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Las 10 estrellas que jugarán su primer Mundial

Por Farid Esper, Tomás Cepeda, Thomas Bagnuolo y Ciro Franco

1. Lamine Yamal 

El español de 18 años actualmente se destaca como delantero en el Fútbol Club Barcelona. En esta temporada con el conjunto catalan anotó 24 goles y asistió 17 veces en 45 partidos, obtuvo la Supercopa de España y la liga local. El 8 de septiembre de 2023 debutó en La Roja con 16 años ante Georgia, correspondiente a la fase de clasificación para la Eurocopa.

Yamal se convirtió en el jugador más joven en debutar y marcar con la selección española
con tan solo 16 años y 57 días. Hasta el momento, en su palmarés con España se encuentra la Eurocopa donde anotó un gol y asistió 4 veces. En este mundial España integra el grupo H con Cabo Verde, Arabia Saudita y Uruguay.

2. Erling Haaland

Noruego de 25 años que se destaca como delantero en el Manchester City. En la temporada 25/26 disputó 52 partidos, anotó 38 goles y asistió 9 veces. Con el conjunto inglés fue subcampeón de la Premier League, ganó la Carabao Cup derrotando al Arsenal y también obtuvo FA Cup venciendo al Chelsea.

El 5 de septiembre de 2019 hizo su debut con la selección mayor enfrentando a Malta,
partido correspondiente a la fase de clasificación de la Eurocopa 2020.

Haaland es el máximo goleador de su país con 55 goles en 49 partidos. Este año jugará su
primer mundial con Noruega y compartirá el grupo I con Francia, Senegal e Irak.

3. Florian Wirtz

Alemán de 23 años, se destaca como mediapunta en Liverpool. En esta temporada registró un total de 7 goles y 8 asistencias en 49 partidos, estadísticas correspondientes a la Premier League, Champions League, Carabao Cup y FA Cup.

Fue convocado para la cita mundialista de Alemania por primera vez, selección con la que
debutó el 2 de septiembre del 2021 ante Liechtenstein en las Eliminatorias Europeas bajo el mando de Hansi Flick. En la selección germana jugó un total de 37 partidos, en los cuales anotó en 8 ocasiones y asistió en otras 9. En este mundial Alemania integrará el grupo E donde enfrentará a Ecuador, Curazao y Costa de Marfil.

4. Nicolas Paz

A sus 21 años llega en el mejor momento de su carrera tras una temporada consagratoria en la Serie A de Italia con el Como, quien se clasificó a la próxima Champions League por primera vez en su historia. En este año con el elenco italiano, Paz consiguió 12 goles y 7 asistencias en 35 partidos jugados.

Se ganó su lugar definitivo en la lista de la selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni, con la que debutó formalmente el 15 de octubre de 2024 en las Eliminatorias Sudamericanas ante Bolivia, donde asistió a Lionel Messi para el 6 a 0 definitivo. Luego, el 27 de marzo de este año, anotó su primer gol contra Mauritania, partido amistoso y despedida de Argentina en el país.

5. Rayan Cherki

Francés de 22 años que se desempeña como extremo derecho, actualmente juega en el Manchester City de la Premier League. En la presente temporada disputó 52 partidos en los cuales convirtió 10 goles y dio 16 asistencias.

Durante su primer año vistiendo la camiseta de los citizens, el oriundo de Lyon, pudo
consagrarse campeón de la Carabao Cup y la FA CUP siendo clave en ambos torneos.
En su selección debutó hace menos de un año, lo hizo el 5 de junio de 2025 cuando entró
desde el banco en el partido ante España por las semifinales de la Liga de Naciones UEFA.
En dicho partido convirtió un gol y dio una asistencia pero no le alcanzó a los blues quienes
cayeron 5-4.

6. Arda Guler

Turco de 21 años que juega en el Real Madrid desde mediados del 2023, cuando el conjunto merengue se lo compró al Fenerbahce a cambio de 20 millones de euros. En la temporada 2025/26 disputó 52 partidos sumando 3262’ en los cuales convirtió 6 goles y dio 14 asistencias.

En cuanto a la selección de Turquía, el joven participó en el Campeonato Europeo Sub-17 de la UEFA 2022 donde disputó 3 encuentros. En noviembre de ese mismo año debutó con el seleccionado mayor en un amistoso ante República Checa. Hasta la fecha vistió la camiseta de su país en 29 ocasiones y contribuyó en 15 participaciones directas de gol.

7. Luis Díaz

Llega al Mundial 2026 en el mejor momento de su carrera con 29 años y consolidado en el Bayern Múnich. Firmó una temporada brillante marcando 22 goles y brindando 18 asistencias en 36 partidos jugados. Además, ganó el triplete con el equipo Bávaro tras conquistar la Bundesliga, DFB-Pokal y la Supercopa Alemana.

Arturo Reyes Montero lo hizo debutar con la selección absoluta el 11 de septiembre de 2018 frente a Argentina en un amistoso. En la selección cafetera jugó un total de 72 partidos y 21 goles. Esta será su primera participación en una Copa del Mundo con la selección colombiana, quien integrará el grupo K con Portugal, Uzbekistán y RD Congo.

8. Gabriel Magalhães

Brasileño de 28 años que se destaca como central en el Arsenal de Inglaterra. Tuvo un desempeño muy protagónico para ayudar a los gunners a conquistar el título de la Premier League y a llegar a la final de la Champions League, la cual perdió por penales ante el Paris Saint Germain.

El 8 de septiembre de 2023 hizo su debut con la selección absoluta en un encuentro ante
Bolivia, por la fecha 1 de las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial de 2026. Marcó
su primer gol ante Venezuela en esa misma edición. En este mundial, la selección brasileña
conforma el grupo C con Marruecos, Escocia y Haití.

9. Miguel Almirón

Paraguayo de 32 años que se desempeña como delantero en el Atlanta United de la MLS. Luego de una extensa carrera tanto en el fútbol sudamericano, como europeo, podrá disputar su primer mundial en este 2026. En la actual temporada, el ex-futbolista de Lanús disputó 9 encuentros en los cuales no convirtió goles y dio 3 asistencias.

Con el seleccionado nacional debutó en septiembre del 2015 en un amistoso frente a Chile.
Desde allí, suma 9 goles y 6 asistencias en 75 partidos con la camiseta de su país. En este
Mundial, la selección paraguaya conforma el grupo D el cual lo comparte con Estados Unidos, Australia y Turquía.

10. Amad Diallo Traoré

Marfileño de 23 años que juega en el Manchester United desde la temporada 2020/21. Durante estos últimos años, el futbolista ha empezado a tomar relevancia en el club inglés, sumando una interesante cantidad de minutos y demostrando que es una de las grandes proyecciones en los red devils. En la presente temporada disputó 33 encuentros en los cuales convirtió 2 goles y brindó 3 asistencias, además de ayudar al equipo a clasificarse a Champions luego de 3 años.

Con la selección de Costa de Marfil lleva 5 goles convertidos y 3 asistencias brindadas en poco menos de 20 partidos desde su debut en 2021 frente a Niger.

