lunes, febrero 16, 2026
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Por Manuel Losada

“Gabi es uno de los mejores entrenadores que he tenido: sabe de fútbol como nadie, tiene una inteligencia superior. Pero noto que en todos estos años se lo cuestiona porque en sus experiencias por ahí no tuvo la suerte de demostrar todas sus capacidades. Porque en el fútbol la fortuna juega”. Gastón Fernández define a Gabriel Milito y valora su experiencia de aquel ciclo en Estudiantes de La Plata.

El Mariscal debió ponerle fin a su carrera como futbolista cuando tenía 31 años, debido a repetidas lesiones en la rodilla derecha. Sin embargo, sabía que iba a ser entrenador y para eso se preparó en la escuela de técnicos de Vicente López. En 2015, con tan solo 34, debutó en Estudiantes de La Plata en un partido ante Barcelona de Ecuador con triunfo 2 a 0. Esa sería su mejor temporada, quedando séptimo en el campeonato de Primera División, obteniendo así la clasificación a la Copa Sudamericana.


Idea de juego

Actualmente dirige a Argentinos Juniors acompañado de Leandro Ávila, Diego Castagno Suárez y Santiago Fleitas en su cuerpo técnico, lleva un total de 20 partidos (10 ganados, 4 empatados y 6 perdidos), con una efectividad del 56% y clasificó al Bicho por primera vez a los octavos de final de la Copa Libertadores desde 1985.


“Si el central tiene tiempo para pasársela al cinco, y el cinco para dársela al diez, quiero que eso pase. Creo que así se ataca mejor“.

 

El estilo de juego de Milito siempre apuntó al modelo Guardiola, a quien tuvo y del que absorbió conceptos que hoy intenta poner en escena: control y pase, con salida y en búsqueda de ese espacio.  “Si el central tiene tiempo para pasársela al cinco, y el cinco para dársela al diez, quiero que eso pase. Creo que así se ataca mejor, porque los delanteros reciben mejores opciones para seguir atacando y tener situaciones de gol. Quiero orden defensivo, que todos sean intensos, que todos corran, empezando por los delanteros”, dice.

Sin un estilo repetitivo en su vestimenta a la hora del partido (puede variar entre camisa y pulóver o ropa de entrenamiento), lo más característico que tiene es su pelo, que conserva de su etapa de futbolista y en cuanto a su participación desde el banco no es un conductor que dé muchas indicaciones: crea la táctica y deja que el partido fluya por los jugadores.

 

Por Santino Paleari

A Iván Delfino el fútbol se le presentó jugando en el barrio con amigos, sin pensar que tiempo después le daría la oportunidad de ser técnico pese a que nunca haya estado en sus planes.“Lo encontré sin siquiera buscarlo”, admite. 

Nacido el 16 de agosto de 1971 en la provincia de Santa Fe, comenzó a practicar distintos deportes entre los que destacaban el básquet y el fútbol. Luego de terminar el secundario, le comunicó a su padre que quería dedicarse a ser futbolista, quien le advirtió que si no lo lograba en un lapso de dos años debería comenzar a buscar trabajo.


Idea de juego

De esta manera inició una trayectoria en la que alcanzó 333 partidos entre siete clubes, con Banfield y Gimnasia y Esgrima de Jujuy como destacados. Fue así que logró anotar 24 goles y gritar campeón una vez, jugando para El Porvenir en 1997. Pese a esta extensa carrera, Delfino nunca pudo disputar un encuentro de Primera División, siendo esta su cuenta pendiente como futbolista.

A sus 35 años, mientras jugaba para Libertad de Sunchales, su vida dio un gran cambio de dirección. Según cuenta, “todavía me quedaba tanque para un año más”, pero fue ahí que su entrenador, Frank Kudelka, le pidió que se uniera a su cuerpo técnico como ayudante. Tras seis meses en este nuevo puesto, Kudelka abandonaría su cargo y le pediría a Delfino que se quede con el puesto. Así comenzó, pero aclara que “recién me sentí técnico cuando ascendí con Patronato”.


“No estaba en mis planes ser técnico, de hecho, lo encontré sin siquiera buscarlo”.

 

En 2015 sería contratado por el club rojinegro, y lograría el primer ascenso de la historia del club entrerriano. Pese a esto, El Grandote, como le dicen en Sunchales, renunciaría a su cargo como técnico del club para irse a Temperley y posteriormente a Sarmiento de Junín, donde quedó a las puertas del ascenso a Primera nuevamente por tres años consecutivos. Ya en el 2020 y con Sarmiento como firme candidato a ascender, el santafesino volvería para continuar lo comenzado años atrás en Patronato y ayudarlo a pelear en Primera. De igual manera, el equipo de Junín lograría el ascenso y se le atribuiría gran parte del trabajo al ahora técnico de Patronato, quien a su vez, levantó la situación del equipo y logró un histórico triunfo contra Boca, cerrando de buena manera la Copa de la Liga y devolviéndole la ilusión a los hinchas del Patrón.

Por Brian Presa

El más chico de la familia Zubeldia convivía con el fútbol desde pequeño. Su padre bancario, su madre docente y sus hermanos más grandes fueron maestros por aquellos días en los que lo llevaban a la canchita a 100 metros de su casa en Santa Rosa a dar sus primeros pasos.

