y decepcionante por la entidad. Aunque fue irregular en su desempeño, logró marcarle a los cuatro grandes. Como curiosidad, Pepillo compartió el ataque en aquella temporada con otros cuatro extranjeros: Moacir, Delem, Roberto (todos de Brasil) y el uruguayo Domingo Pérez. En la misma línea, fue partícipe de un récord vigente en la historia del Superclásico, el 6 de agosto de 1961 hubo 10 futbolistas foráneos entre los 22 titulares que iniciaron el encuentro. Además, los cuatro goles del partido fueron convertidos por jugadores nacidos fuera del país.

 

Leonardo Cilaurren Uriarte  (1939–41)

Lugar de Nacimiento: Bilbao (País Vasco), España.

Posición: Centrocampista

Partidos jugados: 19

Goles convertidos: 3

En el Superclásico: Jugó cinco con un balance de dos victorias, dos empates y una caída.

Tras una destacada trayectoria en el Athletic Club donde cosechó dos títulos en su palmarés personal y disputó el mundial de Italia 1934. Su etapa en el fútbol español se vio interrumpida como consecuencia de la devastadora Guerra Civil Española (1936–1939) por lo cuál debió exiliarse durante la gira que organizó la selección de Euskadi por varios países. Al llegar a México, el combinado vasco se unió a la liga local en 1938 con Cilaurren entre sus filas, quien permaneció allí hasta su incorporación a River al año siguiente con 26 años de edad. En la banda tuvo un corto paso pero fue uno de los jugadores que contribuyó en la conquista del Campeonato de 1941. En aquel torneo donde empezó a forjarse “La Máquina” jugó como titular en la histórica goleada por 5 a 1 en el Estadio Monumental.

Divididas por el muro: el único partido en el que se enfrentaron las dos Alemanias

Por Franco Volpe

La caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, marcó el fin de una época. Aquella pared de hormigón, alambre y torres de vigilancia que durante 28 años partió en dos a Berlín, también dividió a Alemania en todos los aspectos, incluso en el fútbol. Tras la Segunda Guerra Mundial surgieron dos países y, con ellos, dos maneras de entender el deporte: la República Federal Alemana (RFA), en el oeste, y la República Democrática Alemana (RDA), en el este. Cada una formó su propia liga, su federación y su selección nacional.

En medio de esa disputa llegó la Copa del Mundo de 1974, jugada, precisamente, en Alemania. El destino, o tal vez un sorteo con tintes políticos, quiso que ambos equipos quedaran en el mismo grupo. En la última fecha del Grupo A, el 22 de junio, Alemania Federal, anfitriona del torneo, debía enfrentarse con Alemania Democrática. Era un partido irrepetible y cargado de tensión.

El cielo de Hamburgo acompañaba el clima político, una llovizna constante caía sobre el Volksparkstadion, casa del Hamburgo SV, con capacidad para 60.000 espectadores. Los hinchas debieron pasar hasta siete controles de seguridad antes de llegar a sus asientos. El Estado temía que aquel encuentro encendiera el conflicto político. Helicópteros sobrevolaban el estadio, perros rastreadores revisaban los alrededores y francotiradores vigilaban desde los edificios cercanos.

En lo futbolístico, Alemania Federal era claramente la favorita. Contaba con una base casi completa del Bayern Múnich tricampeón de Europa y estaba comandada por Franz Beckenbauer, uno de los mejores jugadores del planeta. Venía de ganar sin complicaciones sus dos primeros partidos, 1-0 a Chile y 3-0 a Australia, resultados que ya le aseguraban el pase a la siguiente ronda.

Del otro lado, Alemania Democrática, sin figuras de renombre, pero que también llegaba clasificada, luego de vencer 2-0 a Australia y empatar 1-1 con Chile. Lo que se jugaba aquella tarde en Hamburgo iba mucho más allá de los puntos, era una cuestión de ideología política y orgullo.

Desde que el árbitro uruguayo Ramón Barreto dio el pitazo inicial, el anfitrión dominó el juego y tuvo varias situaciones claras, como un disparo de Wolfgang Overath al palo a los 39 minutos. En la segunda mitad, Alemania Democrática apostó al contraataque, con un fútbol más físico que vistoso.

El cansancio y la frustración empezaron a apoderarse del equipo federal. Las imprecisiones en los pases, los tiros fallidos al arco se multiplicaban, y los hinchas comenzaron a impacientarse, pues no podían entender cómo su poderoso equipo no lograba doblegar a un rival considerado inferior.

