Por Emiliano Le Voci
Robert Francis Prevost, más conocido como el papa León XIV, tiene una vida bastante particular. Ligada a ámbitos, estudios y gustos que pocos se imaginan. Tiene una importante formación académica: es licenciado en Ciencias Matemáticas con una especialización complementaria en Filosofía en la Universidad de Villanova, Pensilvania, Estados Unidos. También ostenta una maestría en Divinidad (Teología) en la Catholic Theological Union de Chicago y completó su formación jurídica eclesiástica en Roma, Italia. Su costado más desconocido por la mayoría de las personas es su afinidad por el béisbol, la actividad física, el tenis y el deporte en general.
León XIV descansa en el Vaticano luego de la operación en la que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, con la tranquilidad de que no debe hacer tratamientos adicionales como quimioterapia o radioterapia, y con el tiempo necesario para disfrutar del tenis. Argentina, Uruguay y Perú se encuentran a la espera de su llegada a Sudamérica para dar inicio a la gira que tendrá lugar entre el 6 y 17 de noviembre y 10 ciudades tendrán el honor de recibirlo.
El papa vivió los años dorados del tenis. Desde Björn Borg hasta John McEnroe, pasando por Vilas, Ivan Lendl, Pete Sampras y Andre Agassi hasta la épica e histórica rivalidad que protagonizaron Rafael Nadal, Novak Djokovic y Roer Federer. Años y décadas de premios, torneos e imperdibles partidos. De recuerdos imborrables.
Hasta llegar a la actualidad, con el dominio de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. El italiano, todavía número 1 y campeón de cinco torneos de Grand Slams con solo 25 años, fue el primer deportista en ser recibido en audiencia privada por el papa León XIV en el Vaticano. El encuentro tuvo lugar el 14 de mayo de 2025, durante la semana en la que se disputó el Masters 1000 de Roma. Sinner venía de vencer al argentino Francisco Cerúndolo por los octavos de final y aprovechó su día libre para visitar al sumo pontífice.
Prevost, que es el cónclave número 267 de la historia de la Iglesia, admitió en una oportunidad su pasión por el tenis: “Me considero un tenista aficionado. Desde que salí de Perú he tenido pocas ocasiones de practicarlo así que tengo muchas ganas de volver a la cancha. Mi nuevo trabajo (cardenal) no me ha dejado mucho tiempo libre para ello hasta ahora”.
El nacido en Illinois, Chicago, hace 71 años habló sobre lo positivo que puede ser practicar una disciplina: “Es por eso que el deporte puede ayudarnos a encontrarnos a Dios: porque requiere un movimiento del yo hacia el otro, ciertamente exterior, pero también y sobre todo interior. Sin esto, se reduce a una estéril competencia de egoísmos”, declaró durante el año pasado en el Jubileo del Deporte. El Padre Santo entiende la importancia de una actividad que permita la conexión con uno mismo.
El primer papa nacido en Estados Unidos, habló acerca de la unidad que otorga el deporte al destacar que “puede y debe ser un espacio acogedor, capaz de involucrar a personas de diferentes orígenes sociales, culturales y físicos”. En comunión con la idea de afinidad social, el pontífice resaltó que “la alegría de estar juntos nace del juego compartido, del entrenamiento común y del apoyo mutuo, y es una de las expresiones más sencillas y profundas de la humanidad reconciliada”.





