martes, febrero 3, 2026
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El Estadio Luzhniki, sinónimo de historia

Agustín Loza

Los ojos de todo el mundo se posarán en este lugar. Es el escenario donde oficialmente comenzó la cita futbolística más importante del planeta, con toda la alegría que eso conlleva. También ahí se marcará el final del certamen, con algunos que tocarán el cielo con las manos, y otros que se quedarán en las puertas de la gloria, con la desazón de no cumplir con el gran sueño.

Ubicado a orillas del río Moscova, en la ciudad de Moscú, la más importante de Rusia luego de la Revolución de 1917 que cambió para siempre la vida del país más grande del planeta. En este lugar pasó la fiesta inaugural, el primer encuentro, y también será el epicentro del partido definitorio del Mundial 2018. El estadio Luzhniki, uno de los más importantes del planeta, con más de 81.000 espectadores luego de la remodelación para esta competición. El gobierno desembolsó más de 405 millones de dólares para reacondicionar el recinto.

Este imponente lugar fue construido por el gobierno de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas parahomenajear a los deportistas del país por su excelente participación en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Se puede decir que en Rusia se contó parte de la historia del mundo. Pero este escenario, también fue testigo de gran parte de los sucesos deportivos que marcaron a fuego la vida de algunos deportes.

Fue inaugurado en 1956, tres años después de la muerte de Iósif Stalin, quien fue el cabecilla de la política de ese país durante más de dos décadas. En ese momento, la Unión Soviética estaba en su apogeo. Inicialmente, el recinto se llamó Estadio Central Lenin, en honor a uno de los caudillos de la revolución de 1917.

Fue un símbolo cultural. Los años pasaron, y el nombre cambió a Luzhniki, pero la esencia del comunismo nunca se apagó del todo. A metros de la entrada está la estatua de Vladimir Lenin, el líder de los bolcheviques que encabezó los sucesos ocurridos hace poco más de un siglo que le dio un giro rotundo a la vida de ese país.

Ese caudillo murió en 1924. Pasaron varias décadas, la Unión Soviética se disolvió, Rusia volvió, el mundo cambió. Pero el capitalismo también se expandió a lo largo del planeta. Parece una ironía del destino que en el interior de este estadio todos los espectadores y televidentes pueden observar patrocinadores del Mundial que representan a la ideología contraria a la del primer homenajeado.

La capital de Rusia siempre respiró aires de deportes. En 1980 fue la sede de los Juegos Olímpicos. Aunque ese evento tuvo la particularidad de ser recordado más por lo que pasaba en lo extradeportivo. Ya que Estados Unidos encabezó un gran boicot a esa cita olímpica. Mientras que la URSS hizo lo mismo en los Juegos de Los Ángeles 1984. El deporte, la historia y la política siempre tuvieron alguna conexión.

El estadio Luzhniki fue testigo de grandes hazañas deportivas y culturales. Además de albergar los Juegos de 1980, también fue el epicentro de la final de la Champions League 2008. En esa ocasión, Manchester United venció por penales a Chelsea y se subió a la cima del fútbol del viejo continente por tercera vez. La música también estuvo presente en algunos momentos. Artistas de la talla internacional de los Rolling Stones o Michael Jackson actuaron en este escenario.

Pero también tuvo momentos de tristeza. Como en 1982, en el medio del encuentro entre Spartak de Moscú y Harleem de Holanda por la Copa UEFA. Cuando estaba por finalizar el partido, el segundo gol del equipo local desencadenó en una estampida fatal, que dejó como saldo 66 muertos.

El estadio tiene una particularidad. En el campo de juego, hay calefacción para ambientar el lugar donde rueda el balón para los momentos de frío, aunque durante esta etapa mundialista no será tan necesario. Ya que en esta época, el cielo veraniego es el que se impone en el territorio moscovita. No solo fue el lugar del partido inaugural, además será sede de tres partidos de primera fase, uno de octavos de final, una semifinal y de la final de la competición.

Si hablamos de Moscú o Rusia, se dice historia. Si hablamos de fiesta, se menciona al Mundial de Fútbol. Si alguien nombra el estadio Luzhniki, piensa en el deporte. Todos esos condimentos están presentes en la vigésimo primera edición de la cita futbolística que mantiene en vilo al planeta entero. Que el buen juego se convierta en páginas de gloria. Para que cada imágen quede en las retinas de los fanáticos.

Arabia Saudita da pequeños pasos hacia la igualdad

Angeles Centurión

A principio de año el príncipe heredero al trono en Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, impuso reformas en su país que permitieron a las mujeres poder asistir a un estadio a presenciar un partido de fútbol. A las mujeres sauditas se les prohibía debido a su cultura, aquello que muchas otras disfrutan en el resto de mundo. Podían concurrir a eventos deportivos fuera de su país, pero dentro de él la situación no era favorable.

Mientras sus padres, tíos, maridos y/o hijos se despedían para dirigirse rumbo a la cancha, ellas debían esperar pacientes el comienzo del partido frente al televisor. La cara contraria a las que aguardaban en sus casas el encuentro, eran las que estaban dispuestas a desafiar a las autoridades y de una manera u otra encontrar una forma de evadir los puestos de control e ingresar a las tribunas. Los riesgos de estas últimas eran muy elevados y en reiteradas ocasiones terminaba con alguna de ellas encarcelada.

La reforma impulsada por el príncipe para conseguir apoyo popular constó de permitirle el ingreso a aquellas mujeres que se encontraran acompañadas de por lo menos un familiar masculino y solo podían ocupar un sector determinado del estadio, una tribuna de aproximadamente 10.000 asientos. De todas formas el acceso a las instalaciones no es libre en su totalidad. Solo por el hecho de ser mujeres tienen como límite tres partidos por mes. Nuevos estadios serán construidos para garantizar mayor comodidad, no solo de loshombres sino de todo ciudadano que quiera presenciar de un encuentro en vivo.

