martes, junio 9, 2026

El último milagro

Por Camila Pasquali

La vida del portugués fue todo menos fácil. Nacido en el seno de una familia muy pobre y trabajadora en la ciudad de Madeira, vio y vivió mucho. No todo, pero sí mucho.

Con solo 12 años comenzó el primer paso de lo que sería una larga y exitosa trayectoria, de la cual fui partícipe. La soledad debe hacerse amiga de alguien para poder sobrellevarla. Con apenas doce años, jugando en el Sporting de Lisboa, sufriendo acoso por su acento y atravesando una operación del corazón, que quizás fue necesaria para preparar un órgano que latiría con una fuerza que no a todos los seres humanos les toca sentir, empezó todo. O eso creo yo. Aunque… ¿qué sé yo de certezas?

Fui un regalo de María, que, aunque parecía una mujer muy generosa, no tenía el dinero suficiente como para hacerles un presente a sus cuatro hijos. Pero esa vez era diferente: su pequeño se iba en busca de lograr su sueño y alguien debía acompañarlo.

Fui y soy simple, aunque hoy mucho más gastado. La primera vez que Cris me conoció, yo era un largo rosario perfumado con pétalos de rosas, con una pequeña imagen de Jesús que le llegaba hasta la mitad del pecho. Descansaba dentro de una cajita junto a una foto de la Virgen de Fátima. Me compraron en una feria de artesanías realizada por Benedita. Aún recuerdo la bendición con la que me entregó:

—Que sea un camino de luz, pero que los senderos oscuros sean transitados con gratitud, para que al final de nuestros días, aunque no entendamos los planes del Señor, todo eso nos haya hecho quienes debíamos ser.

Una oración cuarenta minutos antes de salir a la cancha. Ese era el ritual irrenunciable de Ronaldo… o de mi Cris.

Todo comenzó en Inglaterra. Porque, aunque la soledad ya nos venía acompañando, en el Manchester United, un país nuevo y un idioma desconocido, te obliga a aferrarte a algo, a creer en algo.

El esfuerzo, la dedicación y la fe hicieron que Cristiano se convirtiera en Cristiano Ronaldo… o en CR7. Aunque para mí siempre fue simplemente mi chico. 

Recorrimos y vivimos en muchos lugares y culturas: Inglaterra, España —nuestro favorito—, Italia, y, finalmente, Arabia Saudita. Allí llegó una versión diferente de él. Padre, esposo y aún jugador, pero con otra mentalidad, otros miedos y otras exigencias.

Muchas oraciones he escuchado. Muchas se cumplieron. Pero una aún no. Y a veces me pregunto por qué. Si jugó cinco Mundiales…¿Por qué no ganó ninguno con Portugal? Esta es la última oportunidad. Se preparó mucho para esto.

¿Por qué ahora?

El 3 de marzo hubo un bombardeo de Irán contra la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita. Desde el comienzo del conflicto notaba a Cris preocupado. Esperando.

Quizás el ser humano espera a que ocurra algo malo… muy malo… para escapar. Los ataques con drones fueron ese algo muy malo que terminó por ocurrir. En unas semanas comenzaba el Mundial, y se suponía que nos iríamos. 

Pero yo no. Quedé olvidado en la sala de oración, arriba de un estante. Fue el apuro de salir tras enterarse de la noticia. Esa mañana, Cris no había orado.

El Mundial comenzó el pasado 3 de abril. Portugal terminó primero en el Grupo K. El equipo que más preocupaciones les trajo fue Colombia, pero aun así lograron vencerlo.

Luego llegaron los octavos frente a un Brasil donde Neymar volvía a vestir su camiseta. Después, los cuartos ante Inglaterra. Y unas semifinales frente a España, que casi elimina por penales al conjunto dirigido por Roberto Martínez.

La final sería frente a Argentina. Una final soñada.

El conflicto en Medio Oriente cesó. Se abrieron los espacios aéreos. Y ante esa noticia, María Dolores, la madre de Cris, vino por mí el día de la final. Durante el camino me contó cómo le había ido a nuestro chico. Tras largas horas de vuelo y escalas, llegamos a Estados Unidos. Pero el partido ya había comenzado.

¿Por qué todo tenía que ser tan sobre la hora?

Argentina 4-4 Portugal. En un país donde no se respira fútbol, por primera vez, el aire era eso: fútbol.

Penales. Llegamos. Era el último de Portugal. Lo pateaba Cristiano. María me arrojó al campo de juego.

—Ahí va Cristiano, en busca de un milagro para darle su primer Mundial a Portugal.

Más notas