jueves, abril 23, 2026
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Boca venció a Belgrano sobre la hora y es el nuevo puntero

Por Dolores Mazza

Por la fecha 6 del Campeonato Femenino de la Primera División argentina, Boca Juniors se llevó el triunfo por 1 a 0 frente a Belgrano de Córdoba en condición de local en el estadio Pedro Pompillo, gracias a un centro de Kishi Nuñez hacia Julieta Martínez, quien marcó el gol a los 43’ del segundo tiempo.

Como consecuencia de este resultado, las chicas del equipo de La Ribera lograron escalar hasta el primer puesto de la tabla del Grupo A, con un total de 14 puntos, manteniendo una buena racha en sus últimos cinco partidos, ya que cuenta con dos empates y tres victorias, la última 4-0 al San Luis FC.

Por su parte, las cordobesas finalizaron la fecha en el segundo lugar de la tabla con un total de diez unidades, mientras que su desempeño en sus últimos cinco partidos se basa en una derrota, un empate y tres victorias, con un triunfo sobre el SAT (Social Atlético Televisión) por 2-0 durante la fecha pasada.

Tras este partido, Boca aumenta su ventaja en el historial entre ambos clubes, cuyo registro son tres triunfos del Xeneize por 1-0 en septiembre de 2025, 3-0 en noviembre de 2024, y 2-0 en diciembre de 2023, y dos empates: uno que concluyó 0-0 en abril de 2025, y otro 1-1 en junio de 2024.

La próxima semana, en el marco de la séptima fecha, Boca deberá enfrentar a Ferro como visitante el miércoles 17 de septiembre a las 11, mientras que Belgrano jugará como local frente a Huracán el jueves 18 de septiembre a las 19.

Más que un jugador: Peucelle, entre el profesionalismo, La Máquina y la identidad riverplatense

Por Facundo Silvan García

Hace 117 años, precisamente el 13 de septiembre de 1908, nacía en Barracas Carlos Desiderio Peucelle, una de las figuras más influyentes en la historia de River Plate, la Selección Argentina y el fútbol argentino. Su legado permanece no solo por lo hecho dentro de la cancha, sino también por haber marcado un antes y un después en los orígenes de la profesionalización y en la formación de “La Máquina”, una de las delanteras más recordadas del equipo de Nuñez y de este deporte.

Su domicilio tenía cercanía con Casa Amarilla y, en 1924, estuvo cerca de jugar para Boca Juniors, pero el destino le negó esta posibilidad; su incorporación al Xeneize no se concretó a causa del cierre del mercado de pases. Un año después, se encontró jugando en forma simultánea en San Telmo y en Sportivo Barracas, ya que ambos clubes estaban en distintas asociaciones, uno era de la Liga amateur y el otro de la Liga Argentina. Luego de esta experiencia pasó por Nacional de Adrogué y recaló en Sportivo Buenos Aires. De allí, dio el gran salto en su carrera: en 1931, cuando el fútbol nacional transitaba el cambio del amateurismo al profesionalismo, River desembolsó una cifra inédita para la época, 10.000 pesos por el pase de Peucelle. Esta operación no solo le dio lugar al apodo “Los Millonarios”, el cual mantienen hasta la fecha, sino que también inauguró un nuevo paradigma en el mercado de transferencias. Su contratación simbolizó la llegada de una era en donde la inversión y la competencia económica pasaron a ser protagonistas.

Dentro del campo, Barullo, como se lo conocía por sus indescifrables gambetas y su movilidad, brilló durante una década como delantero de La Banda y fue pionero del término polifuncional: empezaba tirado a la raya de wing derecho, cambiaba de lado, se movía por el centro y tambien aparecía en el área. Jugó 307 partidos, hizo 113 goles y obtuvo los campeonatos de 1932, 1936, 1937 y 1941. Marcó dos tantos en los 17 superclásicos que disputó, el primero de estos en la igualdad por 1 a 1 en 1931, lo que significó el primer gol de River a Boca en la era profesional. Además, fue protagonista con el conjunto nacional en la Copa del Mundo de 1930 disputada en Uruguay, donde convirtió por duplicado en la semifinal ante Estados Unidos y anotó el 1 a 1 parcial en la final ante la Celeste, encuentro que terminaría en una derrota por 4 a 2. La relevancia de Peucelle como jugador fue tanta, que hasta el periodista Dante Panzeri, uno de sus amigos personales, declaró: “Como jugador de fútbol no fue el mejor, que debe estar entre José Manuel Moreno, Antonio Sastre, Adolfo Pedernera y Félix Loustau. Pero me animo a discutir su inclusión entre los más completos que se hayan visto”.

Una vez retirado, en 1942 comenzó a trabajar en las divisiones inferiores del club, cargo que ocupó hasta 1949. En 1945 y 1946 tuvo la oportunidad de ser el entrenador de la primera división y hacerse cargo de aquel poderío ofensivo con Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Angel Labruna y Félix Loustau. Realizó algunos pequeños ajustes que fueron clave, como mandar a Loustau de wing izquierdo y, fundamentalmente, sacar de la punta a Pedernera y tirarlo al medio, como eje del ataque. “Fue Peucelle el de la idea de juntarme atrás con Moreno, porque además le pegaba de media distancia con más fuerza”, remarcó alguna vez el propio Pedernera, quien también afirmó que “Peucelle fue técnico mientras jugaba”. En el 49 se alejó de la institución, pero trece años después retornó para continuar su labor con los más jóvenes. Volvió a alejarse en 1965, no sin antes tener un interinato en 1964, y regresó nuevamente en 1974. 

En 1975 publicó “Fútbol Todotiempo e Historia de La Máquina”, obra en la que no sólo repasó vivencias y anécdotas, sino que también dejó sentadas sus reflexiones sobre la evolución del juego, demostrando su rol como formador y pensador de esta disciplina. Finalmente, el 1 de septiembre de 1990 dejó este mundo y pasó a ser eterno para todos los futboleros por el resto de la historia. 