Otras de las grandes figuras que disputarán por primera vez una Copa del Mundo:

– Viktor Gyokeres (Suecia)
– Michel Olise (Francia)
– Desiré Doué (Francia)
– Martín Ødegaard (Noruega)
– Richard Ríos (Colombia)
– Giuliano Simeone (Argentina)
– Endrick (Brasil)
– Bruno Guimaraes (Brasil)
– Matheus Cunha (Brasil)
– Ryan Gravenberch (Países Bajos)
– Andy Robertson (Escocia)
– Scott McTominay (Escocia)
– Marcel Sabitzer (Austria)

Los representantes de la Liga Profesional en el Mundial 2026

Por Joaquín Otranto

El Mundial 2026 contará con una presencia reducida pero significativa de futbolistas que actualmente se desempeñan en la Liga Profesional Argentina. En total, 19 jugadores fueron convocados por distintas selecciones sudamericanas, lo que refleja el rol del fútbol argentino como formador y plataforma de proyección internacional, además de consolidarse como un mercado exportador constante de talento hacia ligas más competitivas.

El país con mayor cantidad de representantes es Paraguay, con seis futbolistas: Matías Galarza Fonda (River), Gabriel Ávalos (Independiente), Orlando Gill (San Lorenzo), Alejandro Maidana (Talleres), José Canale (Lanús) y Alex Arce (Independiente Rivadavia). Ávalos se destaca como delantero titular de su selección, con experiencia internacional y una temporada sólida en el torneo local, donde superó los 10 goles. Arce, por su parte, llega como goleador de su equipo, mientras que Canale aporta solidez defensiva y regularidad en minutos jugados. En el caso de Galarza Fonda, su presencia se vincula al recambio generacional del mediocampo paraguayo, mientras que Gill y Maidana representan apuestas a futuro dentro de una estructura que combina experiencia y juventud.

Colombia cuenta con cinco jugadores del medio argentino: Juan Fernando Quintero y Kevin Castaño (River), Santiago Arias (Independiente), Álvaro Montero (Vélez) y Jaminton Campaz (Rosario Central). Quintero es el más experimentado, con más de 30 partidos en su selección y gran capacidad creativa. Campaz tuvo una destacada temporada con varios goles y asistencias, siendo clave en el ataque de su club. Montero, arquero titular, suma continuidad y buenas estadísticas en vallas invictas. Por su parte, Arias aporta experiencia internacional en defensa, mientras que Castaño cumple un rol más táctico en el mediocampo, enfocado en la recuperación y el equilibrio del equipo.

Argentina presenta tres casos: Nicolás Otamendi, Gonzalo Montiel (ambos en River) y Leandro Paredes (Boca). Otamendi, defensor central, supera los 100 partidos internacionales y aporta liderazgo. Montiel, recordado por su penal en la final de 2022, mantiene regularidad en defensa. Paredes, mediocampista central, es clave en la distribución y cuenta con experiencia en competencias internacionales. En este caso, se trata de futbolistas consolidados que, pese a su trayectoria en Europa, mantienen vínculo actual con el fútbol argentino, reforzando el nivel del torneo local.

Ecuador también aporta tres jugadores: Kendry Páez (River), Jordy Caicedo y Hernán Galíndez (Huracán). Páez es una de las grandes promesas, con habilidad y visión ofensiva, y representa el futuro del fútbol ecuatoriano. Caicedo suma presencia física en ataque y capacidad goleadora, mientras que Galíndez es un arquero consolidado con varios partidos en su selección, aportando seguridad y experiencia bajo los tres palos.

Finalmente, Uruguay cuenta con dos representantes: Matías Viña (River) y Fernando Muslera (Estudiantes). Viña aporta despliegue por la banda izquierda y versatilidad táctica, mientras que Muslera, con más de 130 partidos internacionales, es uno de los arqueros más experimentados del torneo y un referente histórico de su selección.

Estadio Azteca: un templo que sigue escribiendo historias

Por Juan Bautista Zárate, Luna Sperzagni y Tobías Valle 

En el mundo del fútbol, hay estadios que reciben partidos, finales o hasta conciertos, pero hay uno que parece haber sido construido para hacer historia. El Estadio Azteca de Ciudad de México vuelve a ser protagonista de un partido inaugural. No será una apertura más: será la tercera. Ningún otro escenario futbolístico tiene la dicha de presumir lo mismo. A lo largo de los años han pasado sedes, jugadores y formatos. Sin embargo, el viejo Coloso de Santa Úrsula permanece ahí, como si fuera la primera vez dispuesto a abrir nuevamente sus puertas para seguir construyendo nuevos hitos.

Su debut en las presentaciones mundialistas fue el 31 de mayo de 1970. En aquella ocasión, México y la Unión Soviética empataron sin goles, aunque importó poco el marcador. Lo verdaderamente trascendente es que el fútbol había encontrado un templo. Semanas después Pelé levantaría la copa bajo el cielo mexicano y el Azteca quedaría asociado para siempre a la grandeza.

Luego de tres Mundiales, el país norteamericano volvió a hospedar el torneo más importante del deporte y el Coloso de Santa Úrsula tuvo la oportunidad de revalidar su mística y no la desaprovechó: nuevamente un 31 de mayo pero de 1986 dio inicio a la copa con el duelo entre Italia y Bulgaria el cual finalizó en empate pero esta vez por 1 a 1. A pesar de que también fue la casa de la final, el partido en el que el Azteca se ganó un lugar en los corazones albicelestes fue la victoria de Argentina por 2-1 frente a Inglaterra, siendo espectador de La mano de Dios y El gol del Siglo. Si bien fue testigo de estas dos obras de arte firmadas por Diego Maradona, días después vería al Pelusa dar la vuelta olímpica al canto de dale campeón. 

Hoy el fútbol es otro negocio, otro espectáculo y otra industria. Habrá más selecciones, más partidos y tres países organizadores. Sin embargo, cuando ruede la pelota por primera vez, el foco volverá a apuntar al mismo lugar. Si con todo lo vivido ya era más que suficiente, al hoy llamado Estadio Ciudad de México no le alcanzó y será por tercera ocasión el lugar donde arrancará el Mundial.

En definitiva los logros del Coloso de Santa Úrsula ya justifican la mística que tiene en el mundo del fútbol. Sin embargo, si es necesario, personificamos al estadio: aquel que como todo jugador, sueña con jugar un mundial. Pero el Azteca, que es el distinto, no le basta solo con tener un mundial en su historial, le quedan mejor tres y con dos de los mejores jugadores de la historia levantando el trofeo bajo el cielo mexicano.

La Ligue 1 y su creciente influencia en el fútbol francés

Por Bruno Gómez y Tomas Golfo

La Ligue 1 atraviesa un período de crecimiento y consolidación dentro del fútbol europeo, situación que se refleja en la composición de la actual convocatoria de la selección francesa. De los 26 futbolistas convocados, ocho se desempeñan en el campeonato francés, lo que evidencia una mayor valoración del talento que compite en el ámbito local.