Otra de las modificaciones implementadas por el príncipe fue la de permitir obtener a los miembros femeninos de la comunidad saudita la licencia para conducir. Este logro podría ser efectivo a partir del 24 de junio. un dia antes del segundo juego de Arabia Saudita en el mundial de fútbol.

En conjunto con estas renovaciones, se adoptó una ley que penaliza el acoso sexual. Las consecuencias para los acosadores serían de hasta cinco años de prisión y una multa de 80.000 dólares. Si en estos actos de tormento existiera algún tercero involucrado también merecería un castigo. La situación para el imputado empeora en el caso de que el acto se haya dado en un lugar de estudio, trabajo o en un centro que brinde asistencia a los necesitados.

Los cambios dentro de las normas de un gobierno ultraconservador demuestran cómo los derechos de las mujeres, aunque sucedan lentamente en lugares como Arabia Saudita, se abren paso al mundo.

Kazán: ejércitos y edificios históricos

Fernando Galeano @feerrgaleano

Una de las sedes para albergar la primera ronda y los octavos de final es la ciudad de Kazán, capital de la República de Tartaristán, que cuenta con el “Kazán Arena” con capacidad para 45 mil espectadores. Sin embargo, los edificios tienen mucho para contar acerca de la ciudad que alojará al partido entre Francia y Australia.

Corría el siglo XIV cuando un grupo de hombres marchaban por territorio ruso sin miedo de enfrentarse a nada; sin embargo, no tenían relación con los grupos de personas que hoy visten uniformados con camiseta y pantalones cortos, aunque también están dispuestos a dar la vida en esta batalla. La Horda de Oro fue un Imperio Mongol gobernado por Juchi Khan, hijo del legendario emperador Genghis Khan, que en su momento de apogeo se extendió desde las montañas de los Cárpatos en el este de Europa hasta las estepas de Siberia. Kazán fue una de las principales cunas de este ejército que luego heredaría Batu Khan, hijo de Juchi. Sin saberlo, los hinchas de España e Irán recorrerán en multitud las calles de la ciudad tal y como lo hicieron los mongoles en el siglo XIV.

Seguramente muchos turistas se alojarán en alguno de los hoteles que están cerca del Boulevard Kremlivskya que se encuentra a unos pocos metros del Kremlin de Kazán, obra declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Allí se encuentran diferentes edificios pero el más antiguo es la Catedral de la Anunciación, que fue la única iglesia en toda Rusia durante el siglo XVI. La atracción más reconocida de la ciudad es la Torre Siuyumbiké, que fue construida en el siglo XVI; no se sabe el año exacto aunque existen distintas leyendas: una de ellas es que la torre fue edificada durante el gobierno de Iván El Terrible un siglo antes. Así también existió la teoría de que la reina Siuyumbiké se lanzó desde el piso más alto de la torre; sin embargo, este mito perdió valor ya que la majestad fue detenida en 1551 y trasladada a Kasímov donde murió años después.

En el caso de que Alemania golee a Corea del Sur en la segunda fecha de la fase de grupos, la opinión pública podría hablar de una “masacre” a los coreanos; no obstante, seguramente no sabrán que en 1552 hubo verdaderamente una infinidad de muertes. La ciudad había sido conquistada por Iván IV, quien se había cansado de la agresión musulmana y las demandas de tributos sobre el Imperio Ortodoxo Oriental. Por eso, armó un ejército de 150.000, soldados lo que provocó que los musulmanes hayan sido masacrados o exiliados en Siberia. Esta limpieza étnica es hasta ahora una de las más severas en Rusia y se palideció en comparación con los hechos de Stalin en la década de 1930.

Cuando José Pekerman arribe a Kazán junto con sus dirigidos colombianos para enfrentar a Polonia, probablemente visualizarán el Río Volga: el más largo de Europa. Sus orillas albergan a 31 ciudades costeras. Además, a lo largo de su historia alojó a distintas tribus mongol-turca así como a iraníes, hunos y colonos que posteriormente se convertirían en tártaros.

El fanatismo por el Mundial se presenta en todas las ediciones y, probablemente, la mayoría de los turistas irán al país sede para ver fútbol. Sin embargo, nunca hay que olvidar que cada ciudad, cada calle, cada edificio tiene una historia y, en algunos casos, una muy rica y digna de conocer.

La democracia y el mundo del fútbol, según Alexis Ferrero

Juan Pablo Santillán @JuanPablo_lz

Alexis Ferrero pasó por todas: vendía calzoncillos y remeras cuando jugaba en Atlanta para generarse unos pesos extra, disputó un partido con la Selección Argentina local que armó Diego Maradona en 2009 y descendió con River, entre otras tantas vivencias que lo curtieron a lo largo de su carrera. Hoy es uno de los jugadores más experimentados de la B Nacional -el 31 de marzo cumplió 40 años- y es titular indiscutido en Central Córdoba de Santiago del Estero.

“No tengo ninguna poción mágica ni ningún secreto. Creo que todo parte de la cabeza: si arriba estás bien, todo lo demás funciona como tiene que funcionar. La parte psíquica en esta etapa de la carrera de los jugadores es fundamental”, dice Ferrero, que además es director técnico recibido. “Mi etapa como jugador no está terminada. Hoy por hoy mi cabeza está en entrenar, descansar, comer bien y estar al pie del cañón el fin de semana”, agrega el zaguero luego de terminar un nuevo entrenamiento con el Ferroviario, en el Alfredo Terrera.

-¿Cómo se entrena para estar bien de la cabeza?

-Tengo la posibilidad de dedicarle tiempo al descanso, a una buena alimentación, que son cosas fundamentales, y obviamente a la calidad del entrenamiento. Si esas cosas no estuvieran bien, seguramente no seguiría jugando o, si jugara, mi nivel no estaría acorde a la necesidad de un equipo profesional de Primera B Nacional. Son cosas importantes a la hora de poner en la balanza.

