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Un ladrido de gol: los perros del fútbol

Por Luna Leylen Lorenzo, Agustina Lamenti y Gerónimo Micheltorena 

Existen vínculos eternos entre clubes del fútbol argentino y los animales, en particular con los perros. Hoy te vamos a contar la historia de Boneco, Grana y Diesel.

En la década del 70, cuando Independiente brillaba, nació un fuerte vínculo con un perro llamado Boneco y aquel Independiente que brillaba.

Los años 70 fueron la época más gloriosa para Independiente: ganó 4 copas Libertadores (1972, 1973, 1974 y 1975), 3 interamericanas (1973, 1974 y 1976), 1 intercontinental (1973) , 2 metropolitanos (1970 y 1971) y 2 nacionales (1977 y 1978).

Ese equipo lleno de ídolos como Ricardo Enrique Bochini y Ricardo “Chivo” Pavoni también tuvo un héroe inesperado: Boneco, un perro que se transformó en cábala. Su dueño, Juan Carlos “Lolo” Musladin Alumá, un periodista que contrajo una gangrena en la pierna, aseguraba que el animal lo había curado lamiéndole las heridas durante tres años. Lolo y Boneco se hicieron conocidos en televisión hasta que un día conocieron al plantel del rojo. Desde entonces, Boneco se convirtió en un integrante más: viajaba en avión con el equipo, entraba a la cancha en cada partido y era considerado un talismán. Su muerte, a principios de los años 80 junto con la de Lolo, selló para siempre una historia de lealtad y afecto que todavía recuerdan los hinchas y ex jugadores como Pavoni. Boneco no solo acompañó títulos: conquistó el corazón de todos en Avellaneda.  

 

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Durante la pandemia en 2020, otro club del conurbano bonaerense apostó por un vínculo distinto con los animales. Lanús decidió incorporar a Grana, una perra rescatada de la calle, para acompañar en la vida cotidiana a los juveniles que viven en la pensión lejos de sus familias. La perrita se volvió una compañera emocional para los chicos, la alimentan y la cuidan. “Cuando te sentís mal está Grana para acompañarte, a veces viene a dormir a la habitación con nosotros”, contó Mateo Peralta, jugador de la categoría 2007. Para Diego Aguirre, coordinador de la pensión, la llegada de la perra ayudó a dar contención y responsabilidad a los jóvenes. 

En la actualidad, los clubes encontraron otro formato para vincularse con los animales: asociarlos de manera oficial. Plataformas como SportyFanPet permiten que hinchas asocien a sus perros y gatos a las instituciones deportivas con carnet, número de socio y beneficios.

Así nació en 2020 la historia de Diesel, el perro de Alan Cressi, secretario de administración e hincha de Temperley. “En muchas familias, los perros son un integrante más, así que la propuesta me pareció súper original e innovadora”, explica Cressi. El mejor regalo que pudo percibir fue que Diesel conociera la cancha. A partir de esto Cressi bautizó a su perro como el “gasolero”, apodo que recibe el Temperley.

Desde Boneco en la época dorada de Independiente, hasta Grana en el presente de Lanús y Diesel como socio simbólico de Temperley, los animales pasaron a ser un integrante más. Como cábala, compañía emocional o socio formal, su presencia confirma que el fútbol, además de ser un juego, es afecto, pertenencia y que se generan vínculos que trascienden la lógica del resultado.

 

El pibe bandido que materializó sus sueños

Por Lautaro Paez

De chico, Wenceslao Mansilla parecía tener el camino torcido. Su primera pasión había sido el fútbol, siempre soñó con ser un futbolista profesional, pero lo que más lo atraía no era la pelota sino la pelea. Era un adolescente conflictivo, con carácter explosivo y propenso a meterse en líos. En las calles encontró el ring antes de conocerlo en los gimnasios, se peleaba seguido, defendía a sus amigos en boliches sin medir las consecuencias. Hasta que el boxeo apareció como un refugio inesperado. Ahí, entre guantes y sogas, descubrió una disciplina que lo ayudó a dominar sus impulsos y a canalizar esa violencia que amenazaba con devorarlo.

En esos años oscuros también tuvo un compañero fiel: su perro Peligro. Lo acompañó en los momentos más difíciles, cuando parecía que todo estaba en contra. Mansilla siempre recuerda que aquel animal fue su primer mejor amigo, el que le dio compañía cuando más la necesitaba. Cuando murió, decidió llevarlo siempre con él, utilizó a Peligro como su apodo y bautizó a su equipo con ese mismo nombre.

La vida no se la hizo fácil. Trabajó de albañil, soportó días de sol inclemente, noches de cansancio y jornadas de 12 horas. Aun así encontraba fuerzas para entrenar. Peleó en escenarios imponentes, conoció países de primer nivel como Francia, España, Estados Unidos y Canadá, entre otros. Vivió derrotas que lo pusieron en un pozo sin fin y victorias que lo hicieron soñar en grande. Una de las imágenes que más lo marcaron fue posar con la bandera del “Team Peligro” frente a la Torre Eiffel, sin poder creer que ese chico rebelde del barrio había llegado tan lejos gracias al boxeo.

