La Selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni consiguió su pasaje rumbo a la próxima cita mundialista y ya falta menos de un año para poder ver a Lionel Messi disputar su quinta Copa del Mundo.
El Mundial de Qatar todavía no se jugó, pero ya está manchado por dos grandes esferas tenebrosas que lo van a rodear por siempre. Una es la corrupción que hubo detrás de su elección, los millones de dólares que puso el país asiático para ser la sede de 2022 y cumplir el sueño, o mejor dicho capricho, de sus jeques. La otra gran realidad es la explotación laboral para lograr en tiempo récord la construcción de 8 estadios, que siguen siendo remodelados en su totalidad para la realización del evento.
Nombres como el ex Balón de Oro Michel Platini, el ex presidente francés Nicolás Sarkozy, el ex mandamás de la FIFA Joseph Blatter y su mano derecha Julio Grondona, son quienes quedaron marcados luego de aceptar sobornos y hacer todo para cumplir el sueño qatarí, tener su propio Mundial. Ya con el evento en su dominio, llegaba la hora de construir y levantar estadios para mostrar el lujo, el dinero y el poder que posee Qatar. Pero, ¿qué hay detrás de todo el lujo que podremos ver el año que viene cuando nuestra Selección diga presente en el país asiático?.
Hubo 37 muertes entre los trabajadores directamente relacionados con la construcción de los estadios de la Copa del Mundo, de las cuales 34 están clasificadas como “no relacionadas con el trabajo” por el comité organizador del evento. Desde que el Mundial de Fútbol 2022 se asignó a Qatar en 2010, 6.500 trabajadores habrían muerto en obras relacionadas al Mundial, contó el medio británico The Guardian. La FIFA minimizó la cifra y dijo que “la frecuencia de accidentes en las obras del Mundial fue baja en comparación con otros grandes proyectos” alrededor del mundo.
El 90% de los trabajadores que están destinados al evento son inmigrantes. Alrededor de 1,7 millones de personas, pagan entre 500 y 4.300 dólares a las agencias de contratación para conseguir un trabajo en Qatar. Las terribles condiciones de vida obligan a los obreros a soportar el hacinamiento, la falta de higiene y seguridad en sus alojamientos. Hombres durmiendo en literas, en habitaciones para ocho o más personas. Sin embargo, el derecho qatarí y las Normas para la Protección de los Trabajadores permiten como máximo cuatro camas por habitación y prohíben el uso compartido de camas y el uso de literas.
Los agentes de contratación, además, hacen falsas promesas respecto al salario que recibirán los trabajadores y sobre la clase de empleo ofertado. Los 300 dólares al mes que a un hombre de Nepal le habían prometido que iba a cobrar resultaron ser sólo 190 una vez que empezó a trabajar en Qatar. Cuando los trabajadores explican a la empresa que les habían prometido un salario superior, ésta se limita a hacer oídos sordos. Así lo recuerda Mushfiqur, jardinero de la Aspire Zone: “El gerente sólo dijo: ‘Me da igual lo que te hayan dicho en Bangladesh. Cobrarás este sueldo y nada más. Si sigues protestando les diré que cancelen tu visado y te manden de vuelta a casa’”.
A veces no se pagan los sueldos durante varios meses. Esto puede tener consecuencias desastrosas, ya que los trabajadores no pueden pagarse la comida, enviar dinero a sus familias ni hacer pagos sobre préstamos asociados a la contratación. Una situación que a muchos los lleva al borde de la desesperación.
Entonces, ¿por qué la FIFA y su fundación permiten estos atropellos a una sociedad marginada que viaja a Qatar con el sueño de un trabajo y luego eso se vuelve una pesadilla?. Según su la página web, la Fundación FIFA es “una entidad independiente, con los objetivos de contribuir a la promoción de un cambio social positivo y de recaudar fondos para la rehabilitación y reconstrucción de infraestructuras deportivas dañadas o destruidas alrededor del mundo”. La fundación la preside el ex mandatario argentino Mauricio Macri, quien parece que se le pasó por alto las cuestiones sociales que radican en Qatar: tanto él como toda la FIFA deciden mirar para otro lado mientras se construyen estadios a base de sangre, sudor y lágrimas.
Este sistema de tercerización a la hora de contratar a los trabajadores lleva a que se vuelve completamente desbalanceada la relación entre jefe y empleados. Quienes llegan a Qatar, están obligados a trabajar en el puesto y lugar que les digan, no pueden buscar otro en caso de que la paga no sea buena o el trato sea tan malo como contamos anteriormente. A la vez, impiden que puedan dejar el país, estando prisioneros sin chances de escapar. Todos estos datos provienen de distintas investigaciones que realizó Amnistía Internacional en la última década.
Ahora estamos ante el auge del poder qatarí dentro del fútbol. En Paris Saint Germain, club del que son dueños, tienen a Neymar, a Mbappe, a Donarumma (MVP de la última Eurocopa), a Sergio Ramos y a Lionel Messi, uno de los mejores jugadores de la historia. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, resulta escalofriante pensar en los mejores jugadores del planeta jugando en estos estadios, como si nada pasara, como si la frivolidad de ver a alguien jugar al fútbol pudiera tapar todos los horrores que hay detrás.
Agustín Almendra tiene 21 años, debutó en Primera a los 18 y en su corta carrera ya jugó una semifinal de Copa Libertadores contra River, fue tasado en 30 millones de euros y se alejó del fútbol durante seis meses. En plena pandemia, fue papá de Francesca y luego volvió a jugar en Boca, donde es una de las piezas fundamentales del proyecto de juveniles del Consejo de Fútbol que maneja Juan Román Riquelme.
Almendra nació en San Francisco Solano, una localidad con 80 mil habitantes, que se reparte entre los partidos de Quilmes y Almirante Brown. El juvenil dio sus primeros pasos en las canchas del Club Social y Deportivo 7 de Agosto, en el centro de Claypole. Diego Meirinho, su entrenador en el baby fútbol, lo recuerda como alguien que siempre marcó la diferencia: “Agustín ya era un jugador extraordinario, tenía mucho temperamento y era muy rebelde para jugar. Le sacaba mucha diferencia al resto de sus compañeros”. Tomás Aranda, amigo desde la infancia, cuenta que Almendra era imparable hasta en los partidos en la calle. Que tenía una fuerte pegada al arco -hecho con dos ladrillos- y una amplia visión para asistir a sus amigos en la cancha de asfalto.
En 2013, Almendra se probó en Independiente, pero no quedó y terminó sumándose a Boca en 2014. Cuatro años después, luego de destacarse en las juveniles, dio el salto a la Reserva que dirigía Rolando Schiavi y, de ahí, llegó a Primera División. El 16 de abril de 2018 debutó contra el Rojo en Avellaneda, justo el equipo que lo había descartado.
Ahora, Almendra dice que, después del debut, todo cambió en su vida, ya que fue sparring de la Selección Argentina en el Mundial de Rusia 2018 y tuvo protagonismo con Guillermo Barros Schelotto como técnico de Boca. Tanto es así que contra River, en la vuelta de la final de la Libertadores 2018, iba a ser titular en el Monumental, pero el partido se postergó por los incidentes.
Con la partida de Barros Schelotto y la llegada de Gustavo Alfaro, Almendra fue importante durante la temporada y disputó las semifinales de la Libertadores 2019 contra River. Por eso, el club le renovó el contrato con una cláusula de rescisión de 30 millones de euros.
El propio Almendra confiesa que, a finales de 2019, todo se complicó por problemas personales y por situaciones de su entorno que hicieron que tuviera que pedirle al club que evaluara ofertas, ya que necesitaba emigrar. A partir de ahí, su nombre empezó a sonar en Europa y clubes como Napoli, Barcelona, Roma, Valencia, Atlético Madrid, Manchester City, Sevilla y Porto se mostraron interesados. Pero no hubo oferta formal y Boca decidió no transferirlo.
Miguel Ángel Russo fue el técnico elegido por la nueva dirigencia en el comienzo de 2020. Almendra fue avisado que no sería tenido en cuenta. Esto aumentó la necesidad de emigrar y estaba todo dado para irse, pero la pandemia del coronavirus en marzo cambió todos los planes. Sumado a todo esto, una noticia le sacudió la vida al juvenil de tan solo 19 años en aquel momento: iba a ser papá.
