Entrevista al atleta que logró la medalla de oro en lanzamiento de bala en los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025, donde en su último intento alcanzó el podio con una marca de 18.39 m. Con su victoria se clasificó a los Juegos Panamericanos Lima 2027.
Juan Arrieguez es un joven atleta de 21 años, oriundo de Chillar, un pueblo de 4000 habitantes en el centro de la provincia de Buenos Aires. Vive en Tandil y estudia educación física. Es un chico muy humilde, trabajador y con muchos sueños para su futuro. Nació el 19 de septiembre de 2004.
-¿Cómo te sentís ahora que ya pasaron unos días de la competencia?
-Muy emocionado, no solo por la competencia que en sí ya fue fuerte, sino también lo que vino después que fue muy shockeante, no me esperaba armar tanto revuelo, fue un torneo fuera de lo normal.
-¿Ya caíste?
-Pasaron varios días, creo que lo voy digiriendo pero aún está todo el revuelo que armé que no fue poco. Me siguen llegando mensajes todavía, así que de a poco lo vamos procesando.
-¿Qué fue lo primero que se cruzó por la cabeza luego de ganar?
-Mi abuela, por eso le dediqué la victoria. No sé por qué pero en ese momento se me vino a la cabeza y por eso fue el llanto.
-¿Qué significa para vos tu abuela?
-Fue una guía. Siempre recuerdo que cuando clasifiqué a mi primer torneo, que se suspendió por la pandemia, me enojé mucho y ella me decía que me tranquilice, que ya iba a haber revancha y que todo llega. Lamentablemente, ella no llegó a verme con la camiseta de la selección, pero bueno, sé que estaría muy orgullosa y por eso se lo dediqué.
-Luego de ganar la medalla dijiste que las balas que usás no son tuyas, ¿cómo hacés para entrenar así? ¿Hay días que entrenás sin ellas?
-Tengo una bala de 7 kilos pero no está en condiciones para competir. Las balas, para que sirvan, tienen que cumplir unos requisitos que la mía no los cumple ni de cerca, pero para entrenar las tengo. Después tengo otras que me prestó Germán Lauro (ex atleta especialista en pruebas de lanzamientos) que son más pesadas de 8 y 9 kilos pero son para trabajos específicos. De igual forma no creo que esto sea un gran limitante porque sino, no hubiese llegado a nada, pero es importante tener tu implemento y en condiciones óptimas.
-¿Ya se contactaron con vos para darte herramientas para entrenar?
-Sí, ya se movió mucha gente, varios se han contactado, de momento se está tramitando todo, pero al parecer voy a tener las balas y más cosas, así que estoy súper contento.
-Sabiendo que no es de los más populares en el país, ¿cómo arrancaste en este deporte?
-Arranqué porque en mi pueblo hacíamos de todo para no aburrirnos, he hecho handball, voley, fútbol, softball y un día caí en el atletismo. Vi que me resultaba fácil tirar cosas y me quedé, fue por la facilidad y la posibilidad de viajar a los Bonaerenses en Mar del Plata. Por este motivo creo que muchos han arrancado a hacer deporte.
-¿Hace cuánto entrenás?
-Arranqué en 2017 en el CEF (Centro de Educación Física) de Chillar, después a principios de 2018 me rescató Julio Piñero, mi entrenador, que me vio en los Bonaerenses y me dijo “te venís o te voy a buscar”, y fui. Entonces desde 2018 estoy con él, a la distancia, pero siempre cerca. En 2019 dejé de hacer disco y martillo y me enfoqué en hacer bala y hoy estoy totalmente metido en esto.
-En 2020, ¿cómo viviste la cuarentena?
-La pandemia fue difícil, porque había clasificado a un torneo que suspendieron y en el medio perdí a mi abuela, pero siempre me mantuve entrenando, primero dentro de casa, hasta que se empezó a liberar un poco y me dieron el permiso para entrenar solo en el campo. En fin, de alguna manera pude sortearla, fue dificilísimo pero es lo que había que hacer y lo hice.
-Día a día, ¿entrenás solo?
-Entreno solo porque estoy viviendo en Tandil y mi entrenador no vive ahí, así que lo que hacemos es una videollamada para que vea los ejercicios técnicos y me corrija, el resto lo hago solo o con un amigo pero en general me manejo solo.
-¿Estás en Argentina ahora?
-No, estoy en Braganca Paulista, mañana tengo una competencia de nivel bronce que es un torneo de buen nivel y estoy muy emocionado de que empiece el torneo. Somos 5 atletas de Argentina, pero soy el único lanzador. Ahora estoy con un chico de México, nada que ver con Asunción. Allá fui con mi entrenador, Julio Piñero, tengo la suerte de que él está en la selección como jefe del área de lanzamiento.
-¿Cómo fue tu llegada a Chillar?
-Súper contento la verdad. Fue un momento muy emotivo, me imaginaba que iban a hacer una caravana pero no me esperaba tanto. Hubo muchísima gente, estuvo casi todo el pueblo, hubo torta, vídeos y banderas. Realmente uno no lo hace por este tipo de cosas, pero siempre es lindo el reconocimiento y más de esta forma organizada por el pueblo. Así que muy contento y conmovido por todo.
-¿Cómo es una semana en tu vida?
-Un poco repetitiva la verdad. Estoy estudiando educación física. Entro a cursar a las 7.30 y hasta las 13 estoy ahí. Vuelvo a casa en bicicleta, cocino y si tengo tiempo duermo unos 20 o 30 minutos. Después entreno más o menos desde las 15 hasta las 19, de ahí vuelvo, y si tengo que estudiar, estudio, o hago algún trabajo y así voy sobreviviendo la semana.
-¿Cómo son tus entrenamientos?
-Duran más o menos cuatro horas, dos de lanzamientos y gestos técnicos específicos y las otras dos de levantamiento de pesas y todo lo que es enfocado a la fuerza.
-¿Cómo equilibrás tu vida entre el estudio y el entrenamiento que requiere hacer este deporte?
-Ahí entra la gente que te rodea, tus amigos y la familia sobre todo, que son los que hacen que puedas soportar y tener ganas de hacer esto. Realmente cuesta mucho en pretemporada por ejemplo estoy cansadísimo y tengo que levantarme temprano. Pienso, voy a tomar unos mates con unos amigos, me pongo a entrenar o si tengo que estudiar lo mismo, con amigos se va haciendo más fácil. Creo que ahí es cuando me doy cuenta porqué lo hago y lo que me motiva.
-¿Qué te motiva a seguir cada día?
-Por un lado la gente, y por el otro ver hasta dónde puedo llegar o cuál es mi límite. El atleta compite contra uno mismo porque son deportes de marcas pero igual hay algo de misión por supuesto. Creo que lo fundamental y lo que me empuja en todo son las personas que me rodean, mis amigos, mi familia, mi entrenador, en ellos encuentro mi motivación.
-¿Cuál es tu próximo objetivo?
-De momento recién estamos festejando la victoria en los Panamericanos, pero el año que viene tenemos un año movido en cuanto a competencias, algunos internacionales como los del sur o los iberoamericanos y alguno más. Son torneos muy entretenidos, muy lindos y eso es ahora el próximo año.
-¿Y a largo plazo?
-Los Juegos Olímpicos, como cualquier atleta, poder estar allá debe ser una locura y un sueño.
-¿Y te ves disputándolos?
-Realmente creo que si no creyera que fuera posible no haría todo esto. Es difícil por supuesto, pero hay que soñar. Si me hubieras preguntado hace 3 años, si me veía ganando un Juego Panamericano te hubiera dicho que ni en pedo y hoy estoy acá. Creo que hay que soñar, animarse y trabajar.
-Si tuvieras que dejarle un mensaje a otros chicos que sueñan con el deporte, ¿qué les dirías?
-Que lo intenten, que no se queden con la duda, hay que animarse a soñar porque uno nunca sabe hasta dónde va a llegar o lo que te puede poner la vida al frente. Hay que estar preparado, pero hay que soñar y animarse. Yo creo que el Juan de 15 años que recién arrancaba no se imaginaba todo lo que iba a terminar pasando, pero se animó, lo soñó y trabajó para eso. Así que les diría inténtenlo, anímense a soñar y trabajen para que se cumpla.
El 12 de abril de 1994, en la fecha 3 del torneo Clausura, Argentinos Juniors necesitaba de un jugador habilidoso y ese tipo de futbolista se encontraba en el banco de suplentes. Nicolás Diez, un enganche zurdo, flaco y vistoso, debutó en la primera división del Bicho para enfrentar a Newell ‘s.
Nació el 9 de febrero de 1977 en Buenos Aires. Se formó en el Club Parque, un equipo de futsal de Villa del Parque que, entre 1980 y 1995, tuvo mucha influencia en las inferiores del Bicho. Jugadores como Juan Román Riquelme y Diego Placente se forjaron allí y luego fueron llamados por los dirigentes del Bicho. Nico Diez jugó desde los cinco años en Parque y con Ramón Maddoni como director técnico. A los 13 años, lo llevó al equipo de La Paternal.
A mediados de 1996, Racing se lo llevó por una recomendación de Reinaldo “Mostaza” Merlo, que lo dirigió a Nico en el Sub 17 en el Mundial de Japón en 1993, mientras al mismo tiempo era ayudante de Alfio “Coco” Basile en Racing. En la Academia, tuvo una participación más activa pero las lesiones lo terminaron dejando fuera del equipo.
Llegó el siglo XXI y Nico cambió de rumbo totalmente. Tras su paso por la Academia y seis meses a préstamo en Ferro, se fue al Gueugnon FC en 2001, equipo francés, por dos años, y luego regresó al continente sudamericano, en el que pasó por el fútbol colombiano, venezolano y chileno. Su camino por los diferentes países lo formó y lo educó futbolísticamente. Dejó de ser considerado sólo un jugador habilidoso y se convirtió en capitán de Everton y O’Higgins. Alan Sánchez, compañero en O’Higgins en 2007, confiesa: “Yo llegué al club y no conocía a nadie. Nico era el capitán en ese momento; él, junto a su familia, me ayudaron y me acompañaron de cerca”.
“El mejor momento de mi carrera fue en el Everton y O’Higgins de Chile, porque fui capitán de ambos y me sentía importante”, declaró Diez en una entrevista con Infobae en 2023. Luego de jugar en O’Higgins, llegó a fines de 2008 a Unión de Santa Fe, que en ese momento competía en la segunda división del fútbol argentino. Aquella etapa, marcada por la intensidad del campeonato y la exigencia diaria, le permitió conocer una categoría que años más tarde volvería a convivir como director técnico de Atlanta en 2023.
