miércoles, enero 28, 2026
Home Blog Page 251

La vuelta de Óscar Cardozo en busca de revancha

Por Francisco Di Giusto

El 3 de julio de 2010, ya pasadas las nueve de la noche bajo el estrellado cielo sudafricano, el delantero paraguayo Óscar Cardozo acomodó la pelota en el punto penal. Había caído producto de un agarrón de Gerard Piqué en un córner y el juez guatemalteco Carlos Batres no dudó en sancionar la pena máxima. Además, venía de convertir el último penal en la definición frente a Japón, y se sentía confiado. Ojos clavados en el balón, con un trote apurado y decidido se fue acercando cada vez más a la redonda hasta que sacó un zurdazo furibundo hacia el palo izquierdo de Iker Casillas. Todo el estadio enmudeció.  El arquero del, en ese momento, Real Madrid, adivinó la intención y tapó el remate. Finalmente, España vencería 1 a 0 al seleccionado paraguayo con gol de David Villa y avanzaría a semifinales de la Copa Mundial. Las ilusiones Guaraníes quedarían enterradas allí en el Ellis Park, mientras que los ibéricos se coronarían campeones una semana después.

Cardozo tuvo una carrera casi diseñada para que su epicentro sea ese penal. Nacido hace 36 años en un pequeño hogar al costado de la ruta 7, en el departamento de Caaguazú, el ariete se caracterizó siempre por su altura, buen cabezazo y potencia al definir. De ahí su apodo Tacuara, por la planta de bambú. Su debut en el Club 3 de Febrero en el año 2003 ya lo catapultaba como un letal artillero, con 20 goles en 34 partidos. Luego de un auspicioso paso por Nacional de Asunción, el delantero paraguayo llegaría a Newell’s, donde su carrera dio el salto que necesitaba. La temporada 2006-07 fue brillante, formando una temible dupla con su coterráneo Santiago Salcedo y anotando 21 tantos en 33 encuentros, salvando al equipo rosarino del descenso. Mientras que su nivel iba en ascenso.

Sus buenas actuaciones le valieron la convocación a la Selección Nacional, su sueño siempre latente. Primero en amistosos y luego en la Copa América de Venezuela 2007. Formó parte de una época dorada del seleccionado Guaraní con jugadores de la talla de Justo Villar, Roque Santa Cruz y Salvador Cabañas, que comenzó en dicha competición y se estiró hasta el subcampeonato en la Copa América del 2011, cuando cayó 3-0 frente a Uruguay. En el medio, aquellos cuartos de final frente a España donde estuvo a un penal de la gloria, pero Casillas despilfarró sus sueños con una volada antológica. Luego de la final perdida en el Monumental, Gerardo Martino abandonó su cargo como director técnico y la selección fue de mayor a menor sin un rumbo decidido.

El mismo rumbo tomó la carrera de Tacuara, quien de Newell’s pasó al Benfica portugués, en una transferencia que ocupó en ese entonces el segundo escalafón entre las más caras del club luso (11 millones de dólares Euros), solo por detrás de Simao Sabrosa. Allí Cardozo disputó siete temporadas, en las que marcó 172 goles y consiguió ocho títulos locales. Su cénit goleador llegó en la temporada 2009-10 (38 tantos), contemporáneo al Mundial de Sudáfrica. Pero sin dudas, su oportunidad con el club llegó en el año 2014. Sin Paraguay en el mundial, y con la espina clavada del pasado año en la final perdida frente al Chelsea, el paraguayo llegaba a una nueva final de Europa League con el Benfica, frente al Sevilla de Unai Emery. Y fue otro penal, otro maldito penal, esta vez en la definición luego de un tibio 0-0, el que condenó a Tacuara. El arquero del conjunto español Beto alcanzó a manotear el débil remate del guaraní, que se difuminó al lado del palo. Cardozo cayó vencido mientras los gritos andaluces se hacían tronar. Finalmente, Sevilla vencería a los lusos por 4-2 y se coronaría campeón. La maldición de Bela Lugosi, esta vez encarnada en los pies del muchacho de Caaguazú.

El rendimiento de Cardozo mermó notoriamente luego de dicha final. Ya fuera de la consideración del cuerpo técnico, migró a Turquía donde, si bien rindió, perdió en la carrera por un puesto en el seleccionado. Sin disputar las Copas América de 2015 y 2016, y tras un paso fallido por el Olympiacos griego, decidió que su futuro, y lo mejor para su carrera, estaba en las bases. Así, retornó a Paraguay, donde desde 2017 defiende la camiseta de Libertad. Allí lleva 72 partidos, 39 goles, un título y actualmente se encuentra en octavos de final de la Copa Libertadores. Y eso no es todo: volvió a la nómina del seleccionado en el final de las eliminatorias para Rusia 2018, y actualmente se encuentra entre los 23 que disputarán la Copa América en Brasil.  Tacuara, que en sus pies tuvo la gloria, está de regreso. Y busca revancha.