A más de un siglo de su nacimiento, Carlos Peucelle sigue siendo recordado como mucho más que un futbolista: fue un pionero que ayudó a consolidar el profesionalismo, impulsó la modernización del mercado de pases y diseñó un estilo de juego que marcó época. Su figura permanece como parte fundamental de la identidad riverplatense y del fútbol argentino en su conjunto.

Los objetivos de Emiliano Lezcano con Ferro a días del comienzo de la Liga Nacional

Por Tobías Agostinis

Emiliano “Tucu” Lezcano, base de Ferro Carril Oeste, afronta la pretemporada de lo que será La Liga Nacional de Básquet 2025/2026 y afirmó que el objetivo del elenco de Caballito para este año será, en primera instancia, posicionarse dentro de los cuatro primeros de la tabla.

El Verdolaga se reforzó con grandes nombres para este año, como José Defelippo, proveniente de Olímpico de Santiago del Estero; Facundo Piñero, que viene de salir campeón con Boca; Jonatan Torresi, que volverá a vestir la camiseta de Oeste tras su paso por Oberá, y Eduardo Vasirani, de último paso por Quimsa.

Además, mantuvo la base de La Liga pasada y con el Tucu como uno de los líderes, Jano Martínez; Valentín Bettiga y Alejandro Diez, que integrarán el plantel buscarán superar lo conseguido en la última temporada, en la que quedaron octavos en la general y perdieron los cuartos de final, en cinco juegos, ante el Xeneize.

Lezcano, que será recordado por ese tiro desde cerca de su propio aro que le dio la victoria a su equipo en el tercer juego de la serie ante el conjunto azul y oro, vaticinó: “Esta Liga va a ser muy dura. Todos los equipos se armaron muy bien. Todos tienen jugadores de nombre y además, regresaron muchos de afuera”. Y agregó: “Siento que este año no hay un claro candidato como pasó en temporadas anteriores con Boca o Instituto. Esta Liga puede ser para cualquiera. Está muy parejo”.

Los dirigidos por Federico Fernández ya conocen la fecha y el rival para el debut en la temporada: será el 25 de septiembre ante Platense, como visitantes. Dentro de su agenda, tienen La Liga Sudamericana que se jugará desde el 9 al 11 de octubre en Bolivia. Allí integrará el Grupo B junto a Universitarios de Sucre (Bolivia), Vasco da Gama (Brasil) y Club Deportivo Motilones del Norte (Colombia).

Será un compromiso muy importante para Ferro, que volverá a disputar el certamen después de seis años, debido a que su última participación fue en 2019, cuando quedó afuera en la segunda fase del torneo. 

En cuanto a sus nuevos compañeros, el Tucu reveló que los jugadores que llegaron no pueden creer los intensos entrenamientos que realizan en la pretemporada. “Terminamos arruinados, pero somos un equipo muy rápido. Le damos mucha importancia al físico”, expresó. 

El joven de 24 años tiene su cabeza puesta en el equipo tres veces campeón de La Liga Nacional y aspira a conseguir grandes logros, pero pensando a futuro, admitió que le encantaría dar el paso al básquet de Brasil. “Siento que estoy preparado para dar ese salto”, manifestó el oriundo de Tafí Viejo.

Ferro, con Fernández en el banco, la columna vertebral del equipo de la temporada pasada y la aparición de los jugadores surgidos de sus inferiores como Felipe Rodríguez, Martín González y Camilo Rodríguez, tiene gran potencial para pelear en lo más alto de esta Liga Nacional 2025/2026.

 

 

Foto: prensa Ferro Básquet

 

Vilas-Clerc, historias de Copa Davis en los años 80

Por Milagros De Stefano

Tras el pase al “Final 8” del equipo capitaneado por Javier Frana, sucesor de Guillermo Coria, se aviva la llama de la gloria del comienzo de los años 80 cuando Vilas y Clerc, junto a la Selección, fueron finalistas del torneo.

Es semana de Copa Davis. Francisco Cerundolo y Tomás Etcheverry le dieron dos puntos a Argentina por sobre Países Bajos luego de sus respectivas victorias contra Botic Van de Zandschulp y Jasper de Jong, facilitándole el camino a la Albiceleste hasta los “últimos ocho”, que Andrés Molteni y Horacio Zeballos terminaron de cementar con un aplastador triunfo en el dobles contra Sander Arends y van de Zandschulp. Vencieron al último semifinalista que contaba con la prerrogativa de nunca haber perdido en condición de local. 

Pero hace 44 años, la historia, la Copa y los jugadores eran otros: por ese entonces la competición no había sufrido reformas de formato desde su creación en el 1900, pero ese año fue bisagra debido al nuevo modo de juego impulsado por la ITF conocido como “Grupo Mundial”, en el que los 16 países con mejor rendimiento durante las ventanas de ese año se clasificaban directamente, mientras que los relegados debían competir contra las demás naciones de su “zona” (americana, europea u oriental) para lograr quedar entre los cuatro equipos que pasarán junto al resto.

En 1981, ni Vilas ni Clerc habían destacado con actuaciones significativas en torneos de Grand Slam (apenas habían llegado a cuartos de final). En el ranking ATP, “Willy” estaba quinto y “Batata” sexto. La Copa Davis estaba en plena metamorfosis, pero Argentina, con paso medido, avanzaba en el torneo con un equipo sólido y dos tenistas de élite más que ávidos de competir. 

En diciembre de ese año, tuvieron la oportunidad de hacer historia, y casi lo lograron. Las circunstancias eran propicias: en la fase de clasificación, habían derrotado sucesivamente a Alemania, Rumanía y Gran Bretaña. Ricardo Cano y Eduardo Bengoechea eran los otros miembros del equipo. Cano había sido compañero de Vilas en el pasado, pero no poseían la química necesaria como pareja de dobles. Se necesitaba alguien un poco más cercano en nivel, casi a la par. Y ahí fue donde apareció José Luis Clerc.


