Por Irina Ayunta
A las cinco de la tarde, el movimiento se veía en Martín Rodríguez 331, en el barrio porteño de La Boca. Para ingresar al club, era necesario presentar el DNI o el carnet de socio, un control que permitía registrar quiénes entraban y salían. Mientras algunas jugadoras llegan para comenzar sus actividades, otras se van y se encuentran con su familia en la puerta. Las más chicas ingresan acompañadas y las adolescentes solas. En hockey Boca Juniors se respira un ambiente familiar.
El cielo estaba nublado y una llovizna amenazaba con suspender el entrenamiento de las mayores previsto para las 19. En el vestuario del club, Catalina Héctor, goleadora del torneo metropolitano por tercer año consecutivo, repasó las decisiones que fue tomando en estos 5 años para sostener su carrera deportiva sin dejar de lado sus estudios y futuro profesional. Dio sus primeros pasos en el Club Atlético Independiente de General Pico (La Pampa), su ciudad natal, y a los 12 años comenzó un camino que, como el de muchos deportistas del interior tuvo que enfrentarse a las limitaciones de infraestructura y la vida universitaria.
-¿Sabías desde un principio que te venías a estudiar a Buenos Aires?
– No porque Buenos Aires no me gusta por el tema del quilombo y todo eso. Pero en General Pico no teníamos muchas carreras así que, era quedarse ahí, o venir a Buenos Aires donde estaban mis hermanos. Las carreras que estaban en pico no me gustaban y bueno, no me quedó otra que venir acá. Pero la idea era seguir jugando al hockey como sea.
-Estudiaste en la Universidad Abierta Interamericana (UAI) ¿Por qué elegiste esa universidad y no otra?
-No es que la elegí, me quedaba a dos cuadras. Y por tema de horarios, porque las públicas te dan horarios a la tarde, entonces no me coincidía con hockey y por eso elegí ir a la UAI. Todas mis decisiones se basan en el hockey. Hasta el día de hoy, todas mis decisiones se basan en hockey

-¿Cómo hacías para coordinar la facultad y la exigencia deportiva?
-Durante toda la carrera no trabajé gracias al apoyo de mis viejos. Igual no es imposible, es cuestión de organizarte. Sabía qué días eran intocables por los entrenamientos y aprovechaba los días libres para ponerme al día con el estudio. Tenía más de una hora de viaje en colectivo hasta GEBA, pero se podía.
Tras un paso por GEBA que se terminó en 2022, el 2023 la encontró en una llamativa dinámica: vivía, entrenaba y cursaba en Buenos Aires, pero los fines de semana jugaba en el Club Sportivo Independiente, su equipo origen en La Pampa.
-Entrenabas acá, pero viajabas a La Pampa a jugar. ¿Cómo era esa logística? ¿A todas las jugadoras se lo permiten?
-Acá entrenaba, iba al gimnasio y salía a correr. Los fines de semana cada vez que podía me iba los viernes, viajaba, jugaba y después volvía. Una locura, pero bueno.
Quedó una buena relación, el problema del interior es que las jugadoras se van muchas a estudiar, entonces cada vez quedan menos y es muy difícil, son pocas, y aceptan el recambio. Pero sabían que yo acá entrenaba. Así que por eso me bancaban.
-¿Y cómo surge la oportunidad de probarte en Boca?
-En 2023 sacaron un formulario en redes sociales. Ahí te anotabas, después te citaban por mail determinados días a determinada hora. Las que ya estaban en un club se venían a probar y aquellas jugadoras que eran libres, les resultaba más fácil entrar porque no necesitaban de un pase. Por categorías solamente aceptan cuatro que pueden venir de otro club (tres de otros clubes de Buenos Aires y una interfederativo). Yo por ejemplo, en ese momento estaba jugando en Independiente, tuve que hacer el pase -que lo paga cada jugadora- para jugar en Boca.
-¿Se siente diferente jugar en Boca respecto a un club tradicional como GEBA?
-Sí, es hermoso, una locura. Sí, obvio hay diferencia, porque se siente de otra manera, como que “el mundo Boca” te hace sentir de otra forma. Es distinto. Yo soy de Boca, hay chicas que son de otros clubes y vienen por hockey, no lo van a sentir de la misma manera que una que es de Boca.
-¿Cuál es el recuerdo más lindo que te llevás de este tiempo en el club?
-Creo que el primer año cuando ascendimos fue una locura, porque nadie se lo esperaba, el equipo nuevo, todo nuevo y esa temporada, en 2024, ascender y encima después salimos campeonas, fue hermoso.

-¿A qué le atribuís el nivel competitivo que alcanzaron tan rápido?
-Entrenamos todos los días para poder lograrlo. Tenemos entrenadoras que nos enseñan, y a su vez las herramientas que el club nos brinda. Tenemos la cancha, se están haciendo un montón de cosas que hacen que también crezcan las jugadoras. Así que yo creo que es un conjunto de todo, que el club te ayude y obviamente las jugadoras que no paran de entrenar.
-¿Se vive con presión en el mundo Boca?
-No, la realidad es que no. Creo que todas las jugadoras intentamos disfrutarlo. Lo haces porque querés, porque te gusta y tenés que disfrutar sin presiones y los partidos se van dando. Obviamente por dentro, cada jugadora quiere ganar, y los objetivos que tenemos son ascender y salir campeonas. Pero sentir que la camiseta pesa, no. Hay que disfrutar y saber que estás representando el escudo y los colores de Boca, lo tenés que hacer con entrega, responsabilidad y compromiso.
-¿Se cruza en algún momento el sueño de Selección o llegar a Las Leonas?
-Siempre se te cruza por la cabeza y sería hermoso representar al país, pero nunca fue mi objetivo principal. Cuando estuve en el alto nivel en GEBA no hice un camino enfocado en eso porque mi prioridad en ese momento era recibirme.
-¿Tenés pensado volver en el corto plazo?
-Sé que mi futuro está allá. No sé cuándo, pero mi vida va a terminar en La Pampa y jugaré hasta que me dé el cuerpo. Mi meta en Buenos Aires era estudiar y cumplir ese ciclo, así que voy viendo el día a día.
-Con la nueva cancha de agua que va a inaugurar Boca el año que viene, ¿da ganas de quedarse un poco más?
-¡Totalmente! La cancha de agua va a ser un salto enorme. El año pasado también pensé en volver y terminé quedando a disfrutar el torneo. Estoy enfocada en terminar bien el año, disfrutar el presente y después veré qué decisión tomo.
En agosto del 2025, la goleadora del torneo metropolitano cumplió la meta que la trajo a Buenos Aires: se recibió de contadora pública. Podría haber vuelto a La Pampa al finalizar el año, luego de quedarse sin la compañía de sus hermanos. Sin embargo sigue acá. “Ahora estoy con la cabeza en terminar el 2026 y pensar qué es lo que hago. No le cierro las puertas nunca a Boca”, declaró, para finalizar la charla. Catalina Héctor tiene algo muy importante, la certeza de que seguirá ligada al hockey muchos años más, y que, tarde o temprano volverá a su ciudad natal a dar unas últimas pinceladas para ponerle punto final a una exitosa carrera.





