Por Luca Canga
Las piernas temblaban, los brazos se agitaban en forma de descargo y su cara era inexpresiva. Delfina Pignatiello en minutos iba a nadar en Tokio 2020, su primera vez en un Juego Olímpico. En su cabeza tenía la presión de un país exigente y expectante por ella. “El futuro de la natación argentina”. Los resultados: octava en 1500 y en 800 metros. La gente de su propio país para la que ella nadaba se volvió su peor pesadilla.
Ahora es 2026. Ya no se escuchan los sonidos de los braceos ni del agua. Solo el ruido de los clicks que vienen de la cámara que Pignatiello lleva en sus manos.
Pese a la corta edad de 18 años, en sus comienzos los buenos rendimientos fueron los que la hicieron competir contra las mejores. Todo parecía apuntar a que iba a llegar a lo más alto de la natación argentina. La primera gran prueba vino en 2018: los Juegos Olímpicos de la Juventud, en Buenos Aires, en los que obtuvo dos medallas de plata, en 400 y en 800 metros libres. Donde daría de qué hablar fue en los Juegos Panamericanos de Lima 2019: tres medallas doradas en 400, 800 y 1500 metros libres.
El retiro
Las críticas que recibió después de Tokio fueron uno de los puntos de quiebre que la llevaron a replantearse su relación con la competencia. “Fue llegar de los Juegos y recibir mensajes de gente de tu propio país diciéndome: ‘Sos una fracasada de mierda’”, contó en DEPORTV el 11 de agosto de 2022. El viernes 3 de junio de ese mismo año realizó un posteo en Instagram y dijo que daba un paso al costado del alto rendimiento. También reveló que se había comprado una cámara profesional de fotografía y que iba a emprender un nuevo camino artístico. “Me hizo soñar de vuelta”, dijo en esa misma publicación respecto de su nueva etapa.

Las redes explotaron. Medios de comunicación nacionales la llamaron para que fuera a contar la razón de su decisión ¿De verdad era difícil darse cuenta? Los halagos por sus buenos rendimientos se transformaron en insultos luego de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Su mente empezó a jugarle una mala pasada; creía que las personas que se le acercaban lo hacían por interés y comenzó a generar miedos. “Las medallas las tengo colgadas en mi casa y no me generan nada”, explicó en OLGA ¿Puede alguien dejar de ser quien fue?
Quizás el problema ya no era lo que los demás esperaban de ella, sino lo que Delfina esperaba de sí misma. Desde sus 12 años, su vida estuvo marcada por entrenamientos, competencias, medallas y objetivos que parecían no tener fin. Había conseguido aquello por lo que tanto había trabajado, clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero una vez que llegó, su cabeza había cambiado. La natación, que durante toda su vida había sido parte de su identidad, ya no le generaba la misma pasión.
Una nueva identidad
El alejamiento de Pignatiello de la natación no fue solamente de las competencias. También se alejó del ambiente que había sido parte de su vida. Su antiguo entrenador, Gustavo Roldán, quien la acompañó durante gran parte de su carrera, reconoce que después de dejar el alto rendimiento no volvieron a tener contacto. “No sé por qué no nos volvimos a ver”, contó. Pignatiello tampoco volvió al club Municipal de San Isidro, ni a los entrenamientos, ni mantiene relación con sus ex compañeros. “Ella se alejó del ámbito de la natación”, explicó su ex entrenador.
Roldán tampoco puede responder qué aspectos de aquella Delfina siguen presentes en la actualidad. “No sé, no hablamos más”, dijo.
¿Quién soy ahora?
Dejar de competir implica perder una rutina de horas de entrenamiento, gimnasio y recuperación, un grupo de pertenencia, determinados objetivos y un proyecto asociado a un futuro. Para una persona que construyó su identidad alrededor de la natación desde muy chica, ese cambio puede convertirse en una especie de duelo. “Termina una versión de uno mismo que deja de existir”, explicó la psicóloga Ana María Vaernet.
Construir una nueva identidad tampoco es sencillo. Después del retiro aparece una pregunta inevitable: “¿Quién soy después de todo eso?”. Según Vaernet no hay que borrar aquella versión, sino integrarla: “Ese también soy yo, forma parte de mi historia, me dio herramientas, pero no determina todo lo que voy a ser de ahora en adelante”.
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La fotografía se convirtió en una de sus principales formas de expresión. En 2026 presentó Ninfas, su primera muestra individual, una serie de fotografías subacuáticas en la que explora el cuerpo, el agua y el vínculo entre mujeres. El proyecto incluso recibió el segundo premio del Latin America Youth Award de Walk of Water.
Quizás en esa forma de entender el pasado esté la clave para comprender a Pignatiello: la nadadora que fue no desapareció, pero tampoco tiene que definir quién es hoy. En 2022 dejó el alto rendimiento y encontró en la fotografía una nueva forma de expresarse. Los entrenamientos, las competencias y las medallas quedaron atrás, pero aquella Delfina sigue formando parte de su historia.





