Malena Santillán, de cantar Babasónicos para desestresarse al desafío de su primer Mundial

Por Tomás Marcos

La natación argentina consiguió 28 medallas en los últimos Juegos Suramericanos disputados en septiembre en Santa Fe: 7 de oro, 8 de plata y 13 de bronce. Las mayores figuras fueron jóvenes como Malena Santillán, de 18 años, quien logró tres preseas: oro en los 200 metros espalda (su prueba principal), plata en los 400 libres y bronce en los relevos femeninos 4×200.

Santillán ya está clasificada a los Juegos Panamericanos de Lima 2027 y busca la marca A de su prueba (2 minutos, 8 segundos y 95 centésimas) para soñar con Los Ángeles 2028 (Olímpicos). Pero antes tiene un reto en diciembre de este año: su primer Mundial de mayores, en China.

La historia de una promesa nacional que, al momento de competir, canta Babasónicos mentalmente. “Es un método para desestresarme. Hace dos años que estoy obsesionada, pero bien. Lo saqué de la pareja de mi mamá, que es como mi papá”, revela.

– ¿Cómo fue el momento en el que te enteraste de tu convocatoria al Mundial?

– Empezó a llamarme mi mejor amiga porque lo había visto en Instagram. Yo estaba en una clase particular de Matemática y no pude atender. Salí, me contó y después llamé a mi mamá, que no lo podía creer.

– Describime esa escena…

– Mi mamá estaba tan contenta que se puso a llorar, se emocionó. Después mi familia empezó a cargarme, pedirme que les trajera caramelos. Más allá de la broma me dijeron que estaban muy orgullosos. Yo estoy muy contenta, aunque me pone un poco nerviosa.

– ¿Cuál es tu objetivo en esa competencia?

– Bajar mi marca sería lo mejor. Me conformo con entrar en el top 20. Voy a competir con chicas de mi edad y más grandes. No quiero ponerme tanta presión, quiero ir tranquila.

– ¿Tienen financiamiento para el viaje?

– Sí, del ENARD, la Secretaría de Turismo y también de la Confederación Argentina de Deportes Acuáticos. Nos bancan 15 días antes allá por la diferencia horaria. Es un alivio importante que nos ayuden.

– ¿Y cómo viene la preparación?

– Estamos empezando a detallar más fino. Si bien el Mundial de China importa un montón, los Panamericanos 2027 son el verdadero objetivo. Y con mis entrenadores nos planteamos hacer la marca también para ir y competir en Los Ángeles, no solamente hacer el tiempo y relajarme.

– ¿Cuáles son esos detalles finos que estás puliendo?

– Las vueltas, los subacuáticos. La largada la mejoré pero todavía me falta. Son detalles de 40 centésimas, pero capaz terminan siendo un minuto y medio.

– ¿Cómo sabés exactamente qué sectores tenés que trabajar?

– Hay un biomecánico que trabaja todo lo de dentro y fuera del agua. Vos vas a competir a un lugar, le pasás el video de tu prueba y él te hace el análisis y va ayudándote a pulir.

– ¿Qué tanto está tu cabeza en los Panamericanos y los Juegos Olímpicos?

– Todo el tiempo pienso. Me quedé a nada de ir a los Juegos Olímpicos de París y fue muy duro. Habíamos hecho una preparación y no se dio, no me tocó a mí. Sé que voy a ir a Los Ángeles porque me lo propuse y voy a lograrlo, aunque constantemente estoy pensando qué detalle puede dejarme afuera.

– A tus 15 años te mudaste de Córdoba a Santa Fe, ¿cómo fue ese cambio?

– Al principio estaba súper contenta. Me acuerdo que una vez volví llorando en el colectivo porque no caía en que ya tenía un equipo, amigos y no era una lucha ir a la pileta. Después se me acumuló todo y me bajoneé. Ya en 2025 me puse las pilas y dije: “Bueno, basta de boludear”.

– Siempre hablás de lo importante que es tu familia, ¿cómo afrontan ellos que con 18 años ya tengas medallas y récords?

– Ellos no saben mucho de natación, creo que es una ventaja, no quisiera que se obsesionen y eso termine siendo una presión. Me ven siempre por la tele, me apoyan incondicionalmente, siempre hay un mensaje. Es lindo porque sé que no estoy sola. Para mí son un pilar, sobre todo mi mamá.

– Te alentaron desde la tribuna en los últimos Suramericanos…

– Sí, todos los días. Mi mamá, su pareja, mi hermano, mi abuela y dos tíos. Mis primitos se hicieron remeras con mi cara y mi tía hizo una bandera gigante.

– Siempre se te vio como una persona centrada y con los pies sobre la tierra, ¿pero hay una versión tuya que necesite un poco el ego?

– Sí, creo que me falta y voy mejorando. No para ser soberbia sino para estar mejor al momento de competir. En el Panamericano dije: “Voy a ganar, no me importa nada, sea como sea”. Lo mismo en los últimos Suramericanos.

– ¿Alguna vez te planteaste dejar la natación?

– En 2023, porque es difícil romperse el lomo entrenando y que no se te den las cosas. Yo lo trabajo mucho con la psicóloga. El año pasado en el Campeonato Mundial Juvenil de Rumania tuve un bajón feo. No pude acceder a la final y fue porque no hice bien las cosas.

– ¿Cómo te llevás con las redes? ¿Pensás en eso?

– No pienso mucho porque soy muy vergonzosa y sé que pueden venir críticas y no me gusta. Lo que tienen de bueno es que ayudan a visibilizar más el deporte amateur. En Argentina si no se trata de fútbol a la gente le da igual.

– En una ocasión hablaste de tu experiencia en el club brasileño Pinheiros, donde quedaste impactada por la infraestructura…

– Sí, el club tenía tres kinesiólogos, un médico, un fisioterapeuta, piletas de hielo. Nos hacían controles de lactato, de hidratación. Allá ni siquiera tienen que pagarse los torneos nacionales. Acá, mis compañeros de Santa Fe gastaron 900 mil pesos para ir a competir a Buenos Aires.

– ¿Qué debería suceder para que en Argentina se le dé la misma importancia?

– Creo que hay que empezar por lo básico: las instalaciones. Vos vas a San Pablo y tenés 50 piletas de 50 metros. Acá son contadas, la mayoría viejas o destechadas. Allá les importa todos los deportes, por eso son potencia.

– ¿Considerás que mejorará eso en algún momento? ¿Ves una intención?

– No sé, ahora empezó esa movida de los viajes autofinanciados. Pasa en todos los deportes: entro a Instagram y veo chicos de patín, de vóley, recaudando plata. Es algo que pasa a nivel nacional y no solo en nuestra confederación. Ojalá mejore.

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