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Nicolás Russo: “Lanús está creciendo a pasos agigantados hace 40 años”

Por Matías Moroni y Tomás Orlando

“Orden contra desorden, gana el orden”. Con esa premisa como bandera, Nicolás Russo analiza el presente de un Lanús que no solo levanta copas, sino que se consolida como el modelo a seguir en el fútbol argentino. Tras la reciente consagración, él se dispone a desglosar las claves de una gestión que combina la pasión del campeón con la frialdad de los números: desde el trabajo de sus inferiores y el sistema de scouting, hasta su firme postura sobre los derechos de televisión y el polémico formato de 30 equipos. Una charla a fondo con el hombre que entiende que, en el Granate, el crecimiento no es una casualidad, sino una causalidad.

El 22 de noviembre del año pasado, Lanús venció por penales a Atlético Mineiro en Paraguay, en la final de la Copa Sudamericana, hazaña que amplió en febrero, cuando conquistó la Recopa al imponerse, nada más y nada menos que ante Flamengo en el Maracaná. Al ingresar en la oficina de “Nicola”, la copa se posa sobre el mueble más alto de la habitación, erigiéndose como la figura dominante, la dueña de la escena. Frente a ella, desfilan las placas conmemorativas que el mentor de la conquista fue acumulando a lo largo de su gestión. El sol las ilumina de lleno y pareciera que el reflejo de cada una de esas preseas diera forma al dorado trofeo conseguido en Brasil. 

-¿El club se maneja diferente luego de salir campeón? ¿Se cambian algunas políticas? 

-No, las mismas políticas. El club está creciendo hace 40 años a pasos agigantados. A los de afuera les sorprende permanentemente el crecimiento que tenemos. Pero el crecimiento también te demanda ciertas cosas: profesionalizar áreas y tener gente capacitada en lugares que antes lo hacíamos los propios dirigentes. 

-¿Cómo se controla la euforia de ganarle al mejor equipo de América después de no desmantelar el plantel, ya que , solo vendieron a Castillo y tampoco trajeron jugadores en demasía, a pesar de los ingresos que han aumentado?

Los ingresos de la Copa son relativos. Entra mucho dinero, pero entre premios y los gastos que genera el torneo, se te va mucho aunque  sí te da prestigio y te cotiza a los jugadores. Después se debe mantener un equilibrio. No podés vender a todos los jugadores y meter la plata en el banco, vos tenes que seguir compitiendo. Nosotros vendimos a un solo jugador, que es Castillo, y se trajo a Valois, Lo que tenés que ser es competitivo, no siempre vas a ganar porque jugás contra rivales que quieren lo mismo que vos. Pero tenés que competir tanto como en el campeonato, la Copa Argentina y el torneo internacional que te toque jugar. El objetivo es que Lanús tenga un buen equipo sumado al equilibrio económico. 

– En relación con los refuerzos, ¿cómo funciona el scouting en Lanús? 

-Los scouts están para mirar diferentes jugadores y cuando nosotros requerimos tienen que tener varias variantes. Ellos te muestran, el cuerpo técnico mira y nosotros también opinamos, pero después tiene que cerrar lo económico. Hoy por hoy, ya está pasando en algunos clubes en Argentina, entre ellos, Huracán. Los jugadores del fútbol argentino cuestan muchísimo. Si vos querés comprar el 9 de Platense, tal vez, te piden 6/7 millones de dólares, imposible que Lanús lo pueda pagar. Con la política de dólar barato es más fácil traer un jugador del exterior. Al revés es cuando el dólar está caro. Gana más un jugador en Bolivia que en Argentina. Por eso en el mercado local es imposible traer. 

-¿Cómo pensás que se está manejando el torneo con los 30 equipos?

-Para mí, está bien. Lo más importante es que se arregló el tema de los play-off, que le da un incentivo importante. Los clubes chicos tienen la posibilidad de salir campeones, por eso los grandes no quieren los campeonatos cortos con 20 equipos y 19 fechas. Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo, que tienen un presupuesto mucho más abultado que los nuestros, quieren torneos largos porque con la cantidad de jugadores que tienen se terminan imponiendo. Yo acá lo veo bien, porque vos vas a los play-off y le tocó salir campeón a Platense, le tocará a Lanús, Argentinos Juniors, arranca un torneo nuevo. Estudiantes clasificó a último momento y salió campeón. 

-¿Y eso a vos te gusta? 

-Si, me encanta. Lo que no me gusta es que todo el mundo habla del fútbol español, cuando arrancan 20 equipos pero ya sabes que sale campeón el Real Madrid o el Barcelona y cada 100 años le toca al Atlético Madrid. Acá tiene la posibilidad cualquiera de salir campeón. No tengo problema con que sean 20 o 30. 

-¿Qué opinas que Estudiantes y River no se presenten a las reuniones del Comité Ejecutivo de AFA? 

-Yo no estoy de acuerdo con que no vengan a las reuniones de comité, ni RIver ni Estudiantes. Para mí es un error y no representan bien a su club. Porque vosteneés que estar y tomar las decisiones. Si te quedás en tu casa, las reuniones se van a hacer igual. 

-¿Se critica de más a la AFA? 

-Siempre se critica. Cuando hacés, te van a criticar. Hay algunas fundadas y otras infundadas. 

-En anteriores entrevistas comentaste que hay un problema con los derechos de televisación, ¿cual es el inconveniente?