Pero ninguna pelea lo marcó tanto como la que libró afuera del cuadrilátero, la relación con su madre, Estela durante años, estuvo marcada por la distancia y los desencuentros. Sin embargo, todo cambió cuando a Estela le diagnosticaron cáncer. “Wensy” y su hermana estuvieron a su lado, acompañándola en cada etapa de la enfermedad. Fueron 34 días intensos, de cuidados, charlas, risas y silencios que permitieron una reconciliación que parecía casi imposible. El dolor de su partida llegó demasiado pronto, pero también dejó en él una enseñanza imborrable, la posibilidad de sanar vínculos cuando todo parece perdido.

Su abuela de Buenos Aires también fue un pilar importante, a ella le regaló sus primeras medallas, como si cada victoria no le perteneciera solo a él, sino también a esa mujer que lo sostuvo desde el afecto más puro. Hace apenas unas semanas, esa presencia también se apagó, falleció apenas cinco días antes de una pelea clave en su carrera.

El viernes 12 de septiembre, Wenceslao volvió a subirse al ring después de casi 5 meses. En los papeles, era un combate más, pero en realidad fue uno de los más significativos de su vida. Por primera vez no subió nervioso. Llevaba en su pantalón los nombres de su mamá y de su abuela, como un modo de hacerlas presentes en la pelea. Esa noche derribó tres veces a su rival y se quedó con una victoria contundente. Pero el triunfo verdadero estuvo en otro lado, en el instante en que su hermana, al ver los nombres en el pantalón, rompió en llanto. Era la certeza de que Wenceslao no peleaba solo.

A los 39 años, el boxeador paranaense entiende que su historia no se mide solo en estadísticas. Cada golpe, cada caída y cada regreso fueron parte de un recorrido mucho más íntimo, el de reconciliarse con su madre, el de agradecerle a su abuela, el de recordar a su perro Peligro, el de encontrar en el boxeo una forma de transformar el dolor en fuerza. Esa noche de septiembre fue quizás la pelea más emotiva de su carrera, no por el nocaut, sino porque subió al ring con el corazón lleno de nombres, memorias y lealtades que lo acompañarán para siempre.

El arquitecto que dejó su huella en el deporte argentino y mundial

Por Lautaro Ávila, Katrina Botta y Malena Gómez

Alejandro Castro, el arquitecto que soñaba con tener los planos debajo del brazo y el
casco puesto en Avellaneda, logró construir estadios míticos de la Argentina y parte de la Villa Olímpica de Barcelona 1992.

Castro dejó su huella arquitectónica en los principales clubes de fútbol argentino y hasta en el Luna Park.

Castro llevaba un sueño tatuado en su mente: “Desde muy chico tenía la idea de ser
arquitecto, y me acuerdo de haber ido a la primaria con mi madre, que nos hicieron un test
vocacional en sexto o séptimo grado, y yo dije `quiero ser arquitecto´, y la psicóloga que me hace la consulta me dijo `pero te vas a morir de hambre, vas a terminar manejando un taxi´”.

Esa respuesta fue lo único que necesitaba para fijar la meta de cumplir sus sueños. Tres años después de graduarse como arquitecto en 1986, su talento lo llevó a cruzar el Atlántico: en 1989 fue convocado para un proyecto monumental en Barcelona, como jefe de obra, en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1992. Una ciudad que, como él mismo confiesa, le enseñó a pensar a gran escala: “Para mí, eso fue estar en la luna”.

Al volver a la Argentina, Castro no solo trajo experiencia; regresó además con la certeza de que estaba listo para transformar ideas y ejecutarlas en obras concretas. Con su propia
gerenciadora de construcción comenzó a dejar su marca en la ciudad y en el ámbito deportivo.

Su primer gran desafío personal fue el estadio Libertadores de América, de Independiente de Avellaneda, el club de sus amores. Encargado de demoler la Doble Visera, recuerda con tristeza los momentos con su difunto padre: “Yo estaba en las plateas llorando, porque mi viejo había fallecido hacía unos meses. Estaba demoliendo los lugares donde había estado mi viejo de pibe y fue tremendo demoler, hacer escombro todo eso, fue tremendo”.

Pero su talento no se desplegó solo ahí: Estudiantes de La Plata, Racing, Huracán, Morón… Fueron muchos los clubes que le abrieron las puertas a sus proyectos. Para Castro, la clave nunca fue el reconocimiento, sino ver cómo sus proyectos cobraban vida en beneficio de los clubes de fútbol.

Esa reputación que se ganó en el mundo de la arquitectura deportiva, lo llevó a ser convocado para la remodelación del mítico estadio Luna Park.