A once minutos del final, cuando el empate sin goles parecía sellado, llegó el golpe. Alemania Democrática lanzó un contragolpe letal. Erich Hamann envió un pase largo al borde del área, donde esperaba Jürgen Sparwasser. El delantero controló, eludió a dos defensores y definió con un disparo a media altura que venció a Sepp Maier.

La República Democrática Alemana se quedó con el duelo ideológico en el primer y único enfrentamiento oficial entre ambas Alemanias. La derrota, sin embargo, no impidió que la República Federal Alemana se consagrara campeona del mundo unas semanas después, al vencer por 2 a 1 a Países Bajos.

En una época en la que el mundo estaba dividido, el fútbol demostró que existía otra forma de enfrentarse: sin armas ni violencia, con una pelota en el medio. Incluso con dos sistemas de gobierno opuestos, el deporte fue capaz de unir, por un instante, lo que la política había separado.

Leo Rodríguez: “Soy un afortunado por haber jugado con Diego, es inolvidable”

Por Lautaro Gourovich

Leo Rodríguez fue un enganche talentoso campeón con la selección argentina de la Copa América 1991 y 1993, la Copa Confederaciones y la Artemio Franchi, es ídolo en la U de Chile, club donde ganó tres ligas y una Copa, y fue parte del plantel ganador de la Copa Mercosur con San Lorenzo en 2001, pero, pese a todos estos títulos, un hecho fue el que marcó su carrera: fue el encargado de reemplazar a Diego Maradona post dopaje en el Mundial de Estados Unidos 1994.

“Estar en la historia como el que reemplazó a Diego es algo que voy a llevar siempre conmigo. A mí nunca me pesó la camiseta de la selección, pero cuando el Coco Basile me avisó 24 horas antes que tenía que jugar contra Bulgaria fue duro, no me lo esperaba. Pensábamos que le iban a levantar la sanción”, recuerda Rodríguez, quien también adjudica la derrota al calor infernal que hacía en Dallas y la mala suerte por el desgarro de Claudio Caniggia, a los pocos minutos del primer tiempo. 

Leo, que no conoció a Diego hasta después de la derrota escandalosa 5 a 0 contra Colombia en las eliminatorias para el Mundial 1994, compartió la habitación cuando Basile convocó al Diez para los partidos de repechaje contra Australia, algo que para él “fue una locura difícil de contar”. Desde ahí, generaron una relación cercana y fue invitado a la gran despedida en La Bombonera.

Ese fin de semana, San Lorenzo, club en el que jugaba, enfrentaba a Lanús. Ante la invitación de Guillermo Coppola, Leo le pidió permiso a Manuel Pellegrini, el DT, para poder estar. Para él significó una “alegría inmensa estar presente en uno de los momentos más memorables de la carrera de Diego”.

“A partir de su muerte, los momentos vividos con él se potencian un montón. Fue el futbolista más grande de la historia argentina. Soy un afortunado por haber jugado con él, por haber compartido habitación y haber ganado cosas juntos, Diego es inolvidable”.   

Fútbol femenino: avances y retrocesos

Por Florencia Tártara

Este año nuestro país fue sede de dos grandes eventos deportivos para el fútbol femenino, por un lado la decimoséptima edición de la Copa Conmebol Libertadores Femenina que se disputó del 2 al 18 de octubre, y contó con la participación de los equipos argentinos Boca y San Lorenzo, en la que Corinthians fue el campeón por tercera vez consecutiva tras ganar la final por penales, frente a Deportivo Cali. Por otra parte, la Liga de Naciones, torneo clasificatorio al Mundial de Brasil 2027, disputó su primera fecha en Buenos Aires, donde el seleccionado nacional venció a Paraguay por 3 a 1 en el en la cancha de Argentinos Juniors, y el 2 de diciembre por la fecha 4 jugará frente a Bolivia en el Estadio Florencio Solá. Buenas noticias para una disciplina que crece con fuerza en nuestra región y que en Argentina ha mejorado desde su semi profesionalización en 2019.

Festejo del seleccionado nacional en la victoria ante Paraguay.

