Por Máximo Nichlison
Hoy es domingo 19 de julio del 2026 y estoy por cubrir la final del escandaloso Mundial de Estados Unidos-México-Canadá, en el cual pasaron una sucesión de hechos que nunca creí vivir: la Asociación del Fútbol Argentino, comandada por Claudio “Chiqui” Tapia, tuvo un conflicto legal con Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, por lavado de activos en relación al club Barracas Central. En consecuencia, la confederación sudamericana prohibió la convocatoria de futbolistas que se desempeñen en el exterior, lo que obligó a Lionel Scaloni a armar un combinado únicamente con jugadores del cuadro local.
Por otro lado, el presidente del país organizador, Donald Trump, entró en un conflicto bélico contra Irán, uno de los mejores equipos asiáticos del certamen, e intentó evitar su participación. A pesar de esto, la Selección de Oriente Medio disputó sus tres partidos de fase de grupos, en los cuales sufrió robos dignos de La Casa de Papel, tales como la expulsión de cuatro jugadores en la misma jugada o el cobro de seis penales en contra en un mismo partido.
Ahora, centrándome en Argentina, puedo decir que el cuerpo técnico se las rebuscó para formar un once que prácticamente sale de memoria: Facundo Cambeses, arquero de Racing, solo recibió dos goles; el experimentado Gonzalo Montiel, Kevin Lomónaco, Tomás Palacios y Gabriel Rojas conforman una sólida línea defensiva con buen toque de pelota; el “doble cinco” lo ocupan Franco Ibarra y Leandro Paredes; los volantes con más dinámica son Exequiel Zeballos, Ángel Dí María y la sorpresa de la lista, Ian Subiabre; mientras que el finalizador de jugadas es el infalible Adrían “Maravilla” Martínez.
En menos de cuatro horas, mi querido país juega su segunda final del mundo consecutiva, repleta de jugadores desconocidos y frente a la temible España liderada por Lamine Yamal, Pedri y Nico Williams.
El camino hasta acá fue inusualmente fácil: en fase de grupos tuvimos puntaje perfecto y +10 de diferencia de gol; Argelia, Austria y Jordania no encontraron forma de defender a los iluminados Maravilla Martínez y Dí María, que convirtieron cinco y tres goles, respectivamente; en la ronda de 16 se jugó el clásico del Río de La Plata, en el que pudimos imponernos 3 a 1 con triplete del santiagueño Zeballos.
En este momento hago un parate, ya que antes de enfrentar a Turquía por la próxima ronda, Di María dio positivo en un control antidoping y recibió una sanción de dos años sin jugar al fútbol, aunque con la particularidad de que sí estaría disponible para jugar los partidos ante Newell´s.
Ante esta adversidad, Pablo Aimar tuvo la ingeniosa idea de darle la llave del equipo a Franco “El Mudo” Vázquez, al que, debido a su condición, los médicos de la FIFA no pueden realizarle los controles de doping pertinentes, por lo que tomó cientos de anabólicos para mejorar su rendimiento y que nadie sospechara al respecto.
El encuentro contra los turcos fue fácil: dos goles de El Mudo y un arco en cero. En los cuartos de final hubo más sobresaltos porque la selección portuguesa de Cristiano Ronaldo llegaba invicta, aunque una actuación heróica de Facundo Cambeses en los penales luego de empatar en cero nos dio el pase a unas nuevas semifinales, esta vez contra Inglaterra.
Este partido fue una batalla de principio a fin. Los mediocampistas británicos aprendieron lengua de señas para hacerle amenazas de muerte a Vázquez e incluso Declan Rice, figura del Arsenal, desenfundó un revólver español y jugó a la ruleta rusa en mitad del campo con Montiel. En el tiempo regular empatamos 1 a 1 con gol de Subiabre y el agónico gol de la victoria lo hizo Palacios de cabeza.
Tras el partido tuvimos inconvenientes con unos Hooligans, pero no pasó a mayores. Solamente estuve 48 horas internado por múltiples fracturas faciales… Creo que también sufrí la perforación del pulmón derecho, aunque eso es lo de menos.
Lo importante es que, a pesar de todas las adversidades, estoy a punto de vivir la mejor experiencia que un periodista puede soñar en su vida y espero que La Nuestra no me defraude.