La vida, sin embargo, le presentó desafíos inesperados. La superación de un cáncer pulmonar cambió su perspectiva radicalmente sobre diferentes aspectos de la vida. Hoy analiza su carrera con satisfacción, consciente de que ha construido mucho más que edificios: ha dejado una huella personal y profesional imborrable. Su espíritu creativo sigue intacto. Aunque siente que ha alcanzado grandes metas, todavía guarda proyectos en el tintero.

Javier Frana sobre ser el capitán de la Selección: “Es un enorme honor, algo que me hace muy feliz” 

Tennis - Davis Cup - Qualifiers - Second Round - Netherlands v Argentina - MartiniPlaza, Groningen, Netherlands - September 12, 2025 Argentina's Francisco Cerundolo celebrates with Argentina captain Javier Frana after winning his singles match against Netherlands' Botic van de Zandschulp REUTERS/Piroschka Van De Wouw

Por Mateo Bartolomei, Juan Sebastian Gradin y Carolina Jazmín Geloso

El 21 de noviembre de 2024 la Selección Argentina perdió 2 a 1 contra Italia por los cuartos de final de la Copa Davis y días más tarde Guillermo Coria, ex número 3 del ranking ATP, decidió ponerle punto final a su estadía como capitán del conjunto argentino. El 4 de diciembre, la Asociación Argentina de Tenis (AAT) anunció a Javier Frana -ganador de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 junto a Christian Miniussi en dobles- como nuevo capitán de la albiceleste.

El oriundo de Santa Fe será el capitán número 32 de la Selección Argentina y el tercero bajo la presidencia de Agustin Calleri  en la AAT, después de Gastón Gaudio (2018 – 2021) y Guillermo Coria (2021 – 2024).

El debut de Frana fue ante Noruega, en Oslo, por la primera ronda de la Davis. Allí Mariano Navone venció en el último punto a Budkov Kjaer por 6/4 3/6 y 6/4 para que el conjunto argentino se impusiera por 3 a 2 en la serie. Además, Horacio Zeballos, actual número 5 en el ranking ATP en dobles, volvió a ser convocado luego de dos años.

El 13 de septiembre Argentina enfrentó a Países Bajos, en Ámsterdam, por la segunda ronda de la competencia. La albiceleste ganó la serie por 3 a 0. En noviembre enfrentará a Alemania por los cuartos de final y en la antesala de este encuentro el capitán de la Selección Argentina brindó unas palabras. 

-¿Cuál es tu opinión respecto al presente del tenis argentino?

-Siempre es difícil generalizar los resultados de una temporada debido a la variedad de desempeños individuales. Algunos jugadores, como Báez, tuvieron un buen arranque, mientras que otros, como Fran Cerúndolo, mantuvieron un buen nivel hasta Madrid. Aunque en los Grand Slams de este año no tuvieron las mejores actuaciones, otros jugadores como Camilo Carabelli mostraron un crecimiento constante y buenos resultados en la primera parte de la temporada. En general, creo que los resultados están dentro de lo esperado y lo más importante es que siguen teniendo margen para crecer y mejorar.

-¿Qué se siente ser el capitán de la Selección Argentina? 

-Es un enorme honor, es algo que me hace muy feliz, me entusiasma y lo disfruto mucho. Por sobre todas las cosas, en lo personal me siento muy agradecido de lo que me toca vivir en ese sentido. Por otro lado, es algo muy alentador para mí poder acompañar a los chicos no solamente en los días de Copa Davis, sino también a lo largo del año para que tengan un soporte y una contención más si lo necesitan o una opinión. Siempre tratando de ayudarlos en todo momento para lo que necesiten sus equipos y ellos individualmente también.

-Al momento de elegir a los tenistas que formarán parte de la nómina, ¿en qué aspectos te basas? 

-La parte más incómoda es elegir, ya que desarrollé una relación cercana con todos. Esto hace que sea difícil tomar decisiones como seleccionar a uno sobre otro o excluir a alguien. Sin embargo, creo que entienden que mi compromiso es incondicional y está basado en la necesidad de cada uno. Para tomar decisiones considero varios aspectos como la actualidad, la experiencia, los adversarios y la superficie. A veces, las decisiones son muy difíciles debido a la falta de claridad pero al final tengo que tomar una decisión. Lo positivo es que siempre quedan dudas, lo que indica que había opciones y posibilidades para otros.


-En los 4 Grand Slams de la temporada no hubo ningún argentino en la segunda semana (octavos de final), algo que no sucedía desde el 2015 ¿Cuáles crees que son las razones?

-Realmente no sé si hay una razón por la cual no tuvieron buenas actuaciones en los Grand Slams. A veces pueden ser múltiples factores: cuestiones casuales o cómo y con cuánto recorrido se llega. La verdad que no sabría decirte porque cada caso es individual. Acá no es que hay un equipo que no logró tal o cual rendimiento, sino que son individuos que se preparan por separado, que a veces tienen calendarios en alguna parte común y en otras no, tienen situaciones totalmente diferentes y coincidentemente en esos tipos de torneos este año no han podido encontrar su mejor forma.

