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Por Micaela Garcea Tonin

Marcelo Daniel Gallardo asumió como director técnico de River el 6 de junio de 2014, luego de que Ramón Díaz dejara la institución, con una renuncia un tanto sorpresiva para el mundo Millonario. El secretario técnico e ídolo de la institución, Enzo Francescoli, confirmó al Muñeco como el sucesor. Venía de dirigir a Nacional de Montevideo, consagrándose campeón del Campeonato de Primera División 2011/12. Lo que no sabían ni los dirigentes, ni los hinchas del club de Nuñez, ni él mismo, es que se convertiría en el entrenador más ganador de su historia.

A lo largo de estos siete años al mando del primer equipo, ganó 12 títulos: 2 Copas Libertadores (2015 y 2018) -esta última ante su máximo rival: Boca Juniors, en el Estadio Santiago Bernabéu. Aunque en ese partido, el Muñeco estaba expulsado, por lo que dirigió Matias Biscay, su ayudante de campo-, 1 Copa Sudamericana (2014), 3 Copa Argentina (2015, 2016 y 2019), 2 Supercopa Argentina (2017 y 2019) 3 Recopas.

Además, dirigió 339 partidos, de los cuales ganó 179, empató 93 y perdió solo 67, logrando un porcentaje de puntos obtenidos del 61%. Durante los siete años de su ciclo en River, utilizó 111 jugadores -41 fueron juveniles a los que hizo debutar-, de los cuales 63 anotaron uno o más goles. Rafael Santos Borré fue el máximo goleador de su ciclo, con 55 tantos.


Idea de juego

El nacido en Merlo, provincia de Buenos Aires, estuvo nominado a los premios “The Best FIFA Awards 2019” como mejor entrenador del mundo junto a Jürgen Klopp, Pep Guardiola y Mauricio Pochettino.

Gallardo sostiene que los jugadores deben “saber identificar los momentos favorables y desfavorables en el partido y una correcta toma de decisiones”, la buena interpretación y el físico es la base de su juego. Además, mantiene su idea sin importar quiénes sean los once que estén dentro de la cancha, sabe cómo potenciar desde lo futbolístico y anímico a quienes estén por debajo de su nivel.


Durante los siete años de su ciclo utilizó 111 jugadores, 41 fueron juveniles que hizo debutar.

En cuanto al sistema de juego, elige mayormente el 4-3-3 y 4-4-2, logrando con esto tener un equipo más consolidado, con líneas adelantadas, amplitud en los laterales y con centrales atentos al contragolpe.

Atilio Costa Febre, periodista referente de River con más de 30 años de trayectoria en el club y cercano a Gallardo, contó que elige a los futbolistas midiendo los valores humanos, condiciones técnicas y futbolísticas, y frontalidad ante situaciones límite que pueda presentar el equipo. Por lo que tiene una relación un tanto paternal con ellos. “Cuando era futbolista, ya se le notaba que era conductor. Hoy, años después, mantiene su esencia”, dijo.

Por Lucas Pastoriza

Su decisión de ser director técnico comenzó cuando jugaba para el Atlas -club que dirige actualmente-, donde tuvo como entrenador a Ricardo La Volpe: “Fui con 28 años y me encontré con algo nuevo y quise interpretarlo, a buscar el por qué y el para qué, y empecé no solo a tomar nota, sino a mover fichas en las canchitas. Ahí le encontré el gustito”.

Todo esto le dio pie para que en 2003, mientras jugaba para Tiburones Rojos de Veracruz, comience el curso en una escuela de la ciudad, y en 2005, cuando volvió al país para retirarse en Argentinos Juniors, lo termine en la ATFA.


Idea de juego

Ya en 2007, a sus 35 años, y con una idea de juego que define como “agresivo a la hora de recuperar la pelota y la principal característica es el ataque directo”, debuta como entrenador el viernes 19 de octubre en la Comisión de Actividades Infantiles de Comodoro Rivadavia, con una victoria 3-1 de visitante frente a Instituto, por la fecha 11 de la Primera “B” Nacional.