Había, en el entorno de la Selección, una peculiaridad: Vilas y Clerc no se dirigían la palabra, pero aun así, jugaron dobles.

No se conocen con exactitud las razones ni el origen de este conflicto. El choque de personalidades y el hecho de que muchos comenzaran a compararlos quizás fue una de las razones de un distanciamiento temprano que, al final, no mermó el rendimiento de ambos en su búsqueda de esa ansiada ensaladera plateada que les llevó décadas conseguir. Por sobre toda discrepancia, ambos luchaban por los colores de su país; tenían un objetivo en común y aunque no bastaba para olvidar las amarguras, era suficiente para que pusieran su foco en lo que verdaderamente les importaba.

En las semanas que antecedieron la famosa final en Cincinnati, Connors no se encontraba en Estados Unidos, por lo cual el equipo argentino corría con algo de ventaja. El equipo estadounidense contaba con la mejor pareja de dobles del mundo: John McEnroe y Peter Fleming. Vilas abrió la serie perdiendo contra el número 1 del mundo, pero Clerc logró derrotar a Roscoe Tanner. Al día siguiente llegó el partido de dobles: Vilas y Clerc tuvieron una actuación brillante, pero perdieron en cinco sets contra los norteamericanos. El partido fue tan reñido que McEnroe, en una búsqueda por desestabilizarlo a Vilas, lo insultaba cuando estaban en la red para ponerlo nervioso. Tal era la desobediencia del americano que obligó a la pareja argentina a presentar una queja formal con el árbitro. 

Lamentablemente, los juegos mentales del seis veces campeón de Grand Slam surtieron el efecto deseado descolocando al marplatense: en el quinto set, la dupla McEnroe-Fleming ganó por 11-9, un fiel reflejo de lo apretada que fue la batalla. Una victoria les habría dado el pase para alzar la ensaladera. Al día siguiente, Clerc no pudo vencer a McEnroe y perdió el partido en el quinto set. Después de eso, Vilas y Tanner ya no tuvieron que enfrentarse: el premio internacional mayor ya se les había escapado de las manos. 

La Sub 18 de Racing: un orgullo del Tita

Por Tobías Agostinis

Elena Margarita Mattiussi, más conocida como Tita, fue una mujer que trabajaba dentro de Racing Club y dedicó tiempo, pasión y amor a todos los que convivían en el día a día del equipo de Avellaneda. Ella era la encargada de la pensión del club y, por ende, una figura materna para la mayoría de los jugadores que la habitaban.

En 1999, hinchas de “La Academia” impulsaron y construyeron un nuevo predio para que sus futbolistas juveniles pudieran tener un espacio propio para entrenar y, en homenaje a la huella imborrable que Elena había dejado en la institución, el espacio lleva el nombre de “Predio Tita Mattiussi”.

Cuna de grandes talentos, el Predio Tita dejó en lo más alto a Racing y al país, una vez más. Los chicos de la Sub 18 (jugadores de las categorías 2008 y 2009) viajaron a España para disputar el Mundial de Clubes Juvenil y finalizaron en la segunda posición del torneo, ya que cayeron 1-0 en la final ante el Barcelona. 

Realizaron un torneo impecable, con fútbol asociado, dotes de potrero y amor a la camiseta. Le ganaron al Sevilla (2-1), al Corinthians (1-0) y a Pogba Academy (4-1) en fase de grupos; al Real Betis (5-4) en cuartos de final y al Real Madrid (2-1) en las semifinales. Sí, al Real Madrid en semis. 

A lo largo del Mundial, los chicos que defendieron la camiseta celeste y blanca dejaron el alma en cada pelota y merecieron volver a Avellaneda con el trofeo, pero en este deporte, lamentablemente, en muy pocas ocasiones se premia el merecimiento. Los dirigidos por Matías Martínez se vieron en desventaja en el marcador tan solo 11 minutos durante todo el torneo.

La final era “La Masía” contra “El Tita”, “Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Gerard Piqué, Lamine Yamal” contra “Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez, Diego Milito, Lisandro López, Luciano Vietto”; la localidad de “Les Corts de Sarriá” frente a la de “Avellaneda”. Choque de potencias en sus respectivos países.

“La Academia” se caracterizó en el último tiempo por prestar mucha atención a sus inferiores. Hay infinidades de nombres que debutaron en la primera de Racing. Además de los mencionados anteriormente, Juan Musso, los hermanos Zuculini (Franco y Bruno), Matias Zaracho, el colombiano Roger Martínez, entre otros, desarrollaron sus divisiones juveniles en el Tita y cumplieron el sueño de debutar profesionalmente en el conjunto campeón del mundo en 1967. 

De estos futbolistas que disputaron el Mundial Juvenil hubo grandes destacados, como Erik Florentin, el número diez que le tiró un caño de arrastrada a un defensor del Real Madrid; Benjamín Fisher, habilidoso atacante; Bautista Pérez, volante central que ya es pretendido por varios clubes europeos, y Aquiles Mansilla, quien fue el goleador racinguista en la competición.

Miguel Gomis también es una pieza clave, no solo en el desempeño de esta Sub 18, sino en lo que es el Predio Tita Mattiussi y el prestigio que conserva actualmente. Fue coordinador de inferiores entre 1979 y 2008, gran descubridor de talentos, parte fundamental de la sexta división campeona en 2004 (primera que se consagró a partir de la creación del Tita) y en 2019 (último título en los torneos juveniles de AFA). Dentro de Racing se valora mucho el trabajo, dedicación y compromiso que le brinda a las divisiones menores. 