 

Rosarino y mejor que Maradona, pero no es Messi

Por Vittorio Bianchi

“Fue mejor que Maradona”, dicen. Sí, dicen, porque los que lo vieron jugar son un grupo muy reducido y afortunado. Era otra época; los registros audiovisuales de su juego escasean. Ya de por sí, tenés que ser bueno para ser respetado por la gente de Newell’s y Rosario Central en simultáneo. Que estos estén de acuerdo es algo inusual.

El 17 de abril de 1974, la selección argentina disputó un partido amistoso frente a un combinado rosarino, en la previa del mundial que tuvo sede en Alemania. Un partido con el objetivo de darle rodaje al equipo para llegar aceitado a la competencia. Cualquiera pensaría que el seleccionado nacional iría a entretenerse al Gigante de Arroyito aquel día. Pero había un hombre que no estaba en los planes del conjunto dirigido por Vladislao Cap: Tomás Felipe Carlovich.

Aquella noche nació una historia que todos conocemos, pero nadie vivió. Al entretiempo, los rosarinos ganaban por 3 a 1 y eso fue gracias a un solo hombre. Aquel del bigote, que fue finalmente quien terminó entreteniéndose. Algo que le agrega sabor a la anécdota es que, según se cuenta, Cap tuvo que pedir que sacaran al muchacho de la melena desprolija en el medio tiempo. Los estaba bailando.

El conjunto de la ciudad santafesina estaba compuesto por jugadores de Newell’s y Rosario Central, algo común. Pero había uno solo de los once titulares que no era “Canalla” ni “Leproso”. Y sí, se trataba del “Trinche”. Jugaba en Central Córdoba, equipo que en aquel momento deambulaba por el ascenso. Eso explica muy bien una de sus cualidades: Carlovich jugaba para divertirse. Lo demostraba con su estilo de juego elegante, de pisada y gambeta, y también lo demostraba jugando para el equipo que él amaba y no por el que más dinero le dejaba.

Porque sí, el “Trinche” era eso. Un día era el de aspecto extraño que se bailaba a los mejores jugadores del país y al otro iba pedaleando por el barrio hacia su entrenamiento con el “Charrúa”. Una historia que demuestra que para ser recordado y, sobre todo, para que reconozcan tu talento, no hace falta ni ganar títulos ni jugar en el equipo más grande.

El mito pasará a la historia como “el hombre que fue mejor que Maradona”, pero solo los que lo vieron jugar lo saben. ¿Los demás? Nos tendremos que conformar con escuchar maravillas de él y elegir creer en la leyenda.

Maravilla Martínez, el goleador que elije creer

Por Camila Fernández

Para muchos, Adrián Martínez es sinónimo de goles y sacrificio dentro del campo de juego. Su entrega y habilidad para generar situaciones de gol donde parecía no haber y la capacidad de aparecer en los momentos decisivos, lo convirtieron en un nombre reconocido dentro del fútbol. Sin embargo, fuera de la cancha se puede ver una faceta mucho menos conocida, la de un hombre acompañado por la fuerza de Dios, que entiende que los triunfos más valiosos no siempre se cuentan en la tabla de posiciones. Martínez es alguien que valora a la familia y a Dios por encima de cualquier resultado, que busca transmitir humildad y Fe en cada gesto cotidiano y que nunca se olvida de dónde viene, de esas raíces que lo formaron y lo sostienen en cada etapa de su carrera. En la vida cotidiana, lejos del ruido y la presión del deporte, se muestra como una persona sencilla, cercana y con una historia marcada por el esfuerzo y la resiliencia, que lo llevó a convertirse no solo en futbolista, sino también en un ejemplo de superación para muchos.

Junto a su familia crearon el sueño de fundar el complejo deportivo que lleva su nombre, ubicado en Campana, sobre la calle Moreno 1780. El proyecto nació junto a su esposa Anabella, empezó de la manera más simple, comprando con fe y mucha ilusión, un terreno vacío en una zona conocida como “El callejón de la Moreno”. Con esfuerzo y constancia, durante tres años fueron dando forma a lo que hoy es un espacio pensado no sólo para el deporte. La idea era construir únicamente canchas de fútbol, pero ahora se convirtió en un verdadero lugar de encuentro familiar. Actualmente el complejo cuenta con cuatro canchas de fútbol 5, dos de fútbol 8, dos canchas de pádel, espacios compartidos con parrillas, una plaza de juegos para niños y tres salones para eventos. Fiel a su historia, Adrián quiso rendir homenaje a los clubes que le abrieron las puertas en su carrera: Defensores Unidos, Atlanta, Sol de América, Libertad, Cerro Porteño, Coritiba, Instituto y Racing Club. Por eso en las ventanas del predio se pueden ver los escudos de cada una de esas instituciones. La elección de Campana fue sencilla: volver a su ciudad y compartir el día a día con su gente es el mejor futuro que puede proyectar una vez que cuelgue los botines. Además, el predio no solo significa un legado deportivo, sino también una fuente de trabajo para varios familiares de Adrián y de Anabella, quienes sostienen el lugar en cada detalle. Mientras el delantero se encuentra concentrando con el equipo, son ellos quienes están al frente de la gestión diaria, convirtiéndose en el motor de un proyecto que combina deporte y familia.