El principal aporte proviene del Paris Saint-Germain, que cuenta con cinco representantes en la lista: Ousmane Dembélé, Désiré Doué, Bradley Barcola, Warren Zaïre-Emery y Lucas Hernández. Además, otros clubes de la Ligue 1 también tienen presencia mediante Maghnes Akliouche (Mónaco), Brice Samba (Stade Rennais) y Robin Risser (Lens). Esta participación demuestra la relevancia que mantiene el torneo francés en la formación y consolidación de futbolistas de primer nivel.

A lo largo de los últimos años, en el camino hacia una nueva edición de la Copa del Mundo, los equipos franceses han tenido una destacada participación en las principales competiciones internacionales. El caso más representativo es el del Paris Saint-Germain, club que gracias a su poder económico y deportivo logró alcanzar instancias decisivas tanto en la UEFA Champions League como en el Mundial de Clubes. Estas actuaciones permitieron que numerosos futbolistas de la Ligue 1 incrementaran su visibilidad y protagonismo en el escenario internacional.

En paralelo, el mercado de pases también contribuyó al fortalecimiento del campeonato. Uno de los refuerzos con mejor rendimiento fue el mediocampista João Neves, procedente del Benfica, quien logró una rápida adaptación al fútbol francés. Asimismo, el Olympique de Marsella incorporó al experimentado Pierre-Emile Højbjerg, futbolista de amplia trayectoria internacional. Otra llegada destacada fue la de Renato Sanches, ganador del premio Golden Boy en 2016 y considerado durante varios años una de las mayores promesas del fútbol portugués.

Por otra parte, la Ligue 1 se caracteriza por ser una de las competiciones más importantes en la formación de jóvenes talentos. Grandes figuras del fútbol mundial como Zinedine Zidane, Thierry Henry, Karim Benzema y Kylian Mbappé surgieron o desarrollaron gran parte de su carrera en clubes franceses antes de alcanzar reconocimiento internacional.

La selección francesa continúa sustentándose en una base sólida de jugadores que compiten en las principales ligas de Europa. Sin embargo, la presencia de futbolistas provenientes de la Ligue 1 aumentó respecto a la Copa Mundial de Qatar 2022. En aquella convocatoria, solo seis jugadores pertenecían al campeonato francés, mientras que en la lista actual aparecen ocho representantes. Este incremento está impulsado principalmente por la nueva generación del Paris Saint-Germain, integrada por futbolistas como Bradley Barcola, Ousmane Dembélé, Désiré Doué y Warren Zaïre-Emery. La tendencia refleja una renovación del plantel nacional y una mayor confianza en los jugadores formados y consolidados dentro del fútbol francés.

Además del protagonismo de los clubes más tradicionales, otras instituciones han ganado relevancia en los últimos años. Un ejemplo es el Racing Club de Strasbourg Alsace, conocido comúnmente como Estrasburgo, que ha experimentado un importante crecimiento deportivo desde su adquisición por parte del grupo BlueCo. El club se ha destacado por apostar al desarrollo de jóvenes talentos y por consolidarse como uno de los proyectos más prometedores del fútbol francés. Su evolución reciente le permitió competir por puestos de clasificación a torneos europeos, fortaleciendo aún más la competitividad de la Ligue 1.

La historia de la liga francesa también respalda su importancia dentro del fútbol europeo. La máxima categoría del fútbol profesional en Francia fue creada en 1932 bajo el nombre de Division 1, convirtiéndose en una de las primeras ligas profesionales del continente. En 2002 adoptó oficialmente la denominación de Ligue 1. Desde entonces, el torneo ha servido como plataforma para el desarrollo de numerosos futbolistas de élite y ha contribuido significativamente al crecimiento del fútbol francés tanto a nivel de clubes como de selecciones.

 

JUGADORES QUE SE NACIONALIZARON PARA JUGAR EN OTRO PAISES

Por Matías Chiorazzo

En total, entre las selecciones clasificadas al Mundial 2026, hay 35 futbolistas nacidos en Francia que eligieron representar otra selección nacional:

Argelia: ● Luca Zidane (Granada CF) ● Housem Aouar (Al-Ittihad) ● Amine Gouiri (Olympique de Marseille) ● Farès Chaíbi (Eintracht Frankfurt) ● Yassine Benzia (Al-Fayha FC) ● Adam Ounas (Al-Sailiya SC) ● Victor Lekhal (Al-Qadsia) ● Rafik Guitane (Estoril Praia)

Senegal: ● Kalidou Koulibaly (Al-Hilal SFC) ● Abdou Diallo (Al-Arabi SC) ● Pape Gueye (Villarreal CF) ● Iliam Ndiaye (Everton F.C.) ● Yehvann Diouf (OGC Nice) ● Antoine Mendy (OGC Nice)

Marruecos: ● Sofíane Boufal (Union Saint-Gilloise) ● Romain Saïss (Al-Sadd SC) ● Amine Adli (Bayer 04 Leverkusen) ● Eliesse Ben Seghir (AS Mónaco FC)

Túnez: ● Hannibal Mejbri (Burnley F.C.) ● Ismaël Gharbi (F.C. Augsburg) ● Montassar Talbi (F.C. Lorient) ● Nader Ghandri (Ajam Club) ● Naïm Sliti (Al-Shamal SC)

Congo: ● Lionel Mpasi (Le Havre AC) ● Arthur Masuaku (RC Lens) ● Samuel Moutoussamy (Atromitos F.C.) ● Yoane Wissa (Newcastle United FC) ● Gaël Kakuta (AEL Larissa)

Ghana: ● Alexander Djiku (Fenerbahçe SK) ● Elisha Owusu (AJ Auxerre)

 

Luca Zidane

Uno de los casos más llamativos entre los futbolistas nacidos en Francia que disputarán el Mundial 2026 con otra selección es el de Luca Zidane. Nacido en Marsella, Francia, el arquero es hijo de Zinedine Zidane, considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos de la selección francesa. Desde pequeño creció en un entorno ligado al fútbol francés, formándose en las categorías juveniles del Real Madrid mientras también era convocado regularmente a las selecciones juveniles de Francia.

En su carrera, representó a Francia en distintas categorías inferiores, participando en equipos sub-16, sub-17, sub-19 y sub-20. Durante años, fue considerado una de las promesas de la portería francesa, siguiendo un camino similar al de su padre. Al acercarse al fútbol internacional absoluto, comenzó a evaluar la posibilidad de representar a Argelia, país con el que mantenía un fuerte vínculo familiar y cultural.

Luca siempre tuvo derecho a representar al país norteafricano gracias a la ascendencia de su familia paterna. Los padres de Zinedine Zidane emigraron desde Argelia hacia Francia durante el siglo XX, y esa herencia permaneció muy presente dentro de la familia. Luca creció con una identidad ligada tanto a Francia como a Argelia.

Su decisión de representar a la selección argelina fue interpretada por muchos como una forma de honrar las raíces familiares. A diferencia de su padre, eligió escribir su propia historia deportiva vistiendo los colores de Argelia. La elección generó una enorme repercusión mediática por el peso del apellido Zidane y el significado que tiene para ambas naciones.