-Ahí tenés dos ítems que debemos modificar. Primero, están las apuestas deportivas que utilizan el nombre de los clubes y nosotros no cobramos nada, es una locura. Nosotros tendríamos que prohibir que nuestro nombre esté sin que recibamos nada. Yo no estoy de acuerdo con el juego, pero si está, tenemos que cobrar, y no cobramos nada. Por otro lado, hay un ítem que es el pack fútbol. A la gente le aumentan el cable pero el pack fútbol no aumenta nada. ¿Qué hacen ellos? Te lo aumentan poco ASÍ  te pagan menos a vos, pero el cable lo aumentan igual. Entonces, hay que modificarlo. Pero más allá de eso, hay que llevar una idea superadora. Yo creo que el torneo debe ir al calendario europeo y tanto como en Navidad y en año nuevo jugar. Un día fueron las figuras de la liga inglesa a protestar, y les dijeron: “Muchachos, nosotros si jugamos en Navidad y Año Nuevo cobramos 300 millones de euros más”, no se discute más. La realidad es que la gente en esas fechas no tiene qué ver, y si hay fútbol, toda la familia estaría en casa viéndolo. Es increíble el rating que tiene. Hay miles de cosas que hay que arreglar, porque también tenemos que tener ingresos adecuados. Un club como Lanús en Argentina no puede cobrar 3 millones de dólares de derechos de televisión y en Chile un club chico cobra 4 millones, una barbaridad. 

-¿Y eso en quién recae? ¿En las empresas que tienen los derechos? 

-Nosotros cuando firmamos el contrato de televisión lo hicimos con un revólver en la cabeza. Macri nos volteó el Fútbol Para Todos y estuvimos 6 meses sin cobrar televisión. Tuvimos que aceptar esa cláusula. Si no, no teníamos plata para los sueldos. 

-Lanús en inferiores es un modelo en el fútbol argentino. ¿Qué hacen diferente a otros clubes? 

En el fútbol juvenil e infantil tiene que ver mucho el club, pero también la ubicación geográfica. Vélez está en una ubicación estratégica y recibe jugadores de todos lados. Lanús está bien pero tiene mucha competencia. Nosotros hacemos un rastreo de 100 kilómetros a la redonda de todos los baby fútbol. Vos vas a Córdoba y no es como acá, tenés que ir a los pueblos. Es distinto. 

-¿Existe la política de no incorporar para no tapar juveniles? 

-Sí. Cuando arrancamos esta gestión, lo que es fútbol, dijimos que íbamos a incorporar lo justo y que sea medianamente bueno. La verdad, que si vos ves lo que fuimos incorporando de enero de 2025 a hoy, no nos podemos quejar. Marcich, Canale, que volvió, Guidara, Sepúlveda, Petroli, Castillo, son jugadores que han rendido. Después están los Canelo, Ramírez, que son jugadores que tienen una función, la de aportar experiencia, y terminaron jugando la final de la Sudamericana, jugaron un montón de partidos. No todos los jugadores vienen a ser titulares. 

-¿Es una política de Lanús creer en un proyecto a largo plazo con los directores técnicos? 

-Cuando contratamos a Pellegrino le dijimos que nuestra intención era que estuviera tres años en el club. Hay un montón de variantes, los contratos son anuales y al técnico le pueden venir ofertas desde Europa que acá son impagables. De hecho, cuando ganamos la Sudamericana la selección peruana le ofreció un contrato cuatro veces mayor al que tiene acá, pero él prefirió quedarse. Tenemos cerrado hasta diciembre y la intención nuestra es que siga un año más. Esto es muy particular pero yo creo que tres años es lo justo para que el cuerpo técnico esté en un equipo de primera porque es muy desgastante la relación del día a día con los jugadores, para el técnico, el preparador físico, etc. Ir a otro club es iniciar otro desafío. 

-¿Por qué crees que en la mayoría de los clubes los técnicos no llegan a los tres años?  

-Los clubes son todos distintos. En Lanús tratamos de estar ordenados y organizados. Yo tengo una frase que aprendí ni bien empecé en el fútbol: orden contra orden, gana el mejor, orden contra desorden gana el orden y Lanús es un club ordenado, pero en todos no pasa lo mismo. Hay muchas exigencias y presiones. Lanús perdió el otro día 1 a 0 y yo que no suelo mirar redes, miré. Entré a la página del club y había 65 comentarios, 64 eran críticas y eso que venimos de salir campeones hace un mes. 

-¿Y cómo se consolida una gestión tan duradera? Porque desde 2009 que ustedes están acá y no hay oposición.

-Haciendo buenas gestiones es difícil que se genere oposición. De hecho, en la última elección en 2009, ganamos 89,7% a 11,3%, al otro día se sumaron a trabajar con nosotros. ¿Qué hicimos? Nos tocó ganar y los invité a laburar a los que perdieron, que eran un 10 por ciento. Acá hay cinco agrupaciones reconocidas que tienen participación en comisión directiva. También es muy importante lo que ocurre en Lanús, que es que el socio, con un año de antigüedad, viene a la asamblea y tiene voz y voto. En la mayoría de los clubes los que votan son los asambleístas ¿Y sabés quién tiene la mayoría? El oficialismo, entonces la gente no se puede expresar y eso genera movimientos. 

-¿Cuál fue el mejor Lanús que viste? 

-Na, todos fueron buenos equipos. El de Ramón Cabrero fue un fenómeno, el de ahora es otro estilo pero muy buen equipo y gana cosas importantes. A los ojos, el que fue una maravilla fue el de Almirón de 2016, los primeros seis meses.

PATRIA POTESTAD: UN CONCEPTO ERRADO

-¿Y con el tema de que si un jugador se va con la patria potestad de su club supuestamente no puede ser convocado para la selección? 

