Por Valentín Gourovich
Juegos Olímpicos de Atenas, 27 de agosto de 2004. En medio de un bullicio infernal, la selección argentina de básquet hace historia: elimina al Dream Team de Estados Unidos y avanza a la final. Cuatro días más tarde, corona la actuación tras vencer a Italia y lograr así la primera medalla dorada de su historia. Ya pasaron más de 20 años de esta hazaña que, por el panorama de hoy, queda muy lejana. En la última temporada de la NBA, que tuvo a Oklahoma City Thunder como campeón por primera vez en su historia, se igualó el récord de mayor cantidad de jugadores internacionales con 125, representando a 43 países diferentes. Por segundo año consecutivo, tras la salida de Leandro Bolmaro de los Utah Jazz en febrero de 2023, no hubo ningún jugador argentino.
Si bien en Argentina al deporte que más importancia se le da es al fútbol, el básquet fue motivo de orgullo en más de una ocasión. De la mano de la Generación Dorada, la selección fue la única que le pudo quitar el oro olímpico a Estados Unidos después de la creación del Dream Team -Juegos Olímpicos Barcelona 1992-. Además, en la temporada 2007/08, hubo seis argentinos -Emanuel Ginóbili, Carlos Delfino, Andrés Nocioni, Fabricio Oberto, Walter Herrmann y Luis Scola- en la mejor liga del mundo al mismo tiempo, récord nacional aún vigente. En total, fueron 23 los representantes albicelestes con pasado en la NBA. ¿Cómo se pasó en 17 años de un extremo al otro?
La crisis de talento va de la mano con el pésimo momento que atraviesa la selección, que no clasificó al Mundial de 2023 disputado en Filipinas, Japón e Indonesia por primera vez luego de 41 años y que tampoco estuvo presente en los Juegos Olímpicos de París 2024 luego de disputar los últimos cinco de manera consecutiva. Tras el subcampeonato en el Mundial de China 2019 bajo el mando de Sergio “Oveja” Hernández, comenzó una crisis que hoy persiste tanto a nivel deportivo como dirigencial. La brecha, que siempre existió con Estados Unidos, se agrandó y, además, las potencias europeas, como España, Grecia y Francia, con las que antes había una cierta paridad, se distanciaron del básquet argentino. Seis de los últimos siete “Most Valuable Player” (MVP) de la NBA fueron del Viejo Continente. Giannis Antetokounmpo, griego, en dos oportunidades; Nikola Jokić, serbio, tres veces; y Joel Embiid, francés, quien se nacionalizó estadounidense, una vez. El restante fue para el canadiense Shai Gilgeous-Alexander.

En un periodo en el que todos crecen, Argentina retrocede. España es uno de los países que más creció durante los últimos 10 años gracias a las inversiones para el desarrollo de infraestructura y también por los logros deportivos cosechados (campeón del Mundial de 2019 en final ante Argentina y también del EuroBasket 2022). En la actual temporada de la NBA, hay dos españoles presentes y con protagonismo: Santi Aldama, en los Memphis Grizzlies, y Hugo González, en los Boston Celtics. Además, con vistas a evitar la salida de jóvenes talentos a la NCAA (liga universitaria de Estados Unidos), la Federación Española acordó crear una nueva competencia (La Liga U) para que aquellos jugadores menores a 22 años puedan sumar minutos y crecer a nivel deportivo en un entorno competitivo.
“Primero es una cuestión económica, que repercute en la infraestructura no preparada para desarrollar jugadores de élite. Y segundo, los entrenadores que están en los clubes no son los mejores, sino los más baratos. Entonces, no son gente preparada para enseñar y contribuir en el desarrollo”, explica Óscar “Huevo” Sanchez, entrenador campeón de la Liga Nacional con Atenas en la temporada 2002/2003, y en la actualidad encargado del campus de entrenamiento Huevo Sanchez con el objetivo de potenciar jóvenes talentos. Además, el Huevo Sánchez apunta contra la nula participación del Estado en el básquet y la falta de un proyecto: “Es complicado al no haber una política de Estado. Si no hay plata para los jubilados y demás, te imaginás lo que puede ser para el deporte. Lo ideal sería que haya un buen equipo de scouting que seleccione a los jugadores más talentosos por región, con ciertas características específicas, y en base a eso ir separándolos para que comiencen a entrenar en centros de alto rendimiento para luego competir en las universidades estadounidenses”.