Nico Diez en Everton (Chile)
El final de su carrera como futbolista fue en noviembre de 2011, cuando jugaba en el Ñublense de Chile. Decidió retirarse a sus 36 años en el país que había visto su mejor versión. Siempre quiso dejar el fútbol en un campo de juego y no sentado en el banco de suplentes. En 2012, realizó el curso de entrenador y fue asistente en diferentes clubes y selecciones.
Su primera experiencia como ayudante fue cuando llegó en 2014 a la Selección de Chile para acompañar a Jorge Sampaoli y Sebastián Beccacece. Ellos lo habían tenido en O’Higgins y la relación había sido genial. Regresó al país que lo había convertido en un líder de equipo pero ahora desde otro rol. Ganó la Copa América en 2015 en Chile venciendo a Argentina en la final. Tras esa experiencia, Sampaoli y Beccacece se terminaron separando y Nico acompañó a Beccacece en Defensa y Justicia, Independiente y Racing.
Uno de los momentos que más lo marcó fue acompañar a la Selección Argentina en el Mundial de Rusia de 2018, junto a Sampaoli y Beccacece, que se habían reunido otra vez para dirigir a Argentina. Ser ayudante técnico de una selección que tenía a Lionel Messi, Ángel Di María y Sergio Agüero lo marcó. Otro momento en el que aprendió mucho fue en 2024, cuando asistió a Sebastián Domínguez en Tigre, ya que terminó siendo su última experiencia como ayudante. Lorenzo Scipioni, uno de sus jugadores en Tigre, dice: “Todo ese cuerpo técnico fue muy importante para mí y para el equipo. Debuté en Primera con ellos en el banco y me apoyaron en todo momento”. Esto que dice Scipioni refleja uno de sus sellos distintivos de como DT de Argentinos Juniors en 2025: promover a los jóvenes de la institución.
En 2023, se calzó el buzo de entrenador por primera vez. Dirigió en Atlanta un total de 14 partidos y terminó con dos victorias, cuatro empates y ocho derrotas. Dos años más tarde, llegó su turno en Primera para dirigir en el club que había debutado como jugador: Argentinos Juniors. El Bicho de la Paternal siempre se destacó por utilizar muchos jugadores de las inferiores y Diez mantuvo el legado. También demostró que jugar al fútbol toda la vida le sirvió para ser director técnico y terminó logrando que su equipo sea respetado por todos sus rivales.
El 5 de septiembre de 1972 será recordado para siempre como uno de los días más oscuros en la inmensa historia de los Juegos Olímpicos. Ese día, aprovechando un endeble operativo de seguridad (producto de un intento de lavado de imagen del gobierno alemán posnazismo), un grupo de terroristas palestinos pertenecientes a la organización Septiembre Negro aprehendió y asesinó a once atletas israelíes en plena Villa Olímpica.
Los JJ.OO. de Múnich representaban la oportunidad perfecta para la joven República Federal de Alemania de mostrarle al mundo que el régimen encabezado por Adolf Hitler había llegado a su fin. Bautizados como “Los Juegos Felices”, la organización de los mismos se basó por completo en la transmisión de este mensaje. “La arquitectura debía simbolizar ese ánimo de optimismo y amabilidad, marcando así el contraste respecto a la imagen del Estadio Olímpico de Berlín en los Juegos de 1936”, asegura la historiadora germana Eva María Gajek. Añade también que el concepto visual general, desde el diseño colorido hasta la inclusión de la primera mascota oficial —el perro salchicha Waldi—, estaba alineado detrás del mismo objetivo.
El gobierno alemán, sin embargo, era consciente de los riesgos potenciales que suponía un evento de esta magnitud. Por eso, con la intención de prevenir mayores desastres, contrató al psicólogo forense Georg Sieber para evaluar posibles amenazas en la Villa y entregar un escrito con los peores escenarios. El doctor, luego de un minucioso análisis, desarrolló una lista de 26 situaciones de hostilidad junto con sus respectivas acciones de prevención. Paradójicamente, la amenaza n.º 21 hacía referencia a un posible ataque terrorista por parte de Palestina hacia la delegación de Israel.
Sieber, un paso adelante, había recomendado hospedar a los deportistas según su disciplina y no por su nacionalidad, como se acostumbraba a hacer. No solo que esto no sucedió, sino que, además, los Juegos de Múnich contaron con uno de los operativos de seguridad menos estrictos que se recuerden dentro del olimpismo moderno. La nueva cara que Alemania quería demostrar ante el mundo la llevó a contar con no más de 2.000 efectivos de la policía federal, los cuales fueron capacitados para “ser corteses”.
En la madrugada del 5 de septiembre, ocho palestinos vestidos con ropa deportiva saltaron la reja perimetral de dos metros de altura e ingresaron a la Villa Olímpica. Según declaraciones de algunos atletas que participaron en el evento, esto era algo normal entre los deportistas que salían sin permiso durante la noche, por lo que pasaron desapercibidos.
Septiembre Negro era una organización militar que se formó con el objetivo de realizar operaciones de represalia y ataques internacionales en nombre de Fatah, el poder palestino, luego de que este perdiera la guerra para la liberación ante Jordania en 1971. Este grupo estaba formado por la facción más radical de las fuerzas lideradas por Yasser Arafat, presidente del Estado en aquel momento. Estos, responsables de asesinar al primer ministro jordano, Wasfi Tal, unos meses antes en Egipto (ya veremos por qué es relevante esto), fueron los que ingresaron a la Villa aquella madrugada, poco después de las 4.
Los terroristas se dirigieron al edificio reservado para la delegación israelí, donde se cruzaron con quien sería su primera víctima: el entrenador del equipo de lucha, Moshe Weinberg. El hombre se abalanzó sobre los atacantes, permitiendo que otros compañeros pudieran escapar. Antes de ser asesinado, Weinberg fue usado como señuelo para acceder a otros departamentos. Los guió al de los pesistas y luchadores, quizás con la esperanza de que estos pudieran neutralizar a los atacantes. Para su desgracia, todos fueron sorprendidos durmiendo y aquello concluyó prácticamente como una sentencia de muerte, ya que gran parte de las víctimas resultaron ser parte de estos equipos. Este es el caso puntual de Yossef Romano, especialista en halterofilia, quien se convirtió en el segundo ejecutado tras un forcejeo con uno de los armados. De este modo, eran nueve los rehenes restantes.
Fue poco después de las 6 cuando se empezaron a conocer las demandas de los palestinos: exigían la liberación de 234 compatriotas presos en las cárceles de Israel, además de la de los alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof. Estos últimos, fundadores de la Fracción del Ejército Rojo, banda guerrillera alemana, fueron los únicos puestos en libertad por el gobierno local. Por el lado del poder israelí, y específicamente de la primera ministra, Golda Meir, la postura era clara: “No negociamos con terroristas”.
Durante las primeras horas del atentado, la información no era clara. Así lo comenta Charlotte Knobloch, integrante de la comunidad judía de Múnich y madre de una de las chicas que se encontraba en la Villa Olímpica como azafata: “En las noticias no se entendía qué estaba pasando, por lo que el miedo era aún más grande”.
Con el correr de las horas, los medios de comunicación inundaron las inmediaciones del edificio. Muchos de ellos eran deportivos, dado que ya se encontraban allí realizando la cobertura de los Juegos. Las cámaras de televisión tuvieron un papel tan insólito como determinante en uno de los planes de rescate elaborados por la policía, ya que le brindaron información a los terroristas acerca de la ubicación de los francotiradores posicionados por las fuerzas alemanas. Los observaron a través de una TV ubicada en la habitación de los rehenes porque jamás se les había deshabilitado la electricidad ni la comunicación, en lo que fue otra muestra de la escasa preparación de los efectivos para situaciones como esta.
Aproximadamente 14 horas después de haber ingresado a la Villa, los palestinos exigieron un avión para poder huir de Alemania junto con los rehenes. Su destino era El Cairo, Egipto, donde decían sentirse seguros. Así fue como, tras atravesar Múnich en dos helicópteros, arribaron a la Base Aérea de Fürstenfeldbruck, donde los esperaba un Boeing 727. Lo cierto es que se trataba de una emboscada final por parte de la policía alemana, que había orquestado un operativo que incluía francotiradores y algunos efectivos camuflados como tripulación del avión, aunque estos últimos abandonaron la misión poco tiempo antes de la llegada de los helicópteros. Los motivos, a día de hoy, siguen sin ser claros.
Encontrar la aeronave vacía ya había alertado a los palestinos de que algo raro estaba pasando, pero el fracaso definitivo de la estrategia se dio cuando uno de los tiradores falló su disparo y, lo que pretendía ser un impacto mortal para el líder terrorista Luttif Afif (conocido como “Issa”), resultó en una simple herida a otro de los atacantes. En ese momento, se desató un fuego cruzado que duró casi tres horas.
A la medianoche, el portavoz del gobierno Conrad Ahlers llegó a comunicar que todos los palestinos habían muerto y que los rehenes habían sido rescatados. Esto, por supuesto, fue desmentido rápidamente.
Cinco terroristas, los nueve israelíes y un policía perdieron la vida en aquel tiroteo. Algunos de los atletas fueron asesinados por los palestinos a punta de fusil y otros fallecieron debido a la explosión de uno de los helicópteros que, dependiendo de la versión que se escuche, pudo ser responsabilidad de uno u otro bando. Los tres secuestradores restantes fueron detenidos, aunque tiempo después se los liberó en medio de un intercambio.
La información la dio por primera vez Jim McKay, locutor deportivo de la ABC, con una frase que quedó grabada en la historia: “They’re all gone” (todos se han ido).
En la mañana del 6 de septiembre se realizó una misa en honor a los caídos, cuando la competencia llevaba menos de 24 horas detenida. Durante su discurso, Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), anunció en una controversial decisión que los Juegos debían continuar. Curiosamente, no era la primera vez que Brundage se encontraba inmerso en polémicas que involucraban a la comunidad judía, ya que para los JJ.OO. de Berlín —siendo jefe de misión estadounidense— bajó de la posta de 4 x 100 metros al atleta judío Marty Glickman, con el argumento de que “ya habían fastidiado bastante a Hitler con el suceso de un negro (Jesse Owens)”. Un acto de antisemitismo sin atenuantes.
Si bien los datos oficiales marcan la 1.30 del 6 de septiembre de 1972 como el momento en que finalizó la masacre de Múnich, las represalias de la misma continuaron durante años. El gobierno de Israel tomó cartas en el asunto y, bajo las misiones “Primavera de Juventud” y “Cólera de Dios”, se dedicó a perseguir y ejecutar a cada uno de los responsables de aquellas fatídicas 21 horas en el Estado de Baviera.
