Mariano Campodónico: “Estuvimos 4 horas encerrados en un vestuario el día que descendió River”

Por Federico Oliver

Mariano Campodónico se sienta en uno de los bancos de suplentes de la cancha de Defensores de Belgrano. Se lo nota contento, dispuesto a repasar una carrera de 23 años en la que convirtió goles, ascendió cuatro veces a Primera y dejó su huella en distintos clubes. Los aviones de Aeroparque pasan mientras la charla fluye.

— ¿Qué es ser un goleador del ascenso?

— Es algo lindo. Cuando empecé a jugar al fútbol nunca me imaginé tener la suerte de tener la carrera que tuve, de jugar 23 años. Por ahí jugar en la posición que jugaba y ser goleador. Jugar al fútbol es lo más lindo, hacer un gol. Tuve la suerte de jugar de nueve y de poder hacer muchos goles.

— ¿Hay diferencia entre hacer un gol en Primera y uno en el ascenso?

— Por ahí en Primera te ven más, el gol vale un poquito más, pero los tomaba a todos de la misma manera. Lo tomaba como una obligación por la posición que jugaba. El delantero vive del gol y para mí era una obligación. Me hubiera encantado hacer goles en todos los partidos de mi carrera, pero a veces cuesta.

El primer gol en Primera División es uno de los que más recuerda, junto con una chilena en Tucumán, durante el año en que San Martín salió campeón. También hay dos goles que le resultan difíciles de recordar: los que le hizo al hermano. 

— ¿Qué le dirías a un delantero que quiere convertirse en goleador del ascenso?

— A los chicos los trato de corregir y les cuento las experiencias vividas, pero cada uno tiene su manera de jugar, su jerarquía y sus limitaciones. Trato de corregir las cosas que pienso que pueden hacerse mejor, pero las decisiones las toma el jugador en el campo. En la B Nacional tenés que ser malo, porque si sos medio blandito los defensores te matan a patadas y te la ganan de boquilla. Es una categoría muy dura y, si no estás preparado física y mentalmente, se hace difícil.

— ¿Hay algún club que te haya marcado?

— Sí, algunos. Temperley me marcó porque soy hincha y porque hice todas mis inferiores ahí. En Belgrano viví lindos momentos, en All Boys también y en San Martín de Tucumán. Fueron equipos con los que me tocó ascender a Primera. Hay muchos clubes con los que te encariñas y en los que la pasás bien.

Cada uno tuvo un significado particular. El primer ascenso llegó con Belgrano en 2006. En 2008 convirtió los dos goles del partido decisivo contra Chacarita que consagró campeón a San Martín. En 2010 metió el segundo gol de la victoria de All Boys y su ascenso. 

— ¿Qué cambió en vos a lo largo de esos cuatro ascensos? ¿Cuál te marcó más?

— Me ayudaron a madurar y a trabajar mucho más de lo que venía trabajando para seguir mejorando. El de Belgrano fue especial porque fue el primero. El de All Boys, porque hacía casi 30 años que el club no jugaba en Primera y quedamos en la historia. Después, con San Martín de Tucumán, por lo que generó en Tucumán y por hacer los dos goles que quedaron en la historia. Y el histórico con Belgrano en cancha de River. Creo que los cuatro tienen algo especial.

El vínculo con los hinchas también se construye en partidos que quedan en la memoria colectiva. El 26 de junio de 2011, Belgrano consiguió el ascenso frente a River en una promoción que marcó un antes y un después.

— ¿Cómo viviste el partido el día que mandaron al descenso a River?

— La previa fue dura porque no nos dejaron dormir y hubo complicaciones en el hotel. La llegada al estadio fue tranquila y normal, pero después del partido estuvimos cuatro horas encerrados en un vestuario. No podíamos salir. Fue algo muy complicado. Cada 26 de junio se vuelve a recordar ese partido. Todos los años mis amigos me llaman y me dicen: “Hoy es la fecha”.