Nacido el 13 de enero de 1981 en La Pampa, Luis Francisco Zubeldía, comenzó su carrera como jugador a los siete años en el Club Belgrano, donde jugó hasta los 15. Llegó a Lanús donde formó su carrera profesional como mediocampista. José Néstor Pekerman lo llevó a las selecciones juveniles de Argentina Sub-17 (donde participó en el Sudamericano y el Mundial de 1997) y Sub-20 (Mundial 1999) y días antes de la edición 2001, sufrió una lesión en la rodilla izquierda que lo dejó fuera.


Idea de juego

Su debut en el club Granate fue en octubre de 1998 en un encuentro ante Independiente, que resultó en empate 2-2. Disputó 57 partidos y convirtió tres goles hasta 2004 cuando debió retirarse a los 23 años por una osteocondritis disecante en la rodilla que ya le había causado problemas anteriormente.

Comenzó a estudiar periodismo deportivo pero a la vez analizaba la posibilidad de ser director técnico y dirigir desde joven para seguir ligado al deporte de su vida. “La transición de futbolista a entrenador fue complicada”, admite Zubeldía sobre el proceso que le tocó afrontar.


Fue ayudante de campo del fallecido Ramon Cabrero cuando el Granate conquistó el Torneo Apertura 2007.

 

Por aquel entonces, Nicolas Russo (actual presidente de Lanús) observó que tenía condiciones para ser profesional como entrenador y ya proyectaba su debut en Primera División a los 27 años. Fue ayudante de campo del fallecido Ramon Cabrero cuando el Granate conquistó el Torneo Apertura 2007 y luego debutó en junio de 2008, lo que lo convirtió en el técnico más joven en la historia en la Primera de Argentina.

Su trayectoria como entrenador es muy extensa, ya que además de Lanús, dirigió en otros países como, Ecuador, México, Colombia, España y Paraguay, aunque todavía no pudo obtener ningún título de manera oficial.

Desde el 3 de septiembre de 2018 está al frente de Lanús, y en su segunda etapa como entrenador llevó al Grana a la final de la Copa Sudamericana 2020, en la que cayó ante Defensa y Justicia por 3-0.

 

Por Lucas Pereyra Durán

Su amor por una institución comenzó gracias a un partido en un clásico del Sur en 1982, cuando Jorge, su padre, rompió con un pacto futbolero. Habían prometido no gritar los goles (papá del Granate, mamá Isabel del Taladro) y en ese 2 a 0 de Lanús sobre Banfield el pequeño Javier ya no tuvo dudas. Los colores maternos lo identificarían para siempre.

El “Archu” llegó con apenas ocho abriles y para 1990 ya formaba parte de los entrenamientos de Primera, no pensaba en otra cosa que debutar en el club de sus amores y finalizó su carrera siendo el jugador que más veces vistió la camiseta del Taladro con 485 presencias tras 17 años.


Idea de juego

Quien lo marcó en este camino de director técnico fue Julio César Falcioni, con el que compartió la consagración del Apertura 2009 y lo acompañó en su paso por Boca, All Boys y Quilmes, entre otros. Aprendió mucho del “Emperador” luego de siete años a su lado armando varios proyectos.

Un hombre que tiene un sentido de pertenencia con esta institución, ese que se viste de camisa y pullover mientras mastica chicle para calmar su ansiedad, el que da indicaciones con un juego muy inquieto de manos y a veces guardadas en los bolsillos, el que no se tapa la boca para hablar y que tiene un plan con un estilo sumado a una personalidad que formó para el equipo.

Sanguinetti le demostró a la gente que su amor por el club es incondicional y que, a pesar de las diferencias que tuvo en su momento, quiso volver a remediar esa relación y lo consiguió con el logro más importante en la historia de Banfield estando como segundo entrenador. Hoy en día, su deseo es volver a llevarlo a la gloria, pero esta vez como DT, con una identidad futbolística que ya se ve en el campo cada vez que el Taladro pisa las canchas.


Quien lo marcó en este camino de director técnico fue Julio César Falcioni, con el que compartió la consagración del Apertura 2009.

 

Sabe del cariño que le tiene la hinchada y les está agradecido de por vida, porque explicó que “siempre lo tomó como el mejor legado que uno puede dejar, te podés llevar dinero y eso en algún momento se acaba, pero el cariño de la gente no se termina nunca y el amor del hincha no tiene precio”.

El “Archu” ya lo llevó a una final, la de la Copa Diego Armando Maradona, donde perdió por penales frente a Boca, pero habiendo jugado una clasificación previa con un fútbol muy vistoso, elegante y con personalidad. Junto a sus colaboradores Lucas Rivas, Cristian Lovrincevich y Adrián González, van en busca de ese torneo tan ansiado que a Banfield no se le da desde el Apertura 2009.

Por Matías López

Mario Sciaqua nació en Berabevú, una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe, tierra en la que cada quincena de noviembre es visitada por personas de diversos lugares para la conmemoración de la Fiesta Provincial del Maíz.

Maruca comenzó su desarrollo deportivo en las inferiores de Newell ‘s, en donde nunca llegó a debutar en Primera División, pero tuvo la oportunidad de ser entrenado por Marcelo Bielsa, persona que admira profundamente. Su carrera la siguió en Colón de Santa Fe, Arsenal de Sarandí, Deportivo Municipal (Perú) y Melgar (Perú), donde se retiró en 1996.


Idea de juego

A sus 27 años, luego de su paso por el extranjero, Sciaqua decide volver a Argentina y vivió, según explica él, lo que nunca había podido disfrutar desde sus 15 años. “Salía, me iba de vacaciones, no hacía nada. Hasta que un día me pongo de novio con la que hoy es mi mujer y yo seguía con la guitarra: ´jugué en Colón, jugué en tal lado´ ¡Y no hacía nada!. Entonces, un día mi mujer me dijo que tenía que arrancar con algo’’.