Su presencia en el Mundial 2026 representa un hecho simbólico muy particular: un miembro de la familia Zidane participando en la máxima competición del fútbol internacional bajo una bandera distinta a la de Francia.

Housem Aouar

Otro de los casos más destacados es el de Housem Aouar. Nacido en Lyon, Francia, el mediocampista desarrolló toda su formación futbolística dentro del sistema francés. Surgido del Olympique Lyonnais, se convirtió en una de las mayores promesas del fútbol europeo gracias a su capacidad para desempeñarse en distintas posiciones del mediocampo.

Aouar representó a Francia en diversas categorías inferiores: sub-17, -18, -19 y -21, e incluso llegó a disputar un encuentro con la selección mayor en 2020. Todo parecía destinado a continuar su carrera internacional con Francia, especialmente teniendo en cuenta el nivel que mostraba en la Ligue 1.

Sin embargo, mantuvo abierta la posibilidad de jugar para cualquiera de las dos selecciones, aunque decidió comprometerse con el combinado argelino. La decisión fue recibida con entusiasmo por los aficionados, que veían en él a un jugador capaz de aportar creatividad y calidad técnica a la selección.

En el Mundial 2026, será una de las principales figuras del seleccionado. Su historia simboliza la relación histórica entre Francia y Argelia, así como la manera en que muchos futbolistas construyen su identidad entre dos culturas diferentes antes de tomar una decisión definitiva sobre la camiseta que desean defender a nivel internacional.

 

JUGADORES NACIONALIZADOS PARA FRANCIA EN EL MUNDIAL 2026

Por Mateo Tempone

Futbolistas con raíces en otros países que representarán a Francia en el Mundial
2026

Camerún

● Kylian Mbappé (Real Madrid CF) Nació en París, Francia.
● Aurélien Tchouaméni (Real Madrid CF) Nació en Ruan, Francia.
● Warren Zaïre-Emery (Paris Saint-Germain FC) Nació en Montreuil, Francia.

Mali

● Ibrahima Konaté (Liverpool FC) Nació en Paris, Francia.
● Moussa Diaby (Al-Ittihad Club) Nació en París, Francia.

República Democrática del Congo

● Jules Koundé (FC Barcelona) Nació en París, Francia.
● Marcus Thuram (FC Internazionale Milano) Nació en Parma, Italia.

Argelia

● Rayan Cherki (Manchester City FC) Nació en Lyon, Francia.

● Maghnes Akliouche (AS Monaco FC) Nació en Tremblay, Francia.

Nigeria

● Michael Olise (FC Bayern München) Nació en Londres, Inglaterra.

Guadalupe

● Kingsley Coman (FC Bayern München) Nació en Paris, Francia.

Angola

● William Saliba (Arsenal FC) Nació en Paris, Francia.

 

Estos jugadores eligieron vestir la camiseta francesa pese a tener la posibilidad de representar a otros países. Sus historias reflejan cómo la identidad, la cultura familiar y el recorrido deportivo influyen en una de las decisiones más importantes de la carrera de un futbolista.

Kylian Mbappé

Uno de los casos más emblemáticos es el de Kylian Mbappé. Nacido en Bondy, un suburbio ubicado al noreste de París. Su padre, Wilfried Mbappé, nació en Camerún y se desempeñó como entrenador y representante deportivo, mientras que su madre, Fayza Lamari, es una ex jugadora de handball francesa con ascendencia argelina.

Gracias a los orígenes de sus padres, Mbappé tenía la posibilidad de representar a Camerún o Argelia a nivel internacional. Sin embargo, desde pequeño se vinculó con el fútbol francés y fue considerado una de las mayores promesas de las divisiones juveniles del país. Su talento llamó la atención rápidamente y comenzó a integrar las selecciones juveniles francesas, donde destacó por su velocidad, técnica y capacidad goleadora.

Su explosión definitiva llegó en el AS Mónaco, donde se convirtió en una de las grandes revelaciones del fútbol europeo. Posteriormente fue transferido al Paris Saint-Germain y más tarde al Real Madrid, consolidándose como una de las principales figuras del fútbol mundial.

A nivel internacional, debutó con la selección absoluta de Francia en 2017 y apenas un año después fue una de las grandes estrellas del Mundial de Rusia 2018, torneo en el que Francia obtuvo su segunda Copa del Mundo. Su actuación lo transformó en uno de los jugadores más importantes de su generación y en el símbolo de una selección caracterizada por la diversidad de orígenes de sus futbolistas.

La decisión de representar a Francia estuvo ligada tanto a su formación deportiva como a su identidad personal. Aunque siempre manifestó orgullo por sus raíces camerunesas y argelinas, eligió defender al país donde nació, creció y desarrolló toda su carrera. De esta manera, Mbappé se convirtió en un ejemplo de cómo muchos futbolistas pueden sentirse conectados a distintas culturas sin dejar de identificarse plenamente con la nación que representan.

En el Mundial 2026 será nuevamente una de las máximas figuras del seleccionado francés y uno de los futbolistas más observados del torneo.

 

Rayan Cherki

Otro caso muy representativo es el de Rayan Cherki. Nacido el 17 de agosto de 2003 en Lyon, Francia, el mediocampista ofensivo es hijo de una familia con raíces argelinas. Desde muy joven fue considerado uno de los talentos más prometedores surgidos del fútbol francés gracias a su habilidad técnica, creatividad y capacidad para desequilibrar en el uno contra uno.

Durante su formación en las divisiones inferiores del Olympique Lyonnais se destacó como una de las grandes joyas del club. Su evolución llamó rápidamente la atención tanto de Francia como de Argelia, país que seguía de cerca su desarrollo y soñaba con incorporarlo a su selección nacional.

Debido a la nacionalidad de sus familiares, Cherki tenía la posibilidad de representar a Argelia en el ámbito internacional. Esta situación generó numerosos debates entre aficionados y periodistas, ya que se trataba de uno de los futbolistas jóvenes con mayor proyección de Europa. Durante varios años mantuvo abiertas ambas opciones mientras continuaba participando en las categorías juveniles francesas.

A medida que fue creciendo futbolísticamente, se consolidó como una pieza importante dentro de los seleccionados juveniles de Francia. Sus actuaciones reforzaron el interés de la Federación Francesa de Fútbol, que lo consideraba parte del futuro del equipo nacional. Finalmente, decidió comprometerse con Francia y continuar el camino que había recorrido desde sus primeros años como futbolista.

Su elección fue muy comentada tanto en Francia como en Argelia. Para muchos aficionados argelinos representó una oportunidad perdida de incorporar a un jugador de enorme calidad, mientras que para Francia significó la confirmación de una de las promesas más importantes de su nueva generación.

La historia de Cherki refleja una realidad cada vez más frecuente en el fútbol moderno: jóvenes nacidos en Europa que mantienen fuertes vínculos familiares con otros países y que deben tomar una decisión trascendental sobre la selección que representarán. En su caso, optó por Francia, el país donde nació y se desarrolló deportivamente, convirtiéndose en una de las nuevas figuras del seleccionado que disputará el Mundial 2026.

