El revés a una mano, ¿desaparece?

Por Mariano Menevichian

Durante 149 años hubo al menos un jugador con revés a una mano entre los semifinalistas de un Grand Slam. La tradición sobrevivió a cambios de raquetas, superficies, estilos y generaciones. Hasta que Ben Shelton derrotó a Stefanos Tsitsipas por 6-2, 6-3 y 6-4 en los octavos de final del US Open 2026.

Elegante, difícil de ejecutar y capaz de distinguir a un jugador con apenas verlo golpear una pelota, el revés a una mano fue durante décadas uno de los símbolos del tenis. Roger Federer, Pete Sampras, John McEnroe, Stan Wawrinka y Gustavo Kuerten fueron algunos de los encargados de llevarlo a lo más alto.

Sin embargo, el paso del tiempo y la evolución del deporte comenzaron a desplazarlo. En 2026, el famoso revés a una mano atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. La eliminación de Tsitsipas en Nueva York marcó un hecho sin precedentes. Por primera vez desde el inicio de los torneos de Grand Slam en 1877, una temporada terminará sin un jugador con revés a una mano entre los semifinalistas de alguno de los cuatro grandes torneos. Una racha que había acompañado al tenis durante toda su historia llegó a su fin.

No siempre fue una rareza. Durante las primeras décadas del deporte, golpear el revés con una sola mano era prácticamente la norma. Con el tiempo apareció la variante a dos manos y jugadores como Björn Borg ayudaron a popularizar una técnica que poco a poco se instaló en el circuito. A pesar de eso, grandes campeones mantuvieron vivo el golpe tradicional.

Guillermo Vilas fue uno de sus grandes exponentes durante los años 70, McEnroe e Ivan Lendl lo hicieron en los 80, Sampras, Stefan Edberg y Kuerten en los 90, mientras que Gastón Gaudio se destacó a comienzos del siglo XXI. Luego, Federer se convirtió en su máximo representante durante buena parte de esa misma época.

Durante este último período, el suizo compartió esa tradición con jugadores como Wawrinka, Dominic Thiem, Grigor Dimitrov y Richard Gasquet. Cada uno con características diferentes, pero unidos por un golpe que exige precisión, coordinación y una preparación mayor que su alternativa a dos manos.

El tenis moderno, sin embargo, comenzó a complicar su supervivencia. La potencia de los golpes, el aumento del topspin y la velocidad de los intercambios favorecieron al revés a dos manos, que ofrece mayor estabilidad y facilita la respuesta ante pelotas altas. La consecuencia puede observarse en el ranking, solamente cinco jugadores del Top 100 utilizan una sola mano: Lorenzo Musetti, Denis Shapovalov, Tsitsipas, Daniel Altmaier y Aleksandar Kovacevic.

Tsitsipas se convirtió en uno de los principales defensores de esta técnica. Durante el US Open comparó a quienes todavía la utilizan con una especie en extinción: “Somos como dinosaurios extinguiéndose”. Además, contó que intenta convencer a las nuevas generaciones de conservarla e incluso asesora a un joven tenista japonés que decidió adoptar este golpe. “Realmente no quiero que desaparezca”, expresó el griego.

Roger Federer también mostró su preocupación. El suizo explicó que cuando era joven la mayoría de sus entrenadores utilizaban una sola mano y eso facilitaba que los alumnos adoptaran la misma técnica. En la actualidad ocurre lo contrario, muchos entrenadores usan dos manos y resulta más sencillo enseñar ese movimiento desde las primeras etapas de formación. También señaló que la evolución hacia un tenis cada vez más basado en el juego de fondo favoreció al revés a dos manos, especialmente por la facilidad que ofrece para defender y responder en posiciones abiertas. A pesar de esta tendencia, aseguró que todavía mantiene la esperanza de que el golpe no llegue a desaparecer.

La eliminación de Tsitsipas en Nueva York no significa su final definitivo. Musetti todavía se
mantiene entre los mejores jugadores del mundo, mientras Shapovalov y otros tenistas continúan con una tradición que acompañó al deporte desde sus orígenes. Pero los números muestran una tendencia difícil de ignorar.

El revés a una mano pasó de dominar el tenis a convertirse en una excepción. Sobrevivió a distintas generaciones, materiales, superficies y formas de jugar, pero ahora enfrenta su partido más complicado, resistir a la evolución del propio deporte. El golpe todavía vive, aunque por primera vez su desaparición parece una posibilidad real.

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