El demorado regreso de Japón a Sudamérica

Por Manuel Antuña

El lunes 17 de junio, la Selección de Japón jugará un partido que se postergó hace 2907 días. El lunes 17 de junio, Los Samuráis Azules disputarán su primer partido por la Copa América de Brasil 2019 ante Chile y, finalmente, volverán a hacer rodar la pelota por Sudamérica en un torneo oficial, como hicieron por primera vez en 1999 en Paraguay.

Cuando el árbitro dé la orden en el estadio Morumbí, se podrá jugar un encuentro que estaba inicialmente pactado para comenzar en San Salvador de Jujuy, una provincia que el combinado japonés no llegó a conocer.

El lunes 17 de junio, el equipo nacional que representa a las más de 3.000 islas que conforman el archipiélago ubicado en el Pacífico Norte, podrá finalmente presentarse a jugar el certamen que la naturaleza le impidió en 2011.

Era la hora 14:46 en todo el Estado del Japón. Era viernes, con lo cual las calles seguían congestionadas con oficinistas, comerciantes y turistas. Los jóvenes, en el colegio. Cuando el reloj llegó al segundo 23, las vidas de los 126 millones de ciudadanos nunca volvieron a ser las mismas. El suelo comenzó a temblar, no paró durante seis cortos minutos que debieron sentirse como una eternidad. La superficie, por la intensidad del movimiento, perdió propiedades físicas y comenzó a hundirse. El terremoto que ocurría, bautizado Tōhoku, no era como los que habían experimentado en los días previos, este era mucho más poderoso, el más fuerte que alguna vez azotó a Japón. La escala sismológica de magnitud de momento marcó que fue de 9,0.

Pero lo peor aún no había pasado. Luego del gran movimiento tectónico, le siguió un tsunami con olas que llegaron hasta los diez metros, que terminaron por arrasar con todo lo que tenían por delante, y que ocasionaron el 92% de todos los decesos por estas catástrofes naturales.

El saldo final marcó más de 15 mil muertos y más de 2 mil desaparecidos. Millones de personas desplazadas de sus hogares, y un país con serios destrozos en su infraestructura. El pueblo japonés tenía un largo camino por delante, se estimaba que le tomaría cinco años poder recuperarse, y que era incluso peor que las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Pero, fieles a su historia, no perdieron un segundo. En sólo seis días reconstruyeron una autovía completa, y un mes después ya habían restablecido los vuelos domésticos.

Sin embargo, a pesar del gran esfuerzo que hacían los japoneses para reactivar a su país tras la tragedia, debieron dejar de lado algunos compromisos. El Campeonato Mundial de patinaje sobre hielo, a disputarse en Tokio, debió ser trasladado a Moscú, por ejemplo. Pero su ausencia más recordada, fue la de la Copa América 2011, que se disputó en Argentina, y que de hecho compartía el grupo con el anfitrión.

El por entonces vigente campeón de la Copa de Asia se vio obligado a resignar sus chances de jugar su segunda Copa América, porque la liga local debió interrumpirse por los graves daños que atravesó el país en ese momento, y sus jugadores no estarían con el mismo ritmo que los sudamericanos. Fue por eso por lo que en su lugar ingresó Costa Rica.

Ya transcurrieron ocho largos años, y el horizonte es otro en el Estado del Sol naciente. Japón ha logrado sobreponerse frente a la adversidad natural, y continúa siendo uno de los países líderes en el mundo. En su Selección, también han ocurrido cambios de panorama. Ya no están las estrellas de Keisuke Honda,Yūto Nagatomo o Shinji Kagawa, sino que, actualmente, hay una renovación de jugadores en el seleccionado.

El entrenador, Hajime Moriyasu, tomó la determinación a principios de año, cuando armó al plantel que culminó subcampeón en la Copa de Asia ante Catar. Ahora fueron convocados 17 jugadores que no tuvieron rodaje en la Selección Mayor, únicamente en los seleccionados juveniles, y que estarán disputando sus primeros encuentros oficiales con el manto azul.

Muchos de estos nuevos jugadores, apenas superan los 22 años. Lo que significa que la mayoría de ellos tenían alrededor de 14, cuando Tōhoku sacudió a su nación en 2011. Eran jóvenes que iban a clases y no debían imaginar lo que estaba por ocurrir. Inclusive, Takefusa Kubo, el más chico del grupo, solo tenía nueve años, y era un pequeño que concurría a una escuela primaria.

Luego del temor más grande de sus vidas, los muchachos pudieron seguir con el fútbol. Hasta algunos como Naomichi Ueda y Shoya Nakajima, fueron a jugar el Mundial sub-17 ese mismo año a México, en donde llegaron hasta cuartos de final.

No será un certamen más para Japón. No sólo porque busca darles minutos a sus jóvenes promesas, no sólo porque tiene la oportunidad de sumar un título histórico a sus vitrinas, ni siquiera porque se encuentra con la chance de demostrar el crecimiento del fútbol en el continente asiático.

Cuando el próximo 17 de junio Japón enfrente a Chile, esta nueva generación de jugadores hará aquello que esperaba ver de sus ídolos, que los fanáticos nipones del fútbol no pudieron disfrutar en su momento. El 17 de junio, los pibes de Japón vuelven a jugar una Copa América.

