Claudia Burkart, de Leona a kinesióloga de la Selección: “El Mundial de 2026 fue como revivir Perth 2002”

Por Julieta Juárez

8 de diciembre de 2002. Australia. Perth Hockey Stadium. Claudia Burkart, de apenas 22 años, caminó hacia el punto de penal con una certeza: había entrenado para ese momento. Estaba a punto de disputar una de las definiciones más importantes de su carrera y de la Selección. Argentina y Países Bajos empataban 1-1 en la final del Mundial y el título se resolvería desde los penales.

Antes, su entrenador Sergio Vigil se acercó y le preguntó: “¿Estás para tirar?”. Su respuesta fue afirmativa. No lo pensó demasiado: confiaba en lo que había practicado durante los entrenamientos previos. Tomó la decisión, ejecutó y convirtió. Luego, la arquera argentina Mariela Antoniska hizo lo suyo y atajó un penal a las neerlandesas. Argentina ganó 4 a 3 y levantó por primera vez la Copa del Mundo.

– Después de retirarte, ¿fue difícil encontrar tu lugar fuera del hockey?

– No me costó tanto. Lo pensé y ya en un momento estaba cansada del alto rendimiento, fueron 10 años de Selección y quería dedicarme más a mi carrera (Universitaria), quería formar una familia. Ya lo tenía todo procesado. Lo tenía pensado desde Rosario 2010, ahí me dije: entreno estos seis meses y me retiro de la Selección.

Su recuerdo más especial es el mismo Mundial de Rosario 2010, donde Argentina venció, otra vez, a Países Bajos en la final y Claudia se consagró campeona del mundo por segunda vez. Para ella, fue un torneo inolvidable, marcado por el acompañamiento del público y por una conexión con la gente que se mantuvo durante toda la competencia. “Fue un torneo increíble y ese partido en particular, como que cerraba mi carrera. Se dio todo perfecto”, evocó. El festejo en el Monumento a la Bandera y el himno compartido con miles de personas quedaron entre las imágenes más valiosas de aquella consagración.

De todas formas, su retiro en 2010 no significó el final definitivo de su vínculo con la albiceleste. En 2015, con 35 años y después de convertirse en madre (En 2011), Burkart recibió una nueva convocatoria a Las Leonas para disputar la final de la World League. Las dudas sobre su estado físico hicieron que la decisión no fuera sencilla. Antes de aceptar, conversó con su familia, porque sabía que el regreso también requería una red de apoyo para acompañarla en esa etapa.

“Lo que me costó decidir fueron más que nada dudas mías en cuanto a la parte física, si iba a estar a la altura de las circunstancias, si iba a poder”, confesó. Finalmente, aceptó el desafío, aunque el regreso duró apenas unos meses. Durante ese período sufrió varias lesiones y una fractura de muñeca la llevó a replantearse la continuidad. “Como kinesióloga trabajo con las manos. Me hizo reflexionar y tomar la decisión de que lo había intentado, pero no estaba para continuar”, agregó.

La lesión también modificó su manera de pensar el cuidado físico. Hasta entonces, no había sufrido lesiones graves y una fractura podía cambiar sus planes. A partir de ese episodio, empezó a prestar más atención a su futuro profesional y a la importancia de cuidar su cuerpo para poder seguir trabajando.

Pese a que el regreso no tuvo el desenlace que esperaba, Burkart no se arrepiente de haberlo intentado. La maternidad había traído nuevas prioridades y, como ella misma reconoció, la cabeza ya no estaba puesta al ciento por ciento en el hockey. Aun así, considera que su experiencia podía aportar algo a las jugadoras más jóvenes

24 y 16 años después de haber levantado la Copa del Mundo, Burkart volvió a experimentar una sensación parecida. Esta vez no estaba dentro de la cancha ni tenía un palo en las manos. Desde su lugar como kinesióloga de Las Leonas, acompañó a una nueva generación que también tuvo que atravesar la tensión de una definición por penales ante Países Bajos para alcanzar la gloria mundial. La espera de esa ejecución final le devolvió los recuerdos de aquella tarde en Perth. “Estar ahí, esperando ese último penal, fue muy parecido. Me revivió todo. Una alegría enorme, salir corriendo con mucha euforia, como que no podíamos creer que finalmente lo habíamos logrado”, recordó.