Almendra sufrió una fuerte depresión. El encierro por la cuarentena y el conflicto con Boca le provocaron que pensara en dejar de jugar al fútbol con tan solo 20 años. En los días previos a volver a los entrenamientos tras la pandemia pidió no sumarse, pero el club no lo autorizó. En esa vuelta a las prácticas, dio positivo por coronavirus, por lo que se vio obligado a cumplir con los protocolos sanitarios. Una vez recuperado, el futbolista asistió al Centro de Entrenamiento en Ezeiza.
En ese regreso al club, Almendra mantuvo una larga charla con Riquelme y Jorge Bermúdez que lo hizo replantearse muchas cosas. El Consejo de Fútbol de Boca comprendió la situación depresiva del jugador y le otorgó un permiso especial de unos días por motivos personales.
En aquel momento, cuando volvía a su casa, Almendra se dio cuenta que estaba por cometer un error. “Gracias al nacimiento de Francesca decidí no dejar el fútbol. Tenerla me cambió la vida, me dio mucha fuerza y si en algún momento pensé en retirarme, sabía que tenía a alguien ahí atrás mío que era una responsabilidad”, dijo el mediocampista.
A partir de esa reflexión, Almendra hizo una pretemporada y se puso a disposición. Su regreso coincidió con el buen nivel de otros juveniles, como Alan Varela y Cristian Medina, lo que permitió que los tres jugaran 12 partidos juntos en la mitad de Boca. Uno de ellos fue el último de la fase de grupos de la Libertadores 2021 frente a The Strongest, en el que Almendra metió su primer gol en la Copa y se lo dedicó a Francesca.
La llegada de Marcos Rojo al club fue muy importante para Agustín, que dice que es como un hermano para él y que sus consejos, tanto dentro como fuera de la cancha, lo mantienen enfocado. Riquelme, en una entrevista en ESPN, se animó a opinar sobre el futuro del futbolista: “Solamente va a depender de lo que él se proponga en el fútbol. Si quiere jugar en la Selección, lo va a hacer. Si quiere jugar en Europa, lo va a hacer. Almendra juega a otra cosa y tenemos la suerte de tenerlo con nosotros”.
En referencia a las palabras del vicepresidente de Boca, Almendra dice que se mantiene tranquilo y que trata de no pensar tanto en el futuro, sino que trabaja día a día para ganarse un lugar en Boca. Mientras tanto, es feliz con su hija Francesca y agradece que todo se haya acomodado, en comparación a la nube negra que lo atormentó en 2020.
Lazio es uno de los clubes más importantes de Italia, pertenece a esa élite de clubes más conocidos, pero también tiene en su hinchada una sombra que los marcó de por vida. Esa mancha es la de ser tachados de “fascistas”. Claramente no puede juzgarse a todos los aficionados del club con esa etiqueta, pero siempre los ultras coquetearon con ese pensamiento violento y autoritario. Esto les costó a sus fanáticos tener la entrada prohibida para llegar a Francia y ver a su equipo enfrentar al Olympique Marsella de Jorge Sampaoli (el juego terminó en 2-2). Los galos fueron muy claros; en el país de la Torre Eiffel no se acepta el fascismo, al menos el italiano.
¿Por qué los hinchas del equipo romano son vistos de esa forma?
Hace 3 años ocurrió uno de los hechos más repudiables que se puede encontrar en la historia del fútbol: los fanáticos de “Las Águilas” pensaron que era buena idea colocar una pegatina de Ana Frank con la camiseta de Roma, su clásico rival. Esto llevó a una condena social muy grande y un enorme enojo de toda la comunidad judía internacional. Hace unas semanas, el adiestrador del club, que entrena a las águilas (símbolo de la entidad), saludó a los aficionados con el movimiento del brazo extendido, como hacía Adolf Hitler hace más de 60 años.
Si bien hay clubes como Livorno o Rayo Vallecano, que tienen en sus hinchas una marcada ideología política, los repetitivos hechos de violencia y de odio de algunos seguidores de Lazio son algo poco visto en el mundo. Otro acontecimiento famoso fue en 2008, cuando el capitán del conjunto italiano, Paolo Di Canio, hizo el gesto del saludo fascista a sus hinchas. Esa imagen recorrió el mundo y fue muy criticada en su momento.
En 1998, durante un derbi (Roma-Lazio), los ultras de los celestes sacaron una pancarta que decía: “Auschwitz es su patria. Los hornos, sus casas”. En 2001, sacaron otra: “Equipo de negros, hinchada de judíos”. Algunos jugadores, como Paolo Di Canio, se han identificado con esta forma de sentir. El delantero, que nunca escondió su pasión por los colores de la Lazio, simpatiza con el fascismo.
En 2010, un conocido del fútbol argentino fue quien realizó el saludo nazi: Mauro Zárate, en su campaña con el club italiano, estuvo en las gradas viendo un partido de su equipo (estaba suspendido) con los fanáticos más radicales de la institución. Allí, junto a los ultras, el ex jugador de Vélez y Boca no tuvo mejor idea que hacer el famoso gesto de la mano alzada, lo que fue muy criticado en Italia, pero en Argentina no es tan recordado ni repudiado como debería ser.
El pasado verano, unos hinchas del Lazio amenazaron a su reciente fichaje, el albanés Elseid Hysaj, por entonar una canción comunista en el vestuario en un momento de celebración: “Hysaj gusano, el Lazio es fascista”, escribieron en una pancarta colgada en la capital italiana. La canción era “Bella Ciao”, melodía que tomó fama en este siglo por la serie “La Casa de Papel”.
Lo último que pasó fue la inclusión al primer equipo de Lazio del bisnieto del dictador italiano Benito Mussolini. Romano Floriani Mussolini es hijo de la exdiputada en el Parlamento Europeo, Alessandra Mussolini, que ,a su vez, es la nieta del exgobernante italiano que estuvo al frente de Italia durante 20 años, hasta su asesinato en 1945, en marco de la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
Esto no es algo simplemente de los fanáticos de “Las Águilas”, esto incluye a históricos jugadores del club y a un gran sector de la sociedad italiana, la europea y también del mundo. Personajes como Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos, Marion Le Pen en Francia y Vox en España. El problema en Italia es tan grande que el mes pasado se votó para disolver a los partidos políticos con orígenes en el neofascismo.
Si hay algo que tiene en común el fútbol argentino con el fútbol alemán es la pasión de los hinchas. ¿Pero qué pasa cuando un hincha está más aferrado a su club por las políticas y derechos por los que luchan?
Poder ser socio del club de tus amores y decidir en elecciones quién lo manejará da una sensación de cercanía aliviadora. Sin embargo, en Argentina, un hincha no puede interferir en las acciones financieras del equipo.
En Alemania, los clubes le ofrecen al hincha tener voz, voto y garantía mediante la regla 50+1, con la que el socio obtiene control para protegerlo de un inversor externo, ya que el 50%+1 de los accionistas tienen que ser los hinchas.
En la página oficial de la Bundesliga se lee: “El 50+1 requiere que el club en sí posea al menos el 50% más una acción adicional de la compañía de fútbol, la mitad más uno, asegurando que los miembros del club aún tengan la mayoría de los derechos de voto”.
Y este lazo de pertenencia no solo es fuerte allá y entre ellos. Varios clubes de fans de la Bundesliga en Argentina pueden reafirmar que sienten que forman parte de su club al igual que un socio alemán.
“No sólo lo futbolístico es lo importante, sino también el día a día”, dice Matías Grosso, el creador del fanclub de Borussia Dortmund en Argentina. Grosso afirma que se defiende mucho el tema de que los clubes sean un espacio de contención para la gente. También, cuenta que Dortmund a fin de año hace una cena navideña en donde todos los fanclubs del mundo están invitados, y se sortean dos pasajes entre ellos.
Julián Giacobbe, youtuber argentino de fútbol, llega a la conclusión de que tanto en Argentina como en Alemania se hizo fuerte la impronta de cada club y que cambiar su esencia podría ser un peligro para la generación de futbolistas en su país. Algo que vivió Alemania cuando -tras un proyecto histórico y realmente innovador- apuntó a modificar su estilo y adoptar criterios del fútbol de posesión que tanto dominó en Europa: enfocarse en los más jóvenes y alentarlos en academias de fútbol.
Giacobbe agrega que el valor más increíble que podría tomar Argentina de Alemania es su estructura, su forma de organizar el fútbol, pero también el entendimiento y difusión del valor social que el deporte tiene en sí mismo.
