Pedro Catalano: “El puesto del arquero es injusto, te equivocás en la última y perdiste por culpa tuya”

Por Matías Huentelaf

Son las 9:30 en Av. Santiago de Compostela 3801, Estadio España. Pedro Catalano, de 74 años, sube por las escaleras de la platea y se queda observando los arcos que defendió durante 18 años de su vida, mientras la tribuna que lleva inmortalizado su nombre lo custodia.
Fue el 1 septiembre de 1991, cuando Deportivo Español derrotó 1-0 a Belgrano de Córdoba y Catalano alcanzó las 203 presencias consecutivas —Rodolfo Smargiassi tenía la marca de 202 partidos— en Primera División, epopeya que terminaría fijando el récord en 333 encuentros consecutivos. A medio siglo de haber llegado a Español, el centinela sigue en su “casa”, acompañando desde la coordinación de las divisiones juveniles a los chicos que sueñan con tener, como él, un lugar en la historia de Español.

-333 partidos consecutivos en Primera División (344 sumando competencias internacionales). ¿Cómo hiciste?
-Yo empecé a jugar y no tenía en cuenta nada. Cuando llegué a los 100 partidos, el técnico Oscar López me avisó. Ahí me enteré de que había un jugador de Gimnasia con 202 partidos y seguí jugando. Trataba de estar siempre, las lesiones intentaba superarlas. Se jugaba de domingo a domingo, lo que te daba un margen de recuperación, y no había tantas tarjetas como ahora. Igualmente te tenés que cuidar y tener la ayuda de Dios, porque una patada te deja afuera.

-Estuviste 6 años ininterrumpidos bajo los tres palos. ¿Qué hablabas con los suplentes? A veces se dice que ser el suplente de Catalano era el peor trabajo del mundo.
-Lo principal es tratar de tener una buena convivencia. Uno sabe que entrena para que no lo saquen y el otro para entrar. El futbolista se enoja cuando el técnico lo saca, pero hay que entender que uno forma parte de un equipo y el técnico decide.

-¿Atajaste con 38 puntos en el brazo?
-Sí, contra San Lorenzo. Tres días antes me corté con un vidrio y me tuvieron que coser la herida. Trataba de estar siempre, no me rendía fácilmente.

-Por lo menos en la época en la que jugabas, ¿qué era ser arquero?
-Es una sensación de cuando uno es chico, por lo general, está apartado del juego. Los chicos corren atrás de la pelota y uno tiene que estar solito, parado, esperando que le llegue. Pero siempre me puso muy feliz jugar de arquero. Es un puesto que yo no digo que sea ingrato. Lo que es, a veces, es injusto, porque uno puede tener una muy buena actuación todo el partido, se equivoca en la última y perdiste por culpa tuya. Pero después con el tiempo te das cuenta de que forma parte del juego y eso no se va a acabar nunca. Siempre, cuando todos los jugadores cometen un error, los de atrás lo subsanan; en el caso del arquero no se subsana, por lo general termina en gol.

-¿Qué diferencias encontrás entre el arquero de tu época y el de hoy?
-Un montón de cosas: desde la forma de entrenar hasta la técnica; ahora se juega mucho más con los pies. Cambió mucho el puesto, evolucionó mucho la forma de tapar. En cada época tenés, que no es ni mejor ni peor, su forma, su moda. Cuando atajaba, si hacías alguna cosa rara ya el técnico te frenaba: “Mirá que te estás yendo del área”. Antes vos salías fuera del área a cortar y no íbamos a cortar la pelota, sino a voltear al jugador, cosa que ahora ya no se puede hacer porque te rajan.

-¿Qué referentes tenías?
-De chico iba a la cancha de River a ver a Amadeo Carrizo. Veía cómo solucionaba todo lo difícil y lo hacía muy fácil. Era un arquero que me marcó, y por él empecé a jugar de arquero.


Catalano se puso por primera vez los guantes a los 23 años, defendiendo el arco de Villa Dálmine, mientras era supervisor de una empresa metalúrgica llamada La Metal. El fútbol no le convencía, estaba a punto de ser padre de su único hijo, Gabriel, y reconoce que el trabajo en la empresa “generaba buenos ingresos para la familia”. Hasta que llegó a Deportivo Español en 1976: le ofrecieron un contrato que superaba al de su empleo y empezó la historia que lo mantuvo durante 18 años debajo de los tres palos.