“¿Por qué somos hinchas de un equipo de fútbol?”, es la pregunta que hace el tráiler y que atraviesa la película Todos quieren venir a Brown. Dirigida por el actor, documentalista, analista de sistemas, socio e hincha del Tricolor Juan Lucas Da Rocha y estrenada el 25 de agosto de este año en el Cine Gaumont, narra la vida del Club Atlético Brown de Adrogué una vez que el hinchismo se atenúa, las cámaras de televisión dejan de filmar y quedan cara a cara el club y su más grande capital: su gente.
“En un tranquilo club de Adrogué, en la zona sur del conurbano bonaerense, los chicos del barrio pasan sus tardes entre amigos y deportes. Hasta que el repentino interés del periodismo y el ambiente del fútbol agitan los cimientos del mundo de Brown. ¿Qué hay detrás de este equipo que, con un cuerpo técnico lleno de ex jugadores, y comandado por el gran Pablo Vicó desde su casa dentro del estadio, llegó desde las divisiones menores para hacerse un lugar en las primeras planas de los diarios a fuerza de fútbol y mística?”, es la sinopsis de la película que dura 104 minutos. El eje del relato se centra en Pablo Vicó, figura histórica del club y entrenador récord del fútbol argentino, un personaje que encarna -si eso es posible- la esencia de Bron.
“Fue un proceso largo, con interrupciones y dificultades económicas, pero desde el principio nos propusimos acercarnos lentamente a los protagonistas. Queríamos generar confianza para que la cámara pasara desapercibida y así registrar la intimidad del club”, explicó el director, quien recordó los ocho años que separaron el inicio de la grabación en 2018 y el material presentado en el cine este año. Además, Da Rocha lamentó que se haya dilatado el estreno, ya que en noviembre de 2024 Brown descendió a la Primera B Metropolitana tras perder el desempate por la permanencia contra Atlético Rafaela.
El filme surgió del deseo de Juan Lucas de representar lo que para él fue y sigue siendo su club: un sostén en el que construye lazos, un espacio de protección, un lugar donde practica deportes y donde puede destinar su valioso tiempo de ocio, del que nadie debería estar privado. ¿De qué somos hinchas cuando decimos que somos de un equipo? ¿Del barrio? ¿Del fútbol? ¿De la gente? Esas preguntas se plantea el director para realizar Todos quieren venir a Brown, un largometraje que interpela, en igual medida, a futboleros y no futboleros.
¿Por qué Pablo Vicó?
Porque no podemos hablar de Brown sin mencionarlo y viceversa. En marzo del 2009, Vicó reemplazó a Juan Carlos Kopriva a 12 fechas del final del torneo y procuró abrazarse a su nuevo rol. A partir de allí, comenzó una historia que dio como resultado un récord histórico: ser el DT de mayor duración en el cargo en la historia del fútbol argentino. El “Ferguson del Conurbano”, apodo que le pusieron por las similitudes con el técnico inglés que permaneció en Manchester United durante 27 temporadas consecutivas, dirigió 569 partidos en un ciclo ininterrumpido de 15 años.
Anteriormente, Vicó había sido jugador de Brown, San Miguel y Temperley, al mismo tiempo que se las rebuscaba para llenar la olla: trabajó en un aserradero, en una cigarrería y vendió ropa de segunda mano. Sus inicios como técnico fueron en el baby fútbol, donde los ojeadores se matan por seducir a padres de futuros cracks; siguió en menores e inferiores, ya en Brown; e hizo un par de interinatos hasta que tuvo su chance definitiva. Logró dos ascensos a la B Nacional, venció en dos oportunidades a Independiente de Avellaneda (una vez por torneo y otra por Copa Argentina), jugó instancias finales de reducidos para ascender a Primera y, lo más importante, ayudó a que los futboleros y las futboleras promedio conozcan a su amado equipo.
Angel Desimone, Pablo Vicó y Pedro Coronel. (Temperley vs Deportivo Armenio, abril de 1979)
La pérdida de su hijo en un accidente de tránsito en 2015 le cambió la vida para siempre. Sencillo, bonachón y meticuloso, no se detiene en banalidades porque, como dice la canción de la Bersuit Vergarabat, el tiempo no para. Su huella en Bron es tan grande que tiene una tribuna, un buffet y una plaza con su nombre. Hoy, a los 69 años y sin trabajo como DT, dice que necesita tener la adrenalina de volver a dirigir; y, fiel a su estilo, agrega: “A lo mejor me consideran un viejo arruinado, con falta de memoria, pero estoy entero y consciente”.
En 2024 no pudo competir y pensó dejar el tiro deportivo por problemas económicos. Un año después consiguió la medalla de plata en los Juegos Panamericanos 2025. Sin sponsors ni apoyo financiero. La actualidad de alguien que casi lo tira todo por la borda pero que logró recomponerse y posicionarse nuevamente en lo más alto.
Joaquín Cisneros, con apenas 20 años, se volvió a destacar en el ámbito internacional, esta vez en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción, donde logró la medalla de plata tras haber cosechado 39 puntos en la modalidad de Trap (disciplina en la que se dispara con una escopeta a pequeños discos de arcilla). Quedó a tan solo 2 puntos del primer puesto, Hussein Daruich.
La conversación se da a través de videollamada, en la que se lo ve como suele andar: chomba polo, bermudas cargo azules por arriba de las rodillas y zapatillas blancas con el tobillo al desnudo (a veces usa alpargatas también). Sereno y con voz pasiva va respondiendo pregunta tras pregunta. Correcto él, pero sobre todo humilde y agradecido. Cada tanto se le escapa alguna risa.
– ¿Qué se te vino a la mente cuando obtuviste esa medalla?
– La verdad me puse muy contento, me cuesta creerlo. Todavía no caigo en que gané la medalla de plata en los Juegos Panamericanos, es un sueño hecho realidad. Se me cruzaban mi abuelo y mi viejo que también son tiradores, y a la vez victorias y fracasos. Eso me terminó haciendo más fuerte en la final. Me acuerdo de las complicaciones que tuve el año pasado y que gracias a dios este año me tocó ganar esta medalla.
– ¿Cuáles fueron esas complicaciones?
– El tiro es un deporte muy costoso y la Federación (FAT) no te ayuda mucho con los gastos, todo sale de nuestro bolsillo. Por eso en 2024 tuve que dejar de competir por problemas económicos. Ese año estuve casi sin disparar, pero a principios de 2025 me llegó un mensaje de la Federación diciéndome que era el elegido para ir a competir al Campeonato de América en Barbados. Allí conseguí la medalla de plata y clasifiqué primero, lo que me dio la plaza para los Juegos Panamericanos.
– ¿Y cómo te preparaste para estas competiciones después de un año sin tirar?
– Más allá de la competencia no tuve mucha preparación. Cada entrenamiento es muy costoso por los cartuchos que se gastan. Además, no siento que sea una situación real de competencia, en los entrenamientos estoy mucho más tranquilo y no tengo presión. Mis entrenamientos fueron la Copa del Mundo en Buenos Aires y en Lima.
– ¿Cómo hacés para mantenerte en ritmo a pesar de no entrenar diariamente?
– No es que no tiro, nada más que no entreno todos los días. Pero cada tanto sí entreno y las competencias también me sirven para mantenerme en forma digamos.
A pesar de no contar con un entrenamiento cotidiano, el nombre de Cisneros sonaba fuerte en el ámbito del tiro deportivo argentino. Tiene un historial repleto de consagraciones: además de la medalla de plata en Barbados y los Panamericanos 2025, fue campeón nacional, campeón sudamericano, campeón panamericano, fue subcampeón mundial y obtuvo la medalla de bronce en el España Gran Prix 2022. En el ranking de la Federación Argentina de Tiro, se mantuvo en la primera posición en 2022 y 2023 hasta 2024, año en el que estuvo inactivo. Sin embargo, antes de finalizarlo y pese a perder algunos puestos, retomó y logró escalar hasta la segunda ubicación. En 2025 volvió a recuperar la punta y se convirtió en el tirador junior con más puntaje del país.
– ¿Qué sentiste cuando subiste al podio?
– La verdad es inexplicable. Como te dije, no lo podía creer aunque estuviera ahí. Cuando salí campeón sudamericano en Perú en 2022 sonó nuestro himno y ahí sentí mucho orgullo. Esta vez sonó el de Brasil pero ya con estar donde estaba y ver la bandera de Argentina me emocioné mucho.
– Con la medalla de plata obtenida, ¿cómo afrontás el año?
– Con mucha felicidad (se ríe). El año no termina, todavía queda una competencia muy importante. En octubre se disputa el campeonato mundial en Grecia. Ya no es Junior, es en categoría Senior. Ese es mi próximo objetivo, aunque tendré que ver si mi familia puede pagar el viaje, sobre todo mi viejo que es quien más me banca económicamente. La Federación no te apoya así que depende de nosotros. Veremos si podemos estar”.
Antes de que acabe el año se enfrentará a un desafío aún mayor en el mundial que tendrá lugar en Malakasa, Grecia, del 8 al 19 de octubre, dado el nivel dispar entre Latinoamérica y países como Estados Unidos o España. “Ya me tocó ir a competir afuera y se nota mucho la diferencia que hay con Argentina. Acá es muy complicado cubrir todos los gastos que se requieren. Allá se le da mucha más bola al deporte y las federaciones apoyan más a los tiradores. El viaje a Grecia lo tendría que pagar yo, por ejemplo. A los tiradores europeos o estadounidenses les cubren el viaje, el lugar donde se quedan, los cartuchos para los entrenamientos, todo. Afuera se puede vivir del tiro, acá no”, reconoce.
– Sabiendo que la diferencia es amplia, ¿cómo hacés para que no afecte tu motivación de cara a este tipo de torneos?
– La verdad, yo voy a competir porque me encanta tirar, ya desde muy pibe lo hago. La primera vez que tiré tuve miedo pero ahora lo disfruto mucho. No pienso demasiado en estas cosas, sé que si hago bien mi trabajo puedo conseguir grandes logros. Además ya tuve la oportunidad de ir a competir afuera. Fue la Copa del Mundo en Alemania. Llegué a las finales pero se me rompió el arma y no pude seguir participando. Quedé sexto pero me quedo con buenos recuerdos de la competencia.
Aún no tiene el lugar asegurado en el mundial de Grecia. Su clasificación depende de cómo le vaya en el torneo selectivo nacional en Córdoba, el cuál por ahora no tiene una fecha definida. El mismo determinará los representantes de Argentina en la competencia. Quienes más resuenan son Nicolás Clady, Federico Martín Ruiz y, por supuesto, Joaquín Cisneros.
– ¿Para el torneo de clasificación planeás llevar adelante un esquema de entrenamiento?