En 2021, el enfoque de la campaña “¡Nunca más!” -para no olvidar y conmemorar a los muertos por el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial- se centró en la homosexualidad. Sin embargo, la UEFA prohibió que en el estadio Allianz Arena del Bayern Múnich se ponga la bandera del Orgullo LGBTI+ como muestra de apoyo. ¿Cuál fue la respuesta del arquero alemán Manuel Neuer? Usó como siempre su cinta de capitán, pero esta vez con los colores de la bandera de la comunidad LGBTI+.
En una época en la que la identidad es la mera base de la sociedad, los clubes alemanes no se quedan atrás y muestran su apoyo a los movimientos de diferentes formas: el fútbol ya no es sólo entretenimiento. Usa su poder de difusión, alcance e influencia como una herramienta para no invisibilizar más estos temas.
Lucas Torres, community manager de Bayern Múnich Argentina, afirma que Alemania está en obligación de limpiar la imagen del nazismo: “Cuando nombrás al país, automáticamente te hablan de Hitler o su ideología”. Torres asegura que Alemania asumió y sigue asumiendo su rol de reconstruirse a sí misma, ya que son los que tienen que dar el ejemplo.
En 2017, Borussia Dortmund, con el slogan “Los nazis y el fútbol no encajan”, grabó un video en el que un grupo de nazis intenta jugar un partido, pero erra todos los intentos que tuvieron de marcar un gol. En aquel año, los jugadores del Hertha Berlín se sumaron a la campaña estadounidense “Take A Knee” y se arrodillaron para manifestar su rechazo al racismo. Además, el club publicó en todas sus redes sociales: “El Hertha defiende la tolerancia y la responsabilidad. Por un Berlín tolerante y un mundo abierto, ahora y siempre”.
Si bien en Argentina hay acciones frente a las luchas sociales -como, por ejemplo, el comunicado de Atlético Tucumán que escribió el 20 de septiembre luego de que Luis Advíncula, jugador de Boca, haya sufrido un insulto racista en el Estadio Monumental José Fierro-, todavía queda mucho que pulir y mucho que aprender de las respuestas de los clubes alemanes a sus hinchas.
Cambiar una foto de perfil en Twitter, como hizo la mayoría de los clubes argentinos (Boca, Independiente y River, entre otros) por un arcoíris en el mes del orgullo LGBT+ no es activismo. Las grandes acciones son las que cuentan: desde junio, Racing habilitó la opción de incluir la identidad de género al asociarse o actualizar los datos de socio.
Es un largo camino de deconstrucción que, quizás algún día, después de tanto esfuerzo, las futuras generaciones podrán disfrutar.
En la entrada del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo está ella. Carga un gran bolso en su hombro y viste un short que deja al descubierto la prótesis que lleva en su pierna derecha, algo que no habría hecho un tiempo atrás. Por un largo pasillo, se dirige hacia la cancha para entrenarse con Las Lobas. Se viene el Campeonato Sudamericano de Básquetbol sobre Silla de Ruedas y Mariana Redi, al igual que sus compañeras de plantel, quiere estar al cien para encarar este nuevo desafío. Uno más en los cuatro años que lleva representando a la Argentina.
Activa y siempre positiva, como la describe su compañera de equipo Evangelina Paiva, Mariana tiene sus objetivos claros en vista del próximo torneo internacional: “La verdad es que estamos muy bien. Mucho mejor que otros años. Creo que tenemos muy buenas posibilidades de ser campeonas”. La jugadora está convencida de que quiere conseguir la tan ansiada medalla de oro que se le viene negando, pero que está cerca. En los Juegos Paralímpicos de Lima 2019, Las Lobas, sobrenombre con el que se identifica la Selección, alcanzaron la cuarta posición, quedando a sólo un lugar de meterse en el podio.
Mientras tanto, la actual jugadora de SICA sigue trabajando para forjar su camino en el deporte. Porque si hay una palabra que la caracteriza, esa es “luchadora”, según Sergio, su padre. Mariana convive con su discapacidad desde que nació, el 4 de octubre de 1992, en el Hospital Policlínico del docente. Parte de su pierna derecha y la falange de cinco dedos de sus manos no alcanzaron a formarse. Sin embargo, pese a que el camino de la aceptación fue complejo, eso nunca la detuvo.
Durante su infancia, vivió momentos buenos y malos, aunque el ser diferente a los demás niños y niñas, hizo que sufriera algunos señalamientos. “El haber nacido con una discapacidad física me diferenciaba muy fácil del resto. Eso generaba cierta incertidumbre en los otros y también me juzgaban un poco, tal vez por la falta de información que hay en la sociedad respecto a la discapacidad”, recordó.
Pese a esas situaciones, Redi siempre tuvo la contención de su familia: su hermana, sus primos, tíos y también sus amigos. Pero en quienes más se apoyó toda su vida fue en sus padres, Ana y Sergio, de quienes heredó la pasión por el deporte. Ellos, ambos profesores de Educación Física, fueron los principales responsables de su inserción en la esfera deportiva desde pequeña. Con apenas dos años, Mai –como la llaman sus allegados– ya practicaba equitación.
La mayoría de las veces que sus padres iban a dar clases, ella los acompañaba. Incluso, con frecuencia se metía a jugar, sin importar de qué deporte se trataba. Siempre le gustó probar diferentes disciplinas. De hecho, antes de iniciarse en el básquet, experimentó con más de diez deportes distintos (siempre de manera convencional), como gimnasia artística, danza natación, patín y vóley. Tal y como ella se describe a sí misma, en la escuela era una “kamikaze” total. Llegó a jugar sóftbol, handball, hockey y quemado. Más adelante, también aprendió a esquiar y bucear. Muy pronto, Mariana se adaptó al deporte como pocos lo hicieron y lo aprovechó como una herramienta para superarse día a día.
“El deporte también me ayudó con la estimulación y la motricidad de mis piernas y manos, sobre todo, que al tener pocos dedos en ellas todo se me complica, desde abrir una botella hasta picar una pelota, así que el básquet me ayudó muchísimo”, agregó.
Al dejar atrás el secundario, aún no tenía claro lo que quería hacer. Empezó a estudiar diseño de interiores, después comercio internacional y, justo antes de meterse de lleno con el básquet, estaba estudiando diseño multimedial.
Al mismo tiempo, Mariana trabajaba. “Se me hacía muy difícil conseguir un trabajo que me permitiera desempeñarme bien sin que la discapacidad sea un problema, porque la mayoría de los empleos más fáciles de conseguir para los jóvenes, implican pasar mucho tiempo parado, y yo no podía hacerlo”, explicó. Mesera, operaria en una fábrica de juguetes, preceptora de un colegio secundario, niñera, profesora de inglés particular y vendedora en una tienda de ropa, fueron algunos de los trabajos en los que pudo desempeñarse.
A principios de 2016, Redi comenzó a trabajar todos los sábados como auxiliar de un profesor de Educación Física en una colonia para personas con discapacidad, en el Servicio Nacional de Rehabilitación (Ramsay), ubicado en Belgrano. Lo que ella ni siquiera sospechaba es que, a partir de aquel momento, su vida daría un giro inesperado y se le presentaría la oportunidad soñada.
En ese mismo centro, se ntrenan las selecciones femenina y masculina de básquet adaptado. Uno de los coordinadores vio que Mariana podía encajar en la disciplina y se lo transmitió a Carlos Cardarelli, entrenador de la Selección nacional, quien decidió darle una oportunidad. A sus 24 años, ella no lo dudó. Era el primer deporte adaptado con el que iba a tener contacto y, además, se iba a subir a una silla de ruedas por primera vez.
“En mi casa siempre hubo aro de básquet y todo tipo de pelotas, pero nunca me plantee hacerlo porque es mucho el recorrido que hay que trasladarse y me podía doler la pierna que no tengo desarrollada. Cuando me dijeron que podía practicarlo y mi prótesis no iba a ser un problema, ni siquiera lo pensé dos veces y me metí con todo”, añadió la jugadora.
Al poco tiempo, Mariana ya estaba convencida de que la cancha de básquet era su lugar en el mundo. Motivada por la chance de ser convocada a la pre-selección, donde se elige quiénes viajan a disputar los torneos internacionales, comenzó a buscar club para poder entrar en consideración. Finalmente, River fue el que le abrió las puertas.