Fue así como comenzó el curso de director técnico. Fue elegido para trabajar en un asentamiento de Barranquita Oeste: ‘’Había muchas necesidades y me hizo poner los pies sobre la tierra y tomar mayor conciencia de lo que iba a ser construir mi familia’’. Además, estaba pasando un momento muy complicado ya que explica que se encontraba sin trabajo, ganaba 100 pesos y andaba en una hondita Dax. Se había anotado para cargar  datos en promoción comunitaria y salió sorteado.


En las inferiores de Newell ‘s, tuvo la oportunidad de ser entrenado por Marcelo Bielsa, persona a la que admira profundamente.

 

Como ya tenía terminado el curso, se hizo cargo de las categorías inferiores de Ciclón Racing, equipo perteneciente a la liga santafesina, y luego de la Primera, con la que salió campeón en los dos torneos ese año. En 2003 lo contrató Colón de Santa Fe para las divisiones juveniles. El momento más importante como director técnico llegaría recién en 2011, al ser designado por el presidente Germán Lerche como DT del primer equipo de Colón.

Para Sciaqua lo más importante es lo que lleva cada uno dentro y sus ideales. Se considera una persona sencilla pero a la hora de dirigir cuenta que le gusta estar bien vestido, con un saco, corbata y jeans. Su pasión por el fútbol y el deporte lo ha llevado a que estando hospitalizado por haber contraído el Covid-19, mientras Sarmiento visitaba a Defensa en Varela, hiciera varios llamados a sus colaboradores para darles indicaciones técnicas. Esto tuvo un gran impacto, ya que luego fue internado con oxígeno para poder estabilizarlo.

Actualmente, se encuentra en Sarmiento de Junín en donde logró su mayor éxito como entrenador: el Nacional B 2020 y el ascenso a Primera.

 

Por Juan Mentasty

Mauricio Pellegrino es el claro ejemplo de lo meticulosa que puede llegar a ser una persona. Tiene como norma llegar 15 minutos antes a un sitio, y siempre con un libro bajo el brazo, lo que demuestra que es un hombre que no deja nada librado al azar, tanto en la vida como en el fútbol.

El Flaco, nacido en Leones, Provincia de Córdoba, tiene entre sus hábitos cotidianos salir a correr una hora por día, leer un libro e ir al cine, cocinar paella o asados. Suele utilizar chomba deportiva, y es un director técnico que no lleva en sus genes la protesta hacia el árbitro durante el encuentro, pero sí es alguien que da muchas indicaciones hacia sus dirigidos.


Idea de juego

Habitué del 4-2-3-1 (aunque se definió como un técnico que no queda atrapado con una formación), la búsqueda constante del arco contrario a través de transiciones rápidas, el estudio del rival, y el mantenimiento del equilibrio defensivo a través de líneas escalonadas, son algunas de las características de Longaniza como entrenador. Su cuerpo técnico está conformado por Carlos Compagnucci y Xavier Tamarit Garino en el rol de ayudantes de campo, Gustavo Campagnuolo como entrenador de arqueros, y Mariano Fanesi en el puesto de entrenador físico.


Pellegrino eligió  a Rafa Benítez y a Van Gaal como dos de sus mentores, entre los doce entrenadores que tuvo en su carrera.

 

Longaniza debutó como entrenador en el año 2012, a sus 41 años, y al mando del Valencia, luego de dirigir al conjunto Che, pasó por Estudiantes de La Plata (donde obtuvo el tercer puesto, su mejor posición como DT), Independiente, Alavés, Southampton y el Leganés, para luego recalar en Vélez, club en el que asumió el 17 de abril del 2020.

Como futbolista,  jugó siete años en Vélez, uno en el Barcelona, cinco en el Valencia, uno en el Liverpool, y uno en el Alavés. Además de realizar los estudios en Valencia para recibirse de entrenador, fue ayudante de campo de Rafa Benítez en Liverpool e Inter. Pellegrino eligió a dos de los doce técnicos que lo dirigieron como sus mentores: Benítez y Van Gaal (a quien casi le pegó una piña en su paso por Barcelona), ya que en un encuentro en el que ganaban 3 a 0, lo sustituyó y eso despertó el enojo del marcador central.

El entrenador de Vélez es una persona que intenta mantener todo dentro de sus cabales, y así poder cumplir los objetivos, tanto en su vida personal como en el deporte, y además, constantemente le transmite a sus dirigidos que en sus equipos nunca puede faltar el compromiso, la exigencia y la competitividad.

Scaloni, técnico que debuta

Argentina's coach Lionel Scaloni gestures during the Copa America football tournament group match against Colombia at the Fonte Nova Arena in Salvador, Brazil, on June 15, 2019. (Photo by Juan MABROMATA / AFP) (Photo credit should read JUAN MABROMATA/AFP/Getty Images)

Por Juan Segundo Giles y Matías Zuñez

El camino de Lionel Scaloni desde que fue ratificado como el nuevo entrenador de la Selección Argentina en noviembre de 2018 no fue color de rosa. El mundo del fútbol lo veía de reojo porque era su primera experiencia como director técnico, lo tildaba de “traidor” debido a que había formado parte del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en el Mundial de Rusia 2018, y lo criticaba porque vivía fuera del país –en España- y estaba “lejos del fútbol argentino”.