Escribir tu propia historia

Por Candela Carabajal

Donde hay dolor habrá canciones. Hoy, más que nunca, hay dolor y cientos de letras que lo acompañan y describen, como si él hubiera planeado su vida en cada verso.

Esta historia de amor entre Carlos Alberto Solari y la literatura comenzó desde su juventud, le apasionaba la lectura como una influencia creativa a la hora de componer. Quedó demostrado en sus canciones, que tienen una mezcla de metáforas con poesía y a la vez una realidad disfrazada de ficción. Cada pista es una historia única que te identifica si tenés 16, 25 o 30 años, no hay rango de edad, tampoco clase social ni género, no importa qué tan culto seas o si nunca leíste un libro, las canciones del Indio son así, para todos, para los que viven o sienten que les faltan razones para hacerlo. Y justamente eso explica el porqué de su magnitud.

Empiezo por el final, el último tema que publicó el Indio fue el 14 de junio del 2025, titulado “Súper-Dios Vs. El Águila Guerrera”. Comienza entonando: “Quiero creer que alto en el cielo, nos queda aún un águila guerrera”, y continúa en otra estrofa: “Ahora nuestra águila flota a su aire, abriendo y cerrando sus garras inquietas”. Con metáforas narra la realidad sociopolítica que atraviesa la Argentina, jugando con el personaje del Súper-Dios, que representa a las figuras de poder, y el Águila Guerrera, quienes defienden las costumbres y la identidad del país que habitan, es la representación de los colores patrios que quieren teñir de azul y rojo y cambiar el Sol por estrellas.

Un año atrás, en marzo del 2024, participó en “Quemarás” junto a Wos, una canción que recuerda a la poesía ricotera que Solari supo escribir, esta vez refiriéndose a la reconciliación con el pasado y utilizando el fuego, emblema de Patricio Rey, para soltar el dolor y el rencor que no te deja avanzar. El estribillo comienza: Y quemarás… el rencor, en el fuego más sagrado de hoy. Y buscarás el amor, en un rastro ciego de lo que ya no sos.

Terminando la cuarentena en abril del 2021, y junto a Los Fundamentalistas Del Aire Acondicionado, lanzó “Encuentro con un ángel amateur”, en la cual reflexiona sobre el paso del tiempo y las limitaciones físicas que provoca la edad y Mr. Parkinson. Esta fue una lenta despedida que comenzó hace cinco años y se cerró el 5 de junio, pero él sabía que no era real, no hay adiós que exista cuando hay letras que acompañan. El Indio escribió: “Ya no puedo cumplir, hazañas que prometí, solo seguir cantando”. Y continúa: “Solo me falta saber la fecha y el lugar, y allí iré cantando”.

Antes de la pandemia, en la que no publicó pistas, compartió “La Oscuridad”, parte del álbum El Ruiseñor, El Amor y La Muerte en 2018. “Ya están aquí los ví, fantasmas de juventud, llegan para despedirse de mí”, cantó como últimos versos. Aparecen los fantasmas personales cuando vuelve al pasado por la nostalgia, pero ya no quiere quedarse ahí, solamente son recuerdos de los que debe despedirse.

Cinco años pasaron para que vuelva a lanzar un álbum, ya que el último había sido “Pajaritos, bravos muchachitos” con Los Fundamentalistas. Entre las 12 canciones que lo conforman se encuentra “Había una vez…”, el retrato perfecto del desgaste de una relación y el desamor dentro de ella, pero si lo llevamos a nuestra actualidad es un cuento de lo que alguna vez fue este amor y lo que nos queda. Cierra esta pista entonando: “Hay tantas partes tan lindas sin tu traición, el mundo sigue girando aún sin tu amor”.

En el 2010 sacó su tercer repertorio como solista titulado “El perfume de la tempestad”, dentro de él está “Ceremonia durante la tormenta” donde relata cómo es tener poder y gustos materiales, que no valen nada al final del día si no hay amor y pasiones. “Los lujos son solo momentos en una vida gris sin deseos: corazón encadenado y triste, que guardas en tu aburrida virtud; Y mirás el mar y la vida se ve demasiado gris sin deseos”.

Para 2007 lanzó “Porco Rex”, el segundo en solitario, que incluye 13 pistas, entre ellas se destacan “Flight 956” y “Y mientras tanto el sol se muere…”. En la primera expresa el dolor de una despedida inevitable con el amor, a quien se refiere como Flight 956; menciona la realidad de su relación donde hay tanto buenos momentos como conflictos y disgustos para con el otro, aunque no sean intencionales. Al despegar el vuelo 956 se lleva con él lo vivido en un resplandor: “¿Será un melodrama vulgar? ¿Pasados dos meses nos consolarán? Llorarás con un ojo y con el otro te reirás”.

La segunda obra está dedicada a su pareja Virginia Mones Ruíz, conocida también como “Viru”. Hace alusión a la llegada de la muerte y la persistencia del amor verdadero, que seguirá existiendo en la inmortalidad. “Aunque todo en esta vida sea efímero, el amor no entra en esa definición, es un rayo de luz en el refugio donde uno se esconde de la oscuridad y el paso del tiempo”. Canta en ella: “Algún día, pronto, una de mis vidas va a intentar matarme y lo va a lograr. ¿Cómo será andar solito allá en la muerte? ¡Ay! Mi amor, ya sin vos, sin tu sueño”.

El primer álbum luego de la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fue en diciembre de 2004. Marcó su regreso a la música con “El tesoro de los inocentes”, donde aparecen canciones como “Pabellón Séptimo”, “To beef or not To Beef” y “El tesoro de los inocentes”. En este disco comenzó su cercanía con la muerte y la reflexión de lo que hacemos en vida.

La canción que lleva el mismo título es la principal, explora la inocencia, el amor y el dolor en aspectos de la vida que solo logramos ver si leemos entre líneas. Afirma la idea de que el amor es esencial en la vida y sin él esta carece de sentido y valor, concepto que reafirma en los años siguientes en sus obras. “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía”, reitera en versos.

La segunda nombrada relata la vivencia de un inmigrante al llegar a Estados Unidos, experimentando un choque cultural al querer adaptarse para buscar un futuro mejor. Refleja la soledad que siente el protagonista y la nostalgia de todo lo que dejó atrás: “Pensando en vos siempre, siempre extrañándote”.

“Pabellón Séptimo” es el relato de Horacio Vargas, se refiere a la masacre ocurrida en la cárcel de Villa Devoto el 14 de marzo de 1978 durante la última dictadura cívico-militar. Guardias del Servicio Penitenciario Federal ingresaron al Pabellón 7 para reprimir a los carcelarios que estaban protestando, desataron un incendio que terminó con 65 presos muertos por asfixia, quemaduras y disparos, y daños con secuelas físicas en otros 88. Cada verso es la sensación musicalizada del horror, la desesperación y la violencia que el protagonista vivió en carne propia, y al mismo tiempo refleja cómo se aferró a la esperanza de sobrevivir para ser libre. Canta el Indio: “Nadie es capaz no pueden borrar mis recuerdos, nadie es capaz de matarte en mi alma; y cierra: Ya nunca más, y nunca ya voy a olvidarte, Pablo, nunca”.