Los avances no fueron de un día para otro. El puntapié inicial para terminar con el amateurismo lo dio la lucha de Macarena Sánchez, ex jugadora de la UAI Urquiza, que luego de intimar al club por incumplimiento de sus derechos laborales, tras haber sido desvinculada, se convirtió en la primera jugadora en firmar un contrato en el país, al hacerlo junto con 15 compañeras para San Lorenzo el 12 de abril, luego de que la Asociación del Fútbol Argentino anunciara el acuerdo de profesionalismo el 16 de marzo. Ese primer paso fue clave para que comiencen a darse cambios que eran necesarios desde hacía tiempo: la firma de contratos obligatorios por parte de los clubes con un mínimo requerido (que comenzó siendo ocho y se amplió a quince), mejoras de las condiciones médicas y salariales, ser tratadas como trabajadoras. Si bien sirvió para que se comience a reivindicar la rama femenina, no fue el inicio.

El primer partido de fútbol registrado entre mujeres fue el 13 de octubre de 1923 en La Bombonera, entre Argentinas y Cosmopolitas. Otro hito lo lograron “Las Pioneras” que viajaron al Mundial de México en 1971 (*) y lograron vencer a Inglaterra por 4 a 1 en el Estadio Azteca con goles de Elba Selva, el 21 de agosto. En homenaje a ellas, por medio de la Ley 27.596, se celebra el Día de la Futbolista Argentina en esa fecha. El camino no fue lineal, y junto a las mejoras también hubo retrocesos, donde nuevamente fueron las protagonistas las que debieron alzar la voz: el Topo Gigio de la Copa América Femenina en Chile en 2018 para ser escuchadas regresó a través de los descargos de Belén Potassa, Estefanía Banini, Ruth Bravo y Florencia Bonsegundo al cuerpo técnico del seleccionado, y las renuncias de Lorena Benítez, Julieta Cruz, Laurina Oliveros y Eliana Stábile en 2024.

Hay muchos aspectos para mejorar, y uno de ellos es la televisación. Los últimos partidos de la selección sólo fueron transmitidos por YouTube donde más de 40.000 personas acompañaron la cobertura. El fútbol femenino importa, convoca y atrae, pero debe ser acompañado de una mayor visibilización. Lo mismo sucede en el torneo local donde tanto en Apertura como Clausura sólo se transmiten dos partidos por fecha en canales de aire. Tener localía en partidos de relevancia internacional es de suma importancia, pero no logra la masificación de la disciplina, si los días y horarios elegidos para los encuentros son poco convenientes, por la tarde en días laborales.

El pasado 2 de agosto, luego de ser campeona con su país de la Copa América Femenina, la brasileña Marta Vieira da Silva, con lágrimas en los ojos, reconoció lo difícil que fue y los obstáculos que debieron enfrentar las jugadoras para lograr el reconocimiento de hoy en día, remarcó que las mujeres durante muchos años crecieron sin tener referentes a quienes seguir y admirar, y que si bien falta mucho y la lucha continúa, las puertas que abrieron marcaron un camino para las próximas generaciones. No se refirió sólo a las que están dentro de la cancha, sino a todas las mujeres que integran el ámbito del fútbol, y que son cada vez más. Ya sea detrás de un micrófono o una cámara de fotos, impartiendo indicaciones desde el banco de suplentes, alentando desde la tribuna o detrás de una pantalla de televisión. El deporte que les dio la espalda durante mucho tiempo hoy comienza a reconocerlas. La búsqueda por la igualdad continúa, pero hay que celebrar y cuidar cada avance.

(*) La foto “oficial” del seleccionado argentino que jugó el Mundial 1971.

Las joyas del Mundial Sub-17: los jóvenes más valiosos del torneo en Qatar 

Por Lautaro Rivas

El Mundial Sub-17 que se disputa en Qatar reúne a las principales promesas del fútbol internacional, con planteles formados por jugadores nacidos desde el 1 de enero de 2008. Hasta el momento, se llevan jugadas dos fechas de la fase de grupos. Argentina ganó ambos encuentros, frente a Bélgica y Túnez, y ya se perfila como uno de los equipos destacados del certamen. 

Entre los futbolistas que más atención generan aparecen los diez jugadores con mayor valor de mercado según datos de Transfermarkt. El brasileño Zé Lucas, mediocampista defensivo, encabeza la lista con una cotización de cinco millones de euros. El jugador del Sport Recife se consolidó en el centro del campo y es una de las figuras de la selección brasileña, que busca repetir el título obtenido en el año 2019. 

