sábado, abril 13, 2024

Las vivencias de un argentino en un club de la costa andaluza

Por Nicolás Fernández Rossi 

La carrera de Germán Mazzarino en Europa tuvo muchas idas y vueltas. Su primera experiencia en el Polideportivo Almería se dio en el 2015, cuando a través de las redes vio que este club de fútbol se refundó y se convenció de que ahí era donde quería estar. 

Juan Diego Sánchez, una de las personas que colaboró con la refundación de la entidad, explicó: “No era el primer caso de un jugador argentino que contactaba con nosotros, pero sí fue el primero en atreverse realmente”. De esa forma, Mazzarino inició su viaje. 

“Enviando mails, contacté varios equipos de Europa (Italia, España), y me decidí por el Polideportivo Almería, que en ese momento estaba en sexta división. Yo solo había jugado al futsal en JJ Urquiza y en Camioneros”, describe sobre sus primeros intentos.

Sin embargo, no fue nada fácil adaptarse ya que no le daban los permisos correspondientes para jugar. “El pasaje me lo pague yo, pasé las pruebas, pero no me otorgaban el transfer y el club fichó a otro jugador, así que me fui a préstamo al Lucainena, donde solo jugué 3 partidos, pero no me sentía cómodo y seguía extrañando mucho a mi familia y amigos que vivían en Argentina”

Pasaron tres meses, pero no lograba acostumbrarse a estar lejos de sus seres queridos, así que partió rumbo a Buenos Aires donde se convirtió en gerente de ventas en una  fábrica de juguetes. “Tenía esa espina terrible por no haberme acostumbrado”, describe hasta que explica que por enero de 2017 renunció a su puesto de trabajo y volvió a probar a suerte ya que seguía al equipo por las redes y sabía del mal momento que estaban atravesando.

“Jugué de vuelta un año y medio, ascendimos a la cuarta división y me quedé definitivamente en el equipo. Empecé a jugar de extremo, hasta que mi entrenador, Jorge Garcés, me pasó al lateral izquierdo”.

En ese lapso, Mazzarino tuvo que atravesar diferente situaciones que lo ayudaron a crecer: “Tuve un paso por el Club Deportivo Roquetas, sufrí una lesión que hizo que se me cayeran todas las uñas del pie, pasé meses sin jugar, y firmé por el Huércal, de cuarta división, donde estuvimos a un gol de ascender”.

Al regresar a Almería, siguió jugando y cosechando aceptación entre los simpatizantes del club, a tal punto que, además de jugador, es entrenador hace tres años, enseñando a chicos del club de entre 6 y 9 años. “Me desempeño en cadetes, pasé por todas las canteras. Obtuvimos un ascenso, jugamos play off, como entrenador logré dos ascensos en tres años”, resalta orgulloso por el trabajo realizado en la institución fundada en 1983.

A la hora de definir el espíritu del polideportivo, el ex Camioneros lo define como “un club con mucha historia, que supo estar en la segunda división. Mete bastante gente, 600 personas todos los partidos, a diferencia de otros equipos del ascenso. El fútbol es muy técnico, los jugadores tienen mucha calidad”.

Pese a la comodidad en la que se encuentra, y a la espera de retomar la actividad tras la pandemia, no descarta probar nuevas experiencias: “Hace dos años que no voy a la Argentina, me gustaría jugar allá, también tengo otros países en mente, como Italia o Andorra”. En el mientras tanto, cuenta que desde el club le mandan rutinas que debe seguir para no perder el ritmo de competencia.

Haciéndole frente al coronavirus

“En Almería se dieron pocos casos en relación a Barcelona, 600 casos, hubo pocas muertes, la ciudad fue pasando de fase bastante rápido. Hace dos semanas se puede salir a realizar diferentes actividades, pese a que todavía hay medidas de precaución”, cuenta el argentino sobre cómo se vive allá el Covid- 19. 

Claro que al principio, la incertidumbre por el virus generaba miedo en la gente: “Salías al supermercado y se veía a las personas con temor, había mucha distancia, te miraban mal, si agarrabas un yogurt y lo devolvías al estante te decían cosas, no les gustaba que hicieras eso”.

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