-Como referente, ¿qué le decís a los más jóvenes del plantel?

-Todos tenemos participación, voz y voto en cuanto a las decisiones del grupo, y cada uno puede expresar su idea. Las reuniones no las hacemos tres o cuatro grandes, son de todos: desde el más chico hasta el más grande tiene la posibilidad de levantar la mano, hablar, exponer lo que quiere decir, y se hace lo que cree la mayoría. Es una democracia muy linda porque creo que es la mejor manera que hay de poder llevar el grupo adelante. Hablar, encontrarle la vuelta a alguna cosa que nos puede llevar a mejorar en ciertos aspectos en cuanto a una logística, algún entrenamiento o algún día “equis” que pasemos juntos, porque también nos encontramos fuera de lo que es nuestro trabajo. Pasa un poquito más allá de solamente lo deportivo.

-¿Es fácil formar una democracia dentro de un vestuario?

-No, no es fácil porque a lo mejor surgen peleas por los egos u otros motivos, que, gracias a Dios, acá no las tenemos. Es un grupo humano muy sano en el cual todos supieron entender cómo llevarlo adelante. No fue fácil, pero esto se trabajó, se fue hablando y buscando la forma, por eso estamos pasando por un buen momento de unidad en el grupo.

-¿De qué manera se trabaja eso, con algún psicólogo por ejemplo?

-No tenemos psicólogo. Trabajamos mucho lo que es dinámica de grupo. Tratamos de conocernos: casi nunca concentramos con el mismo compañero, nos juntamos afuera del entrenamiento, hacemos trabajos para conocernos, para saber cuál es el problema, cómo se siente mejor un compañero, cuántos hermanos tiene, si tiene problemas familiares. Hemos tratado de ir incorporando todos esos aspectos para que el grupo sea el que sostenga al jugador que necesite apoyo, palabras de aliento o algún consejo en un momento determinado.

-En su momento (2011) dijiste que sentías “una vergüenza por el descenso (con River) y que no se lo desearías ni a tu peor enemigo”. Matías Almeyda añadió, recientemente, que por la pérdida de la categoría murió gente y si no ascendían iban a morir aún más. ¿Cómo analizarías el mundo del fútbol y su alcance en la vida de las personas?

-Cuando uno va transcurriendo el camino del fútbol va aprendiendo y a lo mejor retrocede un poco en el tiempo y dice: “Me parece que lo que dije en su momento no fue tan así” o “Tendría que haber hecho tal cosa en tal situación”, porque te lo va dando la experiencia, el caminar por el mundo del fútbol. Sí, te queda una mancha por irte al descenso, es una vergüenza personal por no haber podido hacer algo más para evitar una situación. Yo no tengo vergüenza por haberme ido al descenso, sino que es por no haber hecho algo más desde mi lugar para evitar una situación que le causó mucho dolor a mucha gente. Puedo dormir tranquilo y decir que hice lo máximo para que eso no ocurriera. El destino quiso otra cosa.

-Siguiendo la línea del descenso de River y la pelota en nuestra sociedad, en el partido de ida de la promoción ante Belgrano, se metieron hinchas al campo de juego…

-Eso es lo que provoca. Era, a lo mejor, ver que desde afuera no se puede cambiar una situación. Provoca una reacción en alguien, ilógica, pero súper entendible por parte de la pasión y del enamoramiento que tienen por esos colores.

-Los hinchas de River estaban en la previa a la final de la Libertadores y agredieron al micro de Boca, ¿cómo se explica eso?

-Eso ya es inentendible. Hay muchas cosas que para nosotros es muy difícil explicarlas desde adentro y que la gente lo entienda del otro lado; o mismo que la gente nos quiera hacer entender cosas que pasan afuera que para nosotros a lo mejor es muy difícil de comprender.

Los goles que no pudieron gritar

Tatiana Milani

Racing salió campeón de la Superliga, una semana después del 43° aniversario de la peor dictadura que vivió Argentina que tiene un saldo de 30.400 detenidos desaparecidos. Muchos de ellos hinchas de La Academia seguramente.

Uno de ellos es Alejandro Almeida, que quizás hubiese pasado la noche del domingo en un Obelisco repleto de hinchas festejando el gol de Augusto Solari, los 17 tantos de Lisandro López en el torneo y las cábalas del Chacho Coudet. Sin embargo, él no pudo.

Pero no es el único que se perdió de levantar copas junto a las personas que comparten su misma pasión. También está la historia de Ricardo Chidichimo, hincha de Banfield, que se salvó de caer preso porque cuando lo interrogaron dijo que estaba yendo a ver al Taladro, como relató su hija Florencia, aunque igual lo desaparecieron y no pudo festejar el Torneo Apertura en 2009 junto a James Rodríguez o Julio César Falcioni. Otro sería Juan Carlos Martínez, de San Lorenzo, quien no pudo festejar aquella primera Copa Libertadores que consiguió Edgardo Bauza y equipo en 2014, con el gol de Néstor Ortigoza en el Nuevo Gasómetro.

Estos son solo algunos nombres de quienes fueron privados de su libertad por aquella dictadura y no volvieron a ver al equipo de sus amores. Hay Millonarios que no lograron ver al Muñeco Gallardo conseguir todo y más con su querido River Plate. O Xeneizes que no pudieron festejar las dos Copas Intercontinentales conseguidas con Carlos Bianchi. Y así se puede hacer una lista eterna con todos los abrazos que no pudieron dar, las copas que no pudieron levantar y los goles que no pudieron gritar por culpa del terrorismo de estado.