En la Acadé prevalece un sentido de pertenencia enorme con todos los jugadores que pasan por el complejo. Un ejemplo de esto es que se colocó una pantalla gigante en el predio para que todos los chicos de las distintas actividades que se realizan pudieran ver y alentar a los futbolistas de la Sub 18 que estaban disputando la final del Mundial ante Barcelona.

Elena, desde donde quiera que esté, debe estar muy contenta con el desempeño de su querido Racing en este torneo y de la contención que se le brinda a cada uno de los futbolistas que surgen del club. 

Hay una bandera muy característica que dice “…Y Tita siempre está”, y que tanta razón tiene. Tita siempre está. Y siempre estará para alentar a su amado, respetado y apreciado Racing Club de Avellaneda.

Felipe Loyola, el desorden en la cancha y el orden en la mente

Por Agustina Lamenti

El pasado 8 de marzo de 2025, Independiente se enfrentaba a Godoy Cruz por la fecha 11 del torneo Apertura. Ya había caído la noche en el Libertadores de América cuando Felipe Loyola vio la pelota entrar en el arco rival, luego de salir disparada desde su propio pie, y corrió al córner más cercano. Desde la primera fila de la Santoro baja hasta el piso más alto de la cuarta garganta, los hinchas rojos lo esperaban desesperados. El chileno saltó y sus piernas volvieron a pisar el pasto separadas, mientras él miraba al público que gritaba el primer gol del 4 a 0. Flexionó los brazos y con los dedos índices se apuntó la cabeza mientras sostenía una sonrisa de orgullo. Ese festejo, que ya se volvió costumbre en el resto de sus goles, albergaba la fuerte mentalidad del todocampista ya formado.

Los todocampistas son muy solicitados gracias a su condición física, visión del juego y habilidad técnica para cubrir la cancha de un área a la otra, box to box, como se les dice en Inglaterra. Estos jugadores, además de su potencia y habilidad en defensa (recuperación de la pelota, pases en su propio campo) y en ataque (goles, asistencias, pases en campo rival), son los que mayor cantidad de terreno abarcan durante un partido. Los mapas de calor de un box to box comparados con los de un mediocampista tienen una presencia que se extiende por todo el campo de juego. Por eso adquirieron el nombre de todocampistas.

Felipe Ignacio Loyola nació el 9 de noviembre del 2000 en Santiago de Chile y debutó en primera el 25 de septiembre de 2020, como jugador de Fernández Vial. Se habla mucho de los jugadores que nacen con el talento y destacan desde las inferiores. Aquellos que los hinchas piden enérgicamente y los técnicos y dirigentes se apresuran a hacer debutar en primera. Tal es el caso del joven todocampista Jude Bellingham, que el 6 de agosto de 2019, a sus 16 años, debutó en la segunda división de Inglaterra con el Birmingham City. 

Pero otras veces el sol cocina lento, y Loyola lo acepta. El adolescente chileno, con el pelo teñido de color ámbar, empezó a intentar ganarse un lugar en las inferiores de Colo Colo como central en 2019. No destacaba en el equipo por sus habilidades técnicas, pero tenía claro lo que quería y estaba dispuesto a trabajar para conseguirlo. Eso lo hizo sobresalir. Quería jugar en cualquier posición y estaba dispuesto a acomodarse a las necesidades del equipo. Sin embargo, Colo Colo no le tuvo paciencia y lo soltó. Loyola dijo adiós y creció. Partió en 2021, con 20 años de edad, rumbo a un nuevo club. 

En Fernández Vial, “Pipe” Loyola empezó a desarrollarse por ambas bandas y a expandir sus habilidades a lo largo y ancho de la cancha. Si bien era bueno en cualquier posición del mediocampo, tanto en su nuevo club como con posterioridad en la selección de Chile se consolidó como lateral derecho. Loyola rotaba por diversas posiciones y ganaba versatilidad, pero aún le faltaba potencia y orden. “Era desordenado en la cancha. Tácticamente sorprendía porque llegaba a las dos áreas, pero desordenaba la estructura del equipo”, explica Manuel Crespo, jefe de inferiores de Colo Colo de 2017 a 2019.

“Hay que tener cabeza para jugar de sexto hombre en básquet”, dijo Oscar “Huevo” Sánchez, primer entrenador de Ginóbili, sobre Manu en una nota para La Nación en 2018. Y esa función cumplió Loyola cuando llegó a Huachipato en 2023: jugar de lo que faltaba. Pasó de estar seis meses sin jugar a ganarle el puesto a Joaquín González, el lateral derecho titular. El crecimiento futbolístico que tuvo Loyola, que luego despertó el interés de Independiente, se lo ganó a base de trabajo y esfuerzo.

Salió de Huachipato hacia Independiente en 2024 convertido en un todocampista total. Desde que llegó al Rojo en 2024 marcó la diferencia. Hizo nueve goles y dio seis asistencias. De los 54 partidos que jugó, 48 los disputó enteros y eso demuestra lo fundamental que es Loyola. “Pipe” logró un desorden ordenado, un equilibrio que le permite aparecer donde su equipo lo necesita sin salirse de la estructura. Es una “tromba que por donde pasa arrasa”, como lo describe Santiago “Lechu” Rodríguez, gerente deportivo de Huachipato.

Loyola, a sus 24 años, contagia su intensidad futbolística y mental al equipo. Con predisposición al trabajo y esfuerzo logró convertirse en un todocampista completo. Pasó de ocupar el lugar del jugador “que falte” a ser indispensable, entrenando su mente con la misma fuerza que su físico. Para Felipe Loyola todo está en la cabeza. Es su filosofía y lo señala en cada gol.

Mainero, su mentalidad ganadora y ser campeón como recompensa

Por Sebastián Cura

La familia todavía conserva la famosa bicicleta amarilla en la que Guido Mainero pedaleaba rumbo a sus entrenamientos en las inferiores de Instituto entre los 7 y los 19 años, en el barrio Juan B. Justo, Córdoba. Durante las seis cuadras hasta el predio La Agustina, los vecinos veían al enfocado Mainero en la búsqueda del sueño de convertirse en jugador profesional, mientras pensaba en las piezas metálicas que estamparía más tarde en la fábrica de juntas y arandelas La Americana, la que le enseñó la constancia, el esfuerzo y la humildad.