Colombia después de Pekerman

Foto: golombianos.com

Por Daniel Melluso

Seis años, cuatro meses, tres días, dos Mundiales y un par de Copas América, duró el ciclo de José Pekerman en la selección Cafetera. Más allá de los buenos resultados deportivos —los cuartos de final en la Copa del Mundo Brasil 2014 y la tercera colocación en el torneo continental que organizó Estados Unidos en el 2016, a raíz de los 100 años de la CONMEBOL, fueron los puntos más altos de su campaña—, el verdadero mérito es el legado que el técnico dejó y la clara muestra son los jugadores que potenció a lo largo de ese lapso, quienes ahora son los emblemas del equipo.

El de Villa Domínguez, Entre Ríos, le cedió la posta al portugués Carlos Queiroz, que tras un exitoso paso por el seleccionado de Irán recaló en tierras colombianas para que con su impronta, La Tricolor continúe en franco ascenso. El hombre nacido en la antigua África Oriental Portuguesa, actual Mozambique, quien en sus pergaminos como entrenador cuenta, además, con un corto recorrido por el Real Madrid, lleva dirigidos dos encuentros amistosos en su nuevo cargo: un triunfo ante Japón y una derrota ante Corea del Sur, en marzo de este año.

Para esta copa, la que será su primer competencia oficial, el lusitano producirá un gran recambio si se tiene en cuenta la lista de 23 que confeccionó Pekerman para el último Mundial en Rusia. Son 10 los futbolistas que no estarán en Brasil y que sí lo hicieron en el país europeo, los cuales constituyen el 43 por ciento de la nómina. Los mediocampistas Carlos Sánchez y Juan Fernando Quintero (por lesión), y el delantero Carlos Bacca son los grandes ausentes, pero los ingresos y, a la vez, regresos de los atacantes Duván Zapata y Roger Martínez, y el volante Edwin Cardona inyectan de ilusión al pueblo Cafetero.

Radamel Falco García y James Rodríguez son las figuras del equipo, por lo que estarán presentes en el torneo. El arquero David Ospina y el volante Juan Guillermo Cuadrado también fueron citados y, junto con el centrodelantero y el mediocampista creativo, serán los referentes del plantel que buscará el segundo título continental en la historia de La Tricolor.

Vale recordar brevemente que el único campeonato en el que logró el primer puesto fue en el del 2001 y el mismo lo tuvo como anfitrión. Se consagró tras no recibir goles, convertir 11 y concatenar seis victorias consecutivas, incluyendo la final ante México, al que venció por 1 a 0 con el tanto de Iván Ramiro Córdoba, ex defensor del Inter de Milán y capitán de aquella plantilla.

Por otra parte, dentro de los convocados se encuentran el guardameta Álvaro Montero y el central Jhon Janer Lucumí, quienes no disputaron ningún partido con el seleccionado mayor, pero sí fueron parte de los juveniles. Es más, Montero jugó el Mundial Sub-20 Nueva Zelanda 2015, en el que fue titular, pero el equipo perdió en octavos de final ante Estados Unidos. Ambos son parte de la renovación generacional que ocurre lentamente en el conjunto sudamericano.

Teniendo en cuenta cada una de las cuestiones aquí planteadas, sobre todo el debut por los puntos de Queiroz, Colombia intentará ser su mejor versión y, por qué no, lograr su segunda corona americana para que el después de la era Pekerman no sea tan brusco.

Ramiro Castillo, un sueño que terminó en pesadilla

Por Juan Pablo Manera

Toda persona fanática del fútbol, sea o no jugadora, sueña desde chica con, alguna vez, calzarse la camiseta de su país y defenderla hasta con la última gota de transpiración para lograr un título y quedar marcado en algún punto de la historia.

Fue Bolivia la que, en 1997, logró alcanzar la última instancia de la Copa América por segunda vez en 72 años de vida futbolística. La Verde quería volver a repetir la gloria que había alcanzado en 1963, cuando se coronaban, por primera y única vez, campeones del certamen continental – después de dejar en el camino a Perú, Venezuela, Uruguay, Ecuador y México – los jugadores anhelaban el poder triunfar ante un Brasil lleno de estrellas y tocar el cielo con las manos, tal cual lo habían hecho sus antepasados en aquella época.

Llegó el 29 de junio, día designado por los organizadores para que los dos mejores del torneo jueguen entre sí con el objetivo de definir al nuevo conquistador de Sudamérica. El estadio era el Hernando Siles, ubicado en los casi 3600 metros de altura de La Paz. En los altoparlantes sonaban las formaciones de ambos equipos y la gente en el estadio se sorprendió al no escuchar el nombre de Ramiro Castillo, delantero, capitán y figura de la selección boliviana. Resulta que, poco antes del comienzo del encuentro, a Chocolatín le avisaron que su hijo había tenido que ser hospitalizado por un fuerte cuadro de hepatitis, por lo que decidió no jugar la final e ir a la clínica en donde estaba su niño. 2 días después, el pequeño de tan solo 7 años falleció.

Castillo, de 31 años de edad, se vio envuelto en un profundo estado de depresión y, 3 meses después de la tragedia, optó por no continuar. El 18 de octubre de 1997, fue hallado sin vida en su casa ubicada en la localidad de Achumani, al Sur de La Paz, con una corbata alrededor de su cuello.

