martes, febrero 17, 2026
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Damián Akerman: el camino a la gloria

Foto: Fabián Acuña

Por Camila Valente

Era la noche del 6 de junio de 2017 y el Estadio Nuevo Francisco Urbano estaba vestido de gala. La gran noche había llegado. El sueño estaba a punto de hacerse realidad. Las tribunas se encontraban colmadas de hinchas eufóricos que se abrazaban y sonreían. Las banderas rojas y blancas, los globos, los tirantes y el papel picado, los bombos y trompetas. Todo estaba preparado.

Las más de 32.000 almas que se encontraban en las tribunas estaban a punto de ver realizado su sueño: si el Club Deportivo Morón le ganaba a Platense, cortaría con una racha de 27 años sin salir campeón y ascendería a la Primera Nacional cuatro fechas antes de que finalizara el torneo de la Primera B Metropolitana. En los tablones todo era emoción y euforia, gritos y llantos anticipados de emoción.

¿Qué pasaba adentro del vestuario?

Debajo de la Platea Filiberto Ferrante, en el vestuario local, había un hombre. O no, un superhéroe. Sí, el superhéroe de todos los hinchas del Gallito: Damián Emilio Akerman. Estaba sentado en su lugar habitual, haciéndose una sola pregunta: “¿Será este el día en el que logre salir campeón con el club que tanto amo?”. Algo en su interior le decía que sí.

Akerman, el delantero nacido en Porteña, provincia de Córdoba, el 25 de marzo de 1980, había llegado a Deportivo Morón en 2003 y, entre los tres períodos en los que estuvo en el conjunto del Oeste del Gran Buenos Aires, había logrado convertirse en el máximo goleador histórico y en el jugador que más veces había vestido la camiseta rojiblanca. Ese hombre esperaba con ansias el momento en el que sus objetivos personales se convirtieran en un logro grupal que le diera una alegría a todo el pueblo moronense.

“Sabía que estaba cerca de conseguir lo que siempre había soñado, lo que me faltaba en el club. Estaba muy ansioso por jugar. Me imaginaba un partido con una victoria y el festejo posterior. En el vestuario, obviamente, había mucha ansiedad y nerviosismo. Son muchas sensaciones las que se cruzan por la cabeza y por el cuerpo en ese momento”, expresa ahora Akerman.

“En la previa había tres claros candidatos a pelear por el campeonato. Por plantel, cuerpo técnico e historia en el ascenso: Morón, Platense y Defensores de Belgrano eran los favoritos”, explica Carlos Lema, relator de TyC Sports, que esa noche sería el encargado de describir las jugadas para una transmisión que sería histórica. “Particularmente, Walter Otta venía de tener una muy buena campaña con Villa Dálmine y armó un plantel con hombres de peso como Akerman, Rodrigo Rengo Díaz, Javier Bicho Rossi o Nicolás Minici, más chicos con gran futuro, como Valentín Perales”, añade Lema.

El partido comenzó y, desde el arranque, se notaba que Morón y su goleador histórico estaban decididos a levantar la copa esa noche. A través de un tiro libre, el Rengo Díaz puso en ventaja a Morón, que ya empezaba a ver materializado su deseo. Minutos más tarde, Akerman bajó la pelota en el área, levantó la cabeza y asistió al Bicho Rossi, que puso el 2 a 0 parcial que hizo delirar a la hinchada.

La temperatura rozaba los diez grados y el viento era muy frío. ¿Quién iba a sentir otra cosa que no fuera el calor que producía tanta euforia? La gente saltaba y cantaba, los minutos pasaban y el ascenso estaba cada vez más cerca. Hasta que llegó el gol de Platense que generó algunas dudas y llevó a ese presente un pasado que nadie quería recordar.

Sin embargo, los segundos transcurrieron y Yamil Possi, árbitro del encuentro, pitó el final, haciendo real la vuelta del Deportivo Morón a la segunda categoría del fútbol argentino.

Martín Lara, hincha fanático del Gallo y autodeclarado “akermista”, emana emoción cada vez que habla de su ídolo, del hombre que le hizo festejar 160 goles y que fue una de las piezas clave de ese ascenso que parecía estar destinado a no ser, pero que finalmente llegó. “Que esa noche lo haya visto a Damián con la camiseta número 9 de Morón, en plena vigencia, siendo el máximo goleador del equipo en ese campeonato y referente fue, y es, definitivamente, una alegría inmensa”, describe Lara.

El hecho de que el ascenso se le haya negado tantas veces al conjunto del Oeste y que el cordobés haya vivido en primera persona la frustración de la triste final con Defensa y Justicia en Varela del 2006 -cuando Morón perdió el ascenso en solo tres minutos- o el partido contra Deportivo Español que, ese mismo año, también dejó al Gallito afuera de la pelea, reforzaba la idea de que Akerman merecía dar la vuelta con el club de sus amores.

Mariano Sebastián Rey, periodista partidario del club del Oeste, expresa: “Con Damián pasaba algo similar a lo que ocurría con Messi y la Selección Argentina: sabíamos que había estado muy cerca en varias ocasiones y, claramente, se merecía lograr ese objetivo que se le venía negando”.

“En el plantel campeón de 2017, Damián tuvo un rol protagónico. Fue el goleador del equipo con 10 tantos en 23 partidos, así que, en ese sentido, creo que fue un acierto haberlo traído de nuevo al club. En el primer año y medio que estuvimos al frente del plantel él jugó mucho y, con el tiempo, cuando perdió un poco de terreno, siguió sumando desde afuera, aportando desde el lugar que pudiera”, resalta Walter Otta, director técnico de Morón en ese entonces. “Desde que llegó al club, Damián tenía un solo objetivo: ascender. Cuando nosotros lo llamamos para volver, él estaba en Tristán Suárez. Acordó ganar menos dinero para poder cumplir su sueño. Verlo disfrutar y haber sido testigo de la felicidad que sintió, hizo que valiera la pena todo el sacrificio que hizo por sumarse al plantel”, agrega Otta.

Además, el entrenador hace hincapié en otra característica fundamental del goleador: su humildad. Ese valor que lo llevó a ganarse el corazón de la gente y de sus compañeros, de todas las personas que lo acompañaron en ese camino que parecía no encontrar el rumbo, pero que llegó a buen puerto.

La buena onda, la simpatía y la solidaridad fueron factores claves que destacaron al “superhéroe” y que lo convirtieron en una pieza importante del equipo que se coronó campeón. “Yo sabía que era mi última oportunidad para hacer realidad mi sueño en Morón. Tenía claro que no me iban a quedar muchas chances, fundamentalmente por mi edad”, cuenta Akerman, quien en ese momento tenía 37 años y, como todo deportista, empezaba a contemplar “el peso de los años”.

Hay quienes dicen que “todo esfuerzo tiene su recompensa”, y vaya si Akerman tuvo que esforzarse para poder obtener el resultado que esperaba. Sin embargo, lo más lindo que tiene la historia de Akerman es que no solo luchó por sus sueños. Ese hombre que llegó con 22 años a Morón destinó 15 años de su vida a trabajar y pelear por el deseo de miles de personas. Porque la gente del Gallito, durante mucho tiempo, cargó con un dolor enorme, con la ansiedad y necesidad de ver a su equipo campeón.

Ese “superhéroe” no batalló solo por sus objetivos, sino que cargó sobre sus espaldas con la necesidad de mucha gente que gritó y festejó cada uno de sus goles, que celebró con él en cada victoria y lloró en cada derrota. Damián Akerman, ese hombre humilde y solidario, casi sin darse cuenta, tomó los sueños de miles de hinchas, los metió adentro de una pelota de cuero y jugó con ellos hasta que despertó al gigante dormido y unió a todo el Oeste en un solo grito: “¡Morón campeón!”

De la cancha a los escritorios: los jugadores que se convierten en dirigentes

Por Federico De Luca

Johan Cruyff sabía muy bien cuál era el destino del negocio del fútbol. Cuando se retiró como entrenador en 1996 ya tenía en la cabeza desde qué lado quería seguir involucrado en ese mundo que vivió toda su vida. En 1999 se fundó el Johan Cruyff Institute con el objetivo de involucrar y educar a los deportistas, atletas y profesionales en la gestión deportiva. Con esta introducción te recibe el sitio web del Johan Cruyff Institute: “La gestión deportiva es el campo de la educación relacionado con la industria del deporte. La industria deportiva ha tenido un impacto en la economía mundial cada vez mayor en los últimos 20 años, con inversión en infraestructura pública, movilización de recursos y creación de nuevas profesiones y puestos de trabajo. Hoy en día es uno de los sectores profesionales con más crecimiento económico, creando oportunidades para aquellos que aspiran a un futuro en el mundo del deporte”.

En mayo de 2020, la institución desembarcó en Argentina a través de un convenio con Racing. El acuerdo era un beneficio para los socios y trabajadores del equipo de la provincia de Buenos Aires en cuanto al acceso a los programas de formación académica en Gestión Deportiva, Marketing Deportivo y Patrocinio, Administración y Coaching.