– No sé si un esquema pero sí planeo entrenarme por mi cuenta aparte del entrenamiento que hacemos con la selección, que es en Córdoba. Recién llego a mi casa después de los Panamericanos así que voy a entrenarme solo hasta viajar allá y, si Dios quiere, poder clasificar.
– ¿Qué pasa si clasificás pero no podés costear los gastos del viaje?
– En ese caso termina clasificando el que salió segundo, y si él tampoco puede, el que le sigue.
– ¿No clasifica el mejor sino quien pueda cubrir los gastos para ir entonces?
– Exactamente. En este país hay muy buenos tiradores pero que, lamentablemente, no cuentan con los recursos para competir. Entonces muchas veces no termina clasificando el mejor sino el que puede pagar. A mí me pasó un año de que no pude ir a un torneo por la plata y terminó yendo un compañero. Por eso hago la comparación con el extranjero. Allá sí clasifica el mejor porque la plata no es un problema.
El 25 de mayo de 2025 a las 18 horas, el Nuevo Gasómetro estaba colmado por 45 mil hinchas de San Lorenzo. Al minuto 51 del segundo tiempo, el árbitro Leandro Rey Hilfer finalizó el partido. Platense le ganó 1 a 0 a San Lorenzo y pasó a la final del Torneo Apertura. Con lágrimas en los ojos, Iker Muniain saludó al público mientras se dirigía al vestuario en lo que fue su último partido como futbolista profesional a los 32 años.
Recibimiento vs Platense.
Dos días después, mediante una publicación en Instagram, el oriundo de Pamplona, España, nacido el 9 de diciembre de 1992, expresó: “El dolor por no conseguir lo que queríamos”. Esas fueron sus primeras palabras luego de la eliminación. Se podía distinguir, con color blanco, la cinta de capitán en su brazo derecho como portó en Athletic Club de Bilbao, su anterior equipo, en el que jugó durante 14 años (2009-2024) y fue dirigido por dos argentinos: Marcelo Bielsa (2011-2013) y Eduardo Berizzo (2018).
A diferencia de los jugadores que eligen al club que mejor salario ofrece, Muniain fue un caso atípico. Pese a tener mejores ofertas económicas de equipos de Brasil, México y Arabia Saudita, prefirió ir a San Lorenzo a cumplir su sueño de jugar en el fútbol argentino y como comentó en una entrevista en ESPN el 18 de enero de 2025, al ver videos de los hinchas y el sentido de pertenencia que existe en Boedo, no dudó en venir. Tampoco le importó la delicada situación institucional que atravesaba el Ciclón con el presidente Marcelo Moretti y jugadores que no cobraban su sueldo a fin de mes.
Su llegada, el 6 de septiembre de 2024, revolucionó por completo a San Lorenzo. Fue presentado con un video en redes sociales y se recordó el paso de otro jugador vasco, Isidoro Lángara quien es el séptimo goleador histórico de la institución con 110 goles. El otro que también se desempeñó en el club de Boedo fue Ángel Zubieta, tercer jugador con más presencias en el Ciclón con 352 partidos. Ambos venían de jugar una gira por América con la selección de Euskadi, un plantel conformado sólo por jugadores vascos que fue creado con el propósito de recaudar fondos para el Gobierno del país vasco en medio del conflicto por la guerra civil española en 1939.
En los nueve meses que Muniain jugó en San Lorenzo se ganó el cariño de cada hincha, jugador y empleado del club. Mateo Sagardoy, intendente del club, menciona: “Era muy respetuoso, una referencia para los más jóvenes. Le preguntaba a los trabajadores cómo estaban en el día a día, peleaba y protegía a sus compañeros por cuestiones salariales”. Matías Tirelli, encargado de las redes del Ciclón, explica: “Estaba predispuesto a todo lo que necesitan los empleados, se preocupaba por aprenderse el nombre de todos; tengo innumerables cosas para contar de gente que ayudó. Es generoso, es una de las mejores personas que conocí en mi vida”.
Desde su debut frente a Vélez el 14 de septiembre de 2024, Muniain jugó 25 partidos y anotó cuatro goles. Le tocó pasar por una de las etapas más turbulentas de San Lorenzo, enfrentar a la barra brava; dos entrenadores en menos de tres meses; que el presidente se tome una licencia por denuncias de corrupción; y terminar 24 de 28 en la tabla de posiciones. En la derrota por 1 a 0 ante Tigre en el último partido de 2024, el vasco obligó a todos sus compañeros a permanecer en el medio de la cancha para recibir los insultos de la gente por no representar con orgullo y sacrificio la camiseta. Estas actitudes fueron las que hicieron que Muniain se gane el respeto y cariño de los hinchas. Era de los pocos que entendían lo significaba jugar en un grande como San Lorenzo.
En 2025, pese a perderse los primeros ocho partidos del Torneo Apertura y anotar solo un gol, Muniain fue pieza clave en un plantel corto que llegó a semifinales y logró revertir la imagen del año anterior. Pero a raíz de todos los problemas que tuvo el club, más el estar lejos de sus hijos, hicieron que le ponga punto final a su paso por San Lorenzo y a su carrera profesional.
El 28 de junio fue presentado como entrenador del CD Derio de la tercera división de España. Lleva los colores azul y rojo. En una estadía corta, Muniain se metió en el corazón de los hinchas del Ciclón, que se aferran a la ilusión de que sus caminos vuelvan a cruzarse en el futuro tras escuchar al vasco en su despedida decir que “aguante San Lorenzo” y que volverá.
Por más lejos que lo haya llevado la pelota, Julián Kmet siempre supo dónde estaba su casa. Jugó en Portugal, compartió entrenamientos con Cristiano Ronaldo y pasó por clubes de tres continentes, aunque hay un punto fijo que nunca cambió en su vida: Lanús. No como un punto geográfico en el mapa sino como un territorio emocional, un refugio y una forma de estar en el mundo. Hoy, retirado del profesionalismo pero vinculado al fútbol desde otro lugar, acompaña los pasos de su hijo Luca Kmet, quien sigue sus huellas con el mismo escudo en el pecho y con la misma pasión. Como si la historia se escribiera dos veces, solo que esta vez, quizá, con un final distinto.
Julián Andrés Kmet nació en Lanús el 21 de noviembre de 1977. Creció en el barrio, con una pelota como compañera inseparable y más sueños que recursos. “Arranqué en el 86, con 8 años, en el club viejo, con cancha de madera, nada que ver con lo que es hoy. La realidad era otra”.
En esa infancia no todo fue juego: también hubo días sin plata, botines que no siempre se podían renovar y la comida pasaba a ser un lujo. “A veces se comía y a veces no. Pero mis viejos dieron todo para que yo pudiera jugar. A veces se compraban buenos botines y a veces no”, rememora con gratitud.
“Nosotros teníamos hambre. Hoy a los pibes les falta hambre de gloria”, suelta con esa mezcla de nostalgia y crudeza que sólo pueden tener quienes crecieron con carencias. Esta frase atraviesa décadas de cambios sociales y deja al descubierto una herida que todavía duele. Su talento destacaba más allá de las adversidades. A medida que fue creciendo, Julián empezó a sobresalir. Mediocampista habilidoso, con gol, personalidad y lectura del juego. Rápidamente llamó la atención. En 1997 fue una de las figuras del Torneo Clausura con Lanús, anotando 10 goles en 36 partidos y despertó el interés de varios grandes del país.“Me quería River, casi voy al Rojo”. Aunque finalmente fue otro el camino que se impuso.
El destino le tenía preparada una sorpresa tan inesperada como lejana: el Sporting de Lisboa. “Yo no sabía ni dónde quedaba Portugal”. Con sólo 20 años y más ilusiones que certezas, hizo las valijas y cruzó el océano rumbo a una vida que no conocía. Lo que parecía un salto de calidad terminó siendo un golpe emocional. “Estuve un año en el Sporting pero la pasé mal, extrañaba mucho a mi familia y amigos. A mis 20 años… tenía más tristeza que alegría en esa época”. Pese a entrenar con figuras como Cristiano Ronaldo – “Él tenía 15, pero ya lo veían bien. Practique con él” – Kmet nunca logró asentarse del todo.
Las distancias, la soledad y el desarraigo le pasaron factura: “En ese tiempo no existía la videollamada, los mensajes. Yo me la pasaba pensando en cómo estaría mi familia y qué horario sería en Argentina”. Después de su paso por Portugal, Kmet regresó a Argentina y continuó su carrera en distintos clubes: Lanús, Nueva Chicago, Estudiantes de La Plata, Unión de Santa Fe, Instituto de Córdoba, Ferro hasta el fútbol chipriota. “En todos los clubes sacás cosas buenas, pero mi vida está en Lanús”, asegura.
En medio de ese torbellino emocional, hubo momentos insólitos que retratan el caos de su carrera. “El hijo del Flaco Menotti me dijo que me escape de la pensión de Estudiantes porque el papá lo iba a matar si no me hacía firmar con Independiente, pero ya era tarde. Estaba todo arreglado con “El Pincha”, revela.
En ese recorrido por equipos diversos también hubo capítulos duros, “En Chipre era un club chiquito, muy linda zona, se jugaban torneos importantes pero pagaban muy mal. Cobré sólo el 30% del primer sueldo y cuando tuve que empezar a usar mis ahorros decidí irme. Después el club quebró”.
A lo largo de su carrera, Julián encontró apoyo en quienes supieron ser sus guías. “Siempre tuve referentes que me ayudaron a crecer”. Pero la caída fue inevitable. “Llegué a tenerlo todo: ropa, dinero, comodidades. Iba al shopping y me compraba diez remeras, diez pantalones… pero nada de eso era lo que realmente me llenaba”.
Con el retiro llegó el silencio. “Cuando no jugás más se te cierran muchas puertas. Y se te acerca mucha gente buena… y mucha gente mala también”. A diferencia de muchos, Kmet encontró el camino de regreso a su casa: Lanús. No solo como ex jugador, sino como padre y mentor. Hoy, quien lleva con orgullo su apellido en el club es su hijo, Luca Kmet, una joven promesa de las inferiores que ya fue convocado por la Selección de Paraguay (foto).
La historia de Luca también está tejida con lazos de identidad. Es paraguayo por la madre de Julián, su abuela, que siempre mantuvo viva esa raíz. El chico creció entre pelotas y camisetas granates, respirando fútbol en cada rincón del club. Hoy forma parte del plantel juvenil y ya ha sido convocado para defender la camiseta guaraní, algo que llena de emoción a su padre. “Cuando se enfrentó con la Selección Argentina le dije a Luca que cante el himno porque él ya era paraguayo, así lo había decidido. Si hacía un gol que lo festeje pero con respeto hacia los argentinos”.