Posterior al incidente, uno de los jugadores que formaba parte de la Selección de Bolivia en aquella Copa América, Erwin Sánchez, declaró de qué manera se vivió la situación en el vestuario y cómo afectó al rendimiento del equipo en la final (perdieron 3-1): “Fue un gran golpe para todos. Pocos conocen esta historia, fue muy triste para nosotros. Teníamos la ilusión de ganar la Copa jugando contra Brasil y con la presencia de nuestro pueblo. Todo fue cuesta abajo”.

Castillo era uno de los referentes de su país y uno de los que integró la lista de 23 de Bolivia en el Mundial de Estados Unidos en 1994, la última vez que la nación se clasificó a una Copa del Mundo. Tuvo un largo paso por el fútbol argentino, donde vistió las camisetas de Instituto de Córdoba, Argentinos Juniors, River Plate, Rosario Central y Platense –es el boliviano con más partidos jugados en nuestro país, con 146 apariciones y 10 goles convertidos-.

Un jugador con una extensa carrera y que todavía tenía mucho para dar. A minutos de tocar la gloria, pero con un final trágico a la vuelta de la esquina. Un sueño que terminó siendo una pesadilla.

Superman, el goleador de Ecuador

Por Fernando Bajo

En México a Enner Valencia, delantero de la selección ecuatoriana de fútbol, le dicen Superman. El atacante de 29 años que acaba de consagrarse campeón de la primera división mexicana con Tigres, arribó por primera vez a aquel país en 2014 cuando se sumó al Pachuca. En su primera temporada maravilló a todos al marcar 18 goles en 25 partidos que lo llevaron a jugar en la Premier League de Inglaterra (West Ham y Everton), pero en Europa no logró mostrar todo su potencial y solo marcó 13 goles en 91 encuentros. Luego de aquel paso por el viejo continente retornó al país azteca.

Sin embargo, al igual que Superman, el superhéroe de DC Comics que se esconde en la figura del periodista Clark Kent del Daily Planet, detrás del segundo máximo goleador de la historia de la selección de ecuador con 27 tantos -está a 4 de alcanzar a Antonio Delgado-, hay un joven que a lo largo de su vida atravesó varias dificultades para llegar a ser futbolista profesional.

Durante su niñez, Valencia, que se crió con sus abuelos paternos debido a la separación de sus padres, ordeñaba vacas y luego iba a comercializar la leche para ayudar económicamente a su familia. “Nunca tuvo vergüenza. Desde chico salía a la calle a vender”, cuenta Percide Solís, su abuela, en el canal ecuatoriano Gama Visión.

A pesar de trabajar, también tenía tiempo para hacer lo que más le gustaba: jugar al fútbol. “Veía una botella y la pateaba. De niño era muy inquieto, todo el día quería jugar. La pelota era todo para él”, rememora Solís. En 2006, abandonó su ciudad, San Lorenzo de Pailón, para sumarse a las inferiores del club Caribe Junior de la provincia de Sucumbios. Más allá de que fue su primera experiencia en un club, no transitó muy bien aquellos años: “Él me contaba que la pasaba mal, había días que no comía”, lamenta su tía, Basilia Valencia, en una entrevista televisiva, y continúa: “Lavaba su ropa solo con agua porque no tenía jabón”.

En 2008 pasó a las inferiores del Emelec de Ecuador, sin embargo, su vida fuera del fútbol no mejoró mucho más. En sus primeros años vivió en un dormitorio dentro del estadio George Capwell al que “lo conoce como la palma de su mano”, confiesa. A pesar de todas las adversidades, Valencia continúo perseverando por su sueño y en 2010 le llegó la oportunidad más esperada. El 27 de enero debutó oficialmente en primera división. Fue en un partido por Copa Libertadores ante Newell´s Old Boys, en Rosario. El técnico que lo mandó a la cancha fue Jorge Sampaoli.

Además de sus virtudes en el campo de juego Valencia en 2016 conmovió a gran parte del fútbol ecuatoriano. El 16 de noviembre se disfrazó de Superman y visitó a los chicos y chicas que estaban internados en el Hospital de la Sociedad de la Lucha Contra el Cáncer (SOLCA) de Guayaquil.

En Brasil irá por su tercera participación en una Copa América, ya disputó las ediciones de Chile 2015 y Estados Unidos 2016 en las que marcó 2 goles en cada una. Además, jugó el Mundial de Brasil 2014 en el que anotó 3 tantos en la misma cantidad de encuentros.

El delantero, que entre sus récords posee ser el segundo jugador más caro de la historia de Ecuador (lo alcanzó en 2014 cuando el West Ham adquirió su pase en 20 millones de dólares), es una de las esperanzas del seleccionado que dirige Hernán Gómez.

La Tri, que nunca logró ganar la máxima cita continental, buscará superar el cuarto puesto que obtuvo en las dos ediciones que fue local (1959 y 1993), para eso cuenta con su Superman que a pesar de no tener la fuerza y velocidad del personaje de DC Comics tiene una gran habilidad para marcar goles e intentará convertirse en el súper goleador histórico de la selección ecuatoriana.