A partir de la llegada de Diego Milito, ex futbolista e ídolo de La Academia, Racing comenzó a allanar un camino directo a la profesionalización de todas las áreas. Ese es el proyecto que defendió el ex secretario técnico hasta el último día que ejerció desde esa función. Pero para que ello se lleve a cabo se necesita el respaldo de toda la comisión directiva y que todos apunten hacia el mismo objetivo. La disconformidad de Milito nacía en que los dirigentes no lo dejaban actuar con libertad, tal como prometieron cuando asumió en el cargo. Tal fue el agotamiento que en noviembre de 2020 dejó la secretaría técnica de Racing y mediante un video en sus redes sociales se despidió de los hinchas y aclaró que su renuncia partió por diferencias con el presidente Víctor Blanco: lo que para el ídolo era una inversión en infraestructura, capacitación y desarrollo de áreas profesionales e institucionales, para el dirigente era un gasto. Lejos estuvo la dirigencia de respetar los ideales que conllevaba ese acuerdo con el Instituto Johan Cruyff.

Desde la ex secretaría técnica aclararon que no es lo mismo un dirigente deportivo que un dirigente político. El primero se capacita para gestionar deportivamente un club a través del orden, de la metodología y de optimizar recursos. Y en el fútbol argentino hay un rechazo a lo nuevo: a algunas personas no les conviene que esté todo tan planificado.

Gabriel Heinze anticipó algo de esto en 2016, en una entrevista para el diario La Nación, realizada por el periodista Cristian Grosso: “Con estos dirigentes el fútbol argentino no tiene escapatoria, todo evolucionó en el mundo, todo cambió… menos ellos”. Y agregó: “Tienen que entender que debe venir gente nueva, gente joven. Con otras ideas, que hayan vivido otras cosas”. En aquel entonces Heinze era el entrenador de Argentinos Juniors. Y fue muy preciso al explicar qué pasa con el futbolista que se involucra en la política de un club: “Chocan con gente que tiene todo armado y no quiere que venga alguien a sacarles el lugar. Se juntan, y comienzan a trabajar para que el nuevo no tenga poder de decisión. Entonces, ¿qué hace el futbolista? Se termina yendo. Y nadie puede convivir con esta gente”.

En el momento en que Milito decidió dar un paso al costado, desde la comisión directiva comenzaron una reestructuración y recurrieron nuevamente a un exfutbolista, pero esta vez para ocupar el cargo de mánager: Rubén Capria. Su primera elección fue la designación de Juan Antonio Pizzi a cargo del plantel, pedido que fue cumplido. Finalmente, el entrenador fue destituido de su cargo luego de una derrota, en el clásico de Avellaneda, contra Independiente. Llegar a la final de la Copa de la Liga, le permitió al director técnico permanecer en su cargo, pese a que después de la derrota 5 a 0 frente a River Plate en la Supercopa Argentina, su continuidad se mantuvo permanentemente en el ojo de la tormenta. No era la idea de un proyecto a largo plazo lo que lo retenía, sino el gasto elevado que implicaba destituirlo. El mánager de Racing lo bancó hasta último momento. De hecho, hasta se rectificó y afirmó que a Pizzi lo volvería a elegir cien veces más. Pero su convicción no fue suficiente para convencer a la cúpula dirigencial.

El director técnico juntó su pertenencias y se despidió con este mensaje: “No encontramos respaldo para continuar. Con el único que hablaba era con Capria. Nunca me había pasado no tener relación con los dirigentes, el fútbol argentino a veces se maneja de una forma que uno no está acostumbrado”.

Juan Simón, ex defensor de la Selección argentina y de Boca, entre otros clubes, se desempeñó como mánager del Xeneize durante el período 2014-2016. La restricción en la libertad de acción y sin injerencias en las determinaciones deportivas lo llevaron a tomar la decisión de alejarse.

Simón explica desde sus palabras el rol de mánager: “Es un nexo entre dirigentes, cuerpo técnico y plantel. Debe ser multifuncional, conocer de reglamento, de economía. Se utiliza para delegar funciones; el directivo se encarga de la parte ejecutiva y nuestra tarea se torna a lo deportivo”.

Franco Cristaldo, Andrés Cubas, Tomás Pochettino, Rodrigo Bentancur, Cristian Erbes, Sebastián Palacios, incluyendo a Carlos Tevez y Fernando Gago, que se formaron en las inferiores, reflejan el proyecto que ideaban Simón y el Vasco Arruabarrena para Boca: potenciar el material de las inferiores y pocas incorporaciones en los mercados de pases.

La visión de Simón es positiva en cuanto a que los jugadores profesionales se involucren en las cúpulas dirigenciales. Ahora remarca los casos de Enzo Francescoli en River, el de Milito primero y el actual de Capria en Racing, el Consejo de Fútbol en Boca y Agustín Alayes en Estudiantes de La Plata, entre otros. Además, enfatiza: “Es mucho más llevadera la relación entre un mánager y un director técnico porque hablan el mismo idioma”. Aunque en su caso, Simón no sólo limitó su conocimiento volcado al fútbol, primordialmente en el reglamento por ser agente FIFA. Trabajó a la par de abogados, gerentes y tesoreros, fortaleció la confianza de estos al estar interiorizado y desarrollado con los números, algo que considera un plus fundamental.

Hay quienes afirman que a través de la gestión deportiva se puede transformar la vida. Así lo expresó Juan Sebastián Verón, quien fue presidente de Estudiantes y es actual vicepresidente, en el Foro de Innovación Social Tecnología 2020. “Buscamos no solo transformar desde lo deportivo, sino también desde lo humano y por eso el fútbol tiene un complemento que es la parte educativa. En este sentido, Estudiantes avanzó muchísimo en la tecnología que se pone al servicio del futbolista desde lo formativo y eso convive con el deportista dentro de la institución”, dijo el ídolo del Pincha, que estableció relaciones con la organización Fútbol Con Corazón con el objetivo de complementar el deporte con la parte pedagógica. Desde el principio del mandato, en octubre de 2014, el proyecto de la comisión directiva comandada por Verón mostró un fuerte compromiso con la educación de sus juveniles para brindarles la chance de insertarse en el mercado laboral o continuar una carrera académica.

Juan Román Riquelme se involucró directamente en la política de Boca desde un cargo ejecutivo. La decisión de postularse como vicepresidente segundo en la lista encabezada por Jorge Ameal-Mario Pergolini fue directamente para competirle a Christian Gribaudo, candidato que quería continuar el legado macrista de Daniel Angelici. Apenas comenzaron a ejercer funciones, se le delegó las determinaciones futbolísticas al consejo de fútbol (integrado por Bermúdez-Delgado-Cascini). Con el pasar del tiempo, la fórmula se desgastó y los conflictos comenzaron a aparecer. Por diferencias con el consejo de fútbol, Pergolini decidió renunciar y su lugar como vicepresidente primero lo ocupó Román. A pesar de las tareas ejecutivas que implica este cargo, reiteradas veces Riquelme aseguró que su objetivo es lograr la séptima Copa Libertadores, una obsesión que apasiona a todos sus hinchas, y que tratará de formar el mejor plantel para alcanzar el objetivo. Para eso, se propuso llenar el club con gente que ya conoce la presión de uno de los equipos más grandes de Argentina. Al igual que Verón, al estar directamente involucrado en la política administrativa, Riquelme disfruta de esa libertad que en otros puestos no se les asegura a los ex futbolistas.

La tendencia de los ex jugadores profesionales sumergidos en la política de los clubes es cada vez más acrecentada y podemos imaginarnos los próximos que desembarcarán en ese universo: Milito nuevamente en Racing, Tevez en Boca, un deseo que parece tener desde su regreso al club en 2015, o Maxi Rodríguez en Newell’s. Es cuestión de tiempo que aparezcan nuevos y reclamen esa ansiada libertad para impulsar una evolución del fútbol argentino.

Cuando Maradona jugó al fútbol cinco en San Vicente

Por Nayla Suco

“Una tarde de camino a la cancha de Boca, mi nieto grita: ‘En ese auto va Diego’. Mi yerno Fito pisa el acelerador y logra ponerse a la par en un semáforo de Almirante Brown, la avenida que sale de La Bombonera. Le grité: ‘Diego, en el 91 comí con vos’. Me miró, se golpeó las manos y me dijo: ‘¡Viernes a la noche en San Vicente, viejo!’. Se acordó, aún habiendo pasado 28 años de aquel partido”, rememora el reconocido DT sanvicentino Rubén Arenas.

Eran las seis de la tarde cuando Rubén Barciocco, encargado por aquel entonces del buffet del Depo, barrió la vereda del club como casi todos los días. Sobre el boulevard estacionó un Fiat 1 color bordó que venía a alta velocidad, mucha más de la que ese modelo de auto originalmente gozaba. “¿A qué hora es el partido?”, le preguntó Maradona. Barciocco revoleó la escoba y comenzó a aplaudirlo. 30 segundos después balbuceó: “A las nueve”.

El mejor futbolista del mundo estaba a horas de debutar como jugador de fútbol cinco con el Club Social y Deportivo Parque. También suspendido, lo que explica su presencia en un barrio ubicado en el sur de la provincia de Buenos Aires. La triste noticia la había dado a conocer el Comité de Disciplina de la liga italiana el 6 de abril de 1991, 13 días antes de ese partido con San Vicente. La historia entre el genio de la Argentina y el césped se dejaba de escribir por 15 meses a causa de un doping luego del encuentro entre Napoli-Bari.