Además verlo vestir los mismos colores que Julian en su juventud también lo llena de orgullo “Lanús es como mi casa. Pasé toda mi vida acá, viví los mejores y peores momentos. Mi hijo juega acá también. Siempre me trataron bien, estoy cómodo”.
Su mirada va más allá de la nostalgia. Kmet lanza una reflexión directa sobre el presente: “Antes había respeto. Ahora los chicos hacen lo que quieren”. Sin rodeos, completa con otra mirada realista y dura: “Acá hay pibes cuyos padres fueron chorros, que vendían droga o robaban. Padres que golpeaban a sus parejas. Para esos chicos, la pensión es mucho más que un lugar: es un refugio, una oportunidad”. Julian sabe que el fútbol no se sostiene solo con talento, sino que depende del contexto, del apoyo y de las chances que se les den
En la cancha, en los entrenamientos, en las charlas de vestuario o en los pasillos de la pensión, Julián observa de cerca el mundo que habita su hijo. Lo acompaña, lo orienta, lo cuida. Pero no le facilita el camino. Sabe que cada generación tiene que hacerse fuerte a su manera. Lo que sí le dejó fue una herencia invisible: la resiliencia, el apego a los valores y la certeza de que se puede volver a empezar, incluso cuando parece que todo se cae.
Si alguna vez lo tuvo todo, hoy entiende que el verdadero valor no está en los lujos ni en los flashes. Está en la familia, en las calles del barrio donde creció, en el club que lo vio nacer. Está en ver a Luca con la camiseta granate y la diez en la espalda, o defendiendo los colores rojo, azul y blanco de Paraguay. Está sobre todo en esas pequeñas victorias cotidianas que no salen en los diarios, pero que construyen una vida con sentido.
Julián Kmet es mucho más que un exfutbolista. Es un sobreviviente del sistema, un hijo del ascenso, un testigo del fútbol global y un padre presente. Su historia no es de títulos ni de portadas deslumbrantes, pero tiene un peso emocional que la vuelve inolvidable. En Lanús, su apellido sigue sonando fuerte. Y con Luca ya dando sus primeros pasos, la historia apenas está comenzando…
Por Laureano Vergara, Valentín Kostler y Rocco Miño
—¿Considerás que con esta nueva modalidad que crearon son el futuro del deporte?
—Más que el futuro somos el presente —responde.
Santiago Roncoroni, de veinticortos, con su pantalón sastrero oscuro, suéter tejido en ochos con cuello de tortuga y zapatillas blancas, viste en armonía al estereotipo que el común de la gente puede imaginar de un director comercial. Cumple el rol en WIN Investments, la primera empresa en permitir que cualquier persona pueda invertir en el mercado de pases de jugadores de fútbol.
Los impulsores de este proyecto, hoy sus co-CEO ‘s, son Valentín Jaremtchuk y Gonzalo Busnadiego. Ambos son oriundos de Comodoro Rivadavia, ciudad portuaria de la provincia de Chubut y una de las más grandes de la Patagonia. El destino recién los cruzó en el Ultra Music Festival de 2013 en la ciudad de Buenos Aires, cuando Jaremtchuk tenía 17 y Busnadiego 22. Desde entonces mantienen un vínculo amistoso y laboral, donde el primero cumple un rol comercial y el segundo mantiene un perfil más tecnológico. La dupla se sumergió a lo largo del tiempo en distintas ideas que bordeaban una misma isla: el deporte. Su primera creación, una página web, unía jugadores con representantes. Tras años de intentos fallidos y no dar con la tecla, llegaron a WIN Investments. Habían detectado dos problemas principales: la falta de financiamiento y la falta de visibilidad en los clubes formadores de fútbol y sus atletas. Querían solucionarlo y tal vez hayan descubierto cómo.
“Las necesidades de todos los clubes son iguales. Tienen la misma fuente de ingresos que hace 30 años. El mundo avanza, la tecnología avanza, pero los clubes se estancan en la misma fuente de financiación de toda la vida: venta de entradas, sponsors, merchandising y lo más importante siempre, por lo menos en Latinoamérica, el derecho televisivo. Fuera de esas cuatro, no se podía buscar otra”, dice Roncoroni mientras pide al mozo su infusión: café con leche doble.
En 2001, la FIFA decidió reformar el Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores. Suprimió el Derecho de Retención e incorporó la Indemnización por Formación y el Mecanismo de Solidaridad. Este último implica que los clubes formadores obtengan una parte proporcional de los ingresos generados por cada transferencia de un jugador que hayan desarrollado entre los 12 y los 23 años. Representa hasta un 5% del valor de la transferencia, que se distribuye entre los clubes formadores de acuerdo con el tiempo que cada uno contribuyó a su desarrollo. El requisito que se debe cumplir es que el traspaso definitivo o en calidad de préstamo sea entre clubes afiliados a asociaciones distintas, o bien, que sea entre clubes afiliados a la misma asociación, siempre que el club formador esté afiliado a una asociación distinta. Este Mecanismo de Solidaridad es el que WIN Investments tokeniza —un token es la representación digital de un activo, físico o intangible— al asociarse con los distintos equipos de fútbol.
El único inconveniente que supone para los clubes formadores el Mecanismo de Solidaridad es que necesitan que se materialice la transferencia del jugador e, incluso cuando esto sucede, los pagos pueden demorar. Al aliarse las instituciones con WIN Investments, este último les permite transformar contratos del mundo real en fracciones digitales al lanzar utility tokens, que están diseñados para usarse dentro del ecosistema de la plataforma. WIN los llama Club Transfer Tokens, cuentan con un activo subyacente que respalda su valor en el mercado —en este caso, una fracción de los ingresos futuros derivados de la próxima transferencia de un jugador— y son los que adquieren los inversores que participan en esta modalidad.
La seguridad y transparencia del sistema es posible gracias a la tecnología blockchain: un gran libro digital, distribuido y descentralizado, que permite guardar datos de forma segura, donde nadie puede alterarlos sin que todos se den cuenta de lo que pasó.
“Si el jugador se transfiere en formato libre, el Mecanismo de Solidaridad no se paga. Tenés a Newell’s, que formó a Messi, el mejor jugador de la historia, y nunca recibió nada por ello. Estadísticamente, el 61% de las transferencias se dan en formato libre. La posibilidad es muy alta. Es un problema fundamental que nosotros con tecnología podemos resolver”, dice convencido Roncoroni mientras hace bailar sus brazos.
—Digamos que es una especie de adelanto para los clubes, o un respaldo en caso de que no ocurra la transferencia, ¿no?
—Exacto. Es la posibilidad de financiarse de forma anticipada con este derecho y mitigar el riesgo. Ese riesgo que tiene el club lo asume la persona que compra los tokens.
Para WIN, la lista de beneficios que obtienen las instituciones formadoras no es escasa: reducen amenazas financieras, adquieren ganancias con antelación, aumentan su patrimonio e incluso alcanzan una audiencia global, a la que tal vez antes no llegaban por fronteras geográficas que lo impedían. La totalidad de los fondos recaudados entra a las arcas del club correspondiente. El único requisito que deben acatar es la utilización completa de las ganancias en sus actividades formativas.
Cualquier persona mayor de 18 años —a excepción de ciudadanos estadounidenses debido a no contar aún con la autorización— tiene la posibilidad de invertir a partir de un euro en los futbolistas disponibles. Ser un inversionista experto o alguien acaudalado no resulta necesario.
Para aportar solidez y transparencia al sistema, WIN es regulada por la Comisión Nacional de Valores de España. La empresa también tiene a dos árbitros del Tribunal de Arbitraje Deportivo: Gustavo Abreu y Luiz Felipe Santoro, quienes asesoran la parte legal para que esté dentro de la reglamentación FIFA.
El mozo entra en acción y deja lo pedido. Entreveradas con papeles, biromes y grabadores, las tazas humean; el vapor sube. En medio de ellas, pequeños alfajores de maicena aguardan; con lentitud desaparecerán. Roncoroni endulza su café, revuelve con su derecha y continúa explicando: “El ‘board’ de la compañía está compuesto por 5 integrantes: Valentín Jaremtchuk y Gonzalo Busnadiego, quienes empezaron WIN. A ellos se sumaron Roberta Werthein —exjugadora de Las Leonas—, Agustina Román y Juan Riquero. Somos más de 30 personas trabajando full time. Tenemos áreas de todo tipo: Comercial, Marketing, Finanzas, Legales, Datos, Diseño, Producto, Programación, Tecnología”.
—¿De qué forma gana plata la empresa?
—Nosotros le cobramos al inversor un 8% de costo por servicio. Al momento de hacer la compra del token, cada dólar que la gente invierte se paga 1,08; 0,08 permanece en WIN y 1 va para el club. Después cobramos un 2% al momento de retirar los fondos.
—¿Eso les alcanza para sustentarse o tienen algún inversor detrás?
—Estamos en ronda de inversión, como la mayoría de las startups cuando recién empiezan. Tenemos distintos inversores de la compañía. Los más importantes quizás son el grupo Werthein, dueño de DirecTV y de varias empresas en Argentina. Y Ripio, que es el exchange más grande de cripto en toda Latinoamérica; también de capitales nacionales —dice Roncoroni, que desliza su mano sobre el tapizado del sillón y estira una pierna, cómodo, como si estuviera en el living de su casa—.
El primer club en asociarse con WIN fue la Comisión de Actividades Infantiles de Comodoro Rivadavia. Una institución fundada en la década del 80 que tenía como objetivo formar jugadores de la ciudad, ya que muy pocos habían llegado al ámbito profesional, pero que con el tiempo amplió su red de captación a más provincias del país.
El contacto llegó luego de la pandemia, con los propios Jaremtchuk y Busnadiego acercando su propuesta al equipo que conocían de toda la vida. “Nos encantó el proyecto; hubo un interés y una identificación desde las charlas iniciales. No solamente lo que planteaban en relación a ganancias, estrictamente hablando de la tokenización, sino a la visibilidad que le podía dar a los clubes. La mayoría tenemos una economía muy ajustada y no le dedicamos el presupuesto que debiéramos al departamento de marketing”, comenta Karina Thomas, gerente general de la CAI.
Con el pelo ondulado recogido en una colita y anteojos de marcos transparentes, aparece en cámara en lo que puede ser tanto una oficina como su casa. Al resguardo del viento característico e incesante de la zona, y con el mate en mano, comenta que llegar a un acuerdo “no costó en lo absoluto”. Las claves fueron la claridad del fundamento teórico y técnico expuesto, sumado a la confianza de saber que los impulsores eran de la ciudad y sus familias conocidas.
