Por Emiliano Le Voci
Si hay una persona que sabe cómo reinventarse, obtener resultados milagrosos y ser el líder de una nación, ese es Luiz Inácio Lula da Silva. Las elecciones del domingo pasado, con Flávio Bolsonaro en la vereda de enfrente, fueron las séptimas elecciones presidenciales a las que Lula se presentó (1989, 1994, 1998, 2002, 2006, 2022 y 2026). “Quiero decirles que siento un orgullo muy grande. Soy el único presidente de la república que es obrero metalúrgico y sin título universitario que fue elegido democráticamente cuatro veces”, declaró una vez concluido el recuento de votos.
Y es que la hazaña se vuelve más épica al considerar la cantidad de factores que complejizaban la posibilidad de una victoria del Partido de los Trabajadores (PT) sobre el Partido Liberal (PL) en el balotaje: la primera vuelta, a pesar de lo que indicaban las encuestas, quedó en manos del PL, por una diferencia de más de dos millones de votos. Y a eso hay que sumarle que nunca desde la vuelta de la democracia en Brasil, en 1989, el candidato que perdió en la primera vuelta había logrado revertir el resultado. También, otra dificultad fue que en el Congreso Nacional se instalaron la mayor cantidad de diputados conservadores desde 1988. El triunfo se veía lejano. Utópico.
Sin embargo, Lula triunfó. En las redes sociales como X, Instagram y TikTok se viralizaron muchos vídeos y comentarios que referían a que el equivalente de este increíble resultado en el fútbol es, por citar un ejemplo, Argentina y Egipto del Mundial 2026. También hubo quienes compararon la longevidad y épica del político brasileño con Lionel Messi. Más allá de las obvias diferencias, ambos son líderes por naturaleza, ejemplos de perseverancia y, cuando las papas queman, se agrandan.
Existen incontables situaciones en las que Messi dio la cara por su equipo. Cuando él marcador era adverso, porque es el capitán y también esas veces en que lo hicieron enojar, y él respondió de la manera que mejor lo sabe hacer, dentro de la cancha. Durante el segundo debate presidencial de cara al balotaje, Flávio Bolsonaro acusó al gobierno de erosionar el poder adquisitivo: de nada servía un salario mínimo más alto si Lula “da con una mano y quita con los nueve dedos”. El mandatario brasileño respondió con la clase que lo caracteriza y demostró por qué es un animal político, cuando destacó que si alguien conocía el mundo del trabajo, era él, y que la pérdida de su dedo se debe a que a los 17 años, mientras trabajaba en una metalúrgica, sufrió un accidente y luego acusó a su rival de no haber trabajado en su vida. Lula transformó el agravio personal en un agravio social. Dio la cara por la gente, por los trabajadores.
Las similitudes no terminan ahí. El camino tuvo muchos obstáculos ya que en 2016, el astro del fútbol mundial se retiró de la selección argentina luego de las numerosas críticas y la seguidilla de finales perdidas. Pero volvió. Eligió un camino de reconstrucción. Primero clasificó a la selección nacional al Mundial de Rusia 2018, pero lo más significativo vino después. Esta vez se quedó, no huyó y fue compensando con la gloria máxima al ganar dos Copas América (2021 y 2024) y el Mundial de Qatar 2022. La consagración definitiva.
Lula vivió su momento más oscuro a nivel personal cuando el 7 de abril de 2018 se entregó a la justicia y quedó encarcelado en una sede de la policía federal en Curitiba bajo los cargos de corrupción pasiva y lavado de dinero. El 1 de marzo de 2019 Lula obtuvo un permiso especial para salir de la cárcel durante poco menos de dos horas para despedir a su nieto Arthur, de tan solo siete años, que falleció a causa de una meningitis bacteriana. No obstante, estuvo 580 días en prisión, tras salir en libertad el 8 de noviembre de 2019 y luego en marzo de 2021 el Supremo Tribunal Federal anuló por completo sus cadenas dictadas en su contra al determinar que el juez Sergio Moro no había sido imparcial. Y, curiosamente, en 2022 fue el año en el que se presentó nuevamente a elecciones y ganó con el 50,90% de los votos frente al 49,10% de Jair Bolsonaro, padre de Flávio. “Intentaron enterrarme vivo y aquí estoy”, expresó en esa oportunidad, luego de hacerse con el triunfo electoral. Volvió, y como Messi, a lo grande.
El 2026 lo encuentra vencedor en una nueva oportunidad. A sus 81 años está más vigente que nunca. Comprometido con que su cuarto mandato sea el mejor de la historia, a pesar de que en los anteriores ya generó muy buenos números, como cuando convirtió a Brasil en la sexta economía más grande del mundo, allá por el 2011. Hay algo que es seguro, cuantos más años pasen, más objeto de estudio y análisis será la vida y trayectoria política de Luiz Inácio Lula da Silva.