En el segundo lugar figura el alemán Wisdom Mike, extremo izquierdo valorado en tres millones de euros. Es una de las piezas más desequilibrantes del equipo europeo, con paso por las divisiones juveniles del Bayern Múnich. Con el mismo valor aparece Justin Lerma, mediocampista ecuatoriano que milita en Independiente del Valle y que fue comprado por el Borussia Dortmund. Además, representa a una generación que continúa el proceso de proyección internacional del fútbol de su país.

Entre los defensores mejor valuados está Moncef Zekri, lateral izquierdo marroquí tasado en 2,5 millones de euros, seguido por Ruan Pablo, también brasileño, quien se desempeña como extremo izquierdo y alcanza los dos millones. En la misma cifra aparece el inglés Bradley Burrowes, extremo derecho y representante de la cantera del Aston Villa, quien combina velocidad y presencia ofensiva.

El delantero centro estadounidense Julian Hall, está cotizado en un millón de euros y forma parte del New York Red Bulls. Entre los mediocampistas defensivos sobresalen Abdoulaye Camara, de Francia, con un valor de 800 mil euros, y Eba Bekir Is, de Alemania, con 500 mil. En la misma línea de valoración se encuentra Abdellah Ouazane, mediocampista ofensivo de Marruecos, también con 800 mil euros, quien aporta creatividad en la mitad de la cancha del conjunto africano.

Dentro de las figuras argentinas, Jerónimo Gómez Mattar se destaca por su proyección y por el contexto en el que llega al Mundial. A los 17 años, el mediocampista ofensivo de Newell ‘s Old Boys tiene un valor de 300 mil euros y fue titular en el segundo encuentro del torneo. En el partido ante Túnez, el futbolista rosarino ocupó una posición más retrasada, desempeñándose como mediocampista defensivo. Gómez Mattar se convirtió en el capitán más joven en la historia de Newell ‘s y, a los 16 años, firmó su primer contrato profesional con el club. Su presencia en la Selección Argentina Sub-17 confirma el seguimiento que el cuerpo técnico realiza sobre los jugadores surgidos de las inferiores del fútbol local.

El torneo en Qatar no solo funciona como una competencia internacional, sino también como una vidriera global para los principales talentos juveniles. En esta edición, la representación de distintas ligas y continentes refleja el nivel de desarrollo de los proyectos formativos, con Brasil, Alemania y Marruecos entre los países con mayor cantidad de futbolistas de alto valor de mercado.

Valentín Perrone: el argentino que acelera hacia el futuro del motociclismo mundial

Por Francisco Frutos

Valentín Perrone tiene apenas diecisiete años, pero cuando baja la visera del casco y acelera su KTM naranja con el número 77, parece llevar toda una vida corriendo. Nació en Barcelona el 28 de diciembre de 2007, pero en su corazón flamea la bandera celeste y blanca. No es un detalle menor que haya elegido representar a Argentina por su padre, Marcelo, nacido en Buenos Aires, el hombre que lo acompañó desde que tenía tres años y se subía, tambaleante y feliz, a una mini moto en algún circuito catalán. 

En los paddocks europeos lo llaman “el argentino de Barcelona”. Es un chico tímido fuera de la pista, pero cuando se pone el casco, todo se transforma. De pronto, la serenidad se vuelve hambre; la sonrisa discreta se convierte en una mirada feroz que busca huecos imposibles entre rivales. “Quiero llegar a MotoGP, pero sé que hay que ir paso a paso”, repite como un mantra aprendido en casa, donde el sacrificio fue siempre el combustible principal. “Mi familia nunca tuvo vacaciones para que yo pudiera correr”, confesó alguna vez, con una madurez que impresiona ver en alguien de su edad.

Antes de llegar al Mundial, Valentín se entrenó en los circuitos más exigentes del Viejo Continente. Pasó por la European Talent Cup y la Red Bull Rookies Cup, donde comenzó a hacerse un nombre con victorias en pistas legendarias como Mugello y Misano. En ese ambiente competitivo, donde los apellidos suelen pesar más que los cascos, Perrone se fue abriendo camino a base de resultados, constancia y una serenidad inusual para un adolescente. 

Idolatra a Marc Márquez, pero su estilo tiene algo propio, una mezcla de agresividad controlada y lectura inteligente de carrera, como si hubiera nacido con el instinto de anticipar lo que va a pasar unos metros más adelante.