Hasta ahora, el mayor caso de éxito para los inversores fue un jugador formado y tokenizado por la CAI: Tomás Conechny (foto), que en mayo de 2023 había sido valuado en 603.000 euros por la empresa, y un año después era transferido desde Godoy Cruz al Alavés por 2.105.000. Esto supuso un retorno de inversión del 248%.
El trabajo de elegir qué futbolistas estarán disponibles se realiza en conjunto entre las partes. WIN acerca la lista de nombres posibles, y el club es quien da la aprobación final y el porcentaje que está dispuesto a tokenizar de lo que le pertenece. Del club patagónico, además de Conechny, supo estar Leonardo “Colo” Gil, quien a comienzos de año se marchó libre de Colo Colo a Huracán. En estos casos el inversor pierde sus tokens y cualquier tipo de restitución. Hoy en día, en el catálogo están Nicolás Freire, Pablo Ruíz y Brian Orosco, y en breve esperan hacer un anuncio de la suma de más jugadores, entre los que podría incluirse a Ian Subiabre, formado en la CAI y actual joya de River.
—¿Es significativo el impacto del acuerdo?
—Sí, sobre todo porque te permite darle un destino específico. El primer aporte que recibimos lo utilizamos para una gira a Buenos Aires. Viajamos con 45 juveniles, jugamos 7 partidos allá, incluso uno con la Selección Nacional Juvenil, y 12 chicos quedaron en clubes de AFA —contesta Thomas mientras juega con los grandes aros de sus orejas.
—¿En lo social también influye?
—El trabajo es deportivo y el resultado es deportivo, pero imaginate que, para que lleguen, nosotros trabajamos con 70 clubes que están asociados a la CAI: casi con 10.000 jugadores al año para que quizás lo logren 4 o 5. Entonces, la labor social que hacés en lo cultural, en ordenar la alimentación, la documentación, el seguimiento académico, es lo que nos queda y lo más rico del proyecto.
El libro “Organización del fútbol formativo en un club de élite” de los autores Antonio Wanceulen Ferrer, Miguel Valenzuela, José Francisco Wanceulen y Antonio Wanceulen Moreno— plantea como idea principal que los equipos deben dirigir su sistema de inferiores de forma seria y organizada. Como aparece en el texto, “la cantera no puede ser un apéndice del club, debe ser su corazón”. Por último, también aconseja que los clubes no tendrían que convertirse en rehenes del mercado y depender de él para sostener su economía: las inferiores tienen que generar un retorno económico a través de ventas estratégicas o patrocinios.
Parece ser que la CAI es un ejemplo que se adapta con armonía a la creencia que divulga la obra mencionada. La herramienta les estaría permitiendo escapar del estado de alerta o incertidumbre, que, como baches, surgen en el camino. La institución continúa así con su crecimiento, eleva la vara cada vez que puede e intenta cumplir con la deuda —que ellos sienten— que tienen con sus jugadores: contar con una cancha propia.
Un caso distinto, que marca la evolución de WIN, es el de Santa Fe FC, un club formador de historia reciente, que tiene su base en esa ciudad .Fue fundado en 2005 por reconocidos exjugadores: Roberto Trotta, Gabriel Amato, Ariel Garcé, Horacio Ameli y Carlos Mazzoni, sumados a Esteban Kreig, quien era representante de futbolistas. En busca de aggiornarse con la modernidad, buscaron y se subieron a la ola de WIN Investments.
“Los vimos a través de internet, que había algunos clubes, o por su página, o por Instagram, no recuerdo. Nos conectamos y empezamos a intercambiar mensajes con los chicos, hasta que comenzamos a darle forma”, dice Esteban Kreig mientras trata de evocar en su memoria.
La plataforma hace asiduo uso del marketing digital porque sabe que, al ofrecer un producto tecnológico, su audiencia compradora de tokens tiende a ser joven —la estiman entre los 25 y 40 años en su mayor parte—. La utilización de estos canales le resulta fundamental para darse a conocer al público y a los equipos. Además, al no cobrarles una tarifa a sus asociados por el servicio, WIN sí les pide a cambio publicidad y colaboración en redes sociales.
—¿Les costó comprender la dinámica de la empresa en Santa Fe FC?
—Particularmente a mí, lo que me pareció un poquito más costoso de entender es el formato de los contratos. Un especialista, un abogado, lo entiende mejor por cuestiones que tienen que ver con esta situación moderna de tokenizar; un formato nuevo de negocio. Los chicos son claros, transparentes en su forma de transmitir; tienen contratos, no es la palabra complejos, pero sí adaptados a esta cuestión actual.
Kreig, mayor de 50 años, sostiene su teléfono desde un ángulo contrapicado; en el pequeño rectángulo virtual no se logran ver más que pocas cosas: su cabeza calva, su barba prolija y canosa, además del buzo celeste que lleva puesto con estrellas blancas en la capucha.
Desde WIN Investments aseguran que la cuestión del entendimiento no distingue entre clubes grandes y chicos, Sociedades Anónimas Deportivas o no, sino que depende más de la edad de las personas que están del otro lado. Saben que su mayor traba o circunstancia a sortear es la comprensión de lo que ofrecen. Continúan trabajando en ello, aunque afirman que cada vez resulta más sencillo porque la empresa adquiere mayor renombre y reconocimiento entre los equipos.
Hasta el momento, Santa Fe FC tokenizó 4 futbolistas: Facundo Farías —ya no está disponible luego de su transferencia desde Inter Miami a Estudiantes—, Joaquín Pereyra,Francisco Ortega y Juan Ignacio Nardoni —uno por los que más se apuesta de todo el mercado—. Luego de casi un año trabajando con WIN, el club no recibió ingresos, pero Kreig dice: “No recuerdo qué cuestión fue, algo burocrático, de un trámite que tenemos que hacer nosotros. Está la tesorería con eso, pero el dinero lo tenemos a disposición y está por acreditarse. Nos enviaron los resúmenes de lo que la gente había adquirido en tokens. Para un club formador chico como nosotros es interesante.”
—La empresa les exige que reinviertan lo recaudado en la formación, ¿ya saben en qué lo van a utilizar?
—Sí, no tenemos otra concepción que no sea esa. Entrará a las arcas y ahí se destinará para los gastos que son corrientes del funcionamiento del club. Manejamos un presupuesto anual que tiene que ver con la compra de elementos, mantenimiento de las canchas, pago a los profesores.
El directivo afirma que por ahora están “contentos y conformes”, pero reconocen que “es un trabajo que lleva tiempo”. El equipo santafecino, en su breve historia, ya sabe lo que es nadar en aguas turbulentas. Hubo un periodo de algunos años donde debió recortar el funcionamiento de algunas categorías. También han tenido reiterados inconvenientes por el incumplimiento de convenios de jugadores por parte de diversos clubes con la entidad. Por ejemplo: Unión y Colón —con quienes pudieron resolverlos— por Nardoni y Farías respectivamente; con Rosario Central, que nunca se manifestó con el “Tatengue” y continúa el proceso por Pereyra; y también con Vélez Sarsfield, a la espera de una propuesta de solución por Ortega. Kreig piensa que los beneficios que obtenga Santa Fe FC con WIN no dejarán de ser importantes y de significativa ayuda, aunque afirma: “No es una cuestión ligera para poder fondearse y generar recursos, pero es un elemento más, una herramienta más”.
WIN Investments no solo está asociado con los clubes mencionados: actualmente son 16 los equipos y una asociación que trabaja con ellos. Grêmio Novorizontino de Brasil;Juventud de Las Piedras de Uruguay —que desde su cambio de presidente parecería que no continuaría el acuerdo—; Atlético Venezuela —de ese país—; Olimpia de Paraguay; Emelec de Ecuador; Alianza Lima de Perú; Unión La Calera, San Luis de Quillota y Audax Italiano de Chile. Del ascenso nacional, además de la CAI y Santa Fe FC, se encuentran Estudiantes de Caseros y Atlético Boxing Club. De la Primera División argentina, quienes dieron el paso son Independiente, Argentinos Juniors y Banfield.
Prácticamente la mitad de estas instituciones son Sociedades Anónimas Deportivas. Y la más reciente incorporación fue la AFA, primera federación en llegar a un acuerdo de este tipo, pero que está completamente en contra de las SAD…
Desde el municipio Cariacica, en el estado Espíritu Santo, donde Banfield disputó la Vitória Cup 2025, un torneo internacional de carácter amistoso, atiende el teléfono Matías Mariotto (foto), presidente del “Taladro”. “Yo había tenido una experiencia en Unión La Calera —donde fue gerente general— con la herramienta. En Chile no habíamos podido darle demasiada continuidad porque no se jactaba nuestra institución de tener mucho desarrollo de juveniles. Apenas asumí acá, yo ya tenía la relación y automáticamente nos pusimos de acuerdo en un minuto y medio porque nos conocíamos”.
—¿Qué es lo que más te gusta de la plataforma?
—Es absolutamente gratuita y nos permite hacernos de un activo con tiempo. Involucra a la gente, a la pasión; a los socios e hinchas de Banfield les gusta ser parte de la gestión. Y también cómo posiciona a Banfield en el mundo acerca de las formaciones juveniles —responde quien en 2024 se convirtió con 26 años en el presidente más joven de un equipo de la Liga Profesional.
—¿Y el tema de la confianza, de que sea algo tan nuevo?
—Banfield no corre riesgo; todo es ganancia. Creo que el hincha en su momento lo vio con duda, ¿viste? Es lo que pasa cuando alguien no conoce la herramienta. Después pasó a ser sponsor de la liga y los clubes empezaron a interiorizarse. Eso nos vino muy bien porque se generó la confianza en el hincha argentino.
El “Taladro” es el equipo que más futbolistas tiene dentro de la página: 18. Entre los de mayor renombre están James Rodríguez, Agustín Urzi y Giuliano Galoppo. También es uno de los tres conjuntos que cuenta con un campeón del mundo tokenizado, Nicolás Tagliafico; además de Emiliano Martínez en Independiente y Alexis Mac Allister en Argentinos Juniors.
—¿Creés que se sumarán clubes a partir del acuerdo con AFA?
—La AFA tuvo un gran acierto sentando a todos los que quizás no entendían o no estaban abiertos a esta herramienta. Eso genera confianza, cercanía y abre la posibilidad de que WIN integre la mayoría de los clubes del fútbol argentino.
En mayo se oficializó la alianza entre AFA y WIN, a partir de un evento con sede en el Predio Lionel Andrés Messi. Hace algunos años ya habían tenido reuniones donde explicaban lo que hacían. Luego de un proceso de seguimiento, desde el ente nacional valoraron el impacto que producía la herramienta en los clubes de Primera y volvieron a comunicarse para comenzar a colaborar. Según la plataforma, una de las claves fue darse cuenta de que los equipos podían recibir fondos de personas de todas partes del mundo manteniendo la figura de Asociación Civil. Comprendieron que, lejos de sacarle el fútbol a los hinchas, venía a incrementar la posibilidad de participación.
