Manu Ginóbili desde el arte: el deportista que inspiró en todos los lenguajes

Por Magalí Robledo

El arte suele buscar refugio en los museos. Ya sea porque cuelga de una pared, descansa sobre un pedestal o espera en silencio detrás de un telón. Pero hay otros casos donde decide escaparse. Se viste con la camiseta número 20, agarra una pelota naranja y transforma una cancha de básquet en un escenario donde miles de personas contienen la respiración antes de aplaudir y quedar rendido a sus pies.

Eso hizo Emanuel “Manu” Ginóbili. No necesitó un pincel para pintar jugadas imposibles ni un instrumento para componer una sinfonía colectiva. Fue más allá. Su creatividad apareció en un pase que nadie imaginaba, en una bandeja que desafiaba la lógica y en una competitividad capaz de convertir lo extraordinario en costumbre.

Manu es mucho más que un deportista. Su figura y su legado trascendió los límites de la cancha para instalarse en el colectivo argentino y mundial para convertirse en un símbolo de humildad, perseverancia y liderazgo. Pero también como una persona que inspira más allá del deporte.

Hablar de él es hablar de uno de los mayores artistas que dio el deporte argentino. Un creador que repartió obras en Bahía Blanca, Italia y San Antonio. Obras que no se exhiben bajo una luz tenue sino que sobreviven en videos, fotos y en la memoria de quienes alguna vez se levantaron del sillón para celebrar una de sus generalidades.

En el día de su cumpleaños número 49, vale la pena recordar algunos momentos de su carrera. No para contar otra vez sus títulos o sus récords, sino para descubrir que cada etapa de su carrera puede entenderse como una expresión artística distinta. Porque Ginóbili no solo cambió la manera de jugar al básquet: convirtió el juego en una forma de arte.

 

ARQUITECTURA

La base de todo. El lugar donde comenzó a gestarse una de las figuras más importantes para el deporte argentino. La casa de Manu Ginóbili, la cual, según sus palabras, era “un lugar sencillo, pero con un ambiente muy familiar y cálido”, pero en la que en algún rincón de esta se encontraba uno de las grandes frustraciones que tenía él de pequeño: la obsesión de crecer para poder jugar. En la pared de la cocina es donde iba marcando con líneas su altura para llevar un registro casi diario de su crecimiento ya que quería ser igual de alto que sus hermanos. Una breve anécdota que sin duda alguna ayudó en el desarrollo de la constancia y perseverancia en conseguir lo que él quería.

 

ARTES ESCÉNICAS:

Sus movimientos inesperados pueden compararse con la improvisación del jazz o la danza. Y como el arte también es interpretación, es por eso que en este caso el famoso “Eurostep” de Manu Ginóbili será tratado como sí al tener un parecido a una danza contemporánea. Esta famosa jugada consiste en engañar al adversario, es un movimiento que empieza con un pie hacia un lado para luego orientar el cuerpo hacia el otro y definir. Desde un lado artístico se ve a la cancha como el escenario, el partido como la obra y a Manu como el bailarín porque se vuelve arte. Así, como cuando penetraba la defensa, era como si diseñara una coreografía en su mente donde todo estaba fríamente calculado. 

 

ESCULTURA:

El monumento de cinco metros de altura realizada por el artista plástico Martín Villalba en la provincia de Neuquén en 2019 ubicada al lado del Concejo Deliberante en una plazoleta sobre calle Leloir. Si bien esta escultura no celebra solo a Manu sino a toda la generación dorada, es la icónica fotografía de la palomita (mítico doble en el último segundo para el triunfo 83-82 ante Serbia y Montenegro en el debut de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004) la que decidió recrear, celebrando así también la idea de inspiración colectiva que trasciende él. La escultura transformó a Ginóbili en un referente visual sólido, tangible y eterno; y no sólo retrata al jugador sino que también al símbolo que perdura en el tiempo y el cual no necesita moverse para seguir respirando.

 

FOTOGRAFÍA:

Donde toda su vida se resume: la familia y su carrera. El 28 de marzo de 2019 se llevó a cabo la ceremonia en donde se retiró la camiseta número “20” del bahiense luego del triunfo de San Antonio Spurs ante Cleveland Cavaliers por 116-100 en el AT&T Center. En una noche llena de emociones para todos los presentes y los espectadores por la TV Ginóbili supo, si es que todavía no caía, lo que es entrar al Salón de la Fama y pertenecer a la historia de esa franquicia ya que no retiran la camiseta de todos los jugadores. En el fondo se ve colgada su mítica camiseta luego de defenderla durante 16 temporadas con la conquista de cuatro anillos de la NBA y en primera plana sus hijos Dante, Nicola y Luca y su esposa Marianela Oroño, los que están incondicionalmente pese a todo. Es impensado como una fotografía puede resumir la vida de una persona con sus personas favoritas y la carrera que lo acompañó toda la vida. En resumen es una foto y mil historias. 