“Empecé a entrenarme con River y la pre-selección, hasta que a los cuatro meses jugó torneo y ahí quedé en la selección. Fue una gran emoción, no entendía nada. De ahí en más, viajé a todos los torneos internacionales”, contó.
Entre las competencias más importantes que disputó a nivel internacional, el Mundial de Hamburgo, Alemania, en 2018, la marcó de manera particular. En aquel torneo, Las Lobas no consiguieron el rendimiento esperado por las autoridades, por lo que el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), decidió no renovarles la beca que cobraban.
A raíz de esa injusticia, la número 8 del seleccionado se animó a publicar un extenso mensaje a través de sus redes sociales denunciando a la entidad. Ante la fuerte difusión de aquel posteo, el ENARD se retractó y prometió pagarles a todas las jugadoras. Es por eso que en sus compañeras de equipo, Redi genera admiración. Y eso no es lo único que consiguió para las suyas. Su amiga Evangelina contó que también fue la única que pudo adquirir un sponsor para la selección: “Siempre está pendiente del equipo. Hizo mucho por nosotras”.
“Lo que más me gusta de ella es su franqueza, es muy abierta a la hora de expresar inquietudes, no tiene problema y siempre lo hace con respeto”, agregó Paiva, quien la conoce hace cinco años.
Con sus compañeras de selección mantiene una excelente relación desde el primer momento. “Me recibieron con mucho cariño y paciencia cuando llegué. Yo también creo que fui buena con ellas. Soy una persona generosa, que siempre tiene ganas de ayudar al otro. Somos un gran equipo, cuando una está mal o necesita algo, estamos todas, no importa si tenés más afinidad con unas o con otras”, expresó Redi.
Por parte de su entrenador, quien destaca su carisma y predisposición, también tiene el visto bueno. “Avanzó mucho desde sus inicios. No sabía cómo moverse en una silla y ahora el crecimiento es notorio. Obviamente faltan cosas por pulir, pero creo que va por buen camino para lograr uno de sus mayores sueños, que es jugar en Europa”, dijo Cardarelli.
En la misma línea, la basquetbolista asegura que nunca se había relacionado tanto con personas con discapacidad. Su irrupción en el básquet adaptado, la hizo dejar de sentirse un “bicho raro”, como ella se consideraba: “Fue muy positivo haberme relacionado con las chicas, los chicos. Todos los días me enseñan algo: al principio, me pasaba con las chicas que están en sillas de ruedas permanente de querer ayudarlas con todo y después me di cuenta que no necesitaban de esa ayuda, que podían hacer todo igual. Pero necesitás vivirlo para saber cómo manejar estas situaciones”.
A su vez, este cambio de perspectiva, contribuyó mucho a su avance en el plano personal. Redi había entrado en una depresión muy grande y, durante mucho tiempo, la invadieron pensamientos feos: “Fue loco porque el tema de la depresión es como un bichito que te dice ‘vos te quedás acá’, como que te controla. Yo siempre había tenido el control de mi vida y algo que no podía ver, intangible, me estaba controlando”. Sin embargo, tomó la decisión de no quedarse de brazos cruzados.
Aunque el tratamiento psicológico que había comenzado la ayudó mucho, su fuerza mental fue el factor determinante para lograr la transformación: “Creo que el clic lo hacés vos en tu cabeza. Por más pastillas o más cosas que te den, si no lo hacés vos es lo mismo que nada”. Desde ese momento, y hasta el día de hoy, es otra persona. Poco a poco se fue soltando. Empezó a vestir pantalones cortos para entrenar, sin preocuparse por el qué dirán. El básquet fue el disparador de su proceso de aceptación. De allí, la frase “los límites sólo están en tu cabeza” se convirtió en su lema.
Luego, Mariana se animó a ir por más. Motivada por su fuerte atracción a las artes, cumplió su meta de desempeñarse como actriz y modelo. Participó en varios capítulos de la serie Bia –de Disney Channel– y modeló para distintas marcas de ropa. Si bien sus máximas aspiraciones están vinculadas al básquet, la Loba siguió sumando experiencia en lo que más disfruta.
Esta faceta artística, además, la comparte con su pareja. Franco Filloy, o Kid Filly, nombre con el cual es conocido en redes por sus canciones de trap, apareció en su vida durante la pandemia. Comenzaron a hablar cada vez más seguido, hasta que pudieron conocerse personalmente. Franco la acompaña en todo, comprende a lo que se dedica, y la cantidad de tiempo que eso conlleva.
“Tuvimos la suerte de poder unirnos por el arte. Fui protagonista junto a él del video de una de las canciones que escribió para mí y lo grabamos en una cancha de básquet. Fue muy divertido. Nos encanta pensar cosas en conjunto. En ese sentido lo ayudo a pensar locaciones para sus videos, lo maquillo, elijo la ropa, le saco fotos, hago videos, entre otras cosas”, indicó.
Empática, solidaria y sociable, como se define Mariana a sí misma, logró superar el largo camino hacia su aceptación: “Me gustaría ser recordada como alguien que sumó al área de discapacidad a nivel nacional y como alguien que deja el alma en la cancha en cada partido y en cada entrenamiento”. Porque, al fin y al cabo, “los límites sólo están en tu cabeza”.
Cae la tarde en un jueves laborable de agosto, y el horario es algo incómodo para ver fútbol. No es un clásico, ni hay hinchas en la tribuna. Parece ser un partido más, pero hay clima de todo lo contrario. Se habló de este partido como si fuera un Boca-River, y hay un país atento a lo que está por pasar. En la cancha de Defensores de Belgrano se vienen solo cinco minutos de juego. El resultado de polémicas, denuncias de trampas y una invasión que recorrió medios de todo el mundo, está por empezar. Deportivo Riestra y Comunicaciones entran al campo de juego para completar la final del Reducido y cumplir el sueño de ascender por primera vez a la B Nacional.
–Solo quiero terminar el partido – le dice el central de Riestra Gustavo Benítez a Lucas Banegas mientras lo saluda en el sorteo entre capitanes -. Levanto las manos y me voy a mi casa, salga el resultado que salga.
La moneda cae en favor del capitán de Comunicaciones, pero Benítez se sorprende al ver que Banegas elige campo. El saque inicial es para Riestra, que prefería sacar porque tiene que defender el 2 a 1 global, y había planeado meter la primera pelota bien lejos e ir a presionar, para no permitirle un centro rápido al rival. Le sale al revés. Saque del medio, pase atrás, un envío corto y rebote a los pies de Rodrigo Melo, el cinco de Comunicaciones.
El volante al que le queda la pelota, no había vivido días del todo tranquilos en el marco de esa final. Después de la victoria de Comunicaciones por 1 a 0 en la ida, un hincha increpó a Melo mientras dirigía fútbol femenino.
–Te voy a pegar un tiro en la rodilla – amenazó el hincha mientras se acercaba al jugador.
A Melo le pareció raro lo que le pasó, pero su caso no fue el único. Fue un tema de charla en el plantel porque algunos jugadores de Comunicaciones también fueron amenazados por mensajes en la previa del segundo partido. Uno de ellos precisó que a Nicolás Varela lo llamaron y le dijeron que fuera para atrás porque Riestra estaba interesado en él. Este volante negó estar al tanto sobre llamados o amenazas, a él o a cualquiera del equipo.
Para Varela, el partido de vuelta suspendido sobre el final, sería el último con la camiseta de Comunicaciones. No fue elegido por el técnico Alejandro Orfila para jugar los cinco minutos, después de ser titular en los últimos ocho partidos. En menos de un mes, sería presentado como refuerzo de Riestra.
Varela y los demás que quedaron afuera del equipo titular, miran los cinco minutos a un costado de la platea. No hay ni suplentes, porque ambos equipos habían hecho los tres cambios antes de la suspensión. Dentro de la cancha, hay un tiro libre en campo propio para Comunicaciones. Federico Barrionuevo tira un centro frontal que toma peligro tras dos cabezazos seguidos en ataque. La defensa no puede evitar el pique cerca del punto penal y casi se iguala la serie, pero la pelota es del arquero. El transcurso del juego promete darse cerca del área de Riestra.
Si de áreas se habla, se toca una de las polémicas que se habían dado en el partido de vuelta suspendido. El mundo del fútbol se enteró del tema cuando al día siguiente de la suspensión salió la noticia en prácticamente todos los medios televisivos del país. Pero en Comunicaciones notaron algo raro en las áreas desde el momento del reconocimiento del campo en la cancha de Riestra.