Sin embargo, Scaloni siempre tuvo presente que a quienes tenía que convencer era a sus dirigidos. Y a base de trabajo silencioso y sin necesidad de salir a responder las críticas, lo logró. “Le puede faltar experiencia como técnico, pero tiene 30 años de vestuario. Entiende de grupos, maneja los códigos, pasó por juveniles, jugó un Mundial… Como Samuel, Ayala y Aimar –integrantes del cuerpo técnico-. Conoce el predio de Ezeiza mejor que nosotros”, lo respaldó Rodrigo De Paul.

Desde su debut el 8 de septiembre de 2018 en la victoria 3 a 0 sobre Guatemala en un amistoso jugado en Los Ángeles, Scaloni fue ganando experiencia y adeptos. La pregunta de “¿cómo llegó?” quedó en el olvido y varios se tuvieron que replantear su pensamiento, ya que, más allá de sus 19 victorias, 10 empates y 4 derrotas; el gran partido contra Brasil en la semifinal de la Copa América 2019; y el haber superado al ciclo de Marcelo Bielsa como el segundo con más partidos invictos (18) en la Selección Mayor, Scaloni llevó adelante el famoso recambio generacional, convocó a jugadores que estaban lejos del radar popular, encontró el lugar para cada integrante del plantel e inició un proyecto que excede el “ganar o morir”.

Esta Copa América dejó algunos aspectos a mejorar de cara al Mundial de Qatar 2022, como la recuperación tras pérdida, pero otros tantos para resaltar por su importancia para romper la sequía de 28 años sin ganar un título. Uno de ellos fue la conformidad del plantel. Desde el inicio de la competición, ningún jugador ha manifestado algún tipo de malestar, por lo menos públicamente, y todos han entendido el papel que ocupaban dentro del equipo. “El único intocable es Leo (Messi). El resto empuja desde donde le toca”, remarcó De Paul, y agregó: “Es el mejor grupo en el que he estado”, y eso se vio. Un claro ejemplo fue la alegría de Sergio Agüero después de que Lautaro Martínez anotara su tan ansiado gol en el partido frente a Bolivia. “Buena, Lauta”, fueron las palabras entre risas de la flamante incorporación del Barcelona.

Esto mismo, a su vez, generó un clima de distensión en la concentración y que los jugadores experimentados se animaran a mostrarse al público, lo cual no había ocurrido en certámenes anteriores. Nicolás Otamendi fue el mejor cronista de la Copa, ya que publicó videos en su cuenta de Instagram durante el transcurso de la misma, al igual que lo hicieron las compañeras de Messi, Papu Gómez, Di María, entre otras. Más allá de ser un dato de color, lo que se puede traducir en estos actos es que los jugadores con amplia trayectoria no convivieron con la mochila de los campeonatos anteriores, no se cerraron en un hermetismo, y disfrutaron de estar en la Selección.  “Lo que se ve para el afuera es lo mismo que ocurre en el adentro. Ver a Leo feliz y tan metido con la Selección y el grupo nos da mucha tranquilidad”, describió Paredes previo a la semifinal frente a Colombia.

Bajo los tres palos, la aparición de Emiliano Martínez trasladó seguridad en cada uno de sus compañeros y en el cuerpo técnico. El arquero del Aston Villa debutó en la Copa con una parada en un mano a mano de Eduardo Vargas y le atajó un penal a Arturo Vidal -señales de su fortaleza en la pena máxima-, más allá de que luego en el rebote los chilenos sí empataron el primer partido 1 a 1.

Luego de dos encuentros sin mayores exigencias frente a Uruguay y Paraguay, pero que sirvieron para sumar minutos con el buzo de la Albiceleste y consolidarse en el arco, tocó ser suplente ante Bolivia en el último partido del grupo -ya clasificados a la siguiente ronda- y volver para los cuartos de final contra Ecuador, en los que intervino en dos ocasiones con atajadas en momentos del partido en el que el equipo necesitaba su respaldo.

Posteriormente, llegó la semifinal frente a Colombia, el rival que más complicó a la Argentina y que forzó al “Dibu” con dos atajadas a Juan Cuadrado y a Luis Díaz, dos pelotas que impactaron en el palo de Wilmar Barrios y Yerry Mina, y finalmente el gol de Díaz que llevó a que el acceso a la final en el estadio Maracaná se defina en los 12 pasos. Si hasta ese momento de la competición se vio un arquero difícil de vencer, después de los tres penales atajados que depositaron a la Selección Argentina en Río de Janeiro para enfrentar a Brasil por el trofeo, la figura del portero surgido en las inferiores de Independiente se agigantó en el arco argentino a base de personalidad, intuición y voladas.

Cuando se habla de aparición, no se refiere a un descubrimiento de Lionel Scaloni como si hubiese convocado a alguien desconocido -fue elegido el mejor  arquero de la Premier League en la última temporada-  sino que se le da valor al hecho de no dudar en colocarlo entre los titulares en un puesto que no tenía un indiscutido desde Sergio Romero y que hasta cambió en pleno Mundial de Rusia 2018 con Wilfredo Caballero y Franco Armani. Ahora, da la sensación de que hay arquero para rato en la Argentina.

Otro que parece que llegó para quedarse es Crisitan Romero. El defensor central de 23 años que se desempeña en Atalanta de Italia fue uno más de los que, tras ser elegido el mejor de la Serie A en su posición, se impuso en la convocatoria argentina. Una lesión muscular lo marginó del debut ante Chile y de la etapa final del certamen, pero los dos partidos ante Uruguay y Paraguay en la fase de grupos le bastaron para evidenciar el salto de jerarquía que le da al fondo argentino y la tranquilidad que transmite como si fuese un experimentado en la Selección Argentina, siendo gambeteado una sola vez en 334 minutos con la celeste y blanca (teniendo en cuenta sus encuentros por Eliminatorias).

