Opinión. Por Francisco Gomila
“Será la vida que siempre nos pega un poco, nos encandila con lo que está por venir”
Bicho de Ciudad, canción de Los Piojos en su disco Civilización
Entre lesiones, momentos irregulares, resultados adversos y muchas pero muchas bicicletas llegó la despedida que quizás veíamos venir, pero el afán por mirar hacia otro lado y seguir hacia adelante de alguna forma prevalecía. Exequiel Oscar Zeballos, de 24 años, más conocido como el Changuito y posterior evolución de su apodo a el Chango, será vendido a fines de junio del Club Atlético Boca Juniors. Jugará ante Cruzeiro y Universidad Católica sus últimos partidos con la camiseta Xeneize, y buscará destino en nuevos horizontes, posiblemente a Europa.
Tiró sus primeros chiches bajo el sol de las ardientes tierras de Santiago del Estero, tras haber brillado en un torneo en Rafaela con Sarmiento de La Banda, fue captado por los seleccionadores juveniles de Boca y pasó a formar parte de las inferiores en 2016. Así nació la historia de una joya, un diamante en bruto que nunca terminó de brillar, un puntero por izquierda que deslumbró con su fútbol desde que se dio a conocer ante el hincha, pero la mala suerte y los turbulentos cambios del clima del Mundo Boca a los que jamás se acostumbró lo terminaron de alejar.
Resiliencia siempre fue una palabra clave para él, tatuada en su cuello y citada por sí mismo en una entrevista para El Canal de Boca en 2024. La misma que lo acompañó tras haber sido lesionado (fractura de tibia y peroné) en aquel Boca – Agropecuario por Copa Argentina en 2022 y que lo dejó afuera de las canchas por más de 140 días. La misma que lo vio bailar ante Independiente y Platense en 2023 recién recuperado, ambos partidos en los que convirtió. Nuevamente, en un Belgrano – Boca de 2024 que terminó en derrota Azul y Oro por 4-3, los fantasmas atacaron de vuelta y se rompió los ligamentos, y terminó afuera por otros largos nueve meses.

Como en todo viaje del héroe, tras tantas caídas se logró ver un renacimiento y fue en 2025, año extremadamente cambiante para el club de la ribera. El Chango cambió hasta de corte de pelo, empezando a llevar una vincha que lo caracterizó sobre los últimos meses, y la palabra de su cuello volvió a estar presente y lo fortaleció más que nunca.
Bajo las órdenes de Claudio Úbeda, mostró sus mayores chispazos ante Barracas Central, Estudiantes de La Plata y no menos importante, ante River en La Bombonera. Allí convirtió un gol que quedó marcado en la memoria de toda la gente, que lo vio crecer y atravesar sus peores momentos y con la que festejó de manera desaforada tras vencer a Lautaro Rivero con un simple cambio de ritmo, de esos que tanto lo caracterizan junto a su velocidad, que también aprovechó para asistir a Miguel Merentiel en el mismo partido y devolverle la ilusión al barrio de La Boca tras clasificar a la Copa Libertadores que tantas veces vio ganar luego de dos años.

Por cosas de la vida y el deporte, Boca terminó afuera de ese Torneo Clausura, pero la locura volvió a estar presente para La Mitad Mas Uno, que arrancó el Torneo Apertura de 2026 de forma un poco irregular, pero que con el paso de los meses encontró un gran equipo. Dicho conjunto prescindió un poco del extremo izquierdo y volvió a ser atravesado por un desgarro, aunque volvió. Tuvo una gran actuación ante Central Córdoba y buenos ingresos ante Barcelona de Guayaquil y Huracán, pero las derrotas ante estos clubes y la eliminación del Apertura en octavos provocó nuevamente un cambio en la actitud de la fanaticada, que pasó a exigir una limpieza, y Zeballos forma parte de ella.
Exequiel Zeballos siempre tuvo una presencia especial en el plantel, ya que formaba parte de una generación de Boca Predio muy recordada por jugadores como Valentín Barco, Ezequiel Fernández, Luca Langoni, Alan Varela o Cristian Medina. Algunos se fueron bien y otros mal, pero el único que se quedó fue él. Quizás no se va de la mejor manera ya que se va con cuatro títulos en los que no participó o fue figura, pero sí dejó algo más, así que solo queda decir una última frase: gracias, gracias por tanto fútbol.