Antes de su debut como profesional en Instituto, el 5 de noviembre de 2014 a sus 19 años, Mainero no era muy constante en Quinta división y llegó a pensar en dejar el fútbol. Consiguió un trabajo mediante el Programa Primer Paso del gobierno de Córdoba, que ayudaba a los jóvenes a conseguir su primera experiencia laboral. Así, comenzó a trabajar en una fábrica de juntas y arandelas con 18 años, al terminar la escuela secundaria. El premio llegó en octubre, cuando, después de meses de esfuerzo, subió a Primera.

Su día tan esperado llegó. A las 17:17, en el estadio Leoncio Benítez, Instituto visitaba a Boca Unidos de Corrientes. El local ganaba 1 a 0 con gol de José Vizcarra. Mainero entró para cumplir su sueño de ser futbolista: después de altas y bajas, el cordobés hacía su debut profesional. Ingresó al minuto 17 del segundo tiempo por Gastón Machín. El gol de Marcos Aguirre, a los 37 del complemento, puso el empate. Pero una buena jugada individual del debutante terminó en un pase a Gustavo Gotti, quien sacó una bomba desde afuera del área para remontar de manera épica al minuto 47 y dar vuelta la historia. Fue un debut soñado para el pibe de 19 años que, no hacía tanto, dudaba de su futuro. En diciembre, Instituto le ofreció su primer contrato profesional y Mainero, ya oficialmente jugador de fútbol, cerró su ciclo como trabajador en la fábrica.

La temporada 2015/16 no fue buena para él: el entrenador Héctor “Chulo” Rivoira no lo tuvo en cuenta. La mentalidad de Mainero se resintió y volvió a pensar en dejar el fútbol profesional.

El sueño de ser futbolista muchas veces no se cumple, o tarda más de lo esperado. Pero todo llega para el que sabe lo que quiere. A los 21 años, Mainero contrató al entrenador deportivo argentino Francisco Arrietto para que lo ayudara tanto física como mentalmente. “Entendió que bajonearse no le iba a servir de mucho. Se comprometió, sumó el gimnasio. Su actitud cambió y fue más comprometida”, recuerda Arrietto sobre ese cambio de chip.

Comenzaron en abril de 2016 y, al mismo tiempo que entrenaba y trabajaba, el jugador hizo un curso del gobierno de Córdoba de monitoreo deportivo, que abarcaba temas como reglas del fútbol, psicopedagogía, nutrición, medicina deportiva y primeros auxilios. “Ese año terminó siendo muy lindo, trabajé y lo disfruté muchísimo”, recordó con emoción Mainero.

Su esfuerzo, finalmente, dio grandes frutos. Vélez lo compró el 1 de enero de 2018. El pase costó 400 mil dólares, una cifra baja pero digna de un jugador que, con 23 años, todavía tenía mucho por demostrar. El sacrificio de Mainero había valido la pena, pero no todo fue positivo: su paso por Vélez, Sarmiento, Defensa y Justicia, Deportes Iquique de Chile y su regreso a Instituto no estuvo al nivel que había mostrado en sus inicios. Sin embargo, el fútbol le tenía guardada una revancha.

El 1 de julio de 2024, Mainero llegó libre a Platense, que sostenía su lugar en Primera pero con un presente irregular. Un gran torneo del equipo llevó al Calamar a la final del Apertura 2025 contra Huracán. El 1 de junio de 2025, un Platense soñador buscaba conquistar el primer título de su historia. Del otro lado, un equipo que no era campeón desde 1973. A los 19 minutos del segundo tiempo, un tiro libre de Vicente Taborda encontró la cabeza de Rodrigo Herrera, que bajó la pelota dentro del área. Atento esperaba Mainero. Cuando vio la pelota picar, ni lo dudó: volea de media vuelta y al ángulo. Ese gol valió el primer título de la historia de Platense.

Trabajo y dedicación son las palabras que definen a Guido Mainero, quien dejó hasta su último aliento para lograr su sueño, su meta: algo que no muchos consiguen, pero que millones sueñan. Y aunque llegó un poco tarde, el fútbol le dio su recompensa. Mainero todavía conserva su bicicleta amarilla.

Pablo Vegetti: los goles llegan cuando deben

Por Tomás Solé

El domingo 30 de marzo de 2025, en una noche lluviosa pero calurosa, bien tropical, como es el clima en Rio de Janeiro, Brasil, se enfrentan Vasco da Gama y Santos por la primera fecha del Brasileirão. El partido está 1 a 1. Al minuto 78 suena el silbato. Dimitri Payet toma dos pasos de distancia y, a la carrera, acaricia la pelota desde un tiro libre en tres cuartos de cancha: centro al punto penal. Mientras la pelota cae y todos intentan desmarcarse, el capitán se saca un hombre de encima con un movimiento de brazos y ataca el espacio vacío en el área con un salto característico. La pelota toma la rosca justa, le alcanza su cabeza y, como si fuera un susurro al oído, la acomoda al otro palo. El número 99 corre hacia el banderín mientras el Estadio São Januário se viene abajo. Entre ruidos, planta sus pies en paralelo y, mirando a la tribuna desmoronarse, se tapa su ojo derecho con la mano derecha y levanta su izquierda. Un pirata de sangre acaba de ganar el partido.

Ese es Pablo Vegetti, delantero y capitán de Vasco da Gama, que a sus 36 años vive el mejor momento de su carrera. A los 30, cuando la mayoría de los delanteros piensan en el retiro, él recién empezaba a escribir su historia.

