Por Lautaro Palavecino
Julio de 2014. En Catamarca, unas 5.000 personas fueron a ver entrenar a Los Pumas. La jornada terminaba y Joaquín Galán, entonces integrante del área de Prensa de la Unión Argentina de Rugby (UAR), propuso volver al hotel. Agustín Creevy no estuvo de acuerdo: “No, no nos vamos hasta firmarle al último tipo que nos vino a ver”.
Mucho antes de ser uno de los jugadores más reconocidos del rugby argentino, Creevy ya tenía algo que se convertiría en una de sus principales características: el liderazgo. Galán lo conoció cuando el futuro hooker todavía estaba en Menores de 16 de San Luis, club de La Plata. Tenía apenas 15 años, pero ya se destacaba entre los chicos de la camada 1986. “Era físicamente grande, potente y jugaba con una agresividad en el buen sentido”, recuerda Galán, entrenador de Creevy.
Creevy era extrovertido, hacía bromas y sus compañeros lo seguían. “Él era muy líder por ser buen jugador y por el carisma que tenía”, cuenta Galán. El liderazgo era una consecuencia natural de su manera de ser. Dentro de San Luis ya era un nombre conocido.

Galán recuerda a un jugador que, por su potencia física, podía sacar diferencias y modificar la forma en la que los rivales planteaban los partidos. Era difícil de derribar y muchas veces su presencia atraía defensores, al punto de que el cuerpo técnico podía utilizarlo como señuelo para atacar por otro sector.
Creevy comenzó su carrera internacional, en Club San Luis de La Plata, como tercera línea. Debutó con Los Pumas en 2005 frente a Japón en esa posición, antes de transformarse en hooker. El cambio de puesto significó aprender de nuevo. Cuando regresó a San Luis, apareció otro vínculo importante: Pedro Fantini, su mejor amigo, quien le dio el espacio para que pudiera aprender y desarrollarse en la nueva posición. Fantini era el hooker titular de San Luis y cuando Agustín volvió a la Argentina para transformarse en hooker y pelear un lugar en Los Pumas, Fantini le cedió su puesto como hooker titular en el primer equipo del club platense para que pudiera jugar y entrenarse en esa posición
En 2014, Daniel Hourcade, entonces técnico de Los Pumas, decidió entregarle la capitanía y su primer partido con la cinta fue ante Sudáfrica, en Pretoria, el 16 de agosto de ese año. La decisión generó cierto ruido porque había referentes de mayor trayectoria en el plantel. Sin embargo, para Galán, que lo conocía desde mucho antes, la elección tenía sentido: “Agustín fue un capitán completamente natural”.
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Agustin Creevy el primer partido como capitán de Los Pumas
La naturalidad estaba en que la cinta no parecía cambiarlo. Galán encuentra una diferencia precisa: “La diferencia entre líder y capitán es que un capitán da órdenes y Agustín decía ‘dame la pelota que voy yo’. Leandro Guerra, que formó parte del cuerpo técnico en el Mundial de rugby de 2015, dice: “Era un tipo que empujaba con su actitud”. Entre 2014 y 2018, Creevy llevó la cinta en 49 oportunidades y se convirtió en el jugador con más partidos como capitán en la historia del seleccionado, superando a Lisandro Arbizu, hasta el 4 de octubre de 2025 cuando Julian Montoya rompió el récord.
Argentina llegó a aquella Copa del Mundo de Inglaterra 2015 con Creevy como capitán. El equipo avanzó hasta las semifinales, eliminado por Australia, después de vencer a Georgia, Tonga e Irlanda en la fase decisiva del torneo, y terminó entre los cuatro mejores del mundo por segunda vez en su historia. “Agustín era compañero, pero no solamente compañero de equipo en un partido; era el que hacía los asados cuando se juntaban Los Pumas a comer, en las concentraciones, en los hoteles y, sobre todo, durante el Mundial”, cuenta Guerra.
El reconocimiento, entonces, no quedaba reservado para los grandes escenarios. “Lo que indica que lo formaste bien es que cuando vuelve, llega al club -San Luis de La Plata- y se pone con los infantiles, que lo ven como un ídolo, y eso es espectacular”, sostiene Galán.
Por eso, cuando en 2018 Mario Ledesma, técnico de la selección argentina de rugby, decidió reemplazarlo como capitán y entregarle la cinta a Pablo Matera, el liderazgo de Creevy no desapareció con ella. Había acumulado 51 partidos como capitán en cuatro temporadas y seguía formando parte del seleccionado. “Cuando a él le sacaron la capitanía y seguía jugando, él siempre estuvo y significativamente él seguía siendo capitán”, afirma Guerra.
Creevy no empezó a ser líder cuando recibió la cinta de capitán de Los Pumas. Primero estuvo la personalidad, después el jugador, luego el compañero y, finalmente, el capitán. Su carrera con Los Pumas terminaría llevándolo hasta los 110 caps y 51 partidos como capitán, cifras que lo ubican entre los nombres más importantes de la historia del seleccionado. Pero incluso estos números quedan incompletos si no se entiende qué había detrás de ellos.
Hoy, Joaquin Galán, que continúa ligado al rugby y a la comunicación, después de años de trabajo en la UAR y en el Club San Luis, cree que pasarán muchos años antes de que aparezca otro capitán como él. “Agustín marcó una época muy grande, dejó la vara muy alta”, tartamudea. Quizá por eso, cuando se habla de Creevy como capitán, la cinta sea apenas una parte de la historia.





