Por Giovanni Vigna
Alex Darío Aguinaga Garzón, ídolo eterno del Necaxa y referente del fútbol ecuatoriano, repasó su carrera con la misma claridad con la que pateaba una pelota. En una llamada vía Meet confesó el dolor de no poder despedirse del club que lo marcó de la forma que él soñaba.
Desde su casa en México, el ecuatoriano dio su mirada sobre la Liga MX. Aguinaga vive allí desde que se fue a jugar a Los Rayos con tan solo 23 años e hizo ahí durante 14 años. Tiene hijos nacidos allí, una escuela de fútbol en Aguascalientes y el reconocimiento que por su humildad, se merece.
Aguinaga fue uno de esos números diez que hoy son escasos, un volante ofensivo que cuenta con más de 700 partidos de liga en su carrera y 109 presencias en la selección ecuatoriana. Fueron años de títulos, gloria y entrega total.
En 1989 jugó la Copa América de Brasil, su selección fue la revelación. Ese año llegó a México y se convirtió en ídolo del Necaxa en poco tiempo. Fue titular por catorce años, ganó tres campeonatos de la liga, una Copa México y una Supercopa de México, la Copa de Campeones CONCACAF, una Recopa de la CONCACAF y un tercer lugar en el Mundial de Clubes de 2000, el primero de la historia. Aguinaga fue elegido como el mejor jugador de la década de 1990 en México y formó parte del equipo ideal de América.
– Entre los tantos títulos, ¿cuál fue el mayor logro que conseguiste con Necaxa y cuál fue el partido más especial que jugaste con esa camiseta?
– Todos los que se jugaron, incluyendo un tercer lugar en el Mundial de Clubes, fue fantástico. Ganamos títulos a nivel internacional, ganamos títulos a nivel local, logramos ese importante tercer lugar frente a un Real Madrid de figuras y a uno le da mucho gusto mirar atrás y darse cuenta de lo que ha hecho. Dejas un legado, dejas una historia importante en tu equipo.
Arrancaba un nuevo siglo, en el 2000, cuando se concretó el primer Mundial de Clubes de la historia. Un humilde Necaxa que se destacaba en la liga mexicana no era favorito contra equipos con figuras como el Manchester United y el Real Madrid. Lo hermoso que tiene este deporte es lo impredecible que puede llegar a ser. No perdieron ninguno de los dos partidos. A principios de torneo, contra el conjunto inglés, iban perdiendo 1-0, hasta que echaron -a un tal- David Beckham, y así, en superioridad numérica pudieron empatar el partido y los dejaron fuera del torneo por diferencia de gol. Pero la hazaña no estaría concluida sin antes, ganar un tercer puesto a un Real Madrid lleno de figuras. Sin ser candidatos a nada, empataron y ganaron por penales un partido histórico para la institución.
—¿Creés que ese primer Mundial de Clubes que consiguieron el tercer puesto, mostró el crecimiento del fútbol mexicano?
—Ya tenía un desarrollo, México en los años ‘90 empezó a competir, a ganarse respeto en Sudamérica. Llegaban extranjeros de gran nivel, la liga crecía. Pero al venir tantos, tapan la salida de muchos mexicanos emergentes. Se dejó de jugar en la Copa América, la Libertadores, la Sudamericana. Dejas de tener ascenso o descenso en la liga, y el jugador se vuelve conformista. Si eres último no vas a descender, y si eres campeón qué bueno, lo logramos. Pero ya no hay competitividad, la mayoría de equipos trata de ir navegando a ver si le pegan a algo, y sino va y pasa, esa parte del no descenso afecta mucho a los equipos y a los jugadores.
Como si fuese poco, en la selección ecuatoriana clasificó al primer mundial en su historia, el de Corea-Japón 2002. Luego de igualar en un tanto con Uruguay gracias a una asistencia suya con extrema precisión para Iván Kaviedes. De esta manera, Ecuador se daba a conocer frente al mundo.

—Sobre tu último tramo en Necaxa. Pensabas retirarte ahí, pero tu rumbo fue otro. ¿Qué sentiste?
—Pensaba jugar dos años más y retirarme allí. Pero ese último año el técnico, Raúl Arias, decide darme pocos minutos, jugaba 15 minutos, partidos que estaban decididos, la verdad que no me sentí valorado. Fueron situaciones muy duras porque había jugado 14 años en los Rayos, había dejado mis mejores años, logré varios títulos, no estaba en un momento en el cual debía retirarme porque no podía.
Al no poder retirarse como deseaba, firmó por media temporada en el Cruz Azul, hasta que se fue a Liga de Quito, su país natal, donde se retiró campeón en 2005.
— ¿Qué es lo que más destacas de tu paso por el Necaxa?
— Lo que más recuerdo y destaco son los amigos, porque dejamos en el camino a gente, algunos siguieron con nosotros, pero al terminar la carrera lo que te quedan son los amigos y eso es lo más importante que tienes en un equipo de fútbol y la vida.
Al finalizar su carrera confesó que desea que lo recuerden por lo que fue, se denominó a sí mismo como un jugador que dió todo por su selección y por los equipos donde estuvo.“No me guardé nada”, afirmó el ecuatoriano al concluir con su carrera.





