Noel Barrionuevo, ex Leona campeona del mundo en 2010: “Mi psiquiatra me salvó la vida”

Por Jazmín Macoretta

Durante casi diez años, Noel Barrionuevo convivió con un trastorno de la conducta alimentaria mientras competía con la Selección argentina de hockey. Detrás de los logros, atravesó una lucha que requirió tratamiento profesional. Tras su retiro, recuerda su recuperación y las dificultades de su carrera.

Empezó a jugar al hockey a los cuatro años, siguiendo los pasos de sus cuatro hermanos. Lo que comenzó como un juego se transformó en una carrera que la llevó a vestir la camiseta argentina, compartir equipo con referentes históricas y convertirse en una de las integrantes de Las Leonas que conquistaron el Mundial de 2010. 

-¿Cómo fue pasar de jugar en tu club a formar parte de Las Leonas?

-Arranqué en 2005, jugando el Mundial Junior con Las Leoncitas. Ahí fueron mis primeros pasos con la Selección. A partir de ahí, empecé con la mayor y no paré más, gracias a Dios, siempre estuve en proceso de Selección, sin irme a jugar afuera.

De un momento a otro, Noel pasó de ser una joven que jugaba al hockey a compartir entrenamientos, vestuarios y competencias con algunas de las referentes que habían marcado la historia del seleccionado. 

“Nunca se me cruzó por la cabeza pensar que iba a compartir vestuario o cancha con Mechi Margalot, Magui Aicega, Lucha Aymar, entre muchas otras. Abrazarse con ellas en el himno es algo demasiado fuerte, todavía se me sigue poniendo la piel de gallina”, recuerda.

Sostener ese lugar durante tantos años también implicó organizar su vida alrededor del deporte. Los entrenamientos, las concentraciones y los viajes formaron parte de una rutina que muchas veces la obligaba a perderse momentos importantes. 

“Uno va resignando muchas cosas por la pasión y la convicción con la que hace el deporte. Me he perdido el casamiento de mi hermano, cumpleaños y eventos importantes de la familia porque estaba de viaje o de gira. Pero lo vas eligiendo en algún punto y no me arrepiento”, cuenta.

En ese recorrido, sus compañeras ocuparon un lugar fundamental. Compartir tantas horas dentro y fuera de la cancha hizo que los vínculos trascendieran lo deportivo. Las concentraciones y los viajes permitieron construir amistades que se convirtieron en una parte importante de su vida, incluso después de dejar el seleccionado.

“El hockey es un deporte en equipo, y para mí es un bonus extra porque tenés a tus compañeras, que son amigas. Viajamos un montón, para competir afuera y entrenar, y terminan siendo tu familia. Volvería a pasar todo lo que pasamos por esto que logramos como equipo, tan fuerte”, explica.

(foto 2, equipo)

Pero detrás de los títulos, había una dificultad que no siempre era visible. Durante la adolescencia, la comparación con otras chicas comenzó a afectar la forma en que Barrionuevo veía su cuerpo. Mientras avanzaba en su carrera deportiva, su relación con la comida se convirtió en un problema que atravesó durante años.

-¿Cómo fue tu relación con la comida durante los años en los que jugabas al hockey y cuándo te diste cuenta de que necesitabas ayuda?

-Desde adolescente, empecé a tener problemas con la comida. Estaba en el colegio y toda mi familia se vio alertada con estos cambios abruptos de actitud, físicos y emocionales. A los 15 años ya me veía mal con el cuerpo; me comparaba con mis compañeras, que eran más chiquitas, y quería ser como ellas. Eran períodos de anorexia con bulimia, era un mix. Por momentos te restringís las comidas, en otros no, te das atracones.

A los 17 años, sus padres buscaron ayuda profesional y comenzó un tratamiento. Reconocer lo que le pasaba y aceptar que necesitaba acompañamiento fue parte de un proceso que no resultó sencillo. Al principio, se resistía a la terapia grupal, pero el compromiso con los profesionales y con otras personas que atravesaban situaciones similares la ayudó a continuar.

