Augusto Servello, el esgrimista bicampeón suramericano que se inspiró en El Zorro y no logra vivir sólo del deporte

Por Felipe Rodríguez Villa

De chico, a Augusto Servello lo encandilaban las espadas. Le gustaban tanto, que junto a su abuelo se pasaban horas mirando el programa de televisión El Zorro. Hoy, con 26 años, es bicampeón suramericano en esgrima: oro en el estilo florete en los Juegos de Asunción 2022 y Santa Fe 2026.

Aun así, la beca de 850 mil pesos que recibe del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) no le alcanza para cubrir sus necesidades, por eso es profesor de esgrima en el Club Italiano y también trabaja en la empresa de un amigo.

“Me hace falta el dinero, lo acepto y lo hago”, explica quien está ahorrando plata para empezar el año olímpico de Los Ángeles 2028 y vive con su madre para reducir gastos: “De a poco junto para no depender sólo del apoyo que vaya a salir para mi clasificación”.

-¿Sentís que este tipo de dificultades te quita posibilidades al momento de competir?
– Sí. Cuando era más chico vivía cien por cien para el deporte, hacía dos sesiones por día. Ahora se pasa a una. Estoy haciendo la mitad, tanto específicas como físicas de cada rama. La preparación no es igual, mis rivales tienen todo el apoyo y cuentan con otro método de beca. Eso implica un camino más rápido y directo.

– ¿Por qué creés que el argentino se termina destacando a pesar de las adversidades?
– Porque es ultramegacompetitivo. La calidad que hay en el deporte es increíble y, sobre todo, los valores y el tipo de mentalidad que tiene el atleta: no querer conformarse con lo que tiene y buscar siempre lo máximo. El argentino se tiene que ir superando día a día. Esa misma mentalidad se traslada al deporte.

– Si pudieras modificar algo de las condiciones del deporte en Argentina, ¿qué sería lo primero que cambiarías?
– Vería que vuelva el famoso 1% de la telefonía. También el Comité Olímpico y la Secretaría de Deportes tienen que empezar a acercarse un poco más a las empresas, como en Europa o Estados Unidos.

– ¿De qué manera?
– Descargando los impuestos que tienen que pagar para invertir en el deporte de alto rendimiento. Que no sea por ganancias brutas, sino que puedan, en vez de pagar ese impuesto, destinarlo al deporte argentino. También ver qué planes se consiguen, una sociedad híbrida con las empresas privadas. Eso me parece clave.

– ¿Y cuál te parece que sería un modelo a seguir?
– El de Estados Unidos, que no les paga una beca increíble a sus atletas, pero consigue el formato y las llaves para que vayan y estén patrocinados por las mejores empresas. Es algo que se puede aprender.

– ¿Sentís que si eso sucede, Argentina podría sacar más diferencia? 

– Sí, porque si ya competimos contra países que tienen una estructura muy buena en el deporte y les ganamos en estos Suramericanos, ¿por qué no podríamos superar a Brasil cambiando el sistema de apoyo? Igual, este medallero no refleja el apoyo al deportista argentino, porque es un torneo que se organizó acá y uno no se va a achicar.

– ¿Qué diferencias encontraste en cuanto a tu rendimiento entre los Juegos de Asunción y los de Santa Fe?

– A Asunción llegué mucho mejor preparado, estaba compitiendo mucho más. Vivía en Estados Unidos, tenía un entrenador muy bueno y estaba en uno de mis mejores momentos. Venía de quedar decimoquinto en el Mundial. Esta vez fue la excepción: no estaba ni la mitad de entrenado que en ese entonces.

– ¿Y eso por qué? ¿Porque estabas acá en Argentina?
– Hoy acá no me dan los tiempos para estar así de entrenado. Este torneo lo gané por la voluntad de querer ganarlo, por las ganas y porque tuve el apoyo incondicional de mi familia, mis amigos y mis alumnos.

– Y llegaste con más experiencia…
– Obviamente. Cuatro años después soy otro tirador, uso mucho más la experiencia. No tengo el mismo físico que hace cuatro años, si bien soy consciente de que soy joven. Además, puedo usar mis herramientas de distinta manera, sin abusar tanto del físico.