Por otro lado, la sana competencia interna que hubo fue vital para el desempeño y regularidad del equipo. En la zaga central, cuando le tocó ingresar a Germán Pezzella por la figura de Cuti o por uno de los referentes del plantel como Nicolás Otamendi, rindió. Por el lado del lateral izquierdo, tanto Nicolás Tagliafico como Marcos Acuña se repartieron minutos y le ofrecieron distintas facetas y variantes al entrenador para que eligiera dependiendo el rival. El mediocentro tuvo a Leandro Paredes, con un perfil más de tenencia y juego para la Selección, y Guido Rodríguez, quien brindó más quites de pelota y recuperaciones, y que se hizo notar con el orden que le dio a la mitad de la cancha cuando reemplazó al futbolista de PSG. Y por el frente de ataque, Nicolás González aportó despliegue por la banda izquierda y poderío aéreo; Ángel Di María sumó desequilibrio y gambeta; Alejandro Gómez diagonales y dos goles contra Paraguay y Bolivia; y Ángel Correa buen juego de espalda y potrero.

¿Tiene cosas que mejorar? Seguramente, como cualquier entrenador con mayor o menor trayectoria. Sin embargo, este título marcará un antes y un después en la historia de la Selección. Sin los fantasmas de las anteriores finales, con el gran trabajo que están haciendo Fernando Batista, Pablo Aimar, Diego Placente y Bernardo Romeo con las inferiores, y con el envión anímico de haber ganado la Copa América ante Brasil en el Maracaná, Scaloni tendrá libertad para llevar a cabo un proyecto a largo plazo con la mirada puesta en el Mundial de Qatar 2022.

 

Messi, líder del campeón en el Maracaná

Por Ian Rodríguez

Se dio el partido de los sueños. La epopeya futbolística de cualquier niño que alguna vez pateó una pelota en suelo argentino. Ganarle una final a Brasil en el Maracaná. Llegó la imagen que tanto se hizo esperar, la de Lionel Messi levantando una copa con la Selección Argentina. Un anhelo que le fue esquivo en varias oportunidades pero nunca tuvo la magnitud del partido ésta final.

La perseverancia es uno de los 5 principios del Tae Kwon Do, en donde se pregona que, para poder alcanzar un objetivo, se debe ser perseverante en pos de sobrepasar cada dificultad de la vida. Adversidades se presentan constantemente. Messi respetó a rajatabla este concepto debido a la cantidad de veces que se quedó a un paso de la gloria exitista. La triada de los años 2014, 2015 y 2016 han sido frustrantes para el rosarino porque, a pesar de haber llegado con muchísimos méritos al partido decisivo de cada competencia (un Mundial y dos Copas Américas), se le negó la victoria por resultados completamente mínimos. El 1 a 0 marcado por el alemán Mario Götze y las dos definiciones a través de los penales contra Chile. Sin embargo, el primer acontecimiento que tuvo tal embergadura fue en Venezuela 2007, cuando la Albiceleste perdió la final de América frente a Brasil por 3 a 0. La Pulga, con solo 20 años, fue titular en esa derrota.

Su historia con la Albiceleste empezó en un amistoso frente a Paraguay, el 29 de junio de 2004, en la cancha de Argentinos Juniors, club donde debutó el gran Diego Armando Maradona. Este partido fue organizado meramente para que el rosarino fiche por la Selección Argentina, a pesar de los incesantes intentos de dirigentes españoles para que la Pulga se nacionalice en el país europeo. Fue goleada de los locales por 8 a 0 pero el mayor triunfo fue que figure en los archivos de la FIFA que Lionel Messi era argentino y para Argentina jugará. Entró en el segundo tiempo por Ezequiel Lavezzi. Tenía 16 pirulos y le sumó un número al dorsal de su camiseta para ese encuentro. A los 35 minutos del segundo tiempo metió el séptimo de los ocho goles.

El momento de máximo dolor en la historia entre Argentina y Messi tuvo fecha el 26 de junio de 2016. El MetLife de Nueva Jersey fue testigo de la final entre argentinos y chilenos por la Copa América Centenario. La resolución es conocida. La Roja se impuso por penales (al igual que en la edición anterior) con la mala fortuna que Messi malogró el primer disparo desde los 11 pasos por arriba del arco defendido por Claudio Bravo.

En un desconsuelo enorme, el capitán no pudo contener sus lágrimas en el campo de juego. A pesar de haber atravesado derrotas durísimas ha sido experto en no manifestar la tristeza frente a las cámaras. Pero esa noche no pudo. Lloró desconsoladamente, como un niño frustrado. En el post partido, frente a la primera transmisión en vivo que se encontró, dijo que se terminó la Selección para él. “Ya son cuatro finales, no es para mí. Lo busqué, era lo que más deseaba. No se me dio pero ya está”, dictaminó con la cara hinchada y sin poder mirar al flash de frente.

Lo que parecía dolor irrecuperable se desenvolvió en una demostración más de amor del rosarino. A la próxima convocatoria, el 1 de septiembre de ese año, el 10 aceptó la citación, sin Martino como técnico sino con Bauza, y marcó el gol de la victoria frente a Uruguay por Eliminatorias.