Las futbolistas canadienses se unen y piden justicia

Por Fernando Bajo

El 9 de octubre de 2008 la Asociación Canadiense de Fútbol (CSA, por sus siglas en inglés) y el club Vancouver Whitecaps tomaban una decisión sorprendente para los fanáticos del fútbol del país americano. Bob Birarda, entrenador de la selección de fútbol femenino Sub 20 de Canadá y de la primera división femenina del equipo que militaba en la USL W-League -segunda división del fútbol femenino estadounidense entre 1995 y 2015-, era separado de sus cargos “en el mejor interés de sus partes”, según anunciaba el comunicado de la CSA, a dos meses de disputar el Mundial de Chile.

Sin embargo, el 1 de abril de 2019 se conoció que detrás de la salida de Birarda hubo graves hechos que tanto la Confederación como el club Vancouver ocultaron. La exfutbolista Ciara McCormarck, a través de una publicación que realizó en su blog denunció que el entrenador, a quién mencionó con el apodo de Billy, acosó sexualmente de algunas jugadoras.

En febrero de este año, trece jugadoras emitieron un comunicado en el que denunciaban a Birarda de tocar al menos a una deportista, enviar mensajes con provocaciones sexuales y mantener reuniones privadas con algunas de sus dirigidas en las que, por ejemplo, llegó a intimidar a una de ellas preguntándole qué sería capaz de hacer a cambio de la titularidad en el equipo.

Además del acoso diario que sufrían las futbolistas, McCormack también contó en su blog que Birarda todo el tiempo les recalcaba que el poder lo tenía él, que ellas estaban en la selección por su decisión y que podía dejar de llamarlas cuando quisiera. Pero Birarda no era el único que abusaba de su poder. Robert Lenarduzzi, presidente del Vancouver desde aquellos años hasta hoy, no solo que no escuchó el pedido de ayuda de las jugadoras ante las agresiones del entrenador sino que le contó a éste todo lo que había charlado con las deportistas.

Eden Hingwing, integrante de la selección durante aquel período, fue junto a McCormack una de las voceras de las deportistas, ella denunció que en 2008 dejó la Sub 20 por los abusos que había por parte de Birarda. Las futbolistas, algunas de los cuales eran menores en ese momento, dicen que nunca se les informó por qué Birarda se fue y, si se realizó una investigación, no fueron entrevistadas. “Ninguna organización de terceros, ni las autoridades, intervinieron para proporcionar una salida para estas conversaciones“, se lee en el comunicado, que continúa: “Nunca hubo ningún seguimiento para garantizar la salud y seguridad de los atletas de nuestro equipo“.

Como consecuencia de esto, además de la salida de Hingwing, McCormack dejó el Vancouver, pasó a jugar al Otawa Fury Women, y al año siguiente se marchó al Asker de la liga de Noruega. Luego, la defensora, gracias a la nacionalidad de sus padres, pudo jugar para la selección de la República de Irlanda.

Los Whitecaps y CSA contrataron a la abogada Anne Chopra en 2008, pero ella confesó que estaba obligada a ocultar sus hallazgos que llevaron a la partida de Birarda. Diana Voice, manager del equipo en aquel momento, afirmó: “Los Whitecaps están diciendo que no sabían nada antes de escuchar esto, pero ellos lo sabían”.

Con la denuncia este año se descubrió que Birarda, continuaba ejerciendo su profesión en el Coastal FC de la ciudad de White Rock, provincia de Columbia Británica, a 45 kilómetros de Vancouver. Como consecuencia de esto, Coastal decidió despedir al entrenador no sin antes afirmar que no estaban al tanto de los hechos ocurridos en 2008.

Las jugadoras, a través del comunicado, pidieron que se le quite la licencia al entrenador y se retome la investigación de lo ocurrido hace 11 años. Mientras tanto, la policía de Vancouver está llevando a cabo medidas contra Birarda por las denuncias efectuadas, aunque no emitieron ningún comunicado oficial.

Las futbolistas canadienses no están solas, el miércoles 17 de abril, en el partido entre Vancouver Whitecaps y Los Angeles FC, por la fecha 13° de la Major League Soccer -primera división de la liga masculina de fútbol estadounidense-, Los Vancouver Southsiders, grupo de hinchas del Whitecaps, se retiraron de la tribuna a los 35 minutos del primer tiempo para apoyar a las jugadoras y que sean escuchadas por las autoridades del club. Luego retornaron a sus asientos para el segundo tiempo. Vancouver ganó 1 a 0, sin embargo el resultado quedó de lado debido a la acción de los simpatizantes del Whitecaps al apoyar a las futbolistas y pedir justicia desde las tribunas, algo que no suele pasar en estos tiempos.

Arthur Friedenreich: Pelé antes que Pelé

Por Ignacio Maida

Arthur Friedenreich fue un futbolista brasileño que se desempeñó como jugador desde 1909 hasta 1935 cuando, con 43 años de edad, decidió retirarse. Se estima que convirtió más goles que Pelé, con quien se lo compara por su parecido físico y por sus logros.