A once metros de la eternidad

Por Abril Yazbik

No es la primera vez que estoy acá.

Aunque todo parezca nuevo, los jugadores, las camisetas y las voces, hay algo que se repite. Una sensación. Una tensión que crece hasta volverse casi insoportable. La final de un nuevo Mundial había llegado a su límite. Empate, otra vez.

Durante el partido vi de todo: un gol tempranero que hizo explotar a una mitad del estadio, una respuesta casi inmediata del otro lado, piernas que corrían más por pasión que por energía, tarjetas de todos los colores y miradas que buscaban la gloria.

90 minutos de juego y 30 minutos de prórroga, pero nadie pudo adueñarse del final. Entonces, como si el destino no supiera resolverse de otra manera, todo volvió a este punto, los penales.

Acá es donde todo cambia; el fútbol deja de ser un juego colectivo por un momento y se convierte en una sucesión de decisiones individuales. Ya no importa el sistema, ni la estrategia, ni el planteo. Solo queda un jugador, la pelota y yo, a 11 metros de distancia.

El estadio, que hasta hace unos segundos era caos, se transforma. El ruido no desaparece pero se vuelve lejano, como si estuviera ocurriendo en otro lado. Acá, en este espacio, lo único que existe es el momento, mi momento. Se abre la ronda y el primero se acerca, camina rápido, sin mirar demasiado. Patea fuerte al medio, la pelota entra. Grito, desahogo.

El segundo duda un poco más, se toma su tiempo y respira. Patea fuerte y cruzado, la pelota vuelve a entrar.

Y así sigue la tanda, uno a uno… historias distintas, finales momentáneos. Algunos celebran antes de tiempo, otros apenas reaccionan. El arquero se mueve, intenta adivinar el tiro, juega su propio partido dentro de este instante, pero yo sé, sé que ninguno de ellos es el final.

Entonces aparece él, mi momento más esperado de la noche, Lionel Andres Messi, parado frente a mí. No corre, no apura el paso, no necesita hacerlo. Camina despacio, como si cada paso cargara la historia de un país entero. Yo podía sentirlo, el aire vibraba distinto. No era solo un penal, era el penal. Cualquiera quisiera tener la perspectiva de lo que yo estaba viendo.

Por delante mío, el arquero de la selección brasileña, Bento Matheus Krepski, se movía, inquieto. Intentaba achicarse, hacerse gigante, ocupar cada rincón de mí. Pero había algo que él no sabía, yo ya lo había elegido. 

 “La Pulga” tomó la pelota, la acomodó con cuidado, como si cada detalle importara, como si ese pequeño gesto fuera parte de algo mucho más grande. Retrocedió unos pasos, no muchos, los justos. El arquero lo miró, quería meterse en su cabeza, romper esa calma que parece inquebrantable. Por un segundo, el mundo se detuvo dentro de mis tres palos y entonces pateó. 

No era un remate violento, no era desesperado, era simple y era perfecto. La pelota salió suave pero decidida, como si no necesitara velocidad para llegar, como si supiera exactamente a dónde ir desde el instante en que abandonó su pie. El arquero eligió un lado y se lanzó, se estiró pero no alcanzó. Entonces, la red se estremeció, lo sentí, no como un golpe, sino como una confirmación. Argentina era bicampeona mundial y, yo, su máximo protagonista, estaba viendo al mejor de todos los tiempos en primera persona. 

El estadio explotó, los gritos atravesaron cada rincón del mundo. Los jugadores corrieron, se abrazaron, cayeron al piso, rieron y lloraron. Todo al mismo tiempo.  Yo sigo quieto, en mi lugar, como siempre. Pero esta vez es distinto porque no fui solo el lugar donde terminó la historia. Fui el lugar donde la eternidad eligió quedarse.

Un acto que me cambió la vida

Por Leonel Librandi

Todo comenzó en el partido inaugural; mi país, México, contra Sudáfrica en el Estadio Azteca. Yo siempre fui de seguir los grandes eventos deportivos, pero este tenía una cuota única: el último Mundial de dos grandes bestias como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Igualmente, no estoy acá para describir el evento más visto, y probablemente el más conocido del mundo, sino para contar cómo, por unos minutos de euforia, terminé en la cárcel de Nueva Jersey.

Hasta ese momento trabajaba en un emprendimiento de tecnología con un amigo. No nos iba mal, es decir, no había malestar alguno del que quejarase. Éramos buenos en eso, siempre lo fuimos. Un ambiente muy cómodo para dos jóvenes de 19 años. A Pedro lo conocí mi primer año aquí, allá por el 2017, cuando nos mudamos con mi familia a México, más precisamente a Guadalajara. Y sí, yo no nací acá, y notarás, quizá por mi forma de escribir, que soy “mitad” argentino. Con mi familia vivíamos allí hasta que la cosa se puso fea y decidieron que lo mejor era volver a la República Mexicana. Sinceramente no le doy importancia a eso, ya que siempre me sentí más atraído por la cultura mexicana. Tal vez, el hecho de escuchar historias a más de 7 mil kilómetros me hacía interesar cada vez más en mis raíces.

En fin, se acercaba el Mundial y siempre soñé con vivir uno como espectador, así tuviera que gastarme los ahorros de mi vida. Llevábamos tres meses juntando dinero y consiguiendo “changas”, como se le dice en Argentina, para poder ver al “Tricolor”. El día había llegado. 11 de junio en el estadio más emblemático de nuestro país, con un plantel que no llegaba de la mejor forma, pero que tenía la misma ilusión de siempre. La misma ilusión de varias generaciones: llegar al quinto partido.

“…el árbitro finaliza el encuentro. Derrota de la selección local por 3 a 1, un hecho que quedará marcado en la historia de nuestro fútbol. Habrá que ver qué sucede la semana próxima, pero dudo que esta situación se pueda cambiar”.

Estaba abatido. Toda la esperanza que teníamos se esfumó en 90 minutos. Pensándolo bien, y luego de que transcurrieran varios años desde ese hecho, aquel resultado fue muy predecible. Era la esperanza y la ilusión que conlleva cada Mundial lo que no me permitió ver lo mala que era esa Selección. Como ya sabrán, el equipo quedó afuera en fase de grupos, protagonizando uno de los mayores bochornos de la Copa del Mundo.

Pasaban los días, las fases del torneo y mayor era mi enojo hacia los jugadores y el cuerpo técnico que tan mal nos habían representado. Luego de ir a ver dos partidos de tres y amargarme durante medio mes, mi rutina seguía siendo la misma: trabajar, volver a casa y mirar cómo Argentina avanzaba de fase. Para los jóvenes que leerán este libro, posiblemente les suene extraño el decir que ese fue el mejor equipo de la historia, pero lo fue.

