Temperley ante Atlanta: la madrugada de los penales sin fin

Por Valentino Franco

Temperley afrontará este sábado una tarea difícil de conseguir: junto a Tristán Suárez y Atlanta, son los únicos tres equipos con posibilidad de ganar la zona y poder jugar la ansiada final por el ascenso a primera. Los de zona sur, sin embargo, son los que más complicada la tienen; deben aguardar por la derrota del “Lechero”, para luego golear al descendido Güemes y así descontar la diferencia de seis goles con el puntero. 

Pero, incluso, si el “Bohemio” no deja puntos en el camino, los cálculos también serían en vano. La posibilidad está latente, se asemeja más a un milagro que a cualquier otra cosa. Por su parte, el pueblo celeste querrá recordar por estas horas la inolvidable campaña de ascenso de 1982 que tuvo, casualmente, una infartante definición ante Atlanta. Y el arquero Mastrolia querrá, de igual manera, evocar aquella gran actuación de Héctor Cassé.

Corría el año mundialista. Luego del descenso en el Metropolitano 1977, Temperley atravesaba su quinta temporada en la antigua Primera B. Tras cuatro campañas en la que el elenco del sur no tuvo ni ilusión por el retorno, algo pareció cambiar para 1982. Los de camiseta celeste llegaron a la última jornada, de visitante y frente a Deportivo Morón, con la necesidad de rescatar un punto para clasificar al Octogonal. Fue un pálido 0-0, reñido y cortado. Pidiendo permiso, Temperley se metía en la puja por el segundo cupo -el primero había sido logrado por San Lorenzo- a la primera división.

Era a partido ida y vuelta, con suplementario y penales si reinaba la igualdad. En los cuartos de final la primera víctima fue Chacarita, mientras que en la semifinal le tocó a Gimnasia y Esgrima; tras un 2-2 en el global, los penales decidieron al finalista en La Plata. El marcador desde los 12 pasos señaló un 4-3 en favor de Temperley, que consumaba su clasificación al partido decisivo mientras que el “Lobo” estiraba su agonía en segunda por otro año más.

La final, a doble partido, tuvo lugar en el Estadio Tomás Adolfo Ducó. Media popular para los de azul y amarillo a bastones, media para los de puro celeste. El primer encuentro fue para Temperley, que se aventajó con un 2-1, cortesía de Masotto y Dabrowski quienes terminado el partido también se arrimaron al arquero Cassé, tan responsable de la victoria como los autores de los tantos. Pero aún faltaba la vuelta.

21 de diciembre de 1982. Ese fue el día en el cual el área del “Gasolero” sufrió una lluvia torrencial de centros. El equipo de Villa Crespo rescató un 1-0, resultado que se tornó milagroso para los de Victorio Cocco ya que jugaron con dos menos casi todo el segundo tiempo; Graciani, Bianchi y Ribolzi vieron la roja en Atlanta, mientras que Masotto en Temperley  Todo se iba al suplementario. El empate no quiso desaparecer. Llegaba la tan amada y odiada tanda de penales. Omar Rodolfo Porté inició con efectividad para los de la Capital Federal, mismo destino que Del Duca tuvo para el conjunto de la Provincia. Rafaelli y Spataro, adentro. Latreite y Dabrowski, también. Hrabina y Piris, igual. Y así podríamos seguir un buen rato…

No se sabe cuando, pero es cierto que en un momento la efectividad de las ejecuciones ya se había vuelto suspensa. Más de un hincha habrá creído oír mal al enterarse que la serie ya iba 12 a 12. Dados los expulsados, hacía ya algunos penales atrás que los ejecutores se repetían. A Hrabina -futuro ídolo de Boca- le tocó patear el decimotercero para Atlanta. Tal vez preso de la afirmación de “si es zurdo la cruza”, Cassé adivinó el remate y lo frenó con el pecho. Dabrowski tenía el ascenso en sus pies. Y de sus pies salió el ascenso. El partido, que había iniciado el 21 a las 21 horas terminaba el 22 a la madrugada. Pese a que ya era de noche, el cielo nunca pareció ser tan celeste como aquella vez.

Hernán Mudo Cassé fue uno de los claros héroes de la jornada. Y el arquero, cuyo apodo no era al azar -había perdido el 80% de la audición y padecía una grave hipoacusia, condición que nunca mermó su rendimiento deportivo-, fue noticia en todo el país; tan así que Carlos Salvador Bilardo llegó a convocarlo a la Selección Argentina en preparaciones hacia Copas América y previas al Mundial de México 1986. Mastrolia tendrá una labor complicada si quiere emular tal destino con la camiseta albiceleste, pero de seguro tendrá este sábado la oportunidad de acercarse a la épica cosechada por el ídolo en 1982. La de sacar a Temperley de la Primera Nacional y devolverlo a la máxima categoría.

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