Arthur recibió el apodo de El mulato de ojos verdes debido a que era mestizo ya que su padre era un alemán de raza aria y su madre una mulata brasileña.

Durante sus 26 años de carrera jugó en 18 clubes y ganó ocho Campeonatos Paulistas. Además, logró ser el máximo goleador de ese torneo en diez oportunidades. Dicen que anotó un total de 1379 goles contra los 1284 de Pelé, lo que lo llevó a ganarse el mote de Rey de Reyes o Pelé antes que Pelé.

Con la Selección de Brasil debutó en 1914 y llegó a disputar 23 encuentros con, presuntamente, 10 goles. En la Verdeamarelha disputó un total de cuatro Copas Américas –por entonces llamada Campeonato Sudamericano- en 1916, 1919, 1922 y 1925. Logró ganar salir campeón en 1919 -en la que se proclamó goleador con 6 tantos y además anotó el gol del título en el tiempo extra de la final-  y en 1922.

Pero no todo siempre fue color de rosas para El Tigre ya que siempre debió luchar contra los estigmas por sobre su color de piel y eso lo llevó a blanquearse la cara con polvo de arroz para que lo dejasen jugar en paz, pero eso no fue suficiente debido a que en 1920, Epitafio Pessoa, por entonces presidente de Brasil, “aconsejó” que los jugadores de tez morena no fueran al campeonato para evitar incidentes vinculados con el racismo. Y, en esa ocasión el maquillaje en la piel de Fredenreich no fue suficiente y fue marginado.

Una vez concluido ese torneo, el diario Crónica recibió al conjunto carioca, que venía a jugar un amistoso en Buenos Aires, con una caricatura de monos vestidos con la equipación de Brasil y una nota titulada “Monos en Buenos Aires. Un saludo a los ilustres huéspedes”. Esta publicación del medio argentino agravó aún más el conflicto en el seno de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

Resulta que al año siguiente Argentina era sede del Campeonato Sudamericano y Pessoa, a raíz del revuelo que se armó por el artículo de Crónica el año anterior, dispuso que: “al campeonato no vayan más que jugadores rigurosamente blancos”.

El resultado fue que esas dos ediciones de la Copa América el conjunto brasileño estuviera diezmado y realizara un desempeño deslucido.

Para 1922 la copa se jugaba en territorio verdeamarelho y el pueblo, cansado de los malos rendimientos, exigió la vuelta de Friedenreich y al presidente no le quedó otra que acatar. La decisión no pudo ser más acertada: Brasil obtuvo su segundo título continental y, aunque El Tigre se lesionó en el primer partido y no jugó más, el equipo recuperó su gran juego.

De allí en más Arthur Fredenreich acuñó el apodo de El mulato de ojos verdes y no paró de hacer goles hasta que falleció en 1969, con una Brasil bicampeona del mundo y con un futbolista de tez negra apodado O Rey como la gran figura del fútbol mundial.

Megan Rapinoe: delantera en el fútbol, defensora en la vida

FILE - In this Sept. 18, 2016, file photo, USA's Megan Rapinoe reacts in the second half of an exhibition soccer match against Netherlands in Atlanta. Rapinoe has been left off the U.S. roster for a training camp ahead of the SheBelieves Cup tournament. (AP Photo/John Bazemore, File) ORG XMIT: NY160

Juan Pablo Manera

El racismo y la discriminación son una de las principales características del ser humano promedio desde el comienzo de su existencia. Los hombres y las mujeres, los blancos y los morochos, la clase alta y la clase baja. El hábito discriminatorio es algo que siempre estuvo presente en el ADN de la especie. Sin embargo, también existen personas que van en contra de esos pensamientos, y ese tipo de gente es la que debe ser reconocida y valorada. En este caso, estamos hablando de una jugadora de fútbol, una “protesta ambulante”, tal como se autodefinió. Ella es Megan Rapinoe, capitana del seleccionado femenino de los Estados Unidos de América. Una futbolista de 33 años, con una amplia trayectoria en el mundo de la esférica, que ganó varios trofeos y medallas tanto a nivel clubes como a nivel internacional, pero que sus mayores logros no los consiguió dentro de una cancha, sino fuera de ella.

El punto de inflexión en su vida se dio en el 2012, cuando reveló, en diálogo con la revista Out, su lesbianismo. Desde aquel momento, Rapinoe se manifiesta con gran orgullo cada vez que alguna pregunta roza el tema. Aprovecha el lado mediático del deporte que practica para concientizar a las masas sobre la marginación y las injusticias sociales, como lo hará en la Copa del Mundo que se disputa en Francia. “Probablemente nunca más me pondré la mano sobre el corazón. Probablemente nunca más cantaré el Himno Nacional de nuevo”, declaró hace pocos días. El motivo de ello, para la atacante del Seattle Reign, es el presidente de su país, Donald Trump. Lo considera “sexista”, “misógino” y “racista”.