-¿Te imaginabas todo lo que ibas a lograr? ¿El ascenso a Primera División en 1984 y todo lo que vino después?
-No, realmente no. Nunca imaginé tampoco que iba a jugar al fútbol. Se presentó, empecé a jugar, en mi primer año ascendimos a la B con Villa Dálmine, después me vine a Español en el 76 y ahí arranco una historia. Tuve la suerte de pasar por la C, la B, la A, participar en todos esos ascensos y disfrutar del club en Primera, con Copas Conmebol, liguillas pre-Libertadores y giras por Asia. Para mí fue la mejor época, un club que me dio muchas satisfacciones e hizo que me conozcan en el fútbol.

-¿Qué influencia hubo de parte de Francisco Ríos Seoane para que el club fuera lo que fue?
-Él le imprimió otra cosa al club. Cuando llegué en el 76 estaba Don Adolfo García Rebón (1971-1976), pero con la llegada de Ríos Seoane -1978- se le impuso otra forma, otro poder económico. En el 81 se inauguró la cancha para 17.500 personas y en el 96 se termina de ampliar a 32.500. El club tenía mucha vida social: Español llegó a tener 30 mil socios.

-¿Qué sabor te dejó tu final en Español y lo que vino para el club en los años posteriores?
-El final no fue bueno, fue traumático. No me gustó la forma, aunque podía entender el fondo. Quedé un poco herido. Me separaron, me quisieron mandar a la Tercera. Me hubiera gustado tener un partido de despedida y nunca lo tuve. Después vinieron los problemas económicos y los malos manejos. Trajeron gente de afuera, jugadores que estaban de vuelta, y el club prometía cifras que nunca podía pagar. Así llegó la quiebra y terminó cerrando el club.

El domingo 20 de junio de 1993, cerca de 2000 socios reunidos en el gimnasio de Deportivo Español le dijeron que NO a Mauricio Macri en su intento de adquirir el club por 15 millones de dólares y mudarlo a Mar del Plata. Luego, Boca fue el primero que pidió la quiebra de Español con Macri de presidente en 1998, por el préstamo de José Basualdo, Pedro González, Silvio Carrario, Gustavo Dalsasso, Sandro Guzmán y Raúl Peralta, ya que la institución del Bajo Flores no pudo pagar el alto salario de los jugadores.

-Ya que mencionás la quiebra, ¿tuvo influencia el intento de Mauricio Macri de comprar el club en 1993?
-Yo siempre digo que si el club hubiera pagado lo que debía, ni Macri ni nadie lo hubiera sacado. El problema fue que las deudas se taparon y Español no recibió la ayuda de AFA que sí recibieron otros clubes. En su momento Macri se quiso asociar con Ríos Seoane para llevar el fútbol a Mar del Plata, pero la pasamos mal. Dejé 90 mil dólares en el club.

-¿Qué postura tenés frente a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD)?

-No las veo mal, en la medida que los socios sigan eligiendo y haya asambleas. Hoy en día los clubes están mal y no veo mal que venga gente a invertir, pero siempre la última palabra la tienen que tener los socios con transparencia.
Desde 2015, trabaja con las divisiones inferiores de Deportivo Español.

-En tu rol con las juveniles, ¿qué ves en los chicos hoy en día?
-Veo que les cuesta mucho, hacen un gran sacrificio para pagar la cuota social. Uno trata de orientarlos y formarlos. Les explico que no alcanza solo con jugar bien, hay que hacer un sacrificio enorme. Si te toca irte, tenés que irte con la conciencia tranquila de que diste todo.

-¿Y los arqueros?
-Yo les explico situaciones de juego: a veces entienden y a veces tienen que pagar el precio del gol para entenderlo. Los chicos ahora son distintos, pero trato de enseñarles que aunque cambie la forma de entrenar, la esencia del fútbol sigue siendo la misma: cerrar para defender y dar amplitud para atacar. Ahora está la moda de que el “5” baje a buscar la pelota al área chica, aunque no estén capacitados.

-¿Qué lugar ocupa Deportivo Español en tu vida?
-Es todo. Forma parte de mi vida. Estoy siempre enchufado con el club, tuve una vida dedicada a Español y cuando no estoy acá, extraño. Yo no me meto en la política del club, trabajo para el club sea quien sea el presidente. Le dediqué 18 años como jugador(…) De cierta manera estoy ligado desde mi primer partido, que fue en marzo del 76, hace 50 años. No me imagino mi vida sin Español.

 

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