-Las áreas están más grandes que lo normal- le dijo el arquero Germán Yacaruso a Melo.
-¿Estás seguro? – preguntó el volante.
–Sí. Desde la línea hasta el área siempre hago una cantidad de pasos. Acá estoy haciendo tres de más.
Es deber del arquero conocer sobre distancias en el área para saber ubicar a la defensa en pelotas paradas en contra, según explicó Yacaruso. Además de estar en ese tipo de detalles, es el que sabe cuándo es momento de dormir un poco el partido, como lo hace Carlos Morel pasado el primero de los cinco minutos de la continuación de la final. Mientras Comunicaciones pide córner, el arquero de Riestra va a buscar la pelota a paso lento. Agustín Cattaneo corre y acomoda para que Morel saque del arco, con un reclamo al árbitro por la demora.
Este defensor de Comunicaciones ya venía cruzado con el árbitro Paulo Vigliano, incluso desde antes del inicio de la vuelta en la cancha de Riestra. Cuando Yacaruso advirtió sobre el tamaño de las áreas, Cattaneo fue a reclamárselo al juez.
–Paulo, fijate que las áreas están gigantes- le reclamó el defensor.
–Quedate tranquilo, Pelado – le contestó Vigliano con una palmada en la espalda mientras guiñaba el ojo-. Están grandes para los dos equipos.
Cattaneo no quedó conforme con aquella respuesta del árbitro, y tampoco parece estarlo al volver del área contraria en el partido de los cinco minutos. Mientras todavía discute con Vigliano, el defensor no baja demasiado y es el más adelantado de su equipo. En el Reino del revés, los marcadores centrales son los más adelantados del equipo, y el volante ofensivo Tomás Asprea es el más atrasado. Hernán Salazar, amonestado en la vuelta suspendida, no puede estar porque llegó al límite de amarillas y se lo considera un partido nuevo, pero el jugador que invadió la cancha y fue parte de la suspensión, si quería el técnico de Riestra, podía jugar los cinco minutos porque la AFA nunca lo sancionó.
El jugador en cuestión es Leandro Freyre, quien estuvo en el ojo de la tormenta desde el domingo de la invasión hasta los cinco minutos del jueves, por un hecho pocas veces visto. Riestra ganaba la vuelta por 2 a 0 en su cancha, y Comunicaciones advertía con dos tiros en el travesaño sobre el final. Pero cuando solo cinco minutos separaban al local de un ascenso histórico, un encapuchado con la ropa de concentración del club entró al campo de juego y se puso a perseguir la pelota. Después de algunos empujones, el árbitro lo echaba de la cancha. Ya no había vuelta atrás. En solo segundos, había más de cien personas adentro. Los hinchas no paraban de entrar desde atrás de uno de los arcos y los dos laterales. El árbitro tocó el silbato, y los jugadores e hinchas de Riestra festejaron con el encapuchado metido de vuelta en el tumulto. Mientras se iba el plantel de Comunicaciones después de unos diez minutos, Vigliano aclaraba que el partido estaba suspendido y que iba a informar lo que había pasado.
El informe escrito por el árbitro de lo sucedido en el Estadio Guillermo Laza a los 45 minutos del segundo tiempo con cinco minutos de adición por jugarse, iba a ser una pieza clave en el destino del partido, y en Comunicaciones lo intuían. Por eso, después de la suspensión, y al enterarse que el encapuchado de Riestra era el jugador Leandro Freyre, los dirigentes del club fueron a asegurarse de que el árbitro no iba a pasar por alto este detalle en su informe.
-¿Vas a informar al jugador que entró? – le preguntaron a Vigliano.
-No lo conozco.
–Pero, ¿viste el número?- insistieron los dirigentes.
El árbitro les confirmó que había logrado identificar el número 20 en la ropa de Freyre, y en Comunicaciones entendieron que iba a ponerlo en el informe. En ese momento, la pelota ya la tenían Vigliano y el tribunal de disciplina.
Mientras se llegaba a un veredicto en la AFA, el escándalo llegó a medios de todo el mundo. Los canales de televisión locales superponían la imagen del partido del domingo a la de uno anterior, y hacían coincidir los arcos para mostrar que las áreas efectivamente estaban más grandes. Ese lunes, Infobae publicó una imagen de un drone en la que se veía una línea borrada, con el dato de que un empleado del club había trabajado esa mañana sobre ella. Entre la línea borrada y la marcada, había una distancia de dos metros a ojo. Si las medidas de un área son 40 de ancho por 16 en el largo, con ampliar dos metros por lado sin tocar el frente se ganan cerca de 64 metros cuadrados. Puede ser que en Riestra “se haya escuchado de fondo” que se iban a agrandar las áreas en la previa del partido, según relataron off the record.
Aquel lunes, en ambos clubes se vieron más periodistas de los que se habían visto nunca para cubrir un partido de tercera división. En Riestra, los encargados para hablar con la prensa eran los dos Benítez. Jorge, el director técnico, y el capitán Gustavo. Este último, después de dar una nota al mediodía, se desmayó y fue internado unas horas por un pico de estrés.
La tensión del momento ya sobrepasaba a cualquiera, por más experiencia que tuviera. Pero el capitán de Riestra se recuperó, y junto a los centrales Sebastián Lamacchia y Daniel Silvani, sacaron todo lo que cayó en su área durante el primer tiempo del partido de los cinco minutos. Comunicaciones promete insistir en busca de los penales, pero el plan defensivo del rival, por el momento da resultado. Aunque en aquella planificación de Riestra, se manejó una opción con pocos antecedentes.
En el cuerpo técnico sabían que iban a caer centros desde cualquier lado, con la desesperación de Comunicaciones por el empate. Ante la falta de gente alta en el plantel, en un entrenamiento se probó al arquero Diego Maidana como defensor. Como se generaban dudas con esa improvisación, los propios jugadores pidieron dar marcha atrás, y quedaba a resolverse el problema de la altura. La única certeza que tenían, era que ese partido se iba a jugar sí o sí. A menos de 48 horas, esto se haría oficial.
El martes cerca de las 20 se publicó el boletín N° 5367 con la firma de Fernando Mitjans, Sergio Fernández, Eduardo Bozzi, Roxana Del Río, Jorge Gallelli y Gerardo Gómez, los miembros del tribunal que participaron en la decisión. Éstos resolvieron una sanción para Riestra de 300 entradas por los próximos diez partidos, la quita de 20 puntos en la próxima temporada y la clausura del estadio por diez fechas. Pero claro, lo que todos esperaban era si la final seguía o no.
El fallo casi unánime sentenció la continuación del partido a puertas cerradas en cancha neutral. En el boletín, después de haberse tomado dos días para juntar pruebas, escribieron que en el informe del árbitro no se dan las disposiciones del artículo 106 y que por eso se decidió completar lo que restaba de juego. A diferencia de lo que habían entendido los dirigentes de Comunicaciones, Vigliano nunca escribió que un jugador de Riestra participó en la invasión. El único en votar en contra fue Sergio Fernández, quien expresó no estar de acuerdo con la continuidad de la final porque resultaba claro, por todo lo que salió en los medios, que en la invasión hubo jugadores y/o dirigentes y que la situación es “claramente tipificable” en el inciso g del artículo 106. Este ítem del reglamento establece la pérdida del partido cuando el árbitro lo suspenda por “desorden o agresión en la cancha o entre el público asistente, promovido por dirigente, delegado, jugador o integrante del personal técnico de uno o de los dos equipos”.
El escrito parece ser concluyente para este caso. El primer invasor que toma la televisación es Freyre, quien había jugado partidos en ese torneo y había concentrado para esa final. Pero la defensa de Riestra se basó en los conceptos de “promover” y de “jugador”. El club argumentaba que Freyre no fue quien promovió la invasión porque no fue el primero en poner un pie dentro de los límites de la cancha, y que la ley no lo cuenta como jugador. El reconocido abogado Víctor Stinfale, gerenciador deportivo de Riestra, explicaría seis meses después de la invasión, que el mismo artículo 106 dice que los jugadores son solo titulares y suplentes, aunque esto no se lee textualmente en ese ítem.
