Por Valentín Mazzini
En 2021, San Lorenzo le ganó la final de la Copa Libertadores de futsal al equipo brasileño Carlos Barbosa por 4-3 y se convirtió en el primer y único equipo argentino en ganarla. Juan “Gallego” Rodríguez formó parte de aquel plantel y convirtió uno de los goles en la final. Hoy, cinco años después de conseguir el mayor logro de su carrera, juega en el club que lo vio crecer, es capitán y referente del Club de Parque Avellaneda América del Sud.
Rodríguez no se dedica solamente a jugar, también se encarga de dirigir a una categoría del club: todos los martes, miércoles y jueves a la tarde entrena a la quinta división. Termina a las 18 horas, baja dos pisos para ir al buffet, en ese camino saluda a todo el que se le cruce, compañeros, chicos del club, empleados, madres o padres y siempre con una sonrisa. Se sienta con la matera a su lado, pide agua caliente y para comer, granola con yogur.
-¿Cómo fueron tus primeros pasos en el futsal y qué te llevó a elegir este deporte?
-Arranqué en 2007. Jugaba al baby fútbol en un club de barrio que se llama Flores Club. La mayoría de mis compañeros jugaban acá al futsal, en América. En ese momento el futsal no era lo que es ahora. Yo jugaba en cancha chica y también en cancha de once, pero, por seguir con mis amigos, cuando terminé el baby me sumé a América del Sud. Empecé a entrenar a fines de 2006, aunque todavía no tenía fichaje. Al año siguiente estaba en la Quinta División. América estaba en la B y ese fue mi primer año de futsal. Justo ese año el club ascendió y ahí empecé mi camino. En 2008, el club ya estaba en Primera División.
-Cuando eras chico, ¿sabías que querías dedicarte al futsal profesionalmente o se fue dando con el tiempo?
-A veces uno no sabe bien lo que quiere. Yo era un pibe que acababa de terminar la secundaria y nunca me había planteado ser jugador de futsal. Pero se fue dando y creo que supe aprovechar las experiencias que me tocaron vivir. Hoy muchos chicos lo ven como un posible trabajo, una fuente de ingresos o una oportunidad para irse al exterior. En ese momento era completamente amateur. Los jugadores de Primera no tenían las posibilidades que tenemos nosotros hoy, con las redes sociales, los seguidores y la gente que te pide una foto. El deporte también tiene mucha más visibilidad en la televisión.
A lo largo de su formación en América del Sud, Rodríguez contó con el acompañamiento de su familia y de distintos entrenadores que fueron importantes en su desarrollo. Entre ellos destaca a Mariano Gómez, quien lo hizo llegar a Primera División y a quien considera el mejor técnico que tuvo. No solo lo ayudó en lo futbolístico, sino que también fue importante en su crecimiento personal. Actualmente, Gómez dirige la Selección argentina Sub-18.
Después de sus primeros años en América del Sud y de una experiencia en Italia, Rodríguez llegó a San Lorenzo, donde formó parte de uno de los equipos más importantes de la historia del futsal argentino. En 2021, el Ciclón conquistó la Copa Libertadores tras vencer a Carlos Barbosa en Uruguay. El Gallego fue parte de aquel plantel y convirtió el tercer gol en esa final.
-¿Qué significó San Lorenzo en tu carrera y qué recuerdos te quedaron de tu paso por el club, especialmente de la Copa Libertadores de 2021?
-Un muchacho que había trabajado como entrenador de arqueros en América estaba en San Lorenzo, me conocía y me había recomendado. Entonces me llamaron. Desde el principio, el proyecto me resultó seductor y tenía ganas de ir. En ese momento el club venía apostando a la disciplina, con la idea de ganar algún título. Después fue una historia que superó todas las expectativas que uno podía tener. No esperaba que se diera todo lo que pasó a nivel colectivo ni que yo pudiera tener el nivel y el rol que tuve dentro de un equipo lleno de jugadores importantes. Ser el único equipo argentino que ganó la Copa Libertadores es algo muy importante. Ya pasaron cinco años y nadie más pudo conseguirlo. Ganamos la semifinal y la final contra equipos brasileños, y creo que eso terminó de demostrar que ese equipo marcó una época. No quiero ponerlo a la misma altura que un campeonato del mundo, pero son hitos que demuestran que el futsal está creciendo y que somos capaces de competir y ganar. Creo que sigue siendo el título más importante de mi carrera.