Una velada de periodismo

Iván Lorenz y Joaquín Grasso

“¿Por qué no sos periodista?”, le sugirió Javier Marcó a Ezequiel Fernández Moores en una playa de Pinamar, una tarde en que las olas de indecisión de fin de secundaria azotaban la orilla de aquellos amigos de colegio. Lejos de calmarse, el oleaje recrudeció; y el entonces melenudo se subió al barco y navegó por las aguas turbulentas del periodismo en tiempos de dictadura, donde el lápiz y el papel quemaban y en ocasiones se mancharon con sangre. Esas mismas corrientes lo llevaron, en una noche de jueves, a anclar sus más de cuarenta años de profesión en un sillón verde musgo del microcine de la escuela de periodismo Tea&Deportea para presentar su último libro: Juego, luego existo.

“Nunca habíamos tenido un marco así”, expresó Jorge Búsico, director de la institución y amigo del barrio de Ezequiel desde hace más de 50 años. La sala, colmada. En las primeras filas, familiares y amigos, como el sociólogo Pablo Alabarces. Estudiantes de periodismo ocuparon otro puñado de hileras, así como los admiradores del periodista. Parado, sostenido por una columna, yacía el cronista y compañero Andrés Burgo. Más atrás, casi llegando a la puerta, un hombre, Ariel Scher, rascaba su barba. Y todavía más al fondo, como los nenes que no llegan a ver por su baja estatura, otro grupo de personas intentaban contemplar la escena en puntas de pie.

Sin embargo, todo este clima festivo no hubiese sucedido de no ser por la mano de Alejandro Wall, colega, amigo y el encargado de que el rompecabezas Juego, luego existo pasase de ser una idea a un compilado de 331 páginas en papel de la editorial Sudamericana. “Recuerdo cuando Ezequiel me dio para editar el material de dos millones y medio de caracteres. Lo traté de achicar, negociamos novecientos mil, pero de ninguna manera aceptó”, relató Wall. Y sentenció: “Si algo nos da Ezequiel con sus casi mil notas, es que sin dudas es de esos que honra este oficio golpeado, bastardeado. Algunos dicen que murió, pero está vivo en estos libros. Lo honra como periodista, persona y compañero”.

El pasillo, minado de gente que no quería quedarse afuera, se despejó por completo cuando se oyó la tan esperada frase: “Llegó Victor Hugo”. Wall se levantó de su asiento y se lo cedió al uruguayo, que, bajo una lluvia de aplausos, se fundió en un abrazo con Fernández Moores. Con su parsimoniosa voz, reubicó la mirada de la audiencia: “Él, junto a cuatro o cinco periodistas escritos, son una especie de bandera. Son los que más admiramos, que más seguimos, que más buscamos sus notas, porque cada una refleja un gran ejercicio de libertad. Y un periodista libre genera siempre un particular respeto”. La fiesta se tornó sombría cuando expresó: “Por sus notas osadas, más de una vez pensé en si seguiríamos leyendo a Ezequiel como cada semana. Eso, por suerte, sucedió siempre. Por suerte, incluso, para el diario. Y, por suerte, para los lectores”.

Halagos y más halagos pusieron a Fernández Moores tan rojo como el marco de sus anteojos, porque, como explicó Daniel Arcucci, su amigo y editor en La Nación hasta el 2007, “esas cosas no le gustan nada”. Como también detesta que su foto y nombre bien grande aparezcan en sus columnas. Aunque quizás se lo merece, ya que “por culpa de Ezequiel se ampliaron las contratapas del diario”, contó entre risas. Los celulares del público grabaron sus palabras, al igual que el propio Arcucci y Wall, como si fuese una nueva edición de Casa Taganskaya. Y su camarada, reflexivo, expresó: “No se lleva bien con la tecnología, pero no es un negado. Una vez me dijo que había que tener un velo en las redes, un poquito de misterio. Pero resulta fascinante, porque es ese mismo velo que él te corre con sus notas”.

Mientras sus compañeros y amigos lo presentaban, Ezequiel Fernández Moores tomaba nota en un papel. Cuando sus elogiadores se quedaron sin palabras, la audiencia lo acribilló con miradas expectantes, preguntándose: “Y ahora, ¿qué nos vas a contar?”. “Tenía muchas dudas de hacer este libro”, confesó el autor. Y agregó: “Me costaba meterme en mis propios artículos. Esta cosa autocelebratoria, de mirarnos a nosotros mismos, me produjo ciertas dudas y distancia”. Agradeció una por una a todas las personas que hicieron tangible el proyecto; a Marijó, su esposa, quien asintió en voz alta cuando Arcucci leyó en el prólogo del periodista español Santiago Segurola, lo que definió como la mejor descripción de Ezequiel: “Su interés por los datos es tan relevante como su interés por la demagogia”. Recordó también a sus hijos, que toleraron 40 años de domingos sin padre; y a todos los amigos y presentes en la sala: “Que ustedes estén aquí, es un eterno agradecimiento. Esencialmente, lo que hoy quiero es agradecer”, declaró entre lágrimas. Y concluyó, citando a Leonard Cohen: “Les agradezco a todos, porque me dieron el coraje para fracasar”.

Paloma Giordano, la joven promesa del esquí náutico argentino

Con tan solo 16 años, Paloma Giordano se roba todas las miradas en cada competición en la que participa: a su pronta edad ostenta todos los records argentinos juveniles de esquí náutico y el récord latinoamericano sub-13. No solo eso, es la actual N°5 del ranking mundial de mayores y con proyección para seguir escalando posiciones.

“Empecé a los seis años. Mi familia es de larga tradición en este deporte ya que mi papá lo practicaba en su juventud y lo heredé de él”, cuenta la esquiadora platense. Giordano es entrenada por su padre Carlos, quien la acompaña a cada torneo en el que compite junto a Mariana, su esposa y madre de la atleta. “Es difícil que tu entrenador sea tu papá, pero creo que por eso conseguí buenos resultados. Es muy exigente”, remarca y agrega: “Desde chica siempre me preguntaron qué deporte quería hacer, nunca me lo impusieron, yo lo elegí”.