Quedará para la respuesta del mismo Messi qué sucedió en la Copa América 2019, en Brasil, en torno a su carácter. Se vio a un capitán más combativo, dentro y fuera de la cancha. La derrota por 2 a 0 en semifinales frente a los locales, con fallos arbitrales favoreciéndolos, desembocó en declaraciones del 10 argentino que apuntaron a la Conmebol, entidad madre del fútbol sudamericano. “Se cansaron de cobrar boludeces y hoy no fueron nunca al VAR, una cosa increíble. Al mínimo contacto era falta para ellos y son cosas que te sacan del partido. Es para analizar y ojalá la Conmebol haga algo. Igual no creo que haga nada porque maneja todo Brasil asi que es muy complicado”, declaró enojado el 2 de julio luego del partido.

Perder en semifinales te deriva a jugar por el tercer puesto y fue contra Chile. La Albiceleste ganó 2 a 1 pero Messi fue expulsado tras haber sido empujado, en una protesta, por Gary Medel. El árbitro colombiano Mario Díaz de Vivar solucionó con una roja para cada uno, lo cual pareció excesivo para el argentino y manifestó toda su bronca post encuentro: “Con una amarilla se hubiese terminado para los dos. Lo que dije la vez pasada capaz que pasó factura. Nosotros no tenemos que ser parte de esta corrupción. Nos vamos con la sensación de que estábamos para más y no nos dejaron estar en la final. La corrupción, los árbitros y todo eso no dejan que la gente disfrute del futbol. Que hagan lo que quieran (sobre posibles sanciones por las declaraciones) la verdad hay que decirla, yo me voy con la cabeza alta y orgulloso de este grupo.”, decretó en un aire revolucionario.

El 2020 tenía pensada una Copa América con sede compartida entre Colombia y Argentina pero la pandemia la pateó para el 2021 y en territorio brasileño de nuevo. Desde el 3 de junio se disputaron partidos de la Selección. Aquella vez, los argentinos le organizaron un homenaje al Diego Maradona, quien falleció el 25 de noviembre del año anterior. A pesar de los empates contra Chile y Colombia por Eliminatorias y de nuevo contra la Roja en el debut del torneo continental, Messi tuvo un nivel sensacional toda la copa. Es el máximo goleador y asistidor, el que más regates completó por partido y lidera el top de los tiros al arco por partido y disparos en general .

Fue inevitable recordar el tobillo hinchado de Diego en el Mundial de Italia 1990 al ver el de Messi ensangrentado en semifinales contra Colombia. Porque es imposible no creer en que algo sucedió con el paso a la inmortalidad de Maradona y la metamorfosis de Lionel hasta en los gritos de gol corriendo a la cámara o saltando con el puño apretado por detrás de la nuca.

Messi, el capitán América, jugó el partido armado en cualquier fixture de sueños y se quedó con la Copa en el mítico Maracaná.

 

 

Argentina y un equipo con identidad de cantera

Por Thomas Somoza

En ocasiones —o casi siempre— un título puede opacar la profundidad de problemas. En otras resalta aún más lo bien hecho y proyectado. El mundo quería que Lionel Messi ganara la Copa América y así fue, por él, por el grupo y por tantas batallas que la Selección Argentina perdió. Pero esto también es la reivindicación de un proceso, el “proyecto” tan nombrado y comparado con, por ejemplo, combinados europeos, pero que nunca había sido puesto en marcha en los últimos años.

Desde 2018, Pablo Aimar, Fernando Batista, Diego Placente, Bernardo Romeo, Walter Samuel, Roberto Fabián Ayala, César Luis Menotti, Javier Mascherano (se incorporó este año) y Lionel Scaloni bregan por ordenar el sistema de divisiones juveniles para que, desde sus raíces y amigándose con el futuro, la Argentina vuelva a ser lo que supo conducir José Néstor Pekerman, responsable de la formación de los futbolistas nombrados, desde 1994 hasta 2006.

Nicolás González fue una de las “sorpresas” por su convocatoria y rendimiento. Lo cierto es que participó del Panamericano sub-23 de Lima en 2019, convocado por Batista. Julián Álvarez formó parte del equipo como uno de los tres que juegan en el fútbol argentino (los otros son Gonzalo Montiel y Franco Armani) y también pasó por juveniles: Preolímpico Sudamericano sub-23 de Chile en 2019, Mundial sub-20 de Polonia en 2019 y Sudamericano sub-20 de Chile en 2019. En todas las competencias dirigido por el Bocha.

Si se cuenta a los jugadores de la lista preliminar de 50, la nueva generación asoma con mucha esperanza debido a que Facundo Medina, Leonardo Balerdi, Nehuén Pérez, Matías Zaracho y Adolfo Gaich pasaron, dependiendo el caso, por Mundiales, Sudamericanos, Panamericanos, Preolímpicos y hasta el torneo de La Alcudia que se disputa anualmente. El caso de Gaich es el que más resalta ya que fue el delantero centro en hasta cinco de estas competiciones, entrenado siempre por Batista a excepción de La Alcudia en 2018, cuando Scaloni lo dirigió.

La Selección Olímpica comenzará el certamen un día antes de la inauguración de los Juegos, el 22 de julio. Levantarse temprano (partidos a las 4.30 de la madrugada y 7.30 y 8 de la mañana) será un gusto para ver a semejante equipo: Lautaro Morales, Fausto Vera, Tomás Belmonte, Martín Payero, Alexis Mac Allister, Thiago Almada, Ezequiel Barco, Agustín Urzi, Pedro De La Vega y Gaich son algunos de los representantes. El próximo martes a las 7.30 el equipo se enfrentará en un amistoso ante República Checa como preparación.

