Por Valentino Ambrune
A los 18 años, Mariano Cardone empezó a descubrir un deporte que hasta entonces no había sido parte de su formación. Venía del fútbol de once, pero sus amigos del colegio lo acercaron al futsal en Mar del Plata. Lo que empezó como una invitación para compartir una cancha terminó convirtiéndose en una carrera que lo llevó a Buenos Aires, a vestir la camiseta de la Selección Argentina, la de San Lorenzo y a ganar la Copa Libertadores en 2021. Hoy, desde su lugar como entrenador y ayudante de campo en Ferro, mantiene el vínculo con el deporte de su vida.
-¿Cómo fueron tus primeros pasos en el futsal?
-Mis primeros pasos fueron algo tardíos, comparados con el promedio de chicos que empiezan en el deporte. Yo tengo toda la formación de “fútbol 11” y a los 18 años empecé a conocer el futsal por mis amigos del colegio. Siempre me gustó jugar al baby fútbol y, cuando llegué ahí, el dueño de la cancha, que también era técnico de la selección de Mar del Plata, enseñaba futsal. Mis amigos me preguntaron si quería sumarme y empecé con lo básico. Me costó más porque empecé tarde, pero recibí mucho apoyo de mi familia y mis amigos.
A los 24 años quedé entre los convocados para el Mundial de Bielorrusia de 2015 de la Asociación Mundial de Futsal (AMF). Estuvimos tres meses entrenando doble o triple turno y jugando amistosos. Durante ese tiempo viví como un profesional, con la cabeza puesta únicamente en mejorar deportivamente. Cuando volví y pude procesar todo lo que había vivido junto a mi familia, pensé que era el momento de seguir ese camino. Fue un antes y un después. que me hizo empezar a creer que podía vivir del deporte.
-¿Hubo algún momento en el que pensaste dejar el deporte?
-El momento más complicado fue en 2021, después de ganar la Libertadores con San Lorenzo. Cuando volvimos a entrenar para el torneo local, me resentí una rodilla que ya había sido operada y tuve que pasar nuevamente por el quirófano. Los diagnósticos no eran los mejores, me sentía muy bajoneado y venía de un año agotador por la Copa. Durante esas vacaciones pensé muchas veces en no volver a entrenar, no recuperarme y dejar todo como estaba, pero con ayuda profesional, de mis familiares pude salir. Después llegó el llamado de Ferro. Los primeros meses también me costaron, pero, con el tiempo me fui acomodando. Mis últimos años como jugador los disfruté muchísimo.

San Lorenzo, la cima de su carrera
La llegada a San Lorenzo representó uno de los puntos más importantes de su trayectoria. Ahí encontró un buen proyecto, un plantel técnico y un entorno que, según recuerda, iba más allá de lo futbolístico.
-¿Qué significó San Lorenzo para vos?
-Fueron casi cuatro años que representaron la cúspide de mi carrera deportiva. Es un club que te hace sentir increíble por lo pasional que es, por cómo la gente te sigue a todos lados, por el proyecto y por el plantel que teníamos. Hoy sigo teniendo amigos de ese grupo con los que mantengo una relación muy linda. Es una marca enorme en mi carrera y en mi corazón. Culminar ese proyecto con la obtención de la Libertadores fue la frutilla del postre. Se hicieron las cosas de manera muy profesional y fue algo inolvidable, que sé que va a trascender el tiempo.
-En 2021 formaste parte del equipo que ganó la única Copa Libertadores de futsal para un club argentino. ¿Qué dimensión le das hoy a ese logro?
-No sé si le doy la dimensión que debería. Lo hago como me sale, y con mucho orgullo. No solamente por el campeonato, sino por todo el camino recorrido, porque fue el premio a un proyecto. Lo recuerdo con alegría, felicidad, anécdotas, y con un gran grupo de jugadores. Hoy, sobre todo en mi caso, que sigo ligado al deporte, siempre hay que ganar mañana. No te podés quedar en los laureles. Pero sin duda fue algo que me marcó personalmente, nos marcó como grupo y se que también haya dejó una huella en el futsal argentino.