Al ser el esquí náutico un deporte amateur en la Argentina, la dificultad para conseguir patrocinadores y el poco apoyo de las entidades nacionales es moneda corriente para Giordano. “Estoy becada por el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) y por la Agencia de Deporte Nacional, de los que recibo 15.000 pesos mensuales que no me sirven para nada. Tan solo con la nafta de la lancha gasto 45.000 pesos. Voy a pérdidas siempre”, explica y añade: “Me mantengo con el dinero que invierte mi familia. Tengo un esquí de hace 10 años y no puedo cambiarlo porque cuesta más de 2000 dólares; es todo a pulmón”.

Además de estas dificultades, la platense sufre la exclusión social por parte de jóvenes de su misma edad. “No tengo amigas porque si no hacés las cosas que realizan los demás, no pertenecés. Me han dicho que soy una estúpida por la vida sacrificada que llevo. En la escuela me rechazaban tanto mis compañeros como los directivos, quienes no aceptaban que sea deportista y estudiante a la vez”, afirma.

Más allá del amateurismo, Giordano vive y se entrena como una profesional: se levanta a las 5, esquía 40 minutos y se detiene entre una y dos horas. La rutina se replica sucesivamente hasta las 19, cuando es tiempo del descanso final, para así volver el día siguiente, de lunes a sábados. “Aquello que me relaja y en donde me siento plena es cuando entreno en el agua o en el gimnasio, ahí soy yo misma”, indica.

A los 10 años, la joven estuvo muy cerca de abandonar el esquí náutico, ya que se fracturó el fémur de la pierna izquierda. “Me rompí mientras formaba parte de una clínica en Estados Unidos. Estuve un mes y medio sin caminar, y después volví al agua, pero estuve más de dos años sin poder avanzar en mi carrera. Hice cuatro años de rehabilitación y ahora me siento mejor”, explica.

En cuanto a su futuro, Giordano se propone objetivos a corto plazo: “Para este año mi meta es hacer un buen papel en los Juegos Panamericanos de Lima (Perú) y en el Masters de Georgia (Estados Unidos), donde compiten las cinco mejores del mundo”. En lo que va de la temporada logró dos medallas de plata en los Juegos Suramericanos de Playa disputados en Rosario en las categorías de slalom y figuras, mejorando así su actuación del año anterior en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba, en donde consiguió el tercer puesto.

A pesar de estar lejos de las luces y la atención que poseen otros deportes y atletas argentinos, Paloma Giordano, con sus rendimientos y actuaciones, tiene brillo propio, lo que sin dudas, la hará llegar lejos en el esquí náutico.

El costado solidario de Arsenal

Por San Miguel Dalmira

Según la Real Academia Española (RAE), la solidaridad es la adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. Esa definición le encaja a la perfección al equipo de Arsenal de Sarandí. Este club, no sólo es reconocido por sus logros futbolísticos (Súper Copa Argentina 2012, Sudamericana 2007, Suruga Bank 2008, entre otros), sino que también por sus inigualables campañas y proyectos solidarios.

El Departamento de Cultura del club se autodenomina con la palabra solidarizARSE. Es que Arsenal a lo largo del tiempo se convirtió en uno de los equipos más fraternales del fútbol argentino. En estos últimos meses, el Arse realizó una tradicional bicicleteada para recaudar alimentos no perecederos y útiles escolares, que fueron donados a la Escuela Rural N°47 de Villa Dominico. Por otra parte, se juntaron libros y revistas para la biblioteca del comedor del barrio. También junto a Vasalisa, empresa diseñadora de juguetes, realizaron muñecos de trapo inclusivos, con los colores del equipo, por la igualdad y los derechos de los discapacitados.

Y como era de esperarse, Arsenal volvió a dar la nota positiva en el último partido que disputó en su cancha frente a Gimnasia y Esgrima de Mendoza. Esta vez, levantaron en alto el lema Haciendo que lo invisible sea visible. Esta campaña solidaria la comanda el grupo de padres Unid@s por el TDAH, Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.

El TDAH, es un trastorno del neurodesarrollo con una importante influencia genética que se manifiesta por la presencia de síntomas de hiperactividad, desatención e impulsividad, que genera a través de estas manifestaciones, dificultades significativas en el normal funcionamiento de la persona (social, educativa, ocupacional). El mismo se detecta mediante un examen clínico interdisciplinario, siendo muy importante la detención temprana, cumpliendo los criterios del DSM-V, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.

En el Estadio Julio Humberto Grondona, los simpatizantes de Arsenal estaban ansiosos por ver la salida al campo de juego de los futbolistas. A las 14:25 los mismos salieron a la cancha pero lo hicieron acompañados por cuatro niños, estos tenían una remera con la inscripción de “Unid@s por el TDAH” y una bandera desplegada que hacía referencia al mismo. Los jugadores acompañaron esta iniciativa con cartulinas naranjas, color que representa al Trastorno, se cubrieron la cara durante la foto del comienzo del partido, e hicieron visible la campaña que llevan adelante el grupo de padres.

En el entretiempo los niños repartieron en la tribuna folletos, en los cuales se dejaba bien a la vista el TDAH. Cuando finalizó el encuentro los jugadores y cuerpo técnico del club firmaron una cartulina naranja. Y Emiliano Méndez y Lucas Necul, futbolistas de Arsenal, grabaron un mensaje para que lo invisible se haga visible.

Tanto Arsenal como “Unid@s por el TDAH” llenarán el cielo de barriletes. El primero lo hará el 25 de abril en su estadio bajo el lema “Tercera barrileteada familiar e inclusiva”. Y la segunda, será el 3 de noviembre con la consigna “Deja que te muestre el mundo que ven mis ojos” la principal concentración de personas será frente al Hospital Garrahan pero en la invitación de la misma pide que de donde se pueda se remonte ese día un barrilete color naranja y se haga visible el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.