En el caso de que Freyre efectivamente no sea jugador para el reglamento o no haya promovido la invasión, Comunicaciones también reclamó sobre el inciso l de ese mismo artículo. Este dice textualmente que se da por perdido el partido cuando el árbitro debe suspenderlo por “permanencia de un número mayor de personas a las reglamentariamente autorizadas para estar dentro del campo de juego”.
En base a estos incisos, Comunicaciones apeló el fallo a horas de su publicación. En cuanto a Freyre, sería citado a declarar ante el tribunal la semana siguiente a los cinco minutos, pero el jugador se ausentaría. Más tarde sería indagado y sobreseído por la Justicia, según Stinfale. Pasado el tiempo, nunca se publicaría una sanción oficial para Freyre, que a los meses jugaría un partido por los puntos en la reserva del club.
Sin una sanción para Freyre, Riestra pidió por la baja de las penas con respecto a los puntos quitados y la suspensión del estadio. El tribunal de apelaciones respondería al reclamo de ambos clubes recién en los últimos días de diciembre de 2017, a casi cinco meses de la invasión. La pretensión sería rechazada para Comunicaciones, simplemente porque el informe del árbitro no coincide con los incisos g o l del artículo 106. Para Riestra, un sí a medias. Devolución de diez puntos, y reducción a ocho fechas sin jugar de local.
Las idas y vueltas con el fallo llegarían a su fin. Para Comunicaciones no habría mucho más para hacer fuera de la cancha. Tampoco dentro de ella, porque el segundo tiempo de la reanudación del partido solo dura dos minutos, y su rival está bien plantado atrás.
La primera pelota que cae al área de Riestra en el complemento llega recién al minuto, y la despeja Sebastián López al córner. Después del centro hay una mano en ataque, y cuando Morel hace el tiro libre ya se cumplen los dos minutos. Pero Vigliano le va a dejar una más a Comunicaciones.
Cattaneo mete el lateral al área rival en tiempo cumplido. Saca de cabeza Lamacchia, Banegas devuelve con peligro pero el central de Riestra responde de nuevo. El despeje va en dirección de Cattaneo que otra vez la manda al área y obliga a Morel a responder con el puño. La pelota le queda a Maximiliano Zárate al borde del área, que le pega de zurda y rebota en uno de Riestra. Todo Comunicaciones reclama penal.
El árbitro levanta las manos para que siga el juego. Parece haber visto una mano del defensor, pero con los brazos encogidos sobre el cuerpo. Lamacchia despeja una vez más y se abraza con Benítez porque Vigliano toca el silbato. Cinco minutos de juego, cinco días para completar la vuelta y todavía cinco meses por delante para una decisión final en el escritorio. Ahora, la pelota ya dejó de rodar en la cancha. La prestaron por un rato, pero ya volvió a su verdadero dueño en esta historia. Otra vez, la pelota la tiene el tribunal.
La medalla de bronce obtenida por la selección argentina de vóley masculino en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 sirvió para que una gran cantidad de chicos y chicas se interesaran por este deporte y empezaran a practicarlo en distintos clubes del país. Como consecuencia de este nuevo incremento de jóvenes, las instituciones debieron agregar más horarios para realizar los entrenamientos y nuevas subdivisiones, para separar a los novatos de los practicantes que ya entrenaban.
Algunas de las instituciones que registraron un incremento de jóvenes en sus prácticas, luego de la presea que consiguió el seleccionado nacional, fueron los clubes que participan de la Liga de Voleibol Argentina. El impacto generó, además, que los chicos que ya se entrenaban en los equipos se entusiasmaran aún más con este deporte
Nicolás Lescano, el entrenador de las inferiores del club entrerriano Paracao, valoró el bronce olímpico y reconoció que si bien el club ya tenía una gran cantidad de jóvenes entrenando, la medalla fue un incentivo para que 12 chicos nuevos comenzaran a practicar en el club. Además, explicó el proceso con el que trabajan para que todos los nuevos jugadores puedan entrenarse: “Recibimos a todos los chicos, no hay pruebas previas, solamente hacemos subdivisiones para que los que recién empiezan vayan en otro horario, pero después los juntamos”.
El manager del vóley de Defensores de Banfield, Gonzalo Vega, explicó que en el club se duplicó el grupo de escuelita, donde el promedio anterior de 20 chicos, en la actualidad ascendió a 40. En esa división, los jugadores tienen un rango de edad de entre ocho y 11 años. Aunque el presente sea bastante optimista con la cantidad de jóvenes que hay entrenando, Vega, que también es vicepresidente del club de Banfield, arrojó una cifra poco alentadora en relación al futuro de los jugadores: “De cada 50 chicos, sale uno solo con posibilidad de vivir del vóley. Acá si no tenes un talento como para irte a competir a Italia, Brasil o Polonia, vas a jugar hasta que la necesidad de ingreso de dinero mínimo que paga el vóley nacional te lo permita”.
Además, comenta Martín Zamora, uno de los entrenadores de las inferiores de vóley del Club Ciudad de Buenos Aires que “en el club fue muy marcado el aumento”: “Nosotros teníamos 55 chicos menores de entre nueve y 15 años, y ahora tenemos 70. Tuvimos que habilitar un nuevo grupo”. Además, Zamora aclaró que los nuevos chicos tienen dos clases para probar y luego deben hacerse socios del club. El ex jugador explicó que el incremento de jóvenes llegó en el momento que más se necesitaba, ya que este año se suspendió una Liga Nacional sub18 que se desarrollará en noviembre, por falta de inscriptos y las categorías sub14 y sub16 tendrán pocos equipos.
Las repercusiones por la obtención de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se pueden comparar, en el vóley, con lo sucedido luego del tercer puesto en el Campeonato Mundial llevado a cabo en Argentina en 1982 y con el bronce en Seúl 1988.
Waldo Kantor, jugador que formó parte del plantel en las dos conquistas de la selección argentina durante la década del 80’, recordó una propuesta que le había hecho la Secretaría de Deportes de la Nación, a cargo de Rodolfo O’Reilly, durante 1986, cuando le plantearon a todos los deportistas que integraban la selección masculina de vóley quedarse en el país para disputar una Liga Nacional, donde cobrarían exactamente el mismo dinero que en Europa. Además, fueron distribuidos en distintos equipos de todo el país, ya que la mayoría jugaba en conjuntos de Capital Federal. Esta movida se realizó con la iniciativa de hacer crecer este deporte en todo el país, ya que aquellos jugadores se volvieron muy populares luego del bronce en el Mundial de Argentina ‘82. “Me acuerdo que a esos partidos iba mucha gente y muchos chicos se entusiasmaron con el deporte”, comentó Kantor, aludiendo a los duelos de la Liga Nacional.
“En Ferro había unas colonias de vacaciones con miles de pibes y muchos elegían el vóley aquellos años, por lo que generó el Mundial de Argentina”, comentó Kantor sobre el interés que había por los chicos. Además, el ex jugador recordó que en el 2014, cuando los integrantes de la selección de bronce se reunieron en Mar del Plata para jugar un torneo de veteranos, una gran cantidad de personas se les acercaron para decirles que habían empezado a jugar al vóley gracias a ellos.
En 1993, los diarios bolivianos El Deber y Los Tiempos escribían en sus tapas una misma noticia, ya que Bolivia había vencido a Venezuela en la última fecha de las Eliminatorias y lograba clasificar históricamente a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. Fue la primera vez que Bolivia clasificaba por mérito propio al Mundial (había sido invitada a los Mundiales de Uruguay 1930 y Brasil 1950). “El hecho de haber sido parte de un Mundial fue una bendición y más sabiendo que nadie confiaba en nosotros”, comentó Marco Sandy, ex defensor de Bolivia y jugador con mayor cantidad de partidos en la selección (93 encuentros).
Sin embargo, Bolivia se encuentra hoy lejos de saber lo que es jugar un Mundial, lejos de lograr una victoria fuera de la altura de La Paz, y con un panorama que viene en picada: más de 28 años sin ganar como visitante (la última vez fue en 1993), 61 partidos alternados entre derrotas y empates. Con el título de la peor selección sudamericana, se ubica en el puesto 83 en el ranking FIFA debajo de selecciones como Cabo Verde y Curazao. Pero no es solamente una mala racha.