 

La fe también ocupa un lugar fundamental en la vida de Adrián y su círculo. Desde que comenzaron a acercarse más a la creencia, encontraron en la espiritualidad una guía que los llevó a servir a Dios de distintas maneras, a través de oraciones, reuniones en el comedor de su casa abierta a la comunidad, invitando a vecinos a escuchar la palabra, asistiendo a la iglesia y acompañando a quienes atraviesan momentos difíciles o luchan contra las adicciones. Con esa convicción nació la idea de construir una iglesia junto al complejo deportivo, como una forma de devolverle a Dios todo lo que sienten que Él hizo por ellos. “Fue una de las promesas que le hice a Dios: que si el día de mañana Él me bendecía, yo iba a poder hacer algo para ayudar a la gente como Él me ayudó a mí”, cuenta Adrián con emoción. Hoy, esa promesa empieza a materializarse en una edificación que tendrá capacidad para recibir a unas mil personas, un nuevo espacio de encuentro y fe que busca enseñarle a la gente la importancia de la palabra del señor.

Este presente es ideal no solo para su vida personal, si no también para su equipo, Racing Club de Avellaneda, que por más de que haya quedado eliminado de la Copa Argentina con River, en el Gigante de Arroyito, sigue con el objetivo de quedarse con la Copa Libertadores de este año. Adrián cuenta cómo este Racing es diferente, asegura que la fe los acompaña: “Antes de los partidos importantes nos juntamos en grupos de 6 u 8 jugadores a charlar un rato”, con el fin de compartir un momento fuera del deporte y orar por un buen partido. Ese sentimiento de creencia se desarrolló tanto en los integrantes del equipo de Primera como en los chicos de las juveniles que también están con un increíble desarrollo. Por esto los jugadores reafirman que la Fe es una de las cosas más importantes que tiene este Racing de Maravilla.

 

De pelear con Sugar Ray Robinson a combatir con Rocky en las taquillas

Por Santino Lomastro 

En 1976 Martin Scorsese filmó “Taxi Driver”, una de sus obras maestras, pero a la hora de los Óscar se vio desplazada a segundo lugar por Rocky, la primera película de la saga más taquillera de boxeo. Tras esto, el director llamó a Robert De Niro, quien venía de interpretar a Travis Bickle, y grabaron “Toro Salvaje”. Basada en la autobiografía del boxeador Jake LaMotta titulada “Toro Salvaje: Mi Historia”, un relato de sus éxitos, fracasos, excesos y contradicciones.

Se filmó en blanco y negro para diferenciarla de Rocky y para rendir homenaje a los combates de boxeo de la época. También, mientras una se centra en un púgil que lucha por la gloria en el cuadrilátero, la otra explora la compleja y autodestructiva psicología del boxeador Jake LaMotta.

El italoamericano en su carrera como peleador tuvo dos grandes momentos. Durante años rechazó someterse a las influencias mafiosas que controlaban la actividad, lo que complicó sus oportunidades, esto hasta 1947, cuando incluso llegó a admitir que se dejó ganar ante Billy Fox bajo presión externa para convertirse en aspirante al cinturón. Luego, el 16 de junio de 1949, derrotó al francés Marcel Cerdan para convertirse en campeón mundial de peso medio, cuando el europeo no pudo continuar tras el décimo asalto debido a una lesión. Defendió el título por un tiempo, hasta que lo perdió ante Sugar Ray Robinson, el mejor libra por libra, el rival más grande de la historia del “Toro del Bronx”. Estos se enfrentaron en seis ocasiones, cinco victorias para Ray y una para LaMotta, pero el oriundo de Brooklyn -fiel a su estilo callejero- nunca tocó la lona. Además, le ganó en el segundo combate sacándole a su rival un invicto de 35 peleas.

Su contienda más recordada fue la última, el 14 de febrero de 1951. En ese brutal enfrentamiento, Robinson castigó sin tregua a LaMotta durante 13 asaltos. Aunque nunca cayó, el árbitro detuvo la pelea por la brutalidad del castigo. La resistencia inhumana de Jake quedó en la historia, y su frase final, “¡Nunca me tiraste, Ray!”, perfectamente interpretada por Robert De Niro y dirigida por Scorsese. 