Con el tiempo, comprendió que estos trastornos no debían minimizarse ni interpretarse como una cuestión de voluntad. Su experiencia le permitió reconocer la importancia de contar con un equipo de profesionales y de entender que la recuperación requiere acompañamiento.

“Nadie tiene que subestimar a una persona que tiene trastornos de la alimentación. Se escucha mucho decir que ‘es un capricho, después se le pasa’. No, realmente necesitás ayuda nutricional, psiquiátrica y psicológica para poder curarte. Esa terapia me salvó, porque al principio no quería saber nada. Mi psiquiatra me salvó la vida”.

-¿Dudaste en algún momento de dejar el tratamiento o dejar Las Leonas?

-Sí, mucho. Aunque el tratamiento no había forma de dejarlo porque tenía a mis viejos encima y también el grupo, tenías el compromiso con la compañera que la estaba peleando igual que vos y los terapeutas. No podías aflojar. Muchas veces dije: ‘Dejo el hockey, no me interesa, estoy cansada’. Pero Héctor, mi psiquiatra, me prohibió dejar el deporte.

Años más tarde, otro desafío apareció durante la preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio. La pandemia modificó los planes y obligó al equipo a adaptarse a una rutina diferente, con entrenamientos en aislamiento y elementos para mantener la actividad física. 

A esa situación se sumó el contagio de COVID-19, que afectó su estado físico a pocos meses de los Juegos. La recuperación se convirtió en una preocupación mientras se acercaba una de las citas más importantes de su carrera.

-¿Qué significó para vos la medalla de plata de Tokio?

-Yo me contagié para Semana Santa, la pasé muy mal: perdí el gusto y el olfato y sentía que no tenía fuerzas en las piernas. Todo el tiempo pensaba en que faltaba muy poco para los Juegos Olímpicos, en cómo iba a hacer para recuperarme. Y en medio de todo eso, haber llegado a una final olímpica y poder tener esta medalla, para nosotras fue como oro.

La medalla de plata representó otro logro para Las Leonas, llegar a la final después de las complicaciones que había vivido durante la pandemia hizo que el resultado adquiriera un significado especial. 

La idea inicial era retirarse después de los Juegos Olímpicos de 2020. Sin embargo, la pandemia postergó la competencia y modificó sus planes. Cuando finalmente llegó el momento de dejar el seleccionado, después de tantos años de entrenamientos, viajes y concentraciones, la decisión estuvo acompañada por la tranquilidad de haber cumplido una etapa.

-¿Cómo viviste la decisión de retirarte de Las Leonas después de tantos años?

-Cuando apenas me retiré fue difícil. Mi rutina era entrenar doble turno, las concentraciones, los viajes, y de golpe todo eso se terminó. Fue duro, pero estaba tranquila y feliz porque fue una decisión consciente. Quería cerrar en 2020, después del Juego Olímpico, pero con la pandemia y la postergación se me hizo cuesta arriba. Ya estaba muy cansada físicamente, venían chicas muy jóvenes con más ganas, y al seleccionado tenés que dedicarle más que tu ciento por ciento. Representar a Las Leonas fue el máximo orgullo de mi carrera.

El retiro significó despedirse de una rutina que había organizado gran parte de su vida. Después de tantos años de exigencia, tuvo que acostumbrarse a una realidad diferente, sin los mismos horarios ni la presión de competir por resultados. Aunque extraña la adrenalina de la alta competencia, reconoce que hoy puede disfrutar del deporte desde otro lugar, sin las obligaciones que implicaba representar al país.

La historia de Barrionuevo no se explica solamente a través de los títulos, las finales o las medallas. Su recorrido también habla de las dificultades que pueden atravesar los deportistas mientras sostienen una carrera de alto rendimiento y de la importancia de contar con una red de apoyo para enfrentarlas. En su caso, la familia, las compañeras y los profesionales que la acompañaron tuvieron un papel fundamental.

Hoy, lejos de la exigencia cotidiana de Las Leonas, puede mirar su trayectoria con la tranquilidad de haber cerrado una etapa que marcó su vida. Su testimonio pone en primer plano una parte del deporte que muchas veces queda fuera de la escena pública: aquello que sucede detrás de los resultados y que no siempre se ve cuando una selección sale a la cancha.

 

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