Quien pensara que Maradona era capaz de permanecer tanto tiempo lejos de la pelota no estaba dotado de razón. “El lunes era el día en que nosotros practicábamos en Club Parque. Diego, que ya estaba de regreso en la Argentina, se dio una vuelta y nos dijo que quería jugar. Le contestamos que jugábamos el viernes en Sanvi, y él afirmó que el viernes estaría ahí. Nadie le creyó”, relata entre risas Norberto El Chino Batista, integrante del plantel del Club Parque y amigo de Maradona.

¿Cómo era posible que Diego Armando jugara un partido de fútbol cinco? Lo cierto es que su nombre estaba en la lista de buena fe del Club Parque gracias a Sergio el Checho Batista, quien todos los años lo ponía con bajas expectativas de que un día finalmente se diera. Por otro lado, la liga que se llamaba Fútbol de Salón estaba regida en ese momento por la Asociación Metropolitana de Fútbol de Salón y no por la FIFA, que le había prohibido actuar al Diez en toda actividad nacional e internacional que estuviera afiliada a ella, como la AFA.

La esperanza de los sanvicentinos que se estarían enfrentando al Club Parque era mucho más que baja. “Cuando fui a buscar la planilla a la asociación que quedaba en Congreso, uno de los que me atendió me dijo: ‘Estén preparados porque para el partido del viernes está fichado Maradona’. Ni lo imaginamos, de hecho ni abrimos la boca para no generar falsas expectativas en el pueblo”, narra Marcelo Razeto jugador del plantel del Club Deportivo San Vicente.

Aquel pueblo finalmente fue testigo de esas cosas que ocurren una sola vez. Maradona regresó a las 8 de la noche al club. Los dedos de una mano alcanzaron para contar las personas presentes antes de su llegada, pero ni bien puso un pie en la institución, hubo pruebas de velocidad entre los pueblerinos y no quedó lugar para siquiera un suspiro. “Los vidrios del buffet temblaban, la gente estaba prácticamente dentro de la cancha, tuvimos que cerrar las puertas”, cuenta maravillado Arenas.

Diego comenzó el precalentamiento, pelota va, pelota viene. El tipo con las zapatillas Pumas sin atar y la camiseta de la Sampdoria (el rival en el último partido que jugó con el Napoli) era el protagonista de aquella felicidad colectiva. Los fans morían por abrazar y besar a su ídolo, querían comprobar que era real. Pero lo respetaron, nadie se le abalanzó. Quizás ese comportamiento infrecuente hizo que Diego, solito, sin que nadie se lo pidiera, se lanzara a la tribuna para sacarse fotos, ni una ni dos ni tres: cientas.

Los fotógrafos de prensa, en cambio, tenían acalambrado el dedo de tanto apretar el botón de la cámara. Lógico, estaban haciendo su trabajo. Pero a Diego le importó poco y nada. “‘Bueno, basta, se acabó, córtenla o les pego un pelotazo’, gritó Maradona y amagó a darnos un bombazo. Estaba muy malhumorado con la prensa”, recuerda Daniel Caldirola, fotógrafo en aquel entonces del diario La Nación.

El fastidio retornó durante los minutos iniciales del primer tiempo. 2 a 0 iban ganando los locales. “En la gesta del segundo gol la pelota había quedado sobre la línea pero no se había ido y el Deportivo San Vicente finalmente convirtió. Vino Diego con las manos atrás y me dijo: ‘¿No ves, no ves que la pelota se fue afuera?’. Sacadísimo, a los gritos. Y yo le respondí: ‘Cállate la boca o te saco’. Me miró y largó una carcajada terrible”, revive Arenas, quien además de encargarse del buffet fue árbitro asistente de manera imprevista y necesaria en ese contexto de caos.

Maradona le gesticulaba al árbitro con una estudiada teatralidad. Ricky,  como apodó Diego a Arenas porque le veía un parecido a Ricky Maravilla, invalidó la mayoría de sus reclamos. “No sabía las reglas. No sabía que el gol era fuera del área, tampoco que los laterales y córners eran solamente con la mano”, relata Gustavo Cerdán, director técnico de aquel plantel del Club Deportivo y Social Parque.

Le costó diez minutos aclimatarse. El cinco inicial integrado por Landeira, Lara, Batista, Lamas y Maradona se fue al descanso 3 a 2, con dos goles de Diego.

El pívot de San Vicente, Néstor Ponciolo, contó que su padre al final del primer tiempo entró al vestuario y le dijo: “¡Néstor, a Maradona le tenés que marcar la zurda!”. Tan obvia como ridícula e imposible fue su petición que todos se quedaron callados por un instante, y se echaron a reír segundos después.

“Los cuatro goles que nos hizo en el segundo tiempo, de todos los colores y ángulos, no me asombraron, para nada. Lo que sí me llamó la atención fue verlo tan feliz por lo que estaba haciendo, ver tanto disfrute en su cara. Porque uno siempre vio un tipo enojado, rebelde, viste… Esa noche fue uno más de nosotros”, recalca Ponciolo.

El partido terminó 9 a 4 a favor de Parque, que con la victoria se posicionó en la cima del torneo con cuatro puntos. Maradona entró intempestivamente al vestuario de los pibes del Depo y los invitó a sacarse una foto.

“Se puso coqueto para la cena. Su asistente le pasó el desodorante, las cadenitas de oro y la ropa. Tenía un peinado bien italiano, el pelo brilloso, un brillo distinto, que te llamaba la atención”, recuerda Razeto. Se sentó en la parte de adentro de la U que formaron los anfitriones con las mesas. Como en casa, o ni siquiera, Diego sirvió y no dejó que le sirvieran. Ofreció vino de una damajuana a cada uno de los que estaban ahí.

“Qué grandísimo este asado”, le dijo Diego a Rubén Barciocco. Vaya a saber si lo elogió porque de verdad estaba espectacular, o porque hacía ya dos horas que había comido una empanada y tomado un vaso de vino que le regalaron en un bar ubicado en el cruce de la Avenida Juan Domingo Perón y la Ruta 210  de Alejandro Korn, cuando iba de camino al club.

Podría haber sido un soberbio, pero la realidad es que el tipo estuvo de entrecasa. “Mientras comía las costillitas con la mano le dijo a un compañero: ‘Che Zurdo, ponete hielo ahí. Aflojá en la semana, no juegues, descansá”, recuerda Razeto. “Se dirigió a cada uno por su apodo, ¿entendes eso?”. Como si se tratara de los amigos de toda la vida. Eso ya era bastante, o mejor dicho, demasiado. No era normal que la estrella mundial le prestara atención a los sobrenombres de unos pibes que acababa de conocer.

Se hicieron las dos de la mañana y Diego decidió regresar. Con él se llevó una damajuana del vino berreta que esa noche lo conquistó: Viñas riojanas. Hacía 26 días estaba jugando en la liga de Italia, la más importante del mundo en aquel entonces. Podría haber elegido irse de vacaciones con su familia a cualquier lugar del mundo, pero el genio pasó sus horas en San Vicente. El principal animador de la rueda de la fortuna del fútbol esa noche lució como un hombre inocente, despojado de toda fama y fortuna.

Y quizá fue eso, un rato a la sombra de la gloria, un pueblo que lo desarraigó del mundo exitista en que vivía. Esa noche Diego no jugó al fútbol, jugó a la pelota, interrumpió y no escuchó a la tristeza, y fue tanta la alegría que sintió, que sentenció: “No voy a volver a jugar al fútbol profesionalmente, solo al fútbol cinco con ellos, mis amigos”.

Brasil: amo y señor de las competencias continentales de clubes

Por Pedro Pérez Naveira

El fútbol sudamericano está cada día más lejos del juego y las cifras que se manejan en el viejo continente. La nueva víctima es Argentina, ya que con la estrepitosa caída de River Plate por 3-0 contra Atlético Mineiro no queda ningún equipo del país en las semifinales de la Copa Libertadores tras 11 años, y tampoco quedan representantes en la Sudamericana luego de la eliminación de Rosario Central frente a Bragantino. Brasil consigue tener 3 semifinalistas en la máxima competición continental y también tres de cuatro en la Sudamericana pero, ¿cómo se explica la diferencia que sacan los clubes verdeamarelos?

Argentina, de mal en peor 

Primero hay que mirar para adentro. La pandemia golpeó muy duro al país, los problemas de años anteriores se incrementaron con la llegada del coronavirus y los clubes lo sintieron. River y Boca no son capaces de retener a sus jugadores más importantes, los dos equipos sufrieron grandes sangrías el último año y dejaron ir a muchos jugadores para intentar acomodar los balances contables. Tanto los “Millonarios” como los “Xeneizes” vieron a sus plantillas perder cantidad y calidad, mientras que los conjuntos de Brasil llevan a futbolistas como Diego Costa (Atlético Madrid), Douglas Costa (Juventus), Kennedy (Chelsea) o Andreas Pereira (Manchester United). 