De ser así, es un poco raro el pensamiento de la Asociación del Fútbol Argentino porque existen modelos de Sociedades Anónimas Deportivas donde los inversores pueden ser de cualquier rincón del planeta, y además los socios siguen manteniendo el porcentaje mayoritario de decisión, tal como ocurre en Alemania. Nadie de AFA respondió sobre el tema, por lo que su postura no queda clara.
El primero en tomar el micrófono arriba del escenario durante la presentación fue Claudio “Chiqui” Tapia. Con saco azul oscuro, camisa blanca sin corbata y con el cuello abierto, el presidente de AFA destacaba la importancia de la iniciativa al afirmar que “marcaría un antes y después en el fútbol mundial”. Y también agregaba que serían incluidos “clubes del ascenso, regional y federal”. Desde WIN aseguran que en poco tiempo se anunciará la suma de algunas instituciones, con la pista de que más campeones del mundo y jugadores importantes de Argentina van a ser tokenizados.
Otra de las personas que estuvo presente en el evento fue Mariano Noceto, de 33 años, politólogo en la Universidad de Buenos Aires e inversor de WIN Investments. Por ser uno de los primeros en animarse a probar la herramienta, fue convocado a través de un mail a ser parte. No sabía ni a qué iba, pero describe el hecho como “una locura hermosa”. No fue el único; varios usuarios dijeron presente. “Independientemente si uno invirtió una fortuna y otro dos pesos con cincuenta, te invitaban a subir a retirar un premio y dar unas palabras. Estuvo re bueno, me sentí re cómodo. Conocimos el predio, hicimos un recorrido y fue tremendo con todo lo que te encontrabas ahí”, cuenta Noceto con alegría en la voz.
Conoció la plataforma a través de una publicidad de Instagram y le llamó la atención el mensaje de poder invertir en equipos de fútbol. En el momento solo había tres asociados, pero como eran locales, lo atrajo.
—Viste la publicación, fuiste averiguando cómo funcionaba, ¿te pareció sencillo el uso de la página?
—Cuando te aparecen cosas en internet te agarra preocupación porque no sabés cuánto es verídico o no. Empecé a mirarlo con recaudos, entendiendo que era algo novedoso. Después me imaginé la balanza y pensé: no pierdo nada; en una de esas está bueno. Al principio no era nada fácil. Te pedía datos de tarjeta y a veces era medio engorroso. La aplicación no estaba adaptada para que la usara cualquier persona. Incluso toda la información estaba en fase beta; había que aprender bastante. La lógica, la idea, la entendí muy desde lo básico.
Desde WIN Investments comentan que en el último tiempo tuvieron una reducción del 63% en el tiempo promedio de conversión de clientes. Una cifra que marcaría la evolución en la confianza y el entendimiento.
Hincha fanático de Independiente, Noceto fabulaba con la incorporación del “Rojo”, y en medio del debate entre SAD sí o no, quería que se hiciera realidad para aportar un granito de arena al club de sus amores. “Dije: mirá si el día de mañana aparece. Y dicho y hecho pasó, así que fue una hermosa sorpresa” recuerda entre risas.
—¿Cuáles fueron los primeros futbolistas en los que invertiste y cuánto te costó animarte a hacerlo?
—No estaba tan preocupado en si invertir o no, porque el monto es bastante mínimo. Si bien todo es plata, lo importante era que no iba a perder una cantidad enorme. De los jugadores elegí varios; creo que Alexis Mac Allister era uno, pero nada, fue un euro. Lo que invertí no es significativo; sí, capaz, constante.
La incertidumbre era la compañera de Noceto en aquellos días. ¿Le darían retorno sus elecciones? El primer jugador con el que ganó fue Esequiel Barco. Cuando vio la transferencia, recordó que tenía tokens de él y la expectativa creció: “¿Y? ¿Qué pasa? ¿Por qué todavía no se está dando? Eso sí me generó cierta incertidumbre. Pero vi que hubo ganancia y a partir de ahí empezás a confiar un poquito más”. Él calcula que el proceso desde su inversión inicial hasta el retiro tardó unos 8 meses.
Según cifras de la página web de WIN Investments, solo el 15% de los futbolistas tokenizados cambiaron de club mediante transacciones pagas, siendo de 14,8% el retorno de inversión promedio en los casos de éxito.
A Mariano Noceto la propuesta de la empresa le parece buenísima. Destaca la parte democrática, la vinculación con la institución y la apuesta en la formación de juveniles, aunque también admite: “Me gustaría que sea algo público, una acción pública, no una acción desde lo privado para poder intervenir en los clubes. Si son asociaciones de fútbol, estaría bueno que los sistemas de socios tengan circuitos aceitados para poder tener estos accesos”. Y cierra: “Creo que deben hacer la plataforma algo más lúdica, más entretenida en el buen sentido, porque si no es una aplicación netamente de negocio”.
Otro de los usuarios/inversores es Osvaldo Daniel Jatib, mendocino, productor de películas y cortometrajes, e hincha de Godoy Cruz. “Mis inversiones fueron modestas porque recién entraba en tema y quería saber cómo era. Donde invertí más plata fue en el ‘Dibu’ Martínez. Compré 60 euros. Estaba en 11.000.000 el valor inicial. Ahora la cotización puede estar en 31.000.000. Si se llega a vender por tres veces más, recibiría 180 euros”, comenta con expectativa.
Jatib comenzó su actividad en este mundo luego de leer “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaki y Sharon Lechter, un libro que trata la educación financiera y promueve la inversión. Además de WIN, probó “Slice Token” —co-fundada por Mariano Zabaleta—, una empresa similar, pero enfocada en el tenis y el golf, donde uno invierte en jugadores específicos y recibe partes proporcionales de los premios que va acumulando el deportista. A este ritmo, parece que dentro de poco cada uno podrá comprar profesionales del deporte y tenerlos en su casa cuando quiera.
La primera ganancia para Jatib llegó con la confirmación de venta de Nehuén Pérez (foto) desde Udinese al Porto. Había puesto 26 euros en él y su valor inicial era de 11.600.000. Como la transferencia fue primero a préstamo —en este caso mantenés los tokens— y luego definitiva, Jatib cobró por duplicado con un total de 57,88% de retorno de inversión.
—¿Cuánto tiempo le dedicás a la app?
—Por cuestión de que me vendría bien la plata, estuve siguiendo estos 20, 25 días para ver si venden al “Dibu”, porque hay un número importante para mí.
Para escoltar el rastro de los futbolistas elegidos, Jatib analiza con constancia en internet sus noticias, rendimientos, estadísticas, situación contractual y demás. Mientras no se vuelva en una obsesión, pase y siga.
De nuevo en el Bar Notable de Avenida Libertador, el aroma de los granos recién molidos y medialunas se mezcla con el ir y venir de los mozos. Afuera, en la vereda, las sillas desiertas: hace frío y está nublado. Adentro, en las mesas a cartón lleno, no hay un solo niño. La ocupan exclusivamente adultos mayores que charlan, leen diarios, negocian. La vestimenta de las personas, los sillones tapizados en cuero marrón y los grandes aros de luz que cuelgan del techo evidencian el poder adquisitivo del escenario. En una pared cuelga, enmarcado en madera, el único cuadro distinto del lugar: un resumen histórico de la Selección Argentina de fútbol. Camisetas mundialistas en miniatura, fechas memorables grabadas en chapa, trofeos tan chiquitos que casi no plasman el impacto que tuvieron. También desperdigados, nombres e imágenes de los mayores ídolos que la representaron y dirigieron.
La cafetera, con su sonido constante, parece que no dará abasto. Quien continúa vendiendo incansable la idea es Santiago Roncoroni: “Nuestro deseo en WIN es financiar a todos los actores del deporte. Empezamos con los clubes, pero también nos interesa hacerlo con jugadores. Además, estamos desarrollando un mercado secundario que hace posible transaccionar los tokens entre personas. Si yo tengo un token de Alexis Mac Allister y me lo querés comprar, vas a poder hacerlo”.
Desde hace un par de años anuncian esta alternativa complementaria para los inversores, pero hasta el momento no termina de concretarse.
—¿Cuáles son sus principales objetivos en el corto plazo?
—Estamos cerrando el primer club de Colombia, uno de los pocos países de América Latina que nos falta, junto con Bolivia. El objetivo es poder firmar el primer club en México, donde aún no tenemos presencia. Luego, para la segunda mitad del año, buscamos desbloquear el mercado europeo.
Al momento de la entrevista, en el Viejo Continente, específicamente en el estadio del Tottenham en Londres, Valentín Jaremtchuk y Roberta Werthein se encontraban en la MESIF, evento organizado por el Fondo de Inversión Pública y el gobierno de Arabia Saudita. Esto en busca de una relación más estrecha con el mercado de Medio Oriente.
—¿Piensan en el fútbol femenino?
—Por supuesto, es interesante, es algo que está en desarrollo. Hoy en día los derechos que existen en el fútbol masculino no son los mismos que existen en el femenino; la posibilidad de digitalizar jugadoras de fútbol, de la misma manera en que lo hacemos con el masculino, no está. Pero sí tuvimos un acuerdo que firmamos con la Women’s Cup.
Este certamen amistoso reúne cada año desde 2021 a algunos de los mejores equipos femeninos del mundo. Parecía un tanto lejano el escenario donde las jugadoras son tokenizadas, pero cada paso dado puede ir acercándolo a la realidad. La alianza entró en vigencia a partir de la edición 2024 del torneo, pero aún no hay jugadoras disponibles. En declaraciones que realizó Valentín Jaremtchuk el día que fue anunciado el convenio en Brooklyn, aclaró que en esta modalidad, el dinero invertido iría directamente a las jugadoras y no a los clubes, como ocurre hasta el momento en el ámbito masculino.
Según el inversor Mariano Noceto, el propio “Chiqui” Tapia, durante el evento de AFA y WIN, hizo hincapié en no olvidarse del fútbol femenino, por lo que no resultaría extraño que en el futuro comiencen a surgir novedades al respecto. WIN Investments tampoco le cierra las puertas a la incursión en otros deportes. Por ejemplo, han analizado el cricket, una de las disciplinas más practicadas del mundo. Aun así, advierten que cada actividad cuenta con sus propias particularidades: derechos, figuras legales y entes regulatorios. Se enfocan 100% en el fútbol, pero, aunque no lo desarrollan todavía, está en el plan de la empresa expandirse a distintos rubros.
—¿Considerás que con esta nueva modalidad que crearon son el futuro del deporte?