El entrenador español Xabier Azkagorta fue la cabeza de la histórica clasificación boliviana a Estados Unidos 94. El entrenador que luego sería considerado emblema del fútbol boliviano recordó en una entrevista con El Deber que recibió insultos racistas apenas llegó a Bolivia: “Los primeros días era común que me gritaran vasco usurpador de tierras”. Sandy contó su impresión bajo las órdenes del entrenador europeo: “Hasta que llegó el profesor Xabier no sabíamos lo que era el doble turno en un entrenamiento. Él nos cambió la mentalidad, nos convenció de que podíamos jugar de igual a igual”. Sin quedarse solamente en palabras, el español demostró que iba en serio y durante su ciclo al frente de la selección boliviana entre 1992 y 1994 se encargó de llevar a su seleccionado a un centro de alto rendimiento ubicado en España, ya que en tierra boliviana no había. Y 27 años después sigue sin haber uno que cumpla las exigencias de una selección, ya que en pleno 2021 Bolivia utiliza el gimnasio del club Always Ready ya que es considerado el mejor en cuanto a equipamiento.
Además de la falta de un centro de alto rendimiento, el país sufre muchísimo que no haya centros que tengan el objetivo de cuidar y fomentar la importancia de una buena nutrición. Recién en 2021 y gracias a un acuerdo entre el City Football Group y el club Bolívar se está inaugurando el primer departamento de nutrición para combatir la obesidad que sufren los bolivianos. Según un estudio publicado en 2020 por UNICEF, el 35,6% de los niños de entre 5 y 18 años de Bolivia tienen prevalencia de malnutrición por exceso, es decir sufren sobrepeso y obesidad. “Vi a chicos de ocho años que desayunaban a las nueve de la mañana empanadas fritas. En el plantel profesional teníamos un menú especial preparado para los jugadores. Cuando ellos salían en su momento libre nos enteramos que comían tripa frita a escondidas”, relata el argentino RaúlMusuruana, quien dirigió a equipos bolivianos como el Atlético Bermejo y Real Potosí.
Otro factor que impide el crecimiento del fútbol boliviano es el poco apoyo que tienen las inferiores. Por ejemplo, en Argentina hay un torneo para las juveniles de cada equipo, que dura 25 fechas que conllevan alrededor de ocho meses. En cambio en Bolivia la situación es diferente, ya que las divisiones inferiores tienen solamente un torneo por categoría y que, como si fuera poco, dura una semana y se juega todos los días, sin descanso.
“Al no tener una buena competencia se pierde la brecha. Por eso mismo, a eso de los 15 años los chicos se inclinan por el estudio, pierden los hábitos y hasta la mayoría cae en los vicios como el alcohol, y dejan el deporte”, declara Musuruana mientras recuerda que le tocó ver a miles de jóvenes frustrados por la falta de oportunidades. Recién este año la Federación Boliviana de Fútbol decidió inaugurar un torneo Sub 20 para que tengan más oportunidades e inclusive ya están organizando un Sub 17 para 2022. “En 2011 jugamos el Sudamericano Sub 20 contra Brasil, que tenía a Neymar, Casemiro y Lucas Moura, y nuestros jugadores no habían jugado ni un solo partido en toda la temporada”, recuerda Sandy, el exfutbolista dirigió la Sub 20 de Bolivia durante 2010, 2011 y 2017.
La mentalidad del jugador boliviano es otro de los problemas. Una selección que se cree invencible desde hace años por saber jugar en alturas mayores de 3600 metros en el estadio Hernando Siles de La Paz, donde los rivales pueden sufrir cefaleas, mareos, falta de apetito, trastornos gastrointestinales y vómitos. La localía es la única razón por la que hoy Bolivia todavía tiene chances de lograr alcanzar el repechaje para entrar al Mundial de Qatar 2022. Sin embargo, la selección tiene en claro que si sueña con volver a jugar un Mundial va a tener que ganar de visitante, ya que ni siquiera ganando todos los partidos de local se asegura una plaza mundialista. Mientras tanto, los diarios van a seguir con el mismo título en su tapa: “Juegan como nunca, pierden como siempre”.
El surf es el deporte que suele aparecer en la temporada de vacaciones de verano, cuando las redes sociales se llenan de posteos con personas con una tabla en la mano o algún video bajando una ola. ¿Por qué, si tanto divierte la adrenalina de estar parado arriba de una tabla en el medio del mar y pagamos increíbles cantidades de dinero para recibir una clase o alquilar un tablón, meses después parece que nos olvidamos que existe este deporte? ¿Cómo es la vida de alguien que se dedica profesionalmente al surf? ¿Es necesario vivir cerca de la costa para dedicarse al 100%?
“Después de tres días intentándolo, pude bajar la primera ola que se surfeó en Miramar”. Jose Zurga es esloveno, pero en 1958 llegó a Buenos Aires y se ubicó en la Costa argentina, donde después de estar cinco años viviendo al lado de la playa viendo las olas romper, una tarde logró proclamarse como el padre argentino del surf después de pararse en una tabla de madera y por fin surfear por primera vez en territorio nacional.
Este deporte tan exótico y llamativo viene de Estados Unidos, de las costas californianas, donde se comenzó a popularizar en los 60. Aunque años anteriores ya se practicaba, como en la década de 1930 y 1940, y hasta incluso mucho antes, debido a la Segunda Guerra Mundial el surf tuvo un parón bastante significativo. Aunque cuando los soldados tenían tiempo para relajarse podían presenciar algunos surfistas en acción en el caos de las zonas costeras. Se le llama “surf moderno” ya que se dejan de utilizar tablones de maderas grandes y pesados y se pasa a tablas cada vez más cortas y finas, con nuevos materiales como la fibra de vidrio y la espuma de poliuretano. La modernidad del Surf viene de la mano de los Beach Boys como bandera, una banda de rock estadounidense cuyo lema era la playa, los jóvenes en malla y una tabla bajo el brazo.
Los años 70, 80 y 90 son el salto definitivo. Modernidad absoluta a la hora de hablar de trajes de neopreno que permiten meterse en aguas heladas sin sentir ni una sola gota (esto beneficiaría a los surfistas argentinos), las tablas cada vez de menor tamaño y los atletas con más habilidad logrando trucos impresionantes como despegarse de la ola dando una pirueta de 360 grados. Y para los 2000, el surf ya es un deporte globalmente conocido. Las redes sociales nos permiten ver competencias del otro lado del mundo, conocer surfistas que son muy buenos pero no tienen tanta repercusión, y hasta ver olas magníficas o playas desconocidas.
En Argentina, el surf tuvo que esperar muchos años para tener la importancia que tiene hoy. Aunque el padre de este deporte es Estados Unidos, el máximo potenciador de surfistas hoy sale de Latinoamérica. Brasil, un país que a fines de los ochentas estaba muy golpeado por la economía, tenía muchísimos problemas tantos políticos como sociales pudo salir adelante y encontrar una manera de presentarse al mundo, primero gracias a estabilizaciones económicas del gobierno en los años 90´ como el “Plan Real” donde el objetivo principal era controlar la hiperinflación y posteriormente con un gran nivel de atletas que representaban a la nación a través del mundo entero. Las mejores olas siempre estuvieron en costas australianas o hawaianas, pero no fue impedimento para los latinoamericanos, quienes supieron a su manera surfear las olas que hay en sudamérica.
“El problema en Argentina es similar a lo que pasa en Brasil. Los surfers se tienen que adaptar a un tipo de ola que no va a tener a la hora de competir, ya que en las costas de Buenos Aires son de muy baja calidad”, comenta Fran Izzo, ex surfista profesional argentino y actual entrenador en Mar del Plata. “También las playas argentinas tienen el problema de que las olas son de viento, mientras que en toda la Costa Oeste del continente o más al norte, las olas son por movimiento del agua, tienen más fuerza y el fondo ayuda a que sean de mejor calidad”.
¿Cómo lograron los países de Latinoamérica ganarles a países tan lejanos como lo son Estados Unidos o Australia donde sus altos niveles competitivos hacen que sea muy difícil la competición? Este deporte tiene grandísimas historias a nivel competitivo. Como la del estadounidense Kelly Slater, el oriundo de Florida que a pesar de tener 50 años sigue compitiendo en las categorías más altas al punto de seguir ganando torneos y manteniéndose mejor físicamente que promesas de 20 años. También está el título que logró en 2014 el brasileño Gabriel Medina, rompiendo por primera vez el dominio de Australia y Estados Unidos. “No teníamos tanto dinero y no sabíamos cómo ganarles en el deporte que ellos mismos perfeccionaron, pero una vez que llegó Gabriel aquí el surf empezó a ser algo mucho más serio. Lo cambió todo”, declaró Mateus Herdy, surfista brasileño que se reconoce aprendiz de Medina, en una entrevista realizada en 2020 para la página oficial de Red Bull. La llegada de Medina no solo revolucionó Brasil, sino que también fue una motivación para Argentina. Atletas como Santiago Muñiz, Leandro Usuna y Josefina Ané se inspiraron en su juego luego de ver que en tierras sudamericanas si es posible llegar a las grandes ligas.