Si se tiene en cuenta una economía debilitada a nivel nacional, a la que se le suma una pandemia que le impide a los equipos conseguir beneficios a través de la venta de entradas y se le agrega la pésima gestión que viene realizando la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) a nivel organización y atractivo para negociar mejor los derechos televisivos, se obtiene como resultado un desastre que recién ahora se hace visible. Hace 8 años que no se repite un formato de torneo en el fútbol local, por lo que es imposible llamar la atención de sponsors u ofrecer un producto de calidad.

  • 2013/2014: Se acabaron los torneos cortos de 20 equipos conocidos como INICIAL y FINAL.
  • 2014: Se disputó el Torneo de Transición que dio paso al campeonato de 30 equipos.
  • 2015: Se llevó a cabo el campeonato anual con 30 equipos.
  • 2016: Hubo otra competencia de transición: un torneo de 30 clubes que se dividieron en dos zonas y los ganadores de estas se enfrentaron en una final.
  • 2016/2017: Se jugó un torneo largo de 30 equipos con un nuevo sistema de ascensos y descensos que buscaba disminuir la cantidad de conjuntos en la primera división.
  • 2017/2018: Llegó la Superliga y se llevó a cabo otro torneo largo, pero con 28 equipos.
  • 2018/2019: La cantidad de organizaciones en la Primera División fue de 26.
  • 2019/2020: El torneo lo disputaron 24 equipos.
  • 2020/2021: Desembarcó en la AFA la Liga Profesional. Con el golpe que supuso el coronavirus, se volvió a 26 conjuntos y no hubo liga. Se jugó la Copa Maradona y luego la Copa de la Liga Profesional, ambas con formatos distintos
  • 2021/2022: Se está disputando un torneo largo con 26 clubes y es considerado como liga. De nuevo se cambiaron las cosas.

Primero estuvo el fracaso del torneo de 30 equipos, un sueño de Humberto Grondona que se materializó y, al fallecer, los dirigentes que votaron el proyecto sin dudarlo, se dieron cuenta de que era una idea que solo iba a generar problemas. Luego llegó la Superliga, con la aspiración de imitar a la Liga de España. Se dio una lucha feroz con AFA porque los clubes debían dejar la entidad y era la Superliga quien organizaba en solitario el torneo de fútbol más importante del país. Luego de este matrimonio fallido llegó la Liga Profesional que, con el golpe de la pandemia, se limitó a organizar dos copas nacionales y recién ahora habrá una nueva liga.

Mientras tanto, en Brasil se mantiene la denominación de “Serie A” desde 1971 y desde 2006 que se juega con 20 clubes y se mantiene el formato. Explicar este campeonato es muy fácil: hay 20 equipos que juegan partidos de ida y vuelta y, por ende, cada uno disputa 38 cotejos, del primero al sexto van a la Libertadores, del séptimo al duodécimo acceden a la Sudamericana y del decimosexto al vigésimo descienden. Esto lo hace muy atractivo para la televisión y para los sponsors, ya que todos los clubes pelean por algo; solo los que terminan del puesto 13° al 16° no disputan copas internacionales ni descienden. Parece muy fácil, pero si se mira por estos lares no es tan sencillo. Esta inestabilidad incide de forma fulminante a la hora de negociar contratos con sponsors y la venta de los derechos televisivos.

Ingresos por los derechos televisivos y en las copas nacionales

Lo conseguido en el último tiempo por clubes como River, Boca y Defensa y Justicia es algo para valorar: llegaron a finales de torneos continentales y jugaron de igual a igual contra equipos con presupuestos astronómicos. 

El caso más importantes y singular a la hora de hablar de ingresos en competiciones es la Copa Do Brasil. El último campeón fue Palmeiras, que embolsó 17 millones de dólares, una cifra impresionante, ya que el “Verdao” cosechó otros 20 millones al levantar la Copa Libertadores. Esto marca que, a nivel finanzas y premios monetarios, la copa nacional en Brasil tiene el mismo valor que el torneo continental. A su vez, la última edición de la Copa Argentina, que vio salir campeón al equipo de Marcelo Gallardo, solo pudo inyectar en sus arcas 14 millones de pesos argentinos, lo que serían -a cambio oficial- unos 140 mil dólares. Esto, entonces, sigue dando cuenta de la importancia del contexto en el que habita el fútbol local. Si los premios se dan en moneda nacional, entonces es necesaria una moneda más fuerte para que los clubes puedan luego competir con sus pares en el continente.

Otro gran tema es la explotación de los derechos de televisación. En Argentina volvió la privatización del fútbol, primero con la compra de FOX y Turner y ahora con el control absoluto de Disney en las pantallas deportivas. Tan solo en concepto de derechos de televisación, en 2019 la TV brasileña repartió 253 millones de dólares -al cambio de ese año- para los 20 clubes del Brasileirao, según Globo Esporte. Los 26 clubes argentinos, en tanto, recibieron 91 millones de la moneda norteamericana en un torneo que cambia año a año de formato y no genera un gran atractivo hasta las instancias finales. 

Hasta este punto ya hay alrededor de 17 millones de dólares de diferencia entre el campeón de la copa nacional de Brasil y el argentino. A eso se le suman 253 millones de doláres divididos entre 20 equipos por la televisión contra los 91 millones que reciben los 26 clubes argentinos de primera división, o sea una diferencia de 160 millones de dólares también en esta rama. A esto se le agrega un ítem central: la manera en la que los equipos se paran a la hora de negociar la venta de sus jugadores a Europa.

Poder de venta a Europa y la participación del Estado

Tal vez el punto más alto de River y Boca fue la final de Madrid, no solo por el resultado deportivo, sino también por los planteles que tenían y por la capacidad de venta que poseían los clubes en ese momento. “La banda” vendió a Lucas Alario al Bayer Leverkusen por 24 millones de dólares, lo que supuso la segunda venta más cara del fútbol argentino en el último tiempo, solo superada por los 25 millones que depositó el Inter de Italia por la ficha de Lautaro Martínez. Sebastián Driussi, Exequiel Palacios, Nahitan Nández, Wilmar Barrios y Leonardo Balerdi son otras ventas que pasaron por poco el monto de los 15 millones en moneda estadounidense.

La mejor venta del fútbol argentino en los últimos años fue la de los 25 millones de Lautaro, número que iguala al 10° fichaje más alto de Brasil en este tiempo. Sin contar la estrafalaria venta de Neymar al Barcelona por casi 90 millones, hubo otros montos impensados en el país. En la temporada 2018/2019, Vinicius Jr. y Lucas Paquetá dejaron Flamengo por 45M y 38M, respectivamente, en tanto que el primero se marchó a Real Madrid, mientras que el segundo a Milán. Arthur dejó al Gremio que superó a Lanús en la final de la Libertadores 2017 y se fue al Barcelona por más de 30 millones de dólares. Reinier siguió los pasos de Vinicius y dejó el “Fla” para ser jugador de la “Casablanca”, en una operación de 30 millones. Por último, Gabriel Barbosa dejó Santos para llegar al Internazionale por una cifra similar.

Entonces existe otro punto clave para explicar las diferencias actuales: mientras Argentina tiene solo dos ventas superiores a los 20 millones, Brasil tiene muchísimas entre los 20 y los 40 millones. Esto tiene que ver con la fragilidad de los clubes argentinos, que se ven obligados a exportar de urgencia para ordenar sus finanzas, mientras que en Brasil muchos jugadores son vendidos por las cláusulas de recisión y por números que les permiten a los equipos revitalizarse y seguir siendo competitivos.

En su momento, Mauricio Macri, siendo presidente de Argentina y expresidente de Boca Juniors, puso en discusión la idea de clubes- empresas, con el apoyo del mandamás del club “Xeneize”, Daniel Angelici, con la idea de llevar a los equipos a una privatización. Esta idea la retomó Jair Bolsonaro en el último tiempo y propuso que los conjuntos sean financiados, en gran parte, por capitales empresariales. Esta iniciativa surgió a partir de las grandes deudas que tienen los equipos en Brasil y que, a raíz de la pandemia, buscan soluciones inmediatas para no llegar al nivel económico de la liga argentina.

Uno de los primeros clubes que puede ser el modelo de esta nueva idea es Cruzeiro, que actualmente milita en la segunda división de Brasil, con una deuda de alrededor de 20 millones de dólares. La institución fue sancionada con la pérdida de 6 puntos por el atraso en pagos por transferencias de jugadores y actualmente se encuentra a dos puntos de descender a la Serie C, la tercera división de ese país.

Esto reivindica lo conseguido en el último tiempo por River y Boca, que llegaron a semifinales de Libertadores, y por equipos como Lanús y Defensa y Justicia, que tuvieron grandes actuaciones continentales luchando de igual a igual contra el poder económico de la liga brasilera.

La vida del Bebu Verón, aspirante a rey del boxeo argentino

Por Ramiro Marun

Uno de los atletas olímpicos más destacados de Tokio 2020 fue el boxeador argentino Francisco Verón (22), nacido en José León Suarez, pero con orígenes correntinos por parte de su padre. Y con esa pasión por el boxeo como lo tienen sus antepasados, como su bisabuelo, su abuelo y su papá que también fueron pugilistas en su tiempo. 

