Por Benicio Forcano Alves
Manuel Tripano empezó a remar a los cuatro años, cuando su papá lo llevaba a escondidas de su mamá a hacer descensos en el agua. Lo que empezó como un plan familiar en Necochea se convirtió, con el paso del tiempo, en una carrera deportiva que lo llevó a consagrarse campeón mundial Sub-21 en canotaje en 2024 y a ganar la medalla de oro en los últimos Juegos Suramericanos de Santa Fe.
A sus 21 años, el palista combina sus estudios de kinesiología con el objetivo “posible y real”, según él, de clasificar a los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028.
– ¿Qué necesitás conseguir de acá a 2028?
– Mi meta es entrar dentro de los mejores 15 en al menos cuatro de las cinco competencias del año que viene, e incluso entrar a una final. Se promedian las mejores cinco carreras del ciclo, que en total son nueve, y clasifican los mejores 10 países. Mientras mejor quede, más puntaje voy a tener.
– ¿Cómo te estás preparando para ese objetivo?
Mi rutina en Mar del Plata consta de hacer gimnasio al menos cuatro días a la semana y salir a correr una o dos veces. Estoy allá de miércoles a sábado, y de domingo a martes entreno en Necochea en agua rápida y en agua quieta.
– ¿Qué cambió en tu cabeza después de conseguir el título mundial Sub-21 en 2024?
– Fue un sueño hecho realidad, estuve en shock. Soñé algo que no todos logran, ni siquiera varios de mis ídolos. La parte más difícil fue cuando cayó la ficha: defender el título al año siguiente y volver a plantearse cuál era el parámetro.
– ¿Y cuál fue, finalmente?
– Comprendí que en gran parte todo es mental. Entendí que lo decisivo es cómo manejás la motivación, los objetivos, la autocrítica y el hambre de competir. Vi chicos con todas las herramientas a los que les falta ese plus de actitud.
– Después de salir campeón, ¿sentiste presión de tu entorno o fue más personal?
Más bien fue presión personal. Sabía lo que era la frustración de intentarlo varias veces sin que saliera. Al final, el trabajo lo hace uno para uno mismo: si salís segundo te acordás vos solo, si salís primero saldrás en la tapa del diario, pero las cosas las hago para mí.
– ¿Qué significado tuvo la medalla de oro en los últimos Juegos Suramericanos?
– Creo que me marcó en lo deportivo como uno de mis primeros grandes logros, significó algo muy lindo. El camino se refleja mucho en el trabajo diario, en los entrenamientos de agua quieta en Necochea. Lograrlo me hizo recordar a mis inicios en los Juegos Bonaerenses y los Evita.
– Combinás el canotaje de alto rendimiento con tus estudios de kinesiología, ¿cómo hacés para organizar tus tiempos?
– Entre las competencias en el año académico tengo que volver y rendir lo que no pude cursar, es una exigencia más. Yo me pongo esa presión: como soy competitivo en el agua, también intento hacer lo mejor fuera de ella. Mi prioridad es 100% lo deportivo, pero le dedico un esfuerzo enorme al estudio.
– ¿Cuál fue el sacrificio más grande que tuviste que hacer?
– Es complicado reducirlo a uno solo. Son decisiones que uno elige, pero duelen las cosas que te perdés, como no poder sostener una pareja por los viajes o distanciarte de rutinas familiares. Hoy, estudiando y entrenando en Mar del Plata, a veces voy a las 00.30 a una pileta para levantarme temprano e ir el domingo a remar otra vez.
– ¿Qué le dirías a aquel Manuel que recién comenzaba en el deporte?
– Que disfrute del agua, de remar, que con paciencia, trabajo y esfuerzo, las cosas llegan. No hay que desesperarse ni olvidarse nunca del motivo por el que uno hace lo que le gusta.





