Marcos Moneta, una evolución mucho más allá de la velocidad: “Es una poesía verlo correr”

Por Matías Cohen

28 de julio de 2021. Juegos Olímpicos de Tokio. Argentina le gana 17-12 a Nueva Zelanda y se queda con el bronce en rugby seven, algo que ningún seleccionado argentino había logrado desde que la disciplina debutó en los Juegos de Río 2016. Entre las figuras está Marcos Moneta, máximo tryman del torneo con seis conquistas. En diciembre de ese mismo año, World Rugby lo elige mejor jugador de seven del mundo, el primer argentino en recibir ese premio. El mundo acaba de conocer a Moneta. Pero su historia olímpica había
empezado tres años antes, cuando con 18 años se colgó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018. En aquel torneo marcó seis tries y terminó segundo máximo tryman, con una conquista en la final que Argentina le ganó 24-14 a Francia.

Diego Rodríguez, segundo entrenador de Pumitas 7s, fue uno de los que vivió de cerca sus primeros pasos. Su llegada al seleccionado fue tardía. En 2017, Lucas Borges, entrenador principal, y Diego Rodríguez armaban el equipo para Buenos Aires 2018 y ya habían observado a más de 500 jugadores, reducidos luego a unos 30. Moneta no estaba entre ellos. La recomendación llegó desde San Andrés, su club, cuando a Pedro Candotti,
entrenador del plantel superior, le insistieron en que fuera a ver a un juvenil de M17. “Me
encontré con un chico con una velocidad y un arranque diferente. Me llamó la atención cómo atacaba los espacios, cómo desbordaba, y la valentía que tenía para defender”, recuerda Candotti. Ese domingo llamó a Borges y le pidió que lo observaran. Días después, Moneta se presentó a los testeos y terminó primero en velocidad, evasión y juego aéreo.

Moneta con Diego Rodríguez.
Moneta con Diego Rodríguez.

La velocidad le abrió las puertas, pero no le garantizaba su lugar en la lista final. Llegó a una camada con un proceso bastante avanzado y tuvo que competir por un lugar y, según Rodríguez, lo fue haciendo a partir de una evolución constante: “Marcos, cuando apareció, se empezó a meter. Terminaba una concentración y nos daban ganas de volverlo a llamar para la próxima”. El proceso también definió su especialidad. “Se fue confirmando todo el tiempo dentro del seven”, explica Rodríguez, segundo entrenador de aquel plantel. Terminado el torneo juvenil de Buenos Aires 2018, el salto a Pumas 7s fue casi inmediato. Fue citado al Seven de Hong Kong, uno de los torneos principales del circuito SVNS, donde tuvo un gran desempeño y empezó su camino con los mayores.

Si la velocidad lo puso en el radar, el físico fue la gran transformación. “Cuando sale del
rugby juvenil, tuvo que empezar a cambiar su físico. Es un jugador bastante liviano para el rugby internacional”, señala Rodríguez. El desafío no era solo ganar kilos, sino soportar la intensidad del circuito sin perder lo que lo distinguía. Ocho años más tarde, ya consolidado, en junio de 2026, Moneta llegó a 202 tries en su carrera durante el seven de Bordeaux, y está cada vez más cerca del récord de 230 que tiene Santiago Gómez Cora, hoy su entrenador. Cerró además la temporada 2025/26 como máximo tryman, con 47 tries, del Circuito SVNS, el campeonato mundial de rugby seven que se disputa entre noviembre y mayo con distintas etapas alrededor del mundo y reúne a las principales selecciones de la disciplina.

Esos números no explican solos la evolución de Moneta. Detrás hubo un trabajo físico que empezó a construirse después de Tokio cuando Juan Martín Galarraga, actual preparador físico de Los Pumas 7s, lo conoció. Se encontró a un jugador con hábitos de alto rendimiento, pero con margen para crecer. “Era un atleta en formación, en un proceso de adaptación”, explica. Para Galarraga, en el seven “son atletas, por sus cualidades físicas, siempre buscamos chicos muy veloces, muy fuertes, muy potentes”. Y agrega sobre Moneta: “Siempre le vi potencial. Para nosotros es un ejemplo verlo correr. Yo digo que es una poesía, es todo lo que quiere ver un preparador físico en un jugador”.

El objetivo del profe Galarraga fue que soportara cada vez más carga en períodos cortos.
“Hay un cambio en la cantidad de kilos que mueve, en el estímulo que recibe y en su capacidad de resistir esfuerzos con poca pausa”. La fuerza de los isquiotibiales y la capacidad de acelerar y frenar fueron las áreas que más evolucionaron en él. También creció el conocimiento de su propio cuerpo: “Los días que apretaba el acelerador me decía: ‘Juan, mirá el GPS, rompí el récord’. Y así es. Quiere superarse cada día”, cuenta Galarraga.

La transformación no quedó en lo físico. Galarraga lo describe como “el atleta que todos
queremos tener” y destaca su liderazgo: “Si queríamos que hagan hielo y Marcos hacía hielo, todo el equipo se alineaba atrás”. Habla de un jugador atento a los detalles, que controla sus descansos, sus cargas y hasta el tiempo frente a una pantalla antes de dormir. Pero, sobre todo, de alguien que conserva la misma obsesión de cuando era juvenil: mejorar.

Esa obsesión por mejorar es, en el fondo, la explicación de toda la evolución de la carrera
de Moneta. En 2017, cuando su nombre no aparecía entre los 30 candidatos a los Juegos
Olímpicos de la juventud de Buenos Aires 2018, llegó a una convocatoria gracias a una
recomendación. Nueve años después, en 2026, aquel jugador descubierto casi de
casualidad cerró la temporada como máximo tryman de la temporada y llegó a los 200 tries
internacionales. En el medio quedaron una medalla dorada juvenil, un bronce olímpico, el
premio al mejor jugador del mundo y una transformación que fue mucho más allá de su
velocidad.

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