Estos combates marcaron al púgil, algo que se refleja en el filme “Toro Salvaje”, donde se muestra su valentía y valor de la calle. La vida de Jake LaMotta no fue heroica en el sentido clásico: fue dura, excesiva, contradictoria, pero es precisamente esa intensidad la que hizo que su historia trascendiera el ring y se transformó en un  mito cinematográfico. Millones de espectadores pudieron asomarse al boxeo y al mismo tiempo penetrar en la psique de un hombre que se enfrentó a sus fantasmas con puños y fracasos.

En 2016 salió otra película del peleador llamada “El Toro del Bronx”, con distinto actor y director y sin el mismo éxito. Esta trataba de su vida posterior a dejar los guantes. Al año siguiente, el 19 de septiembre de 2017, falleció con 95 años Jake LaMotta, un boxeador cuya historia se extendió a través del cine.

Los gestos provocativos más recordados de jugadores hacia los hinchas rivales

Por Erik Mester, Matías Villar y Gerónimo Micheltorena 

El futbolista Mauro Camoranesi se destacó por su obtención de la Copa del Mundo con la Selección de Italia en Alemania 2006. Además, tuvo una anécdota recordada en sus inicios en el fútbol argentino: se bajó los pantalones frente a la hinchada de San Martín de San Juan jugando para Aldosivi.

El gesto provocador arrancó cuando los hinchas le empezaron a tirar bolsas de frutas y verduras. Su primera reacción fue bajarse los pantalones frente a la hinchada de San Martín de San Juan. Años después, en una nota con TyC Sports, declaró: “Fueron cosas de adolescente”.

Uno de los gestos más históricos fue cuando Claudio “Turco” García estaba jugando para Racing y la hinchada del Rojo le cantó en contra durante todo el partido. Tras un gol de la Academia, el futbolista aprovechó para ponerse de espaldas y bajarse los pantalones frente a ellos. 

En la semifinal de la Libertadores 2004 se enfrentaban Boca y River por el partido de vuelta en el Monumental. Carlos Tévez puso el 1 a 0 que llevó el partido a los penales, que posteriormente ganarían los Xeneizes, y celebró el gol imitando el movimiento de una gallina. El jugador fue expulsado. 

Otro de los casos en un superclásico fue cuando Matías Almeyda se besó su camiseta frente a la hinchada de Boca luego de ser expulsado. Almeyda tuvo que pagar 13000 pesos a una Iglesia para evitar un juicio.

Claudio Scalise salió campeón con Boca frente a Newell´s y el jugador decidió sacarse la camiseta del Xeneize para agarrar una de Rosario Central y dar la vuelta olímpica con la remera del Canalla. El jugador sufrió amenazas, agresiones en las calles y contó que nunca más pudo tener autos porque se los destrozaban. Además, tuvo que manejarse con seguridad privada.

En 1999, Diego Latorre se enfrentaba a Boca, un club más que simbólico para él, con la camiseta de Racing. Luego de convertir un gol, y por el enojo de haberse ido mal del club, hizo un gesto de taparse la nariz con el pulgar y el índice en forma de “mal olor” hacía los jugadores de Boca. Con el tiempo, la marca quedó en los hinchas xeneizes. En varias ocasiones, el gesto fue repetido por otros jugadores, y sin embargo, el hincha bostero no perdona a Latorre por aquel gesto repudiable que tuvo.

En el clásico del sur, Lanús-Banfield en 2015, Lautaro Acosta, ídolo e insignia del granate, fue expulsado y cuando se iba hizo el gesto de “hace frío” a la hinchada del taladro. Un gesto más que cotidiano en el fútbol argentino, en lo que era un clásico picante por los jugadores dentro de la cancha, se llevó a las tribunas. 

En 2016, Teófilo Gutiérrez, jugando para Rosario Central contra Boca, igualó el partido 1 a 1 a los 17 minutos y en su festejo se llevó la mano hacía el hombro izquierdo e hizo la banda de River en forma de burla a la hinchada Xeneize. Luego de que se haya armado un cruce de empujones y manotazos entre ambos equipos, Teo Gutiérrez sería expulsado y abucheado por toda la Bombonera.

La historia del fútbol argentino, más que nada en los clásicos, está llena de estos gestos provocativos de jugadores a las hinchadas rivales. El fútbol es un deporte muy lírico, muy peculiar y el amor hacía el club puede llevar al futbolista a no controlar sus dichos o gestos hacia su rival.

 

Australia se ilusiona con Oscar Piastri

Por Valentino Antonelli

Oscar Piastri lidera la tabla del campeonato mundial de la Fórmula 1 con 324 puntos. En la tabla de pilotos, el australiano le saca 25 puntos de diferencia a su perseguidor Lando Norris, compañero de equipo, a falta de siete carreras para finalizar la temporada. Todo parece indicar que Piastri se quedará con el título y rompería así una sequía de 44 años sin un australiano campeón de la categoría.