-Primero, la patria potestad no tiene nada que ver ahí. Está mal el título. Ahí te encontrás con un problema, está bien lo que hace la AFA, de que si el jugador se va sin el consentimiento del club que no lo convoquen. A vos los jugadores te los pueden robar hasta internamente. Un jugador de 15 años  que no tiene contrato y que está jugando en Lanús, si Boca quiere se lo puede llevar, pero AFA, con un buen trabajo de Tapia, te cubre y no te permite la transferencia. Entre clubes argentinos no te lo permite. Ahora, mañana viene un club uruguayo a llevarse a un jugador sin contrato y se lo lleva. ¿Cuál es el inconveniente que yo veo que hay que corregir? Más allá de esto que hace bien la AFA, vos hasta los 16 años no podés firmar contrato. A esa edad está bien que firmes contrato, pero te ponen un tope de tres años, y si tenés 18 podés firmar por cinco. Acá, a los 16, los pibes votan. Las federaciones más perjudicadas son la CONMEBOL y la africana, hay que presionar para modificarlo y que sean cinco años. Vos pensá que un pibe que cumple años en agosto de 2026, le tenés que firmar contrato hasta diciembre de 2028 lo que son dos años y tres meses. El pibe no está jugando en primera, pero debuta y empieza a andar bien, no te firma más y en un año te queda libre, por eso tenés que firmar por cinco años. Y la otra engaña pichanga es que si el jugador no tiene 18 puede jugar solamente en su país de origen. La legislación está hecha para los europeos que son los de guita. Por ejemplo, acá se llevan a Benjamín Garre, un jugador de Vélez, a los 15 años va al Manchester City y a los 16 firma contrato. El jugador era argentino pero tenía pasaporte italiano, entonces los tipos dijeron que podía firmar contrato. A los 18 está perfecto que sea, pero ahora, ¿cuando vivió Garré en Italia? Nunca. Entonces FIFA debe modificar eso, que cuando el jugador que no tenga dos años de residencia en ese país, por más que tenga pasaporte no pueda jugar.

En ese equilibrio entre ambición y método, entre la épica del campeón y la lógica de la gestión, Lanús encuentra su identidad. Lejos de los golpes de efecto y las urgencias del corto plazo, el club se sostiene sobre una estructura que no negocia sus principios. Russo no habla de milagros ni de rachas: habla de trabajo, de planificación y de convicción.

Mientras otros persiguen resultados, en el Sur los construyen. Y aunque las copas brillen en lo más alto de su oficina, no son un punto de llegada, sino una consecuencia. Porque en Lanús, como repite su presidente, no hay secretos: cuando el orden se enfrenta al desorden, casi siempre gana el orden.

López y Wenner, relatos de otra época

Por Bruno Bellizzi

La visita de dos ex futbolistas de las décadas del 60/70 a una clase de Deportea permitió reconstruir, a través de sus testimonios, una forma distinta de vivir y entender el fútbol. Oscar López y Adolfo “El Polaco” Wenner compartieron sus experiencias en una entrevista con estudiantes de periodismo, en la que repasaron sus trayectorias, las condiciones de juego de la época y las diferencias con el presente.

Oscar López se definió como un delantero un poco distinto a los de su época, más técnico que goleador y con tendencia a retroceder en el campo para participar del juego. Explicó que si bien él se reconoce nueve, no cumplía el rol clásico de punta, ya que se movía desde atrás y compartía ataque con otros delanteros. Recordó que buscaba ubicarse cerca del mediocampo, precisamente cerca del volante central rival, para encontrar espacios y jugar con mayor libertad.

Durante su pasó por el fútbol argentino, López destacó su etapa en Deportivo Morón, donde valoró a sus compañeros. Mencionó su sociedad con Gerónimo Gigliani, un jugador creativo, un diez clásico. También recordó un gol que le convirtió al histórico arquero de River, Amadeo Carrizo, al que consideró uno de los más importantes de su carrera.

En su relato aparecieron las dificultades del ascenso, como el estado de las canchas y el clima hostil. Indicó que escenarios como el de San Telmo eran complejos, no solo por el estado de la cancha sino también por los insultos constantes y la ubicación de la misma, en la Isla Maciel. A pesar de eso, aseguró que nunca sintió temor dentro del campo.

López también se refirió a su paso por Colombia, donde jugó durante un año. Explicó que su experiencia en Atlético Nacional le permitió una mejora económica importante. Señaló que gracias a eso pudo construir su casa. Sin embargo, sostuvo que el equipo tenía un estilo más individual que colectivo, aunque valoró el nivel general.

Por su parte, Adolfo Wenner describió una carrera marcada por el esfuerzo y el trabajo paralelo. Indicó que, durante gran parte de su trayectoria, “debía trabajar por la mañana, porque los ingresos en el ascenso no eran suficientes”. Recién en Quilmes logró una mejora económica, aunque nunca dejó sus otras responsabilidades.

El ex arquero recordó sus inicios en el potrero y su paso por clubes como Racing y San Telmo. También mencionó el servicio militar obligatorio, al que responsabilizó por un deterioro físico. Destacó partidos importantes como un triunfo ante Lanús en 1975 y el ascenso frente a Platense. Ambos momentos fueron centrales en su carrera.

Finalmente, ambos reflexionaron sobre las diferencias con el fútbol actual. Coincidieron en que “antes se pegaba más, pero también había más espacio para los habilidosos”. También opinaron sobre el rol del VAR, y compartieron que el fútbol siempre fue un juego de picardía. Aunque reconocieron la calidad actual, los dos creen que hoy se juega muy rápido con un ritmo más frenético y donde el habilidoso con la pelota abunda menos.

Leandro Paredes: solo el amor con amor se paga

Por Gabriel Milian Scuri

Carlos Bianchi vive su última etapa en Boca. Al igual que Juan Román Riquelme, que es el diez y capitán del equipo. Desde la línea, justo al lado del Virrey, mira atentamente Leandro Paredes. Un producto de las inferiores del Xeneize. Otra joya del fútbol argentino y su fábrica de estrellas. El joven disputó un puñado de encuentros con la camiseta azul y oro antes de partir a Europa. Pero tenía algo claro: volvería.

