Por Abigail Quiroz
Desde el potrero en Bahía Blanca hasta los estadios más imponentes del mundo, Lautaro Martínez es un goleador nato con corazón argentino. Su historia comenzó en el club de Liniers de su ciudad natal, Bahía Blanca. Con 15 años estuvo a punto de elegir el básquet, pero desde chico su talento para el fútbol era evidente. Viajó a Buenos Aires para cumplir sus sueños y probarse en Boca Juniors. Sin embargo el destino le tenía preparado otra jugada: tras varios días de entrenamientos, el club lo rechazó. “No tenés ni velocidad ni potencia”, le dijeron. Una puerta se cerró, pero el Toro no se rindió.
No lo quisieron en San Lorenzo y pocos creían en su potencial. Derrotado, volvió a Bahía Blanca, pero hasta allí llegó Racing, quien vio en él lo que otros no. En Avellaneda comenzó su formación y su debut en Primera División en 2015. Pero su explosión llegó en 2017 de la mano de Eduardo “Chacho” Coudet. Sus grandes actuaciones no pasaron desapercibidas y despertaron el interés del Inter de Milán.
En 2018, con apenas 20 años, cruzó el océano para dar el gran salto de su carrera. En Italia demostró que el desafío no le quedaba grande y se convirtió en una pieza clave del club milanés, con el que ganó la Serie A, la Copa y la Supercopa de Italia, además de disputar dos finales de Champions League.
Con la Selección Argentina también comenzó a escribir su propia historia. Primero sufrió un duro golpe al quedar afuera de la lista definitiva en el Mundial 2018. Pero resurgió y fue parte del plantel que conquistó la Copa América del 2021 en el Maracaná. Un año más tarde levantó la Finalísima y, en Qatar 2022, cumplió el sueño de consagrarse campeón del mundo.
En esta última Copa del Mundo entró desde el banco y eliminó a Inglaterra tras anotar el 2-1 en los minutos finales y llevó a Argentina a una nueva final del mundo. Lautaro rompió en llanto, dejando atrás años de frustración y demostrando que el esfuerzo siempre tiene recompensa. Como aquel niño que salió de Bahía Blanca en busca de un sueño y alcanzando la gloria.