Allí comenzó junto a su cuerpo técnico, conformado por su ayudante de campo, Marcelo Goux, y sus preparadores físicos: Javier Bustos y Renzo Valinotti. Dirigió un total de diez equipos y entre sus principales logros, ascendió a Primera División por primera vez en su historia a Defensa y Justicia en el 2013, y sacó campeón a Racing en el 2014, siendo en este último club, el técnico con el promedio más alto de partidos ganados en la historia de la institución.


“El periodismo es lo que menos me gusta, trata de buscar el quilombo, y eso me obliga a mí a estar todo el tiempo a la defensiva, y no me gusta estar así, pero no me queda otra”.

Esa camisa blanca que lo identifica, cuenta su pareja, es su cábala principal, “aunque tampoco descarta alguna que otra pulsera cuando le va bien en los partidos”. Bettina Rosa, además, destaca que no solo es bueno dirigiendo equipos de fútbol, sino que también “tiene mucha habilidad para jugar al vóley aunque no haya jugado en ningún club”.

Por Leandro Scalambrino

Rodolfo Martín Arruabarrena, aquel lateral izquierdo que alcanzó la gloria con Boca Juniors en el 2000, consagrándose campeón de la Copa Libertadores y convirtiendo un doblete en la final ante Palmeiras de la mano de Carlos Bianchi, hizo sus estudios para ser director técnico en la Escuela de Técnicos de Vicente López, recibiéndose en el 2010. En 2011, con 35 años, tuvo su primer desafío como entrenador de Tigre, que estaba en una situación complicada, y el Vasco supo cómo salvarlo del descenso al Matador, consiguiendo el 48,24% de los puntos en 76 partidos dirigidos en todo su transcurso por el club. Al finalizar su paso por Tigre se convirtió en el entrenador de Nacional de Uruguay en el cual no iba tener un paso sobresaliente.


Idea de juego

 

A partir del año 2014 arrancó su etapa por Boca. Arruabarrena empezaría a pisar fuerte en el club Xeneize en 2015, consiguiendo el título de Primera División y la Copa Argentina. Durante todo su paso consiguió un total del 68,45% de los puntos, y en el campeonato de la consagración obtuvo el 71,11% de efectividad.


El Vasco fue parte del equipo de Carlos Bianchi que consiguió la Copa Libertadores en 2000.

En la Copa Libertadores el camino se truncó en octavos de final por el suceso del gas pimienta: “River sacó provecho de una situación desagradable”, manifestó, ya que luego del hecho Boca sería sancionado y eliminado del certamen. La táctica que más veces utilizó fue 4-3-3 y con esta jugó 22 partidos.

Arruabarrena es una persona reconocida en la cancha por gesticular mucho con las manos, cada gol que hace su equipo lo grita eufóricamente como cuando era jugador y este también suele vestirse de traje para cada partido.

Por Malena Gómez

Toda su vida vivió en San Miguel, en un barrio humilde. Allí, jugaba campeonatos con sus amigos. Durante su adolescencia, debido a que su familia no tenía suficiente dinero para mantenerse, se dedicó a trabajar junto a su papá en la fábrica de pulido de bronce en Caseros, mientras que a la noche estudiaba para poder terminar el secundario.

El dueño de la fábrica era, además, directivo de Chacarita y al tanto de cómo jugaba al fútbol, lo llevó a aprobarse a inferiores. Sin embargo, San Miguel tenía la ficha y no le dio el pase. A cambio, le ofreció jugar y pagarle un sueldo para que se quede en el equipo.


Idea de juego

A los 18 años debutó en la primera de San Miguel, y continuó su trayectoria como futbolista en el equipo chileno Santiago Wanderers. Dos años después, emigró a México donde jugó en el Dorados de Sinaloa, y en 2009 colgó los botines.


En Lanús logró marcar una era en el club, con tres títulos ganados en un solo año.

 

Inició su carrera donde más lo conocían como jugador profesional, en México. Dorados, Tiburones Rojos, Correcaminos, Tijuana (único en primera división) y ayudante del argentino Ricardo La Volpe en Atlas figuran entre sus experiencias en el ascenso mexicano.