Un cambio de frente

“Que vaya a lavar los platos, ¿cómo nos va a dirigir una mujer?”, grita algún viejo en algún alambrado de alguna cancha del ascenso, porque en primera divisiones imposible ver una árbitra, como mucho una jueza de línea, pero no más que eso. “Mirá si una mina me va a explicar a mí, que jugué toda mi vida al fútbol, cómo forma River este fin de semana, que se deje de joder”, le habla al televisor otro viejo, sentado en el sillón de su casa, mientras come una picada y toma una cerveza viendo algún programa futbolístico. Generaciones criadas en otras épocas, con diferentes ideales y con la mujer y el deporte como antónimos. Con el correr del tiempo y la lucha de las pibas por tener su lugar, esos términos fueron asimilándose poco a poco. Ya no sorprende ver a una chica con unos botines y el bolso yendo a entrenarse, o escuchar a una periodista darle una clase de feminismo a un colega en vivo y en directo. Pero todavía no se rompieron todas las barreras, falta mucho por deconstruir.

Se puede hablar de infinidad de situaciones machistas, que es algo que abunda en nuestra sociedad y más aún en relación al mundo deportivo. Desde la gran diferencia que hay en las selecciones femeninas y masculinas de fútbol – las jugadoras aseguran no recibir ningún tipo de apoyo por parte de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) – hasta la enorme desproporción que existe entre varones y mujeres en los programas deportivos o incluso en un ambiente mucho más pequeño como los deportes electrónicos (Esports), en los que el género femenino tiene un espacio casi imperceptible. Sin embargo sería incorrecto afirmar que hasta ahora no se logró ningún cambio. En noviembre, el seleccionado argentino femenino de fútbol enfrentó a Panamá por el repechaje del Mundial de Francia 2019 en un estadio repleto, un hito memorable para la historia de esta disciplina. También es destacable el trabajo del movimiento Periodistas Unidas, que lucha contra el acoso y la violencia machista que hay en el fútbol y, entre otras cosas, consiguió quitarles las acreditaciones a varios periodistas que fueron denunciados.

“Conozco pibas que se entrenan sin luz, en condiciones nefastas y no les dan un peso, la pasan mal”, denuncia Lola Schodlbauer, jugadora de la primera categoría de Gimnasia y Esgrima La Plata. Las chicas juegan por el mero hecho de la pasión por el deporte, porque si dependiera de lo institucional esta actividad casi no existiría. No más de 400 pesos por partido les dan, cuando un par de botines, que es lo básico para practicar, cuestan más de 2500. Schodlbauer protesta: “Es abismal la diferencia que hay con los hombres, no puede ser que el sueldo más alto de una de las pibas no llegue ni a cubrir la cuarta parte del más bajo de algún jugador de Boca o River”. Esta desigualdad no solo ocurre en los clubes, sino que también se evidencia en el equipo nacional. Las deportistas reclaman que la AFA no las escucha y sus pedidos no van más allá del pago de viáticos, la falta de nueva indumentaria y una mejora en la infraestructura para así poder entrenar en óptimas condiciones. Al parecer, la asociación presidida por Claudio “Chiqui” Tapia solo presta atención cuando se trata de cumplir los caprichos de la selección masculina, desde realizar concentraciones en lugares top hasta pagar infinidad de viajes para que un entrenador pueda charlar con los miembros del plantel.

No se puede pasar por alto los prejuicios que sufren a diario las mujeres deportistas, que parece que por el simple hecho de no ser del género masculino no pueden realizar las mismas actividades y se considera que están en un nivel inferior sin siquiera ver cómo se desempeñan. No es algo de otro mundo escuchar en la cancha un grito de “pateás como una mina” cuando un jugador le pega mal a la pelota. Si tan solo supieran la pegada que tiene la mediocampista argentina Estefanía Banini, quien en su palmarés cuenta con una gran cantidad de goles de tiro libre. Schodlbauer lo vivió en carne propia: “Cuando arranque a jugar me sentía diferente por las cosas que me decía la gente, nunca falta el que te tilda de machito. Con el tiempo comencé a tener más confianza, notaba que estaba rompiendo con los estereotipos de que la mujer solo puede hacer deportes como el vóley o el hockey. Hoy día me siento empoderada”.

No es algo que suceda solo en el juego. ¿Qué tan común es ver a una periodista cubriendo un partido de fútbol como relatora? Recién en Rusia 2018 Viviana Vila se convirtió en la primera mujer en relatar un encuentro de la Copa del Mundo luego de 88 años de Mundiales. Sí, leyeron bien, 88 años de Mundiales, un dato que alegra y entristece al mismo tiempo. ¿Sabían que únicamente el 27 por ciento del total de las personas que aparecen en la televisión argentina son del género femenino? ¿Y que de todas esas mujeres que salen al aire, el 41 por ciento es por ser víctimas de algún femicidio o de alguna situación sexista? Probablemente no, no es un dato que salga en los medios, no solo por la invisibilización y cosificación que padece la mujer en el ámbito televisivo, sino también porque está muy por debajo del promedio mundial, que es del 37 por ciento, según un informe del Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP, sus siglas en inglés).

Esto se puede ver de forma muy sencilla en los medios de nuestro país. Por ejemplo, el Diario Olé en su edición del lunes 12 de noviembre -el día posterior a la primera final de la Copa Libertadores entre Boca y River-, no tiene ninguna mujer en su fila de redactores. Ni una de las 64 páginas dedicadas al Superclásico incluye un texto escrito por una de ellas. Ni un recuadro.

Verónica Brunati, periodista que trabaja en TNT Sports y en los diarios As y Sport de España, señaló: “Me costó mucho trabajar en la Argentina, nunca encontré la regularidad de trabajar acá como en el exterior. He vivido desde que me roben notas para que las firme un colega hombre hasta que me quiten las credenciales para dárselas a otro antes de un partido. He recibido retos por preguntar en ruedas de prensa y también he sido inhabilitada para hacer entrevistas solo por el hecho de ser mujer. He sufrido la hostilidad de muchos colegas y hasta uno de ellos se metió en mi habitación durante una cobertura. Me han manoseado en la cancha, me han insultado e incluso me han tirado cosas. Ya perdí la cuenta de todas las barbaridades que superé”.