No es la primera vez que utilizará al deporte para manifestarse. En 2016, la oriunda de California se arrodilló mientras sonaba el Himno en la previa de un partido frente a Holanda, en solidaridad con el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick, quien efectuó el mismo acto en modo de “protesta silenciosa” contra la violencia racial y la opresión a las minorías. Esta forma de reclamo atrajo gran cantidad de críticas, más negativas que positivas. “Supongo que, por el hecho de ser mujer y homosexual, siento una mayor empatía con respecto a las personas que no se encuentran en una posición dominante”, expresó Pinoe tras las diversas opiniones. También, el pasado 8 de marzo, realizó junto a todo el plantel femenino de Estados Unidos una denuncia al Tribunal de Los Ángeles contra su Federación, recriminando la disparidad de salarios en contraste con sus pares masculinos.

La protesta de Megan Rapione durante la reproducción del himno en el partido frente a Holanda, el 18 de septiembre del 2016.

Por otro lado, la ex Lyon participa en numerosas asociaciones que velan por la no discriminación y la igualdad de derechos. Una de ellas es Athlete Ally, un grupo de defensa sin fines de lucro que se enfoca en hacer más inclusivas a las comunidades atléticas, además de abogar por la igualdad LGBTIQ. Asimismo, contribuye con las organizaciones Gay, Lesbian and Straight Education Network –entidad educativa- y Common Goal, una corporación a la que todos los deportistas asociados donan el 1% de su salario, dinero que es destinado a entidades de alto impacto que aprovechan el poder del fútbol para promover el fin de la pobreza, combatir la desigualdad y detener el cambio climático, entre otros objetivos.

Como se mencionó en un principio, los mayores logros de Megan Rapinoe no se concentran solamente dentro del verde césped con la pelota como eje, sino también fuera. Delantera en el fútbol, defensora en la vida.

La lluvia, la sangre y el fútbol

Por Maximiliano Das

En los alrededores de Spanish Town, en la comunidad St. John’s Road, es moneda corriente ver la sangre haciéndose paso por el suelo. Las pandillas se adueñaron del barrio e hicieron de la violencia su más resonante atributo. Sin quedarse atrás, las fuerzas de orden responden de la misma manera.

En ese contexto nació y creció Khadija Shaw. Hija de un zapatero y una avicultora que mantuvieron a ella y a sus doce hermanos (siete varones y cinco mujeres) tan lejos de ese ambiente de furia y muerte constante como pudieron. De la mano de su padre George recorrió todos los días, por años, las pocas calles que separaban su casa del colegio. A la vuelta, se sentaba en la orilla de su hogar a mirar a sus hermanos patear el balón con sus vecinos hasta que se marchaban a entrenar.

Mónica, su madre, no la dejaba jugar. Tampoco la dejaba ir a verlos. Entonces, como un chacarero durante la sequía, Shaw rezaba al dios en quien decide creer por lluvia, un pequeño aguacero, suficiente como para arruinar el campo donde sus hermanos jugaban contra algún equipo de calles aledañas para que así tengan que mudar el encuentro a la puerta de su casa.

Inspirado en la imponente dentadura y el peculiar gusto por las zanahorias, Kentardo apodó a su hermana Khadija como Bunny (conejo). También le dio la primera clase de fútbol, que consistió en hacer jueguitos. Eventualmente su madre cedió y Bunny comenzó a jugar en la puerta junto a los varones.

Los primeros 90 minutos terminaron 1 a 1. Los 30 suplementarios, 2 a 2. Es el turno de Dominique Bond-Flasza de patear el cuarto penal que puede darle el bronce de la Copa de Oro Femenina 2018 a las Reggae Girlz. Khadija Shaw está a 50 metros de allí, en la punta más alejada de la fila de jugadoras. Viste de amarillo, casi dorado, con detalles verdes y negros en los puños y el cuello de la camiseta. Se abriga las manos con guantes en esta particular noche fría de Dallas. En el pecho, además, se ve el escudo de la Federación de Fútbol de Jamaica (JFF, por sus siglas en inglés), que más de una vez y en un pasado para nada lejano le ha dado la espalda a las mujeres.

En 2014, con la clasificación para el Mundial de Canadá de 2015 por disputarse, Jamaica no formaba parte del ranking FIFA porque hacía más de cuatro años que no disputaba ningún encuentro de carácter oficial. Había equipos de categorías inferiores, pero ninguna selección mayor.

Desde su casa en Miami, Cedella Marley, hija del cantante Bob, comenzó una campaña para darle mayor visibilidad. A una donación de su propio dinero le sumó una canción compuesta con dos de sus hermanos, Stephen y Damian: Strike Hard. Además, en el sitio de financiación colectiva Indiegogo creó un proyecto para que el seleccionado que entrenaba sólo fines de semana viaje a Trinidad y Tobago a participar de la Copa del Caribe.

Llegaron al objetivo de 50 mil dólares estadounidenses. Las Reggae Girlz fueron segundas del torneo y obtuvieron su lugar en la Copa de Oro que se disputó en Estados Unidos sólo dos meses después, pero ganaron un único partido ante Martinica y quedaron fuera del cuadro final y del Mundial.

Ante esto, la JFF, en 2016, disolvió nuevamente el equipo. Cedella Marley, terca, duplicó los esfuerzos y, con otra estrategia, más el apoyo de la Fundación Alacrán, logró el financiamiento necesario para que las Reggae Girlz disputen los mismos campeonatos que cuatro años atrás.