En 2014 asumió en Godoy Cruz y desde ahí despertó miradas por su estilo y el juego de posesión. Luego de su paso fallido por Independiente, en Lanús logró marcar una era en el club, consiguiendo tres títulos en un año, y en 2017 disputó una Copa Libertadores jugando una instancia de semifinales épica ante River.

Su actualidad como entrenador no es lo que imaginaba. Luego de dimitir en ELCHE, donde había llegado con el preparador físico Diego Osses, finalizó su mandato con 16 jornadas consecutivas sin ganar.

Por Francisco Otero

Chacho está loco, pero es un loco lindo”,  así lo definen la mayoría de los jugadores que entrenó, sobre todo esos con los que más también trabajó, como Alejandro Donatti y Walter Montoya, ambos dirigidos por el Chacho tanto en Rosario Central como en Racing Club. En este último, hasta fueron campeones. ¿Ese apodo se lo ganó por qué era un pibe al que no le podían meter fichas? Cuentan que luego de una práctica en Platense se subió al micro con sus compañeros, quienes lo alentaron para que se pusiera al volante y tuvieron que ir a llamar al chofer para el rescate porque no podía dar la vuelta. “Fuimos, pero no volvimos”, recordó Mariano Dalla Libera.

La forma que tiene de ver el fútbol, y su intensidad a la hora de trabajar, quedó de manifiesto en su paso por Racing. Renzo Saravia lo definió como “un técnico con una mentalidad positiva, muy intenso, y tiene una forma de hablar que te hace llegar fácilmente lo que quiere expresar”. Lisandro López, luego de los primeros partidos con Coudet al mando, dijo: “Está muy convencido. Tenemos que convencernos de la idea del entrenador y nos va dar muchas alegrías”. 


Idea de juego

 

Equipos cortos, rápidos, ágiles, que juegan lejos de su arquero y, a raíz de su presión asfixiante, generan que sus rivales cometan errores “no forzados” es el estilo de juego que lo caracteriza. Todos y cada uno de los jugadores son partícipes de este estilo impuesto por Coudet. Los centrales junto al arquero y el mediocampista central se juntan para, siempre que se pueda, generar una superioridad numérica ante la presión del equipo rival y poder salir jugando por abajo.


 “Denme un grupo de hombres que se quieran entre sí y les devolveré un equipo moralmente indestructible”.

 

Con 46 años, se encuentra en España dirigiendo al Celta de Vigo. La llegada del oriundo de Buenos Aires fue titulada por un periodista español como “La Revolución del Chacho en España”. Levantó a un equipo que estaba en zona de descenso. Trece victorias, siete empates y nueve derrotas le alcanzaron para poner al Celta en octava posición. “Se transformó en un conjunto que arriesga, que juega en campo contrario, que juega bien a la pelota, que está marcando goles y no le marcan”.

Por Alejo González

Guillermo Barros Schelotto tomó la decisión de ser entrenador en 2011, apenas retirado del fútbol. Al año siguiente asumió el cargo en Lanús junto con su hermano Gustavo en el cuerpo técnico. En poco tiempo vino la consagración en la Copa Sudamericana 2013, su despedida en 2015 para dirigir a Palermo de Italia (apenas un mes por no obtener el permiso para trabajar en ese país) y el arribo a Boca, donde siendo futbolista ganó 16 títulos.

En su gestión, obtuvo un bicampeonato, llegó a las semifinales de la Copa Libertadores 2016 y fue finalista de la Copa Libertadores de América en 2018. Tras su paso por Boca, que terminó con la recordada final en Madrid, en febrero de 2019 fue presentado como director técnico de Los Ángeles Galaxy. En su primera temporada dirigiendo en la MLS, el equipo se clasificó a los play-offs tras finalizar la temporada regular en el quinto puesto de la Conferencia Oeste. 


