Cuando el deporte también pesa: salud mental en los atletas

Por Federico Oliver

Hablar de deporte suele llevar inmediatamente a pensar en sus beneficios: actividad física, disciplina, concentración, bienestar y vínculos sociales. Sin embargo, detrás del entrenamiento y la competencia también existe una dimensión que durante mucho tiempo quedó relegada: la salud mental.

En el deporte, como en cualquier otro ámbito, las personas atraviesan emociones, frustraciones y momentos de presión. En el alto rendimiento, esas situaciones pueden adquirir características particulares. Las expectativas de los aficionados, los medios, los entrenadores y el propio atleta pueden convertirse en una fuente importante de estrés. A esto se suman las lesiones, los malos resultados y la exposición permanente.

La salud mental de un deportista no es un aspecto separado de su rendimiento. Incluye la manera en que gestiona sus emociones, enfrenta la presión y se relaciona con su entorno.

El lado positivo del deporte

La práctica deportiva también puede contribuir al bienestar psicológico. El material consultado señala que la actividad física está relacionada con la liberación de sustancias como endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina. También puede contribuir a reducir el riesgo de ansiedad y depresión y favorecer habilidades como la concentración, la disciplina y la resiliencia.

Pero esos beneficios no significan que los deportistas sean inmunes a los problemas de salud mental.

La diferencia puede estar en las condiciones en las que se desarrolla la práctica. No es lo mismo entrenar por recreación que competir por un lugar, representar a un club, buscar una clasificación o construir una carrera profesional.

Cuando ganar deja de ser suficiente

En la alta competencia, la presión puede provenir de diferentes lugares. La afición espera resultados, los medios analizan cada actuación, los entrenadores exigen rendimiento y el propio atleta puede establecer expectativas cada vez mayores sobre sí mismo.

Las lesiones representan otro desafío. Una lesión no solamente puede impedir entrenar o competir: también puede generar frustración, ansiedad y afectar el estado de ánimo del deportista.

Además, en determinadas disciplinas aparecen preocupaciones particulares relacionadas con el peso, la imagen corporal o la exposición individual. El material diferencia, por ejemplo, entre deportes de categoría por peso o estética, deportes colectivos y disciplinas individuales de alta exposición, ya que cada uno presenta dinámicas que pueden requerir diferentes formas de acompañamiento.

Hablar también forma parte del entrenamiento

Uno de los principales cambios en los últimos años fue comenzar a hablar públicamente sobre estos problemas.

Atletas de élite como Simone Biles y Ricky Rubio contribuyeron a visibilizar la salud mental dentro del deporte y a mostrar que atravesar dificultades emocionales no significa carecer de fortaleza.

La aparición de estas voces también ayuda a cuestionar una idea arraigada en determinados ambientes deportivos: que mostrar vulnerabilidad es incompatible con ser competitivo.

Reconocer lo que sucede, pedir ayuda y contar con espacios seguros para hablar son herramientas que pueden formar parte del cuidado integral de un deportista.

No todos necesitan las mismas herramientas

La forma de acompañar a un atleta también depende de su edad y del nivel en el que compite.

En las categorías infantiles y formativas, el material pone el foco en la detección temprana y la construcción de entornos seguros, evitando que los resultados deportivos se conviertan en el centro de la experiencia. Entre las herramientas mencionadas aparecen las tutorías individuales y espacios de expresión.

Durante la etapa juvenil y universitaria, el énfasis está puesto en reducir el estigma y fortalecer las redes de apoyo. En el alto rendimiento, en cambio, aparecen herramientas de evaluación y protocolos específicos para acompañar situaciones de crisis.

Esto muestra que hablar de salud mental en el deporte no implica aplicar una única solución para todos. La edad, la disciplina, el nivel competitivo y las circunstancias personales pueden modificar las necesidades de cada atleta.

El papel de los entrenadores

El cuidado de la salud mental tampoco debería recaer exclusivamente sobre el deportista.

Los entrenadores y demás integrantes de los equipos que acompañan a los atletas ocupan un lugar importante porque pueden ser quienes primero observen cambios en el comportamiento, el aislamiento o una disminución del bienestar. El material plantea la necesidad de capacitarlos para reconocer señales de alerta y saber cuándo recurrir a profesionales especializados.

Eso no significa que un entrenador deba diagnosticar. Su función puede estar relacionada con escuchar, acompañar y facilitar el acceso a la ayuda correspondiente. Los clubes, federaciones, escuelas y equipos también forman parte de esa red. Crear espacios donde hablar sobre salud mental no debería entenderse como una amenaza para la competitividad, sino como una parte del cuidado de quienes hacen posible el deporte.

Una herramienta para volver al presente

Entre las técnicas mencionadas en el material aparece la regla 3-3-3, una estrategia de grounding que busca dirigir la atención hacia el entorno físico cuando aparecen ansiedad o pensamientos acelerados.

Es una herramienta sencilla que puede utilizarse como recurso para recuperar la atención sobre el presente, aunque no reemplaza la atención de un profesional cuando una persona atraviesa un problema de salud mental.

El objetivo, en definitiva, no es eliminar las emociones difíciles del deporte. La frustración después de una derrota, los nervios antes de una competencia o el enojo durante una lesión forman parte de la experiencia deportiva.

El desafío está en que esas emociones puedan ser reconocidas y acompañadas antes de que se conviertan en un problema mayor.

Cuidar al atleta también es cuidar a la persona

El deporte puede construir disciplina, vínculos y bienestar, pero el resultado de una competencia no define el valor de quien compite.

Detrás de cada camiseta, cada medalla y cada resultado hay una persona que también puede sentir miedo, frustración, ansiedad o agotamiento. Entenderlo no significa quitarle importancia a la competencia. Significa comprender que el rendimiento deportivo y el bienestar emocional no deberían estar enfrentados.

Porque entrenar el cuerpo es parte del deporte. Cuidar la mente también.

 

Si una persona atraviesa una crisis emocional o necesita hablar con alguien, en Argentina puede comunicarse con la Línea 135 de prevención del suicidio. También se encuentra disponible el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia, también puede recurrirse al 911.

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