Países Bajos siempre fue el rival a vencer para Las Leonas. La selección europea, con una liga profesional y una infraestructura superior, se convirtió en una referencia para el hockey argentino. La rivalidad se fortaleció con los cruces decisivos entre ambos equipos, incluidas las finales mundialistas de Perth 2002 y Rosario 2010, en las que en ambas Argentina se quedó con el título. “Es un clásico porque sabemos que son las mejores y siempre queremos ganarles”, resumió Burkart sobre una rivalidad que atraviesa distintas generaciones del seleccionado.

– ¿Qué cosas permitieron compensar esas desventajas de infraestructura y profesionalización?

– Cuando nosotras les ganamos en 2002, las holandesas no lo podían creer. Cuando vinieron a la Argentina (Para Rosario 2010), se preguntaban cómo habíamos hecho para ganarles. Allá, los clubes tienen cuatro o cinco canchas de agua, mientras que acá recién ahora hay algunos con dos, y son muy pocos. Si hablamos de infraestructura, estamos muy lejos. Además, ellas ya son profesionales. Todo eso hace que lo nuestro salga de otro lado: del corazón, de la garra, de la entrega y de esa lucha que tiene el argentino de ir contra todos los pronósticos. 

Mientras que era Leona, Claudia estudió Kinesiología. Empezó la carrera en 2001 y se recibió en 2007. Llevar las dos cosas al mismo tiempo no fue nada fácil: terminaba de entrenar, se bañaba y salía con el bolso directo a la facultad. En ese momento no existían las clases por internet y la carrera exigía ir presencial, así que cuando no tenía competiciones y estaba en Buenos Aires, no podía faltar a ninguna clase.

Como sus profesores veían que ella siempre cumplía y se esforzaba, la ayudaron cambiándole las fechas de los parciales cuando tenía que viajar a jugar. Claudia reconoce que fue un camino difícil y de mucho esfuerzo, pero demostró que con ganas, disciplina y organización se puede estudiar y ser deportista de alto nivel al mismo tiempo.

Claudia Burkart encontró otra manera de seguir ligada al seleccionado. Desde su lugar como kinesióloga, acompaña a las nuevas generaciones y comparte una experiencia que comenzó mucho antes de su trabajo fuera de la cancha. El contacto cotidiano también le permite intercambiar vivencias con las jugadoras. Algunas se interesan por conocer cómo eran los entrenamientos durante su época o le consultan sobre distintas situaciones del juego. Para ella, esa posibilidad de transmitir lo aprendido es una forma de seguir aportando al equipo.

– ¿La garra y el corazón son características que tienen en común las tres generaciones de Las Leonas campeonas del mundo?

– Sí, totalmente. Creo que lo que se pudo transmitir de generación en generación son los valores de Las Leonas. Este equipo también los transmitió y las chicas hablan todo el tiempo de la unión, de la entrega. Creo que eso es lo que las hace distintivas. Las condiciones nunca son las ideales: siempre corremos de atrás, con problemas para entrenar (En Argentina), buscando canchas y yendo de acá para allá. Eso hace que saquemos algo distinto, algo que te da un plus.

Para Burkart, ser Leona no depende de seguir jugando ni de ganar títulos. Es una identidad que permanece más allá del tiempo y desde el lugar que le toque ocupar. “Ser Leona es un orgullo muy grande. Es algo que lo guardás para siempre, porque sos Leona para siempre”, afirmó. Claudia ya no busca un título con el palo en la mano, sino que ahora acompaña a quienes persiguen el mismo sueño que ella cumplió dos veces.

 

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