Idea de juego

Barros Schelotto destacó que “Carlos Bianchi, Carlos Griguol y Ricardo La Volpe” fueron los tres entrenadores que lo marcaron. El Mellizo recordó una anécdota con Timoteo: “No sé por qué tenía el rótulo de ser un técnico defensivo. Cuando la dirigencia lo contrata, yo estaba con amigos y dijimos ´todos vamos a defender´. Y la verdad demostró que había sido injustamente calificado, porque era todo lo contrario, tenía la vocación de jugar. A me marcó, y tuve la suerte que sea al principio, porque uno llega a Primera y piensa que no va a tener más maestros, que ya sabe todo”.


En Boca obtuvo un bicampeonato, llegó a las semifinales de la Libertadores 2016 y fue finalista ante River de la Copa en 2018.

 

Tras retirarse de la actividad profesional como futbolista, Barros Schelotto abrió junto a su ex compañero del Columbus Crew, Gino Padula, una academia de fútbol en los Estados Unidos. 

Por Mateo Ambrosetti

Julio César Falcioni comenzó su carrera futbolística en las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield como arquero y debutó en el Campeonato Metropolitano de 1976. En 1981 fue transferido al América de Cali y con el equipo colombiano, al mando del serbio Dragoslav Sekularac, lograron el penta campeonato entre 1982 y 1986 y jugaron tres finales consecutivas de la Copa Libertadores entre 1985 y 1987, aunque fueron subcampeones en las tres ocasiones. 

Convocado por Carlos Salvador Bilardo fue parte del plantel que participó de la Copa América 1989, tiempo después volvió a la Argentina para vestir la camiseta de Gimnasia y Esgrima de La Plata por una temporada, pasó otra vez por Vélez y regresó a Colombia para atajar en Once Caldas donde daría fin a su carrera como profesional.


Idea de juego

Luego de su retiro decidió ser director técnico, arrancó su profesión en el club que lo vio crecer, donde dirigió 54 partidos con un 54.32% de efectividad. En Banfield ganó el Torneo Apertura 2009, su primer título como entrenador, aunque no se quedó conforme y fue por todo jugando la Libertadores y Sudamericana 2010, llegando a octavos de final en ambas competiciones.Tomó las riendas de Boca Juniors, donde compitió por ambas copas internacionales, aunque no pudo ganar ninguna (perdió la final de la Libertadores 2012), pero no se fue con las manos vacías ya que ganó el Torneo Apertura 2011 de manera invicta y la Copa Argentina 2012.


En Banfield ganó el Torneo Apertura 2009, su primer título como entrenador.

Falcioni, que en el último tiempo se recuperó de un cáncer de laringe y este año sufrió la pérdida de su compañera Ada Palka, víctima del Covid-19, conduce a Independiente y le intenta imponer su sello. Lleva 22 partidos (11 victorias, 5 empates y 6 derrotas), con un 57% de efectividad y un equipo metido en los octavos de final de la Copa Sudamericana.

Por Marcos Tellechea

Miguel Ángel Russo es un hombre que, con fuerza y voluntad, supo ganarle a una enfermedad mortal. Nació en Lanús el 9 de abril de 1956 y su pasión por el fútbol tiene su sello desde aquel debut como profesional en 1975, con Estudiantes de La Plata. Carlos Bilardo lo hizo ingresar en lugar de Miguel “El Fantasma” Benito, en el 2 a 2 frente a San Martín de Tucumán.

Se retiró a los 32 años para dedicarse al rol de entrenador y conservar ese sentimiento ahora desde el banco de los suplentes. Debutó en este cargo en 1989 dirigiendo a Lanús, en la Segunda División del fútbol argentino, club en el que consiguió dos ascensos a Primera División, en 1990 y 1992.Ya entre 1994 y 1995, fue el entrenador de Estudiantes en dupla con Eduardo Luján Manera, consiguiendo nuevamente el ascenso.


Idea de juego

En su carrera como entrenador, Russo pasó por México (Monarcas Morelia), Perú (Alianza Lima), España (Unión Deportiva Salamanca), Chile (U. de Chile), Paraguay (Cerro Porteño), y Colombia (Millonarios). En este último club ganó tres títulos, siendo sus únicas consagraciones en el extranjero. 