Para entender el presente, hay que mirar la Liga Nacional. Producto del abandono dirigencial, se estancó el surgimiento de nuevos talentos que estén capacitados para dar el salto. Atrás quedaron Facundo Campazzo, Gabriel Deck, Nicolás Laprovíttola y otros tantos jugadores que, si bien no se pudieron asentar en la NBA, tuvieron -y algunos aún tienen- un gran nivel en la EuroLiga, el segundo torneo más prestigioso a nivel clubes. El 14 de octubre de 2016, San Lorenzo de Almagro hizo historia al ser el primer argentino en enfrentarse a un equipo de NBA (fue derrota 122-105 frente a los Toronto Raptors en Canadá) y, gracias a una camada brillante de jugadores, logró conseguir cinco ligas nacionales seguidas (de la 2015/16 a la 2019/20, que no se pudo terminar por el COVID). Hoy, en cambio, la realidad es totalmente opuesta: producto de una acefalía dirigencial, San Lorenzo estuvo cerca de perder su plaza en la Liga Nacional debido a las deudas, que rondaban los 600 mil dólares, que saldó tanto con jugadores, agentes y hasta con la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA). Es una muestra más del abandono. De ser uno de los mejores equipos del continente, a luchar por no desaparecer.

“Con respecto a la infraestructura, Ferro está muy bien para lo que es la Liga Nacional. Después, quizá se podrían mejorar algunas canchas y los gimnasios. Lo más flojo son los vestuarios, que en varios clubes son bastante chicos e incómodos”, explica Tomás Spano, que durante la última temporada vistió la camiseta de Ferro Carril Oeste y hoy juega en La Unión de Formosa. El club de Caballito cuenta con un gimnasio profesional bien equipado, una cancha multiuso en donde suelen entrenar las divisiones menores y el estadio principal, el reconocido Héctor Etchart, en el cual tanto el plantel masculino como femenino realizan sus trabajos. Es uno de los estadios más preparados de la Liga Nacional, por su capacidad de 4500 espectadores y por el mantenimiento del parquet. De igual forma, no con todos los clubes es así y por eso el nivel se empareja hacia abajo, aún más considerando la seriedad de las universidades estadounidenses. Lucas Mercandino, cordobés que juega en Lubbock Christian University y que se desempeñó en el Club Sportivo Bolívar de Argentina, explica las grandes diferencias entre Argentina y Estados Unidos: “A nivel de infraestructura es incomparable. Ahora estoy en un equipo de segunda división e igualmente se nota la superioridad. Hay una cancha para los hombres, otra para las mujeres, una sala de kinesiología enorme y también tenemos dos gimnasios. Tenés todos los recursos que necesitás para crecer como jugador, tanto en el aspecto físico como a nivel juego”.
No hay que perder de vista otro detalle que también es fundamental a la hora de entender las diferencias: la cultura. Lo que en Argentina se produce con el fútbol, en cada plaza, potrero o club con baby, en Estados Unidos sucede con el básquet. En el barrio Green Village, en Manhattan, en West 4th Street, hay una cancha llamada “The Cage” (“La Jaula”) en la que se desarrollan partidos al estilo callejero bajo la modalidad de 3 vs. 3 o hasta incluso 4 vs. 4, sin árbitros, y tanto las reglas como los puntos se acuerdan entre los jugadores antes de comenzar. Incluso, varios ya consagrados, como Kevin Durant, Kemba Walker y DeMar DeRozan, participaron de partidos en “The Cage”. Para la gente que transita por Manhattan, ya sean turistas o residentes, no deja de ser una atracción ver el nivel y la intensidad con la que se juega esa clase de básquet callejero.
A nivel académico, las diferencias de enfoque también son muy grandes: los deportes colectivos en los que se compite en la mayoría de los colegios argentinos, casi siempre de forma recreativa, son fútbol, vóley y handball. En cambio, en Estados Unidos, hay otra diversidad. Debido a lo costoso que puede llegar a ser estudiar en una universidad -Suele promediar los $20 mil dólares y algunas mucho más- se ofrecen becas para que aquellos que se destaquen en algún deporte puedan representar a la Universidad, con especial hincapié en el fútbol americano y en el básquet. Jason Cortés, director del programa de estudios latinoamericanos en la Universidad Rutgers de Newark, remarca la importancia: “Aquí, muchas veces diversos proyectos educativos son cancelados por falta de presupuesto, pero cuando se trata de los deportes, siempre hay apoyo, ya sea mejorando la infraestructura u otorgándoles becas a aquellos que no pueden afrontar el gasto de una universidad, pero que destacan en alguna disciplina deportiva”.
En una entrevista para La Nación en noviembre del 2024, el argentino Iván Maggi, quien trabaja en el sindicato de jugadores de la NBA como nexo entre los directivos y los jugadores, mencionó que “no hay que subestimar a la liga”, ya que hay que ser muy bueno para formar parte y que, “lamentablemente, Argentina está muy lejos de volver a tener presencia en la mejor liga del mundo”. Será el turno de que dirigentes, entrenadores y jugadores decidan elevar la vara para que, en el corto o mediano plazo, el básquet de Argentina vuelva a medirse ante los mejores del mundo, como hace 20 años bajo la bandera de la Generación Dorada.




