“He escuchado, y escucho todavía, que en Argentina ya no salen tantos jugadores de fútbol. Puede ser que en algún momento haya pasado eso, pero los entrenadores nos tenemos que hacer cargo de eso. Por esto me encantó la idea de trabajar con jóvenes”, escribió Aimar para el sitio The Coache’s Voice en una nota titulada “Donde quiero estar”. Y destacó los valores que se le inculca a los jóvenes como el respeto, la convivencia y el sentido de pertenencia por la camiseta argentina. Influencia Pekerman cien por ciento.

Rubén Rossi, campeón mundial juvenil en 1979 junto a Diego Maradona y formador que pasó por Unión, River, Quilmes y Colón, dijo alguna vez: “El formador primero tiene que ser un vocacional y un enamorado de esto, no utilizar las divisiones inferiores para convertirse en un técnico de primera división”. Quienes hoy dirigen las raíces de la Selección son enamorados. Lo de Scaloni fue distinto: comenzó en juveniles y luego llegó a un interinato que se transformó en permanencia a base de resultados. Pero, a pesar de cómo haya asumido el cargo, es beneficioso el proceso generacional que llevó a cabo.


Desde 2018, Aimar, Batista, Placente, Romeo, Samuel, Ayala, Menotti, Mascherano (se incorporó este año) y Scaloni bregan por ordenar el sistema de divisiones juveniles.

El término “aparecer” es definido como algo que “estaba perdido u oculto”. Emiliano Martínez —elegido por Alan Shearer como mejor arquero de la Premier League la pasada temporada— y Cristian Romero —seleccionado como mejor defensor de la Serie A— no aparecieron de la nada. Scaloni sigue a estos jugadores cuando “la gente” pide apellidos que militan en el torneo local.

Martínez jugó los 38 partidos del campeonato y mantuvo el arco en cero en 15 de esos encuentros. Es seguido por Martín Tocalli, el entrenador de arqueros del cuerpo técnico, desde 2019, cuando vestía la camiseta de Reading a préstamo. La Serie A definió a Romero como “insuperable en el uno contra uno, rápido en recuperaciones y capaz de leer las jugadas del oponente con anticipación”. Y aportaron un dato descollante: superó el 92% de eficiencia en duelos defensivos. Ambos se enfrentan todas las semanas contra las mejores estrellas del fútbol y en las ligas de mayor nivel, calidad garantizada.

Esta consagración histórica puede ser el punto de partida de un interesante porvenir por la confianza que inyecta y con el Mundial de Qatar del año que viene como principal competición por delante, la última cita de Messi con la albiceleste. Pero la vista está puesta más allá porque el futuro, con orden y proyecto, llegó hace rato.

 

La maratón de Eulalio Muñoz Jr.: de Gualjaina a Tokio

Por Sebastián Martín

Primero de diciembre de 2019. Era la Maratón de Valencia. Luego de dos horas, 11 minutos y 23 segundos, Eulalio Muñoz Jr. cruzó la meta, y al hacerlo, gritó y largó toda la euforia que tenía en su interior tras un largo y arduo viaje. No se había dado cuenta todavía, hasta que se lo dijeron: “’Coco’ –como lo apodan sus seres queridos–, clasificaste a los Juegos Olímpicos”. No pudo resistir las lágrimas, no supo contener la emoción.

Recordó cuáles son sus raíces, de dónde viene. Una vida humilde, sin muchos lujos, de campo que lo acostumbró a convivir entre animales, sacrificios y lejanía. Se acordaba de aquellos 13 kilómetros diarios que caminaba junto a su familia para ir y volver del centro de su frío pueblo Gualjaina –Provincia de Chubut–, rodeado de mesetas y sierras, de poco más de 1.000 habitantes. Él, al ser tan pequeño, no podía caminar a la misma velocidad que sus tres hermanos más grandes, por lo que, entre llantos, decidía correr. Estaba en sus genes. Inconscientemente corría; y lo hacía bien.

Pero de chico, entre sus fantasías, no se encontraban las maratones, ni los entrenamientos en la montaña, ni mucho menos. Pasaba por otro lado su pasión, como la de tantos argentinos y argentinas: “Me gustaba mucho jugar al fútbol. Como no tuvimos televisión en casa hasta los 15 años, leía la revista ‘El Gráfico’, y especialmente a Maradona porque él era la tapa. Leía quién era, qué hacía, cómo había empezado, cuáles eran sus sueños. Era mi librito de motivación. Lo consumía todos los días, me lo sabía de memoria”. Claro, ¿quién otro podía ser ese símbolo de lucha, de esfuerzo, de logros y fracasos si no era Diego? En la vida de Eulalio, la imagen de ese referente fue muy importante. Lo trataba de copiar, de tenerlo como guía, y desde entonces empezó a soñar. “Si Maradona pudo, yo también puedo”, se ilusionaba “Coco”.

Corría para estar en buenas condiciones físicas, pensando en la pelota. Pero era bueno, se mantenía. Por eso, un día lo invitaron a participar en la Media Maratón al Paraíso de Esquel de 5 kilómetros. Como no había más cupos disponibles, casi de capricho, decidió anotarse en la de 21: terminó primero en su categoría y 15° en la tabla general. Como cuando era chico y andaba atrás de sus hermanos para alcanzarlos, lo hizo sin pensarlo. Intrínsecamente había algo que despertaba cuando de correr se trataba.