Luego de doce años en el viejo continente, con varios partidos en el seleccionado argentino encima, dos Copa América y un Mundial conquistados, retornó al barrio de La Boca para que La Bombonera lo ovacionara. Un día de semana y a la noche.

Deportivamente, Paredes no le había dado nada a Boca. Solo había dejado destellos de calidad desplegados por el verde césped y un manojo de ilusiones. Ilusiones que volverían a despertarse en los hinchas cuando, el ahora número cinco de club de la Ribera, posó en el medio del campo con los colores puestos, sus tres hijos y esposa. Cuánto había pasado entre ese chico de 16 años que debutó ante Argentinos Juniors en 2010 y el de aquel junio de 2025. Un pibe lleno de sueños. Con toda una carrera por delante. Ahora, un hombre con experiencia. Jerarquía. ¿La similitud? El hambre de gloria intacta. 

El 2026 comenzó con un nuevo objetivo para el Xeneize y su gente: la Copa Libertadores de América. La obsesión de un pueblo entero. La séptima.  

Pero para lograrlo, Boca debe conformar un equipo. Un grupo con sed de victoria. Paredes, como referente máximo, maneja los hilos. No solo dentro del campo, sino también desde fuera. En lo actitudinal. En el padrinaje a los más chicos y en el ejemplo de cómo debe ser la mentalidad de un jugador del club. La de un ganador.

La prueba de fuego para Paredes y compañía fue el superclásico en cancha de River. La frutilla del postre para un Boca que, de a poco, encuentra rumbo. El partido fue espantoso. Trabado, sin mucho peligro. Pero el conjunto de Claudio Úbeda sabía qué debía hacer. Dejarlo jugar a él. Al capitán. Tres pases gol en menos de 15 minutos. Todos de tres dedos, como si estuviese en el barrio. Que no está de más decir, que no se olvida, cuando puede, de bajar al barro con los amigos para poner la pelota bajo la suela como cuando era un nene. Uno de aquellos pases que metió de cachetada provocó el penal del cual él mismo se haría cargo.

Santiago Beltrán, arquero del Millonario, se acercó a los compañeros del futbolista xeneize para preguntarles a dónde patearía. “Hacé lo que puedas”, le respondieron. Y bien que le dijeron.

El 5 apoyó la pelota en el punto penal y no miró nunca a nadie. Firme y decidido, abrió el pie y la colgó en un ángulo. Beso al escudo y, para sorpresa de todos, festejó con el gesto del Topo Gigio. A lo Riquelme. Y no es para nada una coincidencia, sino una causalidad.

Hay algo más allá de lo icónico en el festejo. Es la historia de un club. Se siembra lo cosechado en busca de repetir un bello milagro. Leandro Paredes pegó la vuelta para darle con fútbol lo que Boca le dio en posibilidades. Para continuar un legado.

Abdullah Ibhais, el hombre que criticó al Mundial 2022 y pasó más de tres años preso

Por Santiago Peñoñori Gaona

Cuando Lionel Messi se puso el bisht negro (capa tradicional del mundo árabe que simboliza al prestigio) y levantó la Copa del Mundo 2022, no solo ganó Argentina. También ganaron Catar y la FIFA. El emir Tamim bin Hamad al Thani y Gianni Infantino saborearon su victoria en el mismo momento en que Leo y sus compañeros saboreaban la suya. El Diez fue solo un medio de legitimación para los bárbaros. 

En paralelo, Abdullah Ibhais, quien había sido elegido como director de comunicaciones del Comité Supremo de Gestión y Patrimonio (comité organizador del Mundial 2022), estaba preso desde el 15 de noviembre de 2021 en una cárcel catarí. ¿El motivo? Se había negado a comunicar algo distinto a lo que habían visto sus ojos: los trabajadores (en su mayoría migrantes procedentes de Bangladesh, India y Nepal) estaban sometidos a condiciones infrahumanas en la previa de Qatar 2022.

Informe de Al Jazeera sobre la situación que viven los trabajadores migrantes. Año 2012

En agosto de 2019, miles de operarios que vivían en el campo de trabajo Al Shahaniya realizaron huelgas en protesta por el retraso en los pagos de salarios, la disminución forzada de los mismos, la falta de acceso a agua potable, la privación del goce de las vacaciones y la muerte de miles de sus compañeros. Las repercusiones llegaron a la prensa internacional por medio de distintas organizaciones de derechos humanos. Al Jazeera, medio de comunicación independiente financiado en parte por el gobierno de Qatar y de alto alcance en el mundo árabe, se vio obligado a compartir información acerca de lo que sucedía y el comité organizador debía responder. 

En ese momento, el director de comunicaciones jordano tomó protagonismo en la historia. Guiado por las denuncias, fue a ver con sus propios ojos lo que sucedía. “No había forma, llegados a ese punto, de que yo emitiera ese comunicado. Querían que hiciera desaparecer algo real. Algo que había visto con mis propios ojos. Querían, en resumen, mentir. Y me parecía intolerable”, dijo en una entrevista con el diario El País, publicada la semana pasada. Ibhais se negó a realizar cualquier comunicado hasta que no cambiaran las condiciones de los trabajadores. La situación se tornó tensa, intentaron persuadirlo y él decidió renunciar, a pesar de que su jefe lo amenazara con posibles represalias. 

Según la versión de Ibhais, la amenaza se concretó dos meses después, cuando la seguridad del estado de Catar lo detuvo y lo llevó a un centro penitenciario. Allí no tuvo la oportunidad de acudir a un abogado y debió firmar forzosamente un escrito en el que reconocía haber recibido sobornos para la adjudicación de contratos. ”Me advirtieron de que tenía que firmarla, y que si me negaba, tenían otras formas de convencerme. Fue entonces cuando el fiscal del caso me dijo: ‘¿Te crees que estás en una película americana? ‘ Si no das tu brazo a torcer, te enfrentarás a cadena perpetua o ejecución”, relató el nacido Amán, capital de Jordania, al diario español. Días después, fue liberado por un juez de Sudán sin haber sido juzgado y quedó con libertad bajo fianza e imposibilitado de salir del país.

