Rotura de ligamentos en el fútbol: del largo camino de la lesión al regreso a las canchas

Por Luna Lonoce

El entrenamiento matutino del jueves 5 de febrero de 2026 parecía uno más. Jano Gordon, defensor de Vélez Sarsfield, tenía 21 años y venía de ser titular en el equipo. Pero una lesión durante aquel día en la Villa Olímpica, en la cancha 3, cambió su rumbo por completo. El diagnóstico fue rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) de la rodilla izquierda. Una semana después, ya había pasado por el quirófano y comenzaba un proceso que iba a durar unos ocho meses aproximadamente.

Una lesión, en términos generales, es un daño corporal causado por una herida, un golpe o una enfermedad. Pero en el fútbol una lesión significa mucho más: meses sin competir, rehabilitación diaria, pérdida de ritmo, cambios en la rutina y, sobre todo, la incertidumbre de no saber exactamente cuándo se volverá a estar al mismo nivel.

Los ligamentos cruzados son dos estructuras ligamentosas localizadas dentro de la articulación, une al fémur y la tibia para darle estabilidad a la rodilla. Su función se vuelve especialmente importante en el fútbol, donde un jugador puede pasar de correr hacia adelante a frenar, girar, saltar o cambiar de dirección en apenas una fracción de segundos.

En la mayoría de los casos esta lesión va acompañada de lesiones del ligamento lateral interno, esguinces, lesiones meniscales y contusiones óseas.

La epidemia en Argentina

Según Silvio Maverino, periodista de El Gráfico, hubo seis casos en los últimos meses de 2020: 14 en 2021, 20 en 2022, 23 en 2023, 41 en 2024, 32 en 2025, y 30 hasta octubre de 2026. Un total de 166 lesiones en seis años. Sarmiento encabeza el ranking con 12 casos, Banfield con 11 y San Lorenzo con 10. Lo sigue River con 9, mientras que Boca tiene 5.

En la nota, Jorge Batista, actual médico de Boca Juniors, especialista en deporte y cirujano, observa que el fútbol argentino está sometiendo a los jugadores a una combinación de demasiados partidos, recuperación insuficiente, superficies de juego problemáticas, exigencia física y psicológica, determinadas condiciones técnicas, y que estos factores se potencian entre sí.

La gravedad también se mide en tiempo

En el caso de Gordon, Vélez informó el 21 de febrero que ya había transcurrido una semana desde su operación de ligamento cruzado anterior. En julio de 2026, el club comunicó que el defensor atravesaba su quinto mes de postoperatorio y que ya combinaba trabajos de campo con kinesiología. Volvió a competir en una cancha el 1 de octubre de 2026, casi ocho meses después de su lesión y sumó 45 minutos en el empate 1-1 de la Reserva frente a Argentinos Juniors.

La posibilidad de que vuelva a suceder

Mateo Zárate, delantero de la reserva de Barracas Central, tiene 20 años, y ya sufrió una doble rotura. La primera, el 2 de abril de 2025, en un partido frente a Newell ‘s en el predio AEFIP de local. “Había hecho mi primer gol en Reserva, estaba siendo un partido muy importante. Mi rodilla no tuvo contacto con absolutamente nada, fue un cambio de dirección lo que provocó la lesión”. Fue operado un mes después, el 10 de mayo, en el Sanatorio Finochietto por Javier Swiatlo, médico de la primera división de Independiente.

“La segunda vez, estaba en etapa de prueba”, dijo lamentándose. Mientras ceba un mate: “Era mi partido de vuelta tras superar la primera lesión, ante Platense en el Estadio Ciudad de Vicente López, por el torneo Apertura de Reserva. Me acuerdo que toda mi familia me había ido a ver, todos emocionados. Entré a los 40 minutos del segundo tiempo y en un mal movimiento sentí el tirón, me tiré al piso y no podía parar de llorar; hasta el día de hoy me acuerdo el grito que pegó mi papá”, declaró mientras se le erizaba la piel. Pablo Rainaudi, traumatólogo y especialista en artroscopia de rodilla, lo operó el 6 de mayo de 2026 en el mismo sanatorio. Durante octubre combinó trabajos de fuerza y campo con el objetivo de estar presente en la próxima pretemporada, que iniciará en enero 2027.

La recuperación: diferentes etapas

Teniendo en cuenta el caso de Zárate y según el equipo de kinesiólogos de la reserva de Barracas Central, al principio el foco suele estar en controlar la inflamación, recuperar el movimiento de la rodilla y volver a activar la musculatura. Después aparecen ejercicios de fuerza, equilibrio y control. Más adelante llegan la carrera, los cambios de dirección, los saltos y finalmente las tareas específicas de fútbol.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada por la base de datos médicos PubMed en 2026, analizó 39 estudios y 7.452 futbolistas que habían atravesado una reconstrucción del LCA. La misma empresa reunió datos de 16.905 jugadores, encontró una incidencia global de segunda lesión del LCA del 21,6%. En los profesionales, el porcentaje fue del 19,2%. Entre los menores de 21 años, la cifra alcanzó el 31,9%.

