Por Santiago Peñoñori Gaona
“¿Por qué somos hinchas de un equipo de fútbol?”, es la pregunta que hace el tráiler y que atraviesa la película Todos quieren venir a Brown. Dirigida por el actor, documentalista, analista de sistemas, socio e hincha del Tricolor Juan Lucas Da Rocha y estrenada el 25 de agosto de este año en el Cine Gaumont, narra la vida del Club Atlético Brown de Adrogué una vez que el hinchismo se atenúa, las cámaras de televisión dejan de filmar y quedan cara a cara el club y su más grande capital: su gente.
“En un tranquilo club de Adrogué, en la zona sur del conurbano bonaerense, los chicos del barrio pasan sus tardes entre amigos y deportes. Hasta que el repentino interés del periodismo y el ambiente del fútbol agitan los cimientos del mundo de Brown. ¿Qué hay detrás de este equipo que, con un cuerpo técnico lleno de ex jugadores, y comandado por el gran Pablo Vicó desde su casa dentro del estadio, llegó desde las divisiones menores para hacerse un lugar en las primeras planas de los diarios a fuerza de fútbol y mística?”, es la sinopsis de la película que dura 104 minutos. El eje del relato se centra en Pablo Vicó, figura histórica del club y entrenador récord del fútbol argentino, un personaje que encarna -si eso es posible- la esencia de Bron.
“Fue un proceso largo, con interrupciones y dificultades económicas, pero desde el principio nos propusimos acercarnos lentamente a los protagonistas. Queríamos generar confianza para que la cámara pasara desapercibida y así registrar la intimidad del club”, explicó el director, quien recordó los ocho años que separaron el inicio de la grabación en 2018 y el material presentado en el cine este año. Además, Da Rocha lamentó que se haya dilatado el estreno, ya que en noviembre de 2024 Brown descendió a la Primera B Metropolitana tras perder el desempate por la permanencia contra Atlético Rafaela.
El filme surgió del deseo de Juan Lucas de representar lo que para él fue y sigue siendo su club: un sostén en el que construye lazos, un espacio de protección, un lugar donde practica deportes y donde puede destinar su valioso tiempo de ocio, del que nadie debería estar privado. ¿De qué somos hinchas cuando decimos que somos de un equipo? ¿Del barrio? ¿Del fútbol? ¿De la gente? Esas preguntas se plantea el director para realizar Todos quieren venir a Brown, un largometraje que interpela, en igual medida, a futboleros y no futboleros.
¿Por qué Pablo Vicó?
Porque no podemos hablar de Brown sin mencionarlo y viceversa. En marzo del 2009, Vicó reemplazó a Juan Carlos Kopriva a 12 fechas del final del torneo y procuró abrazarse a su nuevo rol. A partir de allí, comenzó una historia que dio como resultado un récord histórico: ser el DT de mayor duración en el cargo en la historia del fútbol argentino. El “Ferguson del Conurbano”, apodo que le pusieron por las similitudes con el técnico inglés que permaneció en Manchester United durante 27 temporadas consecutivas, dirigió 569 partidos en un ciclo ininterrumpido de 15 años.

Anteriormente, Vicó había sido jugador de Brown, San Miguel y Temperley, al mismo tiempo que se las rebuscaba para llenar la olla: trabajó en un aserradero, en una cigarrería y vendió ropa de segunda mano. Sus inicios como técnico fueron en el baby fútbol, donde los ojeadores se matan por seducir a padres de futuros cracks; siguió en menores e inferiores, ya en Brown; e hizo un par de interinatos hasta que tuvo su chance definitiva. Logró dos ascensos a la B Nacional, venció en dos oportunidades a Independiente de Avellaneda (una vez por torneo y otra por Copa Argentina), jugó instancias finales de reducidos para ascender a Primera y, lo más importante, ayudó a que los futboleros y las futboleras promedio conozcan a su amado equipo.

Angel Desimone, Pablo Vicó y Pedro Coronel. (Temperley vs Deportivo Armenio, abril de 1979)
La pérdida de su hijo en un accidente de tránsito en 2015 le cambió la vida para siempre. Sencillo, bonachón y meticuloso, no se detiene en banalidades porque, como dice la canción de la Bersuit Vergarabat, el tiempo no para. Su huella en Bron es tan grande que tiene una tribuna, un buffet y una plaza con su nombre. Hoy, a los 69 años y sin trabajo como DT, dice que necesita tener la adrenalina de volver a dirigir; y, fiel a su estilo, agrega: “A lo mejor me consideran un viejo arruinado, con falta de memoria, pero estoy entero y consciente”.