– ¿Y cómo viviste los días posteriores a consagrarte?
– Ganar un torneo de esta categoría es hermoso. Un poco agobiante, porque nosotros no estamos acostumbrados a este nivel de exposición. Creo que no me sentía preparado para esta repercusión. Fue un torneo muy lindo y una gran oportunidad de representar al país, y más acá.

– ¿Qué se siente representar a tu país?
– Es lo más lindo que hay. Con sus cosas buenas y malas. Lo bueno es que te llegan muchos mensajes de felicitaciones. A la gente le agrada mucho la manera en que cada uno compite. Yo disfruto cada momento.

– ¿Y lo malo?
– La gente que no sabe y te sale a criticar. La repercusión tiene un lado A y un lado B. El lado B es que te llegan muchos mensajes de odio o insultándote y eso también es parte de lo que hay que aguantar. Pero está bien, yo lo tolero y la verdad no me molesta.

– Mencionaste varias veces que llegaste mejor a Asunción 2022, ¿sentís que ese fue tu mejor año?
– Si hablamos de edad, el prime debería tenerlo ahora. Sin embargo, las herramientas que tenía en 2022 eran distintas. Me entrenaba y competía con los mejores, tenía un muy buen entrenador y eso te da buenos resultados. Ese año fue increíble.

– ¿Te gustaría volver a esa etapa?
– No, porque tampoco vivo del pasado. Yo no me miro y digo: “Qué ganas de volver a tirar así”. A mí me gusta cómo estoy tirando ahora. Sí me gustaría sentirme entrenado como estaba en ese entonces.

– ¿Cómo influye la preparación mental?
– Yo no soy un tipo que te va a decir que es súper importante el psicólogo deportivo. Yo no tengo. Me di cuenta de que buscaba o inventaba algún problema para justificar el psicólogo, cuando en realidad yo creo que nunca lo necesité como tal.

– ¿Por qué?
– Me di cuenta de grande que yo compito de verdad cuando la paso bien, cuando me divierto. Sé que tengo las herramientas para, cuando me despierto mal, gestionar ese día malo. Y cómo hacer que los días buenos sean lo mejor posible. El resto es muy de adentro, me hablo mucho.

– En el momento del combate, ¿escuchás los gritos?
– Si hablamos de mis mejores resultados, no, ya que en tu mejor momento aparece el estado de flow y tu mente y tu cuerpo se hacen uno. Entonces la dificultad no es ni muy grande para tus posibilidades, ni muy chica: es algo intermedio. La concentración fluye sola y no te deja escuchar nada más que ver adelante.

– Sin embargo en Santa Fe fuiste a festejar a la tribuna con tu familia y tus alumnos…
– Sí, no lo podía creer. Saludé a mi madre, pero es como que todavía seguís en esa sensación de estado de alerta. Yo, por lo menos, no caigo tan rápido. Después, la noche misma del torneo, no duermo, me agarra un poco de fiebre, pero es porque te va cayendo todo.

– Después de esta nueva medalla, ¿qué sigue?
– Ahora en noviembre tengo el Campeonato Nacional Argentino, pero falleció mi abuela y lo estoy meditando. Después ya empieza la clasificación olímpica, empezar la temporada. El resto es lo que pueda salir y también lo que pueda acceder. Es una incertidumbre, horrible.

– Y los Panamericanos de Lima 2027…
– Ese es uno de los objetivos principales. Volver a igualar o mejorar el color de la medalla que hice hace cuatro años (bronce). Terminar el ciclo olímpico con una clasificación sería soñado. Primero hay que clasificar, pero estoy positivo, sé que se puede hacer.

– ¿Qué es la esgrima para vos
– Empezó como un hobby a los 8 años y después empecé a tener resultados y más amor por el deporte. Hoy es mi vida porque es lo que hago todos los días y es a lo que me dedico. También es un trabajo.

– ¿Y qué te enseñó?
– Un montón de cosas, incluso formó mi carácter. Lo principal son los valores olímpicos: saber ganar, saber perder, saber trabajar en equipo, tener humildad. Te va ayudando a largo plazo. Yo no sé si habría sido igual si no hubiera hecho deporte, y más hasta este nivel.

– ¿Qué le dirías al Augusto de ocho años que admiraba a El Zorro?
– Que no sea tan ansioso en algunos momentos, que disfrute el proceso, que apriete el corazón y las ganas de volver cuando extraña, porque es difícil extrañar, yo lo sé. Y que siga luchando, que nunca hay que bajar los brazos. Vale la pena.

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