En enero de 2021, fue condenado a cinco años de prisión. El calvario continuó. A partir de allí, el ex director de comunicaciones se limitó a contactar a distintos medios internacionales, organismos de derechos humanos y a la mismísima FIFA para difundir su historia y solicitar ayuda. La respuesta de la federación madre del fútbol mundial no fue la que esperaba Ibhais, quien a día de hoy sigue luchando para que responda por lo sucedido. La organización presidida por Infantino se limitó a compartir un comunicado en el que aclaraba que toda persona merece un juicio justo en el que se respeten y observen las debidas garantías procesales. Solo eso. El 15 de noviembre de 2021 el jordano ingresó a prisión, donde vivió, entre otras cosas, la final del Mundial que él mismo había denunciado y que le había costado su condena. 

Más allá de la presión ejercida por organismos internacionales de derechos humanos como el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU, que calificó la detención como arbitraria, el hombre de 40 años fue liberado recién en marzo de 2025. En octubre de ese mismo año, recibió el premio Play The Game 2025 que rinde homenaje a las personas que, en sus carreras profesionales o como voluntarios en el deporte, han realizado un esfuerzo excepcional para fortalecer los valores éticos básicos del deporte. En este caso, un joven que optó por alzar la voz a costa de grandes sacrificios en su vida personal. 

Además, en la gala realizada en Tampere, Finlandia, realizó una exposición en la que detalló cómo Qatar gestionó la opinión pública a través de los medios de comunicación en el periodo previo a la Copa Mundial de la FIFA 2022. “Para mí, la FIFA ha sido cómplice de todo. Yo mismo me creí que llevaban el Mundial allí para abrir las puertas del fútbol al mundo árabe y musulmán. Pero era mentira. Cuando vieron que Oriente Próximo tenía el dinero, quisieron su parte del pastel. Y volverán en 2034”, concluyó.

Exposición sobre la gestión de la comunicación en Qatar 2022. Año 2025

El fútbol, ese viejo artero

Por Malena Mendoza Venier

Pensar que para otros esta noche pudo haber sido una minucia.

Para mí, en cambio, era como soñar despierto.

Una de esas noches que uno acuna en silencio, casi con vergüenza, por miedo a que no ocurra nunca.

Entré a la cancha y quedé paralizado.

No por el frío, sino por ese instante que parecía eterno y que, por una vez, quería que lo fuera de verdad.

Era el mismo estadio de siempre. El de tantas tardes. El de mi abuelo.

Yo iba de chico, sin entender demasiado, apenas siguiendo el pulso de su entusiasmo.

Ahora estaba solo. O eso creía.

Porque entre el clamoreo y el alborozo, había algo, un no sé qué, que me acompañaba.

Como si su ausencia tuviera, de pronto, ciertos ribetes de presencia.

Afuera, la turbamulta calamar avanzaba por el puente Zapiola como empujada por una fuerza indefectible.

Me acomodé en la Zacheo y contemplé el panorama.

Era mejor que en los sueños que tantas veces había tenido.

Me sentía pleno. En sosiego. Como si, por una vez, el resultado no importara demasiado.

Después de todo, era una noche para festejar.

—Estamos en la Libertadores, carajo.

Ciento veinte años de espera. No sé si parsimoniosa, pero sí obstinada.

Una espera de esas que no se negocian, que se heredan.

Se notaba en la emoción de la gente.

En la hinchada, con sus globos marrones y blancos.

En los ojos de esos abuelos que alguna vez pensaron que se iban a ir sin ver al calamar campeón.

Y también —aunque nadie lo dijera— en el recuerdo de los que no pudieron estar.

Como si todos, de algún modo, estuvieran ahí.

En ese momento me giré, como buscando a alguien conocido.

Pero me encontré con una imagen que no voy a olvidar en la vida.

Tendría la edad de mi abuelo.

Llevaba un gorrito de lana marrón y la camiseta de sus amores.

En su mirada —y en esa sonrisa apenas contenida— estaba ese nene que alguna vez fue.

El que cantaba con las mismas ganas.

El que se dejaba la voz en cada estrofa, en cada “jugar la Libertadores es lo que imagino”.

Y que, en cuestión de minutos, iba a volverse real.

Sostenía el celular con manos apenas trémulas.

Del otro lado, su mujer.

Le mostraba todo con un entusiasmo conmovedor.

Como si necesitara compartir, de inmediato, la prueba de que aquello —eso que durante tanto tiempo fue casi un desvelo— estaba ocurriendo de verdad.

Lo que estaba viviendo.

Lo que estábamos viviendo todos.

Solté un par de lágrimas y me puse a cantar.

Ya estaban entrando los jugadores.

Durante el partido, el abuelo no paró un segundo.

Gritaba los goles antes. Siempre antes.

La jugada recién se armaba, la pelota ni siquiera había salido del pie, y él ya estaba señalando el arco, gritando el gol con una convicción inapelable.

Al principio me generó cierta empatía. Después de todo, se notaba que todos estábamos en ascuas.

Pero me invadía una bronca casi bilardista.

Esa necesidad de no quemar la jugada, de no anticipar lo que todavía no había pasado.

Después lo entendí.

No era ansiedad.

Era como si hubiera esperado tanto ese momento, que necesitara adelantarse a la realidad.

Como si no estuviera dispuesto a que nada le arruinara la ilusión de una noche perfecta.

Pero la suerte no estuvo de nuestro lado.

Un 0–2 que no representaba una derrota amarga.

Porque antes del resultado hubo intentos, ganas, y un equipo que, sobre todo en el primer tiempo, salió a jugarlo entendiendo su rol en la ilusión que había en nuestros ojos.

