Por Agustín González Sánchez Jauregui
“¿Si voy a mejorar el año que viene? Sí, porque tener un jugador que se mueve por donde quiere, implica que había situaciones de juego que yo no controlaba. El año que viene las voy a controlar todas, sin excepción”, decía Luis Enrique cuando le consultaron sobre la salida de Kylian Mbappé, el jugador franquicia del Paris Saint-Germain que partía rumbo al Real Madrid. Y lejos de quedar en el olvido, esa frase comenzó a marcar el camino posterior.
El PSG en 2022 había logrado juntar nuevamente a Lionel Messi y Neymar Junior para conformar delantera con Mbappé, construyendo así sus proyectos en base a nombres propios. Lograron ganar dos Ligue-1 y una Supercopa como ya es habitual en Francia pero quedaron lejos del objetivo principal del conjunto parisino, obtener su primera orejona, fueron eliminados dos veces en octavos de final de la Champions League. Cuando llegó el entrenador español en julio de 2023 ya sin Neymar ni Messi, buscó dejar de lado esa maña de recostarse sobre el talento de las figuras y comenzó la búsqueda del juego colectivo, algo que le costó en su primer año ya que como ha declarado en reiteradas ocasiones, le era difícil lidiar con el ahora delantero del Real Madrid.
Finalmente cuando terminó la temporada en 2024, el delantero francés abandonó el equipo y quedaba en manos de Luis Enrique constatar si lo que había declarado era cierto. En el año siguiente, el cuadro de París consiguió la primera Champions League de su historia tras aplastar 5-0 al Inter de Milán en la final, con un equipo que ya no dependía de individualidades sino de un funcionamiento más grupal donde hasta los atacantes participaban constantemente de la presión y el retroceso defensivo. Futbolistas como Ousmane Dembélé, quien terminó ganando el Balón de Oro de ese año, pasaron a ser piezas claves dentro de una estructura colectiva. Ahora, con gran parte de esa misma base, volverán a disputar una final de Champions, será frente al Arsenal el 30 de mayo en Budapest, nuevamente bajo la conducción de Luis Enrique.

El carácter del técnico oriundo de Gijón no se dio a conocer recién ahora, entre 2014 y 2017 dirigió al Barcelona de Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar Jr, una delantera que para muchos fue la mejor de la historia. Pero aún así no dio el brazo a torcer con las grandes estrellas, incluso llegó a tener un fuerte cruce con el astro argentino por sentarlo en el banco en un partido de liga contra Real Sociedad. Con el paso del tiempo la relación entre ellos se recompuso y el club español terminó ganando nueve títulos bajo su conducción, entre ellos la Champions League de 2015, el Mundial de Clubes y el triplete esa misma temporada.
Donde mejor se ve reflejada su ideología es en el video viral que reaparece constantemente en redes sociales. Allí en una charla mano a mano con Mbappe le pone de ejemplo a Michael Jordan (ídolo del francés), y le explica: “Jordan cogía a sus compañeros y se ponía a defender como un hijo de puta”. Luego remarca que si la estrella presiona y corre, el resto queda obligado a hacerlo también. Según él, así se construye un líder.
Más allá de sus etapas en Francia y España, el entrenador también pasó por la Roma, donde debutó como director técnico, Celta de Vigo y la Selección de España, a la que dirigió en el Mundial de Qatar 2022 quedando eliminado en octavos de final por penales frente a Marruecos. En todos sus equipos sostuvo la misma idea de presión, intensidad y un funcionamiento colectivo por encima de cualquier individualidad. Una ideología que ya había comenzado a construir en su etapa como futbolista, donde vistió las camisetas del Real Madrid y Barcelona, dos de los clubes más importantes del mundo.

Tras la muerte de su hija Xana en 2019, Luis Enrique explicó que nunca se sintió desafortunado, se consideraba “muy afortunado” por los nueve años que pudo disfrutarla. Años más tarde, luego de conquistar la Champions con el PSG, recordó una bandera que ella había clavado en la final que había ganado con el equipo catalán y confesó que sentía que seguía presente. Una persona con una manera de pensar que no parece modificarse ante ninguna situación y que supo trasladar esa convicción al fútbol.



