lunes, mayo 18, 2026

Ivo Karlovic, el gigante que convirtió el saque en una obra perfecta

Por Lisandro Torres Pagani

“¿Te aburrirías si nadie pudiera devolverte la pelota?”, respondió serio Ivo Karlovic tras un partido con más de 30 aces, cuando un periodista le preguntó si alguna vez se aburría de sacar tanto. La frase, mitad broma y mitad declaración, resume su juego: simple, directo y efectivo.

Apodado “Señor Ace”, con sus 2,11 metros de altura, el tenista nacido en Croacia parecía hecho para sacar bien. Tiene brazos larguísimos, una buena postura y una coordinación sorprendente para su tamaño. El movimiento del saque, que repitió miles de veces, le salía de manera automática y con una eficacia pocas veces vista. En 2015 superó la marca de su compatriota Goran Ivanisevic y actualmente ocupa el segundo lugar en el récord de más aces de la historia, con 13.728, solo superado por John Isner. Lo que sí posee es el mejor promedio de aces por partido: 19,1.

A diferencia de su juego explosivo, la personalidad de Karlović siempre fue más bien contenida. Introvertido, de pocas palabras y con un humor seco que aparecía en momentos inesperados. “No necesitaba decir mucho”, comentó su ex entrenador Petar Popovic. “Su forma de expresarse era en la cancha, con el saque. Ahí decía todo”. Sin embargo, esa calma externa escondía una enorme resiliencia. El tenista más alto del circuito ATP construyó una técnica de juego que muchas veces lo dejó en desventaja frente a jugadores más completos desde el fondo de la cancha. Aun así, apostó por crear una identidad en torno al saque, sin proponerse otro sistema.

Su camino hacia el profesionalismo no fue fácil. Nacido el 28 de febrero de 1979, la infancia y adolescencia de Karlović coincidieron con la inestabilidad política y social de su país, producto de las Guerras Yugoslavas y, en particular, de la Guerra de Independencia de Croacia. Durante esos años, el país atravesó conflictos armados, crisis económica y una estructura deportiva golpeada, lo que dificultó su acceso a entrenamientos regulares, competencias internacionales y recursos básicos. Mientras en otros lugares los jóvenes talentos seguían una formación estable, Karlović creció en un contexto en el que desarrollarse como profesional no era la principal prioridad. Esa situación retrasó su llegada al circuito y explica por qué su explosión llegó más tarde que la de otros jugadores. Por eso logró mantenerse como tenista profesional hasta los 40 años.

Karlović no siguió el molde clásico del tenista europeo. Su físico, que en otros deportes podría haber sido una ventaja inmediata, en el tenis implicó adaptaciones constantes. Tuvo que trabajar muchísimo para que su altura no fuera un problema. Ese proceso lo llevó a desarrollar un estilo único, basado en maximizar sus fortalezas y minimizar sus debilidades.

En un deporte que evoluciona constantemente y donde las tendencias cambian, su figura queda como testimonio de que, a veces, una sola herramienta llevada al límite puede ser suficiente para dejar una huella imborrable. Porque mientras otros construían los puntos, él los ganaba antes de que empezaran. Y en esa simple lógica encontró su lugar en la historia del tenis.

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