En toda la historia de la Fórmula 1, 18 pilotos australianos fueron parte de un Gran Premio, de los cuales solo cinco consiguieron al menos una victoria: Jack Brabham, Alan Jones, Mark Webber, Daniel Ricciardo y Oscar Piastri. Y solo dos fueron campeones del mundo: Brabham y Jones. “Los australianos, al ser parte de una colonia inglesa, podían ir a Inglaterra y empezar su campaña ahí, donde el deporte automovilístico siempre estuvo bien desarrollado”, comentó Pablo Vignone, periodista y escritor argentino.

Jack Brabham y Alan Jones, los únicos australianos campeones de Fórmula 1 hasta ahora

Alan Jones, el último campeón australiano en la F1.

El último piloto australiano que fue campeón en la máxima categoría del automovilismo fue Alan Jones, en 1980. Solo en esa temporada consiguió cinco de las 12 victorias que logró en 116 participaciones totales. Además de obtener el campeonato de pilotos, aquella campaña ayudó al equipo Williams-Ford a ganar el de constructores.

Jack Brabham, leyenda del automovilismo autraliano.

Aquel título conseguido por Jones fue el único que obtuvo en la Fórmula 1 en toda su carrera, pero le bastó para sumarse a una exclusiva lista de australianos campeones de esta categoría, junto a Jack Brabham.

Brabham fue el primero en ser campeón y hasta el momento el más laureado: ganó 14 carreras en 126 participaciones y salió campeón en tres ocasiones: 1959, 1960 y 1966, cuando participó con su propio equipo.

Webber y Ricciardo, otros grandes pilotos australianos que no llegaron a ser campeones

Daniel Ricciardo

En 75 años de historia, Australia supo tener a otras grandes figuras que quedaron muy cerca de consagrarse, sobre todo en el siglo XXI. “¿Por qué dejaron de llegar los australianos? Porque Inglaterra, en el arranque de este siglo, se cayó mucho en su base de automovilismo y bajó mucho el nivel del espíritu competitivo. En el medio aparecieron Webber y Ricciardo, que llegaron a quedar terceros en un mundial”, aclaró Vignone acerca de la poca participación que han tenido los australianos en la Fórmula 1 en los últimos años.

Mark Webber

En 2002, Mark Webber llegó a la F1 y compitió durante 12 temporadas: ganó nueve carreras en 215 participaciones y quedó tercero en el campeonato de pilotos en tres oportunidades: 2010, 2011 y 2013. Siempre con el equipo Red Bull Racing, que abandonó en 2013 cuando se retiró de la categoría.

En 2014, Red Bull fichó a su compatriota Daniel Ricciardo para ocupar el lugar que dejó Webber. En 14 temporadas consiguió ocho victorias, siete con Red Bull y una con McLaren, y quedó tercero en la tabla anual en dos ocasiones.

Piastri, la gran promesa australiana en la Fórmula 1

Por último, aparece Oscar Piastri, un piloto de 24 años que debutó en 2023. En dos años y medio consiguió nueve victorias y un cuarto lugar en el mundial de pilotos, en tan solo 63 Grandes Premios. En 2025, el dominio de McLaren llenó su vitrina: de las 16 carreras que disputó, subió al podio en 14 ocasiones; siete veces en la primera posición.

Piastri (derecha) y Norris (izquierda), compañeros en McLaren y candidatos a quedarse con el título.

Luego del Gran Premio de los Países Bajos, Oscar Piastri le sacó 25 puntos de diferencia a Norris, donde el australiano ganó cómodamente la carrera mientras que el inglés tuvo que abandonar a pocas vueltas del final por un problema de fiabilidad en la unidad de potencia. Ese resultado amplió la diferencia en nueve unidades hasta los 34 puntos a favor de Piastri. Dos carreras después, Norris recortaría a 25 puntos tras las órdenes de equipo en Monza y el Gran Premio de Azerbaiyán, donde el líder del mundial tuvo muchos errores y chocó contra el muro en la primera vuelta quedando fuera de competición.

Sin embargo, el error de Piastri en Bakú no fue capitalizado por Norris, que apenas sumó un séptimo puesto. Así, la diferencia entre los pilotos de McLaren volvió a quedar en 25 puntos con siete carreras por delante. “Norris y Piastri van a ser campeón y subcampeón, no sé en qué orden”, afirmó Vignone sobre el desenlace de la temporada. Lo cierto es que, si el joven australiano mantiene la calma y el nivel mostrado hasta aquí, está en condiciones de escribir una página dorada: romper más de cuatro décadas de espera y sumar su nombre al de Brabham y Jones como los campeones que pusieron a Australia en lo más alto de la Fórmula 1.