Como en todo deporte que hay grandes historias también está su contracara, el lado negativo. El surf es una actividad que necesita una zona playera con olas y esto no se encuentra en cualquier lado. Brian Rappaport es un surfista amateur de 28 años, pero al vivir en la Capital Federal no se pudo dedicar profesionalmente al deporte. “Cada vez que puedo hacerme una escapada a la Costa subo la tabla al auto y viajo las cinco horas en la ruta, pero se hace muy difícil no oxidarse, porque si no practicás constantemente, perdés la técnica. Argentina, a pesar de tener a Mar del Plata como la capital nacional del surf, parece no ser de mucha ayuda ya que se practica este deporte en diez playas como máximo y no es muy beneficioso para la práctica a nivel competitivo”, dice. También una situación no muy favorable para los surfers argentinos es su propio mar, porque a pesar de que los brasileños tienen olas muy buenas los 365 días del año y clima súper cálido, al igual que los estadounidenses, en Argentina las mejores olas se producen en invierno, cuando el mar está a temperaturas muy bajas. Por eso se requiere de trajes de neopreno muy avanzados para resistir el frío del agua hasta el punto de no sentirse mojados.
El surf nunca fue muy mediático. Pocos canales pasan sus competencias y si se pasan es por algún motivo muy específico. Pero este año todo cambió ya que fue una competencia en los Juegos Olímpicos de Tokio. La Asociación Internacional de Surf viene trabajando en la idea de que se convierta en deporte olímpico hace años y fue un avance muy grande en el deporte. Todo cambió con Fernando Aguerre, el argentino que hace 27 años es el presidente de la asociación y que fue el primero que propuso formalmente que sea considerada una disciplina olímpica. “Recuerdo que durante los Juegos Panamericanos de 1995 en Mar del Plata, un amigo en común me consiguió una reunión con el mexicano Mario Vázquez Raña, un muy influyente líder político que, me dio ánimo y me entusiasmé, meses después tuve una reunión con el presidente de la COI (comité olímpico internacional). Ahí le llevé tablas de surf y le mostré hasta como pararse en una tabla. Me dijo que no afloje, que algún día se podría dar. Imagínate yo creía que podía ser para Sídney 2000, luego pensé que entrar para Río 2016 sería perfecto, pero tampoco se dio. Fue muy loco porque ese mismo año, volví a Río para recibir la noticia oficial de la inclusión olímpica. Fue un momento único de mi vida, que nunca olvidaré”, declaró Aguerre para el diario “La Voz Deportiva” en julio de este año.
En 2021, la selección argentina estuvo representada en los Juegos Olímpicos de Tokio por Leandro Usuna luego de ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.
Dejando de lado las competiciones y los altos rendimientos, los que practican este deporte, ya sea de forma recreativa o con constancia, admiten que hay una conexión muy fuerte a la hora de meterse al mar ya que es un momento donde absolutamente todo depende de las decisiones que tomes encima de la tabla. En los deportes típicos como el fútbol o el tenis los jugadores ya conocen cómo es la cancha, las medidas de la misma y vayan a donde vayan las medidas van a continuar siendo similares, caso que en el surf no sucede jamás. Cada playa es completamente diferente a otra, el viento es distinto, la corriente que fluye por debajo del agua es otra y nunca existirán dos olas completamente iguales.
“El mar es algo único, es uno de los pocos lugares donde podés jugar como un nene teniendo la edad que tengas, es increíble. En la escuela, cuando doy las clases, lo primero que decimos es que vamos a ir al psicólogo y cuando nos ven con cara de desentendido apuntamos al mar, porque ahí entrás con todos los problemas pero salís con una cabeza nueva”, dice el marplatense Fran Izzo. “El mar es paz. El contacto con el agua y ser uno con las olas es una sensación única”, afirma Brian Rappaport que a pesar de vivir en la Capital Federal no se olvida de sus días y las sensaciones que le generaba estar en la costa. Seas profesor de surf y estás viviendo todos los días en la playa rodeado de las olas y la arena o vivas en el centro de Buenos Aires repleto de edificios y caos sin conocerse comparten el mismo pensamiento sobre lo relajante y la alegría que genera meterse al mar.
Un deporte que es catalogado en la categoría de “deportes extremos” pero que a su vez es sumamente relajante y tranquilizante. Eso es el surf, un deporte que cuando se practica al menos una vez queda guardado como una aventura y un recuerdo para la eternidad. Eso es el surf, un deporte que en invierno sobrevive únicamente gracias a sus atletas y en verano es la atracción de toda la playa. Eso es el surf, pero por sobre todas las cosas es un deporte que sea tu primera vez parado sobre la tabla o seas un atleta que se dedica profesionalmente, la experiencia que vivas será única e irrepetible y eso, es realmente el surf.
Fernando Ferrara tiene 53 años y todo comenzó cuando tenía seis y vivía en Núñez. Empezó a jugar al hockey en el Club Ciudad de Buenos Aires, pero tiempo después, cuando nació su hermana menor discapacitada, sus padres decidieron mudarse a Florida porque su papá, José Antonio Ferrara, trabajaba en una concesionaria de Peugeot ubicada en la calle Melo y Chacabuco, a cuatro cuadras de su nuevo hogar.
Cuando jugaba con su papá en el club, él siempre pateaba y Fernando atajaba; y en el seleccionado de su colegio, la Escuela N°12, era el arquero del equipo, rol que siempre le gustó ocupar.
En Florida tenía como vecino al representante de Claudio Bichi Borghi, Salvador Bocha Brescia. Fernando jugaba todos los días a la pelota en la calle con quien luego se convertiría en una estrella de primera división. El representante de Borghi lo vio algunas veces y les insistió, tanto a él como a su padre, para que se probara en Argentinos porque veía que tenía condiciones para jugar en un club.
Como ya hacía hacia otro deporte, sus padres le dijeron que tenía que elegir uno de los dos porque su prioridad era el estudio. Se inclinó por el hockey debido a que estaba en el equipo del Club Ciudad de Buenos Aires y también porque lo habían llamado para empezar a formar parte del seleccionado juvenil.
“No me arrepiento de la decisión que tomé porque hice una carrera espectacular con el hockey. De lo que sí me arrepiento es de no haber, por lo menos, probado porque me quedé con la intriga de hasta dónde hubiese llegado con el fútbol”, comentó Ferrara.
A los 20 años, siendo jugador del junior y del seleccionado mayor de hockey, participó de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. En 1989, formó parte de una gira por Europa con ambas categorías. Luego continuó su carrera en el Club Deportivo Terraza de España, donde su amigo Marcelo Garrafo era jugador y entrenador.
Después de dos años, en un torneo que estaba participando con la Selección Argentina en España, lo vio un dirigente de Villafranca, Italia, y le hizo una buena oferta para irse a jugar. En 1993 se fue al club Cernusco, en Milán, y allí comenzó su carrera como jugador y entrenador.
En el 2014 finalizó su etapa como deportista en el Hockey Club Bra de Italia, luego de salir campeón y goleador del torneo. “Para mí fue el Batistuta del hockey”, opinó Alejandro Marinaro, compañero de la Escuela N°12.
En octubre de 2021, luego de la medalla de plata que consiguieron Las Leonas en los Juegos Olímpicos de Tokio, Carlos el Chapa Retegui decidió dejar de dirigir a la Selección nacional y, en su lugar, asumió Fernando Ferrara.
Si bien su trayectoria fue en el hockey profesional, él sostiene que este deporte en la Argentina no se debe profesionalizar a nivel clubes, pero sí en la competencia de alto rendimiento, como el seleccionado argentino, porque no sería posible ser campeones olímpicos y del mundo, como fueron Los Leones y Las Leonas.
“No me gustaría que se pierda el sentido de pertenencia al club que hay en la Argentina, donde tenés a tus amigos, crecés y aprendés. El amateurismo es un valor que no se debe perder el hockey”, manifestó Ferrara.