Bebu, como es apodado por todos, es estudiante de educación física en la Universidad Nacional de Hurlingham, y en esta edición de los Juegos Olímpicos compitió en la categoría mediano (75 kg). El púgil argentino logró llegar a octavos de final de la competencia, en donde quedó eliminado en manos del dominicano Eudi Cedeño Martínez, por decisión dividida (3-2 en las tarjetas).

Su día a día fuera del ring es realmente extraordinario, Bebu trabaja de remisero y almacenero para poder solventar los gastos de su vida cotidiana y los entrenamientos para su carrera boxística. Como muchos otros atletas, Verón sufrió las restricciones de la pandemia y se vio forzado a entrenar en las plazas de su barrio para llegar con todo a Tokio. 

Su padrino boxístico es nada más ni nada menos que Marcos Chino Maidana. El ex campeón del mundo también lo tiene formando parte de su compañía, CMP (Chino Maidana Promotions). Con solo 22 años, Bebu Verón ya cuenta con más de 140 peleas y una medalla de oro del torneo internacional que se realizó en Estambul (Turquía). 

Sin duda alguna, Verón es uno de los boxeadores con más futuro en la Argentina, junto con Mirco Cuello, Ramón Quiroga y Brian Aguirre, que también formaron parte de la delegación olímpica. Ya finalizada esta edición de los JJ.OO, estos muchachos seguirán entrenando día tras día para lograr ese título mundial tan deseado y porque no, la medalla dorada en París 2024, que se le viene negando a la Argentina desde Atlanta 1996 en donde Pablo Chacón logró colgarse la de bronce.  

Simone Biles lucha contra sus demonios interiores

Por Pedro Pérez Naveira

La gimnasta Simone Biles sorprendió al mundo cuando decidió no participar en las definiciones de salto y barras asimétricas de los recientes Juegos Olímpicos de Tokio y  después también se conoció que no iba a estar en la de suelo. Lo que muchos entienden como una renuncia o una decisión raíz de la presión, tiene unos orígenes más oscuros de lo que se muestra en la superficie.

“No pude contener la lucha contra todos esos demonios. Es una mierda que haya sucedido en los Juegos Olímpicos” declaró Biles cuando se retiró de la competencia por equipos. Luego con videos a través de historias de Instagram mostró que su cuerpo y su mente no estaban “sincronizados”. Mucho revuelo causó la decisión de la norteamericana, incluso una declaración de Novak Djokovic, tenista N°1 del mundo, sobre el privilegio de la presión. Pero, ¿Es realmente un tema de “presión deportiva”?.

Simone Biles es una de las 300 sobrevivientes que padecieron el abuso sexual de Larry Nassar, ex médico del equipo de gimnasia olímpico de los Estados Unidos. Aunque no fue parte del proceso que culminó con la condena de prisión perpetua para Nassar entre 2017 y 2018, Biles se animó a contar su propia experiencia un tiempo después y las secuelas del ataque. “Estaba tan deprimida. Dormía todo el tiempo, porque dormir era básicamente mejor que enfrentar el tema. Era como mi forma de escapar de la realidad. Y dormir era lo más parecido a la muerte para mí en ese momento, así que dormía todo el tiempo”, esto contó la gimnasta en el último episodio de la serie documental Simone vs Herself.

Desde 1996 hasta 2014 Nassar fue el coordinador médico nacional de gimnasia de Estados Unidos. Junto al matrimonio de Martha y Bela Karolyi, llevaron al límite físico, mental y sexual a niñas menores de 15 años con la excusa de que ese era el método para ser atletas olímpicas. Martha y Bela son famosos por haber entrenado en Rumania a Nadia Comaneci que en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 se convirtió en la primera gimnasta de la historia en lograr un 10 como puntuación. Martha y Bela torturaban a las niñas, las obligaban a entrenar día y noche con lesiones, les decían “vacas gordas”, “cerdas” e incluso las golpeaban para, según ellos, sacar lo mejor de cada gimnasta.

Simone Biles es la gimnasta más laureada de la historia, pero detrás de sus logros hay una niña de 24 años que no pudo vivir su adolescencia y que sufrió abusos sistemáticos por parte de sus entrenadores y su médico. La psicóloga Mónica Alvez habla de la actual situación de Biles: “No creo que sea un tema de presión deportiva, en las situaciones de abuso infantil no suelen verse las consecuencias en el corto plazo, los problemas reales llegan cuando la víctima crece y entiende lo que le sucedió, en ese momento reviven el padecimiento que estaba en el inconsciente y sale al mundo de lo consciente. En una competencia tan desgastante desde lo físico y lo mental, si alguien no está 100% preparado para este escenario puede pasar que termine colapsando”.

La gimnasta nacida en Ohio también declaró: “Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos. Ya no confío tanto en mí misma. Tal vez sea por hacerme mayor. Hubo un par de días en los que todo el mundo te tuiteaba y sentías el peso del mundo. No somos sólo atletas. Somos personas al fin y al cabo y a veces hay que dar un paso atrás”.

Cuando Biles se enteró el año pasado que los Juegos se posponían por la pandemia “se acurrucó en un rincón del vestuario y lloró”. Más allá de entender que era lo mejor por una cuestión sanitaria, la suspensión del torneo la obligó a seguir vinculada con una Federación y un Comité Olímpico que la habían desprotegido cuando era una niña, a ella y a cientos más.

Simone Biles con una valentía infinita, dijo presente en la última jornada de la gimnasia, participando en la competencia de viga y luego de una puntuación de 14.000, consiguió un gran 3er puesto, lo que le dio la medalla de bronce. Hablando de su ausencia en las otras competencias la mega estrella manifestó: “Físicamente no podía girar en el aire. Seguía chocando y no estaba autorizada para a hacer esas cosas de una manera segura. Mi mente no estaba ahí. Pero para hacer viga, podía hacerlo de manera segura. Fui, entrené y pedí cambiar mi bajada, de lo contrario tampoco iba a poder hacerla”.

 

Messi, el hombre, el astro y la leyenda de Barcelona

Por Tomás Randazzo, Pedro Pérez Naveira y Gianluca Melogno

El jueves 5 de agosto, el mundo se vio sorprendido ante la noticia de que Lionel Messi dejó de ser jugador del Barcelona. Tras 20 años siendo parte de la institución, el astro argentino marcó un antes y un después en la historia del cuadro blaugrana. Entre varios récords y reconocimientos, quedará en la historia por haber sido el futbolista que más veces vistió la camiseta del equipo español con 778 partidos y por anotar 671 goles.

Este domingo, el astro se despidió del club y de la ciudad condal, en una conferencia de prensa muy emotiva en la que el “Diez”, no pudo contener el llanto en el momento que llegó al estrado. Messi dejó en claro que no quería irse y que todo es una paradoja muy grande. El crack dijo: “El año pasado tenía claro que me quería ir y tuve que quedarme, lo contrario a este año que hice todo lo posible para seguir y no pudo ser”.

Messi como símbolo de la Ciudad de Barcelona

A Messi le sobran una y mil razones para quedarse en la Ciudad de Barcelona pero al club también para luchar, contra viento y marea, para que se quede. Es una lucha, eso sí, que va más allá de la intención de ambas partes.

Messi llegó al club desde Argentina cuando era muy pequeño y pasó por todas las categorías del club hasta llegar donde está ahora mismo. Ha ido creciendo como ser humano en el Barça y superando diferentes etapas como futbolista. Llegó a España como un niño que sólo quería jugar al fútbol y hoy se marcha, 20 años después, como el mejor jugador de todos los tiempos. Por eso el intento de partida de “La pulga”, luego del burofax, se volvió un tema de estado sobre el que incluso se pronunció la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que consideró que Messi no debía irse del club azulgrana al ser un “icono de la ciudad”.

No es un secreto que son pocos los jugadores los que juegan toda su vida en un mismo club y consiguen absolutamente todo. Además de todo lo que significa para el Barcelona, Leo también se ha convertido en un ‘símbolo’ para la Ciudad Condal y toda España. A pesar de las rivalidades, de que sea el ‘enemigo’ de varios equipos por sus sorprendentes cifras goleadoras con el pasar de los años, no hay un rincón del país que no le vea como un ejemplo a seguir. La admiración y respeto que sienten por él dentro del territorio español, no la conseguirá en otro lugar.

Messi y las cuestiones sociales

Con la humildad que siempre lo caracterizó, el astro argentino no se quedó afuera de la discusión social y señala que: “La desigualdad es uno de los grandes problemas de la sociedad y hay que luchar para corregirla cuanto antes”. Una de las armas fundamentales para combatir esto según Messi es la educación y la ve como la base de todo para que los jóvenes puedan desarrollarse y mejorar sus vidas.

En una entrevista que dio a “La garganta poderosa”, Messi habló de estos problemas y remarcó la importancia de luchar por cambiar la realidad. A su vez se siente un privilegiado, más allá de lo material, lo que más agradece es poder hacer lo que más le gusta y disfrutar con las personas que ama.

“Lio” es la imagen perfecta de un profesional, fuera de los grandes focos de la farándula y siempre alejado de cualquier escándalo. Esta forma de ser, desde su educación hasta su formación en las filiales del “Barca”, lo hacen la figura que es, a la medida del Barcelona. Sin dudas esta época dorada del club no es casualidad, no hay solo un proyecto deportivo sino que también se toman en cuenta otras cuestiones. Jugadores y sobre todo personas como Messi, Puyol, Iniesta o Busquets representan perfectamente lo que busca el club, no sólo el valor como jugador, sino lo más importante el valor humano.