Fue en Belgrano de Córdoba donde encontró todo lo que le había faltado antes: confianza, continuidad y una tribuna que lo abrazó desde que llegó en 2019 de Instituto de Córdoba. Se convirtió en goleador, referente y pieza clave del ascenso a la Primera División en 2022. Metía goles, promedio de 0,54 por partido, ponía el cuerpo, hablaba en la cancha y tiraba del equipo cuando más lo necesitaban. Llegó al “Pirata”, impulsado por Guillermo Farré, técnico durante el ascenso de Belgrano, y en poco tiempo se volvió ídolo. “Si se queda, va a ser el mejor 9 del país”, dijo Farré en TNT Sports tras el ascenso.

Su gran salto fue en Belgrano, pero no sólo futbolístico. Facundo Affranchino, compañero en Instituto en la temporada 2018-2019, lo explica: “Se volvió obsesivo con los detalles, si algo le funcionaba, lo potenciaba. Era muy profesional ya que cuidaba el descanso, la alimentación, el entrenamiento y nunca se conformaba”.

Además, en una charla íntima con su amigo Affranchino, Vegetti confesó un detalle clave de su transformación: el nacimiento de su hijo, Vittorio, marcó un antes y un después. Desde entonces, manejó mejor la ansiedad, se enfocó más y empezó a controlar emociones que antes podían jugarle en contra. Ese cambio personal fue tan determinante como su preparación física.

Su debut profesional había llegado tarde, a los 24 años, en Villa San Carlos, un club de Berisso. En la temporada 2012-13 fue goleador del ascenso a la B Nacional, con 24 goles. Eso lo llevó en 2013 a Rangers de Talca, Chile. Pero no tuvo la continuidad ni el protagonismo que esperaba. Volvió rápido a Argentina, buscando minutos y revancha. Pasó por Ferro en la temporada 2014-15, Gimnasia La Plata, en dos etapas entre 2015 y 2017, Colón y Boca Unidos, donde incluso descendió en 2018. Todo parecía indicar que su carrera seguiría en la medianía, hasta que Instituto apareció en su camino. Ahí, con 30 años, firmó una gran campaña en su única temporada en el club en el segundo semestre de 2018: 15 goles en 23 partidos. Eso llamó la atención de Belgrano. “Las ganas y el profesionalismo que tenía eran distintivos”, recuerda Diego Cagna, DT suyo en Instituto.

Historias como la de Vegetti no son únicas. Goleadores como Germán Cano o Jamie Vardy también encontraron su mejor versión después de los 30 y tras ser padres. Pero Vegetti la tuvo todavía más difícil: debut tardío, años de pelear desde atrás, de buscar su lugar, hasta que encontró en Belgrano el escenario ideal para explotar. Ese escenario lo convirtió en ídolo y marcó su carrera.

“Es un auténtico líder. Se comunica y exige a todos al máximo”, cuenta Bruno Lazaroni, entrenador asistente actual en Vasco. Vegetti hoy grita goles, capitanea a uno de los grandes de Brasil y demuestra que, a veces, el fútbol da recompensa a los que trabajan y, sobre todo, saben esperar.

Algunos goleadores marcan su historia desde jóvenes. Y otros, como Pablo Vegetti, la escriben cuando están listos, o cuando simplemente los goles llegan.

Jorge Olguín, un campeón con historia: “Hay que defender a los clubes de barrio”

Por Diego Collado

Ex futbolista, pieza clave en el plantel que se consagró en el Mundial de 1978, repasa su conexión con el fútbol desde chico, sus años en San Lorenzo y la Selección, las enseñanzas que le dejaron Menotti y Zubeldía, su opinión sobre la política, los clubes de barrio y la realidad que vive el país.

A sus 73 años no lo verás ni de short ni corriendo en una cancha. Olguín lleva puestos unos clásicos jeans con un suéter azul eléctrico. La conversación se da en una cafetería con un clima casi primaveral en Ciudad Jardín, donde es vecino desde hace más de 18 años.

-¿Cómo fue tu infancia en Dolores y tu primer vínculo con el fútbol?

-Mirá, yo era muy chiquito, de esa etapa en Dolores no me acuerdo mucho ya que estuvimos muy poco. Mis viejos tomaron la decisión de ir a Mar del Plata en busca de mejores condiciones laborales. Mi padre consiguió trabajo que, casualmente, quedaba a dos cuadras de la cancha de Alvarado. Tengo un par de fotos de pequeño ya con una pelota; la tenía pegada (entre risas). No sé sinceramente cómo arrancó, pero me encantaba el fútbol y siento que nací para eso.

-¿Desde ese momento no te separaste más del deporte?

-El episodio más fuerte que tuve fue no poder caminar durante un año y medio; yo tenía unos 5 años. Me caí jugando a la pelota con mis hermanos, la pasé muy mal, me punzaban el hueso cada 15 días. Por suerte pasó y pude recomponerme. Eso fue por inquieto: me metía en cualquier club de barrio a jugar, de equipo en equipo, nunca cambié mi manía de jugar en cualquier lado.

-¿Cuándo llegó la oportunidad de mostrarte?

-Unos años después fui a ver a mi hermano que jugaba en Alvarado. Resulta que el partido no empezaba porque un jugador no había llegado. Él exclamó: “Pongan a Jorge”, pero le decían que no porque yo era muy chico, tenía 13. Los logré convencer y jugué. Cuando terminó el partido, el técnico de Alvarado me estaba observando, se comunicó con mi familia y les dijo que me esperaban el lunes en el club.

Empecé a entrenar con ellos y, al poco tiempo, me llegó todo de golpe. Se solían armar cuadrangulares entre la selección de Mar del Plata, Rosario Central, San Lorenzo y Quilmes. Hablaron con la gente del club y me querían llevar a probarme. ¡Me decidí por el Ciclón!

-¿Cómo fueron las idas y vueltas para consolidarte en el plantel?