Como dije anteriormente, solamente vi dos partidos de mi Selección. En el tercero necesitábamos un milagro para clasificar y preferí vender la entrada. Podría poner la excusa de que no quería enfurecerme aún más, pero verdaderamente fue porque quería ver algún encuentro con mi madre. Ella trabajaba mucho, ni tiempo para ver algún resumen tenía. Vivía por y para nosotros. Hoy en día pienso y creo que fue el ahorro que mejor gasté en mi corta vida.

En definitiva, allí estaba, sentado en una de las tribunas del MetLife Stadium compartiendo un momento con la persona que más amaba. Ahora me acuerdo, Argentina – España fue la final. Tres goles de un tal Mastantuono esa noche, Dios sabrá dónde juega ahora. Pero lo importante en esta historia no es que la “Albiceleste” ganó dos títulos consecutivos, o que goleó 4-0 a una Selección europea con un baile que no se van a olvidar jamás. Lo significativo en este relato es la ira que sentí al ver al presidente de la Federación Mexicana festejar con Infantino. Un acto que me cambió la vida por los próximos 10 años.

“Y allí lo vemos otra vez, Messi levantando la tan ansiada copa. ¡Pero esperen, miren allí en la platea, un hincha está agrediendo a Mikel Arriola! Increíble, ahora se lo lleva la seguridad, pero qué barbaridad ha hecho este joven. Creo haber visto tres golpes, espero que reciba el castigo adecuado”.

El último milagro

Por Camila Pasquali

La vida del portugués fue todo menos fácil. Nacido en el seno de una familia muy pobre y trabajadora en la ciudad de Madeira, vio y vivió mucho. No todo, pero sí mucho.

Con solo 12 años comenzó el primer paso de lo que sería una larga y exitosa trayectoria, de la cual fui partícipe. La soledad debe hacerse amiga de alguien para poder sobrellevarla. Con apenas doce años, jugando en el Sporting de Lisboa, sufriendo acoso por su acento y atravesando una operación del corazón, que quizás fue necesaria para preparar un órgano que latiría con una fuerza que no a todos los seres humanos les toca sentir, empezó todo. O eso creo yo. Aunque… ¿qué sé yo de certezas?

Fui un regalo de María, que, aunque parecía una mujer muy generosa, no tenía el dinero suficiente como para hacerles un presente a sus cuatro hijos. Pero esa vez era diferente: su pequeño se iba en busca de lograr su sueño y alguien debía acompañarlo.

Fui y soy simple, aunque hoy mucho más gastado. La primera vez que Cris me conoció, yo era un largo rosario perfumado con pétalos de rosas, con una pequeña imagen de Jesús que le llegaba hasta la mitad del pecho. Descansaba dentro de una cajita junto a una foto de la Virgen de Fátima. Me compraron en una feria de artesanías realizada por Benedita. Aún recuerdo la bendición con la que me entregó:

—Que sea un camino de luz, pero que los senderos oscuros sean transitados con gratitud, para que al final de nuestros días, aunque no entendamos los planes del Señor, todo eso nos haya hecho quienes debíamos ser.

Una oración cuarenta minutos antes de salir a la cancha. Ese era el ritual irrenunciable de Ronaldo… o de mi Cris.

Todo comenzó en Inglaterra. Porque, aunque la soledad ya nos venía acompañando, en el Manchester United, un país nuevo y un idioma desconocido, te obliga a aferrarte a algo, a creer en algo.

El esfuerzo, la dedicación y la fe hicieron que Cristiano se convirtiera en Cristiano Ronaldo… o en CR7. Aunque para mí siempre fue simplemente mi chico. 

Recorrimos y vivimos en muchos lugares y culturas: Inglaterra, España —nuestro favorito—, Italia, y, finalmente, Arabia Saudita. Allí llegó una versión diferente de él. Padre, esposo y aún jugador, pero con otra mentalidad, otros miedos y otras exigencias.

Muchas oraciones he escuchado. Muchas se cumplieron. Pero una aún no. Y a veces me pregunto por qué. Si jugó cinco Mundiales…¿Por qué no ganó ninguno con Portugal? Esta es la última oportunidad. Se preparó mucho para esto.

¿Por qué ahora?

El 3 de marzo hubo un bombardeo de Irán contra la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita. Desde el comienzo del conflicto notaba a Cris preocupado. Esperando.

Quizás el ser humano espera a que ocurra algo malo… muy malo… para escapar. Los ataques con drones fueron ese algo muy malo que terminó por ocurrir. En unas semanas comenzaba el Mundial, y se suponía que nos iríamos. 

Pero yo no. Quedé olvidado en la sala de oración, arriba de un estante. Fue el apuro de salir tras enterarse de la noticia. Esa mañana, Cris no había orado.

El Mundial comenzó el pasado 3 de abril. Portugal terminó primero en el Grupo K. El equipo que más preocupaciones les trajo fue Colombia, pero aun así lograron vencerlo.

Luego llegaron los octavos frente a un Brasil donde Neymar volvía a vestir su camiseta. Después, los cuartos ante Inglaterra. Y unas semifinales frente a España, que casi elimina por penales al conjunto dirigido por Roberto Martínez.

La final sería frente a Argentina. Una final soñada.

El conflicto en Medio Oriente cesó. Se abrieron los espacios aéreos. Y ante esa noticia, María Dolores, la madre de Cris, vino por mí el día de la final. Durante el camino me contó cómo le había ido a nuestro chico. Tras largas horas de vuelo y escalas, llegamos a Estados Unidos. Pero el partido ya había comenzado.

¿Por qué todo tenía que ser tan sobre la hora?

Argentina 4-4 Portugal. En un país donde no se respira fútbol, por primera vez, el aire era eso: fútbol.

Penales. Llegamos. Era el último de Portugal. Lo pateaba Cristiano. María me arrojó al campo de juego.

—Ahí va Cristiano, en busca de un milagro para darle su primer Mundial a Portugal.

Un partido de ensueño

Por Genovese Malena

Escuché el silbatazo que indicaba el inicio del partido. Mantuve la mente tranquila, analicé el juego y empecé a dar indicaciones y a pedir la pelota. Se la pedí a Enzo (Fernández), quien me la pasó y comenzó a subir por el medio. A su izquierda estaba “Fideo” (Di María), quien también subía como loco al área. El clima del estadio era espectacular. Todos silbaban y gritaban. Todos esperaban que esa jugada, que en mi mente ya había funcionado, resultase en gol. Pasé a uno, me saqué de encima al marcador, pateé el centro y…nadie cabeceó. La pelota siguió de largo y se fue al lateral.

Arrancamos de nuevo y me acomodé en mi posición, tratando de sacarme la marca. Miré hacia atrás para pedirle la pelota a Enzo, pero vi algo que por un segundo me dejó sin reacción. El que vi no era Enzo, no era el número 24. Vistiendo la 11, estaba el “Loco” Houseman. No ví ese rostro en ningún lugar que no fuese la televisión. Estaba impactado, pero no tenía tiempo para quedarme pensando en aquello que había ocurrido, por lo que reaccioné y volví al juego; no era momento de analizar esa extrañeza que había sucedido a mis espaldas.

