Por Emiliano Le Voci
El reloj marca las 9 de la mañana cuando en el predio de Villa Domínico comienza una nueva jornada. Primero, con la llegada de trabajadores, familiares de los pibes de las inferiores y, por supuesto, con el arribo de los autos de los jugadores de primera división. Luego sigue la entrada en calor, para el posterior entrenamiento, de varias categorías, con la vista puesta en una larga lista de objetivos, a corto, mediano y largo plazo, que varía según el equipo, división y jugador.
Alrededor de las 9:30 Ricardo “Chivo” Pavoni llega en Uber al predio para dar inicio a su labor como acompañante y formador de las divisiones inferiores. Primero, todavía algo soñoliento, se acomoda en su despacho dentro de las instalaciones, pone el termo, yerbera y mate sobre la mesa, agarra el celular para avisarle a su esposa que llegó y que no podrá contestarle por algunas horas, y, por último, chequea su casilla de mails. Después, se sienta y afirma estar listo para charlar y responder preguntas acerca de su vida como futbolista y la gloria deportiva en Independiente que lo inmortalizó como uno de sus mayores ídolos.
El Chivo disputó 495 partidos oficiales, convirtió 76 goles y conquistó 12 títulos, entre ellos cinco Copas Libertadores. Todo esto con la camiseta de Independiente a lo largo de 12 temporadas. Mérito más que suficiente para ser considerado leyenda por el resto de su vida.
–Jugabas en Defensor Sporting y hasta habías empezado a trabajar en un casino cuando apareció el llamado de Independiente. ¿Qué recordás de ese momento en el que tu vida cambió prácticamente de un día para el otro?
-Yo era muy pibe, pero el fútbol no alcanzaba. La aparición de Independiente me vino como anillo al dedo, porque las cosas en el casino no iban muy bien, varios fueron detenidos por la policía poco tiempo después que me fui, me salvé jaja. Mi pase cñostó 28 mil dólares, no es que fuera un monto escandaloso, pero era significativo en esa época. La verdad es que no lo podía creer cuando me dijeron que me iba a Buenos Aires.
-Cuando mirás hacia atrás y ves que ganaste cinco Copas Libertadores, ¿en qué momento te diste cuenta de que aquel equipo estaba construyendo algo que iba a quedar para siempre en la historia de Independiente?
-Uno no se da cuenta, no toma conciencia hasta mucho después. Porque no salís a jugar pensando “si ganamos hoy vamos a ser ídolos por siempre”. Solo pensás a corta distancia en el tiempo. Con los años, ya retirado, ahí ves realmente lo que esos títulos significaron para tanta gente. Muchas veces estoy en la calle y me reconocen, me saludan con mucho cariño. Los hinchas me recuerdan los tiros libres y los penales. Siempre es muy lindo recibir el afecto de la gente de Independiente, pasan los años y me sigue emocionando.
– ¿Cuál fue la clave para no perder la motivación luego de tantos triunfos? Es cierto que está en el ADN de los deportistas la sed de la victoria, pero una vez que lo ganás todo, ¿cómo buscás más?
-Era otra época. No digo que no hayamos sentido esa sensación. Supimos disfrutar y celebrar de la manera adecuada cada copa. Pero luego volvíamos el lunes al entrenamiento y ya había un nuevo objetivo, y nosotros queríamos estar a la altura de ese nuevo objetivo. Además, teníamos bonos por cada título internacional. No estoy diciendo que fuera la única motivación, pero también era importante. Quizás podías comprarte un auto, o una casa, permitirte algunos lujos.
– ¿Pensás que hoy cambió un poco el sentido de pertenencia de los jugadores? Porque muchas veces a la primera de cambio se van, algunos incluso siendo muy chicos todavía.
– Por el avance de la tecnología, del mundo, hay muchos factores. Hoy se gana mucha más plata por el fútbol, por la televisión, por los sponsors. También suelen ser más años de carrera, por el avance de la preparación física. Yo creo que los pibes intentan hacer esa diferencia económica desde la primera oportunidad que tienen. No me parece mal eso. Es más, yo creo que beneficia a los clubes, porque significa un importante ingreso de dinero. Y hoy por hoy, a Independiente le conviene vender jugadores.
