El Rifle Pandolfi: cuando la pelota quedó atrás y empezó el rock

Por Iván Martínez 

Después de jugar en Vélez, Boca, Italia y la Selección Argentina, eligió empezar de nuevo con una guitarra que había comprado de adolescente. Formó bandas, grabó discos y hasta compartió escenario con Los Piojos. 

Fernando Daniel Pandolfi podría haber construido toda su vida alrededor del fútbol. Tenía las condiciones, los títulos y una carrera que muchos jugadores hubieran querido prolongar durante décadas. Jugó en Vélez, pasó por el Perugia de Italia, vistió la camiseta de Boca Juniors y fue convocado a la Selección Argentina. Fue campeón de la Copa Libertadores, de la Copa Intercontinental y de torneos locales. Sin embargo, a los 27 años decidió retirarse. 

Lo extraño no fue solamente la edad. Tampoco que todavía pudiera continuar jugando. Lo llamativo fue lo que eligió hacer después: agarrar una guitarra y empezar prácticamente de cero. 

La música ya formaba parte de su vida desde antes de que se convirtiera en futbolista profesional. Había comprado su primera guitarra a los 16 años, cuando todavía estaba creciendo en las inferiores de Vélez. El fútbol era su profesión, pero la música ocupaba otro lugar. Era algo que hacía porque quería. Con el tiempo, esa diferencia se volvió cada vez más importante.

Pandolfi llegó a Primera en 1994 y formó parte de una de las etapas más exitosas de la historia de Vélez. Ganó la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental, además de otros títulos. Después pasó por Italia y llegó a Boca, donde integró el plantel campeón del Apertura 2000, de la Copa Intercontinental de ese mismo año y de la Copa Libertadores 2001. También tuvo dos apariciones con la Selección Argentina. 

Su carrera, entonces, no había terminado por falta de oportunidades. Había llegado a un nivel que cualquier futbolista podía considerar exitoso. Pero había algo que ya no le cerraba. 

En una entrevista publicada por Olé en 2011, diez años después de su retiro, Pandolfi explicó aquella decisión: “Me retiré porque no tenía más ganas”. No hablaba de dinero ni de la imposibilidad de seguir jugando. De hecho, puso como ejemplo a Javier Zanetti y a otros futbolistas que continuaban porque todavía tenían ganas de hacerlo. Él, en cambio, había perdido ese impulso. 

El problema tampoco era el deporte en sí. “Me gusta jugar al fútbol pero todo lo demás me hacía mal”, explicó. Contó que vivía determinadas situaciones de manera muy intensa y que había cosas del ambiente que le resultaban difíciles de soportar. Habló de dirigentes, vestuarios, sanciones y de una relación con el deporte profesional que se había vuelto cada vez más pesada. Su decisión no fue económica: simplemente ya no quería continuar. 

En otra nota, Pandolfi también contó su visión crítica sobre ciertas costumbres del ambiente. El título de aquella entrevista, “El Rifle cargado”, resumía una personalidad que no parecía demasiado dispuesta a callarse. Allí cuestionaba, entre otras cosas, la hipocresía que había encontrado dentro del fútbol y recordaba que en Europa había llegado a entrar a un vestuario donde los jugadores fumaban. Su manera de mirar el deporte estaba lejos de ser la de alguien que aceptaba todo simplemente porque formaba parte del mundo profesional. 

Pero cuando decidió retirarse, no quiso quedarse girando alrededor del fútbol. Tampoco tenía en mente convertirse en técnico. En 2011 reconocía que dirigir no estaba entre sus planes: el fútbol le había dado muchísimo, pero ya no quería que ocupara el centro de su vida.

Ahí apareció la música. 

Pandolfi no eligió una actividad relacionada con aquello que ya dominaba. No se convirtió en comentarista, representante o entrenador. Se metió en un terreno en el que era un principiante. 

Había pasado años aprendiendo a jugar al fútbol desde chico. Había tenido entrenadores, compañeros, competencias y personas que le marcaban qué debía mejorar. En la música, en cambio, no tenía esa formación. La guitarra que había comprado de adolescente se transformó en el instrumento de una nueva etapa. Tuvo que practicar, equivocarse y aprender. 

No se trataba solamente de matar el tiempo después del retiro. La música empezó a ocupar un espacio que antes había tenido el fútbol. 

El cambio también significó abandonar una identidad que parecía definitiva. Durante años había sido “el Rifle”, el delantero de Vélez, el jugador que había ganado títulos, el futbolista que había pasado por Boca y que había llegado a Europa. Cuando comenzó a tocar, ese pasado seguía existiendo, pero ya no alcanzaba para explicar quién era. 

