Por Leonardo Pagliuca
“Del barrio al continente” es la frase que representa a la perfección al Club Atlético Platense. Un equipo que hace ocho años estaba luchando en la B Metropolitana, y el 15 de septiembre de 2026 quedó eliminado en cuartos de final de la Copa Libertadores, tras luchar hasta el final ante nada menos que Fluminense. El salto tan grande no fue un caso aislado ni por un hecho de suerte; detrás hubo trabajo, sacrificio y pasión que solo se ve puertas adentro. Matías Benvenuto, fanático del cuadro desde chico y quien entrena a muchos de los jugadores en su centro de alto rendimiento, lo vivió muy de cerca: “El crecimiento es consecuencia de la cantidad de gente que trabaja detrás del club, que además realmente son hinchas como nosotros. Son muchas cosas en muy poco tiempo y el hincha debe estar agradecido”.

En 2010, el Calamar había descendido de la B Nacional a la B Metropolitana. Parecía que había tocado fondo y que no volvería más a la máxima categoría del fútbol argentino, pero había un destino inimaginable esperando al cuadro de Saavedra.
La historia se hace con el tiempo. Se elabora lentamente a base de tropiezos, ascensos, noches de bronca y la ilusión que siempre aparece en los corazones de los hinchas. Platense tuvo esa vuelta ansiada: en 2018 consiguió retornar a la segunda división y de ahí solo fue hacia arriba. Tres años después llegó el día que todos los fanáticos calamares habían anhelado: el ascenso a Primera tras 22 años de espera. Cuando parecía que alcanzaba con haberse quedado en la categoría, el equipo disputó su primera final ante Rosario Central por la Copa de la Liga en 2023, y la perdió. Sin embargo, se recuperó y dos años más tarde llegó nuevamente a una instancia decisiva, esta vez ante Huracán por el Torneo Apertura 2025. Allí sí pudo bordar esa estrella que tiempo atrás parecía imposible, y el Marrón levantó por todo lo alto el primer título de su historia.

La alegría no iba a terminar ahí. Ese campeonato obtenido le dio la clasificación a la Copa Libertadores de América, y el Calamar volvió a sorprender: en su primera participación en la máxima competición sudamericana, contra todo pronóstico, terminó segundo en su grupo venciendo a clubes históricos como Corinthians, Peñarol e Independiente Santa Fe. Luego, eliminó a Coquimbo Unido en octavos de final y estuvo cerca de la hazaña en Vicente López, tras caer 3-2 en el global ante Fluminense en cuartos. Lo más extraordinario de este camino no son los hitos en sí, sino la rapidez con la que Platense logró escribirlos.
Todo fue evolución para el Marrón, no solo en logros deportivos, sino también en cuanto a lo que no se ve fuera del club. Matías Benvenuto fue testigo de esa transformación puertas adentro: “Los cambios en cuanto a la infraestructura, el plantel y a la seriedad con la que los dirigentes manejan el presente del club son abismales. Recuerdo en la B Metro ir a la cancha y ver las tribunas despintadas, el operativo con apenas 15 policías ya que iba poca gente, la tribuna Ginanni abierta a la mitad por este mismo motivo y las butacas en mal estado por la humedad. Hoy las instalaciones, los vestuarios, y hasta los rivales que enfrentamos: todo es un salto de calidad muy grande”.
“Espero que sigamos por este camino. Uno sueña con que esta primera participación en la Copa Libertadores no sea la última, así que eso eleva un poco la vara”, agregó el hincha de 31 años.
Esa mirada de aficionado, a la vez, convive con su faceta profesional: trabaja codo a codo con los jugadores que ve desde la tribuna los fines de semana. Benvenuto es dueño, junto a su socio, de un centro de alto rendimiento llamado “Thunder”, y ese cruce entre la pasión y el oficio es lo que lo vuelve una voz única para contar esta historia.
“Tener un centro de entrenamiento es una exigencia, una demanda muy importante y muy linda para nosotros, apuntada 100% al estímulo de los deportistas en cuanto salen del club y vienen a buscar un trabajo extra: ya sea de fuerza, de algo específico, o una demanda vinculada a algún déficit que tengan”, cuenta el entrenador acerca de su rol dentro del gimnasio.
Por “Thunder” pasaron muchos jugadores de Platense: Guido Mainero, Vicente Taborda, Franco Zapiola y Juan Saborido, entre otros. Para Matías Benvenuto, entrenar jugadores del club que es hincha es “muy lindo”, aunque asegura que intenta ser lo más objetivo posible: “Me toca ser profesional en lo que hago, tratar de no hacer diferencia entre alguien de Platense o alguien de otro equipo. Pero se genera un ida y vuelta muy lindo con los chicos”.

El vínculo entre el profesor y los jugadores va más allá del trabajo físico. El entrenador Calamar recuerda una anécdota especial con Taborda, cuando el centrocampista ofensivo no tenía minutos en Boca tras su primer ciclo en el cuadro de Saavedra: “Le decía volvé a Platense, vení a sacarnos campeones, medio en chiste y medio en serio. Lo empezó a considerar, el club volvió a tener interés en él y volvió para hacerlo realidad”.

Ese cruce entre lo humano y lo profesional, es el eje principal de su trabajo: “Uno siempre trata de ponerse primero del lado del humano, antes que del trabajo en sí de la preparación física. Son largas charlas las que tenemos, entre mates antes de entrenar o quedándome después comiendo algo. Trato de ser amigo y psicólogo antes que el profe”.
Esa cercanía tuvo, en 2025, su recompensa más grande. Matías acompañó de cerca a varios jugadores de aquel plantel victorioso de Santiago del Estero en el camino hacia el título, entre ellos Vicente Taborda y Franco Zapiola, los dos jugadores con los que más relación tiene: “Fue una preparación muy linda en ese período antes de salir campeones. Disfruté verlos a los dos jugando en un alto nivel y haciendo goles clave en el camino a la final, yo en la tribuna y ellos en la cancha”.
La felicidad tuvo su broche de oro aquella noche luego de vencer 1-0 a Huracán: “Pudimos coronar esa alegría en el hotel cenando y charlando con los jugadores. Fue muy lindo acompañar ese proceso y terminarlo así, sabiendo que para ellos además era muy importante que yo, siendo hincha de Platense y sin haberlo visto nunca campeón, estuviera ahí. No solo estaban contentos por ellos, sino también por mí”.

Ocho años atrás, ningún hincha Calamar hubiera imaginado este presente. Hoy, con una brillante estrella encima de la punta del escudo marrón y blanco, y luego de hacer historia en la Copa Libertadores que todos los clubes desean jugar, Platense ya no sueña: compite ante cualquiera del continente, y ese quizás sea el mayor logro de todos para el barrio de Saavedra.