Pero para llegar a lograr todo lo que hizo no fue solamente por talento o ser un buen jugador. A lo largo de su carrera, Rodríguez tuvo que aprender a organizar su vida alrededor del futsal, entre los entrenamientos, los partidos y los viajes. Aunque desde chico disfrutaba jugar a la pelota, con el tiempo entendió que para dedicarse a este deporte tendría que dejar cosas de lado.
-¿Qué sacrificios tuviste que hacer para llegar a donde estás hoy?
-El otro día escuchaba una nota en la que decían que, si querés ser tenista, tenés que saber que tu cumpleaños no lo vas a festejar. Si cumple un amigo tuyo y cae en determinado momento, vas a llegar más tarde. En el futsal pasa lo mismo. Nosotros entrenábamos a la noche y te perdías cosas con tus amigos. Si se juntaban a comer un jueves, no podías ir. Si era el cumpleaños de tu tía y se juntaba toda tu familia, tenías que decirles que ibas a llegar después. Pero tampoco lo viví como un sacrificio, porque amaba jugar a la pelota. Es lo más lindo que sé hacer en mi vida.
Rodríguez encontró en el futsal una forma de vida que, con el tiempo, también se convirtió en su fuente de ingresos. Sin embargo, el camino tuvo sus dificultades, especialmente cuando le tocó dejar el país para continuar su carrera en el exterior.
-Más allá de lo futbolístico, ¿tuviste algún bajón durante tu carrera? ¿Cómo trabajaste esa parte mental?
-Hubo momentos difíciles que me costaron personalmente. Uno fue cuando me fui solo al exterior. Había hecho una muy buena temporada, clasificamos con América a la Copa Libertadores, tuve la suerte de hacer muchos goles y me llamaron de Europa. Me fui a jugar a España con 22 años. En mi casa, con mis viejos, no tenía que preocuparme por muchas cosas y, de repente, estaba solo en otro país, donde jugaba por plata y había otros 14 tipos que también lo hacían. Ya no era el jugador más importante del equipo ni tenía a alguien que me bancara si un día jugaba mal o si estaba cruzado y me comportaba mal. Tenía que ser profesional y mantener esa mentalidad, tanto para el deporte como para la vida. Son momentos en los que tenés que adaptarte. A veces perdés un poco el foco y empezás a hacer las cosas mal como deportista: descansás mal, comés mal y, lógicamente, cuando llegás a un nivel deportivo más alto, eso termina afectándote.
Hoy, mientras sigue compitiendo y buscando nuevos objetivos con América del Sud, Rodríguez también piensa en el futuro desde otro lugar: el de entrenador. Trabaja con chicos de las inferiores y le gusta transmitir sus valores y el conocimiento que aprendió a lo largo de toda su carrera como jugador. Aunque todavía quiere seguir jugando algunos años más, ya tiene una idea de cuándo le gustaría ponerle punto final a su etapa como futbolista.
-¿Qué objetivos tenés hoy?
-Creo que el día de mañana voy a ser entrenador. Me gusta, me gustaría seguir vinculado al deporte y no soy una persona a la que le cueste venir a entrenar o estar en el club. Estoy acá todo el día y no me desgasta. Pero todavía falta. Quiero seguir jugando. El año pasado jugamos los playoffs y perdimos en semifinales. Ahora vamos a volver a jugarlos y tenemos buenos jugadores. América siempre tuvo buenos jugadores.
Hoy trabajo con chicos de la categoría 2011 y ya les dije que no me voy a retirar hasta que lleguen a Primera. Así que esa es más o menos la idea: jugar un par de años más, hasta poder compartir la cancha con alguno de los chicos que formé.