Corrieron, metieron y jugaron con más voluntad que claridad.

Después, el cuerpo empezó a pasar factura.

Y aunque el gol nunca llegó, quedó la sensación de entrega.

Y el fútbol —ese viejo artero— inclinó la balanza para el otro lado.

A los noventa, sonó el pitazo que nos devolvía a la realidad.

Lo busqué otra vez.

Seguía ahí.

Ya no gritaba. Pero sonreía.

Como si el resultado fuera, después de todo, apenas un detalle.

Y por un instante sentí un arrebato.

Tal vez tenía razón.

Hay noches que no se juegan para ganarlas, sino para poder, al fin, vivirlas.

Que tal vez los goles había que gritarlos antes.

Cuando todavía eran posibles.

Platense y una noche histórica: debuta en la Libertadores ante Corinthians en Vicente López

Por Malena Mendoza Venier

Platense recibirá desde las 21 a Corinthians en el Estadio Ciudad de Vicente López por la primera fecha del Grupo E, en lo que será su debut absoluto en la Copa Libertadores.

Luego de la campaña en la que, bajo la conducción de Martin Palermo, el equipo disputó una final luego de 80 años, y tras consolidarse con la obtención del Torneo Apertura del año pasado —con la dupla Orsi-Gómez—, que le permitió clasificar al máximo certamen sudamericano luego de vencer 1-0 a Huracán, el Calamar enfrentará un escenario que durante décadas le resultó lejano, pero del que hoy es meritorio.

El desafío no será sencillo; además del equipo paulista, el Marrón comparte grupo con Peñarol e Independiente Santa Fe, por lo que comenzar con una victoria como local representa una necesidad inmediata si aspira a clasificar a la siguiente fase.

En cuanto al presente, el plantel dirigido por Walter Zunino viene de empatar sin goles frente a Lanús y se ubica décimo en la Zona A del torneo local, a dos puntos de los puestos de playoffs, a tres fechas del cierre del certamen. Además, aún tiene pendiente el encuentro suspendido por paro en la fecha 9. El rendimiento refleja cierta irregularidad, aunque la atención está puesta en el estreno.

Del otro lado estará el Timão, un rival de peso que atraviesa un momento complejo. El conjunto brasileño viene de cambiar de entrenador —salió Dorival Júnior y asumió Fernando Diniz— y se ubica a dos puntos de la zona de descenso, luego de disputarse 10 de las 19 fechas del Brasileirao. Esta situación derivó en un clima tenso, con cruces recientes entre hinchas y jugadores.

Además, se suma la baja de Memphis Depay, quien quedó descartado por un desgarro y estará fuera de las canchas por varias semanas.

Con ese panorama, Platense tendrá una ocasión concreta para imponerse ante su gente y en una jornada en la que intentará comenzar sumando.

 

Marcelo Espina: “Platense no se puede desligar de la competencia nacional”

En una charla con alumnos de Deportea, Marcelo Espina puso en valor el logro de Platense y su impacto en la historia del club, aunque advirtió que, al afrontar tres competencias, el plantel necesita “dosificar cargas” y sostener la competitividad a nivel local: “Platense no se puede desligar del torneo argentino, tiene que seguir sumando puntos”.

Espina consideró que el ciclo de Zunino tuvo un buen arranque, aunque reconoció la falta de gol: “Defensivamente está bien parado, pero a diferencia del equipo campeón le está faltando conversión. Hay que darle tiempo”, explicó. Además, destacó aspectos puntuales del funcionamiento, como la solidez de la sociedad defensiva entre Mainero y Saborido, y agregó sobre el rol del técnico: “La gente se olvida rápido de lo que hiciste como jugador”.

De cara al partido del jueves, analizó al rival y el contexto: “Corinthians no está en un buen momento”. Además, remarcó como factor clave la carga emocional del plantel: “Muchos jugadores van a debutar en la Libertadores y van a atravesar muchas sensaciones. No es un detalle menor, sobre todo enfrentando futbolistas de experiencia”.

Gritos de gol en tiempos de silencio

Por Agustina Andrada

2 de abril de 1982, en Malvinas desembarcaban jóvenes argentinos mal equipados, sometidos al último recurso de la dictadura militar: recuperar la Islas para mantenerse en el poder.

En aquel momento, se jugaba el Torneo Metropolitano y el Nacional, que incluía varios equipos del interior. Ese fin de semana, la Zona C fue testigo del triunfo de Central Norte de Salta ante Mariano Moreno de Junín, mientras que en Parque Patricios, Huracán y Boca repartieron puntos en un vibrante 3-3. Por su parte, River igualó ante Nueva Chicago sin goles.

“El que no salta es un inglés” se convirtió en el grito de la guerra en las tribunas, acompañado por banderas con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”. El fútbol no fue solo un juego, sino un engranaje clave del aparato de la comunicación oficial. La pelota siguió rodando mientras Leopoldo Galtieri, presidente de facto, desde el balcón de la Casa Rosada, desafiaba: “Si quieren venir que vengan. Les presentaremos batalla”. En sintonía con esa realidad disociada, San Lorenzo empataba 3-3 con Los Andes en la Primera B. Días después, River le ganaba a Gimnasia de Jujuy. Boca perdió 2-1 contra Central Norte de Salta y Ferro -futuro campeón- venció 3-1 a San Lorenzo de Mar del Plata.

El 13 de junio, un día antes de la rendición, mientras las tropas agotaban sus últimas municiones bajo una normalidad impostada, se jugaba las semifinales del Nacional.

Semanas más tarde, Ferro Carril Oeste conquistaría el primer título oficial de su historia de la mano de Griguol, tras vencer a Quilmes en la final.

