Por Emiliano Le Voci
Todos los reinados e imperios, que supieron dominar sus respectivas épocas, sucumbieron. Todos y sin excepción alguna. Alcanzaron el apogeo para luego caer frente a nuevas hegemonías, ceder el poder. El mundo cambia, y sus líderes con él. Es una de las pocas leyes infalibles que tiene la vida. Todo se termina en un determinado momento.
En los tiempos modernos, se pueden apreciar ciertas semejanzas con las trayectorias deportivas del futbolista argentino Lionel Messi y el tenista serbio Novak Djokovic. Ambos, para millones de fans alrededor del mundo, son por excelencia los amos y señores de sus respectivos deportes. Y esto es gracias a la increíble capacidad para reinventarse constantemente y acaparar la mayor cantidad de récords posibles, y cada vez más absurdos. Sin embargo, es inevitable pensar que se está por terminar una era. Y esto se debe principalmente a la derrota de “Nole” en primera ronda del Us Open el domingo 30 de agosto, y tan solo unas horas después, el anuncio del retiro de Messi de la selección argentina.
Djokovic nació el 22 de mayo de 1987, en Belgrado, la capital de Serbia. Messi nació exactamente 33 días después en Rosario, el 24 de junio, a casi 12 mil kilómetros de distancia. El europeo creció con la tragedia y la violencia frente a sus ojos, porque en 1991, a la edad de 4 años, estalló la guerra que derivó en la disolución de Yugoslavia. Los padres de Novak, Srdjan y Dijana, intentaron distraerlo de las complicadas situaciones cotidianas mediante la escucha de música clásica y llevarlo a tomar su primera clase de tenis, en el Teniski Klub Partizan.

Messi creció en el contexto de un país reestructurándose luego de la última dictadura cívico militar con el gobierno radical del abogado Raúl Alfonsín. Y en los 90 con el peronismo neoliberal de Carlos Saúl Menem. Pero la economía de la familia Messi siempre estuvo atravesada por la dificultad de llegar a fin de mes. Jorge, el padre de Leo, trabajó 12 horas diarias por años, incluidos los fines de semana y feriados, para que a su familia nunca le faltara nada. Quién lo acompañó a los primeros entrenamientos del en ese entonces futuro astro del fútbol fue Celia, la mamá. Curiosamente, Leo también tenía 4 años cuando asistió a su primer entrenamiento, en la Agrupación Infantil Abanderado Grandoli, un modesto club de barrio.
El 2004 fue un año bisagra para los dos. Djokovic tuvo su debut a nivel ATP el 19 de julio, en el torneo de Umag, Croacia, frente al italiano Filippo Volandri. Messi debutó formalmente en primera división con el Barcelona el 16 de octubre de ese mismo año, en el derbi catalán, al ingresar a los 82 minutos en lugar del brasileño Deco. Forjaron sus primeras armas. Desde ese momento se podía notar en ellos la diferencia con el resto. Pero aún no por resultados, sino por tener 17 años, una actitud tímida, en busca de ganarse el derecho de piso, algunos granos en la cara que delataban la juventud de sus rostros, y ya estar en la competencia de élite.
En el pico de sus carreras llegarían las rivalidades muy marcadas que protagonizaron durante dos décadas, que generaron división y peleas entre los amantes del fútbol y el tenis. Las comparaciones de siempre. ¿Messi o Cristiano Ronaldo, quién es mejor? Y por su parte ¿Quién es tu favorito del Big Three, Rafael Nadal, Roger Federer o Djokovic? Enfrentamientos electrizantes, épicos, de los que se desprenden centenares de reacciones, análisis y estadísticas. Datos. El factor clave para comparar en igualdad de condiciones y poder concluir que un determinado jugador fue mejor que otro. Y basado en esos brutales números se puede determinar que Lionel Messi y Novak Djokovic son los GOATS (mejor jugador de la historia por sus siglas en inglés) de sus disciplinas.
El rosarino, a sus 39 años, acumula 48 títulos, que lo convierten en el futbolista más laureado de la historia: 8 balones de oro, 91 goles en un mismo año, 207 partidos con la selección y 125 goles. Es el futbolista con más partidos en la historia de los mundiales. Es el máximo asistidor de la historia del fútbol. El balcánico, por su lado, es el máximo ganador de Grands Slams, con 24 conquistas. Es el tenista con la mayor cantidad de semanas en el número 1 del ranking ATP, 428. 40 títulos de Masters 1000. Todos récords absolutos y, a priori, imposibles de superar. Una verdadera utopía de solo pensarlo.
A pesar de la notable grandeza, siempre convivieron con la crítica externa y el odio desmedido. De parte de seguidores del deporte, de parte del periodismo, de medios de comunicación y gente que, además de opinar desde la comodidad del sofá de sus casas, no están ligadas al deporte. Al argentino siempre se le achacó no haber sido campeón con la camiseta celeste y blanca. Desde 2021 en adelante ganó 2 Copa América y un Mundial, con 35 años, frente a Kylian Mbappé, de 23 años y llamado a ser el heredero del trono. La gran espina en la carrera de Djokovic siempre fue la falta de un oro olímpico. Y en 2024, a sus 37 años, lo consiguió en París frente a Carlos Alcaraz, de 21 años. La vigencia y perseverancia en estado puro. La insaciable sed por la victoria.
Hoy, las carreras de ambos indican que se aproxima el punto final. Se vuelve contagiosa la melancolía por los viejos buenos días. La nostalgia se apodera de la atmósfera, como lo hace el oxígeno. Son los héroes de una inmensa cantidad de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de todo el mundo. Dejan atrás un legado incalculable, casi tan grande como el vacío, claro. Solo queda agradecer por tantas jornadas de grandeza y muestras de carácter. El reinado perece, pero la memoria conserva lo que alguna vez llegaron a ser.