El Gran Premio de Singapur podría empezar a definir el campeonato

Con muchas incógnitas por resolver, el Gran Premio de Singapur promete ser decisivo en la recta final de la temporada. Ayer se realizaron las primeras dos sesiones de entrenamientos libres, con Fernando Alonso y Oscar Piastri en las primeras posiciones. Hoy por la madrugada fue el turno de la última práctica, que lideró Verstappen. La clasificación se disputó a las 10. Finalmente, mañana a las 9 de la mañana (hora argentina) se largará una carrera que puede marcar el rumbo del campeonato. Con George Russell en la pole, Max Verstappen en segundo lugar y Oscar Piastri en tercera posición. Colapinto clasificó 18°, pero largará 16° por la descalificación de ambos Williams por infringir el reglamento técnico con irregularidades en el DRS.

La Pantera: la mascota de Boca en básquet

Por Magalí Robledo

En el fútbol argentino varios clubes están representados por mascotas: en Estudiantes hay un león, en Gimnasia un lobo y en San Lorenzo un cuervo. En el básquet están empezando a aparecer. 

La mascota que eligió Boca para ser identificado en el básquet fue La Pantera. Aquella que simboliza y representa la identidad, la historia y el espíritu competitivo del club desde el 2016 y que desde entonces consolidó y afianzó su imagen en todo el mundo que rodea a este deporte, pero primordialmente al Xeneize.

¿Pero quién está debajo del traje? Él, desde un lugar misterioso, sin revelar su identidad, cuenta que a sus 27 años además de representar a La Pantera estudia y trabaja. “Puede encontrarse en ella un espíritu alegre y cercano, siempre dispuesto a generar sonrisas. Al mismo tiempo muestra un carácter enérgico e intenso que transmite fuerza y pasión”, describió. 

La Pantera es un felino reconocido por su fuerza, poder y agilidad que busca representar la garra y la pasión que caracteriza a Boca. Con su característica presencia en todos los partidos de local en La Bombonerita, La Pantera contagia su entusiasmo y efusividad a la hora de alentar en todo momento. No solo es una mascota, su figura es tan relevante como cada jugador, entrenador o persona que se encuentra ahí.

 – ¿Sentís que tenés una conexión especial con los hinchas de Boca y los jugadores?

 – La conexión que tengo con ellos es algo difícil de explicar. Este año, cuando entrenamos en La Bombonera fue muy emocionante ver cómo la gente me reconocía, me pedía fotos y hasta me hacía bromas con mucho cariño. Con los jugadores me pasa lo mismo. Siempre tienen un saludo, una palabra, se interesan por cómo estoy. Eso hace que todo sea todavía más especial. En definitiva, es una relación muy linda que me llena de orgullo y alegría.


En todos los partidos arenga de manera constante a todos los fanáticos. Desde la previa se encuentra en la cancha para empezar a animar a la gente. Durante el partido también se lo puede ver alrededor de la cancha o en las tribunas, excepto cuando en algunos tiempos muertos aparece en la cancha para agarrar alguna bandera y empezar a bailar al ritmo de la música. Nunca está quieta. Siempre se la encuentra saltando y divirtiéndose con los hinchas para aprovechar y sacarse fotos con todos: desde los más pequeños hasta los más grandes.


– ¿Qué te genera tener tanto cariño de la gente?

– La verdad que recibir tanto cariño me hace sentir muy especial y lo valoro mucho. Me da la sensación de formar parte del equipo, de la hinchada, de todo, y eso me encanta. Para mí no es simplemente un disfraz o una mascota, es el estandarte del club y representarlo en las buenas y en las malas es un orgullo enorme.

Ese cariño se trasladó a las pantallas y también se puede ver reflejado en las redes sociales. “Desde que abrí mi cuenta de Instagram comencé a recibir mensajes de aliento que día a día me motivan y me generan aún más ganas de estar presente en cada partido”, destacó.

 – ¿Qué es lo que más disfrutas de ponerte el “disfraz”?

El generar momentos de humor antes de los partidos, ya sea interactuando de manera simpática con los árbitros o apareciendo de forma espontánea detrás de los periodistas cuando están en vivo. Además, me gusta mucho compartir la tribuna con los hinchas, cantar junto a ellos y ser parte de esa energía tan especial que se vive en cada partido.

 El ambiente en La Bombonerita siempre es un clima caliente y pesado, los partidos se viven con la misma intensidad que en la primera de fútbol. En la mayoría de las veces, la libertad que tiene para hacer lo que quiera como estar detrás de los periodistas o árbitros, le cuesta la expulsión de los partidos. 

 La última vez que La Pantera Xeneize fue echada en un partido, de las tres expulsiones que tiene en su haber, fue ante Ferro sobre el final del quinto juego de los cuartos de final. Tuvo que ser retirada de la cancha por el árbitro Pablo Estévez después de propasarse con gestos hacia la tribuna. 

 

Así y todo se volvió parte indispensable para que las noches en La Bombonerita estén completas. Con su imponente presencia hace que todos pasen un gran momento en la cancha alentando a Boca.