En Argentina, tuvo dos o más etapas en Lanús, Estudiantes, Vélez, Boca y Rosario Central. En Boca, logró su máxima estrella ganando la Copa Libertadores 2007, frente a Gremio, por un global de 5 a 0. A fin de año, luego de la derrota por 4 a 2 frente al Milan por la final del Mundial de Clubes, Russo abandonó su cargo. Tiempo después, tuvo cortas etapas en San Lorenzo (2008-2009), Racing (2010-2011) y Rosario Central, donde logró otro ascenso a Primera en la temporada 2013-2014. Entre 2017-2018, firmó con Millonarios, donde salió campeón del Torneo Finalización 2017 y de la Superliga 2018.

En 2017, a pesar de haber salido campeón con el conjunto colombiano, no todo fue alegría para Russo, ya que, luego de la consagración, en una conferencia de prensa confesó que tuvo cáncer de próstata. “Mi médico dice que una de las claves de mi sanación es lo que significa el trabajo para mí. Pero no es que el fútbol fuera mi terapia. El fútbol es mi vida”. En 2020, vuelve a Boca, donde hasta ahora consiguió dos títulos, la Superliga Argentina y la Copa Diego Armando Maradona.


En su primer ciclo, ganó la Copa Libertadores 2007 con Riquelme en el campo de juego. 

 

Para Russo, un volante central es una pieza clave dentro de un equipo porque es el que va a romper por el medio, el que va a decidir la pausa y la velocidad y el que tiene más situaciones de ataque y defensa que cualquiera en la plantilla”, y de un centrodelantero piensa que “tiene cosas innatas y naturales que hay que respetarlas e ir agregándole lo que el entrenador ve para el beneficio del equipo, tienen que tener importancia asociada, presencia, trabajo, equilibrio y también debe ser gente que necesita estar lo más cerca del área posible”.

Por Ramiro Leguizamón Pondal

Jugar en grandes equipos como Barcelona, Valencia o River y disputar un Mundial y una Eurocopa para la selección española  no te asegura un futuro próspero como entrenador, pero sí genera muchas vivencias y contactos con grandes personalidades del fútbol. Es el caso de Juan Antonio Pizzi, que a lo largo de su carrera futbolística tuvo técnicos como Louis Van Gaal o Jorge Valdano y compañeros como Luis Enrique y Pep Guardiola.

Macanudo (apodo que le pusieron por un gol histórico que anotó para Barcelona ante Atlético Madrid en marzo del 97, por los cuartos de final de la Copa del Rey) se capacitó para ser director técnico en la Real Federación Española, y este sería un dato menor si no fuera porque Guardiola, considerado como uno de los mejores técnicos de la historia, también era parte del curso. Haberse formado en ese contexto, para el fútbol argentino no parece tener gran importancia, debido a que en su primera experiencia como entrenador, en 2005, fue despedido a los tres partidos de asumir en Colón, el club de sus amores.



 

Como seleccionador tuvo una breve pero buena experiencia al frente de Arabia Saudita. Sin embargo, su mayor desafío llegó al dirigir la selección chilena, donde consiguió obtener la Copa América 2016, formando un equipo agresivo, dinámico y ofensivo que le permitió tener un gran desempeño a lo largo de la competencia y vencer por penales en la final contra Argentina.    

En su experiencia por Asia, su hijo Nicolás se incorporó al cuerpo técnico. Afirma que compartir la misma pasión con su padre y poder trabajar juntos es algo muy lindo, aunque Juanchi no deja de ser su papá y alguna vez le ha revoleado sus característicos lentes por discutir con el cuarto árbitro. Además, resalta como mayor virtud  del entrenador su humildad y sencillez con la que se maneja con todos los empleados del club y describe su propuesta futbolística como “generosa, dominadora y ofensiva” destacando que le brinda gran importancia a los laterales a la hora de atacar.


En su adolescencia, cuando jugaba en las inferiores de Central, recibió un golpe y le tuvieron que sacar un riñón. Sin embargo, no le impidió desarrollar su carrera profesional.