En paralelo, la Selección de Menotti debutaba en el Mundial de España ante Bélgica, en el Camp Nou de Barcelona. La derrota sorprendió al mundo y comprometió la clasificación de Argentina. En la tarde del 14 de junio, mientras la atención internacional se repartía entre el empate de Italia ante Polonia y el Mundial, en Buenos Aires se conocía la inminente caída de Puerto Argentino.

Horas más tarde, durante el entretiempo de Brasil-Unión Soviética, la Junta Militar difundía el comunicado del cese de hostilidades.

Mientras el país procesaba la derrota, el fútbol intentaba seguir adelante, dejando una herida abierta sobre cómo el deporte más amado fue utilizado para vendar los ojos de una sociedad en duelo.

Cuatro años después, el destino ofreció una escena casi guionada. El seleccionado tuvo su “revancha” ante Inglaterra en México 86. Los goles de Maradona funcionaron como una catársis necesaria para un pueblo herido. Sin embargo, al apagarse los ecos del festejo, la realidad permaneció inalterable: ni el más épico de los triunfos deportivos tiene el poder de borrar el dolor de las pérdidas ni de reescribir la historia de quienes quedaron en las Islas. Diego lo dejó claro: “Ese día jugamos pensando en los pibes que estuvieron en las islas”.

El fútbol dio consuelo, pero la memoria sigue exigiendo justicia.

Las Malvinas, por historia y por derecho, fueron, son y serán siempre argentinas.

La Plata Rugby Club, el equipo más afectado por el terrorismo de estado

Por Matías Huentelaf, Valentina Gómez Focht y Matías Cohen Aronas

Hay historias que son necesarias recordar y Raúl Barandiarán las sigue contando para mantener viva la memoria. Hoy no están ellos para contarla, pero siguen presentes: jóvenes que compartieron cancha y militancia.

A 50 años del golpe de Estado que marcó la época más oscura de la Argentina, no tenemos que olvidar a los 20 rugbiers de La Plata Rugby Club, ni a ningún otro desaparecido: “Si no son 30 mil, que digan cuántos son y dónde están. Nosotros hace 50 años que los estamos buscando”.

¿Qué sensaciones  te genera que se cumplan 50 años del golpe?

—Es un día para concientizar a la gente, un día de reflexión. Hoy hay que volver a defender la democracia porque está muy atacada.

¿Hubo algo particular que explique que La Plata Rugby tenga tantos desaparecidos?

—Muchos estudiamos en el Colegio Nacional de La Plata y luego en la universidad. Llegaron de forma disruptiva y todos los desaparecidos militaban. En esa época había grupos que no podían ser ajenos a lo que pasaba, y los que no miraban alrededor. Desconozco por qué fue así. Pero sí creo que por los valores que  les inculcó el club los llevó a militar.

¿Cómo era el club en esa época?

—Era y es un club de las libertades, nadie te preguntaba en qué estabas metido.

¿Se trataban puertas adentro las desapariciones?

—No, en el club no se hablaba; sí entre nosotros. En esa época, si hablabas, te desaparecían. El club sabía lo que pasó, pero no creo que lo hayan ocultado.

¿Veías gente extraña en el club?

—Yo nunca vi, pero sí dicen que antes de la desaparición de Hernán, un auto lo esperaba en el club y luego lo siguieron.

¿Qué recuerdos guardás de tus compañeros?

—Los recuerdo en la cancha, cuando fuimos a San Bernardo a jugar un torneo de Seven, se quedaron en una casa que tenía ahí, cuando vuelvo todavía tengo la imagen de ellos corriendo por la playa.

¿Costó que les hicieran un homenaje?

—En un sector plantamos 17 árboles en memoria de ellos.

¿Y la placa que decía “víctimas de la década de los 70”?

—No está mal, pero cuando iniciamos el proyecto queríamos poner “víctimas del terrorismo de Estado”. Después decidieron poner el otro título; no estoy de acuerdo, nunca se tendría que haber puesto eso. Hoy la placa no está.

¿De parte de la UAR hubo algún acercamiento?

—No, nunca hicieron nada, solo algún comentario equivocado. Incluso cuando los All Blacks fueron a la ex ESMA, tampoco realizaron ningún comunicado.

En la actualidad hay un gobierno que volvió a instalar la “teoría de los dos demonios”. ¿Qué te genera?

—Hay que hacer fuerza para que se vayan lo antes posible. Jamás pensé que se podía retroceder tanto en temas de derechos humanos, que hubiera tanta mentira. No hubo una guerra; creí que ya era un tema finalizado.

¿Y cuando dicen que no son 30 mil?

—Si no son 30 mil, que digan cuántos son y dónde están. Nosotros hace 50 años que estamos buscando a 30 mil. Hernán y Otilio están —enterrados, pero están—; Mariano, Santiago, Pablo, Axat, Munittis y los demás, no sabemos dónde están.

Eduardo Navajas, Mario Mercader, Hugo Pinel Lavalle, Mariano Montequin, Enrique Sierra, Alfredo Reboredo, Luis Munitis Orione, Pablo Del Rivero, Abel Luis Vigo, Jorge Horacio Moura, Pablo Alberto Balut, Otilio Pascua, Hernán Rocca, Marcelo Bettini, Santiago Sánchez Viamonte, Rodolfo Jorge Axat, Julio Alberto Álvarez,  Abigail Attademo,  Eduardo Merbilhaá, Alejandro García Martegani. PRESENTES.