 

LITERATURA:

Como con la pintura, Ginóbili tuvo un pasado como escritor y es que en 2021 se publicó el libro “Pelota de Papel 4”: cuentos escritos por deportistas, en este caso, de todas las disciplinas contando sus experiencias, sus historias y anécdotas, y que Manu tuvo el papel de escribir la contratapa. Pero más allá de este aporte a la literatura, hay muchos ejemplos en donde lo toman a él como inspiración para contar historias o su historia y este es el caso de “Manu Ginóbili para chicos”. Un libro de cuentos infantiles que se publicó en 2018 el cual es una inspiradora historia que relata la vida y carrera de Manu. Se convirtió en un símbolo de lucha, superación y premio al esfuerzo. Ese que sólo necesita una pelota y convicción para hacer que todo sea posible. 

 

ARTES VISUALES:

En varios rincones del país hay pinturas en su honor como por ejemplo la que se ubica en el piso de la cancha de básquet de Plaza Saavedra en La Copita (realizada por Rodrigo Ojeda en 2018). Representa a Manu pero desde lo visual con la puesta en escena de “dejar quieta” a una persona que vive en constante movimiento e inmortalizar ese momento. Pero la particularidad de todo esto es que Ginóbili está más cerca del arte de lo que todos piensan, ya que también comparte la pasión por la pintura según dejó ver en una historia de Instagram que compartió en marzo del 2024 en donde se mostró un cuadro pintado por él y como también pintar es uno de sus pasatiempos favoritos. 

 

CINEMATOGRAFÍA:

No podía ser una nota destacando la figura de Ginóbili sin mencionar una vez a la Generación Dorada. Esa que se destacó entre muchas cosas por el oro conseguido en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. En 2018 se estrenó un documental llamado “The Golden Generation” que narro la historia del equipo en los JJ.OO. mediante entrevistas y material de archivo destacando a figuras como Manu Ginóbili y Luis Scola. Toda su vida fue como una película. Esa que todos desean vivir por los grandes momentos que tuvo y la historia que atravesó para conseguirlos. Queda en evidencia que en la cancha si quería no necesitaba hablar, todo se le entendía con los movimientos de su cuerpo y en algún punto le alcanzaba para expresarse así. 

 

MÚSICA:

Modo argentinidad al palo activado. Unidos desde Bahía Blanca hasta Córdoba nace la canción “Ginóbili” de Slim Dee días antes de que Manu anunciará su retiro oficialmente. Este trap, ligado a la música urbana, representa como es él como persona, haciendo énfasis en su perfil bajo y humildad: “No tiene tatuajes, ni manga / No tiene una vincha, ni na” (…) “No quiere Salón de la Fama, ni na”. La música, como el juego de Manu, trasciende lo literal y genera una conexión emocional. Ginóbili es presentado como un símbolo de superación, garra y talento argentino en el mundo. Él es como la música: único, libre y armónico sin repetir fórmulas. Y por eso, también se ganó un lugar en la música.

 

Ginóbili pasó de lo imposible a lo posible. De aquel niño que dudaba de su altura y de si podría llegar a jugar al básquet hasta ser el héroe e ídolo en el mundo. Voló con los pies sobre la tierra y se ganó su lugar, más allá de lo que ganó sino como lo hizo. Es por eso que el arte le hace ese reconocimiento.

Los grandes artistas no desaparecen cuando dejan de crear. Sus obras siguen hablando por ellos. Emocionan a quienes lo descubren por primera vez y aquellos que encuentran nuevos significados con el paso del tiempo. Lo mismo ocurre con Manu Ginóbili. Su legado ya no se mide en anillos, medallas o récords, sino en la inspiración en miles de chicos que un día agarraron una pelota creyendo que también podían llegar.

Quizás el verdadero museo de Manu Ginóbili nunca tenga paredes ni horarios de visita pero sí estará en las canchas de barrio, en las tribunas que todavía corean su nombre, en los videos que se vuelven a ver una y otra vez y en la memoria de quienes entendieron que el básquet también podía ser una forma de belleza. Porque el arte emociona cuando logra trascender a su autor. Y Manu, hace mucho, dejó de ser solamente un jugador para convertirse en una obra eterna del deporte argentino. 

Porque algunas carreras se recuerdan. Otras se estudian. Y unas muy pocas se vuelven eternas.

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