— ¿Qué diferencia hay entre un equipo que está a punto de ascender y uno que está a punto de descender?

— Lo charlamos mucho en la semana previa. Que River estuviera en esa situación, jugando una promoción, y que todo el país, casi toda Sudamérica y parte del mundo nos fueran a estar mirando no era algo común. Después del 2 a 0 en Córdoba, creíamos que acá iba a haber una presión inmensa y gigante. Y fue así.

— No fuiste titular en ese partido pero si en el ascenso de Belgrano en 2006, ¿hay diferencia entre estar dentro de la cancha y estar afuera en un partido tan decisivo?

— Sí, es muy distinto jugarlo o entrar de cambio. Yo pensé que iba a jugar porque de local jugaba siempre. Si hubiera tenido la chance, era el encargado de patear los penales, pero lo pateó Manzanelli.

El secreto de aquel Belgrano, según recuerda, estuvo en la unión del grupo y en el trabajo diario. Los más experimentados acompañaron a los jóvenes y construyeron un equipo que no se guardaba nada en los entrenamientos. Para él, esa es una de las claves para alcanzar objetivos importantes.

— ¿Qué sacrificios tiene que aceptar un jugador para construir una carrera en el ascenso?

— Me pasó de estar mucho tiempo sin la familia. Mi hijo cumple años el 15 de enero y siempre uno está en pretemporada. Hubo muchos cumpleaños en los que no pude estar. Eso es lo más duro que te quita el fútbol: momentos, horas y días para compartir con la familia, cumpleaños, fiestas, aniversarios. Es lo que más me marcó.

Temperley ocupa un lugar distinto en su historia. Allí hizo las inferiores, se convirtió en hincha y quiso terminar su carrera. Sin embargo, después de volver al club encontró una situación complicada y terminó marchándose cuando sintió que ya no tenía lugar. Luego jugó en Talleres de Remedios de Escalada, pasó por Mitre de Santiago del Estero y se retiró en Cañuelas.

— ¿Y si hoy te llaman para formar parte de Temperley o dirigir?

— Siempre que el club me necesite voy a estar. Si es entrenador, entrenador; si es coordinador, coordinador. Quiero al club, soy hincha y quiero que crezca. Hoy estoy muy contento y disfruto cada vez que voy a ver un partido. Todos los días hay algo nuevo, la cancha está muy linda, están las plateas nuevas. Hay que disfrutarlo.

Su última etapa como futbolista tuvo una despedida que pudo disfrutar dentro de la cancha. Después de una lesión que le impidió retirarse jugando en Mitre, consiguió hacerlo en Cañuelas, acompañado por su gente y sus amigos. Ganó 2 a 1 y convirtió un gol.

— ¿Y cómo querés que te recuerden?

— Así como soy. Siempre traté de ser humilde, buena gente y divertido. Me gusta joder y que me jodan. Un técnico me dijo que me tenía que preocupar cuando no me dieran bola: si te cargan es porque sos importante para un club o para un grupo. Si pasás desapercibido, es porque no sos importante. Lo disfruté mucho y creo que me manejé bien en el fútbol.

Ahora, desde el lugar de entrenador, busca transmitir lo aprendido durante sus 23 años de carrera. Entre los técnicos que lo marcaron menciona a Ramacciotti, Carlos Roldán y Pepe Romero. De ellos valora la sencillez y la intención de que sus equipos jueguen bien y busquen el arco rival.

— Si pudieras volver atrás, ¿hay alguna decisión de tu carrera qué cambiarías?

— ¿Por qué no me quedé en All Boys? Después de ascender en All Boys y en San Martín de Tucumán, me fui de los dos clubes. Creo que ahí cometí un error, me tendría que haber quedado. Fue porque me lo dijo el corazón.

Se despide de buen humor, con una frase que resume su presente, todavía ligado a la rutina del fútbol: “Me voy, que tengo que seguir trabajando o si no me matan”.

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