Filosofía culé y lo que significa Messi

Gran parte de la filosofía barcelonista se basa en las ideas del ídolo Johan Cruyff, el neerlandés fue uno de los mejores jugadores de la historia y como DT del conjunto español fue el artífice de la primera conquista en Champions League.

Desde infantiles, a los canteranos del Barcelona les enseñan conceptos fundamentales para desarrollarse a futuro en el primer equipo del club, pero sobre todo para ser un jugador a tiempo completo dentro y fuera de la cancha. Más allá de las cualidades básicas y de entender el juego de toque que pregonan los “culés”, la enseñanza más importante que se les da a los niños es: “No importa si se gana o no, lo importante es la forma”, así describe Xavi Hernández el pensamiento en Barcelona y que lo esencial no pasa por un resultado deportivo, sino en una visión integradora a largo plazo.

Estas ideas siempre fueron el escudo y la espalda de Messi, un chico que siempre se mostró tímido, tranquilo, humilde, sin necesidad de hacer ruido a través de micrófonos, el argentino siempre habló con una pelota en sus pies. “La Pulga” fue moldeada a lo que buscaba el conjunto azulgrana como insignia, lograron crear un ícono a imagen y semejanza de la visión de Cruyff que luego fue refinado por Frank Rijkaard y vio liberado todo su potencial con Pep Guardiola sentado en banco “culé”.

El mensaje siempre fue el mismo, Messi nunca buscó el premio del mejor jugador de la historia, ni ganar media docena de Balones de Oro, lo que siempre predominó en la idea del astro fue la victoria en conjunto, los títulos a nivel club. El más claro ejemplo está en la final del mundial de 2014 en Brasil, Argentina perdió la final pero “Lio” recibió el premio al mejor jugador del torneo, con una cara de visible fastidio. Sin dudas hubiera cambiado ese premio y sus balones de oro por haber levantado la copa ese día frente a Alemania.

Es algo que dijo mil veces y que lo mantiene coherente desde el ejemplo, siempre peleó por el club y por sus compañeros, no por él mismo ni por distinciones individuales. Neymar recuerda una situación puntual: “Messi estaba en plena lucha por obtener el Pichichi, quedaban pocas fechas y nos cobran un penal, entonces él me da la pelota para que yo lo patee porque venía en una mala racha. Eso habla muchísimo de él como persona y compañero”.

Lucha de Barcelona y Real Madrid en contra de Tebas

Tras el escándalo de hace unos meses con la Superliga Europea, recientemente Javier Tebas, presidente de la Liga Nacional de Fútbol Profesional desde 2013, anunció un acuerdo con CVC, un fondo de inversión de origen británico que aportará 2.700 millones de euros. El dinero se concentrará un 90% en los clubes, incluyendo al fútbol femenino, fútbol semiprofesional y fútbol no profesional.

La contrapartida del acuerdo es que a modo de ganancia, el CVC se quedará con los derechos televisivos de los clubes por los próximos 10 años. Tanto Barcelona como el Real Madrid se han opuesto a esto y sacaron comunicados al respecto. El cuadro merengue hace hincapié principalmente en que “el acuerdo se hizo sin su conocimiento”.

El pasado viernes 6 de agosto, Joan Laporta, presidente del Barcelona, realizó una conferencia de prensa para dar explicaciones acerca de la salida de Messi, y además, culpó a LaLiga por la ida del astro argentino debido a las limitaciones financieras.

El importe que ha cerrado la operación CVC es muy inferior a lo que nosotros creemos que se debería valorar el 10% de LaLiga. Nos podríamos oponer, pero lo que no haríamos es recibir o aceptar un dinero que nos pudieran hipotecar”, expresó Laporta en la rueda de prensa, haciendo alusión al acuerdo de LaLiga con el CVC y volviendo a mostrar su disconformidad con el reciente acuerdo.

En medio de la conferencia, Tebas le respondió al mandamás del cuadro culé.

Curiosamente, Laporta leyó los tweets en el momento y le respondió en vivo a Tebas:

“Hola, Javier. No lo interpretamos así. Aquí se trata de hipotecar los derechos audiovisuales del Barça por medio siglo. Esta operación conlleva cierto riesgo que no quiero asumir como presidente del Barça. El 10% de LaLiga tiene un valor mucho mayor”.

Un nuevo capítulo en la polémica generalizada entre el Barcelona y LaLiga y que claramente no será el último. Los dos grandes de España están más de acuerdo que nunca y no se disponen a ceder el 10% de sus derechos televisivos. En los restantes 18 equipos de la primera división al parecer existe una unanimidad, ya que no ha habido declaraciones públicas manifestándose en contra del acuerdo con el CVC.

Messi, según ex compañeros y rivales

El mundo futbolístico se vio conmocionado por la noticia de su partida del Barcelona y los mensajes en las redes sociales no tardaron en llegar. Compañeros, ex compañeros, celebridades del mundo del deporte y hasta rivales le dedicaron posteos a Lionel Messi.

Cesc Fàbregas, actual jugador del Mónaco, ex barca y amigo íntimo de Messi dedicó un mensaje muy emotivo donde recalcó ese día en el que se conocieron en las inferiores del club y sobre todo la oportunidad que tuvo de jugar con Leo. Con palabras tristes, así despidió el español al argentino: “Gracias por todo lo que has dado y todo lo que eres, porque detrás de ese animal competitivo, hay una persona espectacular, humilde, familiar y generosa”. Para terminar, el español recalcó “Te vas como el mejor jugador de todos los tiempos. Ya nunca será lo mismo ver al Barca sin ti”.

Ansu Fati, la nueva gran promesa “culé”, también le dedicó unas palabras al crack argentino: “Todos los chicos que llegamos a La Masía soñamos con poder jugar junto a ti, me siento afortunado por haberlo cumplido”. Fati arribó a España con seis años procedente de Guinea Bissau y desde 2012 juega en la cantera azulgrana. Llegó al primer equipo hace dos temporadas y fue acogido por el astro argentino, generando una situación similar a cuando él debutó y estuvo bajo el cuidado de Ronaldinho, el 10 del equipo en ese momento. Habrá que ver si se repite el ciclo en esta oportunidad, un crack que deja la institución y un prometedor prospecto se erige como la nueva cara del equipo.

Messi, el niño argentino que se volvió una leyenda

Es el jugador que más partidos disputó con la camiseta blaugrana. El 15 de marzo de este año igualó la máxima cantidad de juegos que Xavi en la institución, con 767 encuentros. Después, quedó en soledad: llegó a 778 (520 en LaLiga, 149 en Champions League, 80 en Copa del Rey, 20 Supercopa de España, 5 Mundial de Clubes y 4 Supercopa de Europa).

Obviamente, es también el máximo goleador histórico del club y, de yapa, del fútbol español (474). Con el Barca metió un total de 672 tantos, que hicieron delirar a más de uno. Lionel Messi deja Barcelona con 35 títulos, 10 de LaLiga, 7 Copa del Rey, 4 Champions, 3 Mundiales de Clubes, 3 Supercopas UEFA y 8 Supercopas de España. También es el máximo artillero de “El Clásico”, siendo el Real Madrid, una de sus víctimas favoritas a la hora de marcar goles.

El argentino llegó a la ciudad española con sólo 13 años, ahora se despide con mil títulos tanto grupales como individuales, pero lo más importante es que se marcha con Antonella, su gran amor y sus 3 hijos, como los definió Messi: “3 catalanes argentinos”.

Nunca bajar los brazos para alzar el Bronce

Por Julieta Della Sala y Matías Zuñez

“La zona de la Argentina es muy, muy difícil”, había advertido el ex entrenador de la selección argentina de vóley, Julio Velasco, previo al inicio de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Rusia, Brasil, Francia, Túnez y Estados Unidos eran las naciones que integraron el Grupo B junto al combinado Albiceleste y comenzaron con las mismas ilusiones por las medallas olímpicas, de las cuales la única que partió como inferior era la africana.

El técnico marplatense fue quien arrancó este proceso desde su arribo a la selección argentina en 2014, y el que viajó a Río 2016 junto a figuras de este combinado como Luciano De Cecco –el capitán-, Bruno Lima, Ezequiel Palacios, Facundo Conte, Cristian Poglajen, Sebastián Solé y Martín Ramos.

Marcelo Méndez tomó el mando de la Selección Argentina en 2018 para continuar el proyecto que inició Velasco con una buena trayectoria encima tras exitosos pasos por River Plate en Argentina, el Son Amar Palma de España, la selección española, el Monte Claros y el Sada Cruzeiro, los dos últimos de Brasil.

Los logros no tardaron en llegar para el técnico más vencedor de la historia de la Superliga Brasileña masculina y los objetivos importantes se cumplieron: el séptimo puesto en la VNL 2019, medalla de Oro en los Juegos Panamericanos Lima 2019, segundo lugar en el Sudamericano 2019 en Chile y la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

El camino empezó con las derrotas por 1-3 ante el Comité Olímpico Ruso y por 2-3 ante los brasileños –este último habiéndolo iniciado ganando por 2-0-, dos golpes que complicaban el acceso a la siguiente ronda ya que únicamente pasaban cuatro de los seis del grupo. La dificultad de la zona argentina tuvo mayor notoriedad a la hora de las semifinales, que contaron con cuatro de sus representantes.