Se la pedí al “Loco”, levanté la cabeza para buscarlo a Juli (Álvarez) y lo que vi casi que me hizo seguir de largo y tropezarme con la pelota. Quien estaba jugando en la delantera conmigo no era Julián. Ni tampoco estaba usando la 9. Vi al número 14 pararse poco más atrás del punto penal; me hacía señas para que le metiera el pase hacia atrás. Sin tiempo -otra vez- para procesar la extraña y repetida situación, metí el centro. Lo que vieron mis ojos en ese momento no tenía, ni tiene, explicación alguna, pero fue así. “El Matador” le pegó un zurdazo con la cara interna del pie, y la pelota entró. Corrimos a festejar y, en ese momento, me fundí en un abrazo con quien había sido el mejor jugador del Mundial de 1978.

Era el minuto 35 del segundo tiempo, íbamos ganando 1 a 0. Veo, desde el mediocampo, cómo el delantero rival hace un enganche y lo pasa de largo al “Cuti” (Romero). Me imaginé lo esperable. Ya estaba pensando en la próxima jugada para intentar revertir el empate. Pero, nuevamente, otra cosa me sorprendió. Apareció corriendo desde el arco un jugador que nunca había visto, al menos no en una cancha compartiendo equipo. Un loco con vincha que le cortó el ataque al delantero y se fue jugando con la pelota hasta la mitad de la cancha. No lo podía creer. En mi mente reviví los mejores momentos del “Loco” Gatti.

Una vez más, no tenía tiempo para procesar esa jugada, y mucho menos quién la había realizado. El partido estaba a punto de terminar y teníamos que mantener el resultado. Faltaba poco. No se había detenido mucho el encuentro, por lo que no se iban a adicionar tantos minutos. Había que resistir. En el minuto 43, un defensor me intenta barrer y me lleva con él. Nos dan un tiro libre y comencé a acomodar la pelota, estaba seguro de que iba a patearlo yo. Hasta que una mano me tocó el hombro y, al girarme, supe que tenía que ceder el tiro.

Acomodó la pelota dos veces y la puso de frente hacia él; yo estaba al lado observando. Hizo -exactamente- cuatro pasos hacia atrás y se paró. No miró ni al arquero, ni a la barrera, ni a nosotros. Su postura y energía lo decían todo por sí mismos. No hacía falta convencer a nadie de que iba a clavarlo. La cinta de capitán, la número 10. Estaba seguro de que lo convertiría, después de todo, él me había enseñado a patear tiros libres.

Sonó el silbato y empezó la carrera. Pateó con la cara interna del pie izquierdo. Le pegó de rosca y buscó el ángulo superior del arco. Entraba, estaba seguro de que sí. Recordé en mi mente los mejores momentos del “Pibe de Oro”. Estaba a punto de entrar. Y, en ese momento, cuando iba corriendo a abrazarlo y agradecerle, de algún modo, todo lo que había hecho por los argentinos, sonó la alarma; me desperté.

La mejor cobertura mundialista de mi vida

Por Máximo Nichlison

Hoy es domingo 19 de julio del 2026 y estoy por cubrir la final del escandaloso Mundial de Estados Unidos-México-Canadá, en el cual pasaron una sucesión de hechos que nunca creí vivir: la Asociación del Fútbol Argentino, comandada por Claudio “Chiqui” Tapia, tuvo un conflicto legal con Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, por lavado de activos en relación al club Barracas Central. En consecuencia, la confederación sudamericana prohibió la convocatoria de futbolistas que se desempeñen en el exterior, lo que obligó a Lionel Scaloni a armar un combinado únicamente con jugadores del cuadro local.

Por otro lado, el presidente del país organizador, Donald Trump, entró en un conflicto bélico contra Irán, uno de los mejores equipos asiáticos del certamen, e intentó evitar su participación. A pesar de esto, la Selección de Oriente Medio disputó sus tres partidos de fase de grupos, en los cuales sufrió robos dignos de La Casa de Papel, tales como la expulsión de cuatro jugadores en la misma jugada o el cobro de seis penales en contra en un mismo partido.

Ahora, centrándome en Argentina, puedo decir que el cuerpo técnico se las rebuscó para formar un once que prácticamente sale de memoria: Facundo Cambeses, arquero de Racing, solo recibió dos goles; el experimentado Gonzalo Montiel,  Kevin Lomónaco, Tomás Palacios y Gabriel Rojas conforman una sólida línea defensiva con buen toque de pelota; el “doble cinco” lo ocupan Franco Ibarra y Leandro Paredes; los volantes con más dinámica son Exequiel Zeballos, Ángel Dí María y la sorpresa de la lista, Ian Subiabre; mientras que el finalizador de jugadas es el infalible Adrían “Maravilla” Martínez.

En menos de cuatro horas, mi querido país juega su segunda final del mundo consecutiva, repleta de jugadores desconocidos y frente a la temible España liderada por Lamine Yamal, Pedri y Nico Williams. 

El camino hasta acá fue inusualmente fácil: en fase de grupos tuvimos puntaje perfecto y +10 de diferencia de gol; Argelia, Austria y Jordania no encontraron forma de defender a los iluminados Maravilla Martínez y Dí María, que convirtieron cinco y tres goles, respectivamente; en la ronda de 16 se jugó el clásico del Río de La Plata, en el que pudimos imponernos 3 a 1 con triplete del santiagueño Zeballos.

En este momento hago un parate, ya que antes de enfrentar a Turquía por la próxima ronda, Di María dio positivo en un control antidoping y recibió una sanción de dos años sin jugar al fútbol, aunque con la particularidad de que sí estaría disponible para jugar los partidos ante Newell´s.

Ante esta adversidad, Pablo Aimar tuvo la ingeniosa idea de darle la llave del equipo a Franco “El Mudo” Vázquez, al que, debido a su condición, los médicos de la FIFA no pueden realizarle los controles de doping pertinentes, por lo que tomó cientos de anabólicos para mejorar su rendimiento y que nadie sospechara al respecto.

El encuentro contra los turcos fue fácil: dos goles de El Mudo y un arco en cero. En los cuartos de final hubo más sobresaltos porque la selección portuguesa de Cristiano Ronaldo llegaba invicta, aunque una actuación heróica de Facundo Cambeses en los penales luego de empatar en cero nos dio el pase a unas nuevas semifinales, esta vez contra Inglaterra.

Este partido fue una batalla de principio a fin. Los mediocampistas británicos aprendieron lengua de señas para hacerle amenazas de muerte a Vázquez e incluso Declan Rice, figura del Arsenal, desenfundó un revólver español y jugó a la ruleta rusa en mitad del campo con Montiel. En el tiempo regular empatamos 1 a 1 con gol de Subiabre y el agónico gol de la victoria lo hizo Palacios de cabeza.

Tras el partido tuvimos inconvenientes con unos Hooligans, pero no pasó a mayores. Solamente estuve 48 horas internado por múltiples fracturas faciales… Creo que también sufrí la perforación del pulmón derecho, aunque eso es lo de menos.

Lo importante es que, a pesar de todas las adversidades, estoy a punto de vivir la mejor experiencia que un periodista puede soñar en su vida y espero que La Nuestra no me defraude.