Queda bien claro que los deportes son un territorio hostil para las mujeres. No es casualidad que se haya creado el movimiento Periodistas Unidas, un grupo de chicas relacionadas al ambiente que reclaman por la igualdad de condiciones y para que se acaben las diferencias laborales y el acoso. Aproximadamente 50 pibas conforman este grupo, desde estudiantes de periodismo hasta profesionales ya recibidas, todas unidas al grito de “No nos callamos más”. El caso que impulsó el movimiento fue el de Loana Mosquera, que denunció que un fotógrafo la acosaba en las canchas a las que iba, le sacaba fotos a su espalda y hasta le hacía comentarios sobre su cuerpo sin su consentimiento. Esto se empezó a esparcir entre sus colegas y varias de ellas contaron que también habían pasado por situaciones similares. Con la fuerza necesaria para frenar estos actos machistas, comenzaron a ser escrachados públicamente los diferentes denunciados.

Brunati aprovechó para apoyar al movimiento: “Me parece importante visibilizar estos casos de abuso y acoso, esto sirve para que muchas mujeres no sufran tener que tolerarlo, que se sientan protegidas y que también se penalice al abusador y al acosador. Hace unos años las periodistas no podíamos denunciar ninguno de estos hechos porque si lo hacíamos nos tildaban de conflictivas. No teníamos ningún tipo de protección”.

El mundo de los Esports no es diferente. Los jugadores abundan mientras que es casi utópico encontrar una jugadora en un torneo internacional. La diferencia no es solamente la cantidad de participantes, sino que también cambian los premios. Como si por ser mujeres merecieran menos dinero por ganar, en igualdad de condiciones, la misma competición que sus pares masculinos. Un claro ejemplo es el caso de la jugadora sueca de Counter Strike Global Offensive (CS:GO) Zainab Turkie, que siendo campeona tres veces consecutivas de la copa Intel Challenge Katowice en 2015, 2016 y 2017, ganó un total de 27 mil dólares aproximadamente, mientras que Gabriel Toledo (FalleN según su nombre virtual), con la misma experiencia e igual número de trofeos obtenidos, consiguió un total de 642 mil dólares. ¿La única diferencia? Uno es hombre y la otra es mujer.

Según un estudio realizado por la Universidad de California, tras analizar a más de 11 mil personas, tanto las mujeres como los hombres tienen la misma capacidad para los videojuegos, no existe ninguna disparidad entre ambos géneros. Algo que es más que evidente en los torneos mixtos que se organizan. Evelyn Zyven, periodista que se dedica a cubrir deportes electrónicos, piensa que la situación cambiará en un futuro, pero que el problema no comienza en la escena de los Esports, sino que es más amplio y abarca una cuestión social y cultural. “Un pilar fundamental para este cambio es la educación”, sentencia.

¿Es casualidad que una mujer cobre menos por el mismo trabajo? ¿Es casualidad que haya menos de ellas trabajando? ¿Es casualidad que sean acosadas? No, claro que no. Históricamente no se las relacionaba con el fútbol o cualquier otra actividad deportiva, pero claramente no es porque a ellas no les gustase. Nunca se les dio el lugar que se merecen y siempre que una mujer ocupaba el rol que era habitualmente de un hombre se la criticaba mucho más. Alguna vez Eduardo Galeano bien supo decir: “El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. ¿Será que a la mujer no le gusta el deporte o será que al hombre no le gusta la mujer opinando sobre cosas en las que se considera experto? ¿Tendrá miedo de no ser el que más sabe?

El respeto no tiene precio

Santiago Ballatore

Probablemente no alcancen los adjetivos del diccionario para describir lo que significó Emanuel Ginóbili para la NBA. Pero si hubiera que quedarse con uno, sería desinteresado. No por el juego ni su equipo, sino que por el éxito personal, siempre y cuando lo que hiciera fuera útil para sus compañeros. Por el dinero. Porque, si hubiera querido, podría haber conseguido un contrato mucho más alto que el que tuvo en San Antonio Spurs la mayor parte de su carrera. Es por esta cualidad que Ginóbili se ganó el respeto casi unánime de toda la liga y de los mejores jugadores que participaron en ella.