-Viajé y estuve de prueba un año; no sabía eso, pensé que ya era permanente. A los 19 años, tras un tiempo en la reserva, debuté en primera. Mi familia siempre me apoyó.

Cuando sentía que todo iba a la perfección, el presidente me comunica que quería que volviera a Mar del Plata porque no iba a ser tenido en cuenta tras la llegada de Osvaldo Zubeldía. Le dije: “Escúcheme, yo no me voy a ir; que eso me lo diga él en la cara”. Finalmente hicimos una gira por Europa y me probó en todos los puestos: de 3, de 4, de central… ¡me volvió loco! Gracias a su llegada me mantuve en el club.

-¿Tu primer sueldo?

-Lo invertí en una casita en Ituzaingó para poder traer a mi viejo. Estaba tranquilo y feliz con esa decisión, era una satisfacción demostrarle lo que logré.

-¿En medio de tanto fútbol, cómo llegó el amor a tu vida?

-En una gira por el interior conocí a mi señora. Ella estaba por venirse para Buenos Aires, ya que vivía en un pueblo chiquito de Córdoba. Cuando vino la ayudé con los gastos para que se quedara y, desde ese entonces, fue mi gran compañera.

-¿Cómo se dio tu llegada a la Selección Argentina?

-En el 76, el Flaco (Menotti) pasaba por los clubes y dejaba un listado para que los técnicos escribieran cuál de sus jugadores podía estar en la Selección. En el clásico con Huracán lo vi a Zubeldía raro, me gritaba de todo. Al finalizar me dijo que era para que me cuidara, que al día siguiente me iban a llamar para la Selección. ¡Le dije que estaba loco!

Al día siguiente suena el teléfono en casa, atiende mi mujer y me dice que eran de AFA. Ella no entendía nada y yo, en el momento, tampoco. Me avisaron que estaba citado, no lo podía creer. Fui y me pusieron a entrenar como regalo de bienvenida.

-¿Cómo era tu relación con Menotti?

-César era un loco lindo. Si bien discrepamos en algunas cosas, era alguien extraordinario. La cabeza le volaba: él buscaba a toda costa saber cuál era el distintivo de cada uno para mejorarlo y potenciarnos mutuamente. Un día nos dio a elegir entre la Selección o el equipo: “Si ustedes le dan prioridad a su equipo, no serán tenidos en cuenta”, exclamó.

-¿El recuerdo más lindo que te quedó del Mundial?

-Que estábamos seguros de poder luchar hasta el último segundo y que no había problemas entre nosotros. Pensar para adelante, más allá de si te tocaba jugar o no, eso nos ayudó mucho más. Para el Mundial siguiente, toda esa unión se rompió.

-¿Por qué?

-Teníamos la cabeza en otro lado. El Flaco se equivocó. Si vos estás en guerra y tenés a tu familia en el país, ¿te vas a ir a jugar a la pelota? Cuando veíamos el noticiero decían que en Argentina iban a tirar bombas, no se podía jugar con eso en la cabeza. Comentaban que íbamos ganando la guerra… ¿Ganando? Era una cosa de locos.

-¿Creés que no fueron tan valorados después de ganar el Mundial?

-Sí, todos lo sentíamos así. Yo creo que nunca se tomó dimensión de lo que vivimos. Buscamos, a través de eso, darle una alegría a millones de argentinos que no la estaban pasando bien por la situación del país.

-Contame de tu etapa como técnico.

-Arranqué con una escuelita en Ituzaingó en la cual estuve 7 años. Nunca pensé que iba a tener tantos chicos, agarré el envión enseñándoles cómo jugar, cabecear, patear… lo antiguo pero lo más necesario. Luego de esa etapa ya quería probar un plantel profesional. En 1989 tenía que hacer el curso de técnico, pero con Grondona en ese momento no hizo falta.

Un conocido me comentó que buscaban un técnico en Japón. El equipo era un desastre, hacía 5 años que no ganaban un partido, iban últimos y ¡aun así los aplaudían! Llegué solo allá, no me dejaban llevar a nadie; mi ayudante era japonés.

-¿Cómo hacías para comunicarte?

-Había unos chicos del cuerpo técnico que me daban una mano, ¡menos mal!

-¿Cómo terminaron el campeonato?

-Quedamos terceros, ¡se nos escapó en la última fecha!

-¿Qué es lo que más te sorprendía de ellos y su cultura?

-Lo educados que eran. Todo lo que les decías, lo hacían caso sin decir nada. Buscaban siempre la perfección.

-¿Retomaste hoy la escuela de técnicos? ¿Sentís las mismas ganas?

-Lo uso como un pasatiempo. En el club del barrio (AFALP) pusimos algunos carteles adelante, no es algo fijo. Me llevó tiempo conseguir el espacio y todo el papeleo necesario. Hablé con el intendente (Diego Valenzuela) y me dio una mano. Estamos buscando mejorar las instalaciones para una mejor experiencia.

-Si no hubieras sido futbolista, ¿qué hubieras sido?

-No, nada. ¡Menos mal que me salvó ser bueno en la pelota! Tuve negocios pero no se me dieron nunca bien; hay muchas cosas que pasan y uno no se las espera.

-¿Seguís consumiendo fútbol como espectador?

-Sí, ya no sé a quién más mirar, me encanta. Si no me gusta a esta altura, ¡estamos complicados! (dice riéndose).

-¿Un día cotidiano en tu vida?

-Nada del otro mundo, tranquilo como quiero estar. Disfruto con mi señora, mis hijos, mis nietos, los pequeños detalles.

-Pasaste por muchas etapas del país: dictadura, democracia, crisis económicas. ¿Hoy en día cómo estamos?