– ¿Creés que Independiente sigue formando jugadores del más alto calibre? Porque mucha gente solo habla de la cantera Boca y de River.
– Claro que sí. Ahora mismo la reserva está puntera del campeonato, eso habla por sí solo. Tenemos muchos pibes, mucho material. No solo de Buenos Aires, también de varias provincias. Hay mucho talento, el desafío está en trabajar con eso y que mejoren, que crezcan. Pero no solo como jugadores, también como personas.

El Chivo se prepara un mate, vuelve a mirar el celular, quizás esperando haber recibido un mensaje, o simplemente para constatar la hora. Sale de su despacho en busca de una botella de agua, y al regreso viene un ayudante, vestido con una gorra, buzo y pantalón del club, a recordarle a Pavoni que en un rato lo necesitan para ayudar y aconsejar a una categoría. Luego de un trago de agua, se dispone a seguir con la charla.
-Fuiste capitán de uno de los equipos de Independiente más emblemáticos de la historia. Qué significa realmente ser líder de un vestuario: ¿hablar, dar el ejemplo, exigir a los demás o saber cuándo quedarse callado?
-Es una responsabilidad que te asignan los demás porque son ellos quienes te elijen. Uno tiene que afrontarlo con madurez y creo que en mayor o menor medida lo hice bien. Comenzás a ver al equipo de otra manera, porque ya no sos un jugador más. Es algo lindo, porque también significa que los demás ven en vos esa capacidad de liderazgo. Coincidió con una etapa muy exitosa del club, pero más allá de eso ya era muy lindo ser el capitán.
– Enfrentaste a jugadores como Pelé y Johan Cruyff y también compartiste cancha con grandes futbolistas de tu época. ¿Qué aprendiste, si es que aprendiste algo, de enfrentar a jugadores que parecían estar un escalón encima del resto?
-No es que haya aprendido algo de ellos. No discuto la calidad inigualable, pero al enfrentarlos no estás pensando en las cosas que el otro puede hacer. Tampoco es conveniente pensarlos como inalcanzables, por más que lo sean, ya que puede jugarte en contra en un partido por los puntos. No hay que tenerles miedo, respeto sí, pero miedo no.
-Después de tu retiro en 1976 podrías haberte alejado del fútbol, pero decidiste seguir vinculado a Independiente durante décadas. ¿Qué encontraste en el trabajo con los chicos que hizo que quieras seguir dentro del club?
-Al principio tuve que ir a la psicóloga para dejar atrás al Pavoni futbolista. También entré a trabajar en un banco, pero no por necesidad económica, sino para ser tratado como alguien normal y eso me ayudó bastante. Extrañaba el club, así que comencé a ir a la mañana a Independiente y a la tarde al banco. Es el amor al club, a las instalaciones, a los hinchas, a los que trabajan ahí y claro, a los jugadores, a las nuevas camadas, eso me mantuvo ligado todos estos años.
-Hoy, con 83 años, ¿qué sentís que todavía podés aportarle al club?
-Experiencia. Sabiduría. Conocimientos. Me gusta poder aconsejar a los más jóvenes, como también me hubiera gustado a mí tener a alguien, un adulto mayor que me aconsejara y no solo sobre fútbol, sobre la vida en general. Cuando veo los resultados en las inferiores, y también veo que los chicos están cómodos, me doy cuenta que hago bien mi trabajo. Independiente es mi hogar, y estoy agradecido que así sea.
Pavoni bebe un último vaso de agua, se despide cordialmente y avanza hacia la puerta. Sabe que lo espera otro día de trabajo. Pero él es feliz. Lo disfruta. Se encuentra con los ayudantes, hablan, analizan, destacan. Se puede apreciar la concentración cuando está inmerso en el trabajo. Y a su vez, es inmenso en la historia de Independiente, que lo recordará por siempre.