 

El santafesino, que en San Lorenzo y Universidad Católica de Chile consiguió un título local, actualmente conduce a Racing. Llegó en enero de 2021 y no comenzó de la mejor manera pero logró el subcampeonato del torneo superando varias adversidades. “Creemos mucho en lo que hacemos, somos honestos, responsables, tenemos convicción, trabajamos mucho y eso hace que tengamos los resultados que estamos consiguiendo”, afirma.

Por Franco Madotti

Si hay algo en particular que caracteriza a los uruguayos es la garra, y esta no es la excepción. Ronald Paolo Montero nació en Montevideo, Uruguay, y vivió su infancia en Pocitos, un departamento del país vecino con 121 mil habitantes. Vivía con su madre, sus hermanos, su tío y su padre, Julio Montero Castillo, ídolo del Club Nacional de Football. 

El Cabezón, como le decían en su familia, es hincha de Peñarol. De chico, por respeto y legado de papá, se probó en Nacional pero su estatura apareció como el principal argumento del club para decir que no (NdR jugó en Primera con 1,79 metros). A los 15 años, el joven Montero decidió ir al Carbonero donde lo ficharon por ser hijo de Montero Castillo. Debutó en el Manya a los 21 con César Luis Menotti como entrenador, y con tan solo una temporada en Primera lo vendieron al Atalanta de Italia. Cinco años después fue traspasado a la Juventus y terminaría logrando diez títulos en nueve años siendo el capitán. Además, tuvo un breve paso por San Lorenzo y se retiró del fútbol profesional en 2007 en Peñarol. 


Idea de juego

El actual entrenador del Cuervo, de 49 años, admitió que está ante la oportunidad de su vida y que puede ser una vidriera para dar el salto hacia Europa, donde sueña con dirigir a la Vecchia Signora. 

Montero arrancó siendo interino en 2014, luego de conducir la Reserva, y tuvo que ponerse al mando de la Primera de Peñarol en tres partidos (dos victorias y un empate). Pasados dos años y ya en Colón de Santa Fe, con un estilo de juego marcado, con presiones altas y los centrales adelantados (técnica que aprendió con Menotti en su etapa como jugador), y con un paso previo en Boca Unidos de Corrientes, conformó su cuerpo técnico que lo acompaña hasta el día de hoy, con excepción de Richard Chengue Morales, quien en 2019 decidió dar un paso al costado y convertirse en representante. 

Finalizada su etapa en el Sabalero, con una efectividad del 51%, a principios del 2017 aceptó una oferta de Rosario Central, que venía de años muy buenos con Eduardo Coudet. En el Canalla, logró resultados más que aceptables, como eliminar a Boca de la Copa Argentina y ganarle a Newell’s en condición de visitante. A pesar de eso, el equipo no rendía de la manera esperada y tras 24 partidos en el cargo, decidió dar un paso al costado. 


Paolo Montero llevó al Sambenedettese dos años consecutivos a los playoff de la Serie C de Italia para pelear por el ascenso.

Si bien el uruguayo dirige desde 2014, recién obtuvo la mayor certificación que un entrenador puede tener en 2019, cuando estaba dirigiendo al Sambenedettese y se recibió en el Coverciano, una de las escuelas de técnicos más importantes del mundo que otorga la Licencia de UEFA Pro, la cual permite dirigir a cualquier equipo de primer nivel de manera permanente. 

En Italia fue donde más se sostuvo en el tiempo, ya que estuvo dos años y obtuvo sus mejores campañas, llevando al Sambenedettese a pelear por ascender a la Serie B, pero tras dos años consecutivos jugando los playoff no pudo lograr el objetivo. 

Fiel lector del novelista brasileño Paulo Coelho, Montero expresó varias veces que le gusta mucho vacacionar por lugares tranquilos con su familia para desconectarse de la televisión y la tecnología. Además, en una entrevista con El Gráfico, explicó que ser frontal en su carrera como futbolista le traía problemas: “A mí me han di­cho mil co­sas, pe­ro lo to­mé siem­pre a fa­vor del gru­po”.

En San Lorenzo intentará plasmar su idea de juego, pero si hay algo que Paolo Montero tiene claro es que el esfuerzo no se negocia y eso, tras ser capitán de la Celeste, lo sabe muy bien.