-Mal, horrible, con todo lo que le está pasando a la gente, insólito. Yo la verdad que nunca vi un presidente como este en cuanto a la forma en que se maneja. Los anteriores serán buenos o malos, pero no de una manera como esta. Dice que no hay plata y anda viajando a cualquier lado, arma y desarma las cosas como si no afectara a todos los argentinos. Lo que no entiendo es a los diputados, pero viendo lo que cobran… se ve la razón de sus votos. Es una pena, la verdad, porque hay mucha gente que se ha quedado sin nada. A los jubilados los están matando, yo no entiendo.

-¿Cuál es tu ideología política?

-Siempre fui peronista, lo heredé de mi viejo, pero actualmente no veo a nadie con ningún parecido. Este gobierno no va a tener oposición.

-Relacionando el deporte y la política, ¿SAD o clubes de barrio?

-Hay algo que me fascina y son los clubes de barrio. Hay que dejarlos y tratar de hacerlos lo mejor posible. Hay que ayudar, manifestar y defender eso del que alguna vez todos fuimos parte.

El legado del Campeón del Mundo refleja el esfuerzo, la humildad y la perseverancia para llegar a lo más alto.

La leyenda de José Luis Páez: “El mejor de la historia”

Por Matias Cuesta

En los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el gobierno de España impuso como exhibición el hockey sobre patines, deporte madre en el país con, hasta el momento, 18 Mundiales. El 7 de agosto de 1992, Argentina enfrentó por la medalla dorada a la anfitriona, que llegaba como favorita. Pero no pensaron que José Luis “El Negro” Páez haría un partido espléndido, echándose, no solo al equipo, sino también a un país entero en su espalda. En el tiempo regular convirtió tres goles e hizo una asistencia en lo que era la victoria argentina por 5 a 2. Parecía campeón, pero España convirtió tres goles en un minuto y provocó el alargue. En el tiempo suplementario, Páez convirtió un gol más que concretó la victoria de Argentina 8-6 sobre España en la única final olímpica por una medalla de oro en la historia del hockey sobre patines. Por eso el Negro Páez es una referencia para el deporte a nivel mundial, pero en lo nacional es un ídolo para todos los que alguna vez soñaron con practicarlo de modo profesional.

“El mejor jugador de la historia”. Título que lleva a una discusión. No es el único considerado como el mejor de la historia. Uno de ellos, el portugués Antonio Livramento, inició su carrera de hockista a los 15 años en el Benfica. Tres años más tarde ya formaba parte de la selección de su país. Fue tal su juego que cuando falleció, en 1999, lo compararon con Pelé: “Murió el Pelé del hockey sobre patines”, tituló France Express, agencia de noticias. Esa publicación motivó el siguiente comentario: “¿No sería antes Pelé el Livramento del fútbol?”. Eso lo resume todo.

 

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Páez es comparado con dos argentinos que son reconocidos a nivel mundial. Francisco Velásquez, apodado Panchito Velázquez, comenzó a los cuatro años en Social San Juan y a los 18 ya se fue rumbo a Italia, previo a su llegada al Barcelona (1997-1998). Pero fue en el Benfica (2000-2003) donde consiguió sus mejores rendimientos. Daniel Martinazzo, surgido de la Unión Estudiantil de San Juan. Era tal su talento, que ya con 13 años integraba la Selección Sub 19 de la provincia. Ganó en siete ocasiones el Campeonato Argentino, pero su gran título fue el Campeonato del Mundo de 1978, el primero para la Selección Argentina en el hockey sobre patines.

Páez fue diferente a todos. Surgió de Concepción, el club más grande y con más historia de San Juan, de donde se fue a los 17 años rumbo a Italia en 1987 a jugar en el Roller Monza. Allí obtuvo tres Ligas, dos Copas Italia y dos Recopas Europeas de Clubes, título que jugaban los campeones de las copas nacionales de Portugal, España e Italia. Luego estuvo en Barcelona, entre 1994 y 2007. Siete Copas de Europa y once OK Ligas son solo la portada de sus logros con la camiseta blaugrana, donde se coronó con 44 títulos y pasó a ser un ídolo de la institución. Pasó a Reus (2007-2012), donde celebró una OK Liga, una Copa Continental y un Mundial de Clubes al Barcelona, su antiguo club. Se retiró en Suiza con la camiseta del Friedlingen en 2013. Además, con la Selección Argentina es dos veces campeón del mundo, 1995 y 1999.

Pero Páez no solo es considerado como jugador, sino también como técnico. Desde 2018 dirige a la Selección Argentina. Ganó el Mundial en 2022, al vencer a Portugal 4-2, y un Panamericano en 2024. Es estricto y exigente, se enfoca más en la atención, en la precisión y en la toma de decisiones de los jugadores. El 16 de junio de 2025, El Negro Páez organizó en Buenos Aires un entrenamiento, en la pista de Vélez, con jugadores porteños convocados por él. Estuvo presente Ramiro Serra, actual jugador de Vélez, que comenta sobre el entrenador: “Es una persona que tiene mucha experiencia, obviamente por los clubes donde jugó. Me quedaría días entrenando con él, para que me corrija todos mis errores”. También analiza la forma en la que Páez afronta los entrenamientos: “Te corrige mínimas cosas que solo ve él, que al final terminan siendo importantes acá en el hockey porteño, que te pueden ayudar a marcar la diferencia. Es un muy buen entrenador”.

A José Luis Páez se lo valora por sus goles, títulos y apariciones importantes. Pero no se veía todo lo que había por detrás, cómo se desarrollaba en los entrenamientos. Lo contó Roberto Roldán, quien compartió como compañero en la Selección Argentina, Barcelona y los primeros años en Concepción, para EnJuegoSJ, un programa de radio de San Juan: “José era el primero en llegar y el último en irse en todos los entrenamientos; íbamos juntos aparte al gimnasio y dejaba su vida por el hockey”. Pero Roldán culminó esa entrevista con una frase que describe a la perfección a José Luis “El Negro” Páez: “En la técnica y como jugador, extraordinario. Pero como compañero, mucho más. Por eso creo que es el mejor jugador de la historia”.