-Convertiste goles contra Sportivo Bocca, de Ecuador, y Universitario, de Perú. ¿Qué recordás de esos partidos?
-El primero, contra Bocca, fue un partido trabado en el que no nos salían las cosas. Estábamos pasados de ansiedad y pensando en lo que significa jugar el primer partido de un torneo de esa magnitud. No pudimos hacer el futsal que queríamos, pero lo sacamos adelante con algunos detalles de la pelota parada, que fue clave durante toda la Copa. Pudimos aprovechar eso y empezar el torneo con una victoria. Contra Universitario, en cambio, ya habíamos encontrado un poco más nuestro juego. Fue un partidazo del equipo, sobre todo porque teníamos que suplir la baja de Damián Stazzone, nuestro capitán y referente, que no podía jugar por suspensión. Ellos jugaban de una manera que nos complicaba, pero ganamos merecidamente y pude aportar un gol muy importante para meternos en la segunda fase del torneo.
De jugador a entrenador
Después de cerrar su etapa como futbolista, Cardone encontró en Ferro un lugar en el que pudo seguir vinculado al futsal con los entrenamientos de Primera y Tercera División.
-Hoy sos entrenador y ayudante de campo en Ferro. ¿Cómo es un día en tu vida?
-Me levanto 6.45. Los primeros minutos se los dedico a mi hija de 10 meses y salgo para el club. A las ocho empieza el entrenamiento de Primera, donde me desempeño como ayudante de campo. Generalmente terminamos con análisis de video, hasta el almuerzo. Por la tarde suelo avanzar con algún curso o descansar un rato. A las tres vuelvo al club para trabajar con tercera división que entrena a las cuatro. Como pasa en los clubes, muchas veces me quedo un rato más, vuelvo a casa cerca de las seis y terminó el día con la familia y el ocio. Los fines de semana son diferentes, porque aparece la competencia, pero también el tiempo libre para disfrutar.
-¿Qué técnicos te marcaron y qué intentas incorporar de ellos a tu trabajo?
-Tuve referentes importantes. Uno es Ariel Avveduto, un técnico vinculado al futsal de AMF. No sé cómo calificarlo para expresar todo lo que siento por él. No solamente por lo que me enseñó del deporte, sino por el vínculo humano, los diálogos y lo que me ayudó a ser profesional. Estoy convencido de que, sin su formación, tal vez no habría podido jugar en un equipo como San Lorenzo. El otro es Facundo Ruscica. Hoy, como entrenador, trato de rescatar cosas que recuerdo de sus entrenamientos, de los planteamientos de partido o de las pelotas paradas. Es un referente para mí y para el futsal argentino, un técnico muy ganador y un cerebro de este deporte.
Un deporte en crecimiento
Desde su experiencia como jugador y entrenador, Cardone también observa la evolución del futsal argentino. Considera que el deporte creció durante la última década, aunque todavía hay aspectos por desarrollar para consolidar su crecimiento.
-¿Qué opinión tenés sobre el presente del futsal argentino?
-Estamos viviendo algunos años de transición o de meseta. Venimos de una década posterior al campeonato del mundo de la Selección Argentina en 2016, durante la cual el deporte se desarrolló muy rápido y se hizo mucho más masivo que antes. Cuando observás las distintas áreas, como la profesionalización de los jugadores, los cuerpos técnicos y dirigenciales, o la infraestructura, el desarrollo se nota. Pero quienes estamos vinculados al futsal sabemos que es un deporte joven, que no tiene techo. Habrá que planificar qué deporte queremos para el futuro.
La historia de Cardone muestra el futsal desde dos versiones distintas, la del jugador que llegó a conseguir el mayor logro a nivel continental y la del entrenador que ahora busca transmitir lo aprendido. Entre los entrenamientos de Ferro, la planificación de cada partido y el tiempo compartido con su familia, sigue creciendo y segun el mismo dice, “queda mucho por recorrer”.