*             *              *

Dominique Bond-Flasza corre. No sabe hacia dónde; simplemente corre. Deja de correr cuando se encuentra con la arquera Nicole McClure, que había atajado dos penales. Dominique Bond-Flasza enseña sus blancos dientes con una prominente sonrisa. Khadija Shaw, vestida de amarillo, casi dorado, y con detalles verdes y negros en los puños y el cuello de la camiseta, también corre hacia ellas. Y se abriga las manos con guantes en esta particular noche fría de Dallas.

Shaw viajó a Estados Unidos con apenas 18 años para jugar en la Universidad de Florida, pero faltó al examen de ingreso. No fue hasta 2017, que el director técnico de la Universidad de Tennessee la reclutó. Mientras se entrenaba y estudiaba, murieron cuatro de sus hermanos -tres por violencia relacionada a las pandillas- y dos de sus primos. Shaw quiso volver, pero sus padres la convencieron de que se quedara allá.

En 2018, Bunny lideró al conjunto de Tennessee a la mejor campaña de su historia -cuartos de final- y se recibió de licenciada en comunicaciones.

El domingo 9 de junio, las Reggae Girlz representarán por primera vez en una Copa del Mundo al país que se acostumbró a unas emociones tan efímeras como son los diez segundos que tardan los y las atletas en correr cien metros. Tan efímeros que las piernas se detienen antes que las cuerdas vocales. “Son pioneras y sufrirán por ello”, dijo el secretario general de la JFF, Dalton Wint.

Holanda tiene con que soñar

Por Fabrizio Ramos

Queremos seguir demostrándoles a los hinchas nuestra calidad y conseguir que se diviertan. Por supuesto, lo principal es ganar, pero si jugamos bien y rendimos al máximo, la gente mantendrá ese entusiasmo. Es lo que hicimos el año pasado en los clasificatorios, y ahora esperamos que mucha gente vaya a animarnos a Francia. Queremos que la afición siga entusiasmada y brindarle una gran experiencia”. Así explicó Sarina Wiegman, una de las nueve entrenadoras que estarán en Francia 2019, lo que vive una selección femenina de Holanda en tiempos de construcción, a pocos días de disputar su segundo Mundial de fútbol.

No es casualidad que la selección holandesa llegue como una de las posibles protagonistas a la Copa del Mundo pese a contar con una corta experiencia en el plano internacional. Durante los últimos años, no sólo compite de igual a igual con las máximas potencias, sino que muchas de sus jugadoras están consideradas entre las mejores del mundo.

Wiegman en el banco de suplentes, ganadora del premio a mejor entrenadora del mundo en la gala The Best 2017. La delantera de 22 años, Vivianne Miedema, que lleva 57 goles en 74 partidos con Holanda, está a dos de ser la máxima anotadora en la historia de la selección y llega como la mejor jugadora del año en Inglaterra. Y Lieke Martens, jugadora del Barcelona, que fue elegida la mejor del campeonato de Europa 2017 y ganadora del premio a la mejor del mundo en la gala The Best 2017. Hoy, y durante los años venideros, tienen con qué soñar, pero su historia no siempre fue así.

Pasaron casi 40 años desde que Las Leonas jugaron su primer partido oficial reconocido por la FIFA -fue derrota 4 a 0 y sucedió justamente en Francia, en 1971, ante la selección local-, hasta la Eurocopa de Finlandia 2009, su primera participación en una competencia internacional. Aquel acontecimiento fue el primer quiebre importante en la selección femenina, aunque el cambio rotundo llegó dos campeonatos de Europa después.

Holanda fue el país organizador de la Eurocopa 2017. En su tercera participación consecutiva en el campeonato de selecciones más importante del viejo continente, le ganó la final a Dinamarca por 4 a 2 y se consagró campeón por primera vez en su historia. Fue tal el impacto en el país, que el partido definitorio lo vieron más de cinco millones de telespectadores y 30 mil desde el estadio del Twente, situado en la ciudad de Enschede.

El buen trabajo en la selección mayor durante los últimos diez años llevó a que muchas mujeres jueguen al fútbol desde chicas, produjo un crecimiento notable en las juveniles y causó que sean protagonistas en los últimos torneos internacionales: la sub-17 llegó a semifinales del campeonato europeo en República Checa 2017 y culminó segunda en Bulgaria 2019 tras perder por penales ante Alemania, la sub-19 jugó dos de las últimas tres semifinales de Europa, y la sub-20 tuvo su primera participación en el Mundial de Francia 2018 donde Inglaterra la eliminó en cuartos de final.

La selección naranja disputó la Copa del Mundo por primera vez en Canadá 2015, hace sólo cuatro años. Allí quedó eliminada en octavos de final frente a Japón, una de las grandes potencias de fútbol femenino. Aquella experiencia en la máxima competición fue el aspecto principal para las jugadoras y cuerpo técnico de cara al Mundial de Francia. Llegan con una mezcla de juventud y madurez, compartirán el Grupo E con Nueva Zelanda, Camerún y Canadá. Y, al igual que su gente, sueñan en grande.