En el tercer partido, ante la complicada Francia, los dirigidos por el ex entrenador de River ganaron por 3-2 y sacaron a relucir una característica que tuvo este equipo a lo largo del torneo, y que ya evidenciaba Velasco antes de Tokio: “Los argentinos son jugadores que no solamente entrenan bien, sino que juegan sin tenerle miedo a nadie. En ese sentido, Argentina es un equipo de personalidad”.

La madurez de estos voleibolistas que ya contaban con un Juego Olímpico encima, o dos en el caso de De Cecco, Conte, Poglajen y Solé, sumado al talento de jóvenes prometedores como Santiago Danani y Agustín Loser, hicieron de un conjunto con buen juego, carácter y difícil de vencer para el resto, que logró grandes cosas.

Luego, la Argentina derrotó por 3-2 a Túnez y por 3-0 a Estados Unidos para pasar a los cuartos de final en los que eliminó por 3-2 a Italia. “Cuando perdimos con Brasil parecía que se venía el mundo abajo, pero se levantaron. Estos chicos tienen determinación. Tienen los objetivos bien claros. Estoy orgulloso de los jugadores”, manifestó Méndez después de clasificar a la semifinal del campeonato.

Por las semifinales, Argentina cayó ante una Francia inspirada por 3–0, pero el sueño olímpico aún no terminaba: había que enfrentar a Brasil, quién quedó en la misma instancia tras perder con Rusia, para buscar un lugar en el podio.

La Selección Argentina de Voleibol ganó su primera medalla olímpica – Bronce – en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, al derrotar a Brasil por 3–2. Hugo Conte, ex jugador, fue figura en ese equipo. Quien supo ser central, opuesto y punta, también obtuvo la medalla de Bronce en los Juegos Panamericanos de 1983.

Conte es uno de los mejores deportistas de la historia y mejor aún en su disciplina. Pero lo que lo sigue uniendo tan vigentemente al vóley, además de su histórica carrera, es la aparición de su hijo, Facundo.

La primera participación fue durante el Mundial Juvenil Sub 19 en 2007. A partir de allí, debutó en la mayor en la Copa América 2008 y fue parte del equipo ganador del Sudamericano de ese mismo año, frente a Brasil. En 2009 jugó su primera Liga Mundial y luego comenzó su carrera en Italia, en el Zinella Bolonia, donde fue entrenado por su padre.

Desde 2010 hasta ahora, “El Heredero”, así lo “bautizó” el relator José Montesano, participó en el Campeonato Mundial FIVB –vice capitán a sus 21 años-, obtuvo el 5to puesto en los Juegos Olímpicos de Londres, ganó la medalla de Oro en los Panamericanos de Toronto (de nuevo ante Brasil, por 3–2) y logró el 5to puesto en los Juegos Olímpicos de Río.

Finalmente, tras 33 años, la Argentina vuelve a subirse a un podio olímpico, ganándole a Brasil por ¡3 – 2 nuevamente! (25–23, 20-25, 20–25, 25–17 y 15–13) obteniendo la medalla de Bronce. Al igual que su padre en 1988. Contra el mismo rival. La misma medalla. En el mismo continente, y por 5 sets.

No es un detalle menor agregar que Conte mayor y Montesano, periodista de Tyc Sports, fue la dupla que narró y comentó al vóley en este Juego Olímpico desde Tokio. Todos los argentinos recordarán sus transmisiones, los latiguillos y los apodos para “Palacete” (Sebastián Palacios), “El Tanito” (Santiago Danani), “El Heredero” (Facundo Conte), “El Polaco” (Cristian Poglajen), “El Nene” (Bruno Lima) y “El Nene Malo” (Sebastián Solé).

La coincidencia del padre viendo al hijo seguir sus pasos y comentando su rendimiento en la cancha. “¡Te quiero Twister!”, le decía José Montesano en cada punto sumado. Resiliencia fue el valor que mostró este grupo de jugadores, que pasaron de estar casi eliminados en el segundo encuentro, a ganar la segunda medalla olímpica de Bronce en la historia del vóley argentino.

“Hugo, ahora tenés que ir a buscar los premios de tu hijo. Es un hijo de tigre, de verdad, y tenés que estar orgulloso, pero recontra orgulloso de lo que hace tu hijo adentro de la cancha. Porque él también, como vos, la tiene tatuada a la camiseta”, le expresó una vez Diego Armando Maradona.

“Mi hijo de chico jugaba con mi medalla de Bronce, ahora de grande yo me voy a poner la suya”, declaró Hugo Conte tras la obtención del tercer lugar. Esta camada de pibes hizo historia. Sin tener el primer puesto, ganaron mucho más que el Bronce. Ganó el esfuerzo y la dedicación. Ganó el nunca bajar los brazos. Ganó el colocar al vóley argentino en lo más alto.

Joaquín Arbe, el atleta que construyó su vida paso a paso y ladrillo a ladrillo

Por Juan Segundo Giles

Hoy, con 30 años, una esposa y tres hijos, 62 medallas en Campeonatos Nacionales, y a horas de disputar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, Joaquín Emanuel Arbe parece estar muy lejos de ser el niño que vivía entre las chacras y los campos de la localidad chubutense de Trevelin, a 25 kilómetros de Esquel; o aquel adolescente de 16 años que tuvo que empezar a trabajar como albañil con su abuelo y dejar el colegio cuando se enteró que iba a ser padre. Sin embargo, sigue siendo la misma persona.

Criado por sus abuelos maternos, ya que su mamá trabajaba todo el día y a su papá recién lo conoció a los 6 años, Arbe no se imaginaba ni en sus mejores sueños poder llegar adonde llegó. “Cuando era chico se me complicaba tener una pelota de fútbol o zapatillas para entrenar e ir a la escuela, y me resultaba casi imposible gozar de una bicicleta propia”, rememora.

No obstante, no se queja porque dice que su infancia fue bastante buena y que, si bien sus abuelos lo criaron con lo justo, nunca se hizo drama y disfrutaba pasar todo el día con el hermano menor de su mamá: “Con él crecimos juntos, nos enfermamos juntos, nos curamos juntos, y hasta el día de hoy seguimos de la misma manera”.

Ya cuando tenía 6 años, sus padres se juntaron nuevamente y se mudó a Esquel, lo que le permitió hacerse amigo de sus nuevos vecinos, jugar a las bolitas o al fútbol con ellos, y empezar atletismo de una manera casual a los 12: “Jugábamos siempre hasta las seis de la tarde, debido a que ellos se iban a entrenar, pero un día los acompañé, me gustó, y empecé. Sin embargo, no competí hasta luego de un año porque, como jugaba todos los sábados y domingos al fútbol en el club de mi barrio, se me complicaba”. A los 14, ya era campeón argentino, y, un año más tarde, obtuvo un impensado segundo lugar en los sudamericanos de su categoría.

Pese a ello, el nacimiento de su primer hijo hizo que las tardes con sus amigos quedaran en el olvido: “Fue algo raro y difícil que me llevó a dejar el estudio y ponerme a trabajar con mi abuelo a temprana edad, ya que mi único sustento era una beca de 500 pesos de Chubut Deportes”.

Pero por esas cosas del destino, o precisamente por esas ganas de torcer su destino, Joaquín Arbe nunca se dio por vencido. Pese a que trabajaba ocho horas por día de lunes a sábado, no solo seguía entrenando un turno diariamente, sino que también le pedía algunos días a su abuelo cuando viajaba a las carreras porque siempre se iba en micro: salía un miércoles a la noche desde Esquel, llegaba el jueves al mediodía a Trelew, y ese mismo día a la tarde se subía a otro micro rumbo a Buenos Aires, para alojarse en lo de un amigo el viernes y competir el sábado o el domingo. “Eran días en los que descansaba mal y comía mal”, describe.

Eso mismo lo llevó a ver al atletismo como su segundo trabajo y el medio por el que le podía dar de comer a sus hijos; por lo que, cuando viajaba, trataba de que sea lo más rentable posible, es decir, pelear el podio para ganar algo de dinero y no ir si estaba mal físicamente, o si los entrenamientos no habían salido bien, ya que prefería quedarse trabajando en Esquel porque era plata segura. “Yo creo que, al ser padre joven, he tenido muchas responsabilidades desde temprano. Trataba de siempre estar con algún trabajo o changa porque quería que a mis nenes nunca les faltara nada”, menciona.

En 2020, el destino le puso otro obstáculo en su vida: la postergación de los Juegos Olímpicos de Tokio para 2021. Sin embargo, fiel a su estilo y acostumbrado a construir su vida desde los cimientos, prefiere ver el vaso medio lleno: “Las suspensiones de todas las competiciones del último año y medio me sirvieron para poder avanzar con la construcción de mi propia casa, en la que sigo trabajando y tratando de adelantar lo mayor posible. Además, pude pasar más tiempo con mi familia y disfrutar del crecimiento de mi tercer hijo”.