—Más que el futuro somos el presente. WIN ya es una herramienta de transformación digital que funciona hoy en día. Por supuesto que a medida que crezca, el impacto en el ambiente del fútbol va a ser mayor, pero hoy ya tenemos uno muy grande —contesta un tanto apurado Roncoroni: tiene otra reunión.
Se levanta y despide, no sin antes saludar a alguien detrás del mostrador. Sale del café por una de sus puertas laterales con marco dorado. La ciudad lo absorbe y se pierde entre la muchedumbre: vaya uno a saber el acuerdo de qué club irá a cerrar.
La ambición parece no tener límites en WIN Investments. Amantes de su propia idea, quedará por verse si cumplen con sus pretensiones personales.
Por Valentina Pineda, Dante Gobbi, Santiago Martin y Lucas Nogueira
Ella no lo sabía, pero un día como hoy, hace 70 años, jugaría su último torneo bajo los colores de su país.
Mucho antes de Gabriela Sabatini y Nadia Podoroska, existió una mujer conocida como Mary Terán de Weiss. Fue la primera tenista argentina con protagonismo a nivel internacional, considerada entre las mejores diez del circuito en 1950 y fuera de las canchas una militante del tenis popular y la igualdad femenina.
Pero, ¿Qué sucedió con Mary y por qué no se habla de ella?
Corría el 2 de septiembre de 1955 y Terán de Weiss estaba en Grecia, como parte de una gira por Europa, disputando el Campeonato Internacional de Atenas, también conocido como Eastern Mediterranean Championships. Este era un torneo que se realizaba en polvo de ladrillo en el que ya había sido finalista en 1950 y 1951.
Ese mismo día la argentina venció a la estadounidense M. Mcguire por 6-2, 7-5, avanzando a semifinales, en las que cayó frente a la belga Christiane Mercelis. La final de singles femenino se jugó el 4 de septiembre y consagró campeona a la francesa Maud Galtier, quien derrotó a Mercelis por 6-2 y 6-4.
Ese torneo resultó ser el último que Terán de Weiss disputó con normalidad, pues en su próxima parada, Alemania Occidental, la Asociación de Tenis Argentino (AAT) le exigió a la Federación Internacional de Tenis (ITF) que le prohibiera seguir jugando. ¿El motivo? En Argentina, Juan Domingo Perón había sido derrocado por el general Eduardo Lonardi y Mary, como tantos otros, fue proscrita por su vínculo con el peronismo.
La relación de la tenista con el movimiento peronista había sido estrecha, pues además de destacar en el deporte, luchó por los derechos de las mujeres junto a Eva Perón, impulsó la creación del Ateneo Deportivo Femenino Evita en 1951 y asesoró a la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Buenos Aires junto a Juan Manuel Fangio.
Mary junto al presidente Juan Domingo Perón y su esposo, el tenista Heraldo Weiss.
Perseguida, Mary se vio obligada a exiliarse a Montevideo, Ginebra, Madrid y Barcelona. El gobierno de facto incautó sus pertenencias, le prohibió competir a nivel nacional y solicitó a la ITF que la excluyera del circuito, pero la federación repudió este comportamiento y le negó el pedido bajo el concepto de “evidente intencionalidad de persecución política en su contra”.
Durante su exilió participó de algunos torneos en Europa durante y hasta llegó a ser la número uno de España en 1957, aunque sin poder representar a la Argentina, algo que ella lamentaba profundamente. Además, fue despreciada e ignorada por los medios que no difundían sus logros.
En 1959 regresó al país con la vuelta a la democracia e intentó insertarse en la competencia local. El club River Plate le abrió sus puertas para representar sus colores, pero sus rivales se negaban a presentarse a los partidos para impedirle sumar puntos en el ranking nacional. También recibió amenazas y fue altamente discriminada por sus colegas.
Decidió poner punto final a su carrera en 1964. Desde entonces fue ignorada por el ambiente del tenis argentino, quedando su historia cada vez más tapada por el polvo y olvidada en un rincón de la biblioteca. Esta situación generó depresión en la tenista, que se acentuó con la muerte de su madre y en 1984, a los 66 años, se arrojó desde un séptimo piso en Mar del Plata.
Antes de morir, en una carta enviada a El Gráfico tras su retiro, expresó su deseo para el futuro: “¡Qué fácil olvida la gente! Me remito al juicio de la opinión pública sana de mí país. A pesar de todo confío que la cordura de los equivocados prevalezca para que se me reconozca el lugar que merezco como mujer, deportista y como argentina”.
Mary Terán en la portada de la revista El Gráfico, 1939.
Su figura se recuperó en 2007, cuando la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires bautizó el estadio de Parque Roca bajo su nombre. Por otro lado, en Rosario, su ciudad natal, la recuerdan desde 2017 con una calle en el Barrio La Cerámica, y en 2020 se realizó un homenaje en las canchas del Rowing (su club de origen) con un torneo donde las mujeres utilizaron vestimenta retro y jugaron con raquetas de madera.
Ese 2 de septiembre de 1955 quedará en la memoria como el último día en que Mary fue plenamente ella: Una mujer con ideas y convicciones, jugando al tenis bajo la bandera de su país. En la cancha, con una raqueta en mano, se expresaba y luchaba por lo que creía justo.
Constantino Vaporaki, campeón del mundo con la selección Argentina de futsal en 2016 y referente histórico de la disciplina, analiza su paso por Letonia, el crecimiento del futsal en el país y los desafíos que afrontará en su regreso vistiendo la camiseta de Argentinos Juniors.
“Kiki” Vaporaki, que juega de ala derecho, llegó en condición de libre a Argentinos Juniors que actualmente milita en la segunda categoría del futsal AFA y es dirigido por su hermano, Alamiro Vaporaki. “Fue una decisión que tuve que pensar como cualquier otra de las que tomé en mi carrera. Obvio que la presencia de mi hermano y el empuje que tuvo fueron determinantes, pero Argentinos de por sí es una propuesta linda, es un club grande y me mostraron desde el primer momento el interés que tenían por mi”.
Actualmente, Argentinos está peleando el campeonato y en zona de ascenso directo con un plantel conformado en su mayoría por chicos de las divisiones inferiores. Sin embargo, “Kiki” considera que los veteranos son fundamentales para todo grupo ganador: “Es indispensable la experiencia para poder controlar mejor los momentos de tensión. Jugadores que puedan aconsejar y absorber distintas situaciones sacándole responsabilidad a los más chicos. No obstante, la energía que aportan estos últimos es muy importante para tener un equipo competitivo. Que se entrene a un ritmo alto toda la semana es, en gran parte, por el trabajo de los más jóvenes”.
El futsal es, probablemente, el deporte que más creció en los últimos años en Argentina. Ligas como LAAMBA, Futsala, BAFI, CAFS, LNFA y otras tantas regionales, permiten que miles de chicos y chicas practiquen este deporte. Dicho crecimiento se ve influenciado por las muy buenas campañas de la Selección en los últimos años, que incluyen un título mundial en 2016, dos subcampeonatos del mismo torneo en 2021 y 2024 y dos títulos de Copa América, en 2015 y 2022. Vaporaki fue parte de todos estos certámenes, y del crecimiento de la disciplina: “Siento que los logros de la Selección fueron la pata fundamental para que se piense al futsal como un deporte en el cual se puede tener un futuro profesional. Antes era visto como un hobby o algo alternativo al fútbol. Hoy el futsal tiene entidad propia, los pibes y pibas creen que pueden llegar a vivir de esto y lo eligen desde edades muy tempranas. Contagiar a tanta gente a través de la Selección sucedió en muchos deportes y este no es la excepción”.
Como en todos los ámbitos, no solo deportivos, siempre hay cosas para corregir. “Es necesario mejorar la estructura. Hay muchas canchas que están lejos de los estándares que tienen en otras ligas más desarrolladas; la legalidad y profesionalidad de los deportistas y entrenadores mediante contratos deben ser una garantía para los jugadores y para los clubes”.
También, consideró esencial que el deporte sea más federal y se pueda integrar al interior. “Los torneos que tenemos de referencia (España, Brasil, Portugal, Italia) son nacionales, donde hay equipos fuertes a lo largo de todo el país que se financian con dinero de empresas, del estado o del propio club. El resto del país no tiene la calidad ni cantidad de campeonatos que tiene Buenos Aires. Los jugadores, entrenadores y preparadores físicos que quieren crecer y dar el salto se ven obligados a buscar oportunidades acá. Ayudaría a construir un producto más comercial que llegue a personas por fuera del nicho. Que haya más empresas que vean al futsal como una oportunidad de llegar a la gente y que el deporte se retroalimente al tener a estas compañías queriendo participar.”
Tras buenas temporadas en el futsal local, vistiendo la camiseta de Boca, Vaporaki dio el salto a Europa. Jugó en España (CFS Jumilla Montesinos y Peñíscola de Castellón), en Italia (Meta Catania Calcio) y en Letonia, un pequeño país báltico de Europa del Norte, donde defendió los colores del Riga FC y del RFS Futsal: “Vivir y jugar en Letonia es una experiencia bastante particular, diferente a cualquier otra que haya experimentado. A nivel deportivo, es una liga que tiene solo dos equipos que pueden darse el lujo de contratar extranjeros y que tiene un cierto nivel competitivo. El resto de los equipos no estaban a la altura, pero teníamos el objetivo de ganar la liga para jugar la Champions League que era uno de los motivos por los cuales decidí jugar en el Riga, además de lo económico, que siempre es importante”.
Sobre la vida en Letonia, agregó: “El desafío de vivir allí fue espectacular, un país totalmente distinto y muy frío. Por momentos fue bastante difícil de llevar debido a la soledad y el estar tanto tiempo encerrado por cuestiones climáticas, el invierno es muy largo, con mucha oscuridad y mucha lluvia. Sin embargo, fue bastante grato conocer gente completamente distinta a la que estamos acostumbrados, nuevos idiomas, nuevas maneras de vincularse y un gran reto como es descubrirse a uno mismo en un ámbito así. Estoy muy agradecido y alegre de haber vivido dos años en esta región, que me transformó de muchas maneras. Estuve en varios países, pero Letonia es diferente”. En Riga, Vaporaki se alzó con una liga, una Copa de Letonia y una Supercopa nacional, mientras que en el RFS consiguió su segunda Copa local.
Constantino y Alamiro se criaron bajo el intenso frío de Tierra del Fuego, tocaron el cielo con las manos vistiendo la camiseta albiceleste, compartieron vestuario y gloria defendiendo los colores del Xeneize, y hoy, varios cuartetos después, un “Kiki” de 35 años baja al barro del ascenso para conquistar juntos un último objetivo. Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley Primera.