El 2025 marcó su ingreso al Mundial de Moto3 con el equipo Red Bull KTM Tech 3. Tenía diecisiete años recién cumplidos y la presión de ser el único argentino en el campeonato. La sombra de Gabriel Rodrigo, su antecesor, todavía flotaba en el ambiente, y muchos lo miraban con una mezcla de curiosidad e incertidumbre. Sin embargo, Perrone no tardó en demostrar que no estaba allí para figurar. Su debut fue áspero, con caídas, golpes y aprendizajes. En Austin sufrió una dura caída cuando peleaba por los puntos, y durante semanas sintió el dolor en los huesos y en el orgullo. Pero esa misma caída se convirtió en el punto de inflexión que necesitaba. “Aprendí más de esa carrera que de todas las anteriores”, comentó después.

El premio llegó en Assen, el templo holandés del motociclismo, donde logró su primer podio mundialista finalizando en tercer lugar, detrás de dos pilotos con más experiencia, pero con la serenidad de quien sabía que ese resultado no era casualidad. En Austria, semanas después, se adueñó de su primera pole position en Moto3, un hecho histórico para Argentina. Los medios europeos comenzaron a mencionarlo como “la nueva joya sudamericana”. En nuestro país, de repente, su nombre empezó a resonar por fuera del círculo del motociclismo.

Pero lo que realmente sorprende en Perrone no es solo su velocidad, sino su mentalidad. Habla poco, pero cuando lo hace, transmite una claridad inusual. No se desvive por la fama, no busca titulares ni polémicas; su mundo gira en torno al trabajo, la disciplina y el deseo de mejorar. En el box, los ingenieros destacan su capacidad para explicar sensaciones técnicas con precisión. Y sus rivales, aun los que lo superan en edad y experiencia, lo miran con respeto, sabiendo que tiene algo distinto, una calma que suele ser el preludio del talento verdadero.

Valentín todavía tiene mucho por aprender. El salto a Moto2 y luego a MotoGP es largo y lleno de trampas. Pero si algo ha demostrado este chico argentino nacido en Barcelona es que su historia no se escribe con suerte, sino con determinación. Mientras otros sueñan con llegar, él ya está allí, aprendiendo, cayendo, levantándose y volviendo a acelerar. En un mundo donde la velocidad lo es todo, Perrone avanza sin prisa, pero sin pausa, con la mirada fija en el futuro. Y en cada curva, en cada bandera a cuadros, lleva consigo una promesa silenciosa: “Devolver a Argentina a lo más alto del motociclismo mundial”.

Canapino y una racha histórica: cuatro triunfos que lo ponen a la altura de los grandes

Por Francisco Domínguez

Agustín Canapino volvió a escribir su nombre en la historia del automovilismo argentino. El piloto arrecifeño alcanzó una marca que parecía reservada para los mitos del Turismo Carretera: ganó cuatro carreras consecutivas, algo que no ocurría desde hace más de tres décadas. Su racha, lograda con una contundencia pocas veces vista, lo coloca en una línea que sólo compartieron nombres como Emilio Satriano, Juan María Traverso y Roberto Mouras.

El dominio del piloto se extendió a lo largo de las últimas fechas del campeonato, donde demostró que su combinación de talento, experiencia y trabajo en equipo sigue siendo un diferencial. Su Chevrolet mostró consistencia, velocidad y una gestión impecable en cada carrera, tanto en la clasificación como al ritmo de competencia.

Para dimensionar lo conseguido, hay que remontarse al año 1990, cuando Emilio Satriano encadenó cuatro triunfos consecutivos. Desde entonces, ningún piloto había logrado mantener un dominio tan prolongado. El Titan de Arrecifes no solo igualó esa marca, sino que además lo hizo en una era de reglamentos más estrictos, paridad técnica y un calendario más extenso.

El logro también tiene un fuerte valor simbólico. Canapino volvió al TC después tras su incursión internacional en la IndyCar, y lo hizo reafirmando su jerarquía. A los 35 años, ya suma más de 20 victorias en la categoría y cuatro campeonatos, pero este registro de cuatro victorias consecutivas se siente especial. No solo por la estadística, sino porque lo ubica en una dimensión histórica.

En un TC que siempre busca nuevas leyendas, Agustín Canapino acaba de recordarle al público por qué su nombre ya está grabado entre los más grandes. Y, quizás, por qué todavía tiene mucho más para escribir.