El niño de las chacras y los campos sigue siendo el mismo, construye su camino deportivo paso a paso, y su casa ladrillo a ladrillo con la ayuda de sus amigos y de aquel tío con el que se crió y creció. Nunca se quejó de su pasado, sino que lo usó como la viga que lo mantuvo en pie para alcanzar sus objetivos. Nunca se dejó llevar por el resplandor de la llama Olímpica o el de sus 62 medallas porque sabe que, más allá de una victoria o de una derrota, “mi familia y amigos siempre estarán para comer un asado y tomar cerveza”.


La Maratón de Buenos Aires 2019, algo más que una simple carrera

El 22 de septiembre de 2019 a las 9.11, Joaquín Emanuel Arbe completaba los 42,195 kilómetros de la Maratón de Buenos Aires con un tiempo de 2h11m02s, 28 segundos por debajo de la marca que le exigía la World Athletics para clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Sin embargo, su carrera no había empezado esa mañana, ya que el esquelense había hecho el sacrificio de viajar a Cachi, Salta, tres semanas antes y dejar a sus dos hijos y a su esposa, quien estaba embarazada, a más de 2400 kilómetros de distancia, con el objetivo de “estar todo el día pendiente de la carrera”.

A casi dos años de la gesta, Arbe confiesa que se le pasaron muchas cosas por la cabeza y que empezó a llorar cuando cruzó la meta y vio el reloj porque tenía miedo de haber dejado a su señora en el último mes de embarazo para preparar la competencia y que le vaya mal; pero no solo logró la clasificación a los Juegos Olímpicos, ya que, un día después, nació Erick Mateo Arbe, su tercer hijo. “Fueron días de mucha alegría, me llamaban de todos lados para felicitarme. No me lo voy a olvidar nunca”, recuerda emocionado.

 

Stefanía Ferrando: resiliencia y superación

Por Aracely Benitez Vega y Micaela Trípodi

“Qué loco, ¿no? Cuánto cuesta aceptar la realidad a veces. Ah, pero cuando la acepté mi vida se llenó de oportunidades”, decía Stefanía en un post en su cuenta de instagram.

Stefanía Ferrando es una atleta paralímpica argentina que nació el 30 de noviembre de 1993 en Gualeguay, Entre Ríos. Desde su nacimiento fue diagnosticada con Atrofia Muscular Espinal (AME), por lo que toda su vida ha tenido que manejarse en silla de ruedas. De pequeña la trasladaban a “upa” o en auto, y cuando pasó a primer grado tuvo su primera silla. “Stefi” tiene buenos recuerdos de su infancia y estuvo rodeada de grandes amigos que buscaban la forma de incluirla a la hora de jugar, aunque contó que su mayor influencia siempre fueron sus “viejos”. Ellos la ayudaron, sobre todo a crecer como persona.

Stefanía hace su vida tan normal como lo podría hacer cualquier otra persona. Aunque con la diferencia de que ella se encuentra, desde el 2020, en el noveno puesto del Ranking Mundial. Actualmente se prepara para competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio en la disciplina de boccia, deporte que practica desde 2017, pese a que su familia siempre estuvo relacionada a su práctica. “Lloré un montón el día de la clasificación. Estaba súper emocionada porque fue un logro muy importante para mí. A los Paralímpicos van los 10 mejores deportistas del mundo y estoy dentro de ellos, es increíble”, señaló.

Por otra parte, Ferrando tiene sus convicciones bien definidas y desea dejar huella en la historia del deporte argentino: “Me gustaría ser recordada como la deportista más apasionada y que dejó todo. Quiero dejar marcado que no importa lo que pase, siempre se puede seguir hasta conseguir lo que uno quiera”.

“Una chica de buena madera, sincera y de corazón enorme”. Así la describe Rosa Lazo, su mejor amiga desde hace 14 años. En su faceta de deportista, “no se rinde hasta lograr sus objetivos, y a la vista queda que lo está logrando y que aún le queda mucho más. Siempre está perfeccionándose, para mejorar día a día, y esforzándose para que todos puedan conocer un poco más de este deporte, gracias a ese esfuerzo es la repercusión que hoy tiene en Gualeguay, donde todos la apoyan”, agregó.

Destacada por la perseverancia, compromiso, seriedad y pasión con la que practica la disciplina –en palabras de su equipo conformado por su entrenador Cristian Rosado, y su asistente deportivo Juan José Ferreyra, quien además es su pareja– sus objetivos de cara a lo que viene, son claros. “Tener un gran rendimiento, meternos entre los diplomas paralímpicos y por qué no soñar con una medalla”, expresó su preparador con ilusión. Con esa misma ilusión, aunque con algo de modestia, Stefanía dijo que se está preparando para ir por la medalla: “No sé si lo voy a lograr pero voy a darlo todo para conseguirlo”, aseguró.

No hay dudas de que la confianza está puesta y así lo reafirmó ‘Juanjo’, como ella llama a su compañero de vida: “Stefi es una persona muy fuerte mentalmente que tiene muy claro lo que quiere y siempre logra lo que se propone”. Con su equipo de trabajo, la deportista se alzó con el Open Regional de San Pablo 2019 y se quedó con la clasificación en Individual BC3 para Tokio. “En ese torneo sabía que tenía que ganar o ganar si quería ir, así que fui sin presión porque además, mi carrera deportiva había sido sólo de dos años y tengo mucho por delante. Aclaro que sí me preparé un montón con mi entrenador y mi asistente, y creo que la frutilla del postre la tuvo el psicólogo deportivo que me metió todas las fichas para ir con mente de ganadora a lograr lo que quería, disfrutándolo”, expresó.

De la misma manera en que la describen quienes trabajan con ella, lo hace su amiga Rosa quien, además, deja ver su orgullo a través de sus palabras: “Admiro mucho su fortaleza, nunca se rindió, ve la vida de una forma tan linda que te lleva a vos a verla de la misma manera y te enseña día a día a que si de verdad lo soñás nada es imposible, todo se logra y hay que ir siempre hacia adelante, no importa cuántas dificultades se interpongan, si se quiere se costea y se llega. Es una de las personas con más fuerza y temperamento que conozco”, afirmó.

Sin embargo, la Stefanía Ferrando de ahora no es la misma que la de hace diez años. A pesar de tener un trabajo y haber estudiado una carrera, por mucho tiempo debió lidiar con sus inseguridades y los estereotipos sociales, aquellos que la limitaron a aceptarse y valorarse.

“Considero que uno mismo se pone límites por el entorno que lo rodea. A veces naturalizamos cosas que no son como creemos. En mi caso yo pensaba que mi camino estaba por otro lado, dedicarme al estudio y el trabajo. No me imaginaba teniendo pareja, con planes de vida independiente, ni mucho menos siendo deportista de alto rendimiento”, contó. A la vez, Stefanía mencionó un episodio que fue bisagra en su vida y que cambió por completo su perspectiva: “Una vez alguien me preguntó si me había dado cuenta de que estaba en una silla de ruedas, y fue cruel pero crucial. Transcurría mi día a día en una silla pero nunca me imaginaba, y ni siquiera en los sueños, me veía así.” La atleta contempla  ese hecho como un clic necesario para ver sus limitaciones y explotar lo que sí podía y ama hacer.

Así fue como descubrió el poder de la terapia, que se convirtió en su mejor aliado para poder aceptar su situación: “Sin terapia hoy no estaría donde estoy y sé que no hubiera podido aprovechar todas las oportunidades que me han llegado. Fue algo fundamental para mí”, señaló.

Fuera de su rol como deportista y psicóloga, en sus tiempos libres Stefanía disfruta pintar y dibujar, tanto como disfruta una buena milanesa con papas fritas, su comida favorita. Estudió Artes Visuales y no descarta sumar a su lista académica la carrera de Diseño Gráfico. En relación a esto, su amiga Rosa –con quien comparte largas charlas sobre la vida acompañadas de unos mates– confesó que es muy buena con todo lo que tenga que ver con las manualidades y que “hace unas tazas increíbles pintadas a mano”. Probablemente eso confirma su habilidad con las bochas.

En la actualidad, también aprovecha su tiempo para mirar partidos y entrevistas de otros deportistas, ya que dice aprender de ellos. Su referente es la yudoca Paula Pareto porque “es una deportista que empezó desde abajo y llegó a lo más preciado, el oro olímpico. Y eso es lo que quiero yo, ser una gran deportista pero manteniendo el enfoque y la humildad”, añadió.

No solo es campeona en las competencias, sus allegados confirman que también lo es en la vida. “Como amiga es de las personas que siempre van a estar, aunque pasemos tiempo sin vernos sé que si necesito algo no me va a dejar en banda”, recalcó su amiga Rosa Lazo.

Asimismo, eso demuestra la propia Stefanía, con las ganas de ayudar la caracterizan: “Me gusta  compartir lo que aprendo con los demás. Para mí compartir lo que aprendí es hacer lo que comparto con el resto. Por ejemplo, si en el deporte comparto una estrategia de juego con mis compañeros y estamos a la par, eso me exige a mí misma mejorar. Entonces creo que si aplicamos eso a la vida en general, todos podemos aprender y mejorar en lo que nos proponemos”.