Entre incentivos y el aliento de sus seres queridos, comenzó a ejercitarse seriamente en la disciplina y contactó a Rodrigo Peláez, un entrenador que ya preparaba a varios maratonistas de gran nivel por entonces. Pero no todo fue sencillo. Peláez le dejó en claro que solo lo iba a entrenar si se iba a vivir a Esquel con él, porque por cómo ejercía su labor, no le gustaba hacerlo a distancia. Y así sucedió, con tan solo 17 años, Muñoz se mudó en busca de su futuro.

Quería salir para conocer qué había fuera de su pueblo. La familia evidentemente no deseaba dejarlo ir porque era chico y no sabían a dónde estaba yendo realmente. “Fue duro”, reconoció Eulalio. Cambió paulatinamente algunas de sus costumbres y hábitos: “Entendí que no podía comer lo que quisiera, dormirme tarde o ir a jugar al fútbol con mis amigos si quería llevar a cabo mi objetivo”. ¿Cuál era? Participar en los Juegos Olímpicos. Estuvo en su cabeza desde Río 2016, cuando le confesó sus intenciones a Peláez, aunque este fue claro: para poder empezar –recién– a pensar en una cita olímpica, debía bajar considerablemente su tiempo.

Era un nuevo reto en la vida de Eulalio, un nuevo camino por recorrer tal vez. Trabajó, mejoró mucho sus números y comenzó, en Rotterdam –Holanda–, su camino rumbo a Tokio 2021. “Mi entrenador no me decía ‘hoy hacemos la marca’, me decía ‘hoy nos acercamos, que a la tercera la logramos’”, reveló. Dos horas después de haber terminado la Maratón de Buenos Aires 2019, Pelaéz lo convenció: “La marca está en tus piernas, por ende, hay que ir a buscarla”. A través de rifas y bonos a contribución de los habitantes de Esquel y Gualjaina, junto a sus ahorros y con la ayuda de “Chubut Deportes”, allá fueron: A Valencia.

Cuando empecé quería representar a la Argentina en un Sudamericano o Panamericano, pero nunca me hubiese imaginado alcanzar los Juegos Olímpicos”, expresaba al recordar su clasificación. Y es que el camino de cualquier deportista que tenga en mente una competencia tan importante a nivel mundial siempre es complicado. Pero lo vital, para Eulalio, es seguir. Como en su disciplina, por más cansado que estés, por más que tus piernas te pesen como nunca, resistir y seguir. Intentarlo pese a todas las adversidades. “Uno se ‘hace’ más por las malas que por las buenas. La clave y la base de todo éxito es la actitud. Si te va mal no tenés que rendirte, sino levantarte y seguir trabajando para lograr los objetivos”, entiende abiertamente.

Este atleta de 25 años, nacido de un pueblo de 1.000 habitantes, criado en el campo, que corría llorando para alcanzar a sus hermanos y que soñaba con ser como Maradona, hoy, gracias a su esfuerzo y la dedicación, está al frente de, ni más ni menos, una cita olímpica. La vida de Eulalio Muñoz Jr. ha sido una larga maratón. Desde Gualjaina hasta Tokio.

 

El camino a la clasificación

Luego de que Eulalio Muñoz Jr. se lo propusiera seriamente, en 2019, en Rotterdam, Holanda, empezó su camino rumbo a Tokio 2021. Tras haber vivido esa primera experiencia, llegó la Maratón de Buenos Aires, y pese a haber hecho un buen tiempo (2h12m23), no consiguió la tan ansiada meta: la clasificación.

Para seguir preparándose de la mejor manera de cara a su siguiente maratón, junto con su entrenador, Rodrigo Peláez, decidieron subir a la altura de Huancayo, Perú, a 3200 metros sobre el nivel del mar. Creyeron que era el lugar indicado para que Eulalio esté apto físicamente y preparado para cualquier circunstancia. Pero primero, antes de llegar a Perú, “Coco” tuvo que hacer escala en Chile, que transitaba una complicada crisis sociopolítica.

Casi queda varado cuatro días allá, porque se habían cancelado todos los vuelos debido al conflicto. Dudó en volverse en micro a Esquel y abandonar, pero Peláez, desde Argentina (porque él viajaba en otra fecha), pudo contactarse con Ricardo Almonacid, un aficionado de las maratones que lo había visto correr a Eulalio y lo reconocía, que amablemente le dio alojamiento. “Estoy eternamente agradecido a Ricardo y su pareja por haberme recibido”, se sinceraba el atleta.

Luego de presenciar horribles situaciones entre la policía y el pueblo chileno, desde el balcón del departamento donde estaba parando, a los tres días pudo volar a Perú y prepararse, ahora sí, para la Maratón de Valencia. Allí, además de enamorarse de la ciudad española, logró la marca mínima, pero marca al fin, para sacar boleto a los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 (antes 2020). Fueron 2h11m23 para conseguir la clasificación, junto a Joaquín Arbe, el otro atleta argentino que también participará en la cita olímpica.

En diciembre del 2020, un año complicado para seguir preparándose por la pandemia de coronavirus entre medio, aunque igualmente pudo seguir compitiendo, Eulalio volvió a correr en La Maratón de Valencia. Cumplió y con creces. Con 2h9m59, no solo se superó a él mismo bajando su marca registrada, sino que quedó a tan solo dos segundos del récord nacional que mantiene Antonio Silio (2h9m57).

Su última competencia fue en abril de este año, en La Pampa, en donde ganó con récord de 1h4m18 y, posteriormente, le reconoció a la web de la Secretaría de Deportes de la Nación que todo lo que hace es “pensando en los Juegos Olímpicos”.