Relata el periodista estadounidense Zach Lowe que durante uno de los primeros partidos del bahiense ante Los Ángeles Lakers, la figura Kobe Bryant le pidió a Bruce Bowen, estrella de los Spurs en ese entonces, que le contara sobre ese “blanquito”, en un tono medio despectivo. A lo que Bowen le respondió: “No es ningún ‘blanquito’. Ya vas a ver”.
Es que si hay algo que nunca le faltó al argentino desde que entró a la liga hasta su retiro, fue su carácter. Bruce Bowen era un jugador que se caracterizaba por su defensa fuerte y sus mañas, que volvían locos a los atacantes. Tim Duncan, probablemente el mejor jugador que se puso la camiseta de San Antonio, contó que durante toda la primera temporada de Ginóbili, Bowen intentaba sacarlo de sus casillas. Pero Manu nunca respondía ni cobraba las faltas, sino que se levantaba y seguía jugando. “Ahí fue cuando supe que estaría bien”, dijo Duncan, quien al principio tenía dudas sobre el argentino.
Inteligencia. Ahí va otra característica del paso de Ginóbili por la NBA. Gregg Popovich, quien fue su entrenador durante los 16 años que jugó en la franquicia, comentó tiempo atrás que cuando Manu llegó al equipo, no creía poder entrenarlo, ya que era muy terco y tomaba muchas decisiones arriesgadas. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que todo lo que hacía era por un motivo. Que arriesgarse era necesario. “Llegué a la conclusión de que tendría que ser más a su manera que a la mía”, contó.
Era tal la confianza que Popovich tenía puesta en el oriundo de Bahía Blanca que, en un partido de pretemporada ante Los Ángeles Clippers en 2010, le entregó la pizarra, se hizo a un lado y dejó que diagramara la jugada final para sus compañeros. Y, como si fuera poco, los jugadores siguieron las órdenes a la perfección y terminaron ganando por un punto.
En 2002 fue el debut de Ginóbili en la liga de básquet más importante del mundo. Tanto tiempo pasó de esa temporada, que muchos jugadores que enfrentó en los últimos años estaban inspirados por él. Un ejemplo es Gordon Hayward, estrella de Boston Celtics, que usa el dorsal 20 en su honor. O D’Angelo Russell, figura emergente de la liga, que teniendo a Kobe Bryant de compañero en los Lakers, contó varias veces que fue Manu el jugador en el que se inspiró y de quien copió la mayoría de sus movimientos.
El caso de James Harden, elegido jugador más valioso de la liga en 2018, es muy especial. Harden es como un espejo de Ginóbili, no solo por tener la zurda como mano hábil, sino por las cosas que hace dentro de la cancha. Incluso muchos analistas norteamericanos lo llaman “El Ginóbili moderno”. El famoso eurostep, movimiento que se usaba mucho en las ligas de Europa y que fue patentado en Estados Unidos por el argentino, es moneda corriente en el juego del norteamericano.
Quien mejor explicó cómo era jugar contra el bahiense fue Mike Krzyzewski, también conocido como Coach K, que fue entrenador de la selección de Estados Unidos entre 2006 y 2016. Luego del partido en el que Estados Unidos eliminó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Coach K comentó que se acerco a Manu y le dijo: “Nunca me había enfrentado a un competidor más feroz que vos”.
Sin el 20 de los Spurs, que, citando al histórico Magic Johnson, “era uno de los jugadores más divertidos de ver”, a la NBA le falta algo. Y ni hablar del básquet argentino, que tendrá la difícil misión de que cada jugador proveniente de este país que sea reconocido a nivel mundial, no sea comparado Emanuel Ginóbili.

El periodista estadounidense Zach Lowe cuenta que durante uno de los primeros partidos del bahiense ante Los Ángeles Lakers, la figura Kobe Bryant le pidió a Bruce Bowen, estrella de los Spurs en ese entonces, que le contara sobre ese “blanquito”, en un tono medio despectivo. A lo que Bowen le respondió: “No es ningún ‘blanquito’. Ya vas a ver”.

Es que si hay algo que nunca le faltó al argentino desde que entró a la liga hasta su retiro fue su carácter. Bruce Bowen era un jugador que se caracterizaba por su defensa fuerte y sus mañas, que volvían locos a los atacantes. Tim Duncan, probablemente el mejor jugador que se puso la camiseta de San Antonio, contó que durante toda la primera temporada de Ginóbili, Bowen intentaba sacarlo de sus casillas. Pero Manu nunca respondía ni cobraba las faltas, sino que se levantaba y seguía jugando. “Ahí fue cuando supe que estaría bien”, dijo Duncan, quien al principio tenía dudas sobre el argentino.

Inteligencia. Ahí va otra característica del paso de Ginóbili por la NBA. Gregg Popovich, quien fue su entrenador durante los 16 años que jugó en la franquicia, comentó tiempo atrás que cuando Manu llegó al equipo no creía poder entrenarlo, ya que era muy terco y tomaba muchas decisiones arriesgadas. Pero al fin y al cabo se dio cuenta de que todo lo que hacía era por un motivo. Que arriesgarse era necesario. “Llegué a la conclusión de que tendría que ser más a su manera que a la mía”, contó.

Era tal la confianza que Popovich tenía puesta en el oriundo de Bahía Blanca que, en un partido de pretemporada ante Los Ángeles Clippers en 2010, le entregó la pizarra, se hizo a un lado y dejó que diagramara la jugada final para sus compañeros. Y, como si fuera poco, los jugadores siguieron las órdenes a la perfección y terminaron ganando por un punto.

En 2002 fue el debut de Ginóbili en la liga de básquet más importante del mundo. Tanto tiempo pasó de esa temporada, que muchos jugadores que enfrentó en los últimos años se inspiraban en él. Un ejemplo es Gordon Hayward, estrella de Boston Celtics, que usa el dorsal 20 en su honor. O D’Angelo Russell, figura emergente de la liga, que teniendo a Kobe Bryant de compañero en los Lakers, contó varias veces que fue Manu el jugador a quien le copió la mayoría de sus movimientos.

El caso de James Harden, elegido jugador más valioso de la liga en 2018, es muy especial. Harden es como un espejo de Ginóbili, no solo por tener la zurda como mano hábil, sino por las cosas que hace dentro de la cancha. Incluso muchos analistas norteamericanos lo llaman “El Ginóbili moderno”. El famoso eurostep, movimiento que se usaba mucho en las ligas de Europa y que fue patentado en Estados Unidos por el argentino, es moneda corriente en el juego del norteamericano.

Quien mejor explicó cómo era jugar contra el bahiense fue Mike Krzyzewski, también conocido como Coach K, que fue entrenador de la selección de Estados Unidos entre 2006 y 2016. Luego del partido en el que Estados Unidos eliminó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Coach K comentó que se acerco a Manu y le dijo: “Nunca me había enfrentado a un competidor más feroz que vos”.
Sin el 20 de los Spurs, que, citando al histórico Magic Johnson, “era uno de los jugadores más divertidos de ver”, a la NBA le falta algo. Y ni hablar del básquet argentino, que tendrá la difícil misión de que cada jugador proveniente de este país que sea reconocido a nivel mundial, no sea comparado Emanuel Ginóbili.