Emiliano González, un ejemplo de cómo sembrar memoria

Por Santiago Peñoñori Gaona

No le gusta el fútbol, pero su amigo trabaja en prensa del club y él lo acompaña. Llega al estadio Tres de Febrero y no entiende lo que pasa. Los equipos ingresan a la cancha, se forman y, lejos de llamarle la atención alguna cuestión táctica, lo alerta otra cosa. Cree que el centrodelantero del equipo se llama Unión Ganadera; ve que los laterales también llevan ese nombre en la espalda; imagina que puede tratarse de una publicidad, aunque duda. El capitán y arquero no lleva puesta la misma vestimenta que sus compañeros. Si tiene una camiseta distinta, será como en el vóley, piensa. Tambu… Tamburii… Tamburrini. ¿Qué marca es Tamburrini? El capitán de Almagro lleva una camiseta con ese nombre. ¿Cuánta plata puso ese tal Tamburrini para que todo el estadio lo aplauda de pie? 

“Parate, nene”, le dice un plateista de esos que besa el mismo plástico del mismo asiento con su culo desde que el mundo era en blanco y negro. “No hay minutos de silencio, acá es minuto de aplausos. Sería contradictorio hacer un minuto de silencio por Claudio”, agrega. ¿Quién es Claudio?, le consulta. El viejo lo mira extrañado y, una vez finalizado el aplauso, le señala con el índice de su mano la butaca; luego se lo lleva a sus labios rogando silencio y comienza con el sermón:

Claudio Tamburrini es exfutbolista, filósofo, escritor y dramaturgo. Estudiaba Filosofía y militaba en la Federación Juvenil Comunista, cuando fue secuestrado el 23 de noviembre de 1977 y trasladado a la Mansión Seré en Castelar, un centro clandestino a cargo de la Fuerza Aérea. Como Albert Camus, era arquero y atajaba en Almagro, club en el que, al igual que el filósofo francés, no solo aprendió de  fútbol.

Estuvo detenido 120 días en los que sufrió todo tipo de tortura. Su libro “Pase Libre: La fuga de la Mansión Sere” y la película “Crónica de una fuga”, basada en él, narran los hechos con lujo de detalles. Allí, Tamburrini reconoce haber creído que la detención era una simple confusión, pero los incesantes picanazos en su cuerpo le demostraron lo contrario. Con arrojo y acompañado de tres compañeros de cautiverio (Daniel Russomano, Guillermo Fernández y Carlos García) pudo escapar el 24 de marzo de 1978 en una noche de tormenta. El día que se cumplían dos años del golpe de estado perpetrado por las Fuerzas Armadas contra María Estela Martínez de Perón. En 1979 emigró a Suecia, país en el que hoy vive y donde construyó su vida, alejado de las tierras que lo vieron nacer.

Hasta allí le resume la historia el viejo plateista y lo deja recalculando. Motivado por la curiosidad, en el camino de regreso a su casa le escribe a su amigo que trabaja en el departamento prensa del club tricolor. Necesito el número de Tamburrini, le dice. “¿De Tamburrini?”, le responde asombrado el amigo, y en el mismo instante se da cuenta de que lo que necesita es el número de Emiliano González. El arquero y capitán de Almagro que homenajeó a Claudio Tamburrini en el partido contra Quilmes. Se lo pasa. El joven no duda en llamarlo: 

-¿Conocías la historia de Claudio Tamburrini?

-No, no la conocía. Me la contaron resumida antes de entrar a la cancha y después, cuando llegué a mi casa, me puse a leerla y vi la película. Es una historia muy conmovedora.

-¿Cómo surgió la idea?

-Fue una idea del club. La camiseta la llevamos puesta el arquero suplente y yo con mucho orgullo. 

-¿Generó alguna repercusión en el vestuario?

-Todos lo aceptaron sin problemas. Está bueno que esta generación más joven llegue a un acuerdo común respecto al tema. Es más, todos los chicos llevaron el pañuelo en el pecho de su camiseta.

-¿De qué manera crees que el fútbol puede aportar a la construcción de memoria de la sociedad?

-El fútbol moviliza un montón de gente y tiene mucho alcance, por eso está bueno aprovechar eso para tratar temas importantes como este. Además, que tantos clubes hayan hecho homenajes es bueno para la sociedad porque demuestra que lo que sucedió no le es ajeno a nadie. 

Cuelga el teléfono conmovido y sonríe. La charla con Emiliano González le sirvió para entender que de fútbol no sabe nada, pero el concepto de sembrar memoria le quedó clarísimo. 

 

Argentinos, por la identidad

Por Casandra Lacabe

La Comisión DDHH de Argentinos Juniors estuvo presente junto a sus socios y socias, en la Plaza de Mayo para conmemorar los 50 años de la última Dictadura Cívico Militar en Argentina.

Desde el 24 de marzo del 2025 se reúne como organización para convocar a las marchas a la par de sus hinchas. Mariel Alonso, integrante de la Comisión, justificó: “Venimos porque nuestro club tiene memoria, el Bicho tiene memoria, nosotros venimos trabajando dentro del club desde el año 2020”. Además, resaltó que este año tras un gran trabajo de investigación que comenzaron el año pasado, encontraron al octavo socio detenido-desaparecido y sostuvo: “Es una razón más para estar acá, entendemos que tanto el club fue parte de la identidad de los desaparecidos como ellos en nuestra identidad como club”. También, resaltó: “Por ahora son ocho los socios detenidos-desaparecidos identificados, como seguimos diciendo, la memoria es una construcción, seguimos trabajando para eso”.

Además, realizan talleres de derechos humanos y género con las diferentes disciplinas del club, presentaciones de obras de teatro y libros, este año están reeditando su libro, “El Bicho tiene memoria”, con la octava historia de vida del último hincha encontrado, José Eduardo “Tucho” Feldman, junto a más información de los otros siete hinchas detenidos-desaparecidos ya identificados.

Argentinos se enfrentó con Platense en la fecha 12 de la Liga Profesional y Mariel destacó la actitud de los jugadores, sobre todo, la de Alan Lescano: “Tuvimos la suerte de que para esta fecha futbolística, nuestro capitán salió con la cinta “Memoria, Verdad y Justicia”, y con el pañuelo en el pecho todos los jugadores”.