Por Agustín González Sánchez Jáuregui
Por más que en la previa, al igual que Maradona y Bilardo en 1986, el técnico argentino Lionel Scaloni haya buscado despojar la carga extra deportiva: “Es un partido de fútbol, nada más”, nunca jamás para Argentina enfrentar a Inglaterra significó un rival más. Porque intentaron en 1806 y 1807, sin éxito en ambas oportunidades invasiones, porque a día de hoy continúan usurpando territorio argentino y porque 649 soldados jamás volvieron de Malvinas. En el himno se pudo apreciar cómo, tanto para los 26 jugadores que integran el plantel como para el cuerpo técnico, este era un partido especial. Puños apretados y grito de guerra: así se cantó el Himno Nacional en Atlanta.

Durante años el pueblo argentino perdió tiempo discutiendo si era mejor Messi o Maradona. Este partido ofreció la respuesta perfecta. No compiten por el mismo lugar en la historia, escribieron el mismo capítulo con 40 años de diferencia. Maradona convirtió los dos goles, Messi cedió las asistencias. Nunca se reemplazaron, quedó demostrado en la historia y para siempre que se complementaron el uno al otro. El capitán de la Selección Argentina luego del histórico encuentro le dedicó el triunfo: “Seguramente el Diego de arriba lo está disfrutando muchísimo porque para él era un día muy especial. Que lo viva como quiera desde ahí arriba y que lo disfrute porque es un regalo para él también”. Y por si esa dedicatoria no bastaba para enlazar dos épocas, Messi soltó una frase que trae a recuerdo el compromiso social de Diego Maradona: “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente porque sabemos que hay gente que no tiene trabajo y que no llega a fin de mes”. Y como si el destino hubiera querido anunciarlo antes de que empezara el partido, durante el sorteo el capitán argentino ni siquiera siguió el vuelo de la moneda. Clavó la mirada en el capitán inglés, exactamente igual que “Pelusa” en el Azteca. Hay gestos que no se ensayan, simplemente hay historias que encuentran la manera de continuar.

Cuando el destino está en tus manos. Italia vs Argentina, Mundial México 1986.
El primero en hablar fue Lautaro Martínez. Todavía con la respiración entrecortada por el esfuerzo, no recordó el gol, pero sí el punto de partida. “Desde que mi viejo me compró mis primeros botines que soñaba con hacer este gol. Para mi vieja, que desde el día que yo me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama. Eso vale más que cualquier gol, que una final”. Mientras todo un país celebraba una clasificación histórica, el delantero eligió con el recuerdo y entre lágrimas volver aunque sea por un minuto a su primera casa en Bahía Blanca.
Más tarde llegó el turno de Enzo Fernández. El mediocampista dejó una confesión de la intimidad de la concentración: “Estoy seguro que el Diego está muy contento hoy en el cielo. Hoy nos apoyó y estuvo con nosotros. Con Juli estábamos en la habitación viendo el partido contra Inglaterra, lo habré visto tres o cuatro veces”. Buscaban motivación y entender el contexto histórico de lo que significaba.

Diego Maradona de cara a Peter Shilton, cerca de culminar la jugada de todos los tiempos.
Ese significado apareció otra vez durante los festejos. Mientras los futbolistas desplegaban una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, Leandro Paredes fue consultado por el mensaje y respondió con apenas cuatro palabras: “Y serán siempre argentinas”. Luego, Lisandro Martínez terminó de ponerle voz a la imagen vista en el campo de juego: “No podíamos fallarle al pueblo argentino”. La bandera no fue un gesto improvisado para la foto. Fue una manera de decir que entendían perfectamente el peso de la camiseta que llevaban puesta.

Ni siquiera las críticas quedaron sin respuesta. En la previa, Gary Neville había asegurado que la dupla central argentina regalaba “uno o dos goles por partido”. Después de la clasificación, Cristian Romero contestó con la misma contundencia con la que había defendido durante noventa minutos: “Espero que cuando me retire no sea tan estúpido como Gary Neville”.
Hubo, sin embargo, una voz que eligió pararse en otro lugar. Consultado sobre el significado del partido por el conflicto de Malvinas, Emiliano Martínez respondió que creía que no tenía un valor especial por eso y recordó que ni siquiera había nacido cuando ocurrió la guerra. En una noche donde la mayoría de las voces viajaron hacia el pasado para explicar el presente, la suya tomó otro camino.
Por eso esta victoria no quedará guardada únicamente en un resultado. Quedará en las palabras de quienes entendieron que había algo más detrás de una pelota. En Messi recordando al Diego. En Lautaro volviendo a los primeros botines que le compró su padre y el amor de su madre. En Enzo y Julián mirando una y otra vez aquella tarde de México. En los jugadores mostrándole al mundo una bandera de Malvinas y en todo lo que la historia continuará escribiendo de acá en adelante a raíz de un día inolvidable.




