La trampa de la Premier League: tocar el cielo para vivir al infierno

Por Juan Pablo Delgado

Un partido. Noventa minutos. El estadio de Wembley colmado, dos equipos con el tanque en reserva tras una larga temporada y un premio en juego que aumentará los ingresos del ganador en más de un 1000 por ciento.

La final de los Playoffs de la Championship es el puente perfecto para conectar dos universos paralelos. De un extremo está la austeridad de la Segunda división, los presupuestos ajustados y los clubes de los suburbios sostenidos por su gente. Del otro, los focos mundiales, las estrellas internacionales y la marea multimillonaria de la Premier League. Pero cuidado, esa marea millonaria no perdona y, en la mayoría de los casos, termina ahogando a los marineros recién llegados.

El “tesoro” para quien salga victorioso de este duelo asegura, solo por los derechos televisivos de la nueva división, unos 120 millones de dólares, cifra que puede superar los 220 millones al finalizar la temporada si se suman otros ingresos.

Tomando como referencia los datos de la página de Transfermarkt, una plantilla promedio de la Championship está valorada en unos 90 millones de dólares. Una cifra considerable para la Segunda división, pero que resulta casi microscópica al compararla con los valores de la Premier, donde el valor de mercado de un solo equipo promedio supera fácilmente los 400 millones de dólares. Intentar competir en esa diferencia de escala con un dinero recién cobrado es casi una misión suicida.

La estadística histórica deja en evidencia esa diferencia entre los clubes. Y es que, desde la creación de la Premier League en 1992, se otorgaron 101 ascensos, 47 equipos descendieron automáticamente en la siguiente temporada, 14 cayeron en la siguiente y apenas 11 se mantuvieron más de seis años en la liga de mayor nivel.

Y como si fueran pocos los 47 que bajaron inmediatamente, en las temporadas de 1997/98, 2023/24 y 2024/25 ocurrió algo todavía más llamativo al terminar con los tres equipos ascendidos descendiendo nuevamente a la Championship. 

Estas cifras, llamativas por donde se miren, también abren una pregunta: teniendo en cuenta la “inyección” financiera que reciben los nuevos equipos, ¿cómo se volvió tan frecuente que los recién ascendidos desciendan casi de forma automática?

La primera respuesta a este dilema no está en lo deportivo, sino en los reglamentos. Si bien reciben una gran suma de dinero, eso no les permite gastarlo libremente. Las normas de rentabilidad y sostenibilidad establecen un límite a pérdidas que puede registrar cada club durante un período de tres temporadas. Para un equipo que viene de la Championship, ese margen puede ser de unos 50 millones de dólares, mientras que un club que lleva tres temporadas consecutivas en la Premier puede alcanzar los 136 millones.

Pero el problema, lejos de terminar en los papeles, también aparece en la cancha. Y es que para competir en la máxima categoría se necesita un plantel amplio, capaz de sostenerse 38 fechas al máximo nivel y que la Championship no garantiza. El ritmo, la exigencia y la calidad de los rivales aumentan considerablemente, y lo que alcanzaba para conseguir el ascenso puede no ser suficiente para mantenerse. 

Por eso, el mercado se convierte en una cuestión de supervivencia. Los recién llegados necesitan reforzarse, pero hacerlo implica desembolsos millonarios en jugadores y salarios. Con el riesgo de un posible descenso que comprometa la economía del club, aparece una contradicción difícil de resolver, y es que gastar poco puede dejar al equipo sin herramientas para competir, pero derrochar el dinero puede poner en riesgo las cuentas si llega el descenso.

El Brighton, club que llegó a la Premier en 2017, logró mantenerse en su temporada debut y aún es uno de los pocos equipos que nunca descendieron desde su llegada a la máxima categoría. Como si fuera poco, en la temporada 2022/23 consiguieron acabar en la sexta posición y asegurarse un boleto a la Europa League.

La diferencia con el resto estuvo en cómo utilizó sus recursos. En el primer mercado, la institución apuntó a promesas antes que a grandes nombres. Uno de ellos fue Pascal GroB quien, por solo tres millones de dólares, se convirtió en el primer refuerzo del club en Premier y acabó siendo importante para asegurar la permanencia tras quedar en la 15º posición.

Este caso muestra que el dinero del ascenso puede ser suficiente para sentarse en la mesa de los mejores veinte de Inglaterra, pero no garantiza quedarse por mucho tiempo.

Porque para mantenerse en el máximo nivel, no alcanza con tener “cracks” entre los titulares. También hace falta un proyecto capaz de sostener al club cuando el dinero del ascenso deje de ser una novedad y la Premier se convierta en rutina. Así, lo que alguna vez fue una misión imposible pueda transformarse en una estadía sin sufrir toda la temporada por evitar el descenso.

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