Uno de los momentos que mejor representa esa transformación fue su acercamiento a Los Piojos. Pandolfi tenía una relación cercana con integrantes de la banda y compartía con ellos, entre otras cosas, la pasión por el fútbol y por Vélez. Después de retirarse, esa relación terminó llevándolo a un escenario completamente diferente al que había conocido como futbolista. 

Subió al escenario del Luna Park para tocar con Los Piojos. 

La escena tenía algo particular. Pandolfi ya había jugado en estadios llenos, había vivido finales y había estado frente a miles de personas. Pero esta vez no había una pelota, un árbitro ni una camiseta. Tenía una guitarra en las manos. 

No estaba allí como futbolista. 

Estaba allí como músico. 

A partir de entonces, su relación con la música comenzó a hacerse más seria. Formó Actitud Sospechosa, una banda con la que grabó el disco Rockable. Ya no era simplemente el exjugador que tocaba la guitarra en sus ratos libres. Había empezado a construir un proyecto propio. 

Y esa diferencia era importante. En una banda, su pasado no podía tocar por él. Haber jugado en Boca o haber ganado una Libertadores podía generar curiosidad, pero no podía hacer que una canción sonara mejor. La guitarra exigía otra clase de esfuerzo. 

En el fútbol profesional había estado acostumbrado a ser evaluado por lo que hacía dentro de una cancha. En la música, volvía a tener que aprender. No había estadísticas que lo respaldaran ni títulos que pudieran ocultar una mala interpretación. 

Actitud Sospechosa finalmente se separó, pero la historia no terminó ahí. En 2005, Pandolfi volvió a reunirse con algunos de sus antiguos compañeros y formó Mil Hormigas. La música ya no parecía una aventura pasajera: se había convertido en una parte estable de su vida. 

Con Mil Hormigas grabó De tierras, torres y turros, publicado en 2007, y El lenguaje de las arterias, de 2009. Para entonces habían pasado varios años desde aquel retiro que sorprendió por la edad y por la decisión. El exfutbolista ya había encontrado una nueva manera de expresarse. 

El rock fue una parte central de ese recorrido, aunque no fue el único género que apareció en su camino. En el repertorio de Mil Hormigas también estuvo “Nada”, el tango compuesto por José Dames con letra de Horacio Sanguinetti. Esa incorporación mostraba que su vínculo con la música no estaba atado exclusivamente a una banda o a un estilo. 

Y, mientras la música avanzaba, Pandolfi también comenzó a acercarse a otros espacios artísticos. 

En 2011 protagonizó la película La Despedida, dirigida por Chavo D’Emilio y producida por Gabriel Pastore para Carrousel Films. En una entrevista con Olé contó que lo habían llamado porque el director y el productor habían pensado que podía encajar con la propuesta. La película tenía una mirada vinculada al arte y al movimiento independiente, algo que despertó su interés. 

Su personaje era Federico, amigo de José, el protagonista, que ya no puede jugar al fútbol por una enfermedad. A partir de ahí se desarrolla la historia de un grupo de amigos que intenta conseguir que pueda disputar su último partido como titular. 

Pandolfi no tenía experiencia como actor, pero aceptó el desafío. La experiencia lo sorprendió para bien. Contó que le hicieron fácil el proceso, que leyó el guión y que antes 

de cada escena ensayaban. El rodaje duró 45 días y también tuvo una participación su hijo, algo que, según relató, generó alguna situación graciosa durante la filmación. 

“Estuvo muy bueno filmar una película”, dijo entonces. Y esa frase resume bastante bien su relación con esta nueva etapa: probar cosas. 

No necesitaba que cada actividad se convirtiera inmediatamente en una profesión definitiva. Después del fútbol parecía interesado en descubrir qué cosas le gustaban y hasta dónde podía llevarlas.

La música, sin embargo, seguía siendo diferente. 

En aquella entrevista de 2011, cuando le preguntaron si pensaba volver con una banda, respondió que sí. No tenía un proyecto concreto en ese momento, pero había vuelto a escribir canciones. El rock seguía gustándole y tenía ganas de cantar. 

También dejó una frase que permite entender mejor su relación con todo aquello. Dijo que gracias al fútbol tenía reconocimiento y que muchas veces las notas se las hacían por su pasado como jugador y no por las bandas de rock que había tenido. Pero no parecía resentirse, al contrario. Reconocía que la popularidad le había llegado por el deporte, mientras que la música le producía otra cosa y aseguraba: “Cantar nunca me dio un centavo de ganancia pero es lo que me hace sentir vivo”.

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