Para un jugador joven el peso es aún mayor. La edad puede jugar a favor en términos de capacidad de recuperación, pero también existe un riesgo importante: los futbolistas jóvenes que regresan a la máxima competencia siguen estando expuestos a una segunda lesión.

La Clínica San Jerónimo Rehabilitación, ubicada en San Justo, provincia de Buenos Aires, es un centro de recuperación liderado por el director general Gustavo Barbalace quien sostuvo: “El proceso debe entenderse como una progresión y no como una fecha en el calendario como dicen la mayoría de los médicos”. También agregó que la idea central sería que el alta médica no debería depender únicamente de cuántos meses pasaron desde la operación, sino de cómo responde la rodilla y de si el jugador cumple con los criterios físicos necesarios para competir”.

Durante años, la vuelta se pensaba casi como una cuenta regresiva: seis meses, siete meses, ocho meses. Hoy se intenta observar mucho más que el calendario. La fuerza entre las piernas, el control durante los saltos, la capacidad para desacelerar, la estabilidad y la respuesta ante movimientos similares a los del partido forman parte de una evaluación más completa.

El caso de Gordon también muestra cómo una lesión puede aparecer en el momento menos esperado. Con enojo e impotencia, el jugador declaró: “Apenas unos días antes había vivido uno de los episodios más particulares de mi carrera y eso es lo que me genera bronca”. El 31 de enero, en el encuentro frente a Independiente por la fecha 3 del Torneo Apertura, convirtió un gol a favor y otro en contra en apenas un minuto y medio. Antes había sido una de las figuras del plantel en la Supercopa Argentina de 2025, cuando marcó los dos goles del triunfo 2-0 ante Central Córdoba.

Y el problema no afecta solamente al futbolista. Las lesiones también tienen un impacto deportivo y económico para los clubes. Según el informe que mide el alcance, la frecuencia, la gravedad y los costos económicos de las lesiones en los equipos de las cinco principales ligas de fútbol masculino de Europa (Inglaterra, España, Alemania, Italia y Francia), se registraron 4.123 lesiones durante la temporada 2023-24. La cifra significó un aumento en el gasto del 4% respecto de la temporada anterior, un total de 732,02 millones de euros.

También hay que hablar de la cabeza

Una lesión de ocho o nueve meses rompe la rutina habitual del futbolista. El vestuario sigue adelante, los partidos continúan, las redes sociales muestran goles y entrenamientos, y el jugador lesionado puede sentirse cada vez más alejado de aquello que antes definía buena parte de su vida.

La psicóloga del plantel de reserva de Vélez Sársfield, Natalia Vaingurt, trabaja justamente sobre ese aspecto. Una lesión puede provocar frustración, ansiedad y miedo a no volver al mismo nivel e incluso una pérdida momentánea de identidad deportiva. No todos los jugadores reaccionan igual: algunos necesitan hablar constantemente sobre lo que sienten y otros prefieren concentrarse exclusivamente en la rehabilitación.

En ese contexto, Vaingurt respondió a – ¿Cuáles son las claves para que el jugador no convierta la lesión en toda su identidad?

“Sigue siendo futbolista, aunque durante varios meses no pueda jugar y tiene que encontrar objetivos pequeños: recuperar movilidad, ganar fuerza, volver a correr, tocar una pelota, completar un entrenamiento. La recuperación deja de ser una espera y se transforma en una sucesión de metas”.

– Teniendo en cuenta que los futbolistas viven corriendo contra el tiempo, ¿qué le aconsejás a los chicos para que esa presión no esté en su cabeza constantemente? 

“No es lo mismo pensar ‘me faltan cinco meses para volver’, que ‘esta semana tengo que mejorar determinada marca de fuerza’ o ‘la próxima etapa consiste en volver a correr’. En una rehabilitación tan larga, los objetivos cortos permiten medir avances cuando el regreso todavía parece lejano”.

Existe otro elemento psicológico: el miedo

Mientras se encuentra inquieto en el sillón de su casa, demostrando estar convencido de lo que va a declarar, Zárate dice: “Yo siempre estoy en alerta, cada movimiento que hago, cada dolor. Pero ese temor que convive conmigo no significa que necesariamente exista otra lesión, es algo que estoy constantemente trabajando con mi psicóloga personal”.

El cerebro recuerda que determinado movimiento estuvo relacionado con una experiencia negativa y puede generar una reacción de protección. Por eso el regreso progresivo también sirve para recuperar confianza y olvidar ese sentimiento.

Jano Gordon volvió a jugar después de casi ocho meses. Mateo Zárate, en cambio, sabe lo que significa tener que atravesar ese camino más de una vez. Sus historias son distintas, pero comparten algo: los dos tuvieron que aprender a convivir con una pausa que no eligieron y a encontrar motivos para seguir, incluso en los días en los que volver parecía demasiado lejano.

El fútbol suele recordar los goles, los títulos y las grandes actuaciones. Pero también debería recordar a los que tuvieron que empezar de nuevo. Porque a veces, la victoria más importante no es convertir un gol ni levantar una copa, sino volver a pisar